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TODORELATOS » HETERO: INFIDELIDAD » GABRIELA...UNA ADORABLE MUJER CASADA 1
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Ashley Madison - Ten una aventura. Infidelidad
Fecha: 19-Dic-11 « Anterior | Siguiente » en Hetero: Infidelidad

Gabriela...una adorable mujer casada 1

Ragnas1
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Trata de una adorable mujer casada. (el relato es un poco largo, espero disculpen las faltas de ortografía) Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
Ashley Madison - Ten una aventura. Infidelidad.

Gabriela caminaba de un lado a otro pensando que hacer, pensaba si estaba haciendo lo correcto.

Muy en el fondo sabia la respuesta, aunque las circunstancias fueran especiales no debería hacer lo que estaba por pasar.

Estaba a punto de salir con un hombre que no era su marido, sin embargo no lo traicionaría, eso jamás y menos con tan despreciable sujeto.

Rápidamente cogió el teléfono, deseando que no fuera demasiado tarde para cancelar aquella cita extramarital, argumentaría cualquier cosa , comenzó a marcar las teclas cuando escucho sonar el timbre, se maldijo a si misma, había sido muy lenta.

Se pregunto si aun habría marcha atrás.

-------------------------------------------------------

Semanas antes

No había sido un buen día para Gabriela.

Su jefe estuvo de mal humor, incluso con ella, lo que significo más trabajo.

Se preguntaba si era su culpa, si tal vez las constantes negativas a salir con el finalmente pasaban factura.

Todos en la oficina sabían que el señor Martínez, su jefe, intentaba cortejarla pero ella al estar casada y feliz solo lo toreaba, le daba alas (como comúnmente se dice en México) se reía ante sus insinuaciones, todo esto con afán de conservar su empleo.

Sumida en estos pensamientos estaba cuando el sonido de un claxon la despertó.

-          Apúrele señora- escucho decir una voz proveniente del automóvil que tenia detrás de su camioneta.

A sus 26 años  Gabriela de Guillen podía decir orgullosa que era una mujer plena y feliz, casada desde los 20 con el amor de su vida, Cesar Guillen, un hombre que conoció a los 18 años y del cual rápidamente se enamoro y comenzaron a salir juntos, al paso de 2 años se casaron y un año después dieron a luz a un hermoso y saludable  niño llamado Jacobo.

Gaby (como comúnmente la llamaban)  aprovechaba los pocos minutos en los que podía estar sola para reflexionar sobre sus sueños, su familia, su trabajo, en fin todas esas cosas que las labores cotidianas no se lo permitían.

Pero hoy era diferente, debía recoger a su hijo con su “adorable suegra”, el solo ver la cara de esa señora la ponía de malas, no se llevaban muy bien.

Reflexionando sobre su enemistad con Doña Romina llego a la conclusión de que por ella (Gaby) no había empezado, siempre quiso tratarla bien pero al parecer doña Romina no quería lo mismo.

En esos momentos sin querer piso el acelerador de su camioneta y para su mala suerte salió del carril y fue a impactar con un coche que estaba estacionado en la acera..

-          Dios - pensó Gaby algo aturdida y sacudida por el golpe, era la primera vez en su vida que chocaba..

Luego de unos momentos observo como un sujeto bajo del carro, a la distancia  lo noto molesto, muy molesto y maldiciendo en voz alta se dirigió a encarar a quien lo choco.

Estaba un poco asustada, pero al ser una persona honesta se dispuso a afrontar las consecuencias de su error.

En un instante el sujeto estaba frente a su camioneta, maravillado por la visión que tenia frente a él.

Los ojos del viejo se clavaron en el tierno rostro de Gabriela, con esos grandes ojos azules, su tez blanca, sus labios carnosos  de un intenso rojo carmesí, su hermoso y lacio cabello rubio hasta por debajo de los hombros, finamente maquillada.

Jamás en su vida aquel tipo había visto un rostro tan hermoso.

Ella también lo vio, un tipo gordo, bastante ancho, alto, de alrededor de 50 años, bastante desalineado, llevaba puesto un overol de trabajo se veía bastante sucio

-          Buenasssss…. señito - dijo el hombre, al cual Gaby vio y a rápidamente pensó que era un viejo verde de esos que usualmente se topaba en las calles, olio el tufo de su boca, por lo visto no era un hombre muy limpio.

-          Discúlpeme señor…. Fue un completo error de mi parte- Se disculpo, quien aun se encontraba sentada en el asiento del conductor.

-          Tranquilícese, primero presentémonos, mi nombre es Cipriano, y ¿el suyo princesa?- el hombre estiro su mano tratando de que la mujer devolviera el saludo.

Era impresionante como al verla el hombre cambio su humor, si se hubiese tratado de un hombre probablemente hubiese existido pelea, pero no con Gaby.

-          Tiene razón, que mal educada soy- dijo Gaby llevándose las manos a la cara- mi nombre es Gabriela- y al igual que el viejo estrecho su mano en señal de presentación, a pesar de que el hombre no le daba buena impresión, ella no era prejuiciosa, pensaba que tal vez debajo de ese exterior se encontraba una buena persona..

-          Bueno-   dijo el viejo Cipriano, ahora si vamos a hablar de lo que paso – el sujeto hablaba en tono sugerente que Gaby entendía, sin embargo estaba acostumbrada a esas actitudes de parte de hombres de todas las edades, por lo cual no le dio importancia.

Gabriela abrió la puerta de su auto y de una manera muy sensual (sin proponérselo, así era ella) bajo.

El viejo tenía los ojos como platos al poder observar en total plenitud la aquella espectacular mujer.

La veía de arriba hacia abajo, sus impactantes piernas, su vientre plano resultado de mucho tiempo de gimnasio, su enorme trasero el cual parecía querer romper el diminuto pantalón de mezclilla con el que estaba cubierto, subiendo más arriba su mirada vio los impactantes cantaros d miel de la chica, majestuosos imponentes, completamente erguidos a pesar de su exagerado tamaño, en fin Gaby era una chica de concurso.

La dulce, pero a la vez sexy vos de Gaby lo despertó de sus pensamientos.

-          Por favor discúlpeme señor, fue un grave descuido de mi parte-

-          No te preocupes querida, al parecer mi carro no sufrió más que una abolladura- dijo el viejo Cipriano señalando su auto- el que si quedo mal fue el tuyo, mira nomas.

Era verdad, su auto fue el que se llevo la peor parte, no sabía qué hacer, uno de los pocos problemas que acarreaba su matrimonio era el tema económico por el cual estaban atravesando.

Cesar, su marido hacia poco tiempo que había perdido su trabajo, solamente se sostenían de lo que ella ganaba como secretaria, que no era mucho y para acabar de amolarla el auto aun no terminaban de pagarlo.

-          Señor- dijo Gabriela- reitero mi disculpa, pero…..- dudo en seguir, sin embargo lo hizo- en este momento estamos cortos de dinero, le propongo dejarle mi número de teléfono y domicilio y en 1 mes yo le pago el desperfecto… ¿siiiiiiiiii?- esto último lo dijo en tono coqueto (este tipo de actitudes no las hacia a propósito, es solo que al toda su vida ser acosada por los hombres inconscientemente  había aprendido que su belleza podía abrirle algunas puertas, y por ende ciertos beneficios.

El viejo estaba que no se la creía, estaba algo indeciso, no sabía si el forro de mujer que tenía en frente estaba coqueteando con él o era su imaginación, en cualquier caso no quería dejar de verla.

-          No se preocupes Gaby- fue la primera vez que el viejo la llamo por su nombre- Déjeme decirle que esta frente al mejor mecánico del rumbo… jajaja- rio orgulloso mientras colocaba su mano en su prominente barriga

-          ¿En serio?- pregunto Gaby con verdadera curiosidad, y es que así era ella, curiosa, coqueta, alegre, divertida, la típica chica que siempre llama la atención (y no solo por su cuerpo, si no por ser una persona muy agradable y carismática), aunque ser así de desinhibida algunas veces acarreaba problemas, mas de una vez había cacheteado a alguien por mal interpretar su actitud, por creer que podían llegar a mas con ella, justo como el viejo Cipriano lo hacía en esos momentos.

-          Claro reinita…. déjame revisar el motor de tu camioneta que al parecer fue lo que más se madreo……

-          Muchísimas gracias Don Cipriano…- dijo esto mostrando aquella sonrisa de dientes perfectos que enloquecían a cualquier hombre y que obviamente el viejo Cipriano no era la excepción

-          Sin cuidado chiquita…  ahora súbete a la camioneta y préndela cuando yo te diga….- Gabriela estaba tan a acostumbrada a que la mayoría de los hombres la llamaran de esa manera (chiquita, reina, nena, mami etc.) que ya no le daba importancia y obedeció.

Sentada en el asiento del conductor Gabriela veía como Don Cipriano revisaba su motor, rogando a dios que cuando le ordenase que prendiera el motor, si prendiera, cosa que desafortunadamente no ocurrió, maldijo para sus adentros, ¿cómo era posible que aunque ella provoco el choque su camioneta era la que se llevo la peor parte?

-          Quedo mas madreado de lo que pensé seño- dijo Cipriano

-          Maldición- dijo Gaby en voz baja pero lo suficientemente claro como para que el viejo pudiera escucharla, a la vez que recargaba su cabeza en el volante haciendo sonar el claxon.

-          Tranquilícese seño…. cuénteme a ver qué le pasa- dijo Don Cipriano notando la pesadez de la chica

-          No es nada señor

-          Claro que si una chica tan linda como tú no debe desobedecer a sus mayores- dijo esto con una sonrisa que dejaba ver su boca carente de algunos dientes, el viejo Cipriano era todo un lobo de mar en los asuntos de mujeres, sabia como tratarlas, como alegrarlas, como seducirlas y estaba dispuesto a poner toda su experiencia en marcha con tal de llevarse a la cama a su nueva “amiga” (aunque también era verdad que era la primera vez que intentaría seducir a alguien tan tremendamente buena como Gaby).

Gabriela devolvió la sonrisa y sin mucha resistencia   conto  sus problemas al viejo, por alguna extraña razón pensó que podía confiar en él.

Platicaron acerca de la perdida de trabajo de su marido, la colegiatura de su hijo, la falta de seguro de la camioneta, el hecho de aun no haber terminado de pagarla e incluso Gabriela le comento sobre los problemas con su suegra.

-          Buena chamaca… lamentablemente no puedo ayudarte con todos tus problemas, pero al menos puedo hacerlo con el de tu camioneta.

-          ¿En serio?- dijo Gaby con la mirada llena de esperanza

-          Claro… que si…

Sin pensarlo Gaby se abalanzo sobre aquel hombre que acababa de conocer y le dio un fuerte abrazo con el único motivo de agradecerle sobre el favor que iba a hacerle.

Los delicados brazos de Gabriela no podían Rodear el obeso cuerpo del hombre, pero a Gaby no le importo a pesar de no saber cómo tenía pensado ayudarla el hombre se había portado de maravilla, ella había provocado el accidente y parecía que era al revés.

Don Cipriano se encontraba en la gloria podía sentir en su pecho los grandes melones de Gaby, y al ser más grande que ella y estar en ese abrazo le bastaba con mirar hacia abajo para poder recrearse la vista con el espectacular par de nalgas de la chica, su olor a feminidad le encantaba, a ingenuidad, a mujer, hacia un esfuerzo sobre humano para no tocarla de manera indebida.

Los hombres que pasaban cerca de ellos miraban incrédulos lo que ocurría, aquella bella mujer, repagada totalmente al fofo cuerpo de ese viejo hombre.

La hermosa Gabriela se despego del hombre para desgracia de él.

-          Mira reinita, esto es lo que haremos, aquí no tengo las piezas para arreglar tu camioneta- dijo Cipriano mirando fijamente a la hermosa Gaby

-          Me lo llevo a mi taller lo arreglo y te lo tengo listo en unas 2 semanas

-          ¿Dos semanas?- pregunto algo desilusionada la mujer.

-          Lo siento, pero no puedo antes, las piezas que necesito son difíciles de conseguir.

Gabriela dudo por unos momentos, ¿come le explicaría a su marido la ausencia de su camioneta?, no quería contarle que por un descuido había conseguido una nueva deuda, eran tiempos difíciles y el dinero no les sobraba, pensó en que tal vez pudiera llevarlo con otro mecánico, pero a la vez pensó que quiso el viejo hacia eso para tener cierto seguro de que le iba a pagar, así que aceptando su error acepto.

-          Está bien señor, pero como dije antes no tendré dinero para pagarle sino hasta final de mes… ¿saldrá caro?....

-          No se preocupe por el dinero, después nos arreglamos.

-          De veras señor…. Pero es que me da pena... todavía que yo lo choco y usted es el que va a salir perdiendo-  al bella Gaby tenía sus brazos cruzados lo cual resaltaba aun mas sus prominentes pechos.

-          No se apene señito…. Que yo también tuve algo de culpa- cosa que no era cierto pero quería quedar bien con esa bella mujer.

Aun indecisa la señora término aceptando por evitar problemas con su marido, además, pensándolo bien no se estaba aprovechaba del señor, pues tarde o temprano terminaría pagándole.

El viejo llamo por celular a su ayudante con las órdenes de traer la grúa lo más rápido posible, mientras el charlaba con la chica como si se conociesen de años, existía una química muy buena entre ellos.

Por un lado Gabriela veía al hombre como un agradable señor  quien la estaba ayudando tras un grave error.

Por el otro el viejo veía a la chica como una posible pareja sexual no importándole que ya le había contado que estaba casada y con un hijo. Estaba tan buena que el viejo haría todo lo posible por llevársela a la cama.

Gabriela miraba desesperadamente su reloj, estaba retrasada para recoger a Jacobo y sabía que al llegar con su suegra habría algún tipo de pleito.

En ese momento llego la grúa.

De ella bajo un chico de alrededor de 24 años, bastante chaparro, moreno, al parecer bastante naco (o al menos esa impresión le dio a Gabriela) y al igual que Don Cipriano muy sucio.

El chico ni siquiera intento disimular las miradas obscenas que dirigía hacia Gaby.

-          Ay maestro… me despertó, estaba durmiendo bien chingón… aunque por esta mamacita lo entiendo… jajaja- dijo el joven dirigiéndose primero al mecánico y después mirando lascivamente a Gaby.

Lo que recibió por este comentario fue una bofetada de parte de su jefe

-          Respeta a la señora chango (era su apodo)- dijo Cipriano- discúlpate o ya verás.

A regañadientes el chango se disculpo, le pareció extraña la actitud del viejo jamás se había comportado así.

-          Disculpa aceptada- dijo Gaby mostrando su encantadora sonrisa a la vez  que extendía su mano queriendo estrechar la del chango- Soy Gabriela mucho gusto.

