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Fecha: 04-Nov-10 « Anterior | Siguiente » en Sexo Anal

Rompiéndole el culo a Mili (8)

AdrianReload
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Tiempo estimado de lectura: [ 16 min. ]
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mmm uyyy antes de dormir otra vez yyyy seria capaz de aguantar tan deliciosas nalgas mmm uuuyyy y ese anito que me vuelve loco ufffff...no lo resisto....despues de recobrar fuerzas sera un agitado amanecer.... Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
Ashley Madison - Ten una aventura. Infidelidad.

Llegamos al segundo piso y Mili aun sentía melosas y adoloridas sus intimidades, así que decidió volver a la ducha para limpiarse y refrescarse.

Te acompaño… me ofrecí diligentemente.

No, no, gracias… primero voy yo, después vas tu… me dijo desconfiada, poniéndome un alto con su mano en mi pecho.

La vi en su tortuoso camino a la ducha, parecía un poco escaldada luego de todas las penetraciones anales que le hice esa noche.

Solo tráeme una toalla limpia, pero la dejas en el colgador… me pidió.

Sonreí al escucharla… la entendía, Mili ya no quería correr riesgos. Teníamos que dejarnos de esos jueguitos sexuales, al menos por el momento, debíamos completar nuestro informe. Tampoco quería que Mili terminase hastiada del sexo anal y de la persona que se lo practicaba.

Fui al cuarto de lavado saque nuestra ropa de la secadora, tome la suya y una toalla y me dirigí al baño. Al escucharme cerró la llave del agua y deslizo la puerta de la ducha. Esta vez no me dejo ver todo su provocativo cuerpo, solo saco la cabeza y me estiro el brazo pidiéndome la toalla. Pensar que la misma chica que me tentó hace unas horas lucia ahora muy precavida, temerosa de otro encuentro sexual.

Espere a que terminara de secarse dentro de la ducha, para luego ingresar a bañarme, como habíamos acordado. Al fin salio, nuevamente con la toalla sobre sus senos, cubriéndola hasta debajo del pubis. Me ofrecí cortésmente a ayudarle a secarse.

No gracias… aléjate… me dijo con una expresión graciosa.

Esta bien… dije sonriendo y deje mi toalla.

Haz que se quede así… me dijo señalando mi pene que lucia tímidamente encogido.

Lo intentare, pero no lo provoques… respondí e ingrese a la ducha.

Cuando salí de la ducha Mili se peinaba frente al espejo del lavamanos, aun llevaba la toalla puesta a pesar de que su ropa seca y limpia estaba sobre la tapa del excusado.

Todavía esta caliente… me explico en alusión a la ropa.

¿Qué todavía estas caliente?... bueno haré un esfuerzo para bajarte la calentura… dije en broma quitándome la toalla de la cintura.

No, tonto, mi ropa aun esta caliente… no te me acerques… respondió riendo nerviosamente al ver que me aproximaba a ella.

Esta bien… voy a prender la computadora… le dije saliendo del baño.

Llegue a mi cuarto y mientras la computadora encendía, yo me vestía con un t-shirt (polo) y un short.

Al poco rato, ya enfrascado en el informe, no note que Mili, ya vestida, había ingresado a mi habitación. Cuando me percate de su presencia pude ver que había algo de nostalgia en su mirada. Se dio cuenta que la observaba…

Vaya… pareciera que ha pasado mucho tiempo desde la ultima vez que vine… dijo y no pudo evitar mirar la cama donde hacia dos semanas le había desflorado el ano.

Si, parece que si… pero ya… vamos a trabajar… le dije.

Era casi medianoche y desde que salimos de la sala de cómputo de la facultad no habíamos avanzado nada. Mili lo entendió y se vino a sentar a mi lado… solo que no soporto mucho sentada, tuvo que ponerse de lado, apoyada en una nalga, parecía que su arrugado anillo le fastidiaba.

No te rías que aun me arde… dijo fingiendo seriedad.

Trabajamos una hora y parecía que el sueño nos quería envolver, después de todo el ajetreo físico era de esperarse.

