Estaba lloviendo. Era madrugada y estaba lloviendo. Lo sabía
por el rumor que hacían los coches al levantar cortinas de agua del asfalto. Por
la luz mortecina de la calle que penetraba por la ventana. Estaba enmedio de ese
estado semiinconsciente, entre la vela y el sueño, en el qual una no sabe a
ciencia cierta si está soñando o no. La imagen de su cabeza acotada no cejaba de
torturarme, sin saber si lo que había vivido unos días antes era real o no.
La cancioncilla enlatada del teléfono me acercó un poco más a
una poca atractiva realidad vagamente intuida.
-¿Diga?.- Pregunto con voz soñolienta.
-¿Sebastien?.-
Es Álex. Otra vez él. El estúpido no se da por enterado.
Lleva dos días así. Me limito a esquivar sus llamadas, pero él no se rinde.
-¿Sí?.- Admito cansinamente.
-Quería hablar contigo.
-Adelante.- El asunto me hastía profundamente.
-Por teléfono no. Tendriamos que vernos.
-¿Sabes la hora que es?.-
-Sí. Lo siento. Pero es un asunto muy importante relacionado
con el trabajo.
Me lo pienso unos segundos. Es un poco raro. Pero conozco a
Álex de hace tiempo y adivino cierto tono angustiado en su voz.
-Está bien.- Le concedo.
-Dentro de media hora nos vemos en Cyberlife, División III.-
-Vale. Nos vemos.
Me visto medio atontado. Bajo al garaje, quiero coger la moto
pero llueve demasiado y no me apetece sentir en la piel el frío de la
medianoche. Pongo en marcha el motor, salgo despacio del garaje. Las luces se
reflejan en el asfalto mojado. Cruzo calles, avenidas y parques desiertos
aquella hora de la noche.
Es cuando me acerco a una encrucijada de calles. Tengo
preferencia y arranco. Sólo me doy cuenta cuando noto el golpe seco en la parte
de atrás. Detengo el vehículo y bajo inquieto por el impacto. Sobre el mojado
pavimento reposa ahora la masa inerte y metálica de una motocleta custom de gran
tamaño. Unos metros más allá distingo una masa oscura, el esbozo de un cuerpo
que gime de dolor. Me acerco.
-¿Está bién?.- Pregunto como un imbécil.
-Pues claro que no.- Me sorprende una voz femenina, entre
quejido y quejido.
Me acerco más. Intento ayudarla a levantarse, pero rechaza mi
ayuda con un gesto colérico. Eso me cabrea aún más.
-Perdona guapa, pero eres tu quién se ha saltado el stop.
Además ni tan sólo llevabas las luces.
-¡Que te den por el culo, imbécil!.-
-¡Que te den a ti! ¿No te jode?.- Me largo antes de que la
cosa empeore.
Oigo como gimotea de dolor. Me lo pienso. No estaría muy
bién. Aunque me cae peor que una patada en los huevos, vuelvo sobre mis pasos
para cumplir mi obligación.
-¿Te llevo a algún sitio?¿Tienes algo roto?.-
-Pues claro. Ayudáme a levantarme.- Me dice.
Me pregunto si es muy díficil decir algun por favor.
No me és díficil: es una mujer alta, pero delgada. No es una
jovencita, pero no se conserva mal. Tiene el pantalón de cuero negro roto a la
altura de la rodilla y la chupa de piel un poco rallada. Se quita el casco.
Lleva el cabello muy corto, negro como el azabache, su cutis está un poco
bronceado a pesar de la época del año en que nos encontramos. No me extraña el
galletón que se ha pegado, por que aún lleva puestas las gafas oscuras.
Apoyándose en mi llega hasta el coche. Se queda unos momentos
sentada encima del capó, esperando a que se le pase un poco el dolor. No nos
decimos nada, pero tengo la impresión de que sus ojos no pierden detalle bajo
las gafas oscuras.
-¿Estás mejor?.-
-Creo que sí.- Me dice fríamente.
Entro en el coche, busco los papeles del seguro en la
guantera.
-Me parece que vas a tener problemas.- Me advierte con voz un
poco dura.
-¿Cómo?.- Le pregunto indignado.
Me sonríe, me señala un stop que hasta ahora me había pasado
inadvertido. Lo peor es que tiene razón.
-Está bién. ¿Llevas encima los papeles?.- Le digo en un
suspiro de cansancio.
Se lo piensa.
-Pues no.
-Mierda. No estoy para bromas.
-Tranquilo. Esto se puede arreglar. Sigueme.- Me dice con
autosuficiencia.
Me cago en todo, pero le ayudo con la motocicleta, subo al
auto y le hago caso.
Le sigo a través de unas cuantas calles, pero cuando creía
que me guiaba hasta su casa o algo parecido, me encuentro ante de la fachada de
una vieja fábrica.
Paro el motor, bajo indignado.
-Pero oye, ¿esto que es?.- Le suelto.
-Es mi oficina. Ahí tengo la documentación.- Se explica.
Sigo los pasos de sus botas de tacón de aguja un poco
intranquilo. El lugar es tétrico y está desierto. Me pongo a la defensiva.
