ANTES DE EMPEZAR: Este relato contiene términos y situaciones
de sexo explícito. Si puede resultarte ofensivo o eres menor de edad, deja de
leerlo. Cualquier comentario, bueno o malo (por favor solo comentarios acerca
del relato) serán bien recibidos en mi dirección de correo electrónico. Y creo
que nada más... Ah, sí, la dirección de correo:
laurita18@iespana.es.
Espero que disfrutes con la lectura. Aguardo tus comentarios.
Este relato es una continuación, la primera parte la puedes
encontrar aquí:
http://www.todorelatos.com/relato.php?id=5602
Y la segunda aquí:
http://www.todorelatos.com/relato.php?id=5977
- Está bien, allá va - Álex carraspea y sonríe nerviosamente
-. No sé por dónde empezar...
- Pues por el principio chica, por el principio.
- Ay, lástima que no quede ni un poco de costo.
- Queréis callaros, ostia! Venga Álex.
- Bueno, él se llama Raúl, fue uno de los primeros que me
presentó Sonia - La miró y volvió a sonreír -. Es más bajo que yo, con el pelo
moreno cortito y los ojos azules. En principio no le presté mucha atención, pero
en un rato que Sonia me abandonó y me acerqué a la barra nos volvimos a
encontrar y empezamos a entablar conversación.
- Cuando yo volví, que por cierto le traía un chico que
estaba buenísimo: fuertote, guapo, la mar de simpático... En fin, que cuando la
vi en una conversación tan distendida con aquel chico pues decidí dejarles
hacer.
- Raúl estuvo hablando conmigo un montón de rato y en ningún
momento me dio muestras de buscar algo más, lo cual me gustó mucho.
- Sí, menos mal que la cogí por banda en un momento que se
separaron. Que si no la chica sigue virgen a día de hoy!
- A ver, a ver que me entere de que estáis hablando. Álex era
virgen hasta esta noche? - Preguntó sorprendido Alberto.
- Ajá - Contestó Sonia al tiempo que Álex asentía
avergonzada.
- Dios mío... Me lo podríais haber dicho antes! Yo, la verdad
es que nunca he estado con ninguna virgen. Pero tiene su morbillo, eh? No
tendréis alguna amiguita más que quiera dejar de ser virgen, verdad?
- Al, no tientes a la suerte, que todavía acabas de patitas
en la calle - Le comenté.
- Vale, vale, sólo era una broma.
- Bueno, la verdad es que si Sonia no me hubiera atosigado
tanto, no habríamos hecho nada. Pero en un momento me separó de él y me dijo un
par de cosas antes de darme las llaves del coche.
- Sí, bueno, la verdad es que lo está aligerando mucho. Pero
creedme si os digo que estuvo cerca de media hora hablando con aquel chico. Ni
un morreo, ni un toqueteo, nada de nada. Tuve que ponerle un poco las pilas,
porque si no ya os digo, aún estaría igual.
- La verdad es que por un lado quería hacerlo, pero por el
otro no. He tenido varios novios y ninguno me ha visto desnuda y lo máximo que
han hecho ha sido tocarme las tetas. Además estaba muy a gusto con él, y no me
estaba metiendo prisa para nada. Algo, a parte de Sonia, me impulsaba a cometer
una locura, sin embargo, no quería parecer una... una... chica demasiado
lanzada.
- Dilo Álex, dilo. No te cortes. Una guarra! - Sandra y su
delicadeza natural -. Pero mira, una cosa te voy a decir, yo lo he hecho mucha
veces, y luego adiós y si te he visto no me acuerdo. Exactamente lo mismo que
ellos buscan. Libera un montón y... bueno, tú ya lo has hecho. Verás como no es
la última vez.
- Bueno, yo como hombre que soy, no os voy a engañar. Nuestro
sueño es ese, que una tía buenísima, tal y como todas vosotras - Le miramos
furiosas -, se enrolle con nosotros hasta el final con todas las consecuencias y
luego no tener que dar explicaciones, teléfonos ni nada. Sin embargo, como esto
en la práctica no suele ocurrir, cualquier cosa que conseguimos llevarnos a la
cama, lo atamos bien atado si puede ser.
- Vaya, eso es lo que haces con los peluches...
- Jajajaja.
- No, eso es lo que haría contigo, Sandrita - Y le guiñó un
ojo.
- Bueno, pues eso, no quería parecer eso. Pero Sonia me dijo
que el chico sólo estaba dando más rodeos de los necesarios, quizá por timidez,
pero que buscaba lo mismo que todos. Todas sus charlas durante el día hicieron
que con sólo un par de frases me convenciera para que me enrollara con él, y si
no me gustaba, pues que lo dejara.
- Eso mismo, tampoco era cuestión de forzar e irse a follar
con el primero que apareciera. Le di un par de consejillos para que la cosa no
fuera mal, un par de condones y las llaves del coche.
- Cuando me puso las llaves en la mano, yo estaba temblando
entera. Estaba muy nerviosa. Siguiendo uno de los consejos que Sonia acababa de
darme, me dirigí a la barra, donde me esperaba Raúl. Di un trago largo a la
copa, reteniendo parte del contenido en la boca, y le di un beso con lengua
pasándole el vodka y mi saliva. Inicialmente se asustó, y un poco de vodka
resbaló por su barbilla, pero al final seguimos así durante un rato.
- A mí me entró la risa cuando vi la cara de espanto del
chaval. Jaja, no me había dado cuenta, pero al final iba a resultar que ninguno
de los dos tenía experiencia. Fíjate qué cosas tiene la vida! Se estuvieron
enrollando como unos 15 minutos. Él prácticamente no sabía dónde poner las
manos. La verdad es que Álex me estaba sorprendiendo, pues mostraba un
desparpajo fuera de lo habitual. Se desenvolvió muy bien en ese terreno.
- Bueno, ya os lo he dicho, soy, bueno, era virgen pero ya
tenía algo de experiencia.
- Y qué tal besaba? - Indagó Sandra.
- Sinceramente, me parece que él estaba más nervioso que yo.
Yo, al ratito, ya me había ido tranquilizando, en parte porque me había olvidado
del tema del coche. Estaba disfrutando, y aunque me tocaba un poco con miedo, me
estaba excitando cómo palpaba mi culo y a veces intentaba acariciarme las tetas.
Fue cuando hicimos otra pausa y el sugirió tomar otra copa, cuando miré en el
bolso y vi las llaves.
- Cuando se separaron, él prácticamente huía de ella,
dirigiéndose a la barra. Pero Álex lo paró y le dijo algo al oído.
- Le comenté que tenía algo mejor para él. Me miró sin
entender nada, pero le cogí del brazo y le guié fuera de la discoteca.
- Si antes me había reído, ahora me estaba partiendo el culo.
Lo llevaba a rastras. Él no sabía si sentirse orgulloso, o con miedo a que le
fuera a rajar en el aparcamiento.
- Jajaja, seguro que parecía una ninfómana arrastrando a su
presa - Comentó Sandra.
- Pues poco más alejado de la realidad. Porque a ella se le
notaba la excitación clarísimamente, aunque también estuviera nerviosa.
- Y tanto que lo estaba! Tropecé varias veces hasta que
comenzó a seguirme voluntariamente. El corazón me golpeaba insistentemente. No
sabía cómo era posible que estuviera siendo tan lanzada, tan... guarra.
- Eso es!! - Exclamó Sandra - El primer paso es admitirlo,
jajaja.
- Y yo no volví a verlos hasta una hora después. Ahora ya
estaba todo en las manos de Álex.
Hicimos una pausa para que Sandra y Sonia pasaran al
servicio, alternadamente por supuesto, y mientras Alberto rellenaba su vaso una
vez más. Aún no entiendo por qué estábamos hablando de aquello con él delante.
Las chicas no lo conocían, y me extrañaba que Álex fuera capaz de contar algo
así delante de él. La verdad es que parecía inofensivo, a excepción de los
comentarios que hacía, teóricamente en broma, pero que yo sabía que iba a matar.
Estaba tanteando el terreno, y Sandra le estaba dando buenas vibraciones. Me
fijé en Álex. Estaba distinta. La ayuda de Sonia en el relato ocupando la
posición de narradora cuando Álex se detenía estaba haciéndola hablar de forma
natural. Se habían hecho muy amigas y la confianza entre ambas era evidente. Por
otro lado, la experiencia también parecía haberla cambiado. Cuando estuvimos de
nuevo todos listos, Álex prosiguió con su narración:
- Bien... continúo: yo, como ya he dicho, estaba muy
nerviosa, sin embargo la excitación también era evidente. Mi corazón latía
desbocado. Cuando llegamos al coche, no acertaba a introducir la llave y
abrirlo. Raúl se acercó y me ayudó a controlar los nervios, si bien pude notar
que él también estaba nervioso.