Por momentos cuando Mili me preguntaba algo o me hacia alguna sugerencia, yo volteaba a mirarla, para prestarle atención, solo que mis ojos se desviaban a menudo y terminaban en el escote de su blusa, aquella prenda que tuvo que unir en sus bordes, a la altura de su abdomen, porque yo en un ataque pasional había roto todos sus botones. Así mi vista siempre se perdía en sus apetecibles senos, cual niño lactante los contemplaba con cierta ansiedad.

Mírame a los ojos… me pedía un poco risueña.

Si, si te escucho… respondía sin dejar de admirar sus melones.

Danny… ¡esos no son mis ojos!… me decía levantando mi quijada y fijando mi vista en sus intensos ojos negros.

Bueno… ¿Sabes que? Creo que mejor preparo café… le propuse, quería despejar la vista y la mente.

Si, que sea café cargado, bien cargado… dijo bostezando un poco.

Se te antoja algo de comer… ¿Pizza?… le dije bromeando.

No… todo menos eso, ya se como te pone la pizza… dijo enfática pero con algo de gracia.

Solo preguntaba, haré unos sándwiches… respondí riendo.

El ir a la cocina y preparar esa merienda me despejo. Cuando regrese a mi habitación, Mili dormitaba frente a la computadora. La desperté y con el café reanimándonos pudimos terminar nuestro trabajo.

Eran casi las 3 y los dos estábamos medio sonámbulos, presos del cansancio físico (por nuestros encuentros sexuales) y mental (por el informe de la universidad). Decidimos irnos a la cama, al parecer solo dormiríamos, el cuerpo y las ganas no nos daban para mas.

Solo que Mili no quería dormir con la misma ropa puesta. Buscamos en mi guardarropa algo que pudiera ponerse. Le llamo la atención un polo naranja con el cuello verde… sonriendo leyó la inscripción que con plumón tenía:

Así que "Juancho"… me dijo.

Si, bueno, fue un apodo que me pusieron en un trabajo hace un tiempo… le dije mintiendo, no quería ahondar en explicaciones.

Parece que has tenido muchos nombres… repuso intrigada.

Soltó el polo y sus ojos se fijaron en otro polo, mas pequeño, más femenino, me miro con gracia y suspicacia…

¡Aja!… no sabia que tenias estos gustos…

Oye… eso es de una prima que paso un tiempo con nosotros… le dije, quizás con aire melancólico.

¿Y que hace en tu closet?... pregunto curiosa.

No se, tal vez cuando me mude a este cuarto mi mama por error lo coloco entre mi ropa… le explique, aunque ya me había percatado de ese error, conservaba esa prenda como recuerdo.

Ah… y ¿Cómo se llama tu primita?… pregunto sin comerse el cuento.

Su nombre es Ana… respondí sin darle mayor importancia.

¿Y quisiste mucho a Anita?... pregunto con picardía.

¿Qué?... oyeee… no seas mal pensada… que ella acaba de tener un hijo hace poco… replique un poco malhumorado.

Ah si, que linda… y ¿Quién es el papá?... pregunto burlonamente, notando que sus preguntas me hacían sonrojar, quizás delatarme, se estaba divirtiendo a costa mía.

Ya, ya… basta de preguntas insidiosas… ¿Te vas a poner eso si o no?, si quieres te traigo algún camisón de mi madre… repuse irónico.

Ay no, no lo tomes a mal, pero seguro tu mami usara ropa de dormir al estilo antiguo, cubriéndole hasta los tobillos, como la de las mujeres árabes… dijo con cierto sarcasmo.

No me ofendí porque sonaba gracioso y tenia algo de cierto.

Solo dame un ratito, ¿Me quedara?… tal vez sea muy apretado para dormir… repuso pensativa mirando el polo de mi prima.

Se me vinieron a la mente pasajes de una historia antigua, quizás no muy lejana… por lo que recordaba aquella prenda podía encajarle a Mili, las dimensiones de mi prima eran similares a las suyas…

Bueno, quizás Mili era un poco más voluptuosa, pero este juicio era algo injusto dado que Anita era más joven, casi una niña, cuando uso ese polo, sin embargo la última vez que la vi en su hacienda… si, creo que podía decirse que las contexturas de Anita y de Mili eran parecidas… sentencie, procurando no ahondar en mi memoria y en mis sentimientos. Era un buen recuerdo pero era historia pasada... pensé con nostalgia.

