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Fecha: 01-Ene-11 « Anterior | Siguiente » en Voyerismo

El Partido 1

sandrahotbcn
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Un regalo de fin de año para mis amiguitos ;-) Los ojos de tus amigos se centraron en mi entrepierna, y en tus dedos entrando en mi coñito (depilado para la ocasión). No pude evitar abrir un pokito las piernas al estremecerme con un pequeño saltito y todos pudieron ver mi sexo penetrado por dos de tus deditos, que rápidamente retiraste y lamiste para notar mi sabor ante la atenta (y envidiosa) mirada de tus amigos. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
Ashley Madison - Ten una aventura. Infidelidad.

Hola mi osito, he estado todo el fin de semana pensando en tu sugerencia de un relato haciéndomelo contigo y con tus amigos. Al principio deseché al idea, porque yo la polla que quiero es la tuya, pero… pero no he podido dejar de fantasear en ello el fin de semana y… aquí tienes lo que me imaginé. Lo cierto es que me humedezco sólo al pensarlo, pero sólo como fantasía ;-) Aunque… quien sabe qué nos depara el futuro?

Ya hacía días que fantaseabas cuando cogíamos con que me tomaban otros hombres y los dos nos calentábamos con esa imagen, una imagen de fantasía, porque yo no estaba dispuesta ha hacerla realidad. Creía que si me dejaba coger por ti y por otros a la vez me verías como una verdadera puta y ya no me respetarías. Con el sexo soy muy abierta (de mente y de todo), pero diferencio entre el sexo y hacer el amor. Contigo quiero darte placer, pero si estamos en grupo… no se cómo podría afectar a nuestra relación luego.

Por eso no me decidía, aunque debo reconocer que nuestras cogidas cuando fantaseábamos con compartirlo con algún amigo tuyo eran geniales. Tu me decías que Luis la tenía enorme, que Lolo muy gruesa… y así, mientras me cogías por el kulo, me penetrabas con un consolador imaginando que era tu amigo. Mmmm... debo reconocer que el saberte tan excitado y notarte tan erecto me derretía. Además, me empezaba a dar cuenta que tanta insistencia albergaba algo más, porque tu ya me conoces y sabes que cuando estoy excitada soy incapaz de decir no a mi amo y… y ya veía que cualquier día se daría la situación y tu querrías llegar al final y tendría que decidirme, pero me daba miedo por nosotros.

Conseguir "ayuda" para hacerlo no era problema. Cuando estamos con tus amigos los veo babear por mi, y cuando me siento en tu regazo o tu exploras el interior de mi minifalda ante ellos les veo crecer sus erecciones y sé que cualquiera de ellos se ofrecería a compartir nuestros juegos. De hecho, seguro que soy las fantasías de sus pajas cuando vuelven a casa o que lo hacen con sus novias soñando que soy yo, porque estoy mucho mejor que ellas y soy mucho más caliente.

Recuerdo aquella fiesta en la que disfrutaste tanto con mi minifalda. Me había despojado ya del tanga empapado por tus tocamientos, estábamos en la sala de casa de Lolo, tomando cervezas (no se ya cuantas llevábamos) y yo sentada en tu regazo. Tu no podías dejar de acariciar mis piernas y nos besábamos de tanto en cuando. Ellos estaban sentados en el sofá y por el suelo, yo era la única chica que quedaba (el resto habían ido a sus casas o a dormir en la planta de arriba). Yo también quería irme a dormir a la planta de arriba, pero tu estabas de charla y yo no quería irme sin ti (estaba tan excitada que necesitaba tu polla antes de dormirme).

Sentada en tu regazo notaba tu potente herramienta encastada en mis glúteos, sólo nos separaba el tejido de tu pantalón deportivo, pues yo no llevaba tanga. Cada vez que tomaba un sorbo de cerveza alzaba la botella, con lo que los amigos tenían una perfecta perspectiva de mis pechos bajo el top de hacer deporte que llevaba (y que se ajustaba tanto que no dejaba nada a la imaginación, especialmente mis erectos pezones, que estaban a punto de atravesarlo por estar tan encelada de tu rica espada). Yo me movía provocándote, rozando tu rica polla entre mis glúteos y acariciándola cuando podía. Tus compañeros no perdían detalle y tu continuabas charlando de fútbol con ellos (a veces pienso que todos sois maricones, soñando con chicos corriendo tras una pelota vestidos sólo con calzoncillos y camiseta ;-)).

Pero, charlando, charlando, una de tus manos se insinuó por mi muslo y trepó bajo la minifalda hasta alcanzar mi coñito. Una descarga eléctrica recorrió mi cuerpo y no pude evitar estremecerme. Los ojos de tus amigos se centraron en mi entrepierna, y en tus dedos entrando en mi coñito (depilado para la ocasión). No pude evitar abrir un pokito las piernas al estremecerme con un pequeño saltito y todos pudieron ver mi sexo penetrado por dos de tus deditos, que rápidamente retiraste y lamiste para notar mi sabor ante la atenta (y envidiosa) mirada de tus amigos.

Aquel día comprendí que te encantaba exhibir a tu putita y que no dudarías en hacerlos participar de mi. Que sentías deseo de sentirte envidiado y que ellos también probaran tu putita para que todavía te envidiaran más. Por suerte, ese día rápidamente nos escabullimos al piso superior, donde follamos entre gritos mientras ellos se mataban a pajas imaginando lo que hacíamos nosotros y escuchando mis gritos de placer.

Después de eso recuerdo "roces accidentales" con tus amigos, cuando presionaban sus duras pollas contra mi al dejarme pasar en algún estrecho pasillo, al recostarme para sacar algo del frigorífico, al ir en coche,… en fin, que notaba sus duras pollas contra mi cuerpo, sus roces en mis sensibles pechos, y yo también he de serte sincera, no hacía nada por evitarlo, pero sin darles pie a más. Así que los sabía deseosos de más, y segura de excitarlos como tanto me gusta.

