CORTO PRIVADO
03/12/02
ESCENARIO
Interior, día. Un amplio salón en un apartamento, espacioso,
blanco, iluminado. La luz suave entra por un balcón, tras las cortinas blancas,
que flotan ocasionalmente con una suave brisa.
En el centro del salón, un largo sofá, también blanco,
mullido, sin brazos, sencillo, limpio.
En un rincón, al salón se une un pequeño minibar, con un par
de taburetes altos y un frigorífico que contiene bebidas.
PERSONAJES
Romina es la que ahora se sienta en el sofá, la más joven, la
del rostro de indígena enfurruñada y misteriosa. Su pelo es negro y corto. Su
piel oscura, suave. Sus labios gruesos, siempre como a punto del disgusto. Sobre
su escaso bikini amarillo sólo la cubre una camisa blanca de algodón. Romina
mira siempre a su alrededor, esperando, analizando, buscando, sopesando.
Ana tiene unos enormes ojos asombrados, una cabellera larga
color castaño rojizo, que se empeña en no peinar y dejar salvaje. Sus mejillas
siempre ligeramente sonrojadas, sus labios siempre fruncidos como al borde de un
suave soplido. Viste una camisa blanca que no le llega al ombligo y unos shorts
azules muy ajustados, de aspecto plástico, que apenas le cubren las nalgas.
Ana es la que se acerca al sofá donde está Romina sentada. Se
miran. Ana se queda de pie y mira a Lidia.
Lidia es la que lo está grabando todo con su cámara de video.
Su pelo es largo y dorado y su expresión divertida, se nota que disfruta como
cineasta. Tiene los ojos azules. Viste una camiseta ombliguera y unos pantalones
largos ajustados, acabados en campana. Se empeña en llevar esos zapatos negros
de tacón incluso en casa. Aunque no puede verse por ahora, tiene un puñal
tatuado en el gemelo derecho.
Romina y Ana atienden a Lidia.
- Muy bien. Acércate a ella. Miráos a los ojos.
Ellas obedecen. Se miran. Lidia desearía que su mirada fuera
más pasional, más divertida. Sin embargo, no se puede negar que se están
transmitiendo deseo. Un deseo refrenado.
- Dale la espalda a Romina, sitúate ante ella... un poco más
cerca.
Lidia se mueve para captar la escena desde un nuevo ángulo,
más cerca. El trasero de Ana está ahora frente a la mirada de Romina. Ella
pregunta con la mirada.
La directora pone a trabajar la imaginación. Observa la
escena, todos los elementos disponibles para hacer lo que quiera con ellos,
examina a las chicas...
- Muy bien. Ya está. Vamos a hacer algo muy sensual. Acércate
un poco más a ella. Ahora frótate así...
Lidia la guía para que comprenda. Quiere que Ana frote su
culo contra el pecho de Romina. Pronto comprende y no le hace falta ayuda. Sube
y baja muy lentamente, frotándose contra la camisa blanca. A Ana siempre le ha
gustado hacer las cosas así: largas y lentas.
Romina permanece pasiva.
Sin despegar la vista de la pantalla digital, la directora
sonríe satisfecha: sus actrices comprenden lo que quiere.
Se puede oir perfectamente el sonido de las nalgas
deslizándose sobre el algodón, piel embutida en ropa contra piel embutida en
ropa. Romina se arquea, sus pechos sobresalen aun más.
En el encuadre aparece la mano de Lidia, ayudando. Agarra uno
de los pechos de Romina para facilitar la tarea. Sus pechos son grandes,
angulosos y fuertes. Unas tetas perfectas, ha pensado siempre Lidia, y vuelve a
pensarlo ahora que las aprieta entre sus dedos.
Las nalgas se deslizan sobre ese pecho. El pezón acaba por
ponerse claramente duro, sobresaliente de la tela.
Perversa, Lidia sitúa el pecho de tal forma que Ana, en una
de sus bajadas y en su consiguiente subida, frota su brecha cuan larga es contra
el pezón erecto. El resultado es un gemido.
