Hace doce años desde que paso lo que ahora mismo me dispongo
a contar os, yo tenía 16 años, provenía de una familia adinerada, mi padre tenía
su propia fábrica textil en Barcelona, con lo cual casi nunca estaba en casa,
debido a sus largos viajes.
Mi madre como buena esposa lo acompañaba a todos los viajes,
el temor de que pudiera serle infiel, la mortificaba, ella era y es una persona
muy celosa, tenía y tiene un amor enfermizo hacía mi padre.
Pase parte de mi infancia junto a mi abuela Caterina, era una
mujer de carácter, inteligente, liberal, independentista, muy avanzada para su
tiempo, ya que, le tocó vivir en una Cataluña restringida, esclavizada y
silenciosa ante una dictadura militar, creo que parte de mi forma de ser la he
heredado de ella.
Pero mi padre no compartía sus ideologías políticas y pronto
me interno en un colegio de pago, para que pasara el menos tiempo posible con
ella.
Como todos sabéis en aquel tiempo los colegios de pago con
internado formaban parte de alguna orden eclesiástica, aparte de ser un colegio
masculino, con lo cual no conocí lo que era el sexo femenino hasta pasados unos
años, en que ya existían colegios de pago mixtos.
Pues debido a eso, mi curiosidad era insaciable, casi siempre
estaba castigado, lo cual me encantaba, por que el castigo casi siempre era dar
50 vueltas al patio o recoger 5000 hojas del mismo, las cuales evidentemente yo
no daba, ni recogía. Pero aprovechaba para subir las escaleras que accedían
hasta las habitaciones de los hermanos y curiosear entre sus habitaciones, las
cuales dejaban con las puertas abiertas, pero un día me lleve una sorpresa.
El hermano Santiago, profesor de música, me había castigado
con 16 años, a dar 100 vueltas al patio, evidentemente no las di, eran cerca de
las cinco de la tarde de un invierno muy frío, recuerdo que hasta las gafas se
me entelaban, suerte de mi poca dioptría, con lo cual cosa no me las ponía muy a
menudo, ya que sólo se trataba de vista cansada, pero aquella tarde las
necesite, ya que, dude entre si era yo o la realidad.
Como siempre hacía subí la larga y ancha escalera de granito
que comunicaba con las habitaciones de los hermanos, abrí la puerta principal y
me situé en el largo y estrecho pasillo, empapelado con flores naranjas, la
mayoría de las puertas estaban cerradas, dude entre seguir o no, el pasillo se
veía oscuro y agobiante, sin ningún tipo de claridad, debido a que el pasillo
era interior y toda la luz provenía de las ventanas de las habitaciones, seguí
hacía adelante hasta traspasar todas la habitaciones, la biblioteca y el
despacho privado del hermano directo.
Al final del pasillo se encontraba una pequeña sala de estar,
transformada en mini iglesia, ya que sólo constaba de un pequeño altar, la
imagen de Jesucristo, un pequeño confesionario y dos banquetas, nunca había
osado a entrar allí, para mí era un lugar sagrado, el cual se debía de respetar
y venerar tal y como me habían enseñado los hermanos y mis padres, pero ahora ya
no pienso así, por que después de mirar tras los cristales me encontré con la
más grandes de las orgías.
Mis ojos se abrieron como naranjas al ver aquel espectáculo,
el hermano Miguel, profesor de sociales, se encontraba de rodillas haciendo una
felación al hermano José, profesor de matemáticas, ambos estaban desnudos, pero
mientras el hermano Miguel se la chupaba al hermano José, el hermano Jaime, le
hacía una estupenda paja a esté. Mire alrededor y pude comprobar que en la
puerta del confesionario colgaban unas piernas de mujer, por lo que pude
adivinar se trataba de la cocinera, que mostraba sus enormes tetas al hermano
Paulino, el cual las lamía con devoción, mientras que el hermano Manuel, le
comía el sexo a la estupenda cocinera, que no dejaba de gemir, diciéndoles:
Por el amor de Dios, no paréis, no paréis…
Por mi boca pasaba un tren, las mandíbulas se me desencajaron
del sitio, pero aquella situación me daba un morbo inimaginable, no podía cree
como aquellos hermanos podían tener ese tipo de sexo, bueno mejor dicho sexo, y
para colmo en la casa de Dios como ellos decían, mi sexo se endureció solo de
pensar y ver aquellas imagines, aunque todavía me quedaba por verlo mejor, el
hermano Rogelio, sostenía los tobillos de la ayudante de cocina, una joven muy
maja, mientras que la penetraba encima del altar, y le decía:
Dios té esta follando, dime que te gusta que te folle Dios!
Follame Dios!, follame
Mientras mantenían este dialogo, el hermano Rogelio le pasa
la imagen de Jesucristo por encima de sus pechos, hasta llegar a su vagina y la
rozaba contra este repitiéndole una y otra vez que Dios le estaba comiendo el
coño.
Por un momento deje de mirar y me apoye contra la pared,
tenía mi respiración acelerada, mi polla dura como el cemento, y un shock mental
en mi cabeza, en el transcurso de un flash pasaron por mi cabeza miles de
imágenes sobre aquellos hermanos, momentos de clase, la misa de los viernes por
la mañana, su comportamiento con nosotros… Nunca hubiera imaginado una situación
como la que estaba pasando a mis espaldas ni el más morboso y macabro de mis
sueños, pero como ángel perseguido por el demonio, corrí a lo largo y estrecho
de aquel pasillo, mientras las lágrimas nublaban mi visión, y en mi cabeza no se
repetía otra cosa que todo es mentira, todo es mentira, todo es mentira…