Creo que aquello de enfundarse en la ropa, y tal vez en la historia, de otra chica no le llamaba mucho la atención a Mili. Su ego femenino no quería compartir o competir con esos recuerdos. Ella tenia su propia personalidad, sus propias formas, y vaya ¡Que buenas formas!

Al final Mili reparo en una camisa mía. Era un poco vieja y no la usaba mucho porque se había decolorado, aunque su tela aun se mantenía suave y fresca.

Esta creo que me puede quedar bien… dijo aliviada, bostezando por el cansancio.

Pues bien póntela y a dormir… dije imitando su bostezo.

Pero… ¿Podrías hacerme un favor?... pregunto vergonzosa.

¿Cuál?... respondí con curiosidad.

Podrías voltearte mientras me cambio… dijo con tímida expresión.

Oye pero si ya… después de todo… intente protestar buscando las palabras adecuadas, no quería sonar muy rudo o herir su susceptibilidad ante su repentino ataque de pudor.

Hazlo por mí ¿si?... me pidió juguetonamente.

Esta bien… esta bien… respondí, era mi huésped y después de todo lo que le hice esa noche, creo que debía ceder a su pedido.

Me voltee sonriendo… ¡Mujeres!, pensé. Al cabo de unos minutos, me dijo finalmente:

Ya puedes voltear…

Le hice caso y… Wow… divina tentación… lucia hermosa vestida solo con esa camisa. Dejarme esa impresión fue su intención al pedirme que me volteara mientras se cambiaba.

Mi vista se paseo por sus bien formadas piernas bronceadas, que terminaban donde la camisa empezaba (apenas por debajo de sus intimidades seguro que también desnudas). Mili con sus manos en su cintura, me daba a entender lo grande que le quedaba mi camisa así como el pequeño tamaño de su cintura. Más arriba, sus pechos desafiantes levantaban mi camisa, sus pezones indicaban su justa posición. En su rostro una sonrisa coqueta, sabia que la había comido con la vista y eso inflaba su vanidoso ego femenino.

¿Qué tal me queda?... pregunto luciéndose, dando una vueltita.

De maravilla… exclame mientras veía como su trasero levantaba la camisa, casi permitiéndome ver sus redondas nalgas.

Bueno… creo que es hora de… dijo provocativamente.

¿Si?... inquirí sintiendo que en mi adormecido cuerpo aun se podía despertar otra erección.

Que es hora de dormir… puntualizo risueña, soltando otro bostezo.

Si tienes razón… respondí desganado, realmente cansado.

Mientras ella se dirigía a mi cama, yo buscaba un sleeping (bolsa de dormir) en mi closet. Mili se acomodaba entre mis sabanas, cuando me vio desplegar el sleeping, me miro curiosa:

Oye, no seas tonto… no vas a dormir en el piso, debe estar frió y duro… te puedes enfermar… me dijo con pena.

Pensé que no querrías…

Aquel ataque de pudor que tuvo al vestirse para dormir y la forma tragicómica en que había huido a mis bromas e insinuaciones mientras terminábamos el informe de la universidad me habían hecho dudar que Mili quisiese compartir la cama.

Nada de eso… ven aquí, que hay espacio para los dos… dijo haciéndose a un lado, como no reaccione, ella agrego con picardía y dándole un palmazo al colchón: Vamos… que no te voy a morder…

Esta bien… solo espero que no ronques… o hables dormida…

Jaja… graciosito… apúrate que quiero dormir… dijo desganada.

Sentí un poco de calor y, ante su atenta mirada, me quite el polo y el short, solo me quede en bóxer. Note su expresión desconfiada.

¿Algún problema con que duerma así?... pregunte.

No… con tal que no dejes que nada se te escape… me dijo de buen humor mirando mí entrepierna. Al parecer estaba muerta de sueño.

Ok… me limite a decir, luego me aproxime a la cama.

Cuando me vio acercarme, levanto las sabanas para dejarme acomodarme entre ellas. Inicialmente se recostó de lado, dándome la espalda, mientras yo me acostaba boca arriba, mirando el techo, pensando en lo sucedido.