El chango completamente extrañado contesto el saludo

-          Me llamo Pablo, o el chango para los  cuates

-          ¿chango? Déjame adivinar………… te dicen así porque de niño andabas por las ramas, jaja- Gabriela se rio con su encantadora sonrisa.

Era bastante obvio que no era por eso, si no por lo tremendamente velludo que era, sin embargo al muchacho le agrado que pasara esto por alto.

La chica estaba tan acostumbrada a ese tipo de piropos como el que le dijo el chango que ya no se ofendía, al contrario prefería llevársela bien con las personas, pero si tenía que ser sincera le agrado la manera en que Don Cipriano lo reprendió por el comentario.

Intercambiaron unas cuantas palabras más, cuando la chica se disculpo con ellos pues ya iba muy tarde, se dirigió a su camioneta y saco su cartera para tomar el dinero e irse en taxi, y para su mala suerte se dio cuenta que no traía nada de dinero.

Eso era el colmo de la mala suerte, estaba segura que este era uno de los peores días de su vida.

La casa de de su suegra aun estaba algo lejos, podría irse caminando, llegaría sin muchas dificultades, el problema surgía  al pensar como regresar a su casa, para ese momento podría ya estar oscuro y no quería exponer a su hijo a la inseguridad de la ciudad.

Otra opción era pedirle a su suegra que la llevara a casa, o que le prestara dinero para un taxi, inmediatamente deshecho esa idea, prefería regresar caminando que pedir algo a su horrible suegra.

Estaba en una encrucijada, afortunadamente para ella el viejo  Cipriano lo noto y no le costó mucho hacer que la chica le contara de nuevo sus problemas.

-          No te preocupes, yo te puedo llevar- Dijo Cipriano.

-          No don Cipriano... usted ya ha hecho demasiado por mí... no puedo permitirlo- negaba Gaby con su cabeza.

-          Déjame decirte un pequeño secreto- el viejo se acerco a el oído de Gaby, al estar tan cerca de ella el viejo sentía que perdía el control, quería besar su oreja, succionar su tierna boquita , tirarla allí mismo al suela y despojarla de su estrecha ropita, sin embargo se contuvo debía ir con calma.

-          Yo también odio a mi suegra- susurro Don Cipriano

La chica soltó una gran carcajada y al final terminó aceptando, se dirigió hacia su camioneta para ver si no olvidaba algo.

Mientras el viejo charlaba con el chango dándole las últimas instrucciones

-          Bien, ya sabes derechito al taller, no quiero enterarme que andas dando vueltas por ahí

-          Si lo sé señor…. Por cierto... en verdad creé tener alguna posibilidad con ese forro de vieja- dijo el chango quien ya se había dado cuenta del porque de la “buena” actitud de su jefe

-          A huevo mi chunguito… no has visto como me mira- respondió el viejo- de volada se ve que sabe elegir a los que la tenemos grandota.

-          La neta se me hace que así es con todo el mundo- contesto el joven quien estaba en lo cierto, así era Gabriela, sin proponérselo hacía pensar a los hombres que podían llevársela a la cama cosa que hasta ahora no había pasado.

-          A la verga con lo que tu creas, pero de que me la cojo me la cojo… o que ¿alguna vez te he fallado (dijo esto refiriéndose a que siempre que se proponía cogerse a cualquier vieja lo hacía)

-          Pus no nunca, pero esta viejita esta en otro nivel…. Nomas de verle las nalgonas se me para.

-          A mí también chango… lástima que tu nunca te cojeras a una así

Estas palabras molestaron al joven estaba cansado de que Don Cipriano lo hiciese menos

-          Ni usted tampoco respondió el chango… es más le apuesto lo de siempre a que no se la lleva a la cama.

-          Sale y vale- dijo Don Cipriano

-          Recuerde que me tiene que traer alguna prueba……. Y además debe de ser por las buenas no vale forzarla, que por ahí hay rumores-  dijo en tono inquisitivo el chango.

-          Tu tranquilo mi Monkey que cuando este dentro de esas nalgonas me acordare de ti… jajajajaja.

En ese momento vieron como la escultural Gabriela se acercaba a ellos con su provocativo andar y ambos separaron rumbos.

-          Otra vez le digo que muchas gracias señor, ¿Quién diría que de algo tan horrible como un accidente encontraría a una persona tan buena como usted?- la casada estaba en verdad agradecida.

-          Lo sé, y ahora sube rápido a mi auto que aunque chocado aun funciona- Gabriela se sonrojo al recordar que ella había causado el accidente.

Ambos se dirigieron a la casa de Doña Romina mientras Hablaban de cosas vánales, con las metas muy distintas, ella pensando que de todo esto probablemente obtendría una nueva amistad, además de perder dinero y el imaginando que encontraría a su nueva amante.

-          ¿Quién es ese hombre con el que vienes?- pregunto doña Romina cuando Gabriele se disponía a salir por la puerta, con dirección al carro de Don Cipriano, con Jacobo en brazos pues ya era algo tarde y el pequeño había caído dormido.

Gaby noto el tono con el que su suegra dijo estas palabras... Como queriendo insinuar algo.

-          Un amigo- dijo Gaby en tono cortante… no le debía explicaciones a nadie y menos a su suegra

-          Ahaaaa ya veo... otro de tus “amiguitos”.

Gaby se detuvo en seco el día ya había sido lo suficientemente malo sin tener que aguantar aquello...

-          ¿Esta insinuando lo que creo señora?- respondió larubia visiblemente molesta

-          Hay no como crees…. Solo te pido que cuando estés haciendo cochinadas con ese hombre le tapes los oídos al pobre de Jacobo… no queremos que crezca traumado-

Era la primera vez que la señora Romina hacia un ataque tan directo, por lo general se limitaba a hacer comentarios sugerentes sobre la fidelidad de Gaby hacia su hijo (cesar), pero esta vez había dicho claramente que tendría relaciones con otro hombre.

Gaby no entendía la razón por la que su suegra la odiaba, jamás había sido infiel… ni siquiera en su etapa de  novios,  recordaba cuando la conoció, se portaba bien... El típico trato de suegra y  nuera, nunca habían sido las grandes amigas pero al inicio se trataban con respeto, Gaby no supo cuando fue que todo cambio,sabía que ella no lo había iniciado.

-          Sabe algo suegrita… vallase a la mierda- dijo Gaby sabia que esas simples palabras le traerían graves problemas con Cesar pero en ese instante no le importaba.

-          Linda boquita Gabrielita…. No sé qué te vio mi Cesar- dijo Romina mirando de arriba hacia abajo a la chica y con una sonrisa burlona dijo - bueno a parte de las tetas y las nalgas.

Gaby ya no soportaba seguir escuchado tantas tonterías y muy molesta cruzo la puerta, mientras se alejaba podía escuchar las tonterías que bufaba su suegra.

El viejo Cipriano esperaba a la chica sentado en el cofre del auto… jamás en su vida había estado tan excitado como en esos momentos… el solo pensar que podría cogerse a su nueva amiga lo tenía calientísimo.

Y entonces la vio acercarse rápidamente, escuchaba los gritos provenientes de la suegra.

Noto las lagrimas escurrir de sus bellos ojos (debido al tremendo coraje) y sin pensarlo 2 veces la abrazo... Quería volver a sentir su fresco y bello cuerpo cerca del suyo y que mejor oportunidad que esta… aunque lamento que debido al niño no pudo repagarse tanto como quería.

-          Tranquila chica….- Dijo el viejo mientras acariciaba su sedoso cabello

-          Eeeess…. Una estúpida- tartamudeaba la nena sin intención de separarse del viejo, de alguna manera el abrazo la hacía sentirse bien

Todo esto pasaba mientras eran observados por Doña Romina quien de brazos cruzados meneaba su cabeza de forma negativa “Como puedes cambiar a mi hijo por ese asqueroso sujeto” pensaba.

Doña Romina era una mujer que enjuiciaba antes de preguntar, en su mente ni se asomaba la idea de que Gabriela acababa de conocer a aquel hombre, para ella eran amantes.

Don Cipriano quedaba de frente a Doña Romina y le lanzo una mirada burlona ... Triunfante sabiendo que todo lo que ocurría le beneficiaria a él “señora... Si supiera lo rico que algún día lo pasaremos su nuerita y yo...”

Con una mirada de desprecio Doña Romina se alejo de ellos y se metió en su hogar, mientras Cipriano, Gaby y el pequeño Jacobo se dirigían al fin a casa.

 

         -Muchísimas gracias por todo Don Cipriano- dijo Gaby bajando del auto con su hijo en brazos.

         -Tranquila reina…. No pasa nada

         - No sé cómo pagarle todo lo que ha hecho hoy por mi- decía Gaby- bueno… si lo sé … no se preocupe le pagare hasta el último centavo.

        - Cuando puedas nena…. Solo recuerda que tu camioneta estará en unas  2 semanas.

   -  Esta bien señor…. Y me despido porque mi marido debe estar muy preocupado por nosotros (refiriéndose  a ella y su hijo).

La bella Gaby comenzó a caminar en dirección al edificio donde se encontraba su apartamento, con la libidinosa mirada del viejo clavada en aquel espectacular trasero que movía como una diosa.

El viejo se tocaba la verga por encima de su pantalón mientras decía en voz alta.

-          Tranquilo…. En unos días más vas a estar dentro de esa pendeja- arranco su auto después de que ya no pudo ver a la rubia y se fue de allí.

El camino para Gaby fue difícil, su hijo ya no era un bebe, los últimos meses había ganado peso (no es que el niño fuese gordo, pero estaba pesado), además vivía en el 4 piso y el elevador no funcionaba desde hacía varias semanas.

Durante el camino se topó con varios vecinos que la saludaban eufóricamente... muchos de ellos con tal de pasar algunos momentos cerca de ella se ofrecieron a ayudarla con el niño, a lo cual se negaba, sabía que si hubiese aceptado se exponía a un nuevo pleito, ahora con su marido.

Estaba segura que su suegra ya lo había llamado, contándole quien sabe que cosas acerca de lo sucedido en su casa.

Cesar era un hombre celoso, a sabiendas del mujeron que tenía como esposa, y eso lo carcomía, algunas veces cuando estaba solo se imaginaba que Gaby se conseguía otro hombre y lo dejaba, aunque cuando estaba con ella se reprendía por tener esos pensamientos al verla tan cariñosa, tan atenta, tan amorosa y entonces sabia que él lo era todo para ella, y el también la amaba, más de lo que había amado a otra persona en su vida

Más tarde que temprano Gabriela llego a su departamento introdujo su llave en la cerradura y entro.

No le sorprendió ver a su marido sentado en el sofá con semblante serio.

-          Hola mi amor- dijo Gaby con la esperanza de que no se encontrara de mal humor... no tenía ganas de otra pelea.

Cesar no respondió el saludo, se dirigió hacia ella y tomo a Jacobo en sus brazos, para después alejarse de allí y llevarlo a su habitación (la de Jacobo).

Para ella esto solo podía significar una cosa, habría pelea, así que espero a que regresara, ella no quería discutir, pero tampoco era una dejada si quería pelea la iba a encontrar.

Espero sentada en el sofá de la sala cuando vio aparecer a Fernando.

-          Me llamo mi mama- atino a decir Cesar

-          Otra vez esa vieja bruja- dijo Gaby frunciendo el seño en señal de molestia

-          No le digas así es mi madre y lo sabes- dijo Cesar muy ofendido

-          Y como quieres que le diga si no deja de meterse en nuestros asuntos

-          Me dijo que estabas en el carro de un hombre ¿Quién era?- inquirió Cesar con el gusanito de los celos.

-          Un conocido- dijo Gaby

-          ¿Qué? ¿un conocido…? ¿quieres que me trague eso?- los gritos de Cesar llenaron el cuarto

-          Baja la voz que despertaras al niño-

-          A la mierda… con eso como quieres que me ponga cuando mi mujer se está revolcando con quien sabe quien,

La respuesta de Gaby fue una sonora cachetada, jamás en su vida su marido le había hablado así, era la primera vez que la tachaba de adultera, y estaba segura que era por culpa de su suegra solo dios sabia que fue lo que conto.

A Cesar le dolía mas el orgullo que aquel golpe, el solo imaginar que Gaby estuviera en brazos de otro lo enloquecía.

-          En verdad crees que sería capaz de engañarte con otro…. mírame a los ojos y dímelo.- la chica hablaba en tono alto, no importándole que alguien la escuchara, cuando ese tipo de acusaciones venían de su suegra no le afectaban tanto, pero viniendo de su marido era diferente.

Así lo hizo Cesar, miro fijamente los bellos ojos azules de Gaby y vinieron a su mente todas aquellas ocasiones en que había cuidado a él y de su hijo, lo tierna que era cuando se enfermaba, lo amorosa que era la mayoría del tiempo y la respuesta llego pronto…. No Gabriela jamás lo engañaría, o al menos eso pensaba en ese momento.

-          Noo.. discúlpame mi amor- decía,  algo temeroso de la reacción de Gaby- es que tu sabes lo mal que me pongo, tu eres mi vida y no sé qué haría sin ti.

-          No me vengas con eso ahora, primero me insultas y después me vienes con esto….- Gaby aun estaba molesta, se notaba por la posición de sus hombros.

Cesar pidió una vez más disculpas, incluso se arrodillo,  y como   a Gaby no le gustaba verlo así. humillándose, termino por perdonarlo.

-          Mi amor…. tengo unas preguntas…. Sin pelear ni nada pero…. ¿Qué hacías en el auto de ese hombre?- trato de que su voz sonara lo más tranquila posible, aunque sintiera celos.

Gabriela no quería contestar esa pregunta, no quería decirle a su marido que por su estupidez ahora tenían más deudas, así que hizo lo que cualquier ser humano haría: Mintió

Le conto que su mejor amiga Lidia se la había pedido prestada unos días porque iba a salir de la ciudad, a fin de cuentas ya lo había hecho antes y a Cesar aunque le molestara terminaba aceptándolo, siguió diciendo que el hombre era tío de Lidia y que muy amablemente al ver que no tenía como regresar se  ofreció a llevarla.

La intuición de Cesar (o quizás los celos) le decía que algo andaba mal, su historia cuadraba, pero había algo extraño, a fin de cuentas lo dejaría pasar viniendo de Gaby no sería nada grave.

La reconciliación de la feliz pareja no tardo mucho en llegar, esa misma noche tuvieron una sesión de sexo marital, y como siempre las sensaciones fueron contrastantes.

Cesar como siempre había terminado completamente satisfecho (y como no si aparte de ser una belleza Gaby era tremendamente fogosa en la cama).

Por otro lado teníamos a Gaby, la sensual chica, desnuda viendo detalladamente a Cesar quien plácidamente ajeno a todo esto dormía.

A pesar de ya llevar mucho tiempo casados Gaby no dejaba de sorprenderse de la belleza de su marido, un hombre alto, fornido gracias a las horas invertidas en el gimnasio, rubio, en fin era el estereotipo de belleza de las películas, alguien digno del tremendo cuerpazo de Gabriela, sin embargo había algo mal, nunca había logrado satisfacerla sexualmente y esto se debía a 2 razones.

