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Fecha: 08-May-11 « Anterior | Siguiente » en Amor filial

La nena de su papi... y de su tiíto! 6

remexida
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6. Por fin… follada. Susi descubre el dolor y el placer de sentir verdaderamente a sus dos hombres dentro. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
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LA NENA DE SU PAPI… Y DE SU TIÍTO - 6. Por fin… follada.

Susi descubre el dolor y el placer de sentir verdaderamente a sus dos hombres dentro.

Entraron los dos en el salón, completamente desnudos, sus pollas completamente erguidas y se quedaron parados mirándola.

- Oh, que guapos sois los dos. Es la primera vez que os veo completamente desnudos. Sois aún más impresionantes de lo que os había imaginado – dijo Susi mirándolos embobada.

- O sea que eres una putita que anda imaginando hombres en bolas – dijo su padre fingiendo una mirada severa.

- Sólo los vuestros, papá y si supierais las cosas que me hacíais… - dijo Susi con picardía.

- Nada que no te hagamos ahora y en los próximos días, tenlo por seguro – dijo Toni con sarcasmo.

- Creo que antes es mejor que nos sentemos y hablemos un poco – añadió Roberto. Y se sentó a su lado en el sofá mientras el tío Toni la desnudaba quitándole la blusa, que ya no tapaba nada, y desabrochándole la falda. Después arrojó las dos prendas lejos.

- Así esta mejor, me moría por sentir todo tu cuerpecito pegado al mío – dijo Toni al tiempo que la cogía por debajo de los brazos y la sentaba en sus rodillas mirando hacia él.

- ¡Ay que rico! Tenía frío y estás tan calentito… – dijo pegándose a él como una lapa, refregándole las tetas por todo el pecho y apretando las piernas contra las de su tío. Notó como su inmensa polla le rozaba los pliegues expuestos y sintió como un escalofrío de miedo y excitación la recorría entera.

- Mira nena… ¿Sabes lo que va a pasar ahora, no? – dijo su padre pasándole la mano con cuidado por la espalda y demorándose amorosamente en su culo marcado - Vamos a follarte los dos hasta que se nos quiten las ganas de coño. Y teniendo en cuenta el tiempo que llevamos masturbándonos imaginando este día… no va a ser fácil, no ¿Entiendes lo que quiero decir?.

- ¿Me vais a lastimar mucho? – susurró Susi temerosa y se apartó un poco de su tío.

- Sólo al principio. Luego ya te acostumbrarás a tenernos dentro – dijo Toni mientras añadía para sí... A tenernos dentro… siempre. Para reforzar sus palabras le agarró las nalgas con las dos manos, la empujó con fuerza contra su miembro y se refregó contra su coñito abierto.

- Me da mucho miedo, papá. Sólo será una vez, una con cada uno, ¿no? – continuó Susi mirando a su padre asustada. El temor le contraía el estómago, aunque quizás fuera la excitación, pues la tremenda polla de Toni se revolvía furiosa contra su rajita muriéndose por entrar.

- Bueno, ya veremos. Ahora quiero preguntarte una cosa. ¿Todavía sigues tomando las pastillas que te recetó el doctor Piñeiro para controlar la regla? – preguntó su padre y aprovechó para tomar las tetas de Susi entre sus manos. No se cansaba de tocarlas, sobarlas, mamarlas…

- Si, papi, ¿Por qué? – contestó Susi con la respiración agitada. Sus pezones se erguían tiesos y regordetes ante las atenciones de su padre. Estaba tan mojada como si se hubiese meado encima.

- Porque son anticonceptivas y así podremos corrernos en tu interior sin miedo a dejarte embarazada – dijo su padre con paciencia. No pudo resistir más la tentación y comenzó a comerle las tetas como si estuviese muerto de hambre. Quería follársela YA y esta conversación estaba matándolo.

Toni sonrió con satisfacción. Esa si que era una gran noticia. Odiaba los condones. La polla se le retorcía de alegría sabiendo que se iba a zambullir en esta preciosidad sin ningún plástico de por medio… Y comenzó a refregarse con más fuerza contra su sobrinita.

Susi empezó a gemir cada vez más alto. Sus temores quedaron en el olvido ante el placer que sentía. Se iba a volver loca si no pasaba algo más.

