Las putas de su primo I.
Las perversiones de un joven pueden derivar en graves
consecuencias para toda la familia, el morbo induce a situaciones comprometidas
de las que resulta difícil escapar y a veces uno o una no sabe bien cómo
enfrentarse a ellas. Es lo que le ocurrió a Quique, un joven apuesto de veinte
años, guapo, delgadito, inteligente y algo tímido. Estudiaba arquitectura y
sacaba los cursos con excelentes notas. Era un chico educado, servicial, vivía
con sus padres y su hermana en un lujoso chalet de la sierra madrileña. Su
padre, Narciso, era coronel del ejército, su madre, Almudena, vivía como una
marquesa y su hermana Olga, de treinta años, que estudiaba enfermería, se
dedicaba más bien a vivir del cuento. Tenía novia desde hacía cuatro años.
Conoció a Neus en el instituto y desde entonces la relación funcionaba
perfectamente. Ambos se querían, estaban muy enamorados, siempre hablando de
planes de futuro. Ella también estudiaba arquitectura, por lo que pasaban mucho
tiempo juntos, quizás demasiado para ser tan jóvenes. Además, Neus se llevaba
estupendamente con su hermana Olga y también con sus padres, estaba bien
integrada en la familia. Era una chica muy divertida y alegre, siempre tenía una
sonrisa en la boca y su extrema simpatía llamaba la atención. Nada le
avergonzaba, por eso en su relación con Quique ella era la que llevaba la voz
cantante. Tenía dieciocho años, dos menos que Quique, y era guapa y destacaba
por su imponente físico, estaba que derretía a cualquiera que la mirara. Era
alta y delgada, piernas finas y culito estrecho, sus pechos eran del tamaño de
una mano, erguidos, de pezones empitonados. Su piel era blanquecina, igual que
su melena, rubia, larga y lisa con ligeras ondulaciones en las puntas, nariz
afilada y ojos azules, una belleza tipo sueca. Los chicos la miraban y Quique
era consciente de ello, incluso hasta su padre se le escapaba alguna vez una
mirada, pero no le importaba, incluso le excitaba que los chicos la devoraban
con la vista, que incluso intentaran ligársela, sabía que Neus no cedería.
Tenían confianza plena el uno en el otro, incluso sabían de sus secretos. Neus
era bastante calentona en cuanto al sexo y acompañaba a su novio cuando veía
porno o revistas, imaginaban juntos fantasías, simulaban situaciones, se
confesaban las inspiraciones cuando se masturbaban y se habían contado sus
experiencias anteriores. Neus, por ejemplo, había tenido dos novios y Quique
sabía cada detalle de la relación sexual que tuvo con ellos. En cuanto al sexo,
se divertían juntos, aunque nunca llegaron a traspasar el límite y sus lujurias
compartidas nunca vieron la realidad, sólo se trataba de juegos eróticos entre
ellos. Tenían mentes calenturientas y resultaba morboso. Cuando su padre la
miraba cuando estaba en bikini o cuando algún amigo o amiga se fijaba en su
culito, él se lo contaba y se masturbaban con esas fantasías. Una vez hablaron
de acudir a un club de gente liberal, pero se trataba de un paso que podía
cambiar sus vidas, que podía hacer peligrar su relación, y creyeron conveniente
desechar la idea. Con sus juegos y fantasías bastaban para satisfacerse. Neus
sabía que una de las fantasías de su novio era verle con otro hombre, que
incluso de planteárselo en la vida real, aceptaría el reto de verla follar con
otro, pero en el fondo Quique era un chico débil y podría verse afectado.
Además, a medida que avanzaba la relación y esa estrecha confianza, Neus comenzó
a pensar que su novio era un poco maricón. Su viciosa imaginación casi siempre
estaba basada en convertirse en un cornudo consentido. En sus últimos actos
sexuales, ella solía llevar la iniciativa, solía ser la parte dominante en la
situación. Cuando ella le masturbaba o le hacía una mamada, había comenzado a
meterle el dedito en el culo y a follarle con él, y se notaba que le gustaba,
que le proporcionaba placer. Luego se lo daba para que lo chupara y lo lamía
como si lamiera una polla. En alguna ocasión, le había llamado marica y no se
había molestado. Otra vez le propuso meterle una zanahoria y él aceptó, y le
folló con ella hasta que se corrió. En uno de sus últimos actos, simularon que
ella era el hombre y él la mujer, y Quique se colocó a cuatro patas y Neus le
atizó en el culo embestidas con el coño. Más tarde compraron un dildo por
Internet y a veces ella le follaba a él, hacía de macho, le insultaba y le
humillaba, a ella le encantaba dominar y a su novio ser dominado. Tenían pocos
momentos románticos durante el acto, sólo lujuria, perversión y fantasía. Pero
nada pasaba de ahí. Ella nunca le contó nada a sus amigas acerca del
comportamiento amariconado de su novio ni él nada a nadie sobre el carácter
dominante y vicioso de su novia. Todo formaba parte de un juego, un juego muy
divertido. Hasta que llegó el verano.
Todos los veranos su primo Ismael los pasaba en el chalet de
la sierra, aunque ya llevaba tres veranos sin venir. Su padre trabajaba durante
la temporada veraniega como director adjunto en hoteles del Caribe y mandaba a
su hijo con su hermana Almudena. El padre de Ismael estaba viudo y Almudena
quería mucho a su sobrino, prácticamente le había criado desde que su cuñada
murió en un fatal accidente. Ismael tenía veinticinco años, estudiaba Turismo
para ser como su padre, pero no paraba de repetir cursos y se tiraba todo el
verano viviendo del cuento. Era un chico extrovertido y campechano, algo chulo y
caradura, sin compromiso y bastante juerguista. Estaba algo rellenito, con
piernas y brazos robustos, barriga cervecera, de piel blanca y peluda, muy
peluda, con toda la espalda y pectorales llena de un vello muy denso y oscuro
que destacaba con la blancura de su piel, de mediana estatura y la cabeza pelada
al rape. Con sus tíos, Almudena y Narciso, tenía una relación especial porque se
ocuparon de él desde que murió su madre y con sus primos, Olga y Quique, ídem de
lo mismo. Con Quique había compartido muchos momentos íntimos, y como pasaba con
su novia, su primo Ismael solía llevar la voz cantante en la relación y Quique
nunca se oponía a nada, por muy perversa que fuera la proposición. Como muchos
jóvenes, Ismael era un degenerado obsesionado con el sexo. A veces, antes de que
Quique se echara novia, veían juntos películas pornos o se hacían pajas viendo
revistas guarras. La primera vez que Quique vio la polla de su primo se quedó
impresionado. Le pilló en el cuarto de baño haciéndose una paja con unas bragas
de su madre, unas bragas usadas que había cogido del cesto de la ropa sucia. Se
quedó atónito con aquella verga. Era larga y muy ancha, una anchura de unos seis
centímetros y una longitud de 18, con gruesas venas señaladas por todo el
tronco, de un tono dorado que destacaba con el vello y la blancura de su piel,
con un capullo voluminoso y enrojecido y unos huevos gordos y muy redondos,
ásperos, tupidos de vello y de un tono rosado. Sintió envidia y deseos por
aquella enorme verga. La suya era un simple palote, como un dedo, fina y corta.
