TARIK ME DESVIRGÓ EN SU HARÉN: Memorias de una
concubina adolescente.
Me llamo Dolores, aunque todo el mundo me llama
Lolita. Esta es la historia de mi extraña boda –que resultó después no ser una
boda real-, con el hombre que me desvirgó, fue hace dos años, cuando yo vivía
con mi tía Pilar en un piso de las afueras de la ciudad.
En ese tiempo yo, que acababa de cumplir la edad
mínima para ser contratada, empecé de aprendiza de asistenta en el hotel en el
que trabajaba mi tía de cocinera. Había una gobernanta general, Zoraida, una
mujer egipcia vieja amiga de mi tía, que me ayudaba bastante explicándome como
hacer bien mi trabajo, y no era demasiado severa conmigo cuando me equivocaba.
Un día Zoraida me presentó al dueño de aquel y de
otros hoteles en diversas poblaciones, Tarik, un hombre de unos 65 años, árabe,
con cara de rasgos bastante gruesos, larga nariz y el adorno de una barbita y
una perilla que acentuaban su aspecto de hombre de los desiertos, siempre
exhalaba una gran olor a colonia oriental, desde el primer momento que le conocí
noté que me miraba de una manera especial, me daba cuenta de que sus ojos
recorrían una y otra vez mi cuerpo, especialmente cuando había acabado el día de
trabajo y me vestía con mis pantaloncitos cortos y la camiseta que insinuaba el
inicio de mis pechos.
Yo ya tenía mi cuerpo bastante bien formado, soy
esbelta y proporcionada, de una altura aceptable, la piel muy blanca y pecosa,
el cabello castaño claro y mis tetas eran entonces como dos montañitas acabadas
en punta que aún no habían acabado de crecer del todo. Los ojos de Tarik se
escapaban hacia mí siempre que nos encontrábamos, me parecía que sus ojos
brillaban cuando me miraba. Algunos días después me di cuenta de que no se
cruzaba conmigo por casualidad, sino que varias veces al día buscaba
expresamente el lugar en el que yo estaba trabajando para hablar conmigo.
Poco a poco Tarik se fue tomando más confianzas
conmigo. Mi tía y Zoraida me habían dicho que fuese amable con él, que es buena
persona con el personal que cumple y trabaja bien.
Y las cosas se fueron precipitando, sucedieron muy
rápidamente. Un día en el que yo limpiaba las ventanas de una habitación que él
utilizaba como despacho, me sujetó por la espalda y suavemente puso sus manos en
mi cintura. Me giró hacia él, mientras yo notaba que se me aceleraba el pulso.
Noté muy cerca de mí su penetrante y típico olor a perfume exótico y a tabaco.
Cerré los ojos cuando su cara se acercaba a la mía, y, por primera vez en la
vida, noté los labios de un hombre caer sobre los míos y apretarlos con
delicadeza pero con decisión.
Sentí que había enrojecido, sabía que me había
puesto nerviosa, mientras Tarik me separaba de él sonriendo y me observaba
acariciándome los cabellos. Entonces me dijo, con voz tranquila y suave, que yo
le gustaba mucho, que si quería casarme con él. Me quedé muy sorprendida, y mi
corazón se aceleró. No lo esperaba, aunque la verdad es que, como dije antes, yo
me había dado cuenta de cómo me miraba Tarik.
Era un hombre mayor y se quería casar conmigo, eso
me parecía algo horrible, casarme con un viejo… Pero al mismo tiempo, aquello
significaba que no tendría que hacer más lo que me ordenaban mi tía y las
encargadas del hotel, que tendría mi propia casa y no trabajaría, a cambio, ya
lo sabía, que Tarik, como sería mi marido, se acostaría conmigo cada noche y me
metería "aquello" en el vientre…
Le pregunté a Zoraida qué pensaba ella, aunque ya
lo imaginaba, ella trataba con mucha familiaridad a Ibn Tarik, como si tuviesen
o hubiesen tenido una relación especial. Efectivamente, puso cara divertida y no
mostró ninguna sorpresa cuando le dije que Ibn Tarik se quería casar conmigo. Me
dijo que aunque nuestra edad era muy diferente, yo era una chica discreta y
decente, y podría pasarlo muy bien siendo una de las esposas de Ibn Tarik…
Zoraida sonrió al ver mi cara de sorpresa al oír que hablaba de "esposas"…
Entonces me explicó que en su religión islámica, Ibn Tarik podía tener varias
esposas al mismo tiempo, todas las que pudiese mantener, cosa que tiempo después
supe que no era exactamente así… Y Zoraida dijo que el mundo de los árabes era
diferente a las tradiciones que yo, como chica europea y occidental, podía tener
asumidas… Que la cultura árabe –Zoraida también lo era-, era muy diferente a la
nuestra…
Zoraida me dijo también que Ibn Tarik era una
persona de buena conducta con sus esposas, que siempre había sido muy atento y
amable y nunca les pegaba... Y, me dijo, aunque tuviese que estar con mi marido
y hacer todo lo que él me ordenase, siempre sería más libre que allí en el Hotel
trabajando de asistenta limpiando habitaciones y lavabos todo el día. Cuando
hablé con mi tía, estaba muy contenta. Ibn Tarik y Zoraida ya habían hablado con
ella de mi, y la habían nombrado una de las jefas de cocina de un nuevo hotel
que un hermano de Zoraida dirigía en la costa, también propiedad de Tarik y su
familia. Era verdad, eso sí, que Ibn Tarik tenía muchos más años que mis
dieciséis, nos separaba casi medio siglo… O sea, que yo lo había de pensar y
decidir, me dijo mi tía. Y añadió que aprovechase la oportunidad y tomase mi
decisión, pero que pensase que a veces el tren sólo pasa una vez por la
estación… Que si despreciaba a Tarik tal vez me arrepentiría toda la vida,
cuando fuese una chica más del montón, trabajando y cargada de hijos, idea de
futuro que entonces –y ahora-, no me seducía para nada, lo reconozco.
Mi boda con Ibn Tarik fue una ceremonia muy rara,
muy diferente a las nuestras, no parecía para nada una boda, porque, claro, como
he sabido después, en realidad no lo era, nos limitamos a firmar unos papeles mi
tía como tutora legal y yo delante de un anciano vestido con una chilaba al que
llamaban Imán, y después Tarik desapareció, me dijeron que había tenido que
marchar a su país para un tema urgente no previsto que se acababa de presentar y
que ya me llevarían con él más adelante.
Pasó una semana, y al final me dijeron que por fin
tenía que viajar para estar con mi marido. Me llevaron en un avión a la tierra
de Tarik, un país árabe al otro lado del mar Mediterráneo, y del aeropuerto
fuimos en un enorme todoterreno a una gran finca propiedad suya en las afueras
de una ciudad de casas pequeñas que estaba junto al mar, rodeada por un desierto
de dunas de arena y llanuras de piedras. En el avión me quitaron mis ropas
habituales y me obligaron a vestirme con una túnica negra, llamada chador, que
me cubría todo el cuerpo y la cabeza, y un velo ocultando también parte de mi
cara. Me dijeron que era la costumbre del país