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Ashley Madison - Ten una aventura. Infidelidad
Fecha: 26-Oct-11 « Anterior | Siguiente » en Hetero: Infidelidad

Mi esposo quiere que otro me vea mi calzoncito

Albi
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Le conté a mi esposo en son de broma y en serio que la había pasado riquísimo en el bar karaoke aquella noche con mis amigas y su mente empezó a crear situaciones situaciones de infidelidad. Recién acabo de descubrir que su fantasía más grande es que otro hombre me vea mi calzoncito desde abajo de Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
Ashley Madison - Ten una aventura. Infidelidad.

Hola soy Albi. Escribí hace poco "no quiero ser infiel", pero más pudo el deseo y las ganas contenidas por muchos años que la cordura. Pienso en Toño   a todas horas,  el hombre que me hizo sentir mujer de verdad en una sola noche. Después de aquella noche me dio arrenpetimiento al ver a mi esposo llegar a la casa muy cansado pero con unas ganas locas de hacerme el amor. Para calmar mi culpa, me entregué a él en cuerpo y alma y recibí un premio especial, su pene parecía que le hubiera crecido, estaba tan tieso y poderoso que  me hizo tener tres orgasmos en media noche de sexo, al más puro estilo salvaje. Primera vez que me hacía el amor con tanta fogosidad. Reconozco que pensaba en Toño cuando me penetraba y tenía miedo llamarlo por ese nombre cuando estaba sintiendo esa rica  explosión interna que tenemos las mujeres. Me quedé tan sorprendida de que mi esposo haya logrado tal proeza, pero la noche siguiente descubrí la causa por la que mi marido estaba tan excitado.

En e lcolmo de mi audacia (me sentía otra mujer, como más dueña de mi, más segura y más coqueta y altanera que nunca), le pedí a Toño que saliéramos a bailar esa noche, pero me respondió que por la noche quería hablar seriamente conmigo de algo que a los dos nos interesaba muchísimo. Me preocupé pero acepté. Salió a hacer compras y mi sorpresa fue tremenda cuando al regresar veo en las bolsas dos botellas del tren de la media noche.

No alargo más el cuento, pero esa noche lo vi tan amoroso y  coqueto que me gustó tanto. Le dije que que era lo que me iba a decir y me daba vueltas y más vueltas, es decir, no se atrevía a contarme nada. Ahora entiendo que para él era muy difícil. Por fin me dijo que nos fueramos al balcón del segundo piso a tomar el vino. Bueno, me puse guapísima, como siempre lo hago. pero oh sorpresa, me regresó y me dijo. Albi, quiero verte la faldita amarilla y la blusita negra. Más intrigada me quedé, pero le dije que esa falda era muy cortita y que desde abajo de la calle se me veía el calzón (el balcón era de tubitos metálicos ornamentales muy espaciados y desde abajo de la calle, todo el que pasaba por ahí,  se podía dar el gusto de verme el calzón y más todavía, ya que adoro usar tanquitas muy, pero muy pequeñitas y sexis, que, la verdad lo confieso, me quedan preciosas  según mi marido, y lo vuelven loco de pasión). Me rogó que lo complazca y acepté, no sin antes advertirle que después algunos hombres iban a decir que me habían visto el calzón. Se rió y me respondió que ellos me iban a ver el calzón y que él era el que me lo bajaba. Nos reímos de su gracia pero en definitiva era la verdad, a pesar que otro hombre ya me lo había bajado, pero eso él no lo sabía. A todo esto yo ya estaba imaginando lo que él quería. Todas las mujeres tenemos un sexto sentido y Rodrigo estaba muy nervioso y ansioso.
 