Pero no pensé en nada de eso el día que decidí acompañarte a tu partido de fútbol con ellos. Esperaba pasar la tarde viéndote jugar, luego tomar unas cervezas e ir a bailar para acabar follando como siempre hacemos. Pero tenía ganas de hacer más cosas contigo, de pasar tiempo juntos fuera de la cama, así que decidí que estaría bien ir a veros jugar. Además, Lolo me había dicho que vendría su hermana con algunas amigas para luego ir a bailar, y como su hermana y yo nos llevamos muy bien… era una buena oportunidad de "hablar de cosas de chicas" y chismorrear de todos ;-) Además de excitaros desde las gradas del campo ;-).

Pero resultó que ellas al final no vinieron, así que fui yo la única que fue con vosotros al campo de fútbol. Cuando quedamos para ir en la furgoneta de Luís vi que era la única chica, pero no me importó, especialmente cuando me ayudasteis a subir a la furgoneta, tu de la mano, por delante, pues habías subido antes, pero no se si te fijaste en Luis y Lolo, que me ayudaban por detrás ;-) Sus miradas en mi kulito me empujaron a subir más que tu ayuda, aunque debo reconocer que hice una corta pausa para que pudieran admirar mis ricos y prietos glúteos bajo la minifalda ;-). Ese día vestía minifalda, top y zapatillas deportivas (no iba a llevar tacones para veros jugar al fútbol!) y un jersey por si luego refrescaba.

Nos metimos en la furgoneta como pudimos, éramos siete, tu te pusiste al lado de Luis, que conducía, para ir más ancho, detrás Lolo, yo y Javier, con José y Juanjo enfrente. Todos ibais ya vestidos con pantalones cortos de deporte para jugar, no podía evitar miraros las perneras de los pantalones, donde a los de enfrente se les estaba marcando ya un bulto al mirar mi minifalda y mis pechos. Por su parte, Javier y Lolo, no se como, pero conseguían rozar mis pechos y mis piernas cada vez que se movían. "Queréis jugar, eh?" Pensé, así que crucé mis piernas una sobre otra, con lo que aumentaba mi roce con los de al lado y les daba una vista de mi minúscula tanga a los de enfrente. Para disimular, tomé mi bolso y me puse a buscar cualquier cosa en él. Saqué un espejito, con lo que pude mirar a los lados y ver prominentes bultos en la entrepierna de Lolo y Javier mientras sacaba pecho haciendo ver que me retocaba los labios.

La pierna que tenía cruzada sobre la otra permitía a Lolo tocar mi suave piel, y a mi casi montar sobre el y rozar con mi rodilla su bulto creciente (al rozarlo creció desmesuradamente!). Los de delante trataban de cruzar sus piernas para ocultar sus bultos, pero no podían quitar sus miradas de mi entrepierna (del minúsculo y transparente tanga o de mis marcados pezones). Empecé a humedecerme, con lo que el tanga quedaba todavía más transparente ;-). Mi humedad lo hacía transparentar (ya lo tengo comprobado) e imaginar que podían ver mi rajita abierta por la posición en la que me encontraba… todavía hacía que me humedeciera más mientras veía sus miradas de deseo clavadas en mi entrepierna. Trataban de disimular, pero su reacción era evidente.

Por suerte el trayecto era corto y pronto llegamos. Todos bajasteis, la mayoría ocultando sus bultos con las bolsas de deporte (tu te habías pasado el viaje mirando por la ventana y no te habías percatado de nada). Os dirigisteis a los vestuarios del campo, y yo me quedé solita en las gradas. Los del equipo contrario ya estaban en el campo haciendo los primeros pases. Jugabais cinco contra cinco, por lo que Javier estaba de repuesto y nos pusimos a charlar mientras mirábamos el juego.

Yo veía las bien formadas piernas de todos (aunque las de José estaban algo fofas, pero como era el portero…). En el equipo contrario había un delantero que era tremendamente guapo y muy bien formado y que atraía mis miradas, pero Javier me decepcionó al notarlo y contarme que era gay y se dedicaba a intentar ligar con Luis a la mínima oportunidad. Luis era el guapito del grupo, y ante mi mirada de sorpresa Javier me aclaró que Luis no era gay (que el supiera). Me comentó que estaba muy bonita ese día y que a ver si venía más veces (claro, no me extraña, después de su calentón en la furgoneta). Además, al tenerme así, al lado, poder sentirme cerca, solos… cuando lo llamaron para sustituir a Juanjo vi que enfundaba su herramienta sosteniéndola con la goma del pantalón para que no fuera evidente su erección ;-) (lo que me halagó, claro).

Juanjo venía sudado y cansado, pero creo que verme allí le estimuló y le dio… "nuevas energías" y fuimos tras la portería de José a ver el partido y charlar. Nos sentamos en las gradas tras la portería, con lo que cuando atacaban nuestra portería a veces se "desconcentraban" mirándome. Alertados por algunos fallos del contrario, Juanjo y yo decidimos explotar la situación y cada vez que atacaban yo abría mis piernas mostrando mi tanga o me acariciaba los pechos o… cualquier cosa que hacía que el delantero contrario se… distrajera momentáneamente del partido y le robaran la pelota ;-).