- Seguro que era una estampa graciosa.
- Sandra, no la interrumpas.
- Bueno, el caso es que estuvimos un par de segundos los dos
de pie, con las manos juntas. Yo ya no tenía ninguna duda al respecto de lo que
iba a hacer. Finalmente, abrí la puerta y entramos en el coche - Álex paró de
hablar.
- Y? - Alberto no pudo contenerse.
- Y ya está... es decir, estuvimos un rato sin hacer nada, en
un momento de complicidad. Pocos minutos después, empecé a besarle y me siguió
el juego. Nos empezamos a tocar y al final... pues lo hicimos.
- Sí, sí, todo muy bonito, pero queremos detalles morbosos,
sexo salvaje, uaaaahhh, jajajaja - Dijo Sandra.
- Yo... No sé, eso es un poco...
- Venga, di... cuántas veces lo hicisteis? Qué posturas? Qué
modalidades? Venga, cuentaaa...
- Sandra, por favor, déjala en paz, no la agobies. Recuerda
que anoche no dijiste mucho más sobre tu primera vez. Ella ya ha cumplido -
Intervine -. Además, tú ya has tenido tú espectáculo esta noche, eh?
- Pues yo sé de alguien que se va a quedar disgustado - Dijo
mientras apoyaba una de sus manos en el muslo de Alberto -. Verdad, Al?
- No tendría por qué...
- Venga, Álex, da algún detallito - Añadió Sonia con voz
melosa -. Sandra tiene razón.
- Bueno... Él me estuvo tocando el pecho... sin el
sujetador...
- Uhhmmm, esto se pone interesante. Sigue, sigue.
- A veces yo le rozaba el paquete, y notaba que estaba muy
cachondo. Me estuvo besando los pechos y cuando no lo hacía, me morreaba y me
las acariciaba. Cuando los dos ya estábamos muy salidos, se la empecé a sobar
por encima, dándole algunos achuchones, entonces él se corrió.
- No jodas!! Jajajaja, pobrecillo! - Volvió a interrumpir
Sandra, que no podía estarse quieta ni callada.
- Sí...
- Bueno, y qué más, andaaa...
- Él se puso bastante nervioso, y estaba muy avergonzado,
pero al final, conseguí que siguiera besándome. Así que al rato me di cuenta de
que estaba ya preparado. Le di el condón y él se lo empezó a poner, aunque tuve
que ayudarle un poco.
- Jajaja, pues para ser su primera vez, se ha follado a todo
un bombón!
- Entonces, como yo ya estaba bien lubricada, me bajé los
pantalones y las bragas y me lo hizo allí.
- Y qué tal? Te dolió mucho cuando rompió?
- No, prácticamente nada. Los nervios ya se me habían
esfumado hacía rato. Lo disfruté hasta el último momento. Después de que me
corriera, estuvo un ratito más, un par de minutos, hasta que él también terminó.
- Vaya! Pues me alegro, Álex. Y ahora que tiemblen los
chicos, Álex anda suelta y con ganas de polla! Jajaja.
- Sandra, por dios!! - Exclamé. Cuando bebe se pone
insoportable... bueno, siempre es insoportable. Nunca se muerde la lengua.
- Y tú Sonia, eh??? Que se te nota que tú hoy también has
pillado, jejeje. Me parece que he sido la única que no se ha metido nada,
jajaja.
- Yo, una vez que los perdí de vista, eché un ojo a la pista
de baile y luego a la barra. Encontré al chico de antes que le iba a presentar a
Álex echándose unas risas con sus amigos. Visto así parecía algo más estúpido,
pero parecía un buen partido y me fui con él. Después de enrollarnos y tomarnos
algo, nos salimos al aparcamiento, y en uno de los múltiples rincones oscuros,
empezamos en serio. Aunque antes parecía un poco tonto, era muy hábil y no tardó
demasiado en bajarme los pantalones lo suficiente, y empezar a mover el culo.
Fue bastante rapidillo y no muy bueno, pero al menos un orgasmo sí que tuve.
- En una escala del 1 al 10?
- Un 4.
- Buah, pues si que se portó mal.
- Y tú Álex, del 1 al 10?
- Un 9.
- Venga ya! Bueno, ha sido el primero, pero ya verás como
llegan mucho mejores y este 9 acaba pareciéndote un 5 o menos.
- Sí... me dio su teléfono y a lo mejor le llamo para quedar
mañana, o el fin de semana que viene.
- Pero qué estás diciendo chica?!? Mira, en primer lugar,
tiene que ser él quien te llame, porque sino va a creer que te tiene dominada. Y
luego, si aún así quisieras volver a quedar... bueno, en fin, allá tú, pero yo
no lo haría.
- A mí me gustó, y me resultó muy majo.
- Sandra, tampoco le digas eso a la muchacha... - Intervino
Sonia - A lo mejor sí que es buen chaval, y si a ella le gusta, pues déjala!
- Ok, ok, que haga lo que quiera... Me callo.
Eran casi las 6 de la mañana. Yo tenía la esperanza de que
ahora que ya nos había contado Álex su historia, se marcharan ya a sus
respectivas casas, pero pasaban los minutos y seguían hablando, o discutiendo
más bien, y de allí no se movía nadie. Como estaba muy cansada y me moría de
sueño, les dije:
- Bueno, vosotros haced lo que queráis, pero yo me voy ya a
dormir. No arméis mucho escándalo.
- Necesitas que te cantemos una nana, cariño?? Jaja.
- No, necesito que te vayas a tomar por culo de mi casa,
Sandrita.
- Hasta mañana, simpatiquísima.
Mientras oía alguna bordería más de Sandra, me metí en mi
cuarto y caí redonda sobre la cama. Apenas 5 minutos fueron suficientes para que
me quedara dormida. Serían cerca de las seis y media cuando alguien me empujaba
el hombro. Me di la vuelta y vi a Álex.
- Qué sucede?
- No los oyes?
Escuché atentamente: percibí los jadeos apagados de un
hombre... Alberto. Una dulce voz de chica susurraba unos ánimos... Sonia.
Pequeños ruiditos húmedos acompañados cada cierto tiempo de gemidos... Sandra,
seguramente haciéndole a Alberto una mamada.
- Es lo que yo creo? - Álex asintió - No me lo puedo creer.
- Nadie sabe mejor que tú cómo es Sandra. Ha empezado a
ponerse cariñosa con Al y no ha parado. Y encima Sonia le está siguiendo el
juego.
- Y tú por qué no te has quedado?
- Estoy un poco irritada aún. Además, me daría un poco de
corte una situación así.
- Bueno, a mi me da igual lo que hagan... Sigo teniendo mucho
sueño.
- Vale. Puedo quedarme aquí?
- Sí, claro. Échate si quieres - Le dejé un hueco de la cama.
Aunque no era muy ancha, cabíamos las dos.
- Gracias.
No tardé en volver a coger el hilo al sueño, a pesar de los
ruidos sexuales que llegaban desde el salón, aun estando la puerta cerrada.
Estaba ya amodorrada y a punto de volver a dormirme cuando Álex susurró mi
nombre:
- Laura... - No contesté -. Laura... estás despierta? - Puso
su mano sobre mi hombro izquierdo.
- Uh? Sí... qué quieres? - Dije desperezándome. Álex retiró
su mano como un resorte.
- Te desperté?
- Casi... pero no, aún estaba despierta.
- Estos siguen a lo suyo - Se les oía claramente.
- Sí, jeje. Se lo tienen que estar pasando de puta madre.
- Sí...
- Por qué no te quedaste con ellos?
- Yo...
La notaba bastante nerviosa. Me di la vuelta y nos miramos
cara a cara. En sus ojos pude ver su timidez mientras retiraba su mirada de los
míos. Por un momento se me ocurrió una idea disparatada de por qué había venido
Álex a mi cuarto, pero la deseché en seguida. Estaba claro que había venido
porque no le agradaba la situación que se había empezado a fraguar en el salón.
Después de todo, tan sólo hacía unas horas que había perdido su virginidad. De
modo que decidí dejarlo estar.
- Ok, no te preocupes, lo entiendo - De pronto me miró a los
ojos. A pesar de la oscuridad pude distinguir una extraña llama en ellos.