Habíamos tenido mas de un encuentro sexual (en mas de una posición) esa noche y por tanto no debía haber tanta tensión entre nosotros, debía haber más confianza, muestras de cariño y esas cosas propias de toda pareja. Y ese era el problema… nuestra situación no estaba definida…

¿Qué éramos?... no éramos enamorados, porque aun seguíamos con nuestras parejas formales… tampoco éramos amigos cariñosos, apenas si éramos amigos y habíamos sido mas cariñosos de la cuenta, después de todas las situaciones sexuales de esa noche, habíamos superado esa etapa… ¿Amantes?, creo que esta era la palabra que mas se acercaba a nuestra situación… aunque dudo que a Mili le gustase como sonaba eso…

Al cabo de unos minutos, Mili se volvió hacia mi lado. Sin decir nada se acurruco en mi pecho, abrazándome… quizás las mismas preguntas cruzaron por su mente y quería encontrar las respuestas en mi regazo, o tal vez solo tenia miedo de darme la espalda, es decir, quería cuidar su bien proporcionada pero aun adolorida retaguardia…

¿Te molesta que me quede así?… pregunto tímidamente, notando la tensión que la cercanía de su cuerpo me había generado.

No, para nada… respondí recobrando un poco la cordura.

Mientras la luz de la calle iluminaba en algo mi oscuro cuarto, acaricie sus cabellos en una muestra de cariño y para acostumbrarme a su presencia. No recuerdo más de esa semi oscuridad, estaba agotado… Me quede dormido...

Me desperté por un pequeño ruido, el cantar de aun ave cerca de mi ventana, aun no estaba del todo claro afuera. El sol saldría por entre las montañas en unos minutos y esta ave anunciaba su llegada.

Tras unos segundos me percate que nuestra ubicación había cambiado: Mili ya no estaba recostada sobre mi pecho. Nuevamente me daba la espalda, solo que esta vez mi cuerpo estaba también de costado, detrás suyo.

Mi brazo rodeaba su cintura y la mano de Mili, sujetando la mía, parecía querer mantenerla allí, era un gesto tierno. Mas abajo mi cadera tenuemente presionaba sus abultadas nalgas… no era un gesto obsceno, pero lo seria instantes después… a medida que mi cuerpo y mi sensibilidad despertaban… sin embargo Mili y su bien dotado cuerpo seguían dormidos.

Quise alejarme, sintiendo venir una erección matutina, pero la mano de ella me lo impedía y no iba a sacarla bruscamente, no quería perturbar el tranquilo sueño de Mili… lo que si me estaba perturbando era el contacto de mi verga cada vez mas dura con sus carnosas nalgas…

¡Diablos!... intente pensar en cosas terribles para hacer retroceder mi excitación, pero no logre mucho… ahora mi pene semi erecto empujaba la camisa que protegía la raja de su precioso culo, buscando insertarse.

Intentaba luchar contra estas sensaciones, no quería aprovecharme de Mili mientras dormía… no era correcto… sin embargo mi pene no parecía entenderlo, tenia reflejos propios que yo no podía controlar… con decirles que había logrado salir, sin ayuda, de mi bóxer a través de su abertura…

Viendo que nada parecía menguar mi deseo por la carne de Mili… probé una salomónica solución: Rozaría mi verga suavemente a lo largo de la raja de sus redondas nalgas, a fin de darme placer, de pajearme, procurando no despertarla y evitando violar su estrecho agujero…

Al inicio estos movimientos comenzaron a surtir efecto, en algo estaban aplacando mi morbo. Mili apenas se movió, producto de mi tacto o de su propio sueño… Solo que al poco rato, estas tibias fricciones lejos de acallar mi lujuria, empezaron a incrementarla de manera febril, nublando mi conciencia… no podía mas… quería poseerla…

Mis movimientos eran cada vez mas torpes y notorios, algunos quejidos se le escaparon entre sueños a Mili… no me quedaba otra… si quería acabar con todo el deseo matinal que su cuerpo me había despertado… tenia que penetrarla a como de lugar…

Aproveche que Mili dejo de sujetar mi mano contra su cintura, quizás debido al continuo escarbar de mi pene contra sus nalgas… Sigilosamente libere mi mano, me ayudaría con ella a levantar un poco su camisa y a hacerme espacio entre sus nalgas.