Pero claro, rápidamente también nuestra defensa, y hasta José! Miraban más hacia atrás que a los contrarios, con lo que les recriminamos su "falta de atención", pero seguimos en nuestro jueguecito ;-). Creo que Juanjo lo disfrutaba más que yo, y me sugería poses y se acercaba para incitarme. Lo cierto es que su cuerpo sudoroso y oliendo a hombre me excitó y le dejé que "simulara" acariciarme. Yo me ponía de espaldas a la portería sacando el delicioso kulito y cuando venía el delantero, él se ocupaba de masajearlo y levantar la minifalda para desconcentrarlo (claro que no estoy yo segura que siempre que lo hiciera venía el delantero contrario, creo que alguna vez lo hizo por simple "precaución"). El caso es que estaba dándome un buen repaso a mis glúteos y yo me estaba poniendo caliente al sentir su mirada en mi escote mientras sus manos acariciaban debajo de la minifalda y reíamos.

En uno de los ataques levanté mi top y dejé mis pechos al aire, lo que provocó las quejas del equipo rival (se quejaba el delantero guapito mientras trataba de ocultar su tremenda erección), así que tuvimos que parar y nos sentamos. Pero Juanjo no apartó su mano de mi muslo y en el siguiente ataque la subió junto con la faldita y llegó a acariciar mi sexo sobre la tanga. Naturalmente mi humedad (a esas alturas ya estaba toda empapada) se le pegó a sus dedos y acto seguido la olió con deleite y se chupó los dedos mientras nuestras miradas encendidas se encontraban y sonreíamos. "Te gusta mi sabor?", le pregunté. "Delicioso", respondió, y seguimos el juego. Pero esta vez ya no sólo me acariciaba cuando atacaban, llegó a penetrarme con dos dedos y los dejó allí ya el resto del juego hasta que le llamaron para el cambio con Lolo, momento en que debió maldecir a los amigos.

Yo me reí a carcajadas de su decepción y le di un fugaz beso en la mejilla empujándolo hacia el campo de juego. Naturalmente, Lolo se vino a mi lado sonriente (pues el era de los que se había percatado del juego entre Juanjo y yo para "distraer" los ataques contrarios). "Mmmm… Ganamos sólo por uno a cero, no podemos permitir que nos marquen ningún gol, así que creo que yo también tendré que "ayudar" a que distraigas a los delanteros del otro equipo", dijo con una sonrisa. "Ah! Sí? Y cómo lo vamos ha hacer?", dije con mi sonrisa de colegiala inocente mientras me llevaba una manita a la boca y abría mucho los ojos. "Déjame a mi", dijo el recostándose a mi lado y pasando un brazo por mi espalda. "Tenemos que conseguir que ese que corre tanto se distraiga contigo" me dijo mientras se acercaba más a mi. "Cuál? El que es gay?" dije yo como atisbando hacia delante y poniendo mis pechos cerca de su cara. "No, yo le he visto con chicas, pero es cierto que también tontea con Luis. Ya verás cómo se fija en ti, tu muéstrale tus pechos" dijo, forzando mi espalda adelante mientras su otra mano "accidentalmente" aterrizaba sobre mi muslo. "Así?" dije sacando pecho y, ahora sí, empujando yo a través de su espalda, su cabeza sobre mi pecho derecho. Con su boca comiéndome el pecho gruñó un "Fsí" lleno de placer y su mano se escurrió entre mis muslos (que yo abrí pues había un ataque del equipo contrario). Supongo que desde el campo debían ver a Lolo comiéndome el pecho y su mano entre mis abiertas piernas, suficiente para que les robaran el balón inmediatamente ;-).

A esa altura yo ya estaba toda empapada entre mis piernas, y veía la tremenda estaca de Lolo que le presionaba el pantalón y parecía una tienda de campaña. De hecho, le levantaba la pernera del pantalón y se le veía el vello y colgaban los huevos. Yo no me pude contener y también dejé reposar mi mano sobre su tremendo paquete acariciando esa tremenda (y muy gruesa) tranca. Cerré mis dedos sobre ella y empecé a subir y bajar pausadamente, acorde con mi respiración, moviendo poco la mano, más haciendo sentir mi contacto que masturbándolo. Pero al poco se vino con tremendos chorros de semen que empaparon su delgado pantalón de deporte y me mojaron la mano con que lo acariciaba. Yo seguí con mi caricia como si nada hasta que se fue bajando poco a poco, entonces aproveché la "tienda de campaña" para meter mi mano por la pernera del pantalón y acariciarlo directamente sobre su empapado miembro rebosante de leche. Lo ordeñé concienzudamente mientras mi mano se embarraba con su semen, mientras me empapaba de él y notaba su miembro volver a crecer. Él estaba quieto como una estatua, ahora su mano reposaba en mi muslo, parecía completamente concentrado en su placer, sin acabarse de creer lo que estaba pasando. Yo, la mujer de sus sueños me había dejado penetrar por sus dedos y le estaba masturbando en medio del partido de fútbol!!!!

Porque eso es lo que estaba haciendo, lo había acariciado hasta que se había corrido, lo había ordeñado y ahora notaba cómo crecía de nuevo su sexo y cómo cada vez a mi mano le costaba más abarcar aquel tronco que parecía no parar de crecer (mucho más que antes!).

Me levanté y el pareció decepcionado, pero entonces, al verme ante él, parada, le miré fijamente a los ojos. Sonreí y me llevé la mano que goteaba semen a mis lindos labios, la olí, la besé, y saqué mi lengüita para lamer ese rico néctar lentamente, con deleite, para que viera cómo entraba en contacto con mi lengua, se me pegaba y goteaba. Una gota resbaló de mi lengua y fue a caer en mis pechos, sobre el top, así que me relamí y tragué su simiente. Él no podía aparatar sus ojos de mi mano y mi boca, una dulce y sensual sonrisa cubrió mis labios mientras relamía su lechita de mi mano y la limpiaba tragándomelo todo. Él se convulsionó, sin ni siquiera tocarlo y vi cómo descargaba de nuevo su leche empapando sus piernas y llenando sus pantalones de un cremosos y delicioso yogurt.

