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Fecha: 04-Ago-10 « Anterior | Siguiente » en Fetichismo

Adicta al semen

ManoNegra
Accesos: 26.900
Valoración media:
Tiempo estimado de lectura: [ 10 min. ]
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Voy a contaros una experiencia sexual que tuve hace dos años, en Nochevieja. En ella sabréis cómo fue la primera vez que sentí el semen de un hombre en mi boca. Tenía curiosidad por saber cómo sería, qué se sentiría, pero nunca había tenido el valor suficiente como para chuparle la polla a alguno de mis novios hasta el final. Simplemente, no me parecía atrayente la idea de tener esperma en mi boca. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
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ADICTA AL SEMEN

Una noche, mi novio y yo estábamos en la cama y tras una hora de preludio amoroso, Luis me preguntó si podía chupársela. La idea de meterme su polla en la boca no me molestaba, aunque la tenía toda cubierta de mis propios jugos. Era el hecho de dejar que eyaculase en mi boca lo que no podía aceptar.

Complacientemente me tragué su polla y empecé a chuparla. Luis me hizo deslizar la mano de arriba abajo por su miembro, mientras él metía y sacaba su palpitante polla de mi boca. Le chupé la polla hasta dejarle al borde del orgasmo, aterrorizada solo de pensar que podía correrse en mi boca. La saqué de entre mis labios y empecé a hacerle una paja con la mano. Me di cuenta de lo desilusionado que se quedó Luis al ver que no iba a dejarle correrse en mi boca, pero es que me era imposible hacerlo... Noté que su cuerpo se ponía rígido y dijo que iba a correrse. No quería manchar las sábanas con su leche así que busqué rápidamente con la mirada algo que pudiese contener su corrida. Lo único que tenía a mi alcance era una copa de vino vacía en la mesita de noche. Cogí la copa y, acercándola a su polla, dirigí el potente chorro de semen hacia su interior, mientras el miembro de Luis se estremecía arriba y abajo presa de fuertes contracciones. Conseguí que toda la leche cayese dentro de la copa, manteniendo limpias las sábanas, me levanté rápidamente y la llevé a la cocina, donde tiré su blanco contenido al fregadero. Mientras veía cómo se colaba por el desagüe, me preguntaba por qué Luis tenía tanto interés en meterme aquel líquido pringoso en la boca y hacer que me lo tragase.


Unos días después, me encontraba tomando una taza de café con algunas de mis amigas, y en un momento de la conversación salió el tema del sexo oral. Comenté que no entendía la enorme fascinación que sentía un hombre al correrse en la boca de una mujer.


- ¿Por qué se ponen cachondos vaciando su polla en nuestra boca? -fue exactamente mi pregunta.

- Bueno, ¿lo has hecho alguna vez? -me preguntó Teresa, amiga mía desde mis años de instituto- ¿Te has tragado alguna vez el semen de Luis?

- ¡Claro que no! -dije escandalizada- Y tú, ¿te has tragado alguna vez el de Toni?

- Siempre que se la chupo -dijo Teresa sin dudarlo- Me encanta. Al principio, tengo que reconocer que pensaba lo mismo que tú, pero después de probarlo ha llegado a gustarme.

A mis otras amigas pareció escandalizarles el comentario de Teresa.


- ¿Alguna de vosotras ha probado a hacerlo? -preguntó de nuevo al resto.


Todas se miraron unas a otras, esperando que alguna abriese la boca. Por fin, una de ellas respondió que sí.


- Yo lo he hecho -admitió- Pero obligada. Un novio que tuve me hizo tragármelo aunque yo no quería. Me dio tanto asco que le dejé al día siguiente. Nunca más he dejado que nadie volviese a correrse en mi boca.

- Estoy segura de que, si las circunstancias hubiesen sido diferentes, si no te hubiesen obligado a hacerlo, sino que lo hubieses hecho voluntariamente y con una mente abierta, tendrías una opinión muy distinta -explicó Teresa.

- No lo sé -contestó la chica- La verdad es que fue algo horrible.

- No lo dudo -dijo Teresa- Pero en mi caso tengo que decir que desde que empecé a tragarme el semen de mi novio, mi vida sexual ha mejorado un 200 por cien.