Romina mira a su directora a los ojos. Siempre esa mirada
intraducible, de dureza, inacabable.
- Oh, chicas, qué bien lo hacéis. Sois muy buenas en esto. Va
a quedar maravilloso. Dios, lo voy a ver una y mil veces...
La camisa de Romina se transparenta: debajo, una de las
piezas del bikini ha quedado fuera de su sitio. El pezón se hiergue descarado
contra la tela.
El frotamiento ha caldeado el ambiente. Esto sólo acaba de
empezar.
- Quítale el pantalón... Pero muy lentamente...
Romina coje entre sus dedos la tela del minúsculo short.
Algunos de sus dedos se introducen entre la tela y la piel del trasero, suave.
Tira de la prenda hasta dejarla a la altura de las rodillas.
Ana no lleva bragas. Desde lo alto, mira la escena que se
desarrolla tras sus propias nalgas, sin perder detalle sus enormes ojos.
Un trasero redondo, oscuro. Romina examina la piel con
atención. Nunca había tenido la ocasión de hacerlo con tranquilidad.
Las tres miran el mismo punto.
Una mancha de nacimiento oscura en la nalga derecha, lo único
que podría hacer imperfecto su trasero y, a la misma vez, tan hermoso y único.
- Lámeselo. Imagina que tiene sabor...
Sale la lenguecita de Romina y acaricia la mancha color
chocolate. Acaricia todo su contorno y luego su centro, intentando encontrar,
imaginar el sabor. Lidia oye el raspar de las papilas contra los poros de la
piel, y se le erizan los pelos de la nuca. De pronto se da cuenta de que está
excitada, mucho más de lo que imaginó en los preparativos que llegaría a estar,
y tan sólo es el comienzo. Contiene el impulso urgente de acariciarse alguna
parte del cuerpo, cualquiera que sea. Tiene que seguir sujetando la cámara,
grabar, observar, dirigir.
Sujeta por atrás la cabecita de Romina para hacer que lama
toda la nalga, desde arriba, donde la espalda pierde su nombre, hasta abajo, en
el pliegue donde comienza el muslo.
Mientras observa, le gustaría tanto acariciarlas, tomar
partido, disfrutar con ellas, están tan hermosas, más hermosas y sensuales que
nunca antes. La duda la atribula. No había pensado hasta dónde tendría que
mantener su papel de directora, no lo habían discutido, tanta fue la prisa por
poner en práctica la fantasía de las tres.
Romina acaba lamiendo ambas nalgas por igual. Empiezan a
tener el brillo y olor de la deliciosa saliva de Romina. Los ojos cerrados.
Ana no la va a dejar escapar. Sujeta su cabeza con una mano
mientras sus nalgas comienzan a moverse con vida propia.
- Ahora pon la lengua dura -ordena Lidia.
La lengua de Romina da puntadas aquí y allá, hasta que atina
a introducirse en la brecha entre las nalgas. Ahí los movimientos de Ana toman
más conciencia, más profunidad.
- ¿Alguna vez te has comido un culo? -pregunta Lidia.
- Claro que sí -contesta Romina con su mirada dura.
- Pues vamos...
Primer plano de las manos morenas separando las nalgas,
descubriendo el estriado orificio. Mirada de lava de Romina a la cámara. La
lengua que comienza a lamer, a humedecer, los delgados dedos que ayudan a abrir
paso, la punta de la lengua que cada vez se introduce un poco más, en una
progresión casi imperceptible. Hasta que el ano de Ana acoge ya en su interior
más de media lengua, serpenteando y chapoteando. Ana gimotea.
Rápido, primer plano del rostro de Ana, retorcido de placer,
de esos labios que pone ella cuando algo le gusta, como si fuera a decir
"uuuuh".
Con la mano libre -la otra aun sujeta la cabeza de Romina, y
la empuja cada vez más fuerte dentro de su culo- Ana se masturba, busca el
clítoris entre sus labios rezumantes y se da frotamientos y golpes secos que la
hacen temblar.