Ni lo había tocado yo ni se había acariciado él, simplemente, mi imagen le había hecho correrse. Le alcancé algunos pañuelos de papel de mi bolso y me acomodé de espaldas al campo, cubriéndolo, mientras se aseaba un poco (sólo un poco, porque había tenido dos tremendas corridas). Me volví hacia el campo para que no se ruborizara todavía más (y no era por el esfuerzo del juego, precisamente, qué tierno!). Pero claro, al volverme y recostarme en la valla que rodeaba el campo, no podía dejar de darle una impresionante vista de mi kulito, y de mi rezumante humedad que se escurría entre mis piernas (cuando me excito, segrego tanto flujo que es molesto para mi). Notaba dos gotitas escurriéndose por la parte interior de mis piernas creando dos hilos brillantes que no me molesté en secar, quería exhibir mi calentura.

Después de una prudente pausa para permitirle limpiarse un poco y que no se quedara cohibido me volví para sentarme de nuevo a su lado, pero… "De nuevo empalmado? Es que no descansas nunca tu?", me salió así, con una risita. "Es que… coño! Tu allí recostada y con la mini esa…", nos reímos los dos mientras una de mis manos se la acariciaba sobre el pantalón más como una gracia que con sentido sexual. "Vaya con esta tremenda tranca, siempre dispuesta a disparar, sabes? Eso es… fantástico ;-)" le decía bajito a la oreja mientras mi mano se posaba sobre su miembro suavemente. Sus risas se acallaron al instante, al notar mi aliento en su oreja, la calidez de mi mano de nuevo en su miembro… Claro, yo todavía no había llegado y seguía excitada (muy excitada!), pero esta vez ya no se la pude notar tan dura. Estaba gruesa, eso sí, erecta, pero no tan dura como antes, pobrecillo ;-). "Eso nos encanta a las mujeres, es nuestro sueño húmedo cuando nos acariciamos por las noches bajo las sábanas, que nuestros deditos se transformaran en una dura y gruesa polla como la que tengo en mis manos ahora, una gran y venosa polla que nos llenara bien el coño y el ano y no nos dejara ni respirar con su tremenda potencia penetrándonos y atravesándonos, arriba y abajo, sin atender a nuestros quejidos ni gemidos, sólo taladrándonos sin contemplaciones" le susurré como un gemido notando cómo su reacción era inmediata y mis manos eran incapaces de abarcar su ahora tremenda tranca.

Me encanta excitar y notar cómo el semen se derrama sobre mi cuerpo y en su interior, pero esta vez me estaba excediendo y lo estaba torturando. Pese a todo, pese a sentirme algo culpable, algo dentro de mi me empujaba a ir más allá, y seguí susurrándole a la oreja y acariciando su miembro procurando que no se corriera, mientras apretaba mis pechos contra el. "Te gusta verdad? Sí. Es lo que tanto habías soñado cuando veías mi osito con su mano perdida bajo mi falda, verdad?". Y esta vez, con los ojos cerrados, tuvo el valor de contestarme: "Sí, no sabes lo calientes que nos pones". "Me deseáis?". "Claro, soñamos todos con follarte, cuando os vais a la habitación todos nos la sacamos y nos hacemos pajas antológicas a tu salud". "Mmmmm… sabes? Eso me encanta, me encanta saber que estáis todos lokitos con vuestras gruesas trancas en la mano masturbándoos soñando conmigo". Pero eso tenía que acabar ahí, si no me daría algo a mi! Estaba tremendamente excitada y a punto de saltar sobre esa tremenda tranca y empalarme con gusto. Así que me retiré un poco sacando mi mano de su paquete.

Eso quería oír ;-) – Le dije dejándolo con la tranca casi fuera de los pantalones y con un calentón mayúsculo. "Y, dime, qué os imagináis?"

"Que te saltamos todos encima y te penetramos por todos los agujeros, claro". Ahora hablaba como un autómata, como si se lo contara a un compañero que no fuera yo, con los ojos cerrados y soñándome pese a tenerme al lado. – Que te jodemos duro y nos derramamos sobre tu cuerpo y te llenamos todos los agujeros y nuestra lefa te desborda la boca y cae sobre tus ricas tetazas.

Yo estaba que explotaba oyéndole, me ardía la entrepierna y me dolían los pezones de tan duros como estaban. De repente, él pareció despertar del sueño, abrió los ojos y se dio cuenta que le estaba hablando a la novia de su amigo, al cuerpo diez que llenaba sus fantasías, a la que le había hecho correr dos veces en tan corto tiempo, a la excitada mujer que tenía al lado con las mejillas encendidas y los pezones marcados en el top. A la diosa de sus fantasías sexuales más depravadas! Y le estaba contando que se masturbaban con ello, y ella se estaba calentando con la imagen!!!!

Nos miramos, sonrojados, con los colores ardientes del deseo, él con su tranca empalmada que se veía a través de las perneras de los deportivos, yo con los pezones marcados y la tanga empapada por mis flujos. En ese momento sonó el pitido del fin del partido, y suerte de eso porque sino… los dos alzamos la mirada y la desviamos al campo viendo como se abrazaban y celebraban nuestra victoria.

Los dos emitimos un profundo gemido y nos levantamos para reunirnos con ellos. Yo abracé a mi sudado osito y le estampé un beso con mi lengua hasta su garganta mientras apretaba todo mi cuerpo contra el suyo. Mis pechos se contrajeron contra el suyo, mi sexo notó la presión de sus muslos y todo mi cuerpo su humanidad, caliente, cercana, excitado por la victoria. Me abrazó un tanto sorprendido de mi…. efusividad ;-) Pero rápidamente se aprovechó de la situación recorriendo mis nalgas con sus manos y encajándome contra su sexo. Me levantó del suelo sin dejarnos de abrazar, me alzó sujetándome de las nalgas y levantando la minifalda mostrando mi kulito a los allí reunidos mientras uno de sus dedos se insinuaba en mi raja posterior y giré sobre él.