- Venga, ya está bien de conversación – dijo Roberto al tiempo que dejaba de mamar como un poseso y la apartaba de la polla de Toni – ¡A mi habitación! ¡No querrás que la desvirguemos en el sofá!

- No, creo que es mejor que lo hagamos en la mía, está mejor preparada – dijo Toni con una mirada astuta.

Roberto sabía lo que quería decir con eso de preparada. Su hermano disfrutaba grabando a sus mujeres y su cuarto estaba mejor equipado que un plató de cine. Se pasaba horas montando las cintas y eligiendo las mejores tomas. Pagarían un pastón por ellas en cualquier productora porno. No sabía que pensaban de eso sus ligues pero a Marita la ponían como una moto esas grabaciones. Le encantaba verlas después y comentar todos los detalles hasta que los ponía a cien y la follaban hasta agotarla. Pero con su hija… Era diferente.

- Venga, no te vayas a hacer el santurrón ahora. Son sólo para nosotros, un recuerdo de la primera vez de nuestra niñita como mujer. ¡Como el video de la primera comunión! – dijo Toni con descaro y le metió los dedos haciéndola respingar. No quería que se enfriase.

- Creo que cada vez te descontrolas más y… - comenzó Roberto.

- Vale, hagamos un trato. Te dejo a ti el primer plato y a cambio lo hacemos en mi habitación, con todo lo que significa. ¡Ah, y se queda conmigo toda la noche! – negoció Toni mirando a Susi con una mezcla de lujuria y ternura. Estaba con los ojos cerrados disfrutando de esos dedos que hurgaban con maestría en su interior.

- Bueno – accedió Roberto a regañadientes – pero vamos para arriba de una vez que me va a dar algo si no la monto de una puñetera vez.

- Ja, ja, ja – se burló Toni – veo que la delicadeza y los escrúpulos se van por fin al carajo. Queremos follarla y se acabaron las sutilezas. Súbela tú que yo voy preparando la función.

Sus dedos abandonaron el chochito de Susi con delicadeza, se levantó del sofá y subió corriendo la escalera. Susi abrió los ojos desorientada al sentir que ya no estaba sentada sobre su tío.

- ¿Qué pasa? ¿Se marcha el tío Toni? No quiero que se vaya. Os quiero a los dos.

- No cielo. Vamos arriba. Por fin vas a ser nuestra. Te vamos a hacer muy feliz pero no debes tener miedo. Vas a hacer todo lo que te digamos ¿verdad? – dijo Roberto muy serio mientras la tomaba en brazos y comenzaba a subir las escaleras.

- Si, si, claro que si, papaíto. Quiero que esteis muy contentos conmigo y no me importa que me hagáis daño – dijo Susi haciéndose la valiente aunque por dentro seguía muerta de miedo.

- Así me gusta, cielo, tienes que obedernos sin pensar y todo saldrá bien.

Entró en la habitación y la tumbó boca arriba sobre la cama. Toni, que ya estaba sentado allí, se acercó a ella y la colocó entre sus piernas abiertas. Ya había preparado todo y quería controlar bien su “actuación”. Le soltó las coletas que estaban casi deshechas, le alisó el pelo y le acarició la cabeza suavemente.

Mientras su padre, a los pies de la cama, los miraba como un lobo hambriento. Susi seguía nerviosísima. Miró por fin a su padre y comprobó que su polla engordaba por momentos. ¿Cómo iba a conseguir meterle “todo eso”? Ante estos pensamientos, una onda de rubor furioso cubrió sus mejillas y se extendió también a sus pechos.

- ¡Vaya! Que color más encantador –dijo Toni - Ahora no te nos vayas a hacer la remilgada. Venga, tío, - masculló, dirigiéndose a Roberto- o empiezas tú o lo hago yo-. Y, con fuerza, apretó sus pechos entre las manos.

Su padre se decidió por fin, se colocó encima de ella y le abrió las piernas. Le metió dos dedos en el coño y comprobó que seguía tan mojada como hace un rato.

- Huuuummm, esta es mi niña, bien mojadita para la polla de su papá – dijo Roberto muy complacido levantándole las nalgas con la otra mano.

