Hola a todos los lectores. Me llamo Nadia y soy nueva en esta
página web. Para mi debut he pensado reproducir un relato que ya tiene unos años
de una de las revistas playboy que tenía mi hermano mayor escondidas y que de
vez en cuando ojeaba por curiosidad y excitación. A mi particularmente es un
relato que siempre me ha gustado mucho y espero que a vosotros también os guste:
Imagino que estoy en una típica cena de caridad, muy formal,
en una mesa de exquisita mantelería, cubertería y cristalería. Todo perfecto.
Estoy sentada con algunas parejas que en su mayoría son extranjeras. La
conversación es aburrida y artificial y, en el mejor de los casos, educada.
Pongo una sonrisa en "piloto automático" y me resigno a que los minutos pasen
con lentitud y muy aburridamente, cuando noto algo suave que toca mis piernas,
cruzadas bajo el largo mantel.
Miro a los comensales de mi alrededor, pero nadie parece
haberse movido de su erecta posición. En el momento que decido olvidar el
asunto, siento en mi tobillo la tibia humedad del aliento de alguien que me
susurra palabras que no logro descifrar.
En ese momento me quitan un zapato, y ahogo el grito que me
provoca un tierno beso en el puente del pie. La húmedad lengua de este anónimo
amante mío recorre, vigorosa, todos los dedos de mi pie, enfundados en las
medias de seda. Lucho por no reaccionar ante tanta provocación y vuelvo a mirar
las caras de mis acompañantes, pero nadie parece ser cómplice de lo que sucede
bajo la mesa, todos son ajenos al otro festín, en el cual yo soy el deseado
manjar.
Mientras intento pensar decidir lo que debo hacer, una mano
se desliza hacia mis rodillas y descruza delicadamente mis piernas. mi
respiración se vuelve irregular, anticipándose a lo que será el próximo
movimiento. Deseo ver quien es mi invisible seductor, pero no me muevo, sino que
continuo con la sonrisa más educada que puedo. Me pregunto cuanto tiempo más
podré aguantar sin reaccionar.
Su boca se mueve por la parte interior de mis muslos,
humedeciéndolos, haciéndose camino hacia arriba. Temo que mi cara lo este
desvelando todo. Mi respiración debe ser muy fuerte. Puede delatarme.
Cierro la boca y trago saliva, tratando de desesperadamente
de mantener la compostura, pero cierta parte de mi se está hinchando y se mueve
con contracciones y espasmos. No siento ya las piernas y mis caderas desean
moverse en un vaivén desenfrenado.
Esa noche me puse medias de seda negras y provocativas
braguitas de encaje. Miro a mi acompañante, a quien había dedicado estos
coquetos trapitos, y tengo que sofocar una sonrisa cuando pienso en el papel de
seductora que quería interpretar para él más avanzada la noche. Sin embargo, hoy
he resultado ser la seducida. Me pregunto si él puede oler la excitación que
bulle bajo mi calma exterior.
El camarero retira el plato que apenas he tocado y trae café
en una fuente de plata. Nos sirve también un sofisticado postre de crema con
virutas de chocolate, coronado con una frambuesa y una hojita de menta. Le doy
las gracias al tiempo que la lengua roza el borde de mis braguitas. Mis párpados
se cierran para no mostrar como mis ojos giran sugerentes hasta el final de su
órbita. Me estremezco y echo una mirada alrededor de la mesa, sin preocuparme ya
de lo que pueda pensar la gente que me rodea.
Me quedé mirando fijamente el postre mientras unos suaves
labios comienzan una ritmica succión de mi dulce "jarrita". En este momento
todos los límites y reparos anteriores se borraron de mi mente y lo único que
podía pensar era: "No pares ahora, no pares, por favor".
Disimuladamente me cubrí el hombro derecho con mi mantón y
deslicé la mano izquierda debajo de él, para acariciarme el duro y tieso pezón a
través del fino vestido. Lo acariciaba coordinadamente con esa ansiosa boca que
reposaba en mi perfumado "rincón". Poco a poco, como una flor, se fueron
abriendo mis pétalos.
El ritmo se va acelerando y yo cojo la pequeña frambuesa del
postre y la llevo desesperadamente a mi boca. Me siento atrapada en lo que
parece una sensación de eterna suspensión, que late "in crecsendo" hasta su
punto culminante. Un tremendo calor emana desde mi epicentro y se propaga por mi
cuello y cara. Mi cuerpo arde en su totalidad. Y entonces el torrente. La
explosión de placer. Su flujo se desliza entre mis piernas y es ávidamente
acogido por mi compañero más íntimo, que ya no es un extraño, sino un amigo
entrañable.
La lengua recorre lentamente cada pliegue y recoveco,
saboreando y sorbiendo cada gota del néctar mientras yo todavía me extremezco.
Esta marea secreta va paulativamente menguando, y unos finos dedos reponen
delicadamente mis braguitas, como guardando este latente combustible para
futuros juegos de artificio. Entonces las manos descienden delicadamente por mis
piernas hasta su punto de partida y me ponen los zapatos uno a uno. Una vez
calzada, mi boca fantasma le da un beso a cada pie como educada despedida.
Me doy cuenta de que estoy temblando y de que todavía tengo
la frambuesa entre mis labios. La introduzco en mi boca y cojo la taza de café.
Miro mi reflejo en el espejo del negro café, esperando ver la misteriosa
transformación de mi rostro marcado por el placer....
Espero vuestro comentarios, sugerencias o fantasías. Un
besazo.