Me volvió a depositar en el suelo y nos separamos mientras yo le felicitaba. Entonces empezaron a pasar hacia los vestuarios. Juanjo y Lolo los últimos, como queriendo retener mi imagen de ese momento, con las mejillas encendidas y claramente excitada deseando sexo, rezumando sexo, oliendo a sexo.

Se retiraron finalmente a los vestuarios (uno por equipo) y me quedé sola en el campo, sola con mi calentura, con mi excitación, con mis piernas temblando de deseo de una gran barra de carne penetrándome. Respiré hondo y me relajé (lo intenté) y me dispuse a pasar el rato esperando. No quedaba nadie, porque se acercaba la hora de comer y el campo estaba algo aislado, así que me senté y esperé.

Entonces recordé la Play de mi osito, y me decidí a pedírsela, como mínimo me entretendría viendo cómo me mataban (soy una nulidad con los juegos electrónicos). Fui hacia los vestuarios y le llamé, pero el ruido de las duchas no permitía que me oyeran, así que entré un poco y repetí la llamada. Fue Juanjo quien salió, con una toalla a la cintura, sólo al verme vi cómo se iba alzando esa toalla fruto de la presión interior. "Puedes avisar a mi osito?" le dije. Él pegó un grito, mientras se quedaba en medio de ese corredor de entrada y su toalla comenzaba a resbalar por el costado (quería excitarme!). Pero cuando apareciste se la volvió a anudar y pasó adentro. "Sí?" dijiste. Tu venías todavía húmedo de la ducha, con una toalla a la cintura también. Yo me acerqué, con lo que ya estaba bastante adentrada en el corredor del vestuario y te pedí la Play para entretenerme mientras os esperaba. Tu sonreíste y desapareciste otra vez dentro, momento que yo aproveché para acercarme más a la entrada del vestuario hasta ver las bancas más cercanas a la puerta. No había nadie, todavía estabais en la ducha, pero se veían las bolsas y se respiraba el sudor de vuestras ropas de deporte. Volviste con la Play y me la diste junto con un beso. Yo te retuve y profundicé en el beso, tu que me alcanzas las nalgas y me las aprietas como sabes que tanto me gusta, con lo que tu toalla queda sólo prendida por la presión de nuestros cuerpos y… y de algo más que te está creciendo. Yo me separo, sonrío al ver que ha quedado colgada de tu herramienta y la alcanzo y acaricio sobre la toalla, que ahora cuelga de mi mano. Tu me miras con una sonrisa pícara y atacas mi cuello con tus labios mientras mi top queda empapado con la humedad de tu cuerpo y yo sigo acariciándote y notando cómo tu hermosa polla crece en mi mano. La situación es muy excitante, te tengo desnudo en mi abrazo, en la puerta interior del vestuario de los chicos, pero protegidos por el corredor que lleva a ella. Ni me lo pienso, te doy un profundo beso con lengua mientras me aprieto contra ti con fuerza y notas la presión de mis pezones, de mi cintura, luego me separo y me agacho ante ti sonriéndote pícara, viciosa.

Ya conoces el significado de esa sonrisa viciosa y te enamora. Aparto la toalla con furia y acerco mi cabeza a tu entrepierna. Tu polla se alza ante mi, en primer plano, venosa y orgullosa como siempre. Tu notas mi aliento sobre ella, mi proximidad, la proximidad del placer y pones tu mano en mi cabeza para acercarme a ella, pero yo me resisto. No, esta vez no, esta vez te vas a enterar de lo que es una buena mamada. Te la tomo en mi manita y la acaricio lentamente. Ves mis labios rojos, ardientes, inflamados de deseo a escasos dos centímetros de ella, pero todavía me resisto a comérmela. Saco la lengua, mi viciosa lengua, y acaricio la punta, que ya empieza a crear unas transparentes gotitas de fluido que engullo con placer. Te la lamo, ves mi lengua humedeciendo tu polla y dejándola brillante mientras con una mano subo y bajo por tu falo lentamente y mi lengua te recorre. Mi mirada clavada en la tuya, aunque veo sombras alrededor, pero ahora no estoy por ello, ahora me centro en tu placer, en el deseo que te leo en la mirada. Me acaricio bajo la mini con una mano mientras te tengo agarrado con la otra y, finalmente, me zampo tu barra de carne y empiezo a chupar con desespero. Tu ves mis labios rojos cómo recorren toda tu extensión mientras mi mano se ha desplazado a tus huevos y te los acaricia y aprieta y exprime deseando su contenido, su leche.

Ahora puedo ver lo que eran esas sombras, son nuestros amigos en el vestuario, alargan sus cabezas para vernos, para verme engullir tu tremenda herramienta mientras mi mano se pierde en mi entrepierna, una visión brillante, gloriosa, húmeda, rezumante, la visión de sus sueños hecha realidad. Ellos están tras de ti, pero sus respiraciones aceleradas y gemidos rápidamente llaman tu atención y encienden tu ego. Les miras y sonríes, te giras para que vean bien a tu putita comiéndote y les sonríes. Ahora me exhibes, me muestras loca de placer comiéndome a mi macho, a mi osito, a mi amo. Acelero, acelero mis embestidas mientras notas mis manos en tu sexo, tus huevos y tu ano, porque he ido avanzando y te he metido un dedito que ahora entra y sale dándote placer mientras notas mi boca caliente que acaricia tu barra de hierro como un guante de seda húmedo.

