VISITANTE DE DORMITORIO
Hola, mi nombre es Ileana, tengo 32 años, y recuerdo unos
sucesos pero no por haber visto antes este caso, sino, porqué hace 17 años atrás
me ocurrieron cosas similares, empecé jugando el juego de la copa o ouija, en el
que estábamos presentes mi hermana, una amiga y unos primos. Fueron muy certeras
las respuestas o casualidad, manifestó que yo iba a casarme primero, que me
utilizaba de médium, y que uno de nosotros iba a morir cruelmente, y señaló a
uno de mis primos, que se ahorcó a los casi 7 años de este hecho.
Como nosotros lo tomamos como juego y siendo adolescentes no
le prestamos atención a nada no le dimos importancia, pero antes de despedirla
la copa de la ouija se rompió en mi habitación tras salir disparada como por un
fuerte manotazo. A mí me comenzó como un temblor en el cuerpo y a sangrar la
nariz, esto frente a todos los que estábamos presentes. Luego de ese día nada
fue normal en esa habitación ni en mi vida.
En la habitación dormíamos mi hermana y yo. Teníamos tres
camas, la nuestra se separaba por casi dos metros de distancia, la cual con los
brazos estirados no nos alcanzábamos, y señalo esto por un acontecimiento que
sucedió varios días después: de espaldas a mí hermana tumbada en la cama, noté
algo como si fuese una mano que me acariciaba el hombro y bajaba por la espalda,
como intentando llegar a mi colita. Pensé que la sucia de mi hermana se había
levantado y me estaba tocando porqué mi cuerpo ya estaba casi formado y el suyo
no (era muy curiosa, pero sin malicia). Pero cuando me volví, ella dormía de
espaldas a mí. Un escalofrío de terror me invadió. ¿Quién me había tocado?.
La primera manifestación más evidente fue sentir una
respiración a mi lado, un aliento constante en mi nuca que me puso la carne de
gallina. Era verano y el aire no corría, así que no era difícil descifrar que el
viento no era y mi hermana tampoco. También me parecía sentir una especie de
"cuerpo" o "algo" abultado tumbado detrás de mí, como si se hubiera echado a mi
espalda. A los días siguientes empecé a sentirme observada en mi habitación, en
el baño y la cocina, unos ojos que vigilaban cada uno de mis movimientos. Al
término de unas semanas mi dolor de cabeza ya era muy fuerte y llegó el día en
que esta presencia la sentó a los pies de mi cama, yo no la vi como materia,
sino como una especie de sombra en mitad de la nada. Había algo, como una
silueta sin forma definida, borrosa, difusa pero aún sin ver sus ojos, sabía que
me miraba fijamente. Me asusté y prendí la luz. No había nada.
Después de ese día dormimos con la luz prendida durante
varias noches seguidas. Mi hermana empezó con miedo y se lo contamos a mama, que
pensó que era algo de nuestras mentes y no nos dio importancia. Los días que
dormimos con la luz prendida sentíamos que a la noche alguien entraba y salía de
la cocina al living room, paseando por la casa como sonámbulo. Muy asustadas nos
levantamos a mirar si eran mamá o papá pero no, no había nadie allí. Cuando
apagamos la luz de nuestra habitación unas semanas más tarde empezó de nuevo con
nosotras, era horrible no poder dormir cuidando a mi hermanita que era más chica
en ese momento. La peor parte me la llevé yo: ella solo veía la presencia…yo la
sentía en mi propia carne.
Esa noche otra vez se manifestó respirando a mi lado y
murmurando. No se entendía nada, era como un susurro murmurado a un fuerte
viento. Después de varios días sin dormir por miedo, me venció el sueño. Me
dormí profundamente y creí que era un sueño pero cuando me desperté seguía
pasando: sentí como alguien subía encima mío y me quitaba la respiración, como
oprimiendo mi cuerpo contra la cama con su propio peso. Pude gritar y mi hermana
fue a dar la luz. De nuevo no había nada en aquel cuarto. Dormimos juntas a
partir de ahí, bien abrazadas una a la otra, con la puerta cerrada y rezando
para protegernos. Era un cuadro típico de película de terror. Al otro día lo
mismo: sentía como se deslizaba la sábana y como me tocaba algo en las piernas.