De hecho, a veces, Neus se burlaba de ella cuando veían alguna peli porno. La
mantenía rodeada por las bragas de su madre y se la sacudía jadeando. Al verle,
ni se inmutó, sólo disminuyó un poco el ritmo.
¿Qué haces, Isma? – le preguntó él.
Lo siento, tío, tu madre me pone cachondo, antes
la he visto en bragas y no he podido resistirme.
No pasa nada.
Uff, cómo me gustaría follármela – reconoció -.
¿La has visto follar con tu padre?
No, pero sí les he oído.
Cuando la veo con esos bikinis. Uff… Cómo me
pone. ¿Le has visto el culo?
Sí, claro.
¿Y el coño?
También.
¿No te pone cachondo? – le preguntó
sacudiéndosela y oliendo las bragas a la vez.
No sé, no la he mirado de esa manera.
Deja que me masturbe con sus bragas…
Sigue, por mí, no pasa nada.
Y aguardó de pie observando cómo su primo se corría sobre las
bragas de su madre. Y a partir de ese momento, muchas veces la espiaban juntos
cuando se desnudaba o iba a la ducha o bien Quique, cuando llegaron los móviles
con cámaras, le proporcionaba fotos sugerentes de su madre para que se
masturbara con ellas, dedicándose sólo a observar cómo lo hacía. Normalmente,
tanto su madre como su hermana eran confiadas y muy poco recatadas, solían andar
por casa en prendas menores y casi siempre dormían desnudas en verano o sin
bragas en invierno, situaciones que Quique aprovechaba para proporcionarle a su
primo material suficiente con el que excitarle. A Quique ver a su primo excitado
le ponía muy cachondo, ver cómo se meneaba su polla, sin embargo nunca insinuó
el gusto que sentía al verle. Luego se marchaba tras el verano y así todos los
años. Más tarde conoció a Neus y casualmente sus primeros años de noviazgo
coincidieron con los tres veranos que Ismael estuvo sin venir al chalet, así es
que Ismael y Neus apenas se conocían, sólo se habían visto en un par de
ocasiones con motivo de celebraciones familiares, no obstante las veces que
estuvieron juntos se cayeron bien por el carácter abierto de cada uno.
Ismael llegó un jueves por la tarde y fue recibido
calurosamente por sus tíos y sus primos. Seguía con su carácter animado, pero
después de tanto tiempo Quique le notó como más educado, más serio, como más
atento y cortés. Le observó con atención cuando miraba a su madre o hablaba y se
divertía con su hermana, y le ponía cachondo pensar que su primo las deseaba. Su
madre era una mujer madura, de cuerpo macizo, piel morena, media melena con
mechas, tetas grandes, erguidas y circulares, y su hermana estaba más rellenita,
con un culo respingón, muy ancho, así como unas tetas aperadas muy largas, con
base ancha y blanditas. A pesar de las miradas que les echaba, no intercambió
ninguna palabra con él, ni siquiera cuando se acostaron juntos en la misma
habitación, ni le pidió más fotos o si las había grabado en video. Ismael se
limitó a preguntarle por su vida, por los estudios, hablaron de futbol y
recordaron algunas anécdotas, pero nada relacionado con la obsesión que sentía
por su tía y su prima. Puede que hubiese cambiado, pensó Quique, habían pasado
tres años, y quizás fuese lo mejor.
Al día siguiente, su padre libró y preparó una barbacoa en el
jardín en honor a Ismael. Neus acudió a media mañana y entonces Quique se ocupó
de presentarle a su primo Ismael.
Te recordaba muy guapa, pero ahora estás mucho
más guapa – le dijo sin quitar la vista de su cuerpo despampanante.
Vaya, muchas gracias. ¿Y tú qué tal?
A Quique le ponía cachondo ver a su primo hablar tan
animadamente con su novia. Se reían, se daban ligeros manotazos y en la piscina
se bañó con ella y su hermana, se divirtieron haciéndoles ahogadillas o jugando
a robar la pelota. El cuerpo imponente de su novia, con un bikini color rojo,
con la braguita tipo tanga, una tira trenzada metida por el culo. El cuerpo
gordito de su hermana, con aquel culo ancho y con nalgas abombadas, también sus
tetas aperadas que se movían con cada movimiento de su cuerpo. Y su madre, quien
se atavió también un bikini tipo tanga que dejaba su delicioso y macizo culo
expuesto a los ojos de su primo. Las tres mujeres pendientes de él,
divirtiéndose con él, jugando con él. Su padre ocupándose de la barbacoa y
recibiendo llamadas en el móvil de manera incesante. Y Quique pendiente de las
miradas de su primo, de los manoseos que recibía su novia y su hermana, del
tonteo que le tenía a su madre. Además, llevaba un bañador negro tipo slip que
dejaba su cuerpo mantecoso a la vista, con un destacado bulto que le botaba con
cada paso que daba. Esta vez sí comprobó cómo las miraba, cómo se fijaba en el
culo de su novia y de su hermana, y cómo se rascaba los huevos para calmarse. Se
le iban los ojos detrás de su madre, siempre había estado obsesionado con ella.
Durante el almuerzo, se sentó entre Neus y Olga, y a Quique se le hinchó su
palote al ver cómo las rozaba con su cuerpo macho. Y ellas como tontas con él,
sobre todo su hermana, que no dejaba de tocarle, fruto de la enorme confianza
que existía después de tantos veranos juntos. Ismael estaba considerado como uno
más de la familia.
Tras el almuerzo, Narciso dijo que iba a echarse un rato a la
siesta. Quique le pidió a Neus que le acompañara a su habitación para buscar
unas cosas en el ordenador e Ismael se quedó en la mesa conversando con su prima
y su tía. Una vez en la segunda planta, irrumpieron en el cuarto que compartía
con su primo. Cerraron la puerta y echaron el cerrojillo. Quique se sentó en el
borde de su cama y ella merodeó alrededor de la cama donde dormía Ismael. Había
un calzoncillo blanco encima de las sábanas y ella lo cogió.
¿Es de tu primo?
Sí. ¿Te ponen sus calzoncillos?
Ella sonrió y los olió tirándolos a la cama después.
Cómo eres.
¿Has visto cómo te mira? – le preguntó Quique.
Es un babosón, ¿no? A tu madre también me he
fijado cómo la mira.
Siempre le ha gustado. Se hacía pajas con sus
bragas, la espiaba en la ducha, y a mi hermana también.
¿Y tú le veías?
Sí, a veces me pedía sus bragas.
¿Le hiciste alguna paja? – le preguntó ella
sentándose a su lado.
No.
Está bien dotado – añadió ella -. Antes cuando me
agarró en la piscina, me rozó, y ummm, qué cosa. Sólo hay que
fijarse en su bulto. Deberías sentirte avergonzado, amor mío.
