Yoli estaba de pie. Le caían las lágrimas, y era normal. Estaba descalza y llevaba puesto un minúsculo tanga rosa, tres tallas más pequeño de la que usaba, clavándosele de manera muy molesta dentro de su conejito depilado.
Sus enormes tetas al aire, con dos campanillas enganchadas a cada pezón con una pinza bien apretada, cuya presión le causaba un creciente dolor en cada ubre.
Y lo mejor de todo… en su cabezita una corona de princesita a lo americano que había comprado en una tienda de disfraces. Estaba ridícula y morbosa, como si fuera la reina de la fiesta del instituto de las putas. Esa corona me estaba volviendo loco… Además sostenía entre las manos una tarta de crema, blanca, que le di diciéndole que estábamos de fiesta y que ella era la reina.
Como no, le puse un chupete en la boca, que succionaba como una niña pequeña. Mi Yoli estaba preciosa, ideal y ridícula, como ella misma se lo había buscado.
Estaba recién duchada, con un agradable olor a jabón y colonia que recorría su suave cuerpo de niña adolescente. A pesar del agua fría de la ducha, porque le prohibí ducharse con agua caliente, estaba destrozada del martirio del descampado, y eso me encantaba. Sollozaba, indefensa, cerrando las piernas con fuerza para proteger inútilmente de mi mirada su conejito rasurado al cien por cien. Supe por su mirada que me odiaba, que deseaba estar en cualquier otra parte, pero que se resignaba porque solo podía aceptar mis caprichos.
Era hora de comenzar.
- Coge un trozo de pastel.- obedeció-. Y restriégatelo por las tetas.
Yoli cumplió, ridícula, restregándose el pastel por sus enormes melones. Delicioso. Me encantaba ver cómo obedecía, como si fuera tonta.
- Ale, por la cara. Venga, estúpida.
Siguió por la cara, empezando a llorar, pero era lo que se merecía. La obligue a restregarse el pastel por el cuerpo, dejándola pringosa. Después le acerqué una mordaza de bola, como las usadas en el sado.
- Esto para tu boquita.- le coloqué la incómoda mordaza, tirando el chupete al suelo. Me encantó su cara de incomodidad. Había preparado dos gruesas cuerdas de las que se usan en escalada, rugosas y firmes, que le fijarían las muñecas para tenerla en volandas.
- Mira la sorpresa que te tengo preparada, amor.
Y entonces le mostré la joya de la corona. Una mesita con un enorme consolador marrón ajustado hacia arriba. Era una polla enorme que simulaba la de un negro. Yoli me miró aterrorizada. Le até las muñecas con las gruesas cuerdas, obligándola a quedarse de puntillas, muy incómoda. En esa posición acerqué la mesita, con el enorme falo, que coloqué justo en la entrada de su pequeñito ano, con el tanga incluido. No pensaba quitárselo. Lo unté de vaselina, tanto el consolador como su esfínter, metiéndole un dedo y provocando un respingo en la pequeña.
- Probemos tu resistencia, Yoli. Imagínate que es como la clase de gimnasio del insti.
Me hice con mi cinturón y comencé a azotarla.
Al principio resistió, con todas sus energías intactas, pero cuando llevaba más de medio centenar de azotes no pudo más y se dejó caer levemente, gimiendo. La puntita del consolador acababa de entrar en su ano, tirando del tanga hacia dentro para mayor incomodidad.
- Buena chica.- continué con los azotes, cruzándole el cuerpo.- Y ahora la segunda parte.
- Mmpfff…por favor…..
Le mostré algo que nunca había visto antes. Era una máquina de descargas controladas, con varios electrodos.
- Cielo, con esto vas a ver la gloria ya verás. Me ha constado conseguirla pero por los videos que he visto es una pasada. ¿Sabes lo que es?
Negó con la cabeza, con sinceridad, moviendo el cuerpo azotado.
- Ahora lo verás.
Le coloqué un electrodo en cada pezón.
- Es una máquina de descargas. Dicen que hay que tener cuidado con las zonas sensibles pero tú eres una campeona.
Le coloqué cuatro electrodos más en el culo, dos en cada nalga.
- ¿Lista?
- Noppf….
Giré la rueda que servía para controlar las descargas, al mínimo, y la primera sacudida le produjo una sensación que no había experimentado nunca antes. Yoli dio un respingo, y sus tetas y culo se estremecieron. Ante la sorpresa no pudo evitar que el hilo del tanga cediese un poco más y que su incómoda postura cediese un milímetro, clavándose el falo. La verdad es que parecía mentira que una cosa tan grande pudiese caber en un cuerpecito como el suyo.
- ¿A que te gusta?
Giré la rueda un poco más, dejándola activada al tiempo que seguía azotándola.
- Venga, princesita, resiste.
Mi único deseo era rendirla, sentir su impotencia ante el falo del culo y comprobar hasta qué punto podía abrirle su agujerito.
El enorme consolador seguía invadiéndole el culito poco a poco, introduciéndose milímetro a milímetro, dilatándole su pequeño agujero con un dolor desgarrador para la pobre cría.