A los tres días me desperté como por una quemazón interna, sobrecogida y con la
respiración muy agitada. Tardé poco en saber que si había despertado había sido
porqué "algo" me había tocado hasta haberme provocado un orgasmo mientras
dormía.
Una noche después me decidí a poner sal en la puerta de
nuestra habitación, y se calmó todo por unos días. Después, al tratar de olvidar
y no escudarnos en nada, nos acostamos más tranquilas. No pasó ni una hora de
haberme acostado que empecé a ver como me destapaban y me tocaban. Sin darme
vuelta pensé que mi hermana se había agachado y me estaba haciendo una broma.
Enojada le dije: "¡Naty basta!, déjame dormir, ya no juegues más con esto". Mi
hermana gritó fuerte y me dijo "Yo no soy, estoy en la cama". Prendió la luz y
corrimos a la habitación de mamá, que otra vez y para desgracia nuestra no nos
volvió a creer. Nos echó de su cuarto y nos obligó a volver a nuestras camas.
Para mi horror, fue meterme en cama cuando sentí como si me hubieran cosido los
labios, no podía abrirlos ni chillar. No pude avisar a mi hermana y tuve que
aguantar que durante un tiempo que se me hizo eterno, "algo" me recorrió de
parte a parte por mi cuerpo. Sentí una boca que me besaba y chupaba desde mi
cuello hasta mis partes íntimas, y unas manos que me apretaban y estrujaban
tanto los muslos de mis piernas como mi vientre y mis senos, intentando
forzadamente excitarme. Aquella fue la primera vez en que no estaba dormida
cuando todo pasó: cuando mi cuerpo reaccionó por instinto (que no por voluntad
propia) y se calentó, me sentí perforada por una cosa que me taladró durante
¿minutos, horas? no tengo ni idea, solo sé que no paraba y que para cuando me
dejó, ya no podía gritar del cansancio. Al día siguiente encontré unos extraños
morados en donde había sentido aquellas manos sujetándome, y los morados
parecían dedos. Mi único consuelo cuando aquellos tocamientos y orgasmos se
sucedían es que esa presencia me prefería a mí antes que a mi hermana pequeña.
De haberle pasado a ella, me hubiera quitado la vida.
Muy asustadas no queríamos dormir, era demasiado para ella y
para mí. Después de un tiempo en que ya no podía más con aquellos abusos empecé
a comprar revistas de esoterismo, predicciones, astrología y semejantes para ver
lo que podía hacer. En una acción desesperada Volví a jugar el juego de la ouija
sola, sin nadie en mi casa, para cerrar lo que había empezado semanas atrás.
Aunque contacté con algo, ese espíritu no me dio ni su nombre ni me dijo lo que
quería, pero a pesar de ello y por espacio de un año, se relajó todo. Nos
mudamos y viví tranquila mucho tiempo. En casa de mi abuela, con mis padres y mi
hermana en otro lado, fui una rebelde solitaria propia de mi edad. Estaba
irreconocible por días, pero luego de aquellos comportamientos negativos, cuando
senté cabeza y maduré, volví a vivir con mi familia en una casa propia, no
alquilada como la anterior. Ese año empezó todo de nuevo.