Finalmente, se corre, gruñendo.
Romina extrae su lengua con un sonido viscoso deliciosamente
sucio.
- ¿Qué tal va la película? -pregunta Ana.
- Está quedando genial. Me alegro de que al fin nos
decidiéramos. Creo que me voy a correr con sólo ver esta escena. Y todo gracias
a vosotras, chicas. Sois unas actrices estupendas.
- Yo no estoy actuando -dice Romina.
- Pues sigue así, cariño.
...
Ana y Romina son ahora madre e hija en el sofá. Romina la
mira mientras se quita la camiseta. Los enormes pechos caen libres. Son mayores
pero, secretamente, Lidia prefiere los de Romina.
Ana acoge a su hija en su regazo. Se miran con ternura. Le
acaricia el pelo. Le besa la frente. La acuna entre sus brazos. Se coge un pecho
y le pone el pezón en la boca. La hija lo coge entero dentro de su boca y
comienza a mamar. Succiona con calma. De vez en cuando el pezón sale de su boca
y la mamá tiene que volver a metérselo para que pueda seguir chupando.
Miran a la cámara. Ana con su niña en brazos. Romina con el
pecho en la boca. La cámara de Lidia se calienta en sus manos.
Necesita tocarse pero, por absurdo que parezca, no está
seguro de que deba hacerlo delante de sus amigas.
- ¡Ay! ¡No muerdas, niña mala...!
...
- Allá voy, mamita...
La idea de llamarla mamá ha sido de Lidia. Lo convierte en un
incesto en toda regla.
Romina cruza la habitación. Zoom al largo falo de látex
transparente, sujeto al arnés, zarandeándose en el aire, arriba y abajo, con el
caminar de Romina.
Su mamá la espera sumisa, con el vientre apoyado en uno de
los taburetes altos, ofreciendo su trasero desnudo, con sus ojazos expectantes.
Antes que nada disfruta acariciando su piel. La toca entre
las piernas. Ya está mojada. Su mamá no puede esperar más.
Se agarra el pene y lo sitúa en la entrada. La penetra poco a
poco, aprovechando la ayuda de cada resbaladizo flujo que sale de sus labios,
hasta metérsela entera. La sujeta de las nalgas para follársela mejor.
- Así... -dice Lidia, tras su cámara- Despacio, sin prisa,
cada vez más rápido, poco a poco, cada vez más rápido...
Romina es obediente. Aprieta los dientes mientras se folla a
su madre, mientras empuja alante y atrás las caderas. El ritmo de las acometidas
se acelera. La hace levantarse del taburete para cojerla de los pechos. Los
agarra fuerte, estrujándose, se ancla en ellos para penetrarla aun más profundo
y rápido.
- Oooh, sí mi vida... Síiii... cariño mío, así...
Son las últimas palabras de Ana.
...
Vistas desde atrás, Ana y Romina salen juntas del salón, se
dirijen al cuarto del fondo. Caminan tomadas de la mano. Romina no se ha quitado
el pene. Parece hacerla sentir bien.
En la cama blanca, sobre montañas de cojines igualmente
blancos, se miran, se abrazan y al fin se besan con ternura. La cámara capta el
sonido débil de los besos. Ana atrapa los labios de Romina entre los suyos, los
estira sin apretar ni hacer el más mínimo esfuerzo, estira hasta que escapan y
vuelven a su lugar. Salen a la luz las lenguas, que se acarician bien para que
la cámara las vea, humedeciéndose mútuamente, lamiéndose, girando una en torno a
otra.
Lidia oye también el chapoteo de las dos lenguas, y arde en
deseos de hacer algo, de intervenir de una vez, de meter su lengua entre esas
dos bocas, besarlas hasta saciarse, satisfacerse ya de algún modo, pero sigue
dudando y se mantiene en su papel.
Pasan a los besos profundos. Es la escena preferida de Lidia:
dos hermosas mujeres totalmente volcadas en el momento de obtener placer, con
sus bocas hundidas una en la otra, como desesperadas.