Susi sentía las manos de su tío magreándole las tetas y apretándole los pezones, mientras los dedos de su padre avanzaban en su coño. Bueno, allá vamos, pensó con algo de temor. Se sentía totalmente indefensa allí tumbada a merced de los dos hombres. El tío Toni le soltó las tetas y se levantó. Supuso que quería inmortalizar su primera vez en primer plano. Un resquemor de anticipación corrió por sus venas. Se sentía tan rico…

Roberto se paró un momento para tranquilizarse y le dijo con voz crispada:

- Estás chorreando como una putita. Te mueres por una polla, ¿eh? Y con las manos le agarró las dos nalgas y la levantó acercando la polla a la humedad de su coño. Frotó su capullo por toda su rajita y finalmente comenzó a empujar suavemente en su entrada hasta rozar su himen. Susi sintió como la polla engordaba más al penetrar su pliegues mojados. El tío Toni la había abandonado, debía de estar grabando.

- Ay, papá, espera, espera. Me duele, papá… ¡PAPÁ, MÁS DESPACIO!

Toni ignoró las súplicas de su hija y sin más preámbulos, con un fuerte empujón, se la metió de un golpe rompiendo su virgo y destrozándole las entrañas.

- ¡AAAAHHHH! Gritó como un animal herido y sus ojos desorbitados se llenaron de lágrimas.

- PAPÁ, NO. Me duele mucho. SÁCALA, SÁCALA. No me cabe. Vas a rebentarme por dentro. Y empezó a retorcerse inútilmente gimiendo con desconsuelo.

- Toni, deja la puta cámara y acércate a ayudarla – bramó su padre inmovilizado en su interior mientras resistía el impulso de empujar y clavársela hasta el fondo. Pobrecita. Debía tener un himen duro como un esparto porque hasta su polla se había lastimado al reventárselo. Seguro que le dolía a rabiar pero tendría que acostumbrarse al dolor si quería follárselos a los dos.

Toni soltó la cámara grabando una última toma de su carita acongojada. Arrodillado a un lado de la cama, comenzó a acariciarle la cabeza con ternura, para luego prenderse de sus pezones y apretarlos entre el índice y el pulgar.

- Ya está nena, ya no hay más barreras. Sé que te duele, pero sólo te la he metido hasta la mitad. Y sin más treguas comenzó a empujarse suavemente en su interior introduciéndose cada vez un poco más.

Roberto tenía la polla como una barra de acero, nunca la había notado así de enorme y gruesa. Estaba tan excitado que hasta le dolía un poco: sólo podía pensar en calmar ese dolor en las entrañas de su niñita. Rotó sus caderas lentamente, sus ojos brillaban lujuriosos mientras miraba como su polla dura e inmensa se instalaba en su chochito caliente y diminuto. Era una fantasía hecha realidad, verla a su merced, indefensa, tan blanca e infantil alojando entre sus pequeñas piernas su polla gorda y morena.

- El dolor pasará en seguida – siseó – Ya te acostumbrarás.

Ella seguía gimiendo como un cordero. Roberto mantenía los dientes apretados mientras experimentaba la exquisita sensación de su apretado y recién quebrado coñito. Mierda, era tan apretada. Deseó que este momento se prolongase para siempre.

- ¿Te sigue doliendo? – preguntó Roberto con voz ronca y continuó moviéndose lentamente en su interior. Podía oír como su coño lo succionaba hacia dentro, consiguiendo que se pusiese aún más duro. - ¿A nuestro coñito ya le gusta que lo folle una polla tan grande?

Susi no podía soportarlo iba a partirla en dos. Sentía como esa vara inmensa avanzaba más y más en su interior sin que ella pudiese hacer nada por impedirlo. Gruesos lagrimones se deslizaban por sus mejillas mientras su padre se preparaba para embestirla de verdad.

Y lo hizo. De un solo golpe se la clavó hasta el fondo dejándola sin respiración. – ¡AAAAAHH! La empaló por completo hasta que sintió como su pubis tocaba el suyo y como las gruesas bolas de su padre la golpeaban con cada violento empujón. Intentó apartarlo con las manos, pero el tío Toni abandonó durante un momento sus pechos para sujetárselas por encima de la cabeza.

- NOOO, PAPÁ, NO. Para, por favor. Me duele mucho.