- Entonces... no te importa?
- Claro que no, aunque no lo creas a mí también me ha pasado
a veces.
- En serio?
- Claro. Normalmente sólo se recuerdan las situaciones que
solemos dominar, y las que no, no las contamos casi nunca.
- En eso tienes razón... Sabes, el viernes me pasó algo que
no pude controlar, y sólo lo sabemos yo y otra persona - Me estaba perdiendo...
Ahora era yo la que no dominaba la situación, de qué estaba hablando? - Bueno...
lo de Sandra ya lo sabes, pero me refiero después.
- No entiendo nada, de qué me hablas?
- Tú y Sandra tardasteis mucho en despertar, y las chicas se
fueron relativamente pronto - Seguía sin entender nada -. Sonia y yo no tardamos
más de una hora en recogerlo todo, de modo que tuvimos mucho tiempo para
hablar...
- Bueno, tampoco es nada malo - Creía ver adonde quería
llegar, pero no quise desvelarlo todavía -. Hablasteis y...
- No me entiendes Laura, aunque yo más bien creo que no
quieres entender - Llegados a este punto yo ya sabía de qué iba el asunto.
- Explícate - Dije esto con la voz temblante, casi quebrada.
- Tú te has abierto a mí. Me has contado muchas cosas, has
hablado sin ataduras ni tapujos. Me has presentado a tus amigas y amigos, me
prestaste ropa el jueves... - Hizo una pausa -. Sabes qué? Nunca nadie me había
prestado ropa, ni siquiera mi hermana. Gracias a ti... me pasó lo de Sandra - Yo
seguía callada, expectante -, y te lo agradezco. Luego por la mañana... repetí
con Sonia.
- Cómo? - Abrí los ojos como platos, eso si que no me lo
esperaba.
- Sí... ninguna de las dos lo pudimos resistir. Yo estaba
ávida de cariño y bastante confusa, más aún después de lo de Sandra, y Sonia
estaba muy interesada en conocerme, en ser mi amiga. Un tema llevó al otro, y
cuando le conté lo de Sandra... bueno, al final acabamos liándonos también.
- Vaya, me dejas alucinada - Y realmente lo estaba.
- Luego además, me llevasteis a la discoteca, y Sonia no se
separó ni un momento de mí hasta que me fui con Raúl. Aunque tú no tuvieras nada
que ver directamente, indirectamente todo es gracias a ti. Por todo esto, quiero
hacer lo que voy a hacer - La llama de sus ojos refulgía aún más mientras se
acercaba a mí -, siento que debo hacerlo, en justo pago por tu amistad -
Nuestras caras estaban frente a frente, notaba su aliento. - Gracias, Laura - Y
me besó.
Fue un beso simple, coqueto, sin llegar a las lenguas en los
primeros veinte segundos. Representaba un sentimiento franco, de amistad, de
amor se podría decir; sinceridad, simpatía, cariño, ternura... A pesar de que me
lo estaba esperando desde hacía rato, la verdad es que me tomó bastante de
improviso, aun desarrollándose la escena tan lentamente. Con los labios
ligeramente abiertos, noté los suyos pegarse a mi boca. Tras este primer beso,
Álex se fue animando. Si por la mañana había sido Sandra la iniciadora, ahora
este papel lo representaba Álex; si bien es cierto que yo me mostraba mucho más
receptiva, fundamentalmente porque no era mi primera vez y no sentía ningún tipo
de rechazo hacia esta situación.
Esto pareció sorprender en parte a Álex, quien quizá se
esperaba algo más de recelo por mi parte, y no tan cálida recepción. De hecho,
fui yo la primera que hizo aparecer a nuestras lenguas en el juego. Durante
mucho tiempo estuvimos así, simplemente besándonos, intercambiando fluidos de
forma natural. Nuestras bocas eran grutas completamente inexploradas, y
estábamos llevando a cabo una exploración exhaustiva de cada rincón. Aun así,
era frecuente volver a lugares ya revisados, por si acaso había cambiado algo.
Sin ansia, pausadamente, transcurrían los minutos mientras jugábamos a
saborearnos. Acariciando su pelo con las manos, seguí besando toda su cara, su
barbilla, sus mejillas, su nariz, sus ojos, su frente, sus orejas... En este
inacabable juego no había vencedor ni vencidos, sólo ternura y amistad. Yo la
besaba, ella me besaba, y no había más.
Un cruce de miradas nos hizo detenernos, y así estuvimos
largo rato, sólo mirándonos, añorando el sabor de la otra. Álex hizo ademán de
decir algo, pero le puse un dedo en los labios, sellando su silencio. Dibujé el
contorno de sus labios con el dedo índice, y recorrí su barbilla. La volví a
besar en la boca. El tirante izquierdo de su vestido caía por su brazo, dejando
el hombro desnudo. Conociendo perfectamente el final de todo aquello, comencé a
besarlo. Álex había iniciado la contienda, pero de nuevo el mando estaba en mi
poder. Su más que apetecible cuello, que mostraba las evidencias de su relación
con Raúl, fue el siguiente paso. El tirante derecho también cayó. Era cuestión
de tiempo verla de nuevo desnuda, como la noche anterior cuando le presté mi
ropa. Miré su cara... sus bellos ojos estaban cerrados. Sin embargo esa llama
interior se dejaba notar en todo su cuerpo. Tan hermoso era el momento que el
vestido, de forma sutil acabó en su cintura. El no menos bonito sujetador de
encaje también perdió contacto con su piel. Sin embargo, y a pesar de tan lindos
pechos a mi antojo, no pude evitar volver a su dulce y cálida a boca a por más
de ella.
Llevábamos cerca de veinte minutos sin decir una sola
palabra, pero realmente no había nada que decir. La pasión desatada era lo
suficientemente locuaz como para que esto fuera así. Retomé mis indagaciones en
su pecho, donde pude sopesar, tocar, acariciar, besar, chupar todas las partes
de su anatomía pectoral. El tiempo llevaba media hora detenido. Fuera de mi
habitación Alberto, Sonia y Sandra dormitaban desmadejados, unos encima de otros
después del derroche de sexo que habían mantenido tan intensamente.
La lenta pero impetuosa relación que estábamos manteniendo
Álex y yo continuaba indefinidamente. Tras mi tratamiento a su región pectoral,
ella prodigó un masaje semejante a mis pechos. Con tan solo nuestros genitales
cubiertos por la pequeña ropa interior, en esos momentos éramos un ser único.
Nuestros cuerpos se encontraban tan juntos que pequeñas descargas eléctricas
azotaban nuestros cuerpos. En un mar de besos y caricias, no había lugar para el
sexo tosco tan desgraciadamente habitual. La extraña sensación del choque de sus
pechos con los míos era sencillamente brutal. Esto y otros detalles, hicieron
que la relación tan tierna y espiritual que manteníamos fuera tomando aspecto
más grave. Con las piernas entrecruzadas, el roce iba provocando aún más
excitación interior, llevándonos hacia situaciones inevitables. Pequeñas y
espontáneas caricias con las manos auguraban una espectacular sesión de sexo
llena de placer. Algún dedo apretando en determinados puntos, hurgando demasiado
en los laterales de las braguitas, rozando suavemente los labios. Cuando noté la
palma de la mano de Álex apoyarse en mi vulva todavía protegida por las bragas,
abrí los ojos y vi de nuevo esa llama en los suyos, ahora mucho más crecida.
Supe en ese momento que había vuelto a perder el control. Con toda la mano
apretándome, los dedos más largos acariciando mi ano, la palma rozando mi
clítoris y su lengua derritiéndose en mi boca, tuve el primero de una eterna
serie de placenteros orgasmos.
No contenta con ello, tras morderme el labio ligeramente,
bajó su boca a mi entrepierna. Ni siquiera previendo la situación y el final de
todo aquello pude resistir demasiado al repaso oral que dio Álex a mi agradecido
coño. Tomando el clítoris entre sus labios alternativamente a los lametones que
me prodigaba hizo que llegara a mi segundo orgasmo. Ya le debía dos. Tras unos
cuantos minutos con algunos descansos entre medias, descansos que no eran más
que vuelta a los besos, el resultado estaba claramente en mi contra. En su
posición dominante, apenas pude hacerle sentir un orgasmo, en parte muy ayudada
por su excitación de saberse con el control, contra los interminables e
innumerables que me había provocado ella a mí.
