Relato basado en un hecho real, que cuenta como mi preciosa madre fue follada
por el novio de su mejor amiga.
Hola a todos. Desde hace muy poco he estado leyendo vuestros relatos,
finalmente me he decidido a escribir uno. Este relato está basado en un hecho
real. Aunque he exagerado algunas cosas para intentar hacerlo, digamos... más
excitante, no he dejado de ser fiel a los acontecimientos, y la historia gira en
torno a una situación real que ocurrió recientemente.
Bueno, no os entretengo más, espero que os guste.
Me llamo Javier, tengo 18 años recién cumplidos, hace meses terminé la
Universidad. Vivo con mi familia en un piso en el centro de Madrid. Mi padre,
Antonio, es un hombre de negocios de 41 años que pasa muy poco tiempo en casa,
pues está prácticamente todo el día metido en la oficina, reuniéndose con sus
socios y demás menesteres empresariales. Gracias a ello nos ha ofrecido a mi
madre y a mí una vida bastante cómoda y holgada.
Mi madre, Yolanda, es ama de casa, tiene 38 años. Mide 1.70, es rubia y de
piel clara. Lleva una melena larga, casi hasta el final de la espalda. Ojos
marrones claros y un poco rasgados, labios carnosos y unas facciones correctas.
No es porque sea mi madre, pero es bastante guapa. Mis amigos y conocidos
siempre me lo han dicho, cosa que sinceramente, no me hace mucha gracia.
Tiene buen cuerpo, un pelín llenita. Tiene unos pechos generosos que aun se
mantienen firmes. Unas bonitas piernas con unos muslos bien formados, y lo
mejor, un culo algo ancho y respingón, de nalgas carnosas y bien formadas.
Vamos, un culazo que acapara muchas miradas. Con un cuerpo así, está de más
decir que le gusta vestir con ropa corta y ajustada, pues es bastante coqueta y
la gusta presumir, tanto que a veces parecía una calientapollas.
Podría afirmar sin miedo a equivocarme, que ha sido en más de una ocasión, la
protagonista de las pajas de algunos de mis vecinos, también las de algún amigo
de mi padre. Y para qué negarlo, de las mías también.
Desde hace varios años mantiene una amistad con una vecina (Verónica de 36
años) de nuestro edificio, de hecho son amigas íntimas. Suelen salir juntas, se
lo cuentan todo, etc. Vamos, lo típico entre mujeres. En alguna ocasión Verónica
le había hablado a mi madre acerca su vida íntima y sexual. Una tarde, estaban
en el salón de mi casa, y pude escuchar desde mi cuarto (que está pegado al
salón), como ésta le decía que, su novio (Víctor de 29 años, que por cierto, es
un capullo y un vago sin oficio al que ella mantiene) era una fiera en la cama y
que calzaba una buena polla. Mi madre le contestó que tenía mucha suerte, y
ambas echaron a reír. Luego cambiaron de tema y ya no les presté más atención,
seguí jugando a la Play Station 3 con mi particular viciada al Call of Duty.
Varios días después y como de costumbre, fui al gimnasio por la mañana, a eso
de las 11. Tenía pensado ejercitar un poco los brazos, por lo que estaría de
vuelta en casa en un rato, mucho antes de lo habitual.
Cuando salí del gimnasio me dirigí a casa. Iba pensando en darme una ducha,
comer algo y quizá después conectarme a Internet o jugar a la videoconsola.
Cuando abrí la puerta de mi casa, escuché ruidos y fuertes gemidos, que
obviamente eran los de mi madre. Me puse algo nervioso, ya que la situación me
cogió de improvisto. Sabía casi con toda seguridad que no estaba follando con mi
padre, porque a esa hora él estaba en el trabajo, yo mismo le había visto
marcharse a primera hora de la mañana, y desde que tengo uso de razón jamás le
había visto llegar a casa antes de la hora del almuerzo, pues siempre tenía
bastante trabajo.
Mi primera reacción fue cerrar la puerta sin hacer ruido, y seguidamente me
dirigí a mi cuarto, abrí la puerta de (la cual siempre estaba cerraba cuando yo
no estaba), y me encerré en mi cuarto para no ser visto. No me habían escuchado
al entrar en casa, probablemente por los repetidos y sonoros gemidos de mi
madre. Una vez dentro, dejé la mochila en el suelo y abrí un poco la puerta de
mi cuarto para escuchar mejor, aunque la verdad, no era necesario.
Nunca antes había escuchado a mi madre gemir de ese modo. Quien quiera que
fuera el que la follaba, le estaba dando mandanga de la buena.
-¡Ahhhh...! ¡Diosssss, qué pollón tienes! ¡Me vas a dejar escocida! ¡Ohhh!
-dijo mi madre entre gemidos.
- ¿Te gusta, eh? Siempre supe que te iba la marcha, con esos trajes que te
pones... -dijo el hasta entonces desconocido que la follaba.
Entonces reconocí su voz. Era Víctor, el novio de Verónica, la amiga de mi
madre. El muy hijo de puta se estaba follando a mi madre en la cama de
matrimonio de mis padres y, que había sido pagada por el ya cornudo de mi padre.
Me parecía increíble y a la vez indignante, que mi madre accediese a ser
salvajemente follada por semejante cerdo. Aunque claro, con su amiguita Verónica
diciéndole una y otra vez lo macho que era en la cama y el pedazo polla que
cargaba... Supongo que con el tiempo a mi madre se le fue calentando el coño, y
bueno, quiso probar que tal era Víctor en la cama. Desde luego para una mujer no
es difícil llevarse a un hombre a la cama.