Ana tumba a Romina bocarriba. Empieza a lamer sus gruesos
labios mientras masturba lentamente el pene. Mira cómplice a la cámara mientras
lame. Lidia tiembla. Romina se retuerce entre cojines, como si de verdad
sintiera las caricias en su masculinidad.
- Volved a besaros... Quiero que os beséis lo más
profundamente que podáis, que intentéis meter la lengua más profundo que la
habéis metido nunca...
Lo hacen, se comprimen una contra otra, esforzándose por
llegar más profundo de lo que nunca han llegado en otra mujer. Se oyen gorgoteos
salir de sus gargantas.
Y Lidia no puede más, comienza a acariciarse la entrepierna.
Le molesta la tela de los pantalones, se abre la cremallera y se toca sobre las
bragas. Ahí es cuando el encuadre de la película empieza a tambalearse.
Ana y Romina se chupan las lenguas y se rebañan las bocas.
Miran a Lidia, masturbándose ante ellas, cámara en mano.
- ¿Y ahora? ¿Qué más se te ocurre? -dice Ana, mientras vuelve
a pajear a Romina.
...
Ana debe resistir la humillación.
Romina le da un beso. Luego le quita la camiseta. La
directora ha decidido volver a ponérsela para hacer esta escena. Le encanta ver
como desnudan a una chica, casi tanto como ver como se la follan.
Romina le reparte suaves besos por toda la superficie de los
pechos, hasta tenerla retorciéndose de anhelo. Se detiene, la abandona y la
mira. Acaricia los pechos con el dorso de sus dedos, describiendo amplias curvas
que de vez en cuando cruzan sus pezones, amplios y suaves círculos oscuros.
La tortura. La besa y acaricia y la abandona cuando ve que la
ha excitado, hasta que se vuelve a enfriar. La escena se alarga hasta unos
buenos cinco minutos. Ana aguanta.
Romina coge bien los pezones, entre pulgar y corazón, y tira.
La piel se estira hasta límites imposibles. Ana se muerde el labio. Los suelta y
vuelven de golpe a su lugar. Repite la operación, los aprieta, estira y estira,
los retuerce hasta arrancarle un gemido de dolor. Los suelta y se repliegan de
un bote.
Romina araña los pechos. Clava las uñas en la abundante carne
y baja dejando surcos blancos.
Muerde los pezones. Tira en todas direcciones, manejando como
quiere a Ana, guiada por el dolor, con la boca abierta, callando una queja.
Aparece una nueva escena.
Romina se pone en pie. El falo vuelve a surgir ante la cara
de Ana. Romina se masturba. Se agarra el pene y la golpea en la boca. Ana sigue
sin resistirse. En lugar de eso, la mira desde abajo, con admiración. Romina se
masturba y, en sus idas y venidas, de vez en cuando golpea la cara de Ana. Sus
labios, que rebotan breve, deliciosamente, con el golpe. Sus mejillas, su
barbilla. Restriega su polla desde la frente hasta debajo de la barbilla,
humillándola.
Una sustancia blanca y espesa salpica la frente de Ana. Otra
más. El yogur se estrella contra sus mejillas, chorrea hasta el cuello. Salpica
sobre su boca, abierta a medias.
Lo mejor de esta escena es que Ana no cierra los ojos, lo
recibe todo en su cara sin casi pestañear.
De pie, se abrazan con cariño, se besan.
Primer plano de los labios femeninos devorándose. El yogur lo
embadurna todo.
La imagen tiembla.
Lidia se acaricia el clítoris.
Ana y Romina la miran.
- Bueno... ¿Y tú no vas a participar?
- ¿Es que no hay nada que no quieras hacer?
...
Primer plano de Lidia. Mira fijamente a cámara. Sus ojos azul
claro son perturbadores. Por fin está ante la cámara, y no tras ella.
- ¿Estás preparada? -pregunta una voz.
Romina lleva ahora la cámara.
- Hacedlo antes de que me arrepienta.