Estábamos en otro de estos pequeños descansos, yo
prácticamente hecha polvo, con el pelo enmarañado, completamente sudada, pero
muy muy relajada. Estábamos abrazadas, ella me acariciaba el pelo y yo le daba
pequeños besos y mordisquitos a su cuello.
- Laura...
- Dime.
- Creo que soy lesbiana.
- Por qué dices eso? - La miré a los ojos. La llama de antes
había desaparecido -. Por esto?
- Sí. Pero no es sólo esto. También lo de Sonia, y lo de
Sandra. Y las cosas que he sentido con vosotras no las sentí esta noche con
Raúl.
- No sé qué decirte. Es normal que estés confusa.
- Tú crees?
- Cuando he estado con Sandra, también he sentido cosas que
nunca había sentido con chicos. Sin embargo, me gustan también. Cada parte tiene
sus ventajas y sus desventajas.
- El problema es que no sé si me gustan los chicos, ahora que
he probado con vosotras... me parecéis fantásticas, no creo que ningún chico me
dé nunca el placer que me habéis dado.
- Mira, te gustó cuando estuviste esta noche con ese... err,
Raúl?
- Sí, pero no tanto.
- Entonces, chica, lo que te pasa es que no consigues aceptar
que te gusten los dos sexos. Mira, no se tiene por qué ser homosexual o
heterosexual. Hay más cosas.
- Ya lo sé, pero no acabo de verlo claro.
- Date tiempo. Supongo que han sido demasiadas emociones en
apenas dos días. De todas formas, recuerda que tan bueno es lo uno como lo otro.
Lo importante es que estés a gusto contigo misma.
- Te quiero, Laura.
- Vaya, ahora te vas a poner sentimental? Te voy a quitar las
ganas, ya verás...
Y dicho esto, aproveché que tenía un muslo entre sus piernas,
para frotarlo contra su entrepierna. "Ya está bien de palique" pensé, "Pasemos a
la acción". Evidentemente no era la parte del cuerpo más idónea para prodigar
aquellas caricias, pero me sirvieron para callar a Álex, que cerró los ojos y se
entregó al placer que comenzaba a sentir. Poco a poco fui llevando mi mano
derecha hacia su pubis para llevar a cabo las caricias más cómodamente y de
forma más elegante.
El protuberante clítoris latía con fuerza entre mis dedos,
que se restregaban con júbilo por toda la zona. Un tratamiento exhaustivo sobre
su perla la hizo derretirse entre gemidos. Ahora sí le estaba devolviendo la
jugada. Pero las manualidades no son mi fuerte y pronto le demostré mejores
habilidades, como por ejemplo la maestría bucal. Con tiernos y pausados besos,
simultaneados con fuertes y húmedos lametones, la fui llevando en volandas hasta
otro orgasmo, y otro más, y otro... En aquel momento habría disfrutado de un 69,
pero ella no estaba por la labor. Estaba demasiado endeble, demasiado sensible.
"Quizá otro día" pensé. Lo cierto es que no pudimos prolongar mucho más aquella
sesión. Álex estaba rendida, con la respiración muy débil, prácticamente
dormida. Una vez más, iba a ser yo la damnificada. Pero no me importaba. Me
incorporé nuevamente y me situé a su lado, juntando mis labios a los suyos. La
rodeé con un pierna y la abracé. Y en aquella postura de enamorados, cerré los
ojos.
SÁBADO, 14:00
El ruido del agua en la ducha me despierta. Me doy cuenta,
sorprendida, de que no estaba soñando. La última semana había estado llena de
sueños inconclusos. Hoy nada, sólo placer y relax. Quizá ya había alcanzado mi
sueño. Unas risas en el baño me sacan de mis pensamientos. La puerta de mi
cuarto está abierta, y desde la cocina llega el aroma del café recién hecho.
Alguien está trasteando también en la cocina. Deduzco que Sonia y Sandra se
están duchando y debe ser, por tanto, Alberto quien esté en la cocina. Álex
sigue dormida a mi lado. Apenas nos hemos movido durante la noche. Observo
extasiada su dulce cara durante varios minutos. Ahora comprendo perfectamente la
atracción que había sentido Sandra por esta chica. No me apetece levantarme aún,
así que cierro los ojos y vuelvo a dormirme.
SÁBADO, 15:15
- Laura... Laura... - Susurros femeninos me despiertan.
Parece ser Sonia -. Despierta, el desayuno está listooo...
Abro los ojos, advierto que Álex ya no está a mi lado, voy a
darme la vuelta y entonces Sandra me besa. Parece algo superficial, pero abre
sus labios y su lengua se introduce en mi boca. Tiene una textura rara, y el
sabor también es distinto, pero a la vez me resulta familiar. Es, es...
- Sandra!! Me cago en tu padre!!!
- Jajaja - Ríen todos juntos a carcajada limpia.
Tosiendo, me dirijo corriendo al cuarto de baño, y enjuago mi
boca. En mi cuarto siguen partiéndose el lomo de la risa. Bien es cierto que en
esta ocasión no me había producido arcadas, pero siempre he odiado ese sabor, el
sabor del semen. Nunca pude soportarlo.
- Algún día me la pagarás, Sandrita, ya lo verás.
- Jajaja, no me amenaces, ostia, que ha sido una bromita de
nada.
- Y una mierda, tú sabes cómo odio eso.
- Te dije que se enfadaría, nunca le gustó hacer eso - Dijo
Alberto conteniéndose la risa.
- Y tú cállate, que la culpa ha sido tuya.
- Mía? Por qué?
- Por estar aquí.
- Joder, Laura, déjalo ya. Además ha ido a por el desayuno y
todo. Vete a comer y calla.
- Sandra, Sandra, no me busques que me encuentras.
Finalmente se me pasó el cabreo con el suculento desayuno que
tenía preparado y que prácticamente era una comida. Luego me dejaron sola. Cada
uno se fue a sus respectivas casas. Disfruté de la tranquilidad y el sosiego,
lejos de la pasión y el ajetreo que había mantenido desde el jueves. Después de
una maravillosa siesta, Sandra me llamó y me comunicó que iríamos con Alberto a
la inauguración de aquella discoteca nueva. A mí la verdad es que no me apetecía
demasiado, pero finalmente tragué, cómo iba a quedarme un sábado en casa!!
Tras una larga ducha de agua caliente, me enrollé la toalla
alrededor del cuerpo y comencé el ritual que toda mujer hace para salir de
fiesta. Peinado, afeitado, maquillaje, elección de la ropa, etc, etc. A eso de
las 10 ya estaba lista y preparada para otra noche apasionante.
Álex y yo íbamos con Sonia, pues Sandra había quedado también
con Luis. Alberto, por su parte, había ido por su cuenta y nos esperaba ya allí.
Cuando llegamos le decepcionó un poco ver a Sandra con su novio. Al fin y al
cabo, lo había utilizado como a tantos otros, y eso en el fondo, no gusta. Sin
embargo, rápidamente se sumergió en el ambiente inaugural y la fiesta nos rodeó
a todos. El lleno era absoluto, apenas podíamos bailar sin tocarnos con el resto
de la gente. Ya se sabe cómo son las discotecas, y más aún una inauguración, y
del calibre de esta. Buena música, mucha gente, copas, mucha más gente, pero
sobre todo muy buen rollo.
Alberto, como de costumbre, en su tarea de relaciones
públicas, saludando a más y más gente. Después de un par de rondas, nos presentó
a algunos camareros (a buenas horas!) y el resto de la noche tuvimos licencia
para beber. Sandra, por su parte, empezó a pasarse un poquito y comenzó a
ponerse tonta con Luis. La última vez que los vi estaban metiéndose mano a lo
bestia en un rincón. Unos chicos quisieron conocernos y Sonia les dio un poco de
coba. A mí la verdad es que no me apetecía nada, de hecho había salido casi
obligada. Pero por no fastidiar a Sonia les seguí también el rollo. Una vez que
Sonia desapareció con su casual pareja, los otros dos intentaron hacer lo propio
con Álex y conmigo. Yo pedí una pausa para ir al baño y Álex me acompañó.
- Bueno, qué me dices? - Le comenté ya en el interior de los
aseos, donde la música llegaba amortiguada.
- Pues no sé, yo me sigo quedando con Raúl.
- Vale, deseaba oír algo así. Yo tampoco quiero jaleo hoy.
- Entonces qué hacemos?
- Absolutamente nada. Simplemente los evitamos.
- De acuerdo.