Jajajaja, ¿reniegas de mi pene?
No, pero reconoce que es pequeño.
¿Te gusta su polla? ¿Te ha puesto cachonda?
Me ha rozado el culito con esa monstruosidad,
cómo no me va a poner cachonda.
¿Te gustaría probarla? – la retó Quique.
¿Me dejarías?
Quique sonrió y se echó hacia atrás con los brazos
extendidos.
Uff, cielo, estoy muy caliente, hazme una pajita,
anda…
Neus bajó de la cama y se arrodilló entre sus piernas
ocupándose de bajarle el bañador y agarrando su fino palote para sacudirlo. Sus
huevitos también se movían, era una polla tan fina y pequeña que parecía que
agitaba un palillo.
Te excita que desee otra polla, ¿verdad, marica?
Sí… - cabeceó jadeando.
Le levantó las piernas para que su culo se abriera y le
acarició los huevitos. Ahora Quique se agarró su palito para masturbarse él.
Neus acercó su zapato de tacón y le rozó el ano con él. Quique elevó la cabeza
del colchón y poco a poco le fue clavando el tacón en el ano hasta pegar la baja
suela a sus huevos. Su novio jadeó cabeceando. Y comenzó a follarle el culo con
el tacón entrándolo y sacándolo de manera veloz, hasta que lo sacó de repente y
se incorporó acercándolo a su boca.
Chúpalo, maricón.
Quique comenzó a lamer el tacón recién salido de su culo, a
degustar su sabor, le dio de chupar hasta que se corrió sobre el vientre. Luego
su novia retiró el zapato de su boca y lo tiró al suelo. Neus bajó de la cama
mientras él se limpiaba y se acercó a la ventana. Abajo, su suegra y su cuñada
chapoteaban en la piscina mientras Ismael tomaba el sol tumbado en una hamaca.
Quique se acercó por detrás y la rodeó con sus brazos apoyando la barbilla en su
hombro y dándole un beso en la mejilla. Ella seguía con la mirada posada en la
figura de Ismael.
Mastúrbame, marica – le pidió a su novio -, mira
cómo observa a tu madre -. Quique deslizó las manos por su vientre
hasta meterlas por dentro de las bragas, acariciándole el coño con
ambas.
¿Te gusta su polla? – le susurró su novio al
oído.
Síiiii, ummm, mira cómo se la toca, tu madre le
excita – decía gimiendo sobre el hombro de su novio -. La tiene
hinchada -. Su novio le zarandeaba el coñito con un dedo dentro y
ella mantenía los ojos fijos en la figura sebosa del primo -. Qué
polla tiene el cabrón, cuando me ha rozado me ha puesto a cien… Dame
más fuerte, marica…
Quique se esforzaba en clavarle bien el dedo, con cierto
dolor en el culo por el roce del tacón. Ella vertía flujos sobre la mano de su
novio, concentrada en fantasías inspiradas en aquel cuerpo tan macho, robusto y
peludo. Emitió un jadeo más fuerte curvándose hacia delante y sujetando las
muñecas de su novio, vertiendo flujos que goteaban en el suelo. Luego soltó un
bufido y sonrió al volver la cabeza hacia su novio. Se dieron un beso y se
abrazaron.
Te has corrido pensando en la polla de mi primo.
El cabrón es morboso, no es un muñeco bonito,
pero el muy cerdo me excita cuando mira a tu madre y a tu hermana. Y
tiene una polla que madre mía, lo siento, mi amor, no te enfades,
pero…
No pasa nada.
Qué marica te estás volviendo – le dijo
separándose de él y dándole una palmada en el culo -. Anda, vamos
abajo, me apetece un baño.
¿Y que te vuelva a rozar?
Que no me roce mucho porque no respondo de mis
actos… Me pone a mil por hora. Tu polla es una mierda en comparación
con esa monstruosidad. Voy bajando…
Y salió de la habitación dejándole allí humillado con aquel
último comentario, pero empalmado, hasta tuvo que sofocar su lujuria de nuevo
masturbándose mientras observaba el paquete de su primo, aún tumbado en la
hamaca y pendiente del culo de su madre, imaginando a su novia rozándose sobre
él.
El viernes por la mañana, Quique se despertó temprano. Su
primo había salido aquella noche con su hermana y su amigo Beni, un colombiano
muy macarra que conocía desde que era un crío. Le vio cambiarse, le vio desnudo,
su culo de nalgas peludas y abombadas y la enorme verga que había dejado
impresionada a su novia. La llevaba floja y se balanceaba hacia los lados con
cada movimiento. Al incorporarse, miró hacia él. Dormía desnudo, mirando hacia
la pared, tumbado de costado, con las piernas ligeramente flexionadas. Bajó de
la cama y caminó hacia la de su primo acuclillándose en el borde. Se asomó, vio
sus grandiosos huevos entre las piernas y su culo abultado, de nalgas blancas y
ásperas, salpicadas de vello y granos. Se distinguía su ano arrugado entre una
mata de vello que lo rodeaba, una mata que se extendía por toda la rabadilla.
Acercó la cara y le olió el culo, se tocó su pollita y se masturbó oliendo el
culo de su primo y mirándole los huevos. Le tiró unas fotos con el móvil y
aguardó recostado en la cama hasta que despertó, para poder verle la polla. Tuvo
que taparse para que no detectara que estaba empalmado. Ismael le dijo que
estaba hecho polvo, que se había emborrachado con su amigo Beni y que necesitaba
un descanso. Luego se puso un bañador tipo slip de un tono amarillo muy
llamativo, que dejaba a la vista el relieve de sus partes y así anduvo por casa,
delante de su hermana Olga y de su madre, sin cortarse un pelo. Quique detectó
las miradas de su hermana, cómo se le iban los ojos al vaivén de su paquete, y
cómo se comportaba muy amablemente con él. Se miraban con profundidad. Quique
pensó que muy probablemente su hermana estaba colada por su primo, quizás
enamorada de él. Olga era una chica retraída y algo acomplejada por su cuerpo
rellenito y no se le conocían novios ni relaciones esporádicas. Quique una vez
le descubrió una pelis pornos en su portátil. A su edad y sin relaciones
sexuales, debía de estar más caliente que una perra. Más tarde, Ismael se tumbó
en una hamaca a tomar el sol, adormilado por culpa de la resaca. Tuvo la suerte
de que su madre y su hermana se fueron de la casa para hacer unas gestiones en
Madrid y que al menos no regresarían hasta la noche. A media mañana se presentó
Neus y, tras tomarse un café en la cocina, subieron a la habitación. Estaban a
solas con él en la casa. Aún faltaban unas horas para que volviera su padre a
comer. Neus vestía un pantaloncito corto de color negro con tacones a juego y
una camiseta negra de finos tirantes, con escote redondeado que dejaba a la
vista el canalillo de sus pechos y dejaba entrever la soltura de sus tetas bajo
la tela.
¿Y tu primo? – preguntó ella acercándose a la
ventana y viéndolo tumbado en la hamaca, con el slip amarillo y
donde se apreciaba la inflamación de sus genitales -. Está ahí
abajo.