El primero sentía Gaby que era debido a la falta de originalidad y talento a la hora de moverse, de sentir, de disfrutar de cada rincón de su cuerpo, y la segunda era el tamaño del miembro de su marido, si bien era cierto que nunca había visto otro, por platicas con sus amigas se podía dar una idea de lo pequeño que era, sin embargo ella lo amaba demasiado como para quejarse por eso.

Sabía en el fondo que debía hablarlo con él, que era un problema que tal vez tenia solución, pero también existía la posibilidad de que sus palabras pudiesen dañarlo, y eso era lo que menos quería.

……………………………………………………………

Los siguientes 2 días transcurrieron de manera normal en la vida de nuestra bella protagonista, no fue sino hasta el domingo por la tarde cuando recibió una llamada.

-          Bueno...- Dijo Gaby al no reconocer el numero de quien llamaba.

-          Que bella voz tiene muchachita- dijo la voz del otro lado del teléfono

-          Como es  juguetón- dijo Gaby al percatarse de que se trataba la voz del viejo Cipriano.

-          Que quiere que haga cuando estoy hablando con la mujer más bella del barrio- dijo el viejo como tentando la situación.

-          ¿Solo del barrio?- respondió coquetamente la chica (sin ninguna mala intención, es solo que estaba acostumbrada a recibir los piropos muy subidos de tono, y cuando uno le agradaba por lo general seguía el juego.

-          Uste sabe que no reinita…. Uste sabe que es la mujer más bella de la galaxia- el viejo lentamente tomaba más confianza, pero sin llegar a ser vulgar, no quería perder su oportunidad.

-          Ya ve como es señor… va a hacer que me sonroje

-          Sonrójese todo lo que quiera…. De todas maneras estoy diciendo la puritita verdad.

Era extraña la gran confianza que habían adquirido en unos pocos momentos que habían estado juntos, Gabriela no veía con malos ojos la actitud de Cipriano, pues como ya dije estaba acostumbrada a ser admirada por el sexo opuesto.

Los siguientes minutos pasaron de la misma manera con Cipriano alabando la belleza de Gaby y ella cada vez mas sonrojada hasta que llegaron al punto de la llamada.

-          Bueno nena…. No quiero incomodarte, pero llamaba para ver si has conseguido el dinero

Gabriela dudo un momento… por lo bien que se llevaba con el viejo no pensó que no le cobraría tan pronto.

-          Ande señor… la verdad es que aun nada…

-          No te preocupes, y no pienses que te estoy cobrando, lo que sucede esque me surgió un problema y rápidamente pensé en ti, si aceptas te perdonaría la deuda.

-          ¿Qué clase de problema?- dijo Gabriela con la esperanza de librarse.

-          Déjame contarte todo desde el principio.

El viejo Cipriano tomo aire y empezó.

-          Como ya te había dicho, tengo un taller, todo iba muy bien con la clientela pero hace unas cuantas semanas un nuevo taller abrió muy cerca de aquí y empezamos a perder clientes….No teníamos idea de que chingados hacer para volver a tener clientela hasta que se me ocurrió una idea……

-          ¿Cuál idea?- pregunto Gaby

-          Contratar edecanes… tu sabes de esas chavas buenonas que bailan afuera de los negocios.

Gaby aun no entendía que le estaba  proponiendo.

-          El pedo aquí es que ya teníamos contratadas a 2, pero para mi mala suerte una sufrió un accidente y no podrá venir, y para acabarla de chingar la agencia donde las contrate no me puede mandar otra, dicen que no tienen disponibles- mentía el viejo

Gaby quien por fin tenía una idea de lo que quería el viejo, y tratando de safarse pregunto.

-          ¿Y no puede llamar a otra agencia?-

-          Si…. Pero el problema es que estoy pagando un dineral por esta chica, ya la vi y es una hermosura, y en las demás agencias no tienen a nadie que le llegue a los talones.

-          ¿Y entonces?- la voz de Gaby sonaba preocupada.

-          Entonces es cuando entras tú…. Eres una hermosura, y si suples a la chica que se enfermo nuestra deuda quedara saldad.

El silencio reino por unos instantes mientras Gaby meditaba la situación.

-          No creo señor, soy una mujer casada y no me parece correcto exhibirme, si mi marido se llegara a enterar inmediatamente me pediría el divorcio

-          Ándale… solo son 2  semanas  Gabrielita.. solo eso  y por las mañanas- suplicaba el viejo

-          No se- la bella mujer estaba indecisa, solo tendría que hacer de edecán por 2 semanas  y terminaría su deuda, era un buen trato, si estuviese soltera lo habría tomado sin protestar.

-          Tu marido no tiene por que enterarse, será nuestro secreto- el viejo sonaba muy angustiado, sentía que la escultural mujer se le escapaba.

Después de unos angustiosos momentos la chica termino aceptando

-          Está bien señor, pero solo porque usted me cae muy bien, jajaja- se rio con su dulce voz

-          Muchísimas gracias Gabrielita, y a propósito tu….” me caes mejor”- dijo Don Cipriano en doble sentido cosa que Gaby no entendió.

-          Déjame te doy mis datos para que mañana llegues aquí temprano nena

-          Está bien señor

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A la mañana siguiente Gabriele se encontraba afuera del taller de Don Cipriano,  tuvo que hablar con su jefe pidiendo sus dos semanas de vacaciones por adelantad, su jefe acepto, aparentemente las cosas estaban de su lado, sin embargo un sentimiento de angustia la recorría, la calle estaba en muy malas condiciones, era muy temprano y no pasaba mucha gente ni coches.

Levaba alrededor de 15 minutos esperando a las afueras del “pie grande” (así se llamaba el taller mecánico”, por un momento le dio la impresión que el nombre parecía más de table dance que de taller mecánico, pensaba en irse, a fin de cuentas nadie la había recibido, sabía que estaba mal, como era posible que una mujer casada como ella estuviera pensando en exhibiese ante una bola de extraños,

¿Qué pensaría su marido? ¿Qué pensaría su hijo?, definitivamente estaba mal, la espectacular rubia dio media vuelta cuando escucho como se abría el gran portón café.

-          Hola señora Gabriela- dijo Eufóricamente el chango

-          Buenos días Pablo- respondió Gaby

-          Bu….buenos días- el chango se extraño de cómo una espectacular mujer como ella recordara su nombre.

Aun con aquellas ropas, se podía ver a la perfección la escultural figura de Gabriela, dotada de una belleza espectacular que la naturaleza le concedió y cuidada gracias a las horas de gimnasio invertidas, decir que era espectacular es poco, ese bello rostro digno de una muñeca de porcelana con sus ojos azules y esos labios rojos sangre, contrastaban con el deseo que despertaba su anatomía.

Su cuerpo digno de las pajas mentales de todo el que la conocía, con su trasero perfecto, voluminoso, parado respingón y sus enormes melones fantasía de grandes y chicos, de amigos y familiares.

-          Pero no se quede allí señito….pásele al fondo, la otra chica ya llego-

Gabriela se quedo unos momentos sin articular palabra, su mente era un caos, sabía que no debía hacerlo, pero necesitaba saldar la cuenta de su camioneta.

-          Okey Pablo, muchas Gracias- y con su sensual movimiento de caderas fue al lugar señalado.

El lugar olía mucho a  gasolina, aceite a todos esos olores característicos de los autos, el recorrido era largo y mientras avanzaba se topaba con lo que pensaba eran trabajadores, todos eran similares, vestían ropas maltrechas, sucias y feas, tipos bastante normales, notaba la lasciva mirada de todos y cada uno de ellos, a lo cual ella respondía con un agradable “buenos días”.

Gabriela abrió lentamente la puerta del camerino improvisado que Don Cipriano había montado y cuando lo hizo vio a una chica sentada en una silla, vestida con un diminuto short y una pequeña blusa de tirantes.

La chica no se dio cuenta de la entrada de Gabriela puesto que estaba muy ocupada arreglando su cabello en el espejo.

Gaby quien por naturaleza era curiosa se quedo sin hacer ruido observando a la chica.

Noto que se trataba de una chica bastante normal, no era la belleza que creyó encontraria tras la llamada de Don Cipriano, veía su cuerpo, unos pechos de tamaño medio, para bajar a un estomago del cual se notaba una ligera pancita, observo su rosto, era una niña, según Gaby no pasaba de los 18 o 19 años , lo que pudo ver de su rostro le agrado, era una chica bastante bonita, pero dentro de lo que cabe normal.

La joven volteo a ver a la rubia y fue Gaby quien rompió el silencio, como siempre;

-          Hola, me llamo Gaby y creo que somos compañeras- dijo mostrando su bella sonrisa de dientes relucientes.

-          Mu... mucho gusto señora, mi nombre es María- Dijo la joven levantándose de la silla y estrecho su mano, a Gaby no le agrado que se dirigiera a ella como señora, porque a fin de cuentas a que mujer le gusta que le recuerden su edad.

-          Bien María, pero a partir de hoy llámame por mi nombre Okey-

-          Si “señora” esta bi….- en ese momento hubo un silencio, para después ambas empezar a reír

-          Si Gaby está bien.

 Gaby supo que se llevarían muy bien.

Pasadas las presentaciones María le indico a Gaby donde se encontraba su ropa, la cual tomo, y la extendió sobre una pequeña mesita en la esquina del cuarto.

Sin ningún tipo de pudor la escultural rubia se despojo de su blusa deportiva y su brasier, después de manea muy sensual (sin proponérselo) deslizar lentamente su pantalón deportivo.

-          Disculpa, no sé si te importara que me cambie aquí- dijo Gaby cubriendo sus pechos con un brazo y con el otro cubriendo su intimidad.

Gaby tenía la costumbre de hacer eso con sus amigas, entre ellas no había secretos y menos algo tan simple como verse desnudas, pero recordó que no todas las mujeres eran así.

-          Para nada Gaby, con confianza-

Para ser honesta el cuerpo de Gaby impacto a María, jamás en su vida había visto cuerpo mas perfecto, y eso la cohibió, la avergonzaba saber que cuando estuviesen fuera nadie la vería por ver a esa espectacular mujer.

-          Te pasa algo María- pregunto Gaby

-          No nada…. ¿puedo hacerte una pregunta?-

-          Ya la hiciste- rio Gaby ,comentario que agrado a María

-          No ya enserio... ¿te has hecho alguna cirugía?- dijo María intentando sonar lo más natural posible, no quería enfadar a su compañera.

Gaby se extraño, llevaba poco de conocer a María jamás imagino que le preguntaría eso,

-          No, la verdad no, así me hicieron mis papas- dijo orgullosa de su anatomía, a la vez que se veía en el espejo.

-          ¿En serio?-

-          Claro… en mi familia las mujeres siempre hemos sido así, aunque mi mama dice que yo si exagere- ambas rieron

-          ¿Qué padre tener un cuerpo como el tuyo- Decía María en tono melancólico sabiendo que ella no era ni la mitad de hermosa que Gaby

Gaby notando que tal vez al presumir su cuerpo había hecho sentir mal a María dijo:

-          Pues ni creas, que es una friega en el gimnasio, además todos los hombres se te quedan viendo de manera extraña- la sonrisa de Gaby era muy amistosa

-          Ha de ser bien chido que los hombres te quieran por tu cuerpo, poder conseguir lo que quieras.

Este último comentario si preocupo a la rubia, siempre había sido de la idea que lo más importante de las personas era el interior, no se había casado con su esposo por ser un hombre bien parecido, lo había hecho porque a pesar de sus defectos, también tenía grandes virtudes.

-          Créeme no esta tan bien- decía Gaby- lo que importa es lo que llevamos dentro.

-          SIII lo que llevamos dentro de la tanga y dentro del bra - respondió María

A pesar de la lección que Gaby quería impartirle a María no pudo evitar reírse

-          Bueno apúrate, Gaby que ya casi es hora de salir-

-          Sí , pero donde está el dueño del taller- pregunto Gaby refiriéndose a Don Cipriano

-          Mi tío llega más tarde, pero tranquila que ya me dio órdenes de que hacer-

-          ¿Tu tío?- pregunto Gaby

-          Así es, acaso no notas el parecido familiar

Jamás en su vida Gaby lo habría adivinado, don Cipriano era un hombre muy feo y la chica era hasta cierto punto bonita.

-          Pues la verdad no- respondió Gaby

-          AY gracias a dios- comento María a lo que ambas rieron fuertemente.

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Gabriela y María bailaban sensualmente a las afueras del pie grande, con sus ajustados atuendos, al ritmo del regenton.

La bella rubia al principio le daba pena estar allí bailando para extraños, pero conforme pasaba el tiempo iba adquiriendo confianza, hasta que llego a la conclusión de que no era tan horrible como pensaba, a fin de cuentas a ella le encantaba bailar, le encantaba esa música, su compañera era muy agradable, e incluso le hacía gracia como alguno que otro despistado había sufrido ligeros accidentes menores por voltear a verlas.

Ya había conocido a todo el personal, aunque hubiese deseado recordar el nombre de todos solo recordaba al chango o Pablo y a Francisco un chico de unos 20 años que era novio de María.

Debía admitir que la estrategia al parecer estaba dando resultado, había muchísima gente rodeando el taller, era verdad que muchos solo iban a verlas, pero otros en verdad entraban por sus  autos.

En el poco tiempo que llevaba allí Gabriela ya había recibido más de 20 números de teléfono, los cuales ella aceptaba por educación aunque claro nunca llamaría a esos hombres, cuando alguien preguntaba su número ella cordialmente se excusaba (mintiendo) diciendo que  si la compañía se enterara perdería su empleo.

Mientras a unos cuentos metros de distancia el chango, Francisco y Don Cipriano hablaban tranquilamente.

-          No mamen gueyes…. Ya no aguanto, me la quiero coger ya- decía el viejo Don Cipriano

-          Sí señor, esta re buena la señora, mire nomas como mueve las nalgas- decía Francisco señalando a la rubia mientras bailaba la macarena meneando su trasero de una forma hipnotizante y si a eso le sumamos el diminuto short que usaba era una visión impactante.

-          Esas nalgotas van a ser mías muchachos, pero todo depende de que salga bien el plan, y que no la cagues muchachito. Dijo Don Cipriano volteando a ver a Francisco.

-          Si ya lo sé señor- fue lo único que pudo responder el joven.

Y como si Gabriela pudiera escucharlos  sin perder el ritmo se acerco a ellos y jalando a Don Cipriano lo incito a que bailara con ella, el no perdería  la oportunidad de dar una pequeña manoseada a tan sensual mujer y ni tardo ni perezoso la acompaño.