Este último comentario arrancó una tremenda carcajada de todas mis amigas, pero me di cuenta de que Teresa estaba hablando en serio y sus palabras me hicieron pensar. Me pasé los días siguientes pensando en aquella conversación y en la sensación de decepción que había notado en Luis al no dejar que se corriese en mi boca. ¿Tendría razón Teresa? ¿Debía intentarlo?


Los meses siguientes el sexo con Luis fue, a falta de otra palabra más adecuada, mundano. El sexo se había convertido en algo tan rutinario y predecible que estaba empezando a aburrirme, pero no quería decirle nada a Luis por miedo a que se sintiese ofendido. La rutina del juego sexual previo que practicábamos estaba haciéndose tan repetitivo que resultaba difícil distinguir un preludio sexual de otro. Practicábamos el sexo solo para conseguir un orgasmo, pero había desaparecido toda sensualidad de nuestra relación. Seguía pensando en lo que Teresa había dicho sobre haber mejorado su vida sexual después de haber empezado a tragarse el semen de su novio. Me preguntaba si tendría acaso algún oculto poder afrodisíaco que podía aumentar el disfrute de la experiencia sexual. Decidí intentarlo, pero necesitaba la oportunidad perfecta.


Y dicha oportunidad llegó en nochevieja, después de que Luis y yo volviésemos de una fiesta. Los dos estábamos ligeramente borrachos y llevamos una botella de champagne medio acabada a la cama donde vacié el contenido en dos copas que había dejado en la mesita de noche en previsión de un último brindis de año nuevo. Bajé la cremallera que tenía a la espalda de mi largo y negro traje de noche, y lo dejé caer al suelo. Me quité el sujetador y lo dejé junto al vestido. Luis se estaba quitando el smoking, sin siquiera sospechar que aquella noche la aburrida vida sexual que habíamos llevado los últimos meses iba a experimentar un cambio radical.


En cuanto Luis se acabó de desnudar y se echó en la cama, me bajé un poco las braguitas, lo justo como para dejar a la vista mi coño completamente afeitado, en el que había trabajado varias horas aquella tarde para que tuviese aquel aspecto tan perfecto. Luis nunca había visto mi coño sin pelo, pero no hizo falta que dijese que le gustaba mi nuevo look; su expresión hablaba por sí misma. Todavía con las braguitas puestas, bajadas hasta justo por debajo de mi entrepierna, cogí una copa de champagne y mojé un dedo en el burbujeante líquido. Rocé suavemente con él la punta de uno de mis pezones para que se pusiese húmedo y erecto. Hice lo mismo con el otro y observé la reacción de Luis. Su polla empezaba a mostrar señales de vida a medida que crecía de tamaño. Decidí continuar con mi provocativo espectáculo, así que me acabé de quitar las braguitas y llevé la vacía botella de champagne a mis labios. Le di la vuelta, me la metí en la boca, como si fuese una polla gigante, y empecé a chuparla. Luis estaba tumbado de espaldas sobre la cama, así que me subí encima de él de forma que quedé arrodillada justo sobre su cara. Mi coño había quedado a pocos centímetros de su boca y yo seguía chupando la vacía botella de champagne como si de una maravillosa polla se tratase, metiéndola y sacándola de entre mis ansiosos labios. Luis no pudo evitar levantar la cabeza para acoplar su boca a mi coño y saborear los jugos que estaban empezando a humedecer los labios de mi vagina. Imaginaba que el cuello de la botella era la polla de Luis y que el sabor de su semen iba a ser tan dulce como las gotas de champagne que cosquilleaban en mi lengua. Por fin, me saqué la botella de la boca.


- ¿Quieres un trago de año nuevo? -le pregunté.



Luis afirmó con la cabeza, demasiado ocupado en lamerme el coño como para molestarse en darme una respuesta verbal. Cogí la copa de champagne, me eché un poco hacia atrás y le dije a Luis que abriese bien la boca, cosa que hizo sin rechistar, dejándola abierta justo debajo de mi coño. Levantando la copa por encima de mi cabeza, derramé el champagne sobre mi pecho. El fresco líquido pasó por entre mis tetas, se deslizó por mi plano vientre, se perdió por entre los labios de mi coño y cayó por fin en la golosa boca de Luis. Se bebió hasta la última gota y lamió mis muslos y mi coño en busca de cualquier resto de champagne que no hubiese caído en su boca. En un periquete limpió hasta la última gota de champagne de mi piel.