Ellos nos miran ahora ya con descaro viendo nuestra aceptación. Sus trancas enhiestas, erguidas, y sus manos explorando todo el recorrido arriba y abajo. "Espera" me interrumpes. Me tomas del mentón y me indicas que me alce. Entonces tomas mi mano y me llevas dentro del vestuario. Allí, a la vista de todos tus compañeros con sus trancas bien duras me pones frente a una de las bancas del vestuario, de espaldas a ti, y me indicas que me agache presionando mi espalda. Lo entiendo de inmediato y con dos deditos dejo resbalar mi tanga por las piernas, desenganchándolo de mi húmedo chochito y dejándolo caer al suelo ante las miradas de todos, me agacho con mi duro kulito en pompa presionando tu entrepierna. Entonces tu miras a nuestros amigos y procedes a apuntar tu rica polla en mi coñito. Todos ellos me oyen gemir de deseo, con mi top empapado que delinea a la perfección mis pechos y mis duros pezones y mi minifalda ahora perdida en la cintura, mientras tu polla entra en contacto con mi coñito y abre mis labios. Ven brillar mi humedad cuando se abre para ti, yo alzo mi kulito para facilitarte la penetración y tu me haces sufrir con una lenta penetración, parece que tardas siglos en empalarme, lo haces adrede para que sienta cada centímetro de tu barra ardiente en mi, y ellos mirando cómo entra, cómo la engullo, cómo caen las gotitas de mi flujo y resbalan por mis piernas.

Me empalas hasta el fondo y oigo las respiraciones aceleradas de nuestros espectadores. Se empieza a oír también el ruido de succión de ellos al pajearse a nuestro alrededor. Después de tu lenta penetración, cuando ya me tienes empalada, empiezas a bombearme rudamente, muy fuerte y profundo, con un deseo incontrolable de posesión. Yo grito, grito de placer y de sentirte tan adentro. Tu gimes y luego sólo se oye el plaf-plaf de tus penetraciones. Entramos en un régimen placentero, regular, y me giro para verte y para verlos, se están pajeando, tu sigues mi mirada y también les ves, los dos estamos sonriendo y gimiendo, mientras ellos han dejado ya las toallas y se pajean ante nosotros mientras envidian nuestro placer.

Lolo nos sonríe también, tiene su mirada clavada en la mía mientras su gruesa tranca se desliza entre sus dos manos. Entonces te mira y su sonrisa se hace todavía mayor. Se levanta y se acerca a mi, yo veo su tremenda y gruesa tranca cómo se bambolea al acercarse, la toma en una de sus manos, ahora ya la tengo frente a mi, te miro. Tu sonríes y me haces un guiño cómplice, asientes. Lolo me la empotra contra mis labios, mi mejilla, hasta que abro la boca y la engullo. Casi no me cabe en la boca, pero en el momento que empiezo a tragar noto tu semen en mis entrañas, te estás derramando dentro de mi al ver cómo se la como a Lolo. Tus embestidas pierden fuerza y yo me corro al instante exprimiendo tu leche con las paredes de mi vagina como siempre que me corro. Mi kulo baja un poco y aprovecho para con una mano tomar la polla de Lolo. Ahora tres más se acercan mientras tu sales de mi y noto cómo tu semen se derrama por mi coñito y mis piernas. Deben estar viendo tus fluidos goteando de mi agujero y esa imagen me excita todavía más. Tomo una nueva polla mientras pajeo a Lolo, ésta es más accesible, no tan gruesa, y la lamo y la trago con pasión. Alguien hurga en mi retaguardia y noto como extiende tu semen por mi ano y pasa a penetrarme con un dedo que entra y sale de mi ano con suavidad. Al poco el dedo se convierte en dos dedos y mi kulito empieza a ceder a la presión, pasa de un minúsculo y prieto agujerito a dilatarse y ceder para admitir ya tres dedos que acarician y penetran ayudándole a distenderse. Tengo que conocer el rostro de ese maestro que ha conseguido abrirme tan suavemente, así que, sin perder la polla de mi boca, miro y veo a Juanjo entre mis piernas. Se agacha y lame mi ano, embrutecido por tu semen. Se alza y le veo prepararse para la estocada. Lo hace dulce, tierno, mientras yo chupo y lamo todo lo que me ponen por delante. Parece que los chicos están ansiosos y se apartan unos a otros para conseguir mis codiciados labios sobre sus sexos. Lolo se aparta, es difícil no identificar su gorda polla, cediendo su lugar a los otros, que rápidamente batallan por mis "besos".

En el momento que Juanjo me empala uno de ellos se corre y llena mi cara, mi pelo y me deja goteando su lefa que yo trato de tragar. Han sido tres bombazos de semen de los cuales sólo un par han caído en mi boca, pero tan abundantes que la han desbordado y por muy rápido que tragara, el tercero me ha ido a parar en los labios cuando tragaba. Eso parece excitarles todavía más y dos pollas tratan de penetrar a la vez entre mis labios mientras todavía estoy tragando. Por detrás, Juanjo me está clavando mientras con sus manos guía mis posaderas y me mueve de sitio, no entiendo nada, hasta que veo a Lolo tumbado en la banca y a Juanjo llevándome hacia allí, entonces me encamino yo también y me tumbo sobre Lolo facilitándole la penetración. Pero el falo de Lolo dista de ser un falo corriente, no es demasiado largo, pero es extremadamente gordo y me destroza mi coñito al entrar. Además, Juanjo sigue penetrando mi ano y no me da cuartel.

Empiezo a correrme en una sucesión de orgasmos que me hacen estremecer entera, dando pequeños botes que a ellos les dificultan sus operaciones, pero eso parece excitarlos más todavía. Por suerte, al correrme todavía genero más flujo y mi coñito se relaja y se dilata para dar cabida a Lolo, que parece pugnar con Juanjo por mi interior. Noto entrechocar sus pollas con sólo una leve separación entre ellas, yo. Me llenan el culo y el chocho con sus tremendas embestidas que no siguen ningún ritmo como en los relatos eróticos, sino que son cojidas profundas sin ritmo que generan en mi oleadas de placer, antes de que se acabe una empieza la siguiente fruto de una nueva embestida.