Los hombres que estaban allí reunidos no podían creer como tan horrible viejo estaba dando llegues a la chica, la cual al parecer ni se daba cuenta (y así era Gabriela ni se imaginaba nada de eso, notaba como el viejo se repegaba a ella, pero así se bailaba).

-          Neta lo vas a hacer wey?- pregunto el chango a Francisco

-          Pus si wey ¿por qué?-

-          Es que la seño es a toda madre- en el poco tiempo que el chango llevaba de conocer  a Gaby ya había cogido cariño

-          Si we pero el patrón se la quiere echar, y quien no nomas mírala esta re buena

-          Pero si lo logra le arruinara la vida, hasta donde se está casada y con chamaco y toda la cosa, imagínate si a tu mama o a tu hermana le quieren hacer algo así, es mas no te vayas tan lejos, imagínate si a María se la quiere chingar otro wey.

Francisco se quedo en silencio pensando.

-          Tu sabes que necesito feria y el patrón me ofreció una buena, además María…. está de acuerdo- respondió Francisco

El chango ya no dijo nada sabía que nada lo haría cambiar de opinión, ambos se quedaron allí embelesados viendo a la buenísima de la casada.

…………………………………………………..

Pasaron las horas, su primer día había pasado de maravilla, le había encantado el sentimiento de libertad, de sentirse deseada, de poder sobre los hombres y ahora llegaba el momento de regresar a casa y obviamente Don Cipriano se había encargado de ofrecerse para llevarla.

Desde el primer momento en que llego a el taller (el) no se separo de ella, y para los próximos días tenía pensado que fuera igual, cosa que a Gaby no le molestaba, más bien la hacía sentirse segura., y siempre era agradable estar con alguien.

Don Cipriano quería que Gaby se acostumbrara a él, que en el momento en que la penetrara  no existiese resistencia de su parte, quería seducirla, quería apartarla de su familia, quería que ese forro de mujer fuera solo suyo, pero también quería que fuera por las buenas, quería que ella lo deseara y no le importaba valerse de trucos y de engaños para lograrlo.

Don Cipriano dejo a Gaby a dos calles de su edificio, para que su marido no se diera cuenta de que llegaba con él.

La rubia camino hasta su casa, había sido un día muy placentero y ansiaba que llegara el próximo.

-Hola mi amor- dijo Cesar al ver entrar a Gaby- luces un poco cansada

Gabriela no conto a su esposo que pidió sus  dos  semanas de vacaciones, pues no quería que se enterara de lo que hacía, se sentía mal de ocultar algo a su esposo, pero había llegado a la conclusión de que era lo mejor para ambos.

-          Si amor, fue un día duro.

En ese momento entro corriendo Jacobo

-          Mama..mami- decía completamente emocionado

-          Hola mi amor-

Gabriela cargo a su pequeñín entre brazos, en esos momentos era lo único que le importaba.

……………………………………………………….

Los siguientes días transcurrieron de la misma manera, con Gabriela acudiendo a su “trabajo” en el taller” esto claro sin que su marido se diera cuenta.

Estrechaba sus relaciones con los que ya consideraba sus amigos es decir con María y el chango, pero con el que se cada vez se sentía más unida era con Don Cipriano, en tan poco tiempo había llegado a considerarlo como un padre, quizá gracias a la falta de uno en su infancia, no lo sabía pero ya le tenía mucho cariño.

Con los demás trabajadores llevaba una relación cordial, notaba la manera en que la miraban pero ya estaba acostumbrada, no fue sino hasta el jueves, un día antes de cumplir con su contrato que todo cambio.

Ese día María no acudió al trabajo, Don Cipriano le explico que estaba enferma, por lo cual había salido como edecán sola, notaba algo extraño en el día, durante toda la tarde no vio a ningún otro trabajador, excepto a Don Cipriano, el chango y Francisco,, cuando pregunto porque Don Cipriano respondió que no sabía, pero que cuando lo supiese se iba a desquitar (cosa que era mentira ya que él les había dado el día libre).

Gabriela ya se encontraba en el pequeño cuarto donde se cambiaba de ropa para regresar a casa,  se veía en el espejo modelando, tomando su rubia melena por encima de su cabeza (a fin de cuentas era vanidosa).

Inspeccionaba su cuerpo en busca de alguna imperfección.

De pronto se abrió la puerta, y frente a ella apareció Francisco con un cuchillo en mano, Gabriela no sabía que estaba pasando, además estaba segura de haber puesto el seguro de la puerta.

-          ¡Francisco!-  exclamo la rubia preocupada pero tratando de no demostrarlo, mientras de manera muy despacio retrocedía, hasta que topo con la pared.

Francisco no decía nada, su rostro no mostraba emoción alguna, simplemente se dedico a acercarse a la rubia.

-          ¿Qué es lo que quieres Francisco...?- pregunto con un tono más valeroso qué pudo demostrar.

No contesto, aprisiono con su cuerpo el de ella.

Aléjate de mi cerdo-  la chica trataba de empujar sin buenos resultados el cuerpo del chico, que aunque no era muy fuerte si tenía la fuerza necesaria para contenerla.

-          Por favor que alguien me ayude- gritaba la chica

El joven seguía sin pronunciar palabra alguna, solo emitía sonidos guturales, mientras colocaba la navaja en el cuello de la rubia.

-          Calla nena, o te puede pasar algo malo- decía Francisco visiblemente nervioso, y comenzó a deslizar su lengua por el tierno cuello de ella.

“o dios”…. Por favor ayúdame… me está tocando- pensaba la chica, instintivamente cerró los ojos y rezo por estar en otro lugar, porque fuera solo un terrible sueño.

En ese momento sintió que unas manos apretaron sus formidables pechos, palpándolos, sintiéndolos.

-          Noooooooooooo- grito la rubia

-          Tranquila… todo va a estar bien

Las lágrimas inundaron el bello rostro de Gaby, no quería ser violada en ese lugar.

De repente y sin previo aviso unas manos tomaron al joven y lo empujaron hacia un lado.

La bella Gabriela observo aliviadísima, aunque desconcertada lo que pasaba.

 Junto a ella y sin saber cómo se encontraba Don Cipriano, que a pesar de ser un viejo, también era bastante corpulento y le era bastante sencillo combatir con el joven.

-          ¿Qué crees que haces pendejo?- grito el viejo colocándose frente a la chica en señal de protección, lo cual ella agradeció y repagándose a él permanecía expectante.

El joven no dijo nada, rápidamente se levanto y echo a correr.

El viejo quiso ir tras él, pero no pudo puesto que Gabriela jalo su brazo, no quería estar sola.

Gabriela lo abrazo, sus bellos ojos seguían expulsando lagrimas, pero esta vez eran lagrimas de alegría.

-          Muchas... Muchas gracias Don Cipriano-  decía Gaby sin imaginar que ese abrazo calentaba de sobremanera a el viejo, sentir su voluptuosa anatomía era enloquecedor.

-          Tranquila chiquita… haría todo por ti…- Fue la primera vez que Gaby creyó ver en su mirada algo más que amor paternal.

Don Cipriano la tuvo unos minutos entre sus brazos, era la primera vez que experimentaba un deseo tan intenso ´por alguien, ni siquiera por su esposa había sentido tanta excitación y quería disfrutar cada segundo de aquello.

Por su parte Gaby se sentía segura, ese hombre la había salvado de lo que hubiera sido la peor experiencia de su vida.

O al menos eso creía.

………………………………………

Esa noche Gaby aun se sentía intranquila, sabía que el peligro había pasado, pero aun estaba nerviosa, lo cual Cesar noto, sin embargo ella se negó a contarle la verdad y argumentaba que eran problemas  de trabajo sin importancia.

…………………………………………

Don Cipriano había sugerido a Gabriela que se tomara el día siguiente, para que se tranquilizase, sin embargo ella se negó, en parte porque en verdad se estaba divirtiendo y en parte como agradecimiento a su salvador, no iba a defraudarlo con el trabajo.

Ese viernes llego al taller y noto que las cosas volvían a la normalidad, los trabajadores regresaron, al igual que su compañera y amiga María.

Con mucha pena la rubia conto a su amiga lo que paso el día anterior en el taller con Francisco (novio de María).

-          Te platico esto en parte porque eres mi amiga y quiero desahogarme, y por otra porque un tipo como ese no te merece- el rostro de Gaby reflejaba verdadera preocupación.

El rostro de María era sereno, pero a la vez preocupado.

-          No... no es lo que crees amiga- defendió María a su novio

-          ¿Que no es lo que creo?, si me toco, estuvo a punto de….- no pudo terminar la oración

-          Ahora no puedo contarte mas, espera unas horas y lo diré todo- prometió María a Gaby y sin decir más salió del cuarto apresuradamente.

Gabriela estaba desconcertada, ¿a qué se refería? Que es lo que iba a contarle, dejo el asunto zanjado, al menos por el momento  a fin de cuentas en unas horas lo sabría.

………………………………………..

Terminado su último día ambas chicas regresaron al cuarto donde se cambiaban de ropas, y cuando entraron el chango las esperaba.

Gabriela rápidamente se puso a la defensiva, después de lo que paso el día anterior prefería estar preparada.

María noto la actitud de su amiga y dijo:

-          Tranquila, yo le dije que viniera, lo que te vamos a contar es muy serio y de antemano te pido que nos perdones.

-          Pus si... yo también- dijo el chango

-          Toma asiento Gaby porfa- le pidió amablemente María.

Cuando todos estuvieron sentados continuaron:

-          ¿Qué es lo que me quieren decir?.. no me dejen en ascuas

-          Lo que sucedió ayer, fue todo un error-

-          Estas equivocada, no fue ningún error- Gaby había alzado su voz, después de lo que paso ayer le molestaba que aun tratara de defender a su novio.

-          Disculpa, no me explique bien, ambos (refiriéndose al chango y a ella) sabemos que lo que nos cuentas es cierto, pero las cosas no son lo que parecen.

La rubia estaba muy confundida.

-          Tratare de ser lo más clara que pueda, veras Francisco jamás quiso hacerte daño, pero fue obligado por alguien- María y el chango intercambiaban miradas ansiosas.

-          ¿Por quién- ´pregunto temerosa, pero a la vez ansiosa por saber que le contarían.

-          Por el patrón- contesto rápidamente el chango

Eso fue como un balde de agua fría para la rubia.

-          ¿Qué?- A pesar de lo que le dijeran le era difícil asimilarlo

-          Así es Gaby, mi tío planeo eso, y lo peor de todo es que nosotros lo sabíamos- se notaba el arrepentimiento en su voz, sin embargo Gabriela no estaba muy convencida de que le dijesen la verdad.

Abruptamente se levanto de su asiento y visiblemente molesta dijo:

-          No puedo creer que después de lo que me paso ayer, se atrevan a hacerme una broma como esta

-          Créeme Gaby, me gustaría mucho que fuera una broma, pero no lo es.

-          Pues lo siento mucho mi reina, pero no puedo creer que un hombre como Don Cipriano haya planeado eso, y además ¿con que fin?- Gaby continuaba con el mismo tono desafiante.

-          SHHHHHHH- decía el chango temiendo que alguien pudiera escucharlos.

-          Por favor Gaby, veo que estas muy alterada, mejor lo dejamos para otro día- propuso María

-          No, no me callo, o me cuantas ahora mismo que pasa, o Don Cipriano se va a enterar que le levantan falsos- amenazo Gaby, con ese tono que denotaba lo enfadada que estaba, ese hombre había sido muy buena con ella, no dejaría que mintieran sobre él y menos en algo tan grave.

-          Bien, quería contártelo con tacto, pero si así lo quieres- María respiro aire profundamente.

-          Mi tío esta prendado contigo, en otras palabras te quiere coger- el bello rostro de Gaby se dibujo una cara de sorpresa.

-          El está obsesionado con llevarte a la cama,- decía María mientras el chango movía su cabeza en señal afirmativa.

-          Estás loca, en serio crees que me voy a tragar eso, si él ha sido bien buena gente conmigo- Gaby seguía sin creer en sus palabras-

-          Es verdad, Gaby si no que se muera mi jefecita- decía el chango creyendo que con esto la convencería.

-          Disculpen, pero se me hace una reverenda estupidez, en cualquier caso ¿porque contármelo ahora?

-          Porque eres a toda madre, nosotros (el chango y María) te hemos tomado mucho cariño y no se nos hace justo que mi tío te juegue chueco, pues tienes un hijito y un esposo que por lo que cuentas amas y te aman, además tampoco se me hace justo con mi tia, ella también es una buena mujer que no se merece que le pongan los cuernos.

Gabriela sabia que Don Cipriano estaba casado, y por la manera en que él le  había hablado acerca de ella no creía que nunca se le ocurriera engañarla. 

María conto  a Gaby como su tío le había prohibido acercarse al taller el día anterior, amenazando con correrla de su trabajo si no hacía caso, también que había dado el día libre a los trabajadores (recordemos que a Gaby  le conto que no sabía por qué no fueron a trabajar).

El chango por su parte conto como Don Cipriano había apostado el llevársela a la cama, la manera en que aparentaba ser frente a ella y como en verdad era a sus espaldas.

Y lo más importante contaron que había pasado con Francisco, el era un buen muchacho quien desafortunadamente tenía a su madre muy enferma en el hospital y Don Cipriano se aprovecho de esto para obligarlo a  atacar a la rubia, así el  llegar de último momento y quedar como un héroe frente a ella, le había prometido que si todo salía bien le daría una gran suma de de dinero y la promesa de poder regresar a su trabajo después de que Gaby se fuese.

-En verdad no puedo creerles, Don Cipriano es un buen hombre- No sabía si en verdad no podía creerles o no quería.

- Ojala nos hubieras creído a la primera, pero en fin parece que tendremos que mostrarte como es mi tío en realidad.

A continuación pasaron a contarle lo que harían.

María le dijo que ambas se esconderían en el closet, que escuchara atentamente todo lo que diría su tío, de lo demás se encargaba el chango.

Gabriela termino aceptando, con la amenaza de que si no les creía le contaría todo a Don Cipriano.

Quería llegar al fondo de todo eso, ahora solo faltaba que hiciera su aparición Don Cipriano

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Escucharon ruidos provenientes de la entrada, lo cual los alerto de que Don Cipriano acababa de regresar, por lo cual María incito  a Gabriela a que ambas se escondiesen en el closet, cerraron la puerta con seguro para así evitar que Don Cipriano las descubriera, mientras sucedía esto el chango sería el encargado de desenmascararlo atrayéndolo hacia el cuarto para que Gabriela lo escuchara.

-          ¿Qué quieres chango?- pregunto Don Cipriano, a la vez que con su mirada buscaba rastros de Gaby

-          No pus, solo le quería informar que Gaby se sentía mal…. Se llevo su camioneta (recordemos que ese día su camioneta al fin estaba lista).