Su padre estaba completamente desbocado. Agarrándola con fuerza por las nalgas y apoyado en las rodillas, empujaba descontroladamente dentro de ella sin preocuparse de nada más; un río de sudor corría por su cara, crispada con una mueca de concentración. Susi empezó a relajarse un poco al notar como el dolor empezaba a remitir. Una sensación diferente empezó a alzarse en su interior, mientras ese miembro vivo y caliente que la taladraba se volvía más duro y más duro… Y luego… se quedó quieto un segundo y… explotó.

Susi contempló la cara de feroz satisfación de su padre mientras eyaculaba rellenándola con chorros y chorros de su semen.

- Me encanta estar dentro de ti, cielo. ¡Eres tan estrechita! —susurró su padre con voz ronca – No puedo apartar las manos de ti – y la besó con fervor.

Susi ya no sintió más dolor, sólo una pequeña decepción porque ese algo que se había empezado a construir en su interior había desaparecido. La polla de su padre seguía coleteando debilmente con pequeños espasmos y por fin se derrumbó encima de ella aplastándola con su peso. Se quedó quieto y ella también, sin saber qué decir.

- Oh, papá. Me has hecho mucho daño y ahora estás aplastándome – dijo gimoteando.

Cuando salió de ella, sintió un vacío repentino, pero no tuvo tiempo para lamentarlo porque enseguida sintió como otras manos la tocaban y otro cuerpo la aplastaba contra el colchón. ¡El tío Toni! Casi se había olvidado de él.

- Rodéame con las piernas – ordenó bruscamente, al tiempo que le metía esa polla gordísima sin titubeos volviendo a lastimarla. Susi gimió de dolor pero obedeció inmediatamente, apretándolo con fuerza. Su tío dirigió la boca sin dilación a sus pechos y comenzó a chupárselos. Dio largas y profundas succiones, mamando con fuerza.

Susi lo abrazaba con fuerza con sus muslos temblorosos, todo el cuerpo se le estremecía. Él chupó fuerte, con la lengua frotó el pezón duro como una perla antes de morderlo ligeramente haciéndola gritar. Empujaba dentro de ella, duro como una piedra, pero, ¿que iba a hacer ella con esa polla durísima si casi no podía ni moverse? La llenaba por completo, con una invasión total.

- Muy bien, mi amor. Ya te has adaptado a mí, ¿lo ves? Estás tan mojada por la corrida de tu padre que ahora puedo deslizarme dentro y fuera, sin problemas. – Mientras hablaba, se movía dentro de ella con acometidas firmes y largas. Lo único que pudo hacer fue abrirse aún más para él y cuando la velocidad y la profundidad de los golpes aumentaron, agarrarlo fuerte por los hombros para afianzarse. Y todo empezó otra vez, esta vez era Toni el que estaba al límite, crispado y enloquecido, hasta que se corrió y se corrió con un gran rugido de satisfacción. No sabía de donde sacaban tanto semen… Y otra vez fue demasiado rápido para Susi. Pero no tuvo tiempo de lamentarse porque enseguida sintió como la polla de su tío la abandonaba resbalando semi-rígida por su interior. Susi abrió los ojos y…

- De rodillas – ordenó su padre. Y entre los dos la giraron como a una muñeca de trapo y la pusieron boca abajo sobre el colchón. Roberto la colocó a cuatro patas delante de él para tener un mejor acceso a su trasero.

Susi se estremeció de miedo. ¿Iba a follarla el culo? Esa era una de sus fantasías más atrevidas pero era sólo eso… una fantasía.

Roberto agarró sus caderas con fuerza y con los pulgares, abrió sus nalgas. Susi sintió como un aire fresco bañaba su culo y su coño. Recorrió el surco entre sus nalgas con un dedo, parándose en las entrada de atrás y metiéndole un dedo.

Ella se tensó. No, no podía ser… no tan pronto… Si aún le dolía todo el cuerpo…

Su padre se rió adivinando sus pensamientos.

- No, mi vida, todavía no. Pero pronto, muy pronto… Y comenzó a frotarle el coño con una mano.

Susi se estremeció con esta caricia y ante la idea de su padre penetrándole el ano. ¿Sería como en sus fantasías? ¿O sería tan doloroso como antes? Ya no se fiaba de nada.

- Levanta bien el culo que te la quiero meter hasta los cojones – dijo su padre acompañando sus palabras con un azote.