El problema fue que cuando salimos del baño, allí estaban
esperándonos, pero en momentos críticos es cuando el instinto y la picardía se
juntan resultando en actos imprevisibles. Así que, sin más, y justo cuando
dirigían su mirada a nosotras, me acerqué a Sonia y comencé a besarla
apasionadamente durante un par de minutos. La verdad es que el beso me hizo
olvidar a los chicos y cuando terminamos, tras ver la expresión de incredulidad
y verqüenza que tenía Álex, advertí que los chicos habían desaparecido.
- Lo siento, pero tenía que hacerlo, sino no nos habrían
dejado en paz en toda la noche.
Vi a Alberto y me dirigí hacia él. Álex me seguía con la boca
abierta y aún sorprendida. Cuando se lo conté se estuvo riendo durante un buen
rato.
Nos dirigimos a la pista central, donde en ese momento estaba
pinchando un famoso dj que por cierto lo hacía muy bien y era uno de mis
favoritos. Y en medio de aquella orgía de música a todo volumen y luces, las y
los gogós bailaban animando al personal con lo mínimo de ropa. Me fijé en uno de
ellos. Pantalones ajustados, con el torso al descubierto, completamente
musculado. No estaba nada mal. Los focos de luz bañaban mi cuerpo, que se dejaba
seducir por el ritmo acelerado de la música. Ante la señal y el aviso de otro
dj, los gogós abandonaron las plataformas, ante mi desilusión.
- Y ahora para disfrute de todos vosotros y vosotras,
directamente desde Alemania, los más famosos animadores de...
El griterío subía progresivamente. Todos menos yo parecían
conocer el desenlace de la presentación. Alberto se puso a un lado y me gritó al
oído, pues no había otra forma de poder comunicarse conmigo en medio de aquella
jauría humana:
- Seguro que esto le encantaría a tu amiguita Sandra - Pude
notar su malestar hacia Sandra -. Pero ella se lo pierde - Le miré intrigada -.
Aunque supongo que a ti también te gustará.
Me guiñó un ojo y me puso la palma de la mano en la nalga
izquierda durante unos segundos. La música se detuvo drásticamente, la sala se
quedó a oscuras. Dos siluetas de mujer surgieron en la plataforma entre el humo
artificial. Las manos en alto, gritos obscenos y las chicas comienzan a
contonearse.
Un fogonazo de luz: una morena y una rubia. La morena
enfundada en un minimalista cuero negro y con largas botas; la rubia en
reducidas prendas de tela roja. Movimientos de seducción en la penumbra durante
casi medio minuto.
Segundo fogonazo de luz: la morena de espaldas, su pelo largo
acaricia su culo apretado en la prenda negra mientras lo mueve en círculos; la
rubia amasa sus grandes pechos acercando uno de ellos a su lengua y mirando al
agitado rebaño. De nuevo oscuridad, la música va subiendo en tensión.
Tercer fogonazo de luz: aparecen en escena dos musculosos
individuos enfundados en pantalones plateados, cada uno detrás de una de las
chicas. Uno de ellos de raza negra, que se sitúa tras la rubia. El de raza
europea se acerca a la morena. Una fracción de segundo antes de regresar por
completo a la oscuridad, los chicos echan mano a los sujetadores de las chicas.
Me parece distinguirlos volando en la penumbra, al tiempo que la masa grita
enfebrecida y la música se acerca a su punto álgido.
Cuarto fogonazo de luz: las chicas de un tirón arrancan los
pantalones de los chicos, quedando en tanga marcando paquete y los chicos se
aferran a sus pechos. Se detiene la música por un instante, y sube hasta el
máximo, reventando la sala por completo en júbilo. En la plataforma se
desarrolla una coreografía bastante explícita sexualmente que, en ocasiones,
parece completamente improvisada. La gente baila a mi alrededor, algunos chicos
babeando ante el espectáculo de animación que nos ofrecen. El chico de una de
las parejas, apretado al culo de la chica, manosea una teta al tiempo que la
otra mano se pierde dentro del tanga. La otra pareja, bailando agitadamente,
parece simular el coito.
No es un acto demasiado frecuente, al menos en la discotecas
que frecuento, si bien en ocasiones los y las gogós actúan de manera más o menos
explícita sexualmente. Pero la mayor sorpresa llega cuando la morena se quita el
tanga. Los gritos masculinos colman la sala y la música parece ahogarse entre
tanta lujuria. Instantes después, y resultando en una mayor sorpresa, el
muchacho negro también queda completamente desnudo. Son ahora las mujeres del
recinto las que gritan. Cabe comentar la decepción inicial ante las leyendas que
se cuentan de la gente de color.
"Madre mía" pienso, "Ya no saben qué hacer para atraer a la
gente". El caso es que las dos parejas quedan a la vista de todos completamente
desnudos siguiendo con sus bailes y manoseos furtivos y no tan furtivos.
Finalmente y como gran colofón, la rubia y el negro llegan hasta el final,
consumando el acto, mientras la otra pareja jalea al público.
Yo me aparté en ese momento y me fui a los aseos. No podía
negar que estuviera excitada, de modo que decidí hacer una pequeña locura. Me
introduje en uno de los cubículos. Subiendo un poco la minifalda previamente,
hice a un lado el tanga y acaricié por encima el pubis. Tampoco podía pegarme
media hora allí metida, así que metí un par de deditos y comencé a masturbarme.
Inmediatamente el clítoris se puso erecto pidiendo guerra. Y se la di. En cosa
de cinco minutos, tras el constante sobeteo de mi intimidad, empiezo a correrme
por completo. La experiencia fue corta pero el orgasmo, quizá influenciado por
el morbo de la situación, fue brutal. Se me nubló la vista y perdí el
equilibrio, quedando sentada en la taza del váter. Menos mal que estaba en el
baño de mujeres, sino habría perdido para siempre una de mis minis favoritas.
Tras un pequeño ratito, consigo reponerme. En ese momento supe, a pesar del
orgasmo que acababa de disfrutar, que sí quería jaleo esa noche. Fue cuestión de
segundos esbozar un plan de ataque hacia Alberto.
Me quité el tanga y me sequé con un pañuelo que saqué del
bolso. Observé el tanga, húmedo en parte por mi sudor y en parte por la paja que
acababa de hacerme. Salí del cubículo y antes de marcharme, me lavé las manos y
me adecenté un poco el maquillaje, que también se había corrido un poco. Para
hacer esto no se me ocurrió otra cosa que dejar el tanga al lado del lavabo.
Unas me miraron con sorpresa, otras con desprecio, y pude oír cómo alguna al
fondo me llamaba guarra. En 5 minutos todo arreglado y salí afuera. Llevaba el
tanga apretado en un puño en la mano derecha, esperando que nadie lo advirtiera.
Divisé a lo lejos a Álex, que estaba hablando con Sonia, pero ni rastro de
Alberto. Cuando llegué a su altura, le pregunté a Álex:
- Dónde se ha metido Al?
- Pues se ha ido con una chica, una de las camareras. Por?
- Joder, qué puta suerte!
- Jaja, se te ha jodido el plan - Rió Sonia.
- Y tanto... mirad.
Sonia empezó a descojonarse de risa mientras Álex adivinaba
incrédula qué era lo que le estaba enseñando.
- Pues nada, él se lo pierde. Para una vez que me da por
hacer una locura...
- Sí, una vez... - Me contradijo Sonia.
- Qué pasa, es que esto lo hacéis muy a menudo? Porque...
- No, esto exactamente nunca le he visto hacerlo, pero lo que
ha hecho aquí la amiga... no tiene desperdicio. Hubo una vez que...
Yo ya iba a guardar el tanga en el bolso cuando me dieron un
empujón y, tras dar un traspiés, se me escapó de las manos y cayó al suelo. Y
como lo malo se encadena, alguien le dio una patada a la pelotita de tela
enrollada y adiós muy buenas. Sonia dejó de hablarle a Álex en el momento en que
vio lo que ocurrió para empezar a partirse el culo de risa. En vano intenté
buscarlo. Sonia, toda ella muy graciosa, no tuvo una idea mejor que empezar a
preguntar a la gente de alrededor si "habían visto el tanga de su amiga". Tras
darle un golpe en la cabeza nos fuimos de allí, porque no dejaban de mirarme. Me
pedí otra copa en la barra para olvidarme del asunto. En ese momento salen
Alberto y la camarera del almacén. Yo no pensaba decir nada.
- Bueno, qué te ha parecido el espectáculo de antes? - Me
preguntó.
- No ha estado mal. Ya veo que a ti también te ha gustado.