-          NO hay pedo mi changuito, a fin de cuentas ya la tengo comiendo de mi mano, jajajaja-

La rubia  desde su escondite podía escuchar toda la conversación, le sorprendió el comentario de Don Cipriano, pero a fin de cuentas aun no había dicho nada tan malo, continuo escuchando atentamente.

El chango sabia que para que Gaby les creyese debía escucharlo como en verdad era, así que se atrevió a preguntar.

-          ¿Y cómo va lo de la apuesta jefecito?-

-          Eres un imbécil, es el dinero más fácil que voy a conseguir- presumía Don Cipriano

-          ¿Apoco es tan fácil?- la voz del chango se retumbaba en la pequeña habitación.

Mientras en su escondite Gabriela no entendía que hablaban, pero la respuesta llego en instantes.

-          Veras mi chango, frente a Gabrielita soy un héroe, si no fuera por mi  Francisco se la hubiera cogido- dijo Cipriano seguido de una carcajada

Por unos instantes reino el silencio entre los 2 hombres, el chango no sabía que mas decir, hasta el momento Don Cipriano no había dicho nada comprometedor y sabia que solo era tiempo para que Gaby dejara de seguir el plan y saliera del closet, afortunadamente el no tuvo que decir más.

-          ¿Sabes lo que me caga?- pregunto Don Cipriano- me caga haber tenido que darle tanto dinero a ese pendejo para que siguiera mi plan, pero cuando recuerdo las espectaculares nalgas de Gabrielita y como me las voy a coger se me olvida todo lo demás- las palabras de Don Cipriano estaban cargadas de lujuria, una lujuria que lo comía por dentro.

-          No mames chango, esta re buena- dijo Cipriano refiriéndose a Gaby

-          Si jefe, está… muy bonita pero- en otra situación el chango hubiese usado otro adjetivo mas subido de tono, pero al saber que Gaby los escuchaba se contuvo.

-          ¿Pero qué?-  pregunto Cipriano con un tono molesto.

-          Está casada señor, y además tiene un hijo.

-          A la mierda con su esposo y su hijo, ella es un mujeron y a simple vista se ve que le encanta la verga.

Estas palabras calaron hondo en el corazón de Gaby, quien con su oído pegado en la pequeña puerta de madera del closset escuchaba claramente la manera en que Don Cipriano se expresaba de ella.

-          Y a mí lo que me sobra es eso…….. VERGA…. Jajajaja

El viejo noto el nerviosismo en la cara del chango, ahora que estaba seguro que Gaby lo había escuchado se preguntaba como reaccionaria, tenía miedo que tal vez saliera del closet y encarara a su jefe, a fin de cuentas ella era ese tipo de mujer,se pregunto si había sido un error arriesgar su trabajo por su amiga.

-          ¿Qué te pasa pendejo?, te noto raro-

-          Nada señor, me preguntaba ahora que es lo que va a hacer con Gaby. Mintió el chango

-          Mañana es mi día de suerte chango, ella me conto que su marido no va a estar mañana (era verdad finalmente Cesar habia conseguido y tenía que salir de la ciudad carga), la invitare a salir, y en la noche la vamos a pasar rico… jajaja-

-          ¿Y uste cree que quiera salir, lleva solo 2 semanas de conocerse

-          Desde luego, como te dije soy su héroe así que no se negara, y si lo hiciese pues solo sería cuestión de insistirle…..chango, te voy a contar algo pero esto si no se lo cuentes a nadie, ni siquiera a María.

-          ¿Por qué no quiere que se lo cuente?- el chango estaba intrigado

-          Esas dos se han vuelto muy amigas, y tengo miedo que esa niña la valla a cagar- decía Don Cipriano sin imaginarse que ya lo había hecho.

-          Se lo prometo señor- el chango cruzo sus dedos mintiendo, esto claro sin que Don Cipriano lo viese.

-          Veras, tengo pensado traerla aquí mismo y colocar una cámara allí- dijo Cipriano señalando a la ventana- oculta por supuesto, y extorsionarla de alguna manera con él.

Gaby no creía lo que escuchaba, donde había quedado ese señor buena gente que conocía, acaso desde que la conoció ese era su plan, y porque ella, porque no le importaba tratar de destruir a su familia para quedarse con ella,

Pasaron los minutos y Gaby cada vez estaba más asqueada, de escuchar la manera tan soez como Don Cipriano se refería a ella, las posiciones que según el haría, las veces que se vendría dentro de ella, incluso escucho como quería embarazarla.

No aguantaba más, quería salir corriendo y decirle sus verdades a ese hombre que la había engañado haciéndola creer que era un buen tipo, sin embargo se contuvo, lo había prometido.

En cierto momento Don Cipriano se despidió, dejando en manos del chango cerrar el changarro y se fue hacia su casa.

Tiempo después ambas chicas salieron del closet al escuchar arrancar el carro de Don Cipriano.

-          Honestamente lamento que te hayas enterado de esta forma, y te vuelvo a pedir disculpas por que nosotros lo sabíamos.- dijo la joven María mientras el chango asentía con la cabeza

El chango y María guardaron silencio unos instantes no sabían cómo  reaccionaría Gaby, el silencio era muy incomodo hasta que Gaby lo rompió.

-          Les agradezco que al final hiciesen lo correcto…. aunque debo admitir que estoy algo molesta con ustedes- ella se conocía, sabía que en pocos días se le olvidaría de lo malo que hicieron, al que no podría perdonar era a Don Cipriano.

-          ¿Dónde está mi camioneta?- pregunto Gaby secamente dirigiéndose al chango (ese era el día cuando su camioneta estaría lista).

-          A dos cuadras de aquí- dijo el chango entregándole las llaves y apuntando la dirección.

-          Creo que no es necesario que diga esto, pero no le digan a Cipriano que ya se dé su “plan”-

Ambos asintieron y vieron como se alejaba de ellos, no dijeron nada sabían que era mejor dejarla sola por el momento.

Incluso en esa situación y siendo su amiga el chango no pudo evitar clavar su mirada en las nalgotas de la chica.

“Que buenas nalgas…. que buenas nalgas…..”Pensó el chango

………………………………….

Gaby conducía su camioneta con dirección a casa, mientras pensaba sobre lo ocurrido recientemente.

No entendía porque alguien trataría de separarla de sus 2 grandes amores (su hijo y su marido), y mucho menos entendía que lo hiciera por algo tan banal como el sexo, así era, aquel hombre solo la quería para tener sexo, no para hacer el amor con ella, sino para saciar sus más bajas pasiones, y eso la asqueaba, la enojaba la manera en que se había hecho pasar por un buen hombre solo para meterse en su cama.

Y decidió que no podía quedarse así debía vengarse de alguna manera.

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Mientras daba vueltas en su cama, a solas recordaba que hacia algunas horas que su marido se había ido, su hijo plácidamente dormía en la habitación contigua, ese día había sido duro, al principio le fue difícil aceptar que aquel hombre al cual casi había  llegado a querer como un padre la traicionara de esa manera.

Se percato que su pequeño celular vibraba en señal de que estaba entrando una llamada, lo cogió del buro que tenia del lado derecho de su recamara matrimonial, con la esperanza de que se tratase de su marido, su decepción fue tal al ver en la pantalla que la llamada entrante era de Don Cipriano.

Dudo un momento en que hacer, quizá debió hacer lo más lógico y no contestar, a fin de cuentas ya había pagado su deuda y tenía su camioneta de regreso, sin embargo la vida  pone trampas en el camino y la rubia cometió uno de los mayores errores de su vida: contesto.

-          Bueno- respondió Gaby

-          ¿Hola Gabrielita como estas?- pregunto Don Cipriano

Le resultaba increíble como ese hombre al que hace solo algunas horas hubiese protegido de cualquier cosa ahora le provocase tan profundo asco, sin embargo no lo demostró.

-          Muy bien señor, estaba aquí dormidita, solita, con frio- actuaba  extraña

-          Estas solita porque quieres nena, tu nomas dime y voy y te caliento- se atrevió a decir el viejo, en cualquier otro momento Gaby hubiera colgado, pero después de esa tarde quería darle una lección así que siguió el juego.

-          Es usted todo un coqueto señor...jajaja- Gaby fingió una risa tímida

Pasaron unos instantes en que reino el silencio entre ellos, pero el viejo sintiendo falsamente que había logrado ganar terreno no quito el dedo del renglón.

-          Entonces que nena ¿voy a tu casa para “hablar”?

-          Pues si me gustaría… pero me siento malita….pero también me siento solita, hay señor no se qué hacer- la actuación de la chica era tan convincente que el hombre creía que le estaba coqueteando

-          Fácil... voy para allá y yo te sobo tus heriditas- el viejo comenzó a usar los mismos diminutivos que usaba Gaby.

Don Cipriano creía que ya la tenía entre sus manos, en su imaginación ya la veía desnuda mamándole su verga.

-          Hay no señor, que pensaran mis vecinos si ven que a estas horas un machote como usted entra en mi casa y mientras mi marido no esta, pensarían de mi lo peor- Gabriela sabia que lo que más le gustaba a los hombres era que los alabaran.

-          Mándalos a la verga a todos- decía el viejo presa de la lujuria-

La rubia esbozo una maliciosa sonrisa, podía sentir la lujuria proveniente de las palabras del viejo quien cada vez se esforzaba menos por aparentar hablar de la enfermedad de Gabriela.

-          Me gustaría Don, pero vera esas son las contras de estar casada, una no se divierte tanto como quisiera- el viejo no podía creer lo aventada que era Gaby por lo que pensó que tal vez estaba malinterpretando las cosas, así que pregunto.

-          ¿A aaaa… que te refieres?- tartamudeo el viejo, ansioso por saber la respuesta.

-          Ya sabe Don, si por mi fuera lo invitaría a mi casa, le daría un rico masajito y la pasaríamos rico, todo para mi HEROE- Gabriela se sorprendió de lo sensual que sonaba, además de lo rápido que estaba pensando en esta situación.

El viejo estaba en shock claramente Gabrielita, la mujer que mas había deseado en su vida le estaba proponiendo acostarse con ella.

-          A demás Don, mi hijito esta aquí en casa y que diría si me ve con otro hombre que no es su papi- el corazón de Gabriela se rompía al hablar de sus 2 grandes amores en esta situación

-          S i te entiendo nena, pero  tu entiéndeme a mí, si vieras lo dura y grande que tengo mi….verga por ti…… ufff- Gabriela no imaginaba que en ese instante el viejo masajeaba fuertemente su mástil.

Qué asco le provocaban a Gabriela esas palabras, pero debía soportarlas, al menos de momento.

-          Tengo una idea nena… que tal si paso por ti y nos vamos a otro lugar, al que tú quieras

-          No Don, no puedo dejar a Jacobo solo…… pero… ¿qué tal si lo dejamos para mañana?

-          ¿Mañana?- pregunto con un tono esperanzador el viejo.

-          Si... mañana paso en la mañana a dejar a Jacobito con mi estúpida suegra (esto le salía del corazón) y por la noche tenemos todo el tiempo del mundo para nosotros dos solitos, ok pero claro, con 2 condiciones- la voz de Gaby era tan sensual que ni un padre podría resistirse.

-          ¿Cuáles?- pregunto el viejo

-          La primera es que nos vallamos a un lugar retirado de mi casa, no queremos que un vecino chismoso nos eche a perder la noche verdad?- inquirió Gaby cargada de sensualidad

-          Ni lo mande dios mi reina… ni lo mande dios

A pesar del asco que ahora sentía por Don Cipriano no podía evitar sentir algo de gracia por la calentura que notaba en el viejo y su diversión aumentaba cuando imaginaba lo decepcionado que estaría el viejo al final de la noche.

-          Y la otra- prosiguió Gaby-  es que llevemos mi camioneta, después de que la arreglo el mejor mecánico del mundo quiero presumirla

-          Claro lo que tu desees mamacita

-          Mañana pase por mí a las 8 y de aquí nos vamos, ¿entendido?

-          Entendido, ya no puedo esperar

“Viejo puerco, si a ti no te importo intentar arruinar mi vida a mi no me importara arruinar la tuya” pensó Gaby.

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La mañana siguiente Gaby sentía un extraño sentimiento de culpa, de cierta manera había aceptado salir con un hombre que no era su marido, sabía que no llegarían al terreno sexual y que en verdad su plan era dejarlo en ridículo pero para lograrlo debía hacerse pasar por una obediente chica quien quería todo con él y debía mostrarse coqueta, dispuesta, sexy y eso de cierta forma ante ella lo hacía parecer como una ligera infidelidad.

Para aminorar la culpa, toda la mañana se dedico a consentir a su nenuco (como le decía de cariño a Jacobo), lo llevo al parque temprano, después a desayunar a McDonals y terminaron por ver una película infantil.

Terminado esto y con su plan puesto en marcha como había dicho a Don Cipriano paso a dejar a Jacobo con su abuela.

Y la misma cantaleta de siempre la señora reclamándole a Gaby, decía cosas como que apenas su hijo no estaba y ella aprovechaba para salir con sus “amigas”, clara insinuación de que no iba con sus amigas.

Sin embargo ese día Gabriela no respondió, no tenía ganas, ya se había cansado de pelear con su suegra, o quizás era porque en ese día algo de razón tenía la vieja.

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Entrada la tarde la rubia comenzó a alistarse para su “cita”, se baño, se perfumo, cuidadosamente eligió la ropa que iba a usar, intentando lucir tremendamente sexi.

Para esa noche Gabriela había decidido usar sus mejores ropas, las más caras y las que mejor resaltaban su voluptuosa anatomía.

Primero eligió un diminuto pantie y un brazier muy pequeño ambos de color negro.

Se coloco la tanga, la cual era tan pequeña que parecía que solo vestia un diminuto hilo a la altura de sus caderas pues sus formidables nalgas la cubrían por completo.

El diminuto brazzier parecía reventar, al tratar de contener la majestuosidad de los melones de su dueña, después de su closset tomo un diminuto vestido que le llegaba por encima de sus muslos mitad negro de arriba y mitad gris de la parte de abajo sin mangas, que dibujaba a la perfección sus nalgotas y sus enormes pechos, riso su rubio cabello y se coloco los típicos productos de belleza que usan las mujeres, posteriormente se maquillo (aunque no lo necesitaba) y por ultimo su puso unas finísimas zapatillas de tacón negras.

Al terminar se vio en el espejo de cuerpo completo que tenía en el baño, ella lo sabía, se veía espectacular.

-          Así que por estas es por lo que me querías separar de mi familia- se decía en el espejo mientras con ambas manos tomaba su espectacular trasero

-          Pues veras que esta es más que unas nalgas- termino por decir y sonreír para sí misma.

Se acercaba la hora, y su corazón latía cada vez más rápido, no sabía si hacia lo correcto.

Gabriela caminaba de un lado a otro pensando que hacer, pensaba si estaba haciendo lo correcto.

Muy en el fondo sabia la respuesta, aunque las circunstancias fueran especiales no debería hacer lo que estaba por pasar.