Así lo hice, levantar la camisa no fue tarea difícil, su voluminoso trasero alejaba la mayor parte… lo difícil era hacer diana en su pequeño agujero con delicadeza y suavidad, evitando despertarla sino podría reaccionar mal… obnubilado por mi morbo llegue a creer que la penetraría a gusto y ella no despertaría… después de todo estaba sumamente exhausta…

Lentamente fui acomodando mi verga entre sus nalgas, algunos leves movimientos me dieron a entender que Mili estaba cerca de despertarse. No pude esperar mas… ni bien encontré que su carne cedía (había ubicado su esfínter con la cabeza de mi pene) comencé a empujar… Instintivamente sus nalgas se contrajeron, mi mano dejo de guiar mi verga, que ya había encontrado su camino, y se ubico en su cintura, para impedirle escapar…

¿Que?... pregunto Mili entre sueños.

No respondí, empuje más y le inserte la cabeza de mi pene en su soñoliento cuerpo. Ella se estremeció, no sabia aun si era un sueño o una pesadilla, pronto lo sabría…

Ayyy… auuu… se quejaba mientras le insertaba mi pene.

Estaba enloquecido por su cuerpo, sus voluptuosas formas, su estrecho agujero… lejos de retroceder, seguí empujando mi verga hasta que forzosamente le entro casi la mitad…

Auuu… ¿Qué haces?… ayyy… pregunto nerviosa, aun adormilada.

Nada... nada… duérmete… me atreví a decirle desvergonzadamente.

¿Estas loco?... ayyy… se quejo dándose cuenta de la situación.

Si… loco por ti… susurre a su oído y acto seguido le bese el cuello.

Ayyy… nooo… ahhhh… se quejo tibiamente.

Su mano busco la mía, que contenía su cintura, quiso apartarla para liberarse, pero sus reflejos eran torpes. Solo logro sujetar mi mano y trasmitirme el dolor que mi presurosa penetración le estaba causando. Ya tenía más de la mitad adentro y yo seguía forcejeando por meter lo demás.

Ohhhh... auuuu… ayyyy… chillaba adolorida.

Su cuerpo se había levantado un poco de la cama, sus piernas pataleaban lenta y torpemente, buscaba un impulso que la alejara, sin embargo no lo lograba… en un ultimo arranque de locura le clave con furia el resto de mi verga... ahora si la tenia completamente atorada… empalada…

Ayayayyyy… soltó un lastimero gritito.

Ufff… suspire aliviado al tenerla enganchada.

Primero un espasmo de dolor la recorrió, luego se dejo caer sobre la cama, dejo de patalear, su mano ya no alejaba la mía… se estaba reponiendo de aquella violenta incursión… Mili intuía que no podría escapar…

A pesar de escuchar sus dolientes lamentos, tercamente me negué a retirarle mi verga de su adolorido ano… quizás envuelto por una locura pasional o por un presentimiento de que aquel podría ser nuestro ultimo encuentro… habíamos terminado el ultimo informe… y después de eso que…

Eres de lo peor… ni mas vuelvo a trabajar contigo… me reprocho con sufrimiento, como leyendo mis pensamientos.

Lo siento… dije volviendo un poco a mis cabales.

El primer rayo de sol se filtraba por las montañas y me traía algo de cordura, retrocedí un poco. Sin embargo la lucidez mental no me duro mucho… le enfunde nuevamente mi verga…

Ahhhh…Ya, ya basta… ayyy… se quejo.

Esta bien… dije y le bese el cuello a manera de perdón.

Vi como este dulce beso en el lugar adecuado la desarmaba… suspiro profundamente, y su cuerpo contraído en muestra de dolor se fue relajando…

Ayyy… nooo… No me hagas eso…Sabes que no puedo…

¿No puedes?

Ahhh… no puedo resistirlo… clamo acalorada.

¿No puedes resistir qué? ¿Esto?... pregunte y volví a besarle el cuello.

Nuevamente se estremeció, no de dolor, sino de placer, incipiente placer. Su pierna intentaba apartarse un poco, quizás para acomodarse mejor, para que su cuerpo saboreara mejor mi verga llenándole el ano.

Eres un maldito… Te odio… dijo con voz pausada, develando su excitación.

No di lugar a otro reclamo o insulto: lentamente saque mi verga, ella presiono mi mano, quizás no quería que la saque, no duro mucho tiempo mi pene fuera ya que violentamente se volvió a refugiar en sus intimidades.