Espero que no sea una asesina en serie. Subimos por una escalera metálica y
llegamos a una gran sala desierta. En el centro sólo hay unos focos y cámaras
con trípode del tipo que suelen utilizar los fotográfos profesionales.
-¿Esto es tu oficina?¿A qué te dedicas?.- Le pregunto
incrédulo.
-A la fotografia.-
-¿De que tipo?.-
-Profesional. Hago trabajos para publicaciones eróticas.- Se
sonríe ante mi estupefacción.
Me deja con mis pensamientos mientras enciende uno de los
focos y rebusca encima de una mesilla que està un poco apartada de lo que sería
un decorado de sabánas blancas al que apuntan los focos.
-No lo encuentro.- Me dice simplemente.
-Vaya.-
-No te preocupes, cariño. Esto se puede arreglar.- Me dice
con una extraña sonrisa.
-¿A si?¿Cómo?.- No entiendo nada.
-¿Quieres trabajar para mi?.- Me dice indicando el decorado.
Me sorprende. No me hace ni pizca de gracia.
-Ni hablar.-
Sonríe. El momento tiene su qué. Tengo un extraño amago de
erección. No está mal la muy zorra.
-No me gustan los tíos fáciles, parecen putillas.
-Adiós. Si quieres te doy el número de mi aseguradora, pero
me largo. Tengo cosas mejores que hacer.- Le digo mientras le doy la espalda.
-¿Qué pasa? ¿Me tienes miedo?.- Me dice acercándose
peligrosamente.
Ha dicho las palabras mágicas. El cabreo late por mis venas.
Se me acerca aún más. Sus dedos alargados y finos recorren mis mejillas. Sus
labios se pegan a los míos, su mano se cierra sobre mi culo. Para no quedarme
corto, recorro un poco su estómago y le toco el sexo directamente. Mi mano se
pasea por su entrepierna sin pudor.
Se queda mirándome un poco desconcertada.
-Oye tio, tu estás un poco obsesionado, ¿no?.- Me suelta.
-Seguro que no soy el único.-
-Cerdo...- Me susurra mientras muerde mi oreja.
-Puta guarrilla.....- Le devuelvo el cumplido cariñosamente.
Mientras me besa con sus labios rojos, no paro de toquetearla
por encima del pantalón.
Deslizo mi mano bajo el cuero y encuentro la tela fina del
slip femenino. Se ha quitado la
chaqueta. Restrega sus pequeñas tetas morenas contra mi. Sus
uñas negras se clavan contra mi paquete mientras nuestras lenguas se enredan
como dos serpientes juguetonas.
La piel suave de su pubis se estremece bajo las yemas de mis
dedos. Beso su cuello, desabrocho su pantalón. Ella misma me ayuda a desnudarla.
Muerdo su culo terso, subo por su espalda.
Tiene un cuerpo magnífico, alargado y fino, pero de caderas
firmes y redondeadas.
Le arranco de una sola vez el tanga negro, que hace un
pequeño ruido al rasgarse.
Se gira hacia mi y beso su sexo, la fina raya negra que se
pierde entre sus muslos.
Prosigo mi trabajo sin piedad, aguantando los tirones de
pelo, hasta que se relaja un poco y noto como sus piernas empiezan a flojear.
La dejo suelta, sus fuerzas ya no la acompañan. Se deja caer
al suelo lánguidamente.
-Tu si que sabes cabrón.- Me dice con una sonrisa
pendenciera. Se quita la camiseta negra dejando al descubierto un par de
pequeños e insolentes pechos. Sólo conserva las gafas y las botas.
-Ven. Acercate más.- Me dice mientras separa las piernas para
que yo pueda ver su sexo rezumante de humedad.
Desabrocha mi tenso pantalón. Con un gesto vulgar acaricia
mis testículos y el miembro palpitante. Lo lame un poco mientras empieza a
tocarse la entrepierna. Se quita las gafas y me mira de soslayo con unos ojos de
un gris muerto y frío que helarían a cualquiera. De un solo bocado se mete el
miembro entero en la boca. Veo con estupor como mi miembro se desliza hasta el
fondo de su garganta y como lo engulle lentamente hasta la empuñadura. Lo saca
de su boca y lo vuelve a tragar repitiendo el gesto, aunque de forma más rápida
y no tan profunda. De todas formas lo hace lento y bién. No tardo en soltar todo
el líquido en su boca.
-Seguro que ni tu madre te lo haría mejor.- Me vacila.
-Seguro.
Con paso lento y sinuoso se dirige hacia el decorado blanco e
inmaculado. Enciende un foco. Quiero protestar pero quedo embobado viendo como
se tiende en una especie de lecho. Y empieza a masturbarse descaradamente.
-¿Lo ves? Las mujeres tenemos la ventaja de que podemos
pajearnos tanto como queramos.-
-Oh, qué maravilla.- Le digo sarcásticamente.
-No me chulees.
-No seré el primero que lo haga.