- Jeje, una buena proposición nunca se rechaza - Dijo
mientras le guiñaba un ojo a la camarera, que le estaba sirviendo otra copa -. Y
vosotras qué?
- Jajaja - Sonia empezó otra vez a reírse -. Bien... Yo he
llegado al final, pero bueno, ha estado chulo. Jajaja.
- De qué te ries tanto?
- Jajaja, pues verás, aquí la amiga, resulta que se puso
cachonda, se fue al baño a masturbarse y luego te traía las bragas en la mano,
pero le han dado un empujón y las ha perdido, jajaja - Alberto esbozó una
sonrisa, no se lo creía.
- Sonia, hija mía podrías irte a comer pollas por ahí, a ver
si así estás más calladita - Le respondí de mala ostia. Yo no quería decirle
nada a Alberto del asunto del tanga.
- O sea que es verdad... Jajaja. Qué bueno!
- Joder...
- En serio, Laura... nunca nadie hizo eso por mí. Jajaja.
Cuando la camarera se acercó a darle la copa a Alberto, le
preguntó de qué se reía tanto, y acercándose al oído se lo contó. Sólo faltaba
que lo anunciaran por megafonía. La chica sonrió ampliamente y se me acercó.
- Eres tú la que ha perdido las bragas? - Asentí -. Cómo
eran? - Me sorprendió la pregunta, pero le respondí.
- Era un tanga negro.
- Vale. Es posible que luego por la mañana aparezca por ahí.
La gente no va mirando al suelo para buscar un tanga... - Y me guiñó un ojo.
Volvió a intercambiar unas palabras con Alberto y antes de
marcharse le metió la lengua en la boca, besándose los dos. Luego se da media
vuelta y empieza a atender a la gente que se agolpa en la barra. Cuando mira
nuevamente hacia mí, me guiña un ojo. Joder con los guiñitos...
- Jaja... La verdad es que aún no me lo creo... - Vi un rayo
de luz. A lo mejor todavía podíamos pegar un polvo.
- Si quieres comprobarlo...
- Jeje... Estás loca, peeeeero... una buena proposición no se
rechaza.
- Adelante.
- Me dejas?
- Claro.
Acerca su mano a mi vientre y la posa cerca de mi ombligo. Me
mira a los ojos buscando mi aprobación. La sigue bajando y la mete dentro de mi
falda. Toca el escaso vello púbico. Le miro y pregunto mediante gestos
"convencido?". Asiente pero no quita su mano. Baja un poco más y me acaricia los
labios. Sonia y Álex miran la escena expectantes. Mete un dedo. Lo mueve de
arriba abajo y finalmente retira la mano. Lentamente se lleva el dedo a la boca
y lo degusta.
- Sigues tan rica como siempre.
- Aún te acuerdas?
- Cómo olvidar un manjar tan exquisito?
De momento la cosa no iba mal encaminada. Le estaba picando y
surtía efecto. Nuestros ojos chisporroteaban cada vez que se cruzaban. La cosa
iba muy bien. Nos volvimos a la pista. Las gogós normales habían vuelto a sus
posiciones y bailaban en lo alto. Sonia le contaba a Álex cómo se había
dilucidado su encuentro con el chico y Álex le contaba a Sonia qué habíamos
hecho para deshacernos de sus amigos. Mientras yo intentaba insinuarme a
Alberto, me rozaba con él, le provocaba. Y surtía efecto, pero poco a poco. Era
un proceso lento, y yo quería follar ya. Así que me dejé de tonterías y se lo
solté. Al fin y al cabo, nos conocíamos lo suficiente, no se iba a asustar,
simplemente me diría que sí o me diría que no.
- Al, estoy un poco cansada, me podrías acercar a casa?
- Eehm... Claro que sí.
- Muchas gracias. Oye, Sonia, que nosotros nos vamos a ir a
casita a...
- Follar.
- Sonia! Tú siempre tan gilipollas... A dormir. Al puede que
vuelva luego.
- Sí, ya, lo que tú digas... Bueno, en cualquier caso, que os
lo paséis bien. Ya me quedo yo aquí con Álex.
- Venga, adiós.
- Ves Álex? Tienes que ser como Laura. Ella quería follarse a
Alberto, y ya lo ha logrado - Álex asentía -. Bien es cierto que ha tenido que
tirar las bragas por ahí y ahora tiene que ir con el papo al aire... pero lo ha
logrado. Por cierto, no te gustaría probar un trío? Ese chico de allí...
Su voz se perdió como un susurro. Hay que ver cómo es... la
prefería modosita como hacía unos años. Antes de irnos, Alberto se despidió de
la camarera, la cual volvió a guiñarme un ojo otra vez... Aunque en el fondo
creo que lo que me jodía de verdad era que se lo había cepillado esa noche antes
que yo. Cuando entramos en el coche, Alberto me pidió que me subiera un poco la
falda, para poder asegurarse de que no llevaba nada debajo. "Mmmmm" fue lo único
que dijo y arrancó. Después de repetirme que no se creía aún que hubiera sido
capaz de hacer aquello, me contó un poco por encima el rollo que había tenido
con la camarera.
Por lo visto, al momento de irme yo, se acercó a la barra a
recargar las pilas y Almudena (la camarera y una antigua novia de Alberto) le
comentó que como no había mucha demanda en ese momento, tenía que ir al almacén
a por refrescos y que ella no podía con tanto peso, así que le pidió que le
ayudara. Naturalmente, lo que quería era pegarle un buen repaso. Debe de ser muy
frustrante currar cuando todo el mundo está de juerga, así que un pequeño
paréntesis para disfrutar no le hace mal a nadie, no?
Según Alberto, un poco exagerado a veces, fue cerrar la
puerta y ponerse al lío. Almudena se le echó encima y comenzó a meterle mano. En
un momento estaba agachada poniendo a tono a Alberto, si bien ya la tenía
bastante morcillona. En un abrir y cerrar de ojos, Almudena tenía la falda
subida, las bragas bajadas y la polla de Alberto en una mano. Acercándose se
dejó penetrar. Se colgó de él, cruzando las piernas a su espalda. Mientras él se
mantenía en equilibrio, Almudena trotaba sobre él, dejándose caer una y otra vez
sobre su endurecido miembro. Cuando se corrió, se bajó de Alberto y este la
apoyó en unas cajas de refrescos, de modo que mientras ella permanecía sentada,
él empezó a realizar todo el esfuerzo, embistiéndola una vez detrás de otra
hasta terminar también él. Entonces Almudena, tras besarle le dijo "Ya sabes lo
que tienes que hacer ahora", y le dio un lametón en la mejilla derecha, mientras
situaba la mano en el cogote de Alberto, haciendo fuerza para que se agachara.
Le comió el coño durante el tiempo suficiente para que ella se corriera dos
veces más, y luego salieron fuera, que fue cuando me los encontré, justo después
de haber perdido el tanga.
Llegamos a mi casa. Le invité a subir a tomarse algo en
compensación por haberme traído. Le dije que se sirviera mientras yo me ponía
más cómoda. Me desnudé y me puse una camiseta holgada. Alberto estaba de
espaldas preparando las bebidas, me acerqué sigilosamente por su espalda. Me
temblaban las manos. Estaba a su lado prácticamente cuando se dio la vuelta.
- Ohh, ya estás aquí. Te mueves como un fantasma.
- Jeje - Sonreí. Tomé el vaso -. Whisky...
- Pensé que te gustaría.
- Por supuesto - Nos quedamos los dos de pie, sin decir
palabra, en mitad de la cocina. Por qué nos costaba tanto?
- No te quitas el maquillaje.
- Bueno, no quisiera parecer una mala anfitriona.
- En absoluto - Apuró de un trago el culo del vaso y se
dispuso a marcharse -. Bueno, pues hasta más ver.
- Claro - Pero bueno! - Ya nos veremos.
- Chao.
Cruzó la puerta, se iba. Joder, tanta tontería para al final
nada. Cerró la puerta y se fue escaleras abajo. Reaccioné a tiempo y salí al
rellano.
- Espera!
- Si?
- Sube - Dio media vuelta con una sonrisa en la boca. Lo
comprendí todo -. Eres un maldito cabrón.
- Jeje.
- Ahora mismo debería cerrar la puerta en tus narices,
capullo.
- Sí.
- No me crees capaz?
- Por supuesto, una chica que tira sus bragas en una
discoteca ya lo creo que es capaz de cerrarle la puerta en las narices a un
capullo.
- Cabronazo... - Y nos fundimos en un beso.
