Hace unos días recibí un e-mail de un
lector pidiéndome que le enviara una foto de mi mamá. Yo le complací y le mandé
la que paso a adjuntarles. Claramente quedó muy complacido y me pidió que le
enviara más.

Al no disponer de más fotografías jugosas con las que complacer a mi lector
decidí ir a la cocina, cámara en mano para ver a mi mamá. Ella estaba fregando
los platos, llevaba una vieja camisa de mi padre y unos shorts que marcaban su
precioso trasero.
Le dije que me gustaría mucho poder tomarle unas fotos “sugerente”, a lo que al
principio ella se negó. Sin darme por vencido seguí presionándola pero ella
seguía negándose. Finalmente recurrí a mi última arma de persuasión. Me
arrodillé ante ella, le bajé el short y empecé a comerle el coño. Después de
llegar a un satisfactorio orgasmo aceptó.
Le subí los pantalones y tomando la cámara le pedí que se fuera desnudando
lentamente. Muy despacio se fue desabrochando la camisa dejando al aire sus
preciosos pechos. Hice un par de tomas, pero cuando terminó de desabrocharse
no pude aguantar más. Tenía el pene duro como una piedra, así que dejé la cámara
en la encimera y me lancé sobre ella. Tomándola por la cintura la arrojé sobre
la mesa y la vista de su precioso culo fue demasiado para mí. Le arranqué el
short y bajándome los pantalones le metí toda la verga. Tomándola por las
caderas empecé a entrar y salir de su ano con un ritmo salvaje. Ella gemía de
placer y se agarraba a la mesa para evitar caer al suelo.
-Así mi amor, así-me gritaba- coge por el culo a mamá.
Finalmente eyaculé llenándola de semen. Ella se volvió y empezó a besarme
mientras me masturbaba para volver a ponerme en erección. Súbitamente se detuvo
y me miró con ojos lujuriosos.
-Quiero que lo grabes. Quiero tener un video de cómo me la
metes.
Dicho y hecho. Caminé hasta la encimera y cogí la cámara. Por
fortuna es una cámara digital capaz de tomar fotografías y grabar imágenes.
Mientras la preparaba ella se arrodilló entre mis piernas y poniéndose mi verga
entre los pechos comenzó a hacerme una deliciosa cubana. Cuando todo estuvo
listo dejé la cámara en la encimera y pulsé el botón de grabar.
Cogiéndola en brazos la arrojé sobre la mesa, dejándola boca arriba. Ella me
puso las piernas en los hombros y yo la penetré hasta el fondo. Empezamos a
movernos a un ritmo frenético como una máquina perfectamente engrasada. Con las
manos le agarré los pechos para sujetarla bien, mientras que la penetraba sin
cesar con todas mis fuerzas.
Mis caderas rebotaban en su culo mientras ella se retorcía en un orgasmo
continuo. Con los ojos en blanco por el placer empezó a gritar como una posesa.
La mayoría eran cosas ininteligibles, pero esto es lo que pude comprender.
-¡Fóllame Rolando!¡Dame toda tu verga!¡Eres un animal!¡Sigue
follando a tu madre!
Después de quince minutos empezaba a cansarme y fui disminuyendo el ritmo. Al
notarlo mi madre me dijo que quería que me corriese en su boca. Me subí a la
mesa y se la metí toda. Mamá la mamó con gran velocidad mientras la recorría con
la lengua. No tardé en correrme y llenarle la boca de semen que empezó a
chorrearle por los labios.
Hace solo un día que grabé el video y ya lo hemos hecho seis veces mientras lo
vemos. Si quieren que les envíe fotos de nuestra sesión solo escríbanme y
pídanlo. A mamá le excita tremendamente que alguien se masturbe con nuestras
fotos.