Y yo batallando por comerme más pollas que se corren en mi cara y en mi pelo. Tengo una mano para apoyarme en la banca, la otra ocupada con una polla, Lolo me embiste mi coñito desde abajo mientras come mis pechos y Juanjo me perfora el ano. Estoy empapada de semen, los chicos no han tardado en correrse encima mío por la excitación, por suerte Juanjo y Lolo se comportan y, como ya los exprimí, tardan más en correrse.

Pero es demasiado, mis agujeros están en carne viva y casi no puedo respirar del semen que tengo en mi cara. Lolo no para de morderme los pezones y las embestidas se suceden sin ritmo ni control. De nuevo vuelve el paroxismo de las corridas y yo no paro de estremecerme y dar latigazos con mi cuerpo a lo que ellos responden con energías redomadas afianzando mi grupa y clavándome a fondo hasta que noto cómo ambos se derraman en mi. A través de mis orificios noto sus chorros de semen llenándome el ano y mi chochito, noto como sus pollas pugnan por llenarme mientras entrechocan y mi ano y mi chocho se contraen en espasmos que los exprimen. Finalmente, recibo las dos últimas corridas en mi cuerpo, una en mi boca y la otra en mi mano, brazo, espalda y pelo. Luis, el de mi mano, parece que todavía no se había derramado y no para de escupir como una fuente sobre mi pelo y mi cuerpo dejándome cubierta de su fogosa corrida.

Parece que todos nos relajamos a la vez y caigo exhausta al lado de Lolo, que sale de la banca para dejarme sitio. Estoy llena de lefa, con mis orificios dilatados por donde se derrama nueva leche. Estoy extasiada, tomo el semen de mi ano y mi coño con mis dedos y me lo llevo a los labios. En eso mi mirada se topa con mi osito. Te estás masturbando como un loco y cuando ves que mis dedos entran en contacto con mis labios, cuando ves tanto semen goteando de ellos, cuando me ves sonreír satisfecha de placer y viciosa, me apuntas y me riegas con una nueva y tremenda descarga sobre mis pechos, sobre mi cara. Mi lengua salta a intentar pescar al vuelo tanta leche como puede y eso hace multiplicar tu tremenda corrida y sueltas todavía dos lechadas más que me cruzan la cara alcanzando mis ojos, nariz y boca.

Todos contempláis mi imagen cubierta de leche, yo me relajo, sonrío, me siento llena como nunca, mientras me acaricio recogiendo el semen sobre mi piel y llenándome con el la boca, tragando lo que puedo, pues alguno resbala por las comisuras de mis labios y debo alargar la lengua para tragarlo de nuevo.

Alzo la vista, y os veo allí, rodeándome, parados, con las vergas semi-rígidas, sudando, acalorados, satisfechos pero con un nuevo placer naciente en vuestras miradas. Sale la exhibicionista que hay en mi y me muestro a vuestras miradas desafiante, altiva, guarra. Me recorro el cuerpo con mis manos y penetro mis orificios con los dedos extrayendo más semen todavía mientras os miro desafiante con una sonrisa de superioridad en los ojos. Os estoy desafiando. Me empiezan a escocer mis agujeros, tengo la mandíbula entumecida de tanto mamar, pero no puedo evitar el provocaros. Veo cómo reaccionan vuestras pollas, querrían levantarse, pero todavía están en el proceso, porque las he exprimido a conciencia.

José y Javier son los que primero están rígidos y dispuestos. Les miro las pollas descarada, me relamo y eso parece hacerlos explotar de deseo y se lanzan sobre mi sin orden ni control a tocarme, sobarme, acariciarme… Yo les trato de tomar las pollas con mis manos, pero ellos no paran de moverse y parece como si les diera guantazos, pero eso las hace ponerse todavía más erectas. Finalmente parece que toman una resolución y Javier me toma de una pierna y me alza de lado mientras me penetra por el dilatado ano mientras José le ayuda alzándome de la cintura y me penetra por el coño. Gimo, gimo por no poder gritar más. De nuevo siento dos duras espadas pugnando en mi interior, chocando la una con la otra con sólo la piel que separa el ano de mi coñito en medio. Mi osito se me acerca y pones tu dura tranca caliente en mis labios, el sube y baja por José y Juanjo me obliga a mamarte con un ritmo desigual, entre chupadas, lametones y alguna que otra mordida, porque no soy yo quien controla nada. Ahora me estáis follando vosotros, estáis follando vuestra puta. Yo tomo la polla de Lolo en una mano (casi no la abarco de gorda como es) mientras Juanjo trata de meterla entre mis pechos que no paran de bambolearse y acariciársela o darle guantazos. Ahora soy una puta usada, penetrada, para el placer de cinco sementales con urgencia de sexo. Bueno, urgencia después de haberse corrido todos varias veces, así que la acción se prolonga sin ritmo, dando bandazos a su puta. Los cuerpos empiezan a sudar y nuestros fluidos se mezclan. Las trancas se estremecen, todos parecéis a punto de explotar de nuevo, pero entonces un bandazo de José desencaja a Javier, o mi mamada hace que la polla de Juanjo salga de entre mis pechos o se la estiro demasiado fuerte a Lolo y se queja, es una orgía sobre una puta que no merece cuartel, ahora ya no soy el sueño, ya no soy el cuerpo deseado, ya sólo soy la puta que penetrar, vejar, sobar y guarrear para obtener placer. Ahora vuestras miradas son animales, animales de deseo, de posesión, de sexo. Me traspasáis con vuestras pollas, me tomáis y me usáis para vuestro placer, y yo no puedo ni gemir porque tengo todos mis orificios horadados por vosotros y no paro de estremecerme con un orgasmo tras otro hasta ser dolorosos, el placer se intensifica y ya no soy capaz de distinguirlos entre orgasmos anales y vaginales y… y empieza la cadena de explosiones, primero llenan mi vagina y mi ano, la temperatura de mi interior se eleva con su leche y siento que me llenan hasta el estómago. Se quedan quietos, se relajan con sus pollas todavía dentro de mi, mientras mis estremecimientos les ordeñan y exprimen sus líquidos como queriendo comer toda la leche. Después es Lolo quien me baña de nuevo con sus chorros de semen, ahora menos abundantes, que caen sobre mi cara mientras te la mamo a ti. Siento cómo se retrae en mi mano y acabo exprimiéndolo hasta la puntita y notando cómo las gotas recorren mi mano y mi brazo. Juanjo se mueve frenéticamente entre mis tetas, ahora las aprieta sobre su polla y mis duros pechos son como cojines de carne que le llenan de placer y explota entre mis tetas con largos chorros de semen que chocan contra mi barbilla y gotean sobre mis pechos. La imagen de mis pechos llenos de su leche le fascina y se dedica a esparcir su simiente sobre ellos. Tu eres el último amor, el primero y el último que con grandes jadeos te derramas en mi boca. Al fin noto otra vez tu sabor, el familiar sabor inconfundible de tu simiente en mi lengua, en mi boca, en mi garganta. Tus sueños se han cumplido y me obsequias con una gran lechada que se me escurre por la comisura de mis labios de tal cantidad como me echas.