- Por favor…-sollozaba entre las babas y la mordaza, convulsionada de vez en cuando por los electrodos- Por favor…
Yoli no podía dejar de llorar y mi polla iba a reventar. La pobre estaba sufriendo por partida triple. Humillada por la situación, destrozada por la invasión anal y dolorida por las descargas de los electrodos en sus pezones y en las nalgas de su suave culito.
- Venga, preciosa, resiste, que eres una campeona.- le azoté el culo con la mano, provocando que el consolador se le clavase aún más. Yoli no cesaba en sus esfuerzos por no dejarse caer, por impedir que aquel falo enorme la penetrase analmente hasta el fondo. Tenía la cara roja por el esfuerzo y la congestión, con los ojos llenos de lágrimas y el pelo enredado en su ridícula corona. Los restos de pastel le caían por la cara y las tetas. Estaba adorable.
- Veo que eres una buena perrita, así que voy a recompensarte.
Al escucharme sentí su esperanza en los ojitos, creyendo que iba a liberarla. Cuando vio que cojía un nuevo electrodo escuché su grito tras la mordaza. Siguió moviéndose con fuerza, mostrando su disconformidad y seguramente suplicando.
- Eres una niña buena, mi Yoli, así que portate bien. Vamos.- le pegué una bofetada. Siguió llorando aún más y, rendida, no pudo evitar que otro par de milímetros le atravesasen el culo.
Le enseñé el electrodo.
- ¿Sabes a dónde va este?
Negó con la cabeza frenéticamente. Claro que lo sabía, era el único lugar que le quedaba libre. Se removió como una fiera, tirando la corona al suelo y consiguiendo dos bofetadas más.
- Por revoltosa voy a subir un poquito la intensidad.- me acerqué a la máquina y giré la rueda una vez, muy poco. Las descargas se incrementaron, haciéndole botar las tetas como si acabase de azotarlas.
- Mmmmmpppppppppfffff
Sin mediar palabra le coloqué el último electrodo, en el mismísimo clítoris. No me costó porque la pobre Yoli estaba indefensa.
- Y ahora….- llevé la mano a la rueda. Ella me miraba aterrorizada, moviendo la cabeza, forcejeando por liberarse.- Amor, ¿qué cosas harías a cambio de que no le diese a la rueda?
De nuevo le volví a dar falsas esperanzas, pero ella no podía saberlo. Al apagar la máquina contribuí a ello, para mi propia delicia. Tenía el rabo a mil. Le quité la mordaza. Tosió con una larga cascada de babas que le caían por la boca al suelo, ridícula como a mí me gustaba.
- Dime, amor, ¿qué harías para evitar esto?
- Lo que quieras…por favor…por favor…lo que quieras.
- Te beberás mi meada cada día.
- Sí, lo que quieras, por favor, por favor.
- Repítelo para que pueda creerte, amor.- Le coloqué de nuevo la corona de reina del baile.
- Me beberé tu meada cada día.
- Buena chica.- volví a ponerle la mordaza, riéndome, y llevé la mano a la máquina.- ¿Lista?
Con un rápido giro, sin piedad, subí la rueda hasta la máxima intensidad. Yoli se estremeció, lanzó un alarido tras la mordada, su cuerpo se convulsiono aún más y no logró controlar los músculos, por lo que sus muslos le fallaron, las nalgas se abrieron y el culo se tragó todo el consolador. Entero. Fue tremendo. Una imagen única. El hilo del tanga de su culo, tambien dentro, tiraba de la prenda llevandosela hasta casi los muslos. Yoli ensartada por aquel enorme instrumento que parecía una polla de caballo. Casi parecía que iba a salírsele por la boca.
Incapaz de controlarse por las descargas empezó a mearse encima. Corrí a por un vaso, colocándoselo y recuperando una parte importante de su meado.
- Niña mala, no dejes caer tu precioso liquidito.
Siguió meándose, incómoda con el falo en el culo, los brazos extendidos, la mordaza y los electrodos por su cuerpo. No dejaba de sudar, extasiada.
- Como te veo tan a gusto me voy a ir un rato.- le dije.
Y así lo hice. La dejé con la potencia al máximo y me fui un rato a ver la tele, dar un paseo y ducharme. Al regresar Yoli seguía allí, con la cara estremecida, el cuerpo brillante de sudor, los músculos temblándole y otro charco de meado bajo ella, de las dos veces más que no pudo controlarse debido a las descargas. Me coloqué a su lado y empecé a masturbarme. No bajé la potencia de la máquina y comprobé cómo mi perrita me miraba suplicante, con lo peor que le habia hecho hasta el momento.
Cuando estuve a punto de llegar me subí a una silla, poniendo la polla a la altura de su cara, y me corrí en sus mejillas, lanzandole chorrazos a la mordaza y la nariz. El semen le caía por la cara.
