Espero comentarios y/o críticas en mi direccion de correo:
laurita18@iespana.es
(Sólo asuntos relacionados con el relatos, cualquier otra
petición será ignorada)
POM... 1; POM... 2; POM... 3; POM... 4; POM... 5; POM... 6;
POM... 7; POM... 8; POM... 9; POM... 10; POM... 11; POM... 12
FELIZ AÑO 2003!!!
La gente grita, las uvas se atragantan, los matasuegras
suenan, las botellas de cava se descorchan, la felicidad y la alegría se
extienden a velocidad de vértigo por todo el local.
Beso y abrazo a todos mis amigos, e incluso a gente que no
conozco de nada. Alguien me pone una copa de cava en la mano, alguien me toca el
culo aprovechando el desconcierto general, pero qué más da! Estamos en un nuevo
año, todo lo malo queda atrás y ahora hay que ocuparse de pasar las primeras
horas del año a tope, disfrutarlas como se merece un año que se nos presenta
lleno de ilusión y júbilo.
Un amigo me anima a beberme de un trago la copa entera
mientras me pasa otra. Música navideña y algunos ya empiezan a pedir bailes. No
me puedo negar y empiezo a mover el esqueleto con uno, al cambiar de canción me
toman de un brazo y comienzo a bailar al lado de otro y así varias veces
consecutivas.
Tras algo más de una hora de ajetreo, me rindo exhausta y me
dejo caer en un sillón para tomar un merecido descanso y luego volver a la pista
de baile. No tarda ni 5 minutos en aparecer otro coleguilla mío con dos cubatas,
uno de ellos para ofrecérmelo a mí. Poso mis labios en el vaso y dejo que el
whisky de garrafón atraviese mi boca y mi garganta.
Como no te compongas un poco el vestido, alguno va a
tener que salir corriendo a aliviarse – Noto desconcertada que estoy
despatarrada y con las piernas lo suficientemente abiertas como para enseñar
más de lo suficiente. Me incorporo y me adecento un poco.
Jajajaja, gracias por el aviso.
Claro que... también podríamos aliviarnos los dos
juntitos.
Jajaja – No puedo más que reírme ante tal sugerencia
mientras mis mejillas se sonrojan.
Eso me parece que no es un no – Me dice sonriendo y
acercando su boca a la mía.
Nos fundimos en el primer beso serio del año. Tras un largo
morreo nos separamos. Nuestras miradas se cruzan cómplices. Da un trago de su
vaso y vuelve a acercarse. Al abrir la boca y recibir su lengua compruebo
sorprendida que tiene un hielo en la boca. Jugamos con el pequeño cubo frío y
cristalino hasta deshacerlo completamente, momento en el cual es reemplazado por
otro hielo. Idéntico camino siguieron el resto de hielos de nuestras bebidas
hasta que se acabaron. Para entonces, el dulce frío de nuestras bocas estaba en
claro contraste con nuestros cuerpos, que ardían y se consumían en el placer.
Perdámonos por ahí un rato – Sugerí yo misma, sorprendida
por tal desvergüenza.
Tus deseos son órdenes.
Mientras me levantaba sentí que un grupo de chicos me miraba
entre risas. No era para menos, entre tanto jueguecito había vuelto a entreabrir
las piernas y el vestido se me había vuelto a subir demasiado, de forma que
habían tenido tiempo suficiente para admirar la finura de mi ropa interior: un
tanga rojo (una no es particularmente supersticiosa, pero si te lo regalan...)
muy suave y elegante, bordado por todo su contorno.
Para tristeza de los voyeur’s de turno acomodé mi vestido
azul y les privé de las vistas panorámicas. Mi amigo, y provisional amante, me
tomó de la mano y nos dirigimos hacia la salida del local. Cuando pasamos a la
altura de aquel grupito pude percibir entre miradas de odio a mi casual
acompañante y furtivas miraditas a mi escote la envidia y desazón que les abatía
a la práctica totalidad. Como para atravesar toda aquella marabunta de gente
teníamos que ir en fila de a uno, me acomodé detrás suyo para poder tocar y
sobar bien a gusto su culo, idea que por lo visto también tuvo algún lanzadillo
colocándose detrás de mí. Como no era momento ni lugar, y en definitiva sólo
eran unos toquecillos de nada, no quise darme por aludida y pude notar cómo nos
seguía hasta que nuestro camino se alejaba demasiado de la barra.