Susana se esforzó por obederlo mojándose cada vez más y más. Bajó el pecho hasta rozar el colchón y levantó el culo todo lo que pudo para ofrecérselo a su padre. Toni estaba arrodillado a su lado acariciándole la espalda, la cabeza, los labios…

Susi comenzó a balancear las caderas para seguir el movimiento de esos dedos que hurgaban en su coño. Un nuevo azote mandó un escalofrío de placer-dolor hasta su cerebro.

- Ya estás chorreando de nuevo como una zorra. Está claro que contigo sólo funciona la mano dura. Y volvió a azotar su culo con fuerza.

–Te gusta, ¿verdad? …  He dicho si te gusta, contéstame cuando te pregunto. Y volvió a azotar su culo dolorido esta vez más fuerte retirando la mano de su coño.

- SIIIII, SIIII, PAPAÍTO. Pégame si quieres, no me importa. Pero por lo que más quieras… NO PARES.

- Esa es mi niña, mi zorrita – dijo Roberto con satisfacción.

Deslizó sus rodillas entre las de Susi, se las abrió y, de un golpe, se coló en su interior. La penetró tan fuerte que casi la arranca de encima de las rodillas.

- ¡AAAAGGGGG!  PAPAAAÁ, estás lastimándome otra vez – gimió Susi con voz infantil.

- Calla la boca. Te dije que aquí soy yo el que manda – contestó su padre, mientras su mano caía de nuevo con fuerza sobre una de sus nalgas disimulando el dolor en sus entrañas.

Comenzó a empujar un poco para que se adaptase y enseguida se la clavó otra vez entera muy duro. Rotó las caderas probando hasta donde podía acogerle.

- Ahora tienes que complacerme y correrte para mi – dijo con voz autoritaria.

Inclinándose hacia delante movió una mano introduciéndola en sus pliegues, tocándola allí donde estaban profundamente unidos, siguió hasta arriba hasta que encontró su clítoris y la acarició con suavidad.

Susi sintió una descarga como un rayo. Se puso rígida y gimió.

- Así nena – susurró él – Es tan delicioso estar dentro de ti. Sí, córrete -  Aunque tenía los dedos ásperos, sus caricias eran delicadas, no así los empellones que casi la levantaban de la cama.

Susi alzó la cabeza y arqueó la espalda concentrándose en el placer que venía. Dejó de respirar, de ver, de ser… toda ella estaba pendiente de esa sensación maravillosa… Y de repente… sucedió. Empezó como un revoloteo, creciendo ardiente, y luego explotó como una bola de fuego en su interior. Ahora sí que no podía respirar, ni moverse, ni… Susi se quedó inmóvil y gritó, palpitando por el intenso placer, casi doloroso. Siguió sin parar: un orgasmo duro y tenso que le llenó los ojos de lágrimas. Después de lo que parecieron horas, él mordisqueó su oreja y sintió como Toni volvía rozar sus pechos doloridos con una mano. Su padre todavía seguía profundamente enterrado en su interior, duro como una piedra, esperando que ella se tranquilizase. Susi apoyó la frente en el colchón tratando de recuperar el aliento.

Por fin pudo girar el cuello para mirarlo y se quedó helada al ver su expresión despiadada.

—Prepárate, putita, porque voy a follarte duro. Agárrate bien a la cama —La voz profunda sonaba estrangulada, casi irreconocible. No había ni rastro de la voz cariñosa de su padre.

Ella lo observó y sólo encontró lujuria en su cara. Se sintió tan vulnerable, tan completamente expuesta, agachada allí con el culo en aire. Con las rodillas aún la abrió más, y con las manos le apretó las caderas aún más fuerte. Sentía los rizos ásperos de sus piernas en el interior de los muslos. Así colocada no podía hacer nada, estaba total y completamente a su merced.

Cerró los ojos y enterró la cabeza en el colchón. Subió las manos y apretó los dedos contra los barrotes de la cabecera de la cama. Fue una señal de sumisión y así la interpretaron ellos.

Toni reaccionó colocándose arrodillado delante de ella. Susi contempló su enorme miembro goteando a unos centímetros de su cara. Sabía lo que quería, así que, obediente, abrió la boca como un pajarito y él la llenó con su polla.

