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Ashley Madison - Ten una aventura. Infidelidad
Fecha: 02-Abr-11 « Anterior | Siguiente » en Hetero: Infidelidad

¡mi jefe me tenia ganas y me cogio!

luisa
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Desde que llego a ocupar el puesto de mi antiguo jefe, carlos el nuevo jefe, me deseo y se le veia la lujuria Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
Ashley Madison - Ten una aventura. Infidelidad.

Brevemente comenzaré con dar una descripción de quien y como soy, me llamo Luisa, tengo 23 años de muy buena figura por el ejercicio que hago todos los días, tengo bonitas piernas y dice mi marido (y otros), que soy muy sensual, mido 1:65, peso 50 kilos, mis medidas son 90-55-92, tengo una cintura breve, largas piernas y caderas duras, firmes y redondas sin chaparreras.

De hecho, me gusta utilizar trajes sastre de dos piezas, con sacos cortos y minifaldas muy breves y ajustadas, lo que resalta mis nalgas, caderas, cintura y mis piernas se ven espectaculares, no uso medias, me gusta sentir el aire colándoseme entre las piernas totalmente depiladas, carnosas torneadas, largas y duras como troncos, siempre uso tangas para que se me marquen mis nalgas redonditas jugosas y apetecibles o como me han dicho “mordisqueables”, el bello de mi pubis lo recorto cotidianamente, por lo que parece una alfombrita, además me depilo las aéreas del bikini o tanga, para que no se salgan los pelitos, tengo buen busto paradito y como no uso sujetador, normalmente por el rose de la blusa, siempre anda como dicen con las luces encendidas, es decir, los pezones siempre están erguidos y mirando al cielo, esto me hace feliz, porque además de que gozo de las miradas deseosas de mis compañeros de oficina, en lo personal el sentir la seda o licra en mis tetas me excita muchísimo.

Bueno pues resulta que trabajo en una oficina del gobierno federal en México en donde mi labor es la de hacer los reportes de avances de trabajo que se presentan cada mes, hace un año aproximadamente, nos cambiaron de jefe, el nuevo de nombre Carlos, es un tipo mayor que yo de 40 años, buen tipo, divorciado, inteligente y de una personalidad impactante, desde que llegó cuando nos lo presentaron, me sentí ruborizada, pues su mirada penetrante clavada en mis ojos y en mis piernas me dejó perpleja, sin embargo, cuando se lo comente a Ana, mi compañera de trabajo, me comentó que sintió lo mismo.

Pasaron los primeros días y el trato era de tipo profesional, sin halagos o insinuaciones, lo que me inquietó, pues en el edificio más de uno se me insinúan constantemente y me quieren coger, a sabiendas de que soy casada, bueno eso no impide que sea coqueta, me encanta ver la baba de mis compañeros cuando camino por las oficinas contoneándome, pero hasta ahí nada más, cierto es que hay un tipo (Enrique) que si me gusta, también está casado, de repente salimos a tomar un café a un Samborn’s, que nos queda muy cerca del trabajo,(es un restaurante de una cadena grande de cafeterías) comentamos nuestras propias historias, veo su deseo por estar conmigo, acaso un besito y una caricia furtiva, pero nada más, total que dije bueno, el jefe se va dedicar a su trabajo y ya.

Sin embargo, un día me pidió que me quedara un poco más tarde de lo usual, porque había unos datos que no cuadraban, al terminar, se ofreció a llevarme a mi casa, yo acepté, pero no pasó nada, esa situación y su falta de interés en mi, de plano me desconcertó. Pero después de una semana, me dijo que tenía que ir a visitar a una de las delegaciones que tenemos en la ciudad de México y que necesitaba que lo acompañara para tomar datos, así que pasaría por mi a una estación del metro, para no perder tiempo y dirigirnos a dicha delegación me ordenó, a lo cual acepte.

Al día siguiente en la mañana, (7:30) efectivamente cuando yo salí de la estación del metro chabacano, él estaba esperándome, me subí a su coche y me dijo.

-Como que es muy temprano para llegar a la delegación, ¿Qué le parece si antes desayunamos?

Yo solo atine a asentir con la cabeza

Se enfiló sobre la Calzada de Tlalpan hacia el sur de la ciudad y entramos al hotel Holy Day Inn, le entregó las llaves del auto al valet parquin, y nos dirigimos al restaurante del hotel, desayunamos un buen bufet, y cosa rara, como ya dije normalmente no uso sujetador, pero esa vez si llevaba uno blanco de satín, lo que se traslucía en mi blusa, ene se momento me dijo:

-Qué bonito brasier tiene, me dejaría verlo completo.

Sin meditar nada le contesté:

-Sí,si usted quiere

-Por supuesto

Acto seguido, ordenó la cuenta, pagó y nos dirigimos al elevador, me dijo:

-Espéreme aquí, voy por una habitación

Yo solo asentí con la cabeza

El regresó y me dijo:

-Listo ya está

Ingresamos a la habitación, me dijo:

-Ponte cómoda

Era la primera vez que me tuteaba, sin atinar a hacer nada, él tomo la iniciativa, se me acercó y lentamente me tomo de la cabeza, me empezó a besar el cuello, el cabello, la frente hasta llegar a mi boca, besos que yo no rechacé, me desabrochó la blusa y la deslizó hasta quitármela toda, se retiró un momento para admirar mis senos y me despojó del sujetador, quedando al descubierto esas dos aureolas rosadas y erguidas como retando a ser chupadas, lo que hizo de inmediato y mientras me succionaba las tetas, sus manos recorrían mis nalgas y mis piernas, mientras alternaba una succionada con un beso en la boca, luego me deslizó el zíper de mi faldita, con gran habilidad me la quitó hasta quedar enfundada en una tanguita blanca que sin más, me la arrancó, en pocos minutos estaba sólo con las zapatillas, de inmediato se desnudó con gran rapidez y la experiencia de quien lo hace a menudo, me arrojó sobre la cama y me recorrió con su lengua todo mi cuerpo, yo estaba al mil, estaba tan caliente, que cuando tocó mi rajita ya la empezó a lamer, yo le suplique que no lo hiciera,(mi marido lo ha intentado, pero es muy tosco y torpe, por eso no quería), pero mis suplicas se hicieron un grito de satisfacción y orgasmo contenido, pues me lamía el clítoris con gran experiencia, ¡dios que ricura! Lo que es no tener un amante experto me dije.

Carlos, continuó besándome, manoseándome, acariciándome, mamándome a su antojo y a mi delicia y delirio, de tal forma que en menos de una hora de faje y cachondeo me había venido tres veces, ¡Sí! Tuve tres orgasmos sin que me metiera esa verga de buen tamaño, no tan grande como la de mi marido ni tan gruesa, hasta que por fin me dijo:

-Mi diosa, voy a entrar en mi templo, relájate y disfrútalo

Mi templo, que hermosa forma de llamarle a mi vagina, en ese momento yo ya deliraba con la idea de ser penetrada y poco a poco pero con gran maestría me introdujo toda su verga hasta llenarme toda, la verdad es que nunca con mi marido he sido tan feliz en el coito, me bombeaba y me bombeaba a su antojo y yo gemía de delicia y deseo de ser eternamente penetrada así, como nunca antes lo había hecho, ¡Dios cómo lo disfrute!

Yo tuve al menos otro par de orgasmos y él en pleno control, me dije este si es un hombre y no pendejadas, me cogía tan sabroso que le pedía que continuara y no acabara, a lo que me contestó:

-Mi diosa, apenas estoy comenzando, te dije que te relajaras hoy et van a coger como nunca lo habías imaginado.

Perfecto, pensé, este cabrón me va a dejar bien cogida, mientras me lo metía, podía oler su exquisito aroma, me succionaba los pechos y me decía:

-Putita te encanta la verga, eres muy sabrosa, con razón tos te quieren penetrar si estas de antojo, pero sólo yo te la voy a meter.

Al oír todo lo que me decía, yo solo asentía, gritaba de gusto, gemía como una puta que se la cogen por primera vez y me excitaba aún más sus palabras su faje y el deseo que despertaba en él.

Después de un rato, me dijo:

-Mi Reyna,  voltéate de espaldas.

Sin más ni más me puso en cuatro y me empezó a perrear, me lo metía por la vagina, al tiempo que me seguía diciendo de cosas vulgares pero excitantes y cachondas, me agarró del cabello y cual si fuera un jinete y yo su yegua, me montó y me cogió hasta que me vine otras dos veces, ¡Increíble me dije!

La verdad es que tanta cogida me tenía exhausta y para entonces el ya se había venido en mi, sin utilizar condón, pero no me importó, realmente lo disfrutaba y no me importaba el futuro, el seguía limando y mamando mis tetas, a lo que me despertó el deseo de mamar ese pene erecto y agradecerle la cogida que me había dado, por lo que empecé a besarlo y a chuparlo torpemente, como a mi marido le gusta, hasta que me dijo:

-Diosa, lo que tienes que hacer es lamerlo poco a poco, chupar de abajo hacia arriba, lamer los huevos y después introducirlo a tu boca, succionando poco a poco y con las manos, controlas la introducción en tus labios y apretándolo, controlas la eyaculación.

¡Qué barbaridad, es todo un experto, no cabe duda! Nunca había aprendido a mamar bien una verga, solo la chupa y ya, pero Carlos me enseñó a disfrutar la mamada y controlar su penetración en mi boca, para no sentirme asfixiada  y hasta con asco.

Cuando estaba a punto de venirse, la saco de mi verga, ¿Porqué imploré, si yo estaba enloquecida con ese pedazo de carne palpitante en mi boca, pero me dijo:

-Calma te voy a penetrar:

Me puso en cuatro y me empezó a coger deliciosamente, de repente sentí como me agarraba las nalgas y me introducía un dedo en el ano, luego dos y finalmente, poco a poco, saco su verga de mi rajita y me dijo:

-Con calma, te va a doler un poquito, pero te juro que te va a gustar.

No supe que decir, mi marido siempre quiso metérmela por el culo, pero nunca lo dejé, pero la forma de proponérmelo de Carlos, me aventuré en experimentar, poco a poco me fue introduciendo la cabeza, después en poco más y luego de un solo impulso, me metió todo el pene en mi ano, al mismo tiempo que no dejaba de acariciar mi clítoris, la sensación de dolor y gusto fue tan grande, que me volvió loca y nuevamente tuve dos orgasmos seguidos, ¡Dios me quiero morir, pero así bien cogida!

Carlos terminó, me envolvió en un abrazo, nos besamos mucho tiempo, se le volvió a parar y recostados en la cama, me cogió por mi rajita pero de espaldas que rico, los dos nos venimos al mismo tiempo.

Después nos bañamos, nos vestimos nos dimos un largo y rico beso y desde entonces soy su amante, luego les cuento lo que ha seguido pasando, cuando mi marido experimenta todo lo que me enseño Carlos.


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© luisa

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