Estaba a punto de salir con otro hombre que no era su marido, sin embargo no lo traicionaría, eso jamás y menos con tan despreciable sujeto.

Rápidamente cogió el teléfono, deseando que no fuera demasiado tarde para cancelar aquella cita extramarital, argumentando cualquier cosa, comenzó a marcar las teclas cuando escucho sonar el timbre, se maldijo a sí misma, había sido muy lenta.

Se pregunto si aun habría marcha atrás.

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El viejo al ver la voluptuosa silueta de lo que el imaginaba seria su compañera sexual de la noche no pudo evitar sentirse el hombre más afortunado del mundo.

Ella por el contrario sintió repugnancia al ver al viejo, el cual vestía de camisa negra a cuadros, un pantalón de mezclilla azul y botas vaqueras.

-  Buenas noches seño- dijo en tono muy sugerente el viejo

 - Buenas noches señor- respondía Gaby lanzándole una sonrisa coqueta, prometedora, sexi.

La rubia rápidamente tomo su bolso que estaba encima del burro de planchar y en un intante se dirigió a la salida, no quería que ese hombre pisara un centímetro de su casa.

La rubia cerró la puerta y metió la llave con intención de poner el seguro.

Plash, fue el sonoro resultado de la aparatosa nalgada que el hombre propino a la sensual casada, no conforme con eso el hombre no retiro su mano, sino que la dejo allí masajeando el glúteo de la chica.

“Demonios, que hago me está tocando” pensaba la chica presa de la desesperación, en ese momento quería propinarle un golpe, sin embargo si quería seguir con su plan debía soportarlo.

-          No sea tentón- fue lo que atino a responder con su sensual sonrisa, retirando con su mano delicadamente la de él.

En el rostro del hombre solo se podía apreciar la sonrisa de un hombre que se cree ya vencedor, que está seguro que será una gran noche.

-          Ya no aguanto Gabrielita…… dame un adelantito- las grandes manos del hombre la atrajeron hacia él,  a pesar de oponer resistencia de poco sirvió, el viejo era muy fuerte.

La chica era capaz de percibir, el calor que emanaba de ese gordo cuerpo, en ese momento supo que era inútil resistirse, debía ser inteligente.

-          No…. Aquí no… nos pueden ver jijijiji- reía nerviosamente Gaby

-          No te hagas del rogar, aunque sea un besito para tu héroe

El hombre tenía aprisionada a la mujer con sus dos manazas, las cuales las tenia situadas a unos centímetros por encima de sus carnosas nalgas, solo le bastaba un movimiento para palparlas, para sentir esa dureza con la cual había soñado todas las noches desde que la conoció.

No aguanto más y las tomo, las estrujo, las sintió en toda su gran dimensión, eran mejor de lo que las imaginaba, duras pero a la vez suaves, impactantes.

Gabriela en verdad estaba preocupada porque alguien pudiese verlos (algún vecino), estaba en una situación comprometedora.

No tenia de otra, coquetamente poso sus labios  en los del viejo, y en un instante los retiro.

Ese pequeño beso basto para excitar más al viejo.

-          Ay señor, vámonos a otro lugar…. Para poder darle el masajito que le prometí ayer, y le aseguro que terminara con un final feliz- susurro esto en la oreja izquierda de Don Cipriano

El viejo  viendo fijamente a la chica, tomo su mano y prácticamente jalándola la ínsito a que lo siguiera con dirección a la salida del edificio, ya no quería esperar más.

……………

El viejo condujo a un hotel que se encontraba alrededor de 20 minutos del edificio donde vivía la chica, lo hizo en la camioneta de ella, pues una de las condiciones que puso Gaby dictaba que usaran su camioneta.

La primera propuesta del mecánico había sido llevarla a su taller, pero Gaby recordando lo que dijo el día anterior, acerca de que pondría cámaras, se negó argumentando que ya tenía conocidos por esos lugares.

El viejo  por más que insistió no pudo hacerla cambiar de opinión, así que decidió llevarla a otro lugar.

El viaje resulto horrible para la chica, tuvo que soportar todo tipo de piropos bastante subidos de tono, además de eso el viejo al estar completamente seguro de que ya tenía en la cama ,no dejaba de masajearle las poderosas piernas, lo peor no era eso, lo peor para Gaby era tener que fingir que lo disfrutaba, tener que utilizar su risa estúpida para que el viejo no sospechara, aunque en cierto momento se sintió culpable, reflexiono sobre lo que estaría haciendo su marido mientras ella se dejaba manosear por un sujeto que podría ser su padre, pero no había marcha atrás debía enseñarle a ese hombre que con la señora Gabriela Ramos  de Guillen no se juega.

Estacionaron la camioneta cerca del hotel, era un edificio muy antiguo, no se podía decir que era horrible pero era bastante precario, al menos la fachada, unos cuantos pisos que se notaba llevaban años sin una pintada, un letrero enorme con la palabra motel en rojo parpadeando, exceptuando la o que no funcionaba.

Gabriela veía parejas entrar y salir (aunque eran más las que entraban dada la hora), y sintió vergüenza, en su cabeza lo sabia, ellos eran la “pareja mas dispareja”, las parejas que veía eran por lo general de la misma edad y características, a diferencia de ellos.

Sentía que todas las miradas estaban posadas en ellos, y no estaba muy alejada de la realidad, los hombres se preguntaban como ese asqueroso sujeto podía traer de la cintura a tan encantadora chica, si es que le había pagado algo y si fuera así debía ser mucho dinero.

Las mujeres rápidamente pensaban lo más lógico que era una puta.

Legaron con el recepcionista.

-          Muy buenas noches- dijo el recepcionista quien inmediatamente noto la belleza de la chica

-          Necesito una habitación- respondió el viejo, se notaba que estaba apurado

-          ¿Cama matrimonial o individual?- pregunto el empleado del hotel

-          ¿Que no está viendo pendejo?- respondió el viejo molesto, a la vez que con la mirada señalaba a Gaby.

-          Disculpe señor

El empleado entrego las llaves de la habitación, Don Cipriano la pago y ambos se retiraron en dirección a ella, con la mirada del recepcionista clavada en el sensual bamboleo del trasero de la casada,  en esos momentos deseo tener cámaras en las habitaciones.

……………………………..

Con cierta dificultad Don Cipriano metió la llave en la chapa y abrió la puerta, la ansiedad por coger con Gaby era demasiada.

Entonces la rubia pudo ver la habitación, no era muy amplia, pero tampoco era demasiado pequeña, tenía solo lo necesario para lo que la necesitaban las parejas, una cama en el centro, pegada a la pared, algunos muebles y un cuarto al fondo, el cual ella pensó que era el baño.

Los pensamientos de la rubia fueron interrumpidos por la voz del viejo quien decía:

-          Ahora si chiquita…. Vamos a disfrutar como recién casados- lentamente Cipriano se acercaba a ella, quien no sabía qué hacer, debía pensar rápido o estaría en peligro, sabía que un hombre excitado era capaz de cualquier cosa.

Tal vez se preguntaran que es exactamente lo que Gabriela pensaba al meterse a la boca del lobo, al exponerse de esa manera con aquel hombre que deseaba todo con ella, era simple no podía dejar las cosas así, no podía permitir que se burlara de ella y menos de su familia, era una mujer independiente, capaz de valerse por sí misma, cuando alguien intentaba dañarla ella era capaz de defenderse y en este caso no era la excepción.

Su plan consistía en exponerlo frente a todos, que su mujer se diera cuenta de que clase de hombre era y para ello tenía guardada una sorpresa.

-          Esperece tantito Don…. que le parece si primero le doy el masajito que le prometí ayer???- pregunto Gaby con esa voz cargada de ingenuidad.

-          Lo que tu desees mi reina- contesto Cipriano

“Viejo cerdo…. Mientras tu estas aquí con otra mujer tu pobre esposa debe estar preocupadísima por ti” pensaba Gaby “pero lamentaras haber aceptado mi propuesta”, fue en ese instante que Gaby se dio cuenta que Don Cipriano se había quitado su camisa a cuadros, era una visión asquerosa, la prominente barriga de Don Cipriano subía y bajaba debido a su respiración agitada, sus gruesos bellos de lejos parecían mugre y suciedad, definitivamente era un tipo asqueroso.

-          No   -   Gaby dándose cuenta que el viejo intentaba quitarse el pantalón para luego quitarse su ropa interior.

-          ¿Qué te pasa reina?- pregunto Don Cipriano no entendiendo su reacción.

Gaby dándose cuenta que había  reaccionado mal dijo:

-          Valla al baño, quítese su ropa y póngase una toalla

El viejo quien aun no entendía por qué no se podía desnudar allí se quedo inmóvil hasta que Gaby prosiguió:

-          Me excita la espera…. quiero sorprenderme con su gran pene-

Don Cipriano sonrió, era a primera vez que escuchaba a tan sensual mujer  hablar sobre su miembro.

-          Te aseguro que mi verga no te decepcionara chiquita... en unos instantes te hare gritar como una loba.

Se acerco peligrosamente a la anatomía de Gabriela, quien rápidamente se puso a la defensiva, pero el hombre fue más rápido, de un jalón la atrajo hacia él y le planto tremendo beso, que la nena recibió de mala gana, su mente se debatía entre empujarlo y seguir besándolo, debía guardar las apariencias, debía hacerle creer que le gustaba.

El viejo era hábil, y llegaba a lugares profundos en la boca de la rubia, aprovechaba para masajear el cuerpo de lo que él creía que ya era su amante.

Le encantaba posar sus manos sobre el gran trasero de la chica y subirlas por la estrechez de sus caderas, creía sentir como la chica se resistía, pero no lo suficiente como para alejarlo así que continúo.

El olor que el hombre desprendía de su boca era asqueroso para Gabriela, mezcla de alcohol y tabaco, dos de las cosas que más odiaba en la vida.

Pero algo estaba pasando dentro de ella, algo extraño, ese hombre era el típico mexicano, machista, sucio, infiel mujeriego cosas que odiaba en un hombre, pero en ese momento en sus brazos se sentía extraña, la manera en que el hombre la besaba sin contemplaciones y sin pedir su permiso no le molestaba tanto como creía, se sentía protegida, deseada, en fin como una mujer, algo que con su esposo no había sentido jamás.

Con tal de seguir su plan devolvió el beso, su lengua comenzó a jugar con la de Don Cipriano, sus manos (que hasta ese momento estaban sobre las de el intentando quitarlas) dejaron de hacer presión para colocarlas en el cuello de Don Cipriano.

El viejo entonces cargo de las nalgas a la chica con la intención de llevarla a la cama, sin separar sus labios ni un milímetro.

Fue en eso cuando de la bolsita de Gaby sonó su celular, señal de que alguien estaba llamando, esto alerto a la rubia quien rápidamente separo sus labios de los del hombre.

-          Bájeme Don- pidió Gaby, estaba muy agitada debido al magreo de antes

-          Déjalo que suene preciosa…. Continuemos con lo que hacíamos, besas riquísimo- decía Don Cipriano intentando nuevamente basarla, a lo que ella movía su cabeza para no permitírselo.

-          Noo…. Por favor puede ser mi marido- suplicaba Gabriela.

A pesar de su excitación el hombre obedeció, no quería hacer enojar a esa culona y perder su oportunidad.

Como un rayo Gabriela saco su celular de su bolsa, efectivamente se trataba de Cesar.

La culpa la inundo, como era posible que segundos antes estuviera besando a otro hombre .Esa llamada la había vuelto a la realidad, lo que quería hacer era estúpido, debía salir de allí...

Vio como Don Cipriano se metió en el baño, pero aun estaba indecisa.

Lo más sensato hubiera sido no contestar, pero presa del nerviosismo lo hizo.

-          ¿Quién es la nena más linda del mundo?- pregunto Cesar en tono muy cariñoso

-          Soy yo…… ¿qué quieres cesar?- Gabriela quería aparentar serenidad, sin embargo nunca había sido buena para mentir.

-          Disculpa por querer saber cómo esta mi mujercita.

-          Estoy bien… si me llamabas solo para eso voy a colgar- Gabriela trataba de terminar esa llamada lo más rápido posible, no notaba que estaba siendo muy brusca.

-          ¿Dónde estás?- pregunto Cesar

-          Como que donde estoy... estoy en casa- mintió Gabriela

-          Pues según mi mama le dejaste cuidando a Jacobo-

Gabriela había olvidado ese detalle, cometió un grave error.

-          Está bien... estoy en casa de Lidia (su mejor amiga), estamos en una reunión de chicas.

-          A ya entiendo, pásamela-  Dijo Cesar

-          ¿Qué?.... ¿quieres que te la pase? ¿para qué?- Gaby estaba consternada por su petición

-          Para saber qué me dices la verdad

En ese momento dos sentimientos predominaban en la sexy rubia.

El primero era el miedo de que quizá Cesar pudiera descubrir su mentira, que aunque no planeara acostarse con aquel hombre si supiera cual era su plan, de igual manera se enojaría.

En pocos segundos el miedo había sido sustituido por el coraje, por el hecho de que su esposo no confiaba en ella, porque estaba segura que su suegra le había llamado y contado mentiras,              ¿porque siempre le creía más a su madre que a ella que era su esposa?

-          No…. No te la voy a pasar, si me quieres creer bien, si no pues ni modo chiquito

-          ¡Qué me la pases¡- grito desde el otro lado del celular Cesar

-          No lo hare-Seguía firme Gaby

-          Sabes que haz lo que quieras… mi madre tenía razón.

En ese momento Cesar colgó el teléfono.

Esas últimas palabras calaron hondo en ella, su suegra nunca la había bajado de puta, estaba seguro que a eso se refería Cesar, lo cual la hizo enojarse aun más.

Olvido completamente querer salir de allí, quería desquitar su enojo con alguien y ese alguien acababa de salir del baño desnudo solamente con una toalla sujeta a su cintura.

-          ¿Listo mi héroe para su masaje?- pregunto Gaby con esa voz coqueta que la caracterizaba

El hombre sabía que no tenía que decir nada, lo que hizo fue pasar por un lado de la rubia y recostarse boca abajo en el colchón.

Gaby subió a su espalda, llena de bellos y de manera muy sensual froto sus manos sobre ella.

Debido a la posición en la que estaba su minivestido mostraba casi totalmente la majestuosidad de sus piernas.

Don Cipriano dejaba escapar ligeros gemidos de placer, Gabriela era muy hábil, practicaba los masajear seguido con su esposo, reflexiono y se dio cuenta que era la primer vez que hacia eso con otro hombre...

-          Qué bien lo haces mamacita- bramaba el viejo

-          ¿Soy buena?- pregunto Gaby haciendo un ligero puchero, como queriendo parecer niña mimada

-          Si... si eres y estas buenísima…. Ya me imagino lo bien que has de coger nena- al viejo ya no le importaba guardar la compostura, a fin de cuantas se creía ganador

Ante este comentario Gabriela soltó una ligera risa, quería calentarlo a tal punto que el viejo no aguantara más y en ese momento se iría, no sin antes llevarse un pequeño regalo.