Bueno,después de hablar de todo un poco y con el vino ya haciéndome efecto empezó a hablar que había estado en el trabajo viendo unas películas atrevidas de mujeres que les ponían los cuernos  a sus esposos y que a él le daba rabia esas situaciones pero que en una de esas escenas salió una chica muy parecida a mi, donde ella hacía el amor con otro hombre, en la misma cama matrimonial. Me dijo que en una de esas se imaginó que esa chica era yo y que ese hombre era un amigo de él y que empezó a sentir una sensación nunca antes experimentada y que el pene le dolía de tenerlo tanto tiempo parado y mojadito. Yo le puse toda mi atención y le pregunté que porqué me contaba eso. Me dijo: tal vez te enojes y me creas una basura de hombre pero he consultado con un médico sexólogo y me dijo que eso es normal en todo hombre, que todo hombre quiere que su mujer sea deseada por otros hombres. Ah, le  dije con mucho morbo( ya sabía lo que él quería y me alegré mucho, así la culpa ya no era muy grande) , pero puse cara de muy enojada y me levanté diciéndole: así que  quieres ver que otro hombre me culee?. Se arrenpitió y me pidió que lo disculpara y que cambiáramos de tema. Inmediatamente puse en marcha un plan que ideé enseguida. Acepté entre comillas sus disculpas y le dije que iba al baño. A los diez minutos salí al balcón y casi se cae de espaldas, estaba guapísimo mi marido. (La luz del balcón es bastante baja, media penumbra) Yo me había puesto otra blusita negra pequeñita hecho nudo arriba del ombligo y una faldita  algo holgadita pero muy cortita que, al agacharme un poquito mostraba el nacimiento de mis nalgas y un poquito de mi rajita, ya que tenía puesto una tanguita negra tipo cachetero que me cubría a duras penas la parte superior de mis nalgas y el resto de ellas quedaba al aire libre y con el viento que hacía, las tenía frías. Rodrigo estaba sentado con la espalda a la puerta de vidrio, de frente a la calle y yo me le puse frente a él,recostada en el balcón dando mi espalda a la calle, lo que quiere decir, dado lo cortito de mi minifalda, que los que pasaban por la calle, justo debajo del balcón, podían tener un buen paisaje, una panomorámica exquisita.
 
En verdad me daba un poco de verguenza, pero el vino, la fantasía de mi esposo, el morbo del momento y pensar en Toño (porque mi plan apuntaba hacia allá), me daban cierta desenvoltura y nuchas ganas de sentirme deseada por otros hombres como ya lo había experimentado y, como yo ya había gozado con Toño, quería que Rodrigo goce lo mismo y mucho más. Estoy segurísima que más de un hombre esa noche iba a pensar en mi tanguita negra al acostarse y posiblemente en el baño desfogaría todas sus ganas pensando en mi calzoncito y un poquito más.
 