Me lanza una mirada acerada, venenosa. Coge una botella de
plástico que hay cerca del lecho.y vierte una cantidad excesiva del contenido de
la botella sobre sus pechos. El aceite resbala por su piel morena. Algunas gotas
chorrean desde su sexo. Ella misma extiende el aceite por su cuerpo. Se masturba
compulsivamente mientras se mete un dedo en el culo. Me invita a acercarme. Unta
mi miembro , me masturba un poco. Pero solo un poco, lo justo para que vuelva a
empalmarme, con una erección de antología. No estoy para muchas tonterías,
separo brutalmente sus piernas y me hundo en ella sin piedad.
-Cabronazo. Espero que me jodas bién.- Me dice en voz baja,
cerca del oído.
Su piel untada se pega a la mía. Me abraza mientras me rodea
la cintura con las piernas. Es un a sensación intensa, sólo apta para aquellos a
quién les gusten los sabores fuertes y muy especiados. Empezamos a sudar. Me
muerde los labios.
-Joder.- Protesto, pero su sexualidad agresiva me espolea.
-Venga, cabrón.- Me dice mientras clava sus uñas en mis
nalgas.
Nos pasamos un buen rato con el estira y afloja. Voy a
estallar. Le pego un mordisco vampírico en el cuello. La cosa se va de madre.
Aprieta la mandíbula, sus dientes casi rechinan. Sus ojos se han convertido en
una mínima raya horizontal que contiene un pequeño infierno helado. Sus piernas
aprietan mi cintura como una pitón. Estallo como un volcán en una súbdita
erupción espesa, viscosa, ardiente.
Durante unos instantes aún permanecemos pegados, con la
respiración entrecortada, recuperándonos.
Me levanto con el cuerpo lleno de arañazos. Empiezo a
vestirme. Ya he perdido bastante tiempo.
-¿Ya te has cansado?.-Me dice mi rival con voz burlona desde
su lecho.
Dirijo mi mirada hacia ella. Empiezo a estar harto de su
autosuficiencia. Se levanta, se acerca me suplica con la mirada para que vuelva
al lecho. Me empuja hacia él. Hace que me tienda.
-No tienes muy buenos modales. Es de mala educación dejar
insatisfecha a una dama.- Me suelta.
-No es que seas una dama precisamente.
-Por esta noche soy tu puta particular.
Coge mi miembro nuevamente se lo mete en la boca, hasta que
consigue una erección bastante aceptable. Sonríe satisfecha, mientras vuel ve a
verter más aceite sobre el rojo prepucio. Me da la espalda, acerca su culo hacia
mi polla expectante y empieza a sentarse sobre ella.
-¿Estás segura de lo que haces?.-
-Claro. Venga, no te hagas el remolón.-
La abertura es estrecha y presenta cierta dificultad. Pero
poco a poco va cediendo. Asisto atónito a su autoinmolación, hasta que su
esfínter se relaja totalmente y ella misma se empala totalmente. O está loca o
va hasta el culo de coca o algo similar. Se levanta, se pone de quatro patas
sobre el lecho.
-Venga folláme el culo.-
-Joder, vaya lengua que tienes.
Levanta un poco el culo, separa las piernas, y la empalo sin
piedad, cogiendola por la cintura. No sé que manejos se lleva, pero el caso es
que ha cogido un vibrador y se masturba lentamente mientras me abro paso en su
culo estrecho y rebelde. Tengo la sensación de estar enfundado de forma ajustada
pero cómoda. Cuando me viene, saco mi miembro de ella, estallo en su abertura y
vuelvo a meterlo y sacarlo unas cuants veces, hasta que me sacio completamente.
La dejo en el suelo agotada, feliz y con restos de materia seminal en la boca,
la vagina y el recto. Mientras me visto me examina con una mirada animal,
hostil.
-¿Te vas ya?.- Continua con su tono burlón.
-Sí.-
-Aprovecha la oportunidad. Si alguna vez nos volvemos a ver
probablemente no voy a recordar tu cara.- Me advierte.
-Creo que será díficil.- Acabo de vestirme, tengo prisa por
salir de allí.
-A propósito, ¿a que te dedicas?.- Me pregunta con aparente
desinterés.
-Soy el Sr. Don Empleadocualquiera que trabaja en una empresa
cualquiera. Supongo que no hace falta que pregunte a que te dedicas.
-Ya sabes que soy la propietaria de mi propia empresa. Pero
como me paso el dia dando por el culo a la otra gente a veces necesito que me
den a mi. Me aburro soberanamente. Necesito nuevas sensaciones.
-Supongo que es cierto eso del sadomasoquismo.
-¿El qué?.- Me dice ella interesada.
-Que habitualmente los que están ejerciendo cierto poder
tienen tendencias masoquistas, por compensación.
-¿Y el simple empleado?.- El tema le interesa.
Pues al revés: al estar puteado tiene ansias de poder,
de venganza. En cierta manera es un sádico en potencia.
-Ah, muy interesante.- Me dice volviendo al tono
habitual de autosuficiencia.
Me encamino hacia la salida. Ha sido intenso, pero ya estoy
cansado. Álex se va a cabrear mucho. Y con razón. El auto negro me está
esperando, negro, brillante y húmedo como la misma noche.