Las manos de Gabriela  por momentos  rozaban por encima de la toalla el trasero del viejo, notaba que le gustaba por  la manera en que el viejo se contorsionaba.

El viejo se sentía  en la gloria, ese mujeron encima suyo propinándole un masaje que muchísimos hombres quisieran, se sentía algo incomodo en esa posición, pues su verga completamente erecta ejercía presión sobre el colchón, causándole ligero dolor.

-          ¿Puedo hacerle una pregunta?- Gabriela quería ver que tan caliente estaba el viejo

-          Claro reina lo que quieras-

-          Desde hace cuanto tiempo quiere llevarme a la cama?- se aventuro

El viejo tardo en responder, pero al notar que las manos de Gaby dejaban de masajearlo respondió:

-          La neta desde la primera vez que te vi, ya sabía que terminaríamos en una habitación de motel-

-          ¿En serio?- Gaby estaba incrédula de la honestidad del viejo

-          Claro…. Todavía lo recuerdo… incluso recuerdo como ibas vestida

-          Jajajajaja- rio Gabriela honestamente, ese comentario le causo gracia

-          No le creo señor- siguió la rubia

-          Pues créelo, te recuerdo con ese pantaloncito que resaltaba tus nalgotas, y esa blusita blanca que no podía contener tus chichotas.

Gabriela seguía con su labor, por momentos se recostaba completamente sobre el viejo haciéndole sentir sus pechos, le gustaba la manera en que se sentía dueña de la situación, creía poder manejar al viejo a su antojo.

-          Una última pregunta señor…. ¿Cuando hacía el amor con su mujer pensaba en mi?- esa pregunta en verdad le causaba curiosidad, desde que se entero de cómo era el viejo en realidad.

-          Siiiii…..cada vez que se la metía a mi esposa en mi cabeza estabas tú preciosa, y ahora por fin te voy a meter mi verga

“Pinche viejo verde “pensaba Gabriela

-          Ahora me toca preguntar a mi…… ¿Qué tan chiquita la tiene tu esposo?- dijo el viejo sin inmutarse

-          ¿De…. donde ha sacado eso?- contesto Gaby contrariada en parte porque la conversación hubiese girado hacia su marido y además porque había acertado. Cesar la tenía muy pequeña

-          Me lo imagino… para que una hembra como tu engañe a su marido quiere decir que no te coge como debería, o que la tiene chiquita

-          Nnooo.. coomo cree… hago esto porque usted me salvo- decía Gaby sintiendo que perdía el control de la situación

-          No tienes por qué mentir preciosura…. Y déjame decirte que mi verga es muy grande, digna de una amazona como tú.

Gaby se quedo un momento inmóvil, debía calmarse debía recuperar la compostura o el viejo podría descubrir que tramaba.

-          Hay no sea presumido- dijo sensualmente la chica

-          No es por presumir, pero  todas las mujeres que me han probado repiten y tu mamacita no vas a ser la excepción.

A Gabriela ya no le estaba gustando ese juego. O quizá le estaba gustando demasiado por lo que llego a la conclusión de que era hora de terminar todo el teatrito.

-          No se mueva de aquí…..no voltee

Don Cipriano sintió como la casada bajaba de su espalda, y obedeció.

Gabriela saco de su bolsa dos pequeñas vendas  negras.

Regreso lo más rápido que pudo y nuevamente subió a la espalda de Don Cipriano

-¿Qué trama señora Guillen?- pregunto el viejo

- Un pequeño juego….o ¿no le gustan los juegos?- decía la chica mientras amarraba la venda en los ojos del viejo impidiendo que viera algo.

- Me encantan los juegos- se notaba claramente la excitación del viejo

Gabriela tomo los brazos del viejo, el coopero de lo contrario la rubia nunca los hubiera movido, los junto en la espalda y los amarro lo mejor que pudo.

Cuando termino Gabriela se bajo de él y se coloco a unos pasos de la cama

-          Ahora si dese la vuelta…. Sin quitarse la venda….

El viejo acato ordenes y giro sobre sí mismo para quedar boca arriba.

Y fue entonces cuando Gabriela noto el enorme bulto que se dibujaba perfectamente bajo la ajustada toalla de baño, por lo visto Don Cipriano no mentía,

-          Eres una traviesa…. Ya no la hagas larga y siéntate en mi verga... te va a gustar- dijo Don Cipriano

Gabriela no respondió, había llegado el momento

Tomo su celular, su intención era grabar al viejo, tomar fotos y entregárselos a su esposa, esa era su venganza exponerlo ante su ser más querido (o al menos eso pensaba que era Gaby)

Comenzó a grabar:

-          ¿Quiere que me siente en su verga?- preguntaba Gabriela en tono sugerente

-          Siiii…. ensártate… se que lo quieres

-          Hay no… pero que pensaría su mujer- decía la rubia masajeando la pierna del viejo con una mano mientras con la otra no dejaba de grabar

-          A la verga con esa pendeja…. No te llega ni a los talones de lo buenísima que estas

Increíblemente a Gabriela le estaba gustando sentirse así, deseada, sentir que tenía el control de la situación, sentir que ese hombre haría cualquier cosa por estar con ella.

Sintiendo que había grabado lo suficiente como para exponerlo frente a su esposa pensó que era hora de retirarse, cerro su celular, y tratando de hacer el menor ruido cogió su bolso y caminando de puntillas llego a la puerta, empezó a jalar la perilla con la voz del viejo a sus espaldas quien creyendo que aun estaba con él seguía diciendo obscenos piropos a la rubia.

Entonces fue que Gabriela cometió uno de los más grandes errores de su vida.

La rubia pensó que quizá no era suficiente con exponerlo frente a su esposa, y si lo hacía ante todo el mundo, podía subir el video a internet, claro tendría que modificarlo para que no se escuchara su voz, pero creyó que no era lo suficientemente vergonzoso, a fin de cuentas solo era un hombre en toalla diciendo vulgaridades y se decidió, iba a capturarlo desnudo.

Quizá lo más sensato hubiera sido irse, pero el morbo la venció.

-          Ya me voy a quitar esta venda Gabrielita- decía el viejo

-          No aun no esperece……

La rubia se abalanzo sobre Don Cipriano quien seguía en la misma posición, dejo su celular en el buro que estaba junto a la cama.

-          Ahora si mi héroe... es tiempo  de que me muestre su gran herramienta- decía Gabriela en tono sarcástico, cosa que el viejo no noto, la chica aun se negaba a creer que fuera tan grande como parecía debajo de esa toalla, quizá era una ilusión óptica o quizá la toalla hacia mas bulto del debido.

Gabriela subió encima del viejo, gateando como felina, sin saber que era una posición peligrosa, en esta posición Don Cipriano pudo haber penetrado con facilidad, pero el juego le estaba gustando.

Definitivamente era la mejor noche del viejo, sentía las manos de la casada masajear su pecho y como lentamente descendían, junto con ella hacia su virilidad.

Roso la barra de carne del viejo por encima de la toalla, le gustaba calentarlo.

-          Vamos chiquita… quítame la toalla y mámamela- decía el viejo totalmente excitado

“viejo estúpido… no sabe que todo esto ira a internet”

Gabriela coloco sus delicadas manos en el borde superior de la toalla de baño, cerca de donde se notaba el gran bulto, de manera muy lenta comenzó a jalarla hacia abajo.

-          Don… espero que no me decepcio……- Gabriela no pudo terminar la oración, la toalla callo a los pies del hombre y frente a ella se encontraba totalmente erecta la verga más grande que había visto en su vida.

Si bien solo había visto la de su marido, esta era completamente diferente, la doblaba en tamaño y en grosor, contrastaba completamente el rubio miembro de su esposo con  la morena verga que estaba frente a ella, a Gaby le pareció que no era normal que tuviese tantas venas, eran demasiadas, todo esto cubierto por una oscura mata de bellos.

La rubia retrocedió, ese viejo asqueroso no mentía en verdad su pene era muy grande.

Por un instante la chica no supo qué hacer, estaba embelesada por esa herramienta masculina, ver su tamaño, grosor, la manera en que apuntaba al techo estoica y saber que estaba así por ella, que estaba así de dura para entrar en ella, un extraño sentimiento broto en su interior quería tocarla, sentirla, chuparla.

“Y si lo hacía”, si la tocaba, si la besaba… a fin de cuentas quien se enteraría, estaban en un hotel alejados bastante de los lugares que frecuentaba, solos, haría daño a alguien jugar por unos momentos con esa barra de carne, por un momento en verdad pensó en hacerlo, pero inmediatamente llegaron los recuerdos de su familia y se reprendió por siquiera pensarlo.

“Que estas pensando Gabriela… eres una mujer CA-SA-DA…. Con 1 hermoso hijo” pensaba la rubia

-          Ya no me hagas esperar chiquita… ya mámamela- estas palabras hicieron volver en si  a la hermosa mujer.

-          Un momentito Don….- la chica tomo su celular y tomo fotografías de ese hombre en esa situación tan comprometedora

-          ¿Qué te parece mi verga mamacita…… impresionante ¿verdad?- pregunto el viejo orgulloso de si mismo

-          Aja- respondió en voz baja la rubia, se avergonzaba de sí misma puesto que le daba la razón al viejo.

-          Estoy seguro que la tengo mucho más grande que el cornudo de tu maridito- sin saberlo el viejo había dado en el clavo.

Al escuchar como el viejo hablaba de Cesar, rememoro las palabras que momentos antes habían intercambiado y la manera en que termino prácticamente por llamarle puta.

Esto hizo hervir la sangre de la rubia “en verdad me crees una puta” pensaba “pues déjame darte una lección”, de alguna manera la chica se excuso en esto para subir al mullido colchón, y colocarse por encima del viejo, quedando su intimidad a escasos centímetros de aquella monstruosa verga, pero la verdad era que estaba excitada, ya tenía lo que quería, podía retirarse y completar su extraña venganza, pero estaba caliente, quería seguir jugando un poco mas con ese hombre y  sintiéndose segura de que el hombre no podía desatarse continuo, no pensaba tener sexo con el pero quería volverlo loco, y a la vez disfrutar un poco.

Don Cipriano estaba enajenado con el sensual perfume que emanaba el cuerpo de la casada, ese aroma de feminidad, de mujer, cada vez se sentía más cerca de cumplir con su objetivo que se había propuesto desde el día que conoció a la rubia: COJERSELA.

Apoyándose en sus rodillas la rubia escalo un poco sobre el fofo cuerpo de Don Cipriano y se levanto (quedando de esta manera incada de rodillas sobre el viejo), podía sentir en su voluptuoso trasero las contracciones de tan descomunal falo, la manera en que prácticamente rogaba por entrar en ella.

-          ¿Qué tanto me deseas?- pregunto Gabriela al oído de Don Cipriano de la manera más sensual que pudo haber hecho

-          Muchísimo estas buenísima- el viejo ponía todas sus fuerzas en desatarse, ya estaba harto quería poseer a la chica ya.

-          Diooss…- exhalo Gaby cuando una descarga eléctrica  recorrió su cuerpo, la verga de Don Cipriano pareció atorarse en el canal que separa las nalgas, causándole placer.

Ambos estaban ante la situación más excitante de sus vidas.

Don Cipriano, jamás había estado con una mujer tan hermosa como Gabriela, a lo mas que se había acercado, era a contratar una que otra puta, que no se acercaban a la belleza de la rubia, y ni que decir de su mujer

Para Gabriela era la primera vez con alguien con una verga tan grande como la de Don Cipriano, Cesar no se acercaba al tamaño e esa herramienta, y aunque estaba segura que no llegaría a más, le gustaba estar en esa posición, acariciando el velludo pecho del viejo.

Así continuaron los siguientes minutos, Gaby susurrándole palabras de lo más sugestivas y el viejo rogando que ya no lo martirizara.

Gabriela sintió como el viejo se levanto junto con ella unos centímetros del colchón, no le dio mucha importancia, la excitación de la chica crecía cada instante, pero también sabia que cada minuto que pasaba su tiempo allí se acortaba, y muy pronto tendría que separarse de esa situación que extrañamente le resultaba tan gratificante.

Las grandes manos cogieron las nalgotas  de la casada, el viejo había logrado desatarse, las estrujo con tanta fuerza que Gabriela soltó un quejido mezcla de dolor y de placer.

Tardo unos segundos en reaccionar y darse cuenta que el viejo había logrado desatarse, al parecer la casada no era buena haciendo nudos.

-          No señor- dijo Gabriela incitándolo a que no siguiera tocándola, pero con un tono que denotaba lo excitada que estaba, el viejo notando esto no paro.

Las manos del viejo se introdujeron por debajo del micro vestido sintiendo la suave piel del trasero de la nena, por momentos intercambiaba caricias entre su trasero y sus tersas piernas.

-          No mames reinita…. que pinches nalgotas tienes- bufaba el viejo a la vez que le propinaba sonoras nalgadas.

Gabriela sabía que estaba mal dejarse tocar por ese hombre del cual intentaba desquitarse, pero también era cierto que se sentía tan bien, y creyendo que en el momento que ella quisiera podría detenerlo lo dejo hacer.

No se dio cuenta de cuando fue que el viejo subió su minivestido hasta su cintura, dejando expuesto su fenomenal trasero solo cubierto por la diminuta tanga.

Con ambas manos Don Cipriano se deshizo de la venda de sus ojos y por primera vez en largo tiempo vio a tan escultural mujer.

-          Esto… no está bien…déjeme señor- decía esto para no sentirse tan culpable por las caricias, pero en su voz no había indicio de que quisiera que el viejo parase.

El minivestido de Gabriela cada vez subía mas, el viejo era muy hábil y había logrado subirlo hasta que prácticamente solo fungía como un brasier.

Que espectacular visión hubiera tenido cualquiera que en ese momento entrase por la puerta, aunque para suerte del viejo no habría nadie que los interrumpiera.

Gabriela se sentía como en otro mundo, como en una realidad alterna donde la esposa y madre feliz no existían, ¿Dónde había quedado la mujer que hasta hace algunos minutos detestaba a aquel viejo?

-          Me encantan las viejas que usan estas tanguitas- decía el viejo separando un poco el hilo dental de Gabriela.

-          Mjmjmj- fue lo único que pudo pronunciar la chica, quien se había recostado completamente sobre Don Cipriano con su cabeza colocaada a un lado de la de él en el colchón.

Los hábiles dedos del viejo buscaron la intimidad de la casada, la encontraron y de manera muy lenta comenzaron a abrirse paso por sus pliegues, ante la cooperación de la rubia quien no hacía nada por oponerse.