Está resacoso. ¿Has pensado en él?
Neus regresó al borde de la cama y se sentó al lado de su
novio.
La verdad es que nos pusimos cachondos con él,
¿eh?
Mira -. Quique sacó el móvil y le mostró la foto
que le había hecho a su culo mientras dormía -. Duerme desnudo.
Su novia la miró con asombro durante bastantes segundos.
Ummm, ¿quieres calentarme? Mira qué huevos tiene…
Seguro que te has masturbado viéndole el culo a tu primo, marica.
¿Te gusta el culo de mi primo?
Sí, me gusta, es el culo de un macho. Vas a
conseguir que pierda la cabeza.
Te gusta excitarle – añadió Quique.
¿Quieres que le excitemos? Me apetece jugar. Dí,
marica, quiero provocarle, quiero que me mire, y quiero que tú lo
veas todo. ¿Te atreves, mariquita?
¿Tú te atreves?
¿Vamos?
Y decididos, atrapados por la lujuria, abandonaron la
habitación para jugar. Bajaron al porche y caminaron juntos hasta la hamaca
donde Ismael descansaba. El bañador lo tenía muy ceñido a las carnes mantecosas
y el vello genital le sobresalía por la tira superior. Ismael irguió el tórax
dejando caer el peso sobre los codos. Su barriga fofa vibraba con sus
movimientos. Neus reparó en la tremenda hinchazón del bañador y percibió cómo se
le calentaba la vagina.
- ¿Qué haces? – le preguntó Neus.
- Pfff, estoy reventado.
Ambos le flanquearon, cada uno a un lado de la hamaca. Él
alternaba la mirada entre su primo y la novia, no pudiendo reprimir miradas
viciosas hacia el cuerpecito de la rubia. Estaba muy sexy con aquel pantaloncito
corto y aquellas sandalias altas de esparto.
¿Y ya estás tomando el sol? – le preguntó Quique
Si es que estoy que me caigo.
Pero te vas a quemar – le dijo ella -. Te habrás
echado protección, ¿no? Con esa piel tan blanca te quemas seguro y
las vas a pasar canutas.
No me he echado nada…
Muy decidida y ante los ojos de su novio, se acercó a una
mesita que había bajo un parasol y cogió un frasco de crema solar. Regresó a la
hamaca y se vertió unas porciones en la palma. Ismael la miró con asombro ante
el desparpajo de la novia de su primo.
Anda, túmbate – le ordenó ella -, que te vas a
quemar…
Sorprendido por la actitud de la novia, se dejó caer de
nuevo. Neus se frotó las palmas y se curvó hacia él comenzando a masajearle los
hombros con delicadeza, deslizando muy despacio las palmitas. Él la miraba,
podía ver sus tetas colgando bajo el escote. Quique se sentó en una esquina de
otra hamaca, con los antebrazos apoyados en las rodillas y su palito totalmente
tieso. Aquella escena de su novia masajeando el cuerpo macho de otro hombre
estaba convirtiéndose para él en la escena más morbosa vivida en su vida. Ella
volvió a referirse a la protección de las cremas solares cuando se tenía la piel
tan blanca, deslizando sus manitas de uñas pintadas de rosa por aquella barriga
fofa.
Y eso que tienes mucho vello – le dijo con
ingenuidad -, quieras o no, te protege.
Sus manitas pasaron por el bajo vientre, cerca de la tira del
slip amarillo, y regresaron hasta concentrarse en un masaje por sus blandos
pectorales. La verga bajo la tela palpitaba y se hinchaba con el tacto femenino
de Neus.
Quién me iba a decir que me iba a ganar hoy un
masaje de una chica tan guapa – le soltó Ismael cuando las manitas
bajaban de nuevo por la curvatura de la peluda barriga, masajeándole
en círculos sobre ella.
Cuidado, cariño – saltó Quique con media sonrisa
en la boca -, a ese paso vas a conseguir que se empalme.
Neus arqueó las cejas levantando los brazos, dejando de
tocarle, aunque se mantuvo curvada hacia él.
¿Oye? ¿Te estás empalmando? – le preguntó mirando
hacia su paquete -. Que yo sólo quiero protegerte, ¿eh? No seas
salido.
Que no, mujer…
¿Y eso? – le preguntó señalando el paquete -.
¡Estás empalmado! Quique, ¿has visto? Tu primo se ha empalmado.
Es que tú también, Neus, el hombre no es de
piedra, a quien se le ocurre – dijo Quique.
Quique – se sorprendió ella -. Anda, que tú
también… Le estoy dando de crema, sólo eso, lo que pasa es que
estáis salidos…
¿Por qué no sigues? – la interrumpió Ismael -.
Anda, tontona, sigue. ¿Quieres darme de crema en la polla?
¿Qué? ¡Serás guarro! ¿Le estás oyendo, Quique? Me
está pidiendo que le haga una paja…
Qué cabrón estás hecho, Isma – le recriminó
Quique de manera estúpida.
Venga, putilla, seguro que a tu novio no le
importa. ¿Te importa, Quique? Sólo quiero que me dé de crema por la
polla, que me relaje un poco, reconozco que me ha puesto muy
caliente. Dime, Quique, no pasa nada, ¿verdad? -. Quique sonrió como
un imbécil encogiendo los hombros, consciente del enorme paso que
estaban a punto de dar como pareja -. Anda, díselo a tu novia.
Ella verá – contestó Quique algo nervioso, con
las piernas temblorosas y su palito totalmente tieso.
Ismael miró de nuevo hacia Neus.
Anda, putilla, relájame un poco, a tu novio no le
importa…
Joder, pero sólo te doy de crema, ¿eh? No te
pases, ¿vale? Sé buen chico.
Venga, lo estoy deseando, pórtate bien conmigo.
Neus se curvó ahora hacia el slip amarillo y con ambas manos
le bajó la parte delantera enganchando la tira bajo los cojones, dejando al
descubierto su polla dorada y tiesa y sus huevos rosados y salpicados de vello.
Madre mía, cómo estás – se sorprendió ella -. La
vas a reventar. ¿Tan caliente te has puesto? Como sois los tíos.
Vamos, tócame – apremió en tono jadeante.
Neus miró a su novio cuando le manoseó la polla con ambas
manos, rociándola de crema delicadamente con las palmas, dándole una pasada a
sus huevos para impregnarlos con sus manos pringosas. Estaba manchando las
bragas sólo con aquel manoseo. Nunca había tocado una polla tan grande ni la
había visto al natural. Quique notó que se corría en los calzoncillos al ver a
su novia sobando la polla de su primo. Neus e Ismael se sonrieron. Deslizaba sus
palmas por todo el tronco, abrazando el glande, dejándole la piel venosa
pringada de crema. Estaba muy tiesa, parecía una porra de goma dura, con las
venas muy hinchadas.
Ya es suficiente, ¿no, listo? ¿No querrás que te
haga una pajita?
Sigue, putilla, no me dejes así.