De un empujón cerré la puerta y Alberto me cogió en brazos,
como si de un novio en la luna de miel se tratara, pero sin dejar de besarme. Me
descolgué de su cuello cuando me dejó caer sobre la cama. Se quitó parte de la
ropa, quedando su torso velludo al descubierto. Se echó a mi lado, poniéndome
una mano en el pubis, apretando la delgada tela de la camiseta sobre mi pubis.
Oía sus zapatos caer al suelo al tiempo que nuestras lenguas jugueteaban en
armonía.
- Crees que vas a dar la talla después de lo de tu amiga la
camarera? - Le provoqué.
- Tienes celos de Almu? - Me dijo poco antes de tomar mi
labio inferior entre sus labios y estirarlo -. Eh, gatita? - Le respondí
apretando sus lengua entre mis labios.
- Te gustaría que los tuviera, eh? Pero por qué habría de
tenerlos?
- Yo no digo nada.
- Mejor.
Y seguimos con el asunto. Una mano suya en mi pubis y otra
mía en el suyo, sopesando su instrumento a través de los pantalones. En un
momento se los desabroché y quitándose el resto de la ropa, quedó desnudo para
mí. Yo seguía con la camiseta puesta, aunque por tener el cuello demasiado
ancho, un pecho se me veía claramente. De hecho, ya había recibido algún besito
por parte de Alberto. Su mano izquierda seguía afanada en acariciar mi
intimidad, mojando ligeramente la camiseta en mi propio flujo. Yo tenía mis
manos ocupadas en acariciar su miembro, sin obviar evidentemente sus huevos.
Poco tardé en notar la humedad del líquido preseminal y me ocupé en esparcirlo
por todo el glande. Alberto prestaba especial atención a mi cuello, dándome
sonoros lametones e incluso algún mordisquito, que seguramente dejarían su marca
los posteriores días.
Decidí en aquel momento comenzar en plan duro. Cruzando mis
piernas a su espalda, conseguí hacerle perder el equilibrio y que rodáramos en
la cama. Alberto, sorprendido por el derribo, me observaba sonriente. Sin perder
el contacto visual, mirándole directamente a los ojos, inicié un ritmo suave de
masturbación. El siguiente paso fue lamer su polla por completo por la parte
inferior, luego los laterales, intentar rodearla y otros jueguecitos linguales.
Después los besos. De todo tipo, pequeños, rápidos, suaves, húmedos,
mordisquitos... su polla estaba siendo completamente mimada. Y luego otra
chupadita, rodeo la punta y bajo la boca abrazando el capullo. Salgo y ahora
bajo más profundamente, albergando casi por completo su polla tiesa en el
interior de boca. Subo y bajo un par de veces, lo suficiente para dejarle en
tensión. Me levanto de la cama y me dirijo a la cómoda. Alberto tiene una mirada
mezcla de súplica y mezcla de fiera. Cojo el bolso y saco la caja de condones.
Dentro hay tres.
- Tendrás suficiente? - Le pregunté guiñándole un ojo.
Dejo la caja en la mesilla de noche y abro uno de los
preservativos. Le miro sensualmente mientras sitúo la goma en mi boca. Sujeto su
falo con ambas manos mientras voy bajando la boca colocándole el condón. Lo
ajusto y se la chupo un ratito con la funda puesta. Entonces cambio la boca por
mi vagina, húmeda de excitación, y por la cual va deslizándose suave pero
implacablemente su verga. Apoyo las manos en su pecho y él apoya las suyas en mi
cintura. Es él quien me va guiando durante todo el coito. Estoy salida
completamente, abandono su ritmo para comenzar un galope furioso sobre él; le
araño con las uñas; él intenta colocar sus manos en mis tetas pero no lo
consigue ya que éstas botan descontroladas. Noto cómo crece en mi interior un
orgasmo inminente. Los gemidos de Alberto me llegan apagados, lejanos, como si
estuviera en otra habitación. Mi vagina se contrae acariciando el pene de
Alberto, que inevitablemente y como en una reacción en cadena, también empieza a
contraerse. Me corro a lo grande, llena de júbilo, como un animal, aprieto los
puños, Alberto grita, jadeo fuertemente, cierro los ojos y me dejo caer encima
de Alberto. Durante unos minutos trato de recuperar el aliento. Finalmente abro
los ojos y trato de incorporarme. Alberto me mira con expresión rara:
- Ostia, Laura, nunca te vi así.
- Así? Cómo?
- Pues así, joder, como una fiera. Me has hecho daño. Me
escuece el pecho.
Me miré las manos cerradas. Tenía sendos puñados de pelo del
pecho. Sonreí.
- Lo siento. Estas cosas pasan.
- Estas cosas pasan? No se te ocurre nada más romántico? Hay
que joderse...
- Tú no eres un tipo duro?
- Coño, te voy a arrancar yo los pelos así, verás el tipo
duro. Ostia, cómo escuece.
- Yo me depilo - Y le saqué la lengua.
- Serás grosera!
Y acto seguido empezó a hacerme cosquillas en los costados y
acabamos revolviéndonos por la cama. Cuando por fin se detuvo, estaba encima
mío. Yo aún no podía parar de reír. Me dio un ligero beso en los labio y se dejó
caer a mi lado, mirándome. Ninguno decía nada, los dos sonreíamos, yo al menos
tampoco pensaba en nada en aquel momento. Estaba contenta, satisfecha, feliz. Él
se estaba liando un porro y yo le miraba. Cuando lo encendió yo empecé a
acariciarle el pecho. Lo tenía un poco irritado debido al tirón anterior. Le
pasaba suavemente las yemas de los dedos por todo el pecho. Noté divertida que
también tenía los pezones duros. Tras darle las primeras caladas me cedió el
porro.
- Tienes los pezones duros - Le comenté.
- Jeje, en serio? Qué pasada.
- Ya te digo, jajaja.
- Nunca me di cuenta de ello.
- Ni yo - Apuré un par de caladas más y se lo devolví para
que lo terminara -. Voy al baño, enseguida vuelvo.
- Fumando espero... – Canturreaba Alberto.
Cuando bajé de la cama me estiré tensando todos los músculos,
motivo por el cual la camiseta se me subió lo suficiente para que la parte más
baja de mi culito sobresaliera.
- Y no tardes o tendré que empezar sin ti...
Empecé a reírme otra vez según me dirigía al baño, moviendo
sensualmente las caderas donde todavía podía verme. Después de orinar, le eché
un ojo a mis genitales, que estaban rojos después de la movida anterior. Volví a
la habitación y pude verle expectante, aguardando mi regreso, con la polla medio
morcillona.
- Me echabas de menos?
- Ya lo creo. Acércate aquí, preciosa.
Cuando estaba a su alcance me agarró del brazo atrayéndome a
la cama y sellando sus labios con los míos, metiendo la lengua en mi boca.
- Mejor te voy a quitar esto, todavía no he visto en
condiciones tus tetitas - Asentí y subí los brazos para facilitarle la tarea -.
Vaya, vaya, veo que te está saliendo tripita, eh? A ver si nos cuidamos más.
- Ya ves, tanta cerveza tenía que acabar en alguna parte.
- Jajaja.
Nos reímos los dos. Me acariciaba la zona del ombligo a la
vez que me comía alternativamente ambas tetas. Completamente desnuda y en sus
brazos, me dejé llevar. Sus manos procuraban no perderse ni un milímetro de mi
piel. Volvió a poner las manos en mis tetas y a besarme ahora el cuello y la
boca, para luego volver hacia abajo y empezar a lamer mi ombligo. Me gustaba
sentir su lengua en el pequeño agujerito. De nuevo volvió a mis tetas y así
durante un buen rato hasta que finalmente se decidió a hacerme el cunnilingus,
con su maestría habitual. Separando los labios irritados con dulzura, dando
suaves pero largas lamidas, me llevó apresuradamente hasta un nivel aceptable de
excitación.
- Siempre has tenido un chochito encantador... Mmm... Y muy
sabroso. Debe ser alguna especie de don.
- Jajaja - Esto me hizo gracia.
- Sí, no te rías - Decía en los momentos que paraba -. No
todos los coños se comen fácilmente. Por un lado, tiene que ser bonito - Otro
lametón -, y estar bien cuidado - Ahora un beso -. Y no sólo eso, sino que
también tiene que saber bien, y el tuyo es el más rico que he probado.
- Jajaja, qué mentiroso eres!
- Por qué? - Me preguntó extrañado parándose en seco.