Una noche algo me despertó y vi una persona colgada de una
lámpara de la casa. Era alguien con el pelo de mi primo (Javier, con el que
habíamos jugado a la ouija), pero de cara era yo. Comencé a llorar y le conté a
mi mama y a mi hermana lo que vi. Mi hermana me creyó, mamá empezó a dudar. A
las 2 semanas tuve un episodio difícil y quise suicidarme: había despertado no
ya debido a un orgasmo, si no a la sensación de algo penetrándome y sujetándome
hasta que "eso" terminó y me hizo gozar sin yo quererlo. Al mes de eso, mi primo
Javier se suicidó ahorcándose por, al parecer, una larga depresión que había
mantenido en silencio que había surgido tras el primer juego a la ouija. Fue
algo muy triste y perturbador. El día del fallecimiento de mi primo sentí que
algo se desprendía de mí, como si saliera de mi interior a alguna parte. Al mes
tuve la noticia que estaba embarazada. Nunca sabré si fue por mi novio o por
Javier, aunque esa sospecha siempre ha rondado mi cabeza debido a que una vez,
al despertar, había visto a algo o alguien saliendo a oscuras de mi cuarto y
aunque el orgasmo lo había tenido, sabía que un espíritu no había sido. Mi
cuerpo había aprendido a reconocer la diferencia.
Cuando pensé que todo había terminado una tarde antes de irme
a vivir con mi marido estábamos los dos con mi hermana y una amiga escuchando
una radio vieja. Era un tema de los Illya Kuriaki, no lo olvidaré jamás: la
canción se detuvo y algo dijo con voz muy fuerte "Ileanaaaa". Nos asustamos
muchísimo. Era demasiada casualidad que el tema parara ya que era una radio y
gritara con voz diabólica mi nombre. No le dije nada a mi marido, porqué no lo
quería ahuyentar al saber estas historias de visitantes de dormitorio. ¿Cómo
decirle que por la noche, cuando él está dormido y delante de sus propias
narices, algo viene para tocarme hasta hacerme correr sin que pueda evitarlo?.
No hace mucho leí un reportaje sobre esas cosas a las que en la Edad Media
llamaban "íncubos" (demonios machos que buscaban mujeres para asaltarlas en sus
casas) y "súcubos" (demonios hembras que buscaban hombres para violentarlos). No
sé si lo que me persiguió es un demonio, un fantasma o qué, solo sé que desde
que soy adolescente viene a violarme y que ni siquiera haciendo vida normal de
mujer casada con hijos me libro de ser su objeto de deseo.
Esa fue una de las tantas cosas que me han pasado. Han pasado
muchos años, pero esto nunca se ha detenido del todo, solo ha tenido pausas con
el tiempo. Ahora ya soy mayor pero esto nunca se termina. Lo único que ya no
tengo miedo, si no resignación de saberme usada sexualmente por algo que merodea
nuestro mundo y que, quizá por hacer aquella ouija, yo misma hice entrar desde
el otro lado (dondequiera que sea eso). Cuando hace años vi aquella película "El
Ente" (basada en hechos reales), supe que no era la única a la que le han
pasado cosas así. Creo que soy de las pocas personas en el planeta que han
podido saber en todo su terror lo que vivió Carla Moran (la de la película, que
me sobrecogió por el miedo la impotencia que me transmitió, y la real por saber
que ambas éramos "hermanas" al ser víctimas sexuales) cuando aquel ser la
violaba. "Mi" presencia no era tan ruda ni violenta, pero no por eso me siento
menos vejada y ultrajada cuando viene a usarme para sus fines. Lamentablemente
hay que convivir con estas situaciones, con cosas extrañas y despiadadas que se
alejan y vuelven para molestarnos. Lo único que ahora me preocupa es que mi hijo
Sebastián, que ahora tiene nueve años, también ve cosas. De cuando tenía uno ó
dos añitos a veces podía verlo con la vista perdida en el vacío, mirando a la
nada, e incluso tuvo un "amigo imaginario", cosa me asustó por miedo a que fuese
esa misma presencia, que usara a mi hijo para tenerme sometida a él. Solo espero
que él no corra mi misma suerte.
El que quiera preguntarme algo o escribirme su experiencia le
dejo mi msn: ileanita.2009@live.com