Y entonces, sintió como su padre empezaba a moverse, de repente y con furia, bombeando duro y rápido. Empujaba dentro de ella sin piedad, sin parar, usando toda la fuerza del cuerpo, con un ritmo constante y feroz. Sus enormes tetas se balanceaban violentamente al ritmo de los golpes con que la penetraba. La cama empezó a rechinar tanto con los empellones que pensó que iba a venirse abajo.

- Ahora sí te gusta, ¿eh, nena? – bramó Roberto fuera de control.

Susi asintió incapaz de hablar con la polla de su tío llenando impaciente su boca.

- Entonces, ¿quieres más? – insistió Roberto azotando su culo.

Toni se deslizó fuera un momento y Susi aprovechó para gritar… SIIIIII!!!

Su tío empujó su cabeza hacia atrás, enroscó su pelo con una mano y… volvió a introducir toda la polla en su boca, deslizándose garganta abajo. Sus bolas rozaban su barbilla. Se mantuvo quieto un momento, llenando completamente su boca, y, enseguida empezó a bombear con fuerza de nuevo.

Sentía que su tío estaba cerca del orgasmo… y ella también, podía notarlo… Su padre empujando como un loco contra su culo y Toni enterrado hasta el fondo en su boca… No sabía cuánto iba a poder resistir.

Se estremeció cuando Toni la agarró con firmeza del cuello.

- Oh, Dios, nena, me voy a correr, prepárate.

Los sonidos húmedos de ella chupando, llenaron el dormitorio y él agarró su polla en la mano y empujó aún más profundo. Un líquido caliente llenó su boca, sintió los chorros de esperma primero contra su garganta y luego derramándose por su barbilla. Tragó tan rápido como podía, pero él seguía y seguía corriéndose, manteniéndola agarrada con fuerza por la nuca.

En ese momento, sintió como una onda de placer se extendía sin límites por su cuerpo. Intentó gritar pero sólo emitió unos gemidos ahogados por la polla de Toni que seguía vaciándose en su garganta. Susi llegó al clímax tantas veces que perdió el norte.

Toni, lentamente, dejó su cabeza hasta que ella se volvió a acostar en el colchón. Susi abrió los ojos para verlo mirándola, había deseo y aprobación en sus ojos. Bajó la mano para acariciar sus pechos, frotando sus tensos pezones.

Susi no tenía ya fuerzas para nada, sus manos soltaron los barrotes y entonces notó como su padre se hinchaba, se ponía aún más duro y con un grito explotaba dentro de ella. Las manos ásperas sujetándole con fuerza las caderas mientras gemía como un toro enbravecido.

No supo cuánto duró: una hora, dos, toda la noche. Este orgasmo interminable, se confundió con los muchos otros que siguieron. Su padre… Toni… los dos... Sus pollas chapoteando en su coño, sus bocas arrasando sus pechos, sus manos apretando sus nalgas o tocando su cara para que se tranquilizase… Pasándosela de uno a otro como un juguete, ¡su juguete! La garganta le escocía por los gritos y jadeos. Los pezones le escocían por el roce de las sábanas y el trato duro al que habían sido sometidos. El culo le dolía otra vez por los nuevos azotes que le habían dado para que hiciese lo que le ordenaban. Lo único que la mantenía era el cuerpo firme de su padre (o de Toni) montándola con fuerza y obligándola a recibir una ración más de su leche.

Susi sentía como si una inmensa marea la hubiese inundado por dentro arrasando todas sus playas.  El olor inconfundible de sexo inundaba la habitación.

- Caray, - murmuró medio inconsciente y al abrir los ojos vio como su padre y su tío la miraban orgullosos. El tio Toni la incorporó y la obligó a ponerse de pie al lado de la cama. Susi observó confundida el charco de leche que se formaba a sus pies. Todo ese semen salía de su vagina, escurriéndose por sus piernas.  Verdaderamente, se habían vaciado a gusto dentro de ella.

- Venga, cariño, levántate que Toni tiene que cambiar las sábanas – oyó la voz complacida de su padre que había corrido a su lado pues casi no se sostenía.

– Además, has sangrado un poco y tenemos que lavarte, no te preocupes, mi vida.

La cogió en brazos y se dirigió al baño.



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