- Jeje, porque acabo de mear...
- Eso lo hace exótico además de rico - Y me dio una profunda
lamida metiendo la lengua hacia el interior que me hizo cerrar los ojos y soltar
un pequeño gemido -. Mmmmm, qué delicia!
- Pues porque me lo dices ahora, que sino te habría propuesto
alguna guarrada.
- Jaja, serías capaz de pedirme algo así?
- Tú aceptarías?
- Uhmm, claro. Por ti lo que sea - Otro beso más. No me podía
quejar, en ese momento mi coño estaba de lo más mimado.
- Tomo nota.
- Jajaja, estás loca.
Y siguió con su tarea, excitándome con su lengua en mis
genitales, besando, lamiendo, chupando, mordiendo... incansable, con mucho
cariño, sin prisas. Me corrí la primera vez silenciosa, dejando escapar un
profundo suspiro, pero Alberto, lejos de detenerse continuó con su ritmo lento.
Cerca del segundo orgasmo me introduce un dedo por el ano. Cuando me corro,
ahora más jadeante, suelta y toma alternativamente mi clítoris por espacios de
alrededor de un segundo. La sensación es tremenda. Antes de retomar una vez más
su labor, se hace el remolón en mis muslos, tomándose su tiempo. Reinicia la
estimulación anal, ahora con dos dedos que dan de sí poco a poco a mi esfínter.
Nunca lo hice por detrás, si bien lo he intentado en diversas ocasiones. Siempre
lo tuve que dejar por ser en extremo doloroso. A pesar de todo, la masturbación
siempre me ha reportado gran placer. Este fue el tercer y último orgasmo que me
proporcionó con la lengua, y fue el más extenso. Prácticamente no pude
distinguir cuando había comenzado a correrme ni cuando terminé de hacerlo. Fue
una experiencia extraordinaria. No cabía duda que era un gran experto.
Cuando terminó su trabajito estaba sudoroso, con la barbilla
húmeda y reluciente. La punta de la nariz también estaba impregnada de mi flujo.
Tenía la cara colorada y sus ojos irradiaban una excitación fuera de lo común.
Tan solo con la espectacular comida de coño que me había hecho el asunto se le
había puesto más duro que una estaca. Aun así, se controlaba como podía para
dejarme descansar unos minutos.
Yo ya estaba casi repuesta del orgasmo, pero aún así poco
podía hacer yo por él en ese momento. Una fugaz mirada me hizo advertir su pene
duro, con la cabeza goteante. Cuando dio por finalizada la tregua, acercó su
instrumento a mi rajita caliente y pringosa, hinchada por la sangre que se
agolpaba en mis genitales manteniendo la excitación. Le miré a los ojos, sensual
por un lado, prohibitiva por el otro. Fue suficiente para que alargara el brazo
y tomara otro preservativo. Esta vez fue él quien se lo puso, sin perder tiempo.
De nuevo se acercó y se fue colocando. Me cogió por debajo de las rodillas con
sus manos, atrayéndome hacia él, que estaba arrodillado en la cama, de tal forma
que mi culo acabó encima de sus muslos, mis piernas a ambos lados, y su caliente
instrumento del amor en la boca de mi coño. Muy lentamente, soltando un gemido
prolongado, fue metiéndomela entera. La sentía perfectamente dentro de mí,
aunque por esos momentos ya nada me podía excitar más. Estaba completamente
derretida desde hacía más de un cuarto de hora. Esto no fue más que una mera
prolongación del aluvión sexual que tuvimos aquella noche.
Contrastado con el anterior coito, este acto fue mucho más
relajado y cariñoso. Las culeadas eran suaves y lentas, a la vez que profundas.
Yo, completamente rendida, era manipulada a su antojo. Era como un muñeco de
trapo, apenas tenía control sobre mis extremidades. Aprovechándose de ello, se
tumbó a mis espaldas y siguió penetrándome desde atrás, mientras me sujetaba una
pierna con la mano para mantenerme abierta. De vez en cuando me besaba en el
cuello o en el hombro y su otra mano estaba permanentemente agarrada a alguna de
mis tetas, las cuales sobaba bien a gusto.
Tras un largo período de tiempo, comenzó a sentir la
inminente llegada de su corrida, para lo cual me hizo incorporarme. Él se puso
de rodillas, como antes, mientras me abrazaba y mis piernas caían a los lados.
Una serie de empujones más fuertes y prolongados me indicó el final. Muy tierno,
muy suave, pero ya no estaba para más rollos. En otra situación... quién sabe,
pero en ese momento poco más podía pedir. Al poco rato se salió de mi interior,
se recostó en la cama y se encendió un cigarrillo. Yo todavía seguía adormilada,
sumida en el más completo relax, cerré los ojos. Qué paz... Se me ocurrió una
gran idea. Además me lo debía, llevaba una semana postergándolo. Pero antes
tenía que dejar recogida la habitación, de modo que desperezándome, conseguí
reabrir los ojos y ponerme en marcha. Sabía que merecería la pena.
Me dirigí al baño y abrí el grifo del agua caliente de la
bañera. Puse el tapón y la bañera comenzó a llenarse. Empecé a prepararme el
baño cogiendo, entre otras cosas, un tarro de sales aromáticas y echando una
buena cantidad. Regresé a la habitación cuando la bañera estaba a un cuarto de
su capacidad y la espuma ya comenzaba a aparecer. Alberto me miraba, esperando
una invitación que no llegaría. Pero tenía que jugar su última baza, supongo:
- Vamos a bañarnos?
- Yo sí.
- Y qué pasa conmigo?
- Te puedes bañar en tu casa.
- No me estarás diciendo lo que creo que me estás diciendo,
verdad?
- A qué esperas para vestirte?
- Joder, Laura...
- Ni joder ni ostias. Quiero estar sola, necesito estar sola.
No creo que te cueste comprenderlo, has hecho sacrificios mucho mayores.
- Eres increíble, me depilas el pecho a tirones y ni siquiera
me dejas quedarme hasta por la mañana? Además, sabes que podría recompensarte de
muchas maneras... - Pone carita dulce y voz melosa. Qué iluso! Ni que nunca
hubiera hecho yo chantaje emocional!
- Al, por favor, déjalo ya - Mientras hablábamos había
recogido mi pijama y había tomado unas braguitas del cajón, y lo había llevado
todo al baño. Al volver, comencé a recoger la ropa de Alberto, que por fin se
dio por vencido.
Sabía que lo comprendería y aun en el caso de que no, me
conocía demasiado bien como para llevarme la contraria. Había triunfado, sí,
pero era el momento de recoger y marcharse. Eché un ojo a la bañera mientras se
vestía. Le acompañé en silencio hasta la puerta.
- Última oportunidad - Me dijo mientras me agarraba de las
caderas y acercaba su cara a la mía.
- Buenas noches - Suspiró con resignación y me dio un beso en
los labios.
- Buenas noches
Oí sus pasos perderse por la escalera y luego a lo lejos,
perdido en el tiempo, el ruido de la puerta de la calle. Me quedé en silencio.
Entré en el cuarto de baño. La bañera estaba casi llena. Introduje un pie en la
misma. El agua estaba muy caliente, justo como me gustaba. Metí la otra pierna y
comencé a bajar hasta sumergirme por completo. Cuando mi coñito irritado entró
en contacto con el agua sufrí un escalofrío, que se repitió posteriormente
cuando mis sufridos pezones también se sumergieron. Volví a cerrar los ojos,
dejándome llevar por la felicidad y la paz. "Casi mejor que el sexo", pensé.
Había sido un buen fin de semana, desde el jueves hasta ese mismo momento. Me lo
había pasado genial y además me quedaba todo el domingo para dormir y descansar.
Introduje la cabeza bajo el agua para poder mojarme el pelo y aguanté todo lo
que pude la respiración. Mi cuerpo estaba ya aclimatado a la temperatura elevada
del agua. No tardé en quedarme dormida bajo la cálida influencia de los vahos
que emanaba la bañera.
Alrededor de veinte minutos después desperté en el agua
templada. Tras tomar una esponja y terminar de lavarme, me sequé con la toalla y
me coloqué las braguitas y el pijama. No me preocupé por nada en aquel momento.
Simplemente me fui a la cama, me metí dentro y me acurruqué contra la almohada:
"Casi? No. Un buen baño caliente, es mejor que el sexo"
pensaba mientras una sonrisa se dibujaba en mi rostro y me dejaba arrastrar en
brazos de Morfeo.
FIN