El viejo mecánico entonces pudo sentir la poca cantidad de bello púbico que tenia la rubia, se pregunto si así era o se depilaba, aunque lo que más le importaba es que la estaba tocando, y la notaba húmeda

“O dios que rico” pensaba la chica, aunque sabía que estaba haciendo mal.

No fue una tarea tan difícil, la vagina estaba lubricada por sus líquidos, Cesar jamás se atrevía a masturbarla con sus dedos, le parecía algo inmoral, por lo que la chica al ser una situación diferente a lo que estaba acostumbrado lo dejo hacer.

Estas bien apretadita….- decía el viejo, para llevarse sus dedos a su boca y lamerlos, de esta forma lubricarlos y volver a su labor.

Gabriela lanzaba gemidos inentendibles, estaba disfrutando mucho, cada vez que los dedos del viejo tocaban su vagina una descarga eléctrica la recorría de la cabeza a los pies.

Ella estaba sorprendida de la poca o nula resistencia que estaba poniendo, quería hacerlo pero sentía delicioso, su vagina comenzó a desprender fluidos a la vez que el viejo aceleraba su mete y saca.

-          Dioooooss… mío- murmuraba Gabriela al separar la cabeza del colchón, los dedos entraban y salían rápidamente haciendo que la casada vibrara, jamás en la vida había sentido tan rico.

-          Ya…. paree… porrr favorrr- gritaba como una loca, esta vez en verdad quería que parara, por fin había juntado fuerzas para oponerse, pero tal vez era demasiado tarde,

El viejo sentía en su piel como los fluidos de la chica escurrían en abundancia, esto confirmaba que lo estaba haciendo bien.

-          Noooo… poorr…. favoo- la voz de Gabriela cada vez se hacía más fuerte, sus tímidas manos fueron al encuentro de las de él en un afán de impedir que siguieran avanzando.

No lo consiguió, el hombre era muy fuerte.

-          Meee… vooooy.. aaa ….corrreer- incluso ella estaba preocupada de lo fuerte que estaba gritando y lo peor es que cada vez aumentaban mas

-          Pinche Gaby estas re buena… vente todo lo que quie……- las palabras del viejo fueron interrumpidas por la boca de Gabriela, quien lo beso en un afán de acallar sus gritos ante el mayor orgasmo que hasta el momento había tenido en su vida.

Mientras en un hotel muy alejado de donde estaban los dos amantes, Cesar reflexionaba plácidamente es su cama sobre lo que paso antes con Gabriela:

“Soy un estúpido, Gaby esta en todo su derecho de enojarse conmigo, como se me ocurre pensar que ella me mentiría” pensaba Cesar completamente arrepentido sin imaginarse lo que pasaba con ella y el viejo mecánico.

“Tengo que llamarla y disculparme” cogió el teléfono y marco a su esposa.

 Los líquidos de la chica fluyen por su vagina y llegan hasta Don Cipriano, su cuerpo se contorsiona con espasmos de placer, sus lenguas se entrelazan, mientras nota que el viejo sigue masajeando sus nalgas, de alguna extraña manera se siente libre, plena, feliz.

La casada escucha nuevamente su celular, probablemente es Cesar de nuevo, hace por separarse del viejo, pero esta vez no lo logra.

El remordimiento va  inundando su ser, ¿Cómo era posible que se haya dejado llevar tan fácilmente por sus deseos, ella una mujer a la cual nunca le habían importado esas cosas.

-          De…jeme- decía Gabriela, mientras su teléfono seguía sonando

El viejo no hacia caso, en vez de eso intentaba besarla, a lo cual ella se negaba, pero siendo el viejo más fuerte termino por conseguirlo.

El beso es largo, su saliva se mezcla, sus lenguas se buscan, ambos están excitados.

Su celular deja de sonar, Cesar se ha cansado de intentarlo, ya se disculpara cuando regrese.

Don Cipriano no quiere separarse de Gabriela, ella hace un esfuerzo para alejarse de ese infiel beso, finalmente lo logra, ambos deben respirar.

La casada esta mucho más exaltada que el viejo, sus pechos suben y bajan de manera hipnotizante, fue un orgasmo maravilloso, pero ella sabe que se dejo llevar, que nunca debió pasar eso y menos con tan despreciable hombre.

Hace por retirarse, ha llegado la hora de terminar con esa locura.

Sus bellos ojos azules están al borde de las lagrimas había sido infiel.

Sin embargo se pregunta ¿Cómo era posible que en esos pocos momentos con el viejo había disfrutado más que toda su vida marital con su marido?

Don Cipriano se da cuenta que su princesita quiere irse, no se lo permite la aprisiona sosteniéndola de esas caderas que tanto le gustan.

-          Me tengo que ir señor- dice Gabriela aun con la respiración agitada, por primera vez en la noche era consciente que estaba semidesnuda frente a un hombre que podría ser su padre-  sus mejillas enrojecieron de vergüenza

-          ¿A donde nalgona?... esto apenas empieza- Don Cipriano se levanto de su posición y se sentó en el colchón, levantando como si se tratara de una pluma a la buenísima de Gaby sentándola frente a él, de esta forma la casada quedo a unos pocos centímetros de la erecta virilidad del hombre.

El corazón de Gabriela latía a mil por hora, había sido muy estúpida al pensar que el viejo la dejaría ir así como así,  sus bellos ojos azules se clavaron en el pene del viejo, no entendía cómo es que momentos antes había querido sentir el pene del viejo entre sus manos, ahora que lo veía más de cerca se dio cuenta que era un monstro, si el viejo intentaba meterla estaba segura que la partiría en dos.

-          No… déjeme…. Aléjese de mi- la nena trataba de empujar el seboso cuerpo de Don Cipriano sin resultados.

El viejo mecánico no entendía porque la casada se comportaba así,  momentos antes  estaba bastante cooperativa, aunque si debía ser sincero no le importaba, a fin de cuentas tenía allí a la mujer más sensual que había conocido en su vida, semidesnuda a unos escasos centímetros de su verga, por nada del mundo la dejaría ir.

-          Por favor señor... déjeme... soy casada- decía Gabriela sin resultados.

La cara del viejo era de un completo degenerado, y era entendible, tener a semejante mujer así como la tenia volvía pecador al más santo.

Cogió la diminuta tanga y de un jalón la rompió y se la quito a su dueña, la chica soltó un ligero alarido por lo brusco de la acción.

Fue entonces cuando el momento más esperado por el viejo llego, era hora de penetrarla, tomándola de su formidable trasero la levanto y la dirigió a hacia su enhiesto miembro, la casada al darse cuenta comenzó a gritar:

-          Nooooo… me va a destrozar... por favor no- sin embargo sus suplicas fueron en vano, muy lentamente el viejo penetraba a la chica, quien no paraba de quejarse.

-          Duele…. Noooo… nooooo- Gabriela tratando de tener algún lugar del cual apoyarse abrazo al viejo, su cabeza la puso junto a la de el

Con un gran dolor la chica ya había logrado tragarse más de la mitad de esa verga.

-          Estas bien apretadita pendeja

Gabriela ya no decía nada, su cuerpo se arqueo por la fuerza del viejo, guardaba sus fuerzas para tratar de resistir el dolor, el cual llego muy pronto, el viejo la dejo caer ensartándose la porción que le faltaba de un tirón.

El grito de la chica no se hizo esperar.

-          Tranquilízate nena…veras que en unos momentos te acostumbraras y pedirás mas- el viejo acariciaba el sedoso cabello de la rubia de forma muy paternal, cosa que agrado a Gaby, la hizo sentir un poco más segura.

Ya totalmente ensartada el viejo la libero de sus manos, sabía que lo que menos quería la casada era moverse por lo tanto no se separaría, aprovecho este momento para terminar de  retirar el minivestido, con una mano estiro hacia arriba los brazos de la chica y con la otra se lo quito.

Se veía tremendamente sensual, solamente con su brazier negro sentada en la verga de un hombre mayor, era simplemente espectacular.

Gabriela no podía creerlo, el viejo había ganado, estaba dentro de ella, se sentía como una estúpida, como la peor de las mujeres, ¿Cómo había permitido que todo eso pasara?

El viejo sintiendo que ya había esperado lo suficiente para que la vagina de Gaby se adaptara empezó a mover su pelvis, sintiendo un placer inmenso, cuantos días y cuantas noches había soñado con esto y al fin se le había cumplido.

-          Nooo… no se mueva- la cara de la rubia era mezcla de dolor y de placer, pero en ella ya no había dolor se había adaptado muy rápido a ese falo, lo que no quería era excitarse más, estaba sintiendo muy rico.

-          Lo ves nena… tu panochita ya se adapto a mí... puedo sentir como me succiona- decía el viejo muy agitado.

-          Nooo… es...cierto- Gabriela lo negaba tratando de así sentirse menos culpable.

El viejo mordió la oreja de Gabriela, la lamia, la saboreaba, mientras el placer de ella va en aumento.

Encaja sus cuidadas uñas en la gran espalda  del viejo haciéndolo sentir un dulce dolor.

Don Cipriano cada vez se mueve más rápido, esta enloquecido por Gabriela, al igual que ella que hace esfuerzos sobre humanos para no demostrarlo, en su mente y en su corazón estaba Cesar, no le daría la satisfacción al viejo.

-          AAHHHHHHHHHHH- Gabriela no pudo dejar escapar un leve sonido.

-          Me encantas estúpida…. Qué rica panchita-  la excitación hacia que el viejo insultara a la rubia y sorprendentemente a ella le gustaba, le gustaba sentirse utilizada por ese hombre, estar indefensa ante él.

La manos del viejo cogieron a la chica de su espectacular trasero, la subia y la bajaba sobre su gran verga, sus fluidos se unían, sus cuerpos se frotaban, el viejo sentía en su pecho como los melones de Gaby golpean con su pecho.

Don Cipriano hace por besarla nuevamente, ella lo rechaza.

Su resistencia ya casi es nula, el pene de Don Cipriano esta por romperla, la lleva a lugares que no creía que pudiera alcanzar, está experimentando el mayor placer vivido.

Ya no le importa nada, olvida completamente a su esposo, a su hijo, su vida y se entrega completamente.

-          AAAAAAAAAAHHH- Grita como una loca Gabriela y es ella, quien ahora busca la boca de Don Cipriano, el  la acepta y se funden en un apasionado beso, sus lenguas juegan, se buscan, se sienten.

Don Cipriano nota como ya no tiene que cargar a Gaby para seguir penetrándola, ella se está ensartando por sí sola, el sonido del plock plock que hace el trasero de Gaby al golpear al viejo es maravilloso, excitante.

Las manos del viejo abandonan el trasero de Gaby y cogen los melones de la rubia por encima del brassier.

-          Quítatelo…- ordena el viejo separándose de aquel beso

Gabriela desvía la mirada, se siente apenada, pero no deja de mover sus caderas, el placer es inmenso.

Obedece y desabrocha el seguro de brassier, se lo quita y lo arroja a una esquina de ese cuarto que huele a sexo.

Ante Don Cipriano se muestran majestuosamente los pechos mas grandes que había visto nunca, grandes, voluminosos, con dos pequeños pezones rosados bastante duros muestra de la excitación de su dueña, se mueven de arriba hacia abajo, nota como de ellos escurren gotas de sudor haciéndolos ver más apetecibles.

El viejo los estruja bruscamente, los amolda a sus callosas manos

-          Que pinches chichotas…- Don Cipriano abre lo más grande que puede su boca y se los come.

-          Ahhhhhhahhhhhhhh- Gabriela no paraba de gritar, de gemir, de mostrar su excitación

El viejo no se la cree, que rica está la rubia, es una diosa, es su diosa.

Pasan bastantes minutos en esta situación, ambos están en su límite, exhaustos, sudorosos, pero aun excitados.

-          PORRR FAVORRR… YA ACABE CON ESTO- Gabriela no se daba cuenta lo fuerte que gritaba, la gente que pasaba por fuera del cuarto podían escucharla

-          Voy pendeja- el viejo ya queriendo acabar se salió de ella, la levanto la puso baca arriba en la cama y subió en ella.

Estos pequeños instantes de calma sirvieron para que Gaby se calmara un poco.

-          Ahí te voy nalgona- dijo Don Cipriano colocando su aun erecto miembro en la entrada de la vagina de Gaby

-          Esppeereee….- lo detuvo Gaby

El viejo puso una cara de curiosidad

-          Noo.. no se venga dentro…. Cuando valla a eyacular salgase por favor- Gabriela sabia que resistirse era inútil, es mas ni siquiera estaba segura de querer detenerlo, pero pensando en su vida pues no quería quedar embarazada.

Don Cipriano no respondió, de un solo golpe introdujo toda la extensión, de su descomunal falo.

-          Ahhhhhhhhhhhhh… estúpido- dijo Gaby ante tan bruta acción.

El viejo dejo caer todo su peso en la casada, ella tiene dificultades para respirar, el hombre es muy pesado.

Sin embargo el rápido mete y saca del pene del hombre la vuelve loca, lo abrazo, sus suaves manos daban tiernas caricias a su espalda, y nuevamente se besaron.

La cama parece venirse abajo, la cogida que el hombre le estaba dando a Gaby era de antología.

El placer enloquece a la rubia y aprisiona al viejo con sus piernas, queriendo que entrara más en ella.

Su vagina y su pene parecen ser uno solo, parecen haber nacido el uno para el otro.

El tiempo pasa, ninguno de los dos tiene idea de cuánto tiempo a pasado, solo se concentran en el placer.

El voluptuoso cuerpo de Gabriela  no puede más a llegado a su límite, se tensa y sintiendo grandes espasmos de placer le llega un espectacular orgasmo.

-Siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii- Grita la chica      

Al sentir que la chica tuvo el orgasmo Don Cipriano no pudo más y al igual que la chica llega a su límite.

La vagina de Gabriela que no dejaba de escurrir líquidos, sintió como la verga que aun la penetraba hacia movimientos extraños.

-          Salgase Dooon- dijo Gabriela notando que el viejo iba a eyacular.

Don Cipriano haciendo caso omiso, no se salió y deposito toda su semilla en la rubia.

-          Noooooooo- el grito de la chica era de temor

-          Acepta mi corrida pendeja- la voz del viejo resuena en todo el cuarto

E l líquido era abundante, viscoso caliente, para Gaby era la primera vez que sentía otro que no fuera el de su marido.

Totalmente exhausto el viejo se separo de la chica y sin proponérselo cae dormido, ha sido la mejor cogida de su vida.

Ella yace en el colchón boca arriba, completamente desnuda con sus bellas piernas bien abiertas, su cabello rubio alborotado y el rímel corrido, de su vagina escurre el liquido seminal del viejo, esta exhausta.

A medida que su excitación bajaba, la culpa ocupo su lugar, era una estúpida, había terminado cayendo en las redes del viejo, había sido infiel, no solo a su marido, también a su hijo y lo peor le había gustado.

CONTINUARA…….

    


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