Vuelven a estar en la cama. Lidia, de rodillas, agarrada a
los barrotes de la cabecera. Ana le baja la cremallera y le quita los
pantalones. Consigue sacárselos sin quitarle los zapatos de tacón. Lidia ha
insistido en ello. Queda a la vista un precioso culito, blanco, como el resto de
su piel. Ana toquetea un momento las bragas y luego se las quita. Se va y vuelve
en un momento. Quita el tapón de un tubo de vaselina. Aprieta el contenido sobre
su mano. Lo esparce a base de caricias por la vulva de Lidia. La cámara se
acerca. La vagina de Lidia está bien brillante y lubricada. Lo poco que quedaba
en el tubo se ha gastado. Ana abre otro nuevo y lo vacía un buen chorro sobre el
trasero. Extrae prácticamente todo el contenido. Se recrea embarrando las
nalgas, los pliegues vaginales, los muslos y, más arriba, los alrededores del
ano. Finalmente, el ano mismo queda totalmente lubricado con una enorme cantidad
de vaselina.
- ¿Empezamos?- pregunta Ana.
- No me preguntéis más, o puedo arrepentirme. Venga, empezad
de una vez...
La fantasía de la directora comienza.
Ana le acaricia los labios vaginales. Le introduce un dedo y
la masturba.
- ¿Otro?
- Sí...
Le mete otro dedo. Entran y salen. Lidia gime.
- ¿Otro más?
- Sí, vengaaa...
Ya son tres dedos los que follan lentamente a Lidia.
- ¿Te duele?
- Todavía no...
La cámara se acerca aun más a la escena de la vagina de Lidia
penetrada por tres dedos. Aparece la mano de Romina, que acaricia su clítoris.
- ¿Quieres? -le pregunta.
Lidia gime por respuesta.
Le inserta un cuarto dedo. Lidia gruñe. Los dedos de Ana y
los de Romina entran y salen a distintos ritmos.
- Otro...
- ¿Otro más...?
- A-há...
Lo intenta pero es difícil, cuatro dedos entrando y saliendo
ya son muchos dedos. Se empeña hasta conseguir que el dedo se deslice entre los
pliegues viscosos. La vaselina es una gran ayuda. El coño aparece enormemente
dilatado.
Lidia grita con los dientes apretados. Tiembla agarrada con
fuerza a los barrotes.
- ¿Pasamos a...?
- Oooooooh...
- ¿Sí o no?
- ¡Sí! ¡Venga!
Un dedo de Ana masajea el ano. Comienza a introducirse poco a
poco, barrenando. Ana lo hace con delicadeza, hasta ensartárselo entero. Lo mete
y lo saca.
- ¿Otro dedo?
- ¡Sí!
Masajea el esfínter hasta hacer sitio al segundo. Exploran el
entorno, palpando la carne.
- Métele otro... -susurra Romina.
El tercero cuesta más, pero acaba por penetrar en sus
entrañas. La penetración se hace más rápida y dura. La cabecera de la cama
golpea la pared con cada sacudida.
Romina no puede usar la mano de la cámara, usa el pulgar de
la otra mano.
Cuatro dedos dentro del coño y cuatro dentro del culo. Lidia
aúlla.
...
La última escena es puro experimento. Lidia está agotada.
Romina la obliga a levantar de nuevo el trasero, así que Ana debe estar
grabando.
Romina saca un consolador, abre la funda de un preservativo y
se lo pone. Lo embadurna de vaselina.
- No, por favor... No puedo más, dejadme descansar un poco...
-gimotea Lidia contra los almohadones.
Romina por fin está sonriendo: le ensarta el consolador en el
culo. Un primer plano demuestra lo dilatado que ha quedado. Se lo mete hasta el
fondo y allí lo deja. Coge un segundo consolador, bastante más grueso, y lo
embadurna de vaselina.
Asombrosamente, el segundo consolador acaba por caber en sus
entrañas.
Romina los agarra y los mueve. Lidia se retuerce de dolor.
- ¡Ya vale! ¡Ya vale! ¡Está bien! ¡Corten!
FIN
05/12/02
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