-¡Siii…me encanta…! ¡Ohhhh…! ¡Me encanta tu polla! ¡La siento tan adentro…!
¡Ahhhh…! -respondió mi madre.
- ¡Pídeme que te folle! ¡Quiero oírlo! -dijo Víctor con tono algo chulesco.
- ¡Fóllame, te lo suplico…fóllame! ¡No pares de joderme! -pidió mi madre con
voz sumisa y temblorosa.
Pasaron unos minutos y seguían follando como condenados. O
mejor dicho, mi vecino seguía jodiendo coñito de mi madre sin piedad. Los
gemidos de ésta iban aumentando el ritmo, hasta que en un grito lujurioso mi
madre dijo.
-¡Diossssss….no aguanto más! ¡Aaahhhhgggg! ¡Me corroooo…! -dijo mi madre
entre fuertes jadeos.
Y comenzó a jadear de forma más seguida y entrecortada, señal inequívoca de
que estaba teniendo un intenso orgasmo. Poco después, le siguieron los jadeos de
Víctor, que parecía a punto de correrse, y así se lo hizo saber a mi madre.
-¡Buuufff! ¡Me corrooooo! -dijo Víctor entre bufidos.
-¡Córrete en mi chochito! ¡No me la saques, por favooooor! -le suplicó mi
madre entre gemidos.
-Como quieras puta, toda para ti -replicó él.
-¡Siiii…soy tu putita…toda tuya…para lo que se te antoje! -gritaba mi madre
ya completamente alocada por la excitación y el placer.
En pocos segundos se escuchó el ronco y continuado gemido de Víctor, fue
acompañado por otro fuerte grito de mi madre.
-Ufff... joder…menudo chorro. En mi vida me habían inundado de esa manera
¡Qué forma de correrte! ¡Qué potencia! -dijo mi madre resoplando y con tono de
asombro.
Yo no podía más, cerré despacio la puerta de mi cuarto, me saqué la polla,
que estaba durísima por todo lo acontecido y me empecé pajear a lo bestia.
Pensando en los gemidos de mi madre y en sus palabras, e imaginando en que
postura estaría siendo jodida por aquel indeseable. Estaba tan cachondo que en
seguida me corrí salpicando el suelo y parte de la alfombra. Me subí los
calzoncillos y el pantalón, ya limpiaría el suelo más tarde, y me senté en la
cama sin hacer ruido esperando a que todo terminase para poder salir.
Durante algunos minutos les escuché hablando, pero como ya no estaban
follando y estaban más relajados, apenas podía entender lo que decían.
Luego sus voces empezaban a escucharse más altas y más cercanas, supe que
venían caminando hacia el salón, ese cerdo ya se marchaba, por fin. Pero antes
de irse, mi madre le comentó de quedar en otras ocasiones, él por supuesto
aceptó. Después se escuchó la puerta de mi casa, Víctor se había marchado. Acto
seguido, escuché a mi madre pasando por delante de mi cuarto hacia el interior
de la casa.
Dejé pasar unos minutos, ya no escuchaba sus pasos alrededor de mi cuarto ni
en el salón, era el momento de salir rápido y fingir que acababa de llegar. Cogí
el bolso del gimnasio y me lo colgué. Abrí la puerta despacio y sin hacer ruido,
asomé la cabeza y no vi a mi madre en el pasillo, por lo que salí, cerré la
puerta de mi cuarto sin hacer ruido, me dirigí a la puerta de la calle, la abrí
y la cerré haciendo algo de ruido, fingiendo que acababa de llegar a casa. Volví
a mi cuarto, dejé la mochila y me adentré por el pasillo, mi madre estaba
dándose una ducha, como era de esperar. Al pasar por delante del dormitorio de
mis padres, observé que la muy zorra ya había hecho la cama.
Cuando salió de la ducha, fue con la toalla alrededor del cuerpo hasta su
habitación. Yo le dije ya estaba en casa y, me metí en el baño a ducharme y
luego todo transcurrió con total normalidad. Desde entonces, hay días en los que
llego del gimnasio, y mi madre no está en casa. Cuando llega, le pregunto dónde
estaba, me responde que en casa de Carmen (otra vecina nuestra).
Pero yo sé que viene de casa de su amiga, aprovecha que ésta trabaja por las
mañanas para ir a follar con el chulo de su novio. Lo que daría por poder verlos
en la cama, poder ver como se le bambolean las tetas a mi madre mientras ese
semental la folla sin piedad, ver como sus huevos chocan contra su clítoris, ver
como ese pollón desgarra su chochito, ver el culazo de mi madre cabalgando ese
pollón al que tantas alabanzas había dedicado. En definitiva, ver a ese cabrón
tratando a mi madre como a una vulgar puta. Cada vez que lo imagino, acabo
pajeándome sin remedio.
La pobre Verónica, ni se imagina que cuando se va al trabajo, su amiga del
alma, aprovecha para ir a follar con su querido novio. Lo más grave del asunto
es que poco tiempo después mi madre estaba embarazada. Apuesto que no de mi
padre.
Bueno eso fue todo. Encantado de haber compartido este relato con vosotros,
aceptaré de buen grado vuestras y críticas y sugerencias.
Un saludo.