Ouuuu… Aahhh… exclamo mientras apretaba mi mano.

Repetí el movimiento una y otra vez… estaba dispuesto a llegar al clímax con ella o a costa de ella… Mili lo presentía y pronto se uniría a mi labor…

Ahhhh… siii… siii… ohhh….

Su pierna dejo de apartarse tímidamente y procedió a levantarse, hacerse a un lado, para permitirme perforarla a fondo. Su mano ya no sujetaba la mía, sino que nerviosa desabotonaba la parte superior de la camisa, buscando liberar sus senos que no podían rebotar mas allá de lo que la tela le permitía.

Ohhh… siii… mas fuerte… siiii asiii… uhmmmm…

Ahora no se quejaba, solo pedía, clamaba por más de ese dulce sufrimiento, no me negué a su ruego… preso de mi propia excitación incremente el ritmo… sus nalgas bailaban con cada salvaje embestida de mi cadera contra su abultado trasero. Su mano guiaba la mía a sus senos, para que pudiera sentir como temblaban de placer por mi vigor…

¿Ves?... como lo que me haces sentir… ahhh… ahhhh…

Dejo mi mano estrujando sus vibrantes senos y su mano busco mis cabellos, devolviendo mi salvaje acción de nuestros encuentro anterior, me jaloneo bruscamente la cabeza, hasta que nuestros labios se encontraron… ahora ella también tenia una expresión febril…

Ay… que placer… nunca nadie… nadie me hizo sentir así… uhmmm...

Tal vez nuestros sentidos no estaban del todo despiertos aun. Llevábamos minutos así y mi cuerpo no quería soltar su leche, el cuerpo de Mili se negaba a desfallecer… lo estábamos disfrutando demasiado… empapados de sudor… agitados…

Ya… acaba por favor… que me matas… ayyy….

Resiste.. un poco más…

Siii… siii.. ahhhh… ahhh…

Mis manos aun en sus melones sentían sus aceleradas palpitaciones. En su cansancio sus labios buscaron los míos, entre jadeos su lengua trataba de incitar la mía, de apurar mi excitación con lujuriosos y calidos besos… lo estaba logrando… mi verga apuraba los movimientos en su interior, mi cadera seguía castigando sin piedad sus firmes nalgas.

Ayyy… no maaas… no masss… que reviento… ahhh…

Espera… aguanta… ya casi… ufff…

Parecía que Mili iba a reventar del placer, casi al borde de la taquicardia, le hundí con fiereza mi verga, ella la resistió y empujo sus carnosas nalgas contra mi cadera… sabia que me venia y quería sentirme abriéndola al máximo…

Yaa… ahhh… uhmmm…

Mi mano apretó sus senos mientras llenaba su estrecha cavidad con litros de semen hirviendo… mi entrepierna temblaba con cada ráfaga de esperma que mi verga escupía. Mili se estremecía con cada ráfaga que su cuerpo recibía…

Ayyy… ahhh... uhhhmmm… exclamo mientras explotaba en un violento orgasmo.

Parecía que no había espacio para más en su conducto anal. Apenas si podíamos respirar. Quise alejarme para buscar aire, pero me mantuvo con mi mano en sus senos. Yo había provocado ese agitado amanecer, debía permanecer junto a ella y disfrutarlo, reponerme a su lado.

Ay… después de lo de anoche… no puedo creer que me hayas hecho acabar así… dijo Mili sorprendida, recuperando el aliento.

Yo tampoco creí amanecer así… respondí aun agitado.

Te dije que mantuvieras a tu pene dentro de tu bóxer… me reclamo.

Si, y yo te dije que no lo provocaras…

Pero si yo estaba dormida… exclamo sorprendida.

Si, pero descuidaste tu retaguardia… le dije burlonamente.

Eres un… eres un… me dijo con fingido enojo.

¿Un maldito?...

Aun con verga en su ano, volteo a medias… recordó aquel febril reproche… entendí que quería buscar mis labios para congraciarse…

No… eres un insaciable… me dijo con tierna sonrisa.

No, no lo creo… le dije

¿Por qué?... pregunto curiosa.

Porque tu si logras saciarme…

No dijo mas… solo me beso…

Continuara...


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