- Ahora que te has acabado tu 'bebida', yo también quiero tomarme un trago de año nuevo muy especial... -le dije con mi voz más sensual- Pero, no es champagne precisamente lo que quiero beber.

- ¿Y qué es lo que piensas tomar? -me preguntó, levantando la mirada por entre mis piernas.

- Tendrás que esperar para saber de qué se trata...


Todavía de rodillas sobre la cama, cogí de nuevo la botella de champagne y cubrí la boca con mi saliva. Luego metí el cuello de la botella por los pliegues de piel de mi coño, dentro de mi vagina. La cara de Luis estaba justo debajo de la botella, viéndola entrar y salir de mi húmedo coño con cara de asombro.

- ¿Te gusta ver cómo me masturbo con la botella? -le pregunté maliciosamente, pero antes de que pudiese contestar, me la saqué y la introduje en su boca- ¿A qué sabe mi coño? Quiero que me folles con la botella mientras yo te chupo la polla.


Luis metió el cuello de la botella en mi coño y empezó a moverlo como un martillo neumático, dentro y fuera a gran velocidad, mientras yo me tragaba toda su polla. Sentir su hinchada verga en mi boca y la botella en mi coño me llevó a un delicioso orgasmo que hizo que todo mi cuerpo se estremeciese de placer. Pero yo tenía la intención de hacer de aquella una noche para recordar toda la vida, así que no quería descansar, tenía que seguir dándole un giro a mi vida sexual.

La polla de Luis seguía en posición de 'firmes' cuando la dejé para abrir el cajón de la mesita de noche. De allí saqué un frasco de vaselina que guardaba, saqué un poco y lubriqué bien el cuello de la botella. Luis y yo no habíamos intentado nunca el sexo anal, así que sé que la pregunta que le hice a continuación le dejó más que sorprendido.


- ¿Quieres darme por el culo mientras te chupo la polla? -le dije con resolución- Ya has hecho que me corriera follándome el coño, así que ahora quiero que lo hagas por el culo.


Luis no podía creer lo que estaba escuchando, pero cogió ansiosamente la botella de mi mano y suavemente empujó la boca de la botella en mi estrecho culo. Mientras notaba cómo entraba aquel frío objeto por mi entrada trasera, me tendí de espaldas y metí su polla en mi hambrienta boca, al tiempo que él empezaba a lamerme el coño. Estaba en el paraíso. Sentía la botella en mi culo y la lengua de Luis en mi coño, mientras imaginaba que el dulce sabor de su semen sería como el del champagne. Me encantaba sentir aquella botella entrando y saliendo de mi culo, por lo que pensé lo maravilloso que sería sentir en su lugar la cálida carne de Luis.

- Luis, métemela por el culo, haz que me corra otra vez -rogué como si fuese a acabarse el mundo.


El diámetro de su polla era dos o tres veces mayor que el del cuello de la botella de champagne que había estado metiendo y sacando de mi conducto anal, pero de todos modos quería sentirla dentro de mí. Al principio, el dolor producido por su tremendo miembro penetrando mi estrecho agujero era casi insoportable y apreté los dientes para no gritar, pero en cuanto relajé mis músculos para dejar que su polla se deslizase con total libertad el dolor se convirtió en puro placer. Llevé una mano a mi clítoris y miré hacia donde Luis taladraba mi pobre culo con su enorme verga. Empecé a acariciarlo, sin dejar de sentir las fuertes embestidas de Luis, su polla entrando y saliendo de mi culo. No tardé mucho en notar las convulsiones del segundo orgasmo de la noche. Al mirar hacia Luis, me di cuenta del esfuerzo tan grande que estaba haciendo por resistir las ganas de correrse en mi culo.


- Todavía no quiero que te corras -le dije con la voz entrecortada aún por mi reciente orgasmo- Esta noche tengo pensado algo muy especial.


A juzgar por su expresión debió pensar que si lo que le tenía preparado era aún más especial que lo que habíamos hecho hasta el momento, la espera valdría la pena. Obediente, sacó la polla de mi culo y al hacerlo escuché un fuerte sonido de succión. El dilatado agujero de mi culo permaneció abierto, tanto que según Luis se podía ver dentro.


- Ya has conseguido que me corriese follando mi coño... y también follando mi culo -le dije- Pero ahora le toca el turno a mi boca.