Cuando acabé volví a irme. Fui al supermercado y compré pienso para perros, el más barato. Regresé a casa y consideré que ya estaba bien. Yoli se había vuelto a mear por tercera vez y ya me estaba dando asco.
Apagué la máquina y el cuerpo de Yoli se dejó caer, rendida. Logró levantar la cabeza, sudada, y mirarme con una carita tierna, reventada, como si hubiese corrido una maratón. Subí un momento la rueda, provocándole otra sacudida, y la apagué de golpe. Repetí varias veces, deleitándome con sus estremecimientos.
- Vaya tela.- silbé pasándole la mano por el culo, lleno de sudor. El falo marrón estaba todo dentro, con las nalgas bien abiertas y una escena alucinante.- Te has portado muy bien. Supongo que estarás cansada y tendrás mucha sed, ¿no?
Yoli no tenía fuerzas para responder. Se dejó hacer como una muñeca de trapo. La descolgué y le quité los electrodos del cuerpo. La maniobra para sacarle el falo del culo fue más complicada, lo hice poco a poco para no hacerle demasiado daño, aunque a esas alturas ya daba igual. Me sorprendí por lo dilatado que quedó su pequeño culito.
Luego le cogí de la cara, apretándole los morros con una mano. Le mostré el vaso con su meada. Me suplicó con la mirada, con sus últimas energías.
- Abre la boca y bebe.
- Glup..agg…gluppp.
Yoli estaba tragándose su propio meado, asqueada. Le caían algunas gotas por la comisura. No podía hacer nada para evitarlo.
- Sigue. Bebe.
- Glup, glup, glup…aggg…diossss…glup
Su pequeña garganta se contraía con cada trago, y yo sabía que lo que estaba pasando por ella era su meada. Increíble. Cuando se acabó el vaso le solté la cara. Hizo varios amagos por vomitar.
- Si potas te lo comes.- le advertí, y le puse mi enorme polla delante de la cara.- Esto te ayudará a hacer una buena digestión.
Mi falo le invadió la boca entera, hasta la campanilla. Con un grito empecé a mearme.
- Vamos, princesita, no llores.- logré decirle, apretando con fuerza su cabeza con la corona de reina del baile, sintiendo mis huevos apoyados en su barbilla, meándome en lo más profundo de su garganta. Yoli tosió, desesperada, roja, con los ojos a punto de salírsele de sus órbitas, y el estornudo provocó que lanzase dos chorros de meada por la nariz.
Fue asqueroso mojarme con mi propio meado pero increíblemente excitante. La solté, tosió como una condenada escupiendo meado y babas, cogiéndose la garganta, que le ardía. Tuvo varias arcadas.
- Como se te ocurra vomitar te lo comes todo.- le dije de nuevo. Se le cayó la corona al suelo, sobre el charco de meado y babas, y la obligué a ponérsela otra vez.- Eres una princesita, no lo olvides, amor, así que lleva siempre tu corona.
Fui a por su móvil y le hice varias fotos desde diferente ángulo.
- ¿Se las mandamos a tus amigas o al Cristian?
Meneó la cabeza, suplicante, sin ninguna fuerza para poder decir nada. Me reí.
- ¿Imaginas, amor? Se las mando al Cristian con un mensaje, para que venga y que continué jugando contigo. ¿A que sería divertido? Pero antes debes comer un poco, que estarás cansadita.
Le puse el pienso en un cuenco y casi no tuve que obligarla a dejarse caer sobre él. Estaba tan cansada que no tenia casi fuerzas. Sacó su lenguecita, a cuatro patas, y empezó a comérselo. Con tanta meada el sabor debía de darle igual, no hizo ascos. Yoli solo quería que el trago pasase cuanto antes. Siguió comiéndose el pienso para perros hasta que le tiré del pelo hacia atrás.
- Buena perra.- le escupí en la cara, llena de sudor, babas, pienso, meada, restos del pastel y semen seco. Has sido una reina del baile ejemplar.
En esa postura, agarrándole con una mano de la cara, empecé a masturbarme de nuevo. Era como tener delante una muñeca de trapo. Los chorros de semen le cruzaron la cara de nuevo. Después de todo lo vivido seguro que eso era lo que menos asco le daba a la pobre. Acabé, la solté y cayó al suelo, con los brazos extendidos, jadeando.
Entonces sonó el timbre de la puerta. Fui a abrir y allí estaban el grupo de tres amigas de Yoli, vestidas de putón como siempre iban. Yo estaba deseando ver la cara de mi princesa al darse cuenta que era verdad que le había mandado un mensaje para que viniesen a verla.
- ¿Quién eres?.- me preguntaron.- ¿y por qué nos has hecho venir?
- Ahora lo veréis. Ha sido idea de vuestra amiga Yoli. Yo soy su nuevo novio.
- ¿Tú? Si eres mu mayor pa ella, ¿no?
- Calla, nena.- le dijo otra de las rabaleras.- Que el amor no tiene edad, y el Cristian es un gilipollas.
- Pues, ale, venid a verla que os está esperando.
Sonreí y las acompañé al interior.