Entre besos y caricias, Rodrigo se fue calentando y me decía, ese negro hijo de tal va que mira hacia acá arriba y casi se cae el bobo ese por verte el calzón. Yo me reía y la verdad es que estaba gozando de lo lindo. Estaba cumpliendo mi deseo y los de él. Cuando el vino hizo su efecto, me senté en las piernas de Rodrigo y tenía el pene echando humo, me decía que era rica, riquísima y que cuantos hombres estarían locos por culearme. Ya sin temor alguno a que me descubra,  de pronto sentí ganas de hacerle una propuesta y me lancé. Rodrigo, le dije, la noche que fui con las chicas al karaoke, un chico, un stripeer me hizo bailar con él y no me negué por verguenza a que la gente me crea tonta y tímida, pero nada más. El me dijo, pasó algo más Albi? No, mi amor, sino que cuando se despidió me besó en la boca pero muy rápidamente. Y, te gustó Albi? Me lo quedé mirando un rato y lo besé con tanta pasión y enter esos besos fogosos le dije que si, que si me había gustado. Se puso furioso, se levantó y se entró al cuarto. Yo seguí en el balcón y al rato salió y me dijo. Qué, estás esperando a que él pase y te vea el calzón también. Bueno Rodrigo, le respond,í si me lo ven otros y a tí te gusta, porqué él también no me lo puede ver? . Se quedó frío mirándome a los ojos y dijo: dime la verdad, te culeó, no es verdad?. Me negué rotundamente y le dije al rato, pero las ganas no me faltaron mi amor. Lo abracé, lo besé y me senté de nuevo en sus piernas moviendo mis caderas como si estuviera bailando y sentía su pene tan duro como jamás lo había estado. Me dijo, así te gustaría estar moviéndote con otro hombre de verga grandota. Con una voz de mujer apasionada le dije en el oido, no mi amor,  así no, quisiera estar en las piernas de otro hombre pero sin calzon y el sin calzoncillo. Cuando se rió, supe que estaba ganada la batalla. El aceptaría lo que viniera. Oye Albi, capaz que ese hijo de p.... te dio su teléfono?. Si le dije, lo tengo guardado en el armario. Te gustaría que lo llamara Rodrigo?. Se tomó un trago de casi medio vaso y me dijo con voz ronca, pero solamente para tomar unos tragos y nada más. pegué un brinco y salí a la carrera a coger el celular, pero antes de llamarlo me dijo: escúchame Albi, nada de que te va a culear, sino no. Besándole le deije, mi amor si tu fueras él y me  tuvieras frente a tí con esta ropita, me culearías o no?. Me dijo, estás loca Albi y se puso a fumar, pero noté que los dedos le temblaban de la emoción de pensar que por fin a su mujer iban a desearla en vivo y en directo.
 
A la media hora llegó Toño, tan bello como siempre. Al verlo, mi marido se puso tenso. Es que Toño tenía un cuerpazo y era guapísimo. Lo presenté (para que Rodrigo no se sintiera mal, como un amigo de las chicas y mio). Llegado el caso, el frío nos hizo entrar a la sala y empezamos a conversar de todo, pero nada de lo que realmente pensábamos los tres. Toño le habló del karaoke y de que  habíamos pasado una noche divertida y de pronto de sopetón Rodrigo le dice: que te parece Albi? Preciosa tu mujer Rodrigo, es de las mujeres que hacen perder la cordura a cualquier hombre. Supongo que te gusta mi mujer Toño, o no?. Si le dijo Toño, lo confieso hermano, me gusta, me gusta mucho, pero no te preocupes, si te molesta me voy. Me quedé helada cuando rodrigo le respondió, mira, no somos muchachos, ella quiere hacer el amor con otro hombre, es decir, quiere probar algo que ella siempre ha deseado y quiero complacerla, la amo mucho y quiero que sea feliz; yo también quiero experimentar una situación así, pero solamente una noche, no quiero que la busques otra vez porque tendríamos serios problemas. Es más, esto que va a pasar, nadie lo va a saber jamás y quiero tu promesa de hombre de palabra. Yo te ofrezco no interferir en nada esta noche, pero yo voy a estar aquí en la sala todo el tiempo. De acuerdo Toño? De acuerdo Rodrigo.
 
Mi marido era educado e inteligente y Toño lo valoró mucho. Rodrigo me tomó de la mano,l me levantó de su lado y se fue al balcón a fumar. Entendí y me senté al lado de Toño. Estaba fría  de los nervios a pesar del vino, Toño me abrazó y me besó con tanta pasión que casi lloro de la emoción. Me puso una mano en las piernas y mientras me besaba iba subiendo la mano. Yo crucé las piernas y sabía que se me veía las nalgas por lo corto de la falda. Esa mano rica fue subiendo lentamente por mis nalgas. Me levanté y tomé a Toño de la mano y lo llevé al cuarto, pero antes de entrar le dije que siga que iba al baño y llevé una tentadora que tanto le gusta a Rodrigo. Al salir del baño, estaba tan bonita según me vi en el espejo y dejé un reguero de permufe de mujer en el ambiente que hizo que Rodrigo me llamara y me dijera: Albi, mejor no lo hagas, no soporto las ganas de culearte mi amor. Lo besé con fuerza y le dije que le diga eso a Toño. Se rió y me dijo: tú crees que ese hombre va a aceptar a estas alturas este cambio de planes. Yo le dije, no, yo lo quiero hacer por favor. Me besó con fuerza, ganas y amor y se dio la vuelta a seguir fumando en el balcón.
 