Pero va a venir el padre de Quique.
Sigue, coño.
Vale, vale…
Neus se arrodilló con el tórax erguido y le agarró la polla
con la mano izquierda colocándola en vertical para comenzar a sacudirla a buen
ritmo. Sus huevos se movían al son de los tirones. Ismael, electrizado, dejó
caer la cabeza en la hamaca, casi con los ojos vueltos ante la oleada de placer
que le proporcionaba la novia de su primo. A veces cambiaba de mano y aceleraba
las sacudidas, con media sonrisa en la boca, alternando la mirada entre la verga
y Quique, que embelesado, volvió a percibir el gusto en la punta de su palito.
Ohhhh… Ummmm… Qué bien lo haces, putilla.
¿Te gusta así?
Lo haces muy bien. Sigue, sigue… A tu novio le
gusta cómo lo haces, ¿verdad, primo?
Pfff, no sé, igual os estáis pasando, vosotros
mismos… - dijo por hacerse un poco el ingenuo.
Cambiaba mucho de mano, como si se le cansara el brazo,
manteniéndola en vertical y machacándola con agilidad, rodeando su glande con la
palma. Ismael jadeaba y cabeceaba para contener el gozo, con los ojos
entreabiertos y la boca muy abierta . Se la estaba sacudiendo con la izquierda
cuando alzó la mano derecha para sobarle los huevos como complemento a la
masturbación.
- Uohhhh… Qué bien lo haces, putita… - gimió.
Se los acariciaba, se los achuchaba, se los zarandeaba
agarrándoselos con fuerza, sin cesar los ágiles tirones de verga. Los tenía
duros y ásperos. Miraba a su novio a los ojos y ambos expulsaban por la mirada
esa lujuria con la que tantas veces habían fantaseado. Ya no había marcha atrás.
Ismael resollaba sin descanso. Para machacarla más fuerte, ahora la agarró con
la derecha y plantó la palmita izquierda encima del vello. Quique contemplaba la
extrema vibración del brazo, apenas podía ver la mano de su novia de lo fuerte
que se la sacudía.
¡Uahhhh¡ -. Un grueso salpicón de leche muy
condensada salió disparado hacia arriba salpicando la muñeca de Neus
-. Ummmm… -. Un fuerte chorro se dispersó por toda su barriga,
salpicando con algunas gotitas la camiseta negra de Neus -. Joder,
ahhhhh… -. Se la continuó machacando, más despacio, salpicando los
huevos y manchando el vello -. Para, para…
Neus detuvo la vibración del brazo y le apretó el glande para
escurrirla. Le sonrió a Ismael al soltar la polla sobre el vientre y mantuvo su
manita manchada en alto, aunque aún arrodillada ante él, frente al idiota de su
novio, que mantenía la misma postura. El semen le resbalaba por la barriga hacia
el vello y hacia los lados y algunas finas hileras le corrían por los huevos.
¿Ha terminado el señor? – le preguntó ella sin
abandonar su simpatía.
Uff, qué bien mueves la verga. Anda, bésame los
huevos.
Qué canalla…
Se curvó hacia sus genitales, percibiendo el olor a leche y a
polla, y le estampó un beso en sus huevos mojados, separó los labios un par de
centímetros y volvió a besarle, esta vez impregnándose el labio inferior de un
poco de semen. Luego volvió a erguirse, esta vez levantándose.
¿Puedo irme ya? Quiero lavarme, si al señor no le
importa.
Tendrás que limpiarme la verga, ¿no?
Date un baño.
Venga, putilla, no seas tontona.
Tras cruzar una mirada con su novio, se acercó a la mesa y
cogió un par de servilletas. Regresó y se curvó pasándoselas por la barriga, el
vello, los huevos y la polla, luego las lanzó a una papelera.
Voy a lavarme.
Y se dirigió hacia la casa, contoneando aquel delicioso
culito que Ismael no paró de mirar hasta verla desaparecer. Quique aguardaba sin
moverse y sin alterar su postura de imbécil. Su primo se subió la parte
delantera del slip.
- Qué buena está la hija puta, ¿eh, primo? -. Quique sonrió
-. Menuda paja me ha hecho. ¿No te importa que sea tan puta?
- Es que, Neus, bueno, tiene la mente muy abierta, es muy
liberal, ¿entiendes?
Ismael se irguió en la hamaca.
¿Y a ti te da igual?
No es que me dé igual, pero me gusta mucho, lo
que pasa es que siempre está pensando en esas cosas.
Está buenísima y encima puta. Igual necesita que
le den más caña. Eres un poco maricón, ¿no? -. Quique sonrió como un
bobo -. Necesita una buena polla como la mía -. Ismael se levantó
rascándose bajo los huevos, con una mancha en la delantera del slip
y con toda la barriga pegajosa por el vertido de semen -. Me ha
espabilado. Voy a darme un baño, ¿vienes?
No, voy a buscar a Neus.
Aguardó hasta que le vio tirarse a la piscina. Luego se
dirigió hacia la casa y al abrir la puerta del baño se la encontró sentada en la
taza, con los pantalones y las bragas en los tobillos, masturbándose
desesperadamente. Se refregaba el coño con ambas manos, abriéndoselo y
metiéndose los dedos hasta el fondo, con muecas de placer en la cara, suspirando
y contrayendo todo su cuerpo. Eran movimientos electrizantes, se separaba los
labios vaginales para hurgarse más profundamente. Quique se fijó en una mancha
blanquinosa en el vello, señal de que se había masturbado sin limpiarse el semen
de las manos.
Cómo me ha puesto, qué polla tiene… Ahhh…
Separó las piernas clavándose los dedos con fuerza y
curvándolos en el interior de la vagina. Gimió con profundidad y sus piernas le
temblaron. Al sacarse los dedos, le chorreó del coño un caldo viscoso y
transparente, como si eyaculara. Quique asistía hechizado a la eyaculación de su
novia. Se agitó de nuevo el clítoris y de nuevo vertió babas espesas en la taza,
hasta que junto las piernas y se relajó suspirando. Soltó un bufido reclinándose
sobre la taza.
Estamos jugando con fuego, cariño – le advirtió
ella acariciándose el chocho ahora con mucha suavidad -. Pfff, me
pone muy cachonda con lo gordo que está…
Tranquila, no pasa nada.
Narciso se presentó al poco rato y se presentó en bañador en
la zona de la piscina. Quique se ocupaba de preparar la barbacoa, Ismael
deambulaba con su slip amarillo hablando por el móvil y Neus cortaba unas
lechugas para preparar una ensalada. Se había ataviado de una manera muy sexy
para provocar al primo de su novio. A Quique le ponía la situación, pero le daba
la impresión de que su novia iba a su aire, sin compartir sus deseos con él.
Llevaba un bikini blanco muy sugerente, con copas triangulares que sólo tapaban
la zona de sus pezones y un pequeño tanga de una delantera muy ajustada a la
vagina, dejando a la vista sus ingles y una fina tira metida por el culo. Hasta
su mismo padre se le iban los ojos tras el culo de su novia. Vio que Ismael se
acercaba a ella y por primera vez sintió celos, no por el acecho, sino porque se
sintió al margen. Ismael se pegó a ella, casi rozándola, y le susurró al oído.
¿Cómo estás?
Seguro que tú estás mejor que yo después de la
paja que te he hecho.
¿Te has puesto cachonda con mi polla?
Anda, cállate…
Cómo me gustaría follarte ese culito -. Neus
ladeó la cabeza hacia él, seria, aunque su mirada desprendía una
lascivia incontrolable -. Quiero follarte. Dime que lo deseas.
Neus tragó saliva y miró por encima del hombro. Su suegro
ponía la mesa y Quique les observaba.
Joder, Ismael, Quique, no sé, me da pena…
Ése es un puto maricón y tú lo sabes. Dime que
quieres que te folle ese culito. Dímelo, puta.
Sí – contestó mordiéndose el labio inferior para
soportar el frenesí.
Voy a follarte.
Narciso, ingenuamente, se acercó hasta ellos.
Vamos, chicos, ya está la mesa puesta, trae la
ensalada, Neus.
Y como dos niños buenos, se dirigieron juntos hasta la mesa y
almorzaron como si nada pasara, dejando de lado a Quique, que por primera vez,
sentía que los celos le hacían daño en el alma. Neus e Ismael a un lado de la
mesa, rozándose las piernas, excitándose mutuamente, y Quique junto a su padre
enfrente, como un cornudo de mierda. Narciso le hablaba a su hijo sobre asuntos
del ejército mientras bajo la mesa, Ismael manoseaba la pierna de Neus.
Deslizaba su mano basta por la cara interior del muslo hasta que el canto
chocaba contra la vagina. Quique podía ver el movimiento del brazo de su primo y
la expresión impúdica de su novia ante los tocamientos. Ella trataba de simular
que picaba de la ensalada, pero a veces cerraba los ojos y resoplaba. Ismael se
echó hacia ella y le habló en voz baja.
- Quiero follarte -. Neus tragó saliva, nerviosa por la
embarazosa situación -. Vamos, levántate, no puedo más, necesito follarte el
culo.
Neus soltó los cubiertos, arrastró la silla hacia atrás y se
puso de pie. Quique se quedó atónito. Tenía la delantera del tanga ladeada y
medio coño a la vista, con parte del vello y un labio vaginal, señal de que su
primo le había estado metiendo mano. Por suerte, su padre no se percató y
continuó comiendo de su plato. Neus cogió unos platos vacíos y se dirigió hacia
la casa. Inmediatamente después lo hizo Ismael simulando que iba a ayudarla.
Quique les vio alejarse mientras su padre se limpiaba la boca y se encendía su
habitual puro. Querían estar a solas, y eso le descomponía, acrecentaba sus
celos. Su padre se pasó a una hamaca y en cinco minutos se quedó adormilado.
Había transcurrido casi un cuarto de hora desde que su novia se marchó con su
primo. Se levantó y le fallaron las piernas, los nervios le estaban
traicionando, la situación no le agradaba, él y Neus siempre aspiraron a
compartir todos los momentos de diversión, pero con Ismael su comportamiento
estaba cambiando. Temeroso, se acercó hasta la casa. No había nadie en la cocina
y al asomarse al pasillo vio luz en el fondo, procedente del cuarto de baño. A
medida que avanzaba descalzo, comenzó a oír los ahogados gemidos de su novia y
los estruendosos jadeos de su primo. Cualquiera podría descubrirles si entraba
en la casa, apenas podían reprimir los chillos de placer. Habían dejado la
puerta entreabierta y pudo comprobar lo que allí dentro sucedía. Vio a Neus ante
el espejo, curvada hacia delante, empañándolo con sus gemidos. Permanecía
aferrada a los cantos del lavabo, con las bragas del bikini enrolladas a la
altura de las rodillas, mientras su primo Ismael, igualmente con el bañador
amarillo bajado, le abría el culo con su polla. Mantenía la pelvis peluda y
ancha pegada al culito estrecho y delicado de su novia, meneándose sobre él para
ahondar, sujetándola por las caderas para sujetarse. Una teta le colgaba por
fuera de la copa y un pezón de la otra asomaba por un lado. La besuqueaba en la
espalda y le olisqueaba el cabello mientras se removía, sudando como un cerdo,
impregnándola de sudor con sus manazas.
Muévete, zorra, mueve el puto culo… - le ordenó
dándole una palmada en una nalga.
Ahora Ismael se mantenía inmóvil y ella meneaba el culito
sobre su pelvis, contrayendo las nalgas y empinándolo después hacia atrás,
deslizando su ano a lo largo de toda la polla. Tras intensos meneos, la polla
resbaló saliendo del ano. Entonces Ismael la giró colocándosela de frente. Y
contrajo su culo peludo taladrándole el chocho de un golpe seco. Neus abrió unos
ojos desorbitados lanzando un gemido profundo, colgándose con ambos brazos del
cuello de Ismael. La sujetó de la nuca y le acercó la cabeza hasta que sus
frentes chocaron y se puso a follarla con potencia, embistiéndola fuertemente,
abriéndole el coñito con rudeza. Sus tetas bailaban sobre los pectorales
velludos de Ismael. Quique lograba ver cómo la polla se sumergía velozmente en
el chocho de su novia, entraba y salía con apremio. Se miraban a los ojos, se
vertían los alientos, llegaron incluso a rozarse las lenguas. Ismael comenzó a
follarla con golpes secos, se la clavaba, se detenía con la polla dentro y
volvía echar el culo hacia atrás para pincharla de nuevo. Neus apoyó la barbilla
en su hombro y sus manitas bajaron por la espalda de Ismael hasta plantarlas en
su culo peludo, apretándole las nalgas, como exigiéndole que la follara más
hondo. Fue cuando vio a su novio mirándola, pero la mirada duró sólo un par de
segundos, Ismael aceleró, ella cerró los ojos y unos instantes después Ismael
frenó con el culo contraído y la polla encajada en el coño, corriéndose,
llenándola de leche, una leche que Quique vio resbalar por las caras internas de
los muslos de su novia. Tras varios suspiros de relajación, Quique fue testigo
de cómo se fundían en un beso cargado de pasión, manoseándose los culos y las
espaldas, aún con la polla atrapada dentro del coño. Las manitas de su novia se
movían por aquellas nalgas peludas con desesperación, incluso le abrían la raja
y le metía los dedos para acariciarle el ano velludo. Y así les dejó. Quique,
bastante afectado por lo sucedido, regresó al porche, donde su padre dormía en
una hamaca. Se dejó caer sobre el césped, con la cabeza hecha un lío. Su novia
apareció casi media hora más tarde, ya vestida, con su pantaloncito corto y su
camiseta de tirantes. Se acuclilló a su lado y le estampó un beso en la mejilla
acariciándole el cabello.
¿Estás bien, cariño? – le preguntó, pero Quique
sólo asintió, sin atreverse a mirarla -. Lo siento, ¿vale?, pero
creo que ha sido culpa de los dos, ¿no crees? -. Volvió a asentir,
esta vez con una triste sonrisa en los labios -. Me voy a ir, mi
madre me ha llamado. ¿De verdad que estás bien?
Sí, no pasa nada.
Bueno, me voy. Te llamo, ¿vale?
Sí.
La vio irse hacia la salida. Iba bien follada, incluso por
primera vez y después de haberlo deseado tanto, le habían reventado el culo con
una polla grandiosa. Entró en la casa y vio a su primo tumbado en el sofá,
dormido y roncando, con el slip amarillo, en cuya delantera se apreciaba el
relieve de su polla, echada a un lado, la misma que había follado a su novia. Le
excitó verle allí tumbado, aquel cuerpo tan macho, ahora que estaban a solas,
sin ella por delante. Sintió ganas de hacerse una paja contemplando su cuerpo,
su barriga peluda de piel blanca, sus piernas, su bulto, pero se abstuvo por
miedo a que le descubriera su padre o que Ismael se despertara. A media tarde se
presentaron su madre y su hermana y ambas en bikini, se dieron un baño en la
piscina, para deleite de Ismael, que no les quitó la vista de encima en toda la
tarde y volvió a bañarse con ellas para tocarlas y manosearlas con sus bromas.
Quiso llamar a Neus, pero sintió vergüenza y se abstuvo. Se sentía una mierda a
su lado y le ofuscaba el hecho de que fuera a su aire.
Cenaron todos juntos al aire libre junto a la piscina. Quique
mantuvo durante toda la comida una mirada rancia, inexpresiva, fruto de los
celos y los nervios. Ismael y su hermana Olga no paraban de hablar animadamente,
toqueteándose mutuamente. Olga se comportaba muy dócilmente con él y su primo se
aprovechaba. A medianoche sus padres se fueron a la cama y él fue tras ellos.
Dejó a su primo charlando con su hermana Olga. Cuando llegó a su habitación,
recibió una llamada de Neus.
¿Estás bien? Te noté preocupado – le dijo ella
Sí, no te preocupes.
Esto ha sido cosa de los dos. No te ha gustado.
No pasa nada, de verdad, estoy bien.
¿Quedamos temprano para correr?
Vale.
A las siete en mi casa. Un beso, mi amor.
Soltó el móvil y se desnudó, quedándose solo con el bóxer de
color blanco que apenas dejaba notar el grosor de su palito. Algo ofuscado, se
sentó en el borde de la cama, con la intención de reflexionar, pero su primo
irrumpió a los cinco minutos. Llevaba la camisa desabrochada y aún iba con el
bañador tipo slip de color amarillo. Cerró la puerta tras de sí. Para simular,
Quique cogió el móvil y se puso a enredar en los mensajes. Su primo se detuvo a
su altura, le puso la mano bajo la barbilla y le levantó la cabeza, obligándole
a mirarle, como si fuera un buen chico. Quique desprendió dosis de sumisión en
su mirada.
¿Estás enfadado conmigo?
No.
Tu novia es muy puta, qué quieres que haga. ¿Te
ha molestado que folle conmigo?
No, ella es así.
No pasa nada, coño, nos hemos desahogado un poco.
Tú y yo siempre nos hemos llevado bien, ¿no?
Sí, sí…
Retiró la mano de su barbilla y se quitó la camisa mostrando
su mantecosa y peluda espalda. A continuación, se bajó el bañador y exhibió su
culo de nalgas blancas y abombadas, salpicadas de vello y granos, con su raja
oscura y vellosa y sus enormes huevos meciéndose entre las piernas. Solía dormir
desnudo. A Quique se le puso el palito tieso al verle el culo a su primo. Qué
macho, qué bueno estaba. Se tumbó en la cama boca arriba y flexionó una pierna.
Se rascó bajo los huevos y se pasó la palma por encima de la polla. La tenía
medio enderezada. Volvió la cabeza hacia él.
¿Te acuerdas cuando nos masturbábamos espiando a
tu madre?
Sí – sonrió Quique.
Uff, qué buena está -. No paraba de acariciarse
la verga con la palma, hinchándola poco a poco con los manoseos -.
Cómo me gustaría follarme a tu madre. Tú no sabes cómo me pone.
Tiene un culo, joder, y qué tetas. ¿Por qué no me traes unas bragas
suyas? Anda, necesito hacerme una paja.
¿Ahora?
Venga, hombre, uff, cada vez que la veo me pongo
a cien.
Bueno, espera un momento.
Quique salió de la habitación y se aseguró que su hermana
dormía en la habitación de al lado. Desde lejos comprobó que la habitación de
sus padres se encontraba a oscuras y oyó los ronquidos. Luego fue al cesto de la
ropa sucia, rebuscó en el fondo y extrajo unas bragas blancas de su madre, unas
bragas de encaje de finas tiras laterales. Y regresó a la habitación, sólo que
su excitación le produjo un descuido y no llegó a cerrar la puerta del todo.
Se sentó en el borde de la cama de Ismael, a la altura de sus
rodillas, y le entregó las bragas de su madre. Enseguida las olió con ambas
manos, cerrando los ojos, imaginando mil fantasías. Luego las bajó para rozarse
la polla con ellas.
Ummmm, joder, qué ganas de follarme a tu madre,
iba a romperle el culo. ¿No te gustaría follártela?
Uff, no sé – contestó sonriendo -, es mi madre,
pfff…
Joder, tú no sabes lo cachondo que me pone cuando
la veo – se rodeó la polla con las bragas y se la sacudió despacio
con ellas -. Ummm, ¿por qué no sigues tú? Como si fueras ella, hazme
ese favor, primo.
¿En serio? ¿Quieres que yo te haga una paja?
Venga, mariconcete, qué te cuesta…
Ismael alzó los brazos y Quique extendió el brazo derecho
agarrando la polla con las bragas de su madre. Y comenzó a meneársela muy
despacio, en vertical, gozando de aquel tacto duro, casi a punto de eyacular
dentro del bóxer. Ismael trataba de concentrarse cerrando los ojos mientras su
primo le pajeaba. Le movía la polla con lentitud, deliciosamente, como
acariciándosela con las bragas. Jadeaba mediante continuos resoplidos,
tremendamente excitado.
Pásamelas por los huevos…
Bajó con las bragas a los huevos y se los sobó con ellas. Se
curvó un poco para masturbarle con la mano izquierda. Ismael elevaba la cabeza,
hechizado con la paja. Su primo a veces bajaba con las bragas hasta la rajita
del culo que asomaba bajo los huevos, y ascendía de nuevo para estrujárselos. Su
inmensa barriga ascendía y descendía con la forzada respiración. Aceleró un poco
los tirones de verga, provocando jadeos profundos en su primo.
Chúpamela un poco… - le pidió.