Yo creía que nos dirigíamos hacia fuera, a los aparcamientos,
pero antes de salir giramos en un recodo y nos detuvimos en un rincón oscuro,
lugar donde seguramente mi amigo habría consumado actos pecaminosos con
bastantes chicas aparte de mí. Fue cosa rápida, pues ninguno de los dos
estábamos para alargar en demasía el acto. Apartando un tirante dejó mi pecho
izquierdo al descubierto durante unos segundos, echándole una mirada para
reconocer su orografía. Entonces acercó sus labios y lo besó y lamió. Su lengua
fría me provocó escalofríos y me puso la carne de gallina mientras jugaba con mi
pezón de color clarito y bastante duro a consecuencia del frío y la excitación.
Chúpamela un poquito, venga, dime que sí.
Me quedé parada pensando en si hacerlo o no. Para mí no es
motivo de devoción hacerle una mamada a un chico, de hecho tan sólo se la había
practicado a novios cuya relación excedía en más de tres meses de duración. Sin
embargo es difícil pensar cuando se está caliente y, sobre todo, un pelín
borracha. Además su mano presionaba sobre mi cogote hacia abajo.
Así que me agaché. Mientras él se abría la cremallera y
sacaba su miembro en estado de semi-erección, aunque respondiendo ya como todo
buen soldado, me retiré el pelo hacia atrás para que no me entorpeciera la
tarea. En cuanto le pasé la lengua por toda su longitud, se puso dura de verdad.
La metí tres o cuatro veces en mi boca y al sacarla miré hacia arriba:
Bueno, follamos o qué?
Ni siquiera respondió, sólo sacó su cartera del bolsillo de
atrás y me mostró un condón. Lo abrí con cuidado y se lo puse. Me incorporé y
volví a besarle. Subí mi vestido hasta la cadera e hice a un lado el tanga.
Inmediatamente se me acercó y apuntó a mi diana. Acertó a la primera. Estaba tan
caliente que me deshice en la primera penetración y tuve mi primer orgasmo.
Apenas se apercibió de ello. Siguió follándome como un loco, aunque se detuvo
para comentarme:
Quítate las bragas, que me rozan los huevos.
Venga, rápido, quita.
Se salió de mí y me las bajé atropelladamente, enrollándolas
según me bajaban, pues se pegaban a mi piel por culpa del sudor y mis jugos.
Saqué un pie y antes de poder quitármelas del todo, me agarró de un muslo y
elevó mi pierna y volvió a penetrarme. Para mayor comodidad, crucé una pierna a
su espalda y así pudo soltarme. Pero como la cópula era más placentera decidí
cruzar ambas piernas y colgarme de su cuello, de modo que tuvo que soportar todo
mi peso, aunque rápidamente me apoyó contra la pared. Y así estuvimos follando
hasta que finalmente se corrió con dos penetraciones muy profundas. Le di un par
de minutos para que se recuperara y le comenté:
Me has dejado a punto, ahora te toca a ti hacerme una
mamada.
Obedeció como un corderito. Se agachó y se comió mi conejito
baboso hasta dejarlo limpio y reluciente. Su lengua inspeccionaba cada pliegue,
cada rincón de mi chochito húmedo y excitado. En el momento en que coincidieron
su lengua en mi clítoris y un dedo apretando en mi entrada posterior me corrí
salvajemente soltando un gran grito. Supo aguantar a la perfección mis
convulsiones con su boca pegada a mi coño recogiendo cualquier emanación que
saliera del mismo. Entonces le dije con una sonrisa de cara a cara:
Muy bueeeno, ha estado genial, chavalote.
Sonrió y se incorporó, dándome un beso en el cual compartió
mis propios jugos conmigo. Recogí mi tanga, que había caído de mi pie mientras
follábamos y me lo puse. Coloqué el vestido en su posición natural y me fui al
cuarto de baño a intentar arreglar mi peinado y mi maquillaje.