Al entrar al cuarto lo vi a Toño al pié de la cama, con un boxer verde y en la parte que cubría su hermoso pene, había una leyenda bellísima. Ese loco lo había mandado a hacer expresamente para mí. Decía en letras rojas "sólo pienso en tí Albi" y un poco más abajo un corazón pequeñito. Guau, cualquier mujer se derrite con eso. Pues yo me derretí con eso y con la enorme belleza de su hermoso miembro que invitaba a todo, menos a rechazarlo.
 
Desde que Toño me tomó en sus brazos perdí la noción de todo, pero antes de perderla, recuerdo que se recostó en la puerta pegado a mi me besaba por todos lados, se bajaba hasta mis muslos y al subir se detenía en mi cosita, la mamaba, me la mordía despacito y luego iba a mi ombligo, hacía lo mismo con él. Subía a mis senos, los mamaba con tantas ansias, el uno, luego el otro, y por último, se me prendía en la boca, en mis labios  (mis labios son carnosos y rosado encendido (dice mi esposo que besarme es casi como culearme, porque cuando beso saco la lengua un poquito. Me encanta besar y que me besen, es riquísimo). Cuando me di cuenta, yo estaba encima de Toño haciendo el 69. No se en que momento me sacó mi batita y mi calzoncito, pero lo que si se es que tenía  mi boca llena de algo grueso y largo que me entraba y salía lentamente y en el trayecto iba dejando una miel riquísima que me volvía loca de pasión, porque por abajo de mí, una lengua deliciosa me estaba haciendo maravillas, unos dientes que me mordían despacito y unos labios que me besaban tan rico que les confieso me sentía en las nubes. Que rico que es Toño. De pronto, así mismo sin sentir en que momento me sentí boca abajo. Algo nuevo para mi. Sentía a Toño en mi espalda, pero no estaba culeando por atrás, sino por mi cosita (la verdad es que mi marido siempre lo intentó pero nunca pudo, porque se le salía), pero Toño me estaba penetrando en esa forma y lo hacía tan bien: Que rico era sentir los vellos y las bolas  de Toño en mis nalgas paraditas  y su pene haciéndome maravillas sin igual en el fondo de mi preciosa intimidad. Sinceramente, cuando me di cuenta o más bien dicho, cuando desperté de ese bello momento eran las cinco y media de la madrugada y Toño me dijo: mi amor quiero el postre, me sonreí, me puse en cuatro, mi cabeza en la almohada y elevé mis nalguitas para que mi hombre haga su última hazaña. Me penetró nuevamente por mi cosita y cuando nuevamente sentí que me venía, me lo sacó y me lo puso en el huequito que queda entre mis dos nalguitas y sentí el poder de ese hombre que me tomaba de las caderas y me atraía hacia él y en cada penetración un gemido mi, pero gemido de placer, gritos de pasión, las caderas casi se me desbaratan de tanto moverlas y luego, el chorro de líquido calientito que  fue el motivante para que una vez más me haga terminar con gritos. Creo que he quedado tan livianita que cualquier viento me puede tumbar. la verdad es que recién cuando Toño me besaba con un chao mi amor, me acordé que Rodrigo había quedado en el balcón. estaba bien dormido en el sofá, supongo por la cara que tenía, que debe de haberse pegado una masturbada tan bonita, que se quedó dormido de felicidad por haberme hecho feliz tantas horas y él por haber visto lo que siempre había querido ver:  a su mujer, a su símbolo sexual, en brazos de otro hombre, de un hombre del cual ella siempre vivirá enamorada, pero sexualmente, porque el amor verdadero, solamente existe con Rodrigo.  
 
 
 

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