Finalmente las pollas se escurren de mis llenos orificios, tu sales de mi boca, yo libero a Lolo y Juanjo se relaja en la banca a mi lado. Me duele todo el cuerpo, los pezones, el ano, el sexo, la mandíbula y los brazos de las incómodas posturas. Me ayudas a alzarme y vamos juntos a la ducha. Allí, tiernamente, me enjabonas y me acaricias dándome masaje mientras mis agujeros no dejan de desbordar leche, leche de nuestros amigos, de nuestros compañeros, de tu sueño cumplido. Me limpias delicadamente cada orificio vaciándolo de su contenido con suaves caricias. Tengo la piel irritada y llena de marcas, pero tus manos me tratan con delicadeza y me reparan de la orgía. Yo también te enjabono y acaricio tu herramienta, pero ya no se levanta después de tan gran esfuerzo y tanto placer, ahora sólo nos limpiamos el uno al otro. Salimos y nos secamos. Mi ropa está perfectamente doblada y veo que han tratado de limpiar los restos de semen con papel. Me visto, pero no encuentro el tanga, así que es rápido y fácil, sólo la mini, el top y las zapatillas.

Los dos, de la mano, nos encaminamos a la furgoneta mientras los otros van acabando de vestirse. Llegamos a la furgoneta y me abrazas y me llenas de suaves besos, me besas en la oreja y el cuello (mis puntos sensibles) y… no, no puedo volver a excitarme, estoy demasiado dolorida, pero mi escocido coñito vuelve a humedecerse pese a todo. Estamos al lado de la furgoneta, el resto van viniendo, y tu me besas y acaricias consiguiendo volver a endurecer mis doloridos pezones. Una de tus manos escapa bajo mi minifalda y me alza la mini por detrás, enseño mis nalgas al mundo. Ellos ya se han reunido de nuevo alrededor de la furgoneta y no saben qué decir, qué hacer. Y nosotros acariciándonos. Luis abre la furgoneta. "Venga, arriba", te digo, y subimos a la furgoneta. De nuevo, tu delante con Luís, y nosotros detrás. Me siento, casi me dejo caer en el asiento y lanzo un largo y profundo suspiro. Nadie se atreve a decir nada. Pero de repente, yo os miro y lanzo una carcajada, una gran carcajada que me sale de dentro. "Qué pasa? Ha sido genial! Estoy molida, pero me lo he pasado en grande, verdad Osito?". "Claro, mi putita", respondes desde delante. "Mmmmm… ha sido genial sentirme tan deseada y tan llena, debía ser vuestro mayor sueño, verdad?" Les digo mirándoles a los ojos mientras me relajo todavía más en el asiento abriendo mis piernas y acariciándome muy suavemente (estoy tan escocida que debo hacerlo muy suavemente).

Sí.

Genial!

Qué pasada!

Todos van diciendo la suya mientras me miran con deseo. "Qué puta!" se atreve a decir Lolo. "Mírala! Se está pajeando de nuevo", "Claro, no tenéis ganas vosotros? Después de tanto placer ahora sólo quiero acariciarme suave, meterme mis… deditos… tocarme como me… gusta…" digo sensualmente mientras les doy un espectáculo de masturbación en primer plano. Rápidamente suenan los zippers y se jalan las pollas. Luis no para de mirar por el retrovisor cómo todos nos estamos masturbando. Estamos en una zona de tráfico y nos rodean coches, pero no me importa nada, ahora quiero mi placer suave, el placer de mis deditos expertos. Los camiones a los lados nos ven, algunos nos pitan y otros nos muestran sus pollas a través de las ventanas mientras yo me alzo y, en medio de la furgoneta en movimiento, con la minifalda arrollada a la cintura, me meto dos dedos en el coñito y el pulgar en el ano.

Me corro, me corro con un gran y dulce gemido que se alarga hasta que me recuesto de nuevo en el asiento. Los miro y veo su leche derramada sobre sus manos o algún pañuelito de papel. Voy uno tras otro recogiendo su simiente rápidamente, los lamo y los dejo limpitos, aunque no puedo limpiar los pantalones de Juanjo, que están rebosantes de leche.

Llegamos ante la frustración de Luis, el único al que no he limpiado (tu te has sabido contener, mi Osito).

Esta noche no iremos a bailar, tengo que ponerme crema en mis escocidos orificios y dormir doce horas. Pero veremos cómo serán los próximos partidos ;-)


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