Nuestra barra de amigos es muy reducida: Ricardo, Gustavo,
Hugo y yo. Ese día se casaba Hugo (el primero casado de los cuatro). Una vez
terminada la fiesta de casamiento y casi al alba, nos dirigimos Ricardo, Gustavo
, su novia Marcela y yo a la casona que Gustavo heredara de su tía, y en la que
convivía desde hace tiempo con su novia. Fuimos a tomar unos mates y conversar
un poco antes de despedirnos hasta otra ocasión.
Como estabamos trajeados comenzamos a ponernos cómodos. Los
sacos y corbatas volaron enseguida.
Marcela, la novia de Gustavo, era gorda, rollisa, pero ágil y
simpática. Con algo de sangre árabe, de piel muy blanca y pelo negro y ondulado.
Mientras preparábamos con Ricardo el mate, Marcela entró al
baño contiguo a la cocina dejando la puerta abierta. Escuchamos mientra orinaba
e hicimos bromas entre nosotros pero no pasó de ahí. En eso vino Gustavo y se
metió con ella en el baño. Oímos gemidos y besuqueos que denotaban toqueteos y
arrumacos. Por respeto no les gritamos nada, pero ganas no nos faltaron.
A los diez minutos salen del baño y se sentaron a tomar mate
con nosotros. Cuál no sería la sorpresa de Ricardo y mía al ver que Marcela se
había sacado el vestido y vestía corpiño, bombacha y una medibacha sobre ella
que le marcaba bastante sus curvas y rollos. Si bien su ropa no era provocativa,
la sorpresa de verla vestida así nos produjo excitación.
Ricardo, con disimulo me hizo un gesto señalándome a Marcela
que fue muy elocuente y me dí cuenta que estaba exitado.
Conversamos de bueyes perdidos y nuestras miradas no dejaban
de pasearse por las curvas de Marcela. Ella, dándose cuenta de esto se acomodaba
de tal forma de acentuarlas. Evidentemente se sentía halagada.
Entre tema y tema salió en broma lo que sería de la noche de
bodas de Hugo y qué estaría haciendo él a esa hora. Chiste va y chiste viene los
comentarios fueron subiendo de tono En eso Marcela se paró y dijo: ¡Por lo menos
el coje!, Acá estoy rodeada de tres pelotudos , casi me pongo en bola y ni me
tocaron.
Eso fue como un disparador, los tres nos paramos y fuimos
derecho a abrazarla y manosearla. Le metimos mano por todos lados. Gustavo a la
par nuestra ni se inmutó por los tocamientos que le hacíamos a su novia, ni por
la actitud complaciente de ella.
Ella, en tanto, nos sacó las camisas y desabrochó nuestros
pantalones. La ayudamos y pronto nos quedamos en slip. Nuestras vergas
contenidas estaban al taco. Ella, jadeaba y se dejaba tocar. Le sacamos las
medibachas y el corpiño. Dos grandes tetas saltaron exitadas con sus pesones
duros. Ricardo y yo la apoyamos restregándole el bulto como si hiciéramos un
sándwich. Gustavo, en tanto había sacado su enorme verga y se masturbaba
contemplando la escena.
Eso nos calentó más, la terminamos de desnudar y la
arrodillamos frente nuestro y tomándola de los pelos la obligamos a chupar
nuestros miembros. Entusiasmada, los manipuleaba magistralmente, metiéndolos
alternadamente en su boca y tragándoselos hasta la base. Fue sensacional.
Totalmente exitada empujó a Ricardo a un sofá y se montó sobre él. Se movía
acompasadamente y al ver ese culo que subía y bajaba no lo pensé más y me
abalancé sobre él. Primero apoyé mi glande sobre el estrecho ano. Exitadísima se
dio vuelta y me dijo ¡dale, qué esperas!. Sin compasión undí mi verga en el
estrecho orificio. Ella, penetrada de esa forma dijo ¡Ahhhh, este es el mejor
sándwich que he comido esta noche!
Ricardo y yo, recontracalientes empezamos a envestirla
brutalmente y ella lejos de rechazarnos se entregó en medio de gritos de placer.
Estabamos en lo mejor cuando de pronto siento que Gustavo
apoya su miembro en mi culo. Esto me desconcertó, pero, antes que pueda
protestar, me penetró sin compasión. Grité de dolor, pero, en seguida ese dolor
comenzó a mezclarse con placer.
La escena era excitante: Ricardo sentado en el sofá, sobre él
Marcela con su miembro totalmente dentro de esa vagina traspirada. Mi verga
undida en el culo de Marcela y detrás de mí Gustavo con su enorme trozo dentro
de mi culo. Luego de unos minutos de movernos acabamos casi al unísono. Ricardo
y yo inundamos a Marcela y, Gustavo llenó mi culo con su semen. Mientras este
chorreaba Gustavo se arrodilló y comenzó a lamer mi culo. Marcela safó de
nuestras vergas y se arrodilló a lamernos.
Luego hizo que Gustavo se pusiera en cuatro patas y le
introdujo en la boca la verga de Ricardo. Tomó mi verga y, sin dejarme
protestar, hizo que la introdujera en el ano de Gustavo. Ella, se tiró debajo y
comenzó a chupar la de Gustavo, .mientras tomó las manos de Ricardo y mía
llevándoselas a su concha e hizo que la mastrurbáramos. Luego de un largo rato
de vaivenes volvimos a acabar y caimos exhaustos y entrelazados. Sin duda esa
noche cambió todo entre nosotros. Nuestra amistad se hizo más íntima. Pero no
acaba aquí esta historia, ya que en otra oportunidad les voy a contar lo qué
pasó cuando Hugo, nuestro otro amigo se enteró del asunto.