Quique se curvó al máximo, con la mano que sostenía las
bragas plantada encima de los huevos para sobarlos, con la izquierda sujetando
la polla en vertical, y se puso a lamerla, a deslizar la lengua alrededor del
glande, a bajar con los labios por todo el tronco, a impregnarla de saliva. Qué
rica estaba. Qué durita. Qué sabor. Unas horas antes había follado el culito y
el coñito de su novia. Mamándole la polla a su prima, manchó el bóxer, eyaculó
incontroladamente provocando una mancha en la parte delantera.
Te has corrido, maricona.
Quique dejó de chupar, aunque siguió acariciándole el tronco
y apretándole los huevos con las bragas.
Sí – sonrió abochornado -, es que, no sé…
¿Eres marica? Siempre he querido follarme un
marica. Y tú eres una buena maricona, no me extraña que tu novia
esté tan deseosa -. Quique tragó saliva, serio, mirándole a la cara,
sin dejar de acariciarle -. Necesito follarme a alguien, ¿por qué no
te pones en pompa? Vamos, maricón…
Su primo se incorporó arrodillándose encima de la cama y
sacudiéndosela él mismo.
A ver si nos van a oír – temió Quique.
Date la vuelta, maricón -. Sumisamente, Quique se
levantó y se bajó el bóxer, exhibiendo su diminuto pene. Su primo se
lo miró con desprecio. Se subió encima de la cama y se puso a cuatro
patas, de espaldas a él -. Ábrete el culo, maricón.
Apoyó la mejilla en la almohada y echó los brazos hacia atrás
para abrirse la raja del culo. Sus pequeños y ridículos huevitos le colgaban
entre las piernas como dos bolindres. Su primo le lanzó varios escupitajos en el
ano y le pasó el dedo pulgar por encima, como para lubricarlo. Y en pocos
segundos notó el roce de la polla, cómo le taponaba el ano y cómo lentamente
empujaba para dilatárselo. Quique cerró los ojos mordiéndose el labio inferior
ante el avance imparable de aquella grandiosa polla. Se la había hundido hasta
la mitad cuando empezó a follarle, a agitar el culo para follarle, con sus
manazas en la cintura para sujetarle, percibiendo el doloroso avance de la polla
hacia el interior de su ano. Le oía resoplar, percibía sus manos sudorosas.
Jodida maricona, ¿te gusta cómo me follo a tu
novia? Contesta, maricona…
Sí – contestó con una mueca de dolor, con las
manos aún abriéndose el culo para facilitar la follada.
Maricona asquerosa -. Le atizó una severa palmada
en la nalga, luego cogió las bragas y se curvó hacia él
metiéndoselas en la boca a la fuerza -, cómete las bragas de tu
madre, nenita…
Volvió a incorporarse de nuevo y se concentró en follarle
bien, asestándole fuerte, abriéndole el culo con severidad, consiguiendo ya
meterle la polla entera.
A Almudena, la madre de Quique, le alertó un resplandor de
luz procedente del patio. Eso era que alguien había estado en el cuarto de la
lavadora. Su marido roncaba sin percatarse de nada. Consultó la hora y se
levantó extrañada, echándose una bata por encima. Fue hasta el cuarto y vio que
la tapa del cesto de la ropa sucia estaba levantada, pero nadie había echado
nada al interior. Iba a tomarse un vaso de agua antes de acostarse de nuevo
cuando unos susurros la alertaron otra vez. Se asomó al pasillo y vio luz en la
habitación de su hijo. Y se acercó, y descubrió la dantesca escena, una escena
que la dejó paralizada, con el corazón a mil por horas y los nervios palpitando
bajo su piel. Su hijo, desnudo, con el culo empinado y abriéndose la raja con
sus propias manos mientras su sobrino se lo follaba ágilmente. Le vio sus bragas
metidas en la boca, su ceño fruncido y sus ojos entreabiertos. Vio a su sobrino
arrodillado, sudando como un cerdo, contrayendo su basto culo para follar a su
hijo. Ismael se detuvo con la polla dentro y le pegó una dura palmada en la
nalga, una palmada que le dejó señalada en la piel.
- Grita, maricona -. Volvió a azotarle, esta vez más fuerte,
enrojeciéndole la piel -. Qué grites, maricón -. Entonces Quique se puso a gemir
sin escupir las bragas y su primo reanudó las embestidas sobre su ano, aunque de
nuevo le pegó en el culo a modo de azote -. Grita, cabrón, cómo me gustaría que
tu novia viera lo maricón que eres… -. Aceleró la marcha sujetándole por las
caderas, resoplando muy seguido -, vamos, nenita, grita, grita, ummmm, me corro…
Extrajo la polla ya vertiendo leche, escupiendo sobre sus
huevitos y el culo, aún así precisó de varios tirones para salpicarle por las
nalgas y el fondo de la rabadilla. Enseguida, del ano brotó una porción de leche
espesa, de un tono amarillento, resbalando despacio hacia sus huevitos. Ismael
acezaba y a Quique aún se le escuchaban algunos gemidos. Retiró las manos del
culo con la intención de incorporarse.
Ábrete el culo, maricón, hasta que yo te diga…
Y acató la orden. Almudena, atormentada con la escena, notó
que sus piernas flojeaban y temió derrumbarse allí mismo. Jamás se había
imaginado algo así, jamás sospechó que su hijo fuera tan maricón y que su
sobrino se lo estuviera follando. Se armaría un gran escándalo si todo salía a
la luz, su familia se convertiría en el hazmerreír, sería una situación patética
y bochornosa. Vio que su hijo, de nuevo, se abría el culo. Ismael se sujetó la
polla y apuntó meando sobre él, un chorro a presión de orín amarillento que
empapó todo el culo de su hijo, con hileras resbalando por sus nalgas y goteando
en la cama y sus piernas, con el chorro estrellándose contra sus huevos y
salpicando hacia todos lados, así, hasta dejarle empapado. Tras dos chorros más
flojos, Ismael se la sacudió y bajó de la cama sentándose en el borde de la de
Quique.
- Tendré que dormir en la tuya -. Quique, impresionado, se
incorporó mirándose por detrás. El culo le chorreaba, tenía los huevos empapados
y un fuerte escozor en las ingles. El semen le corría por las hileras que
resbalaban por sus nalgas. La mancha se extendía por las sábanas. Le había meado
encima -. ¿Te ha gustado, nenita? Anda, quita esa ropa y duerme en otro sitio.
Quique no sabía qué hacer y nada más que sabía mirarse.
Te has pasado, Isma, qué hago yo ahora con esto.
Lárgate ya, puta maricona, estoy cansado como un
perro. El culo de tu novia y el tuyo me han dejado la polla
reventada.
Y se tumbó en la cama, con la polla ya algo flácida. Con las
manos temblándole, Quique bajó de la cama y se puso a quitar las sábanas y el
forro del colchón. Fue cuando su madre regresó a su cuarto y se echó al lado de
su marido. Y lloró, lloró durante toda la noche, temerosa de que se armara un
gran escándalo. Ni ella ni su marido sabrían enfrentarse a un bochorno
semejante. Dudaba si contárselo a Narciso o dejarlo pasar, tendría que pensarlo
despacio. CONTINÚA LA SEGUNDA PARTE.
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