Agarré su miembro, todavía húmedo, y me lo introduje hasta la garganta. A medida que lo metía y sacaba de mi boca, sentía las venas de su hinchado pene presionar contra mis labios. Le excité todavía más arañando suavemente con mis dientes la suave extensión de su glande, algo que estuvo a punto de hacerle correrse de golpe.


- Ten cuidado de no correrte en mi boca, ¿eh? -le advertí, notando enseguida su decepción.

Empecé a lamerle los huevos, pasándole la lengua desde debajo de la suave bolsa de piel hasta su estrecho culo, explorando dulcemente los alrededores de su agujero con mi lengua. Luego regresé a su polla, me la metí nuevamente en la boca y empecé a chuparla de nuevo, esta vez con furia. Me pareció que estaba a punto de correrse, así que cogí una de las copas vacías de champagne y empecé a utilizar mi mano para masturbarle, dirigiendo el chorro de semen hacia la copa. Luis debió haber tomado vitaminas aquel día porque el volumen de leche que dejó en la copa fue extraordinario. La levanté hasta dejarla bajo mi nariz e inhalé el aroma de la viscosa corrida de Luis. Metí un dedo en el blanco fluido y lo llevé a mis labios para saborearlo. Me sorprendió bastante darme cuenta de que el sabor no era asqueroso ni mucho menos. De hecho, esa especie de sabor salado que tenía era casi excitante.

- Éste era el 'trago' especial que tenía pensado para esta noche -le dije a Luis- ¿Quieres que me lo beba? ¿Quieres que me trague tu semen, Luis?


A duras penas, Luis movió afirmativamente la cabeza.


- Quiero que tú mismo me lo eches en la boca -le dije.


Me tumbé de espaldas en la cama y abrí la boca todo lo que pude. Luis colocó la copa sobre mi boca, a unos 25 centímetros de mi extendida lengua. El semen se deslizó por la copa y cayó directamente sobre mi lengua, donde hizo un extraño sonido como de chapoteo antes de seguir su camino hasta mi boca. Tuve que cerrar rápidamente la garganta para evitar tragarme el blanco y cremoso líquido. Quería saborear tranquila y largamente el dulce semen de Luis antes de tragármelo. Lo sentía cálido y viscoso, cubriendo toda mi lengua y empapando mis papilas gustativas. Vi que Luis estaba disfrutando de cada momento que me veía saborear su semen. Abrí la boca para que pudiese echar un buen vistazo al esperma que llenaba mi boca y empecé a hacer gárgaras con el fluido. Jugueteé con él en mi boca un buen rato, llevando el espumoso semen hasta mis labios y haciendo burbujas con él. Algunas gotas se me salieron por la comisura de los labios y empezaron a correrme por el cuello. Entonces, y con un solo movimiento de garganta, tragué todo el semen que llenaba mi boca. Pude sentir el cálido esperma fluir por mi garganta, cayendo hacia mi estómago. Quería beberme hasta la última gota de aquel sensual líquido, así que cogí la copa y empecé a lamer los restos que habían quedado adheridos al cristal. Para el semen que me corría por el cuello mandé a Luis a la cocina a por una cuchara. Rápidamente, la trajo y empezó a recoger todo el esperma de mi cuello para luego llevarlo a mi hambrienta boca. Lamí con ganas hasta la última gota de la cuchara.


- Tu semen sabe de maravilla, cariño -le dije a Luis, mientras ambos nos dejábamos caer rendidos sobre la cama - A partir de ahora quiero tragármelo siempre que hagamos el amor.


Mi propósito de año nuevo fue uno que no tuve ningún problema en mantener. Luis y yo hemos disfrutado de grandes sesiones de sexo desde aquella noche. Ahora siempre tengo ganas de que se corra en mi boca y de tragarme su semen. Desde entonces he probado nuevas variantes para tragarme el semen, entre ellas que Luis me lo dé con una cuchara después de haberlo recogido de mi coño con ella. Incluso fui a una fiesta con mi amiga Teresa en la que montamos una orgía con doce tíos que nos hicieron beber su semen cada una del coño de la otra. También fui a un parque de bomberos e hice una apuesta con ocho bomberos que había allí. Les dije que podría beberme el semen de los ocho de un vaso... de un solo trago. ¿Creéis que lo conseguí? Quizá os lo cuente en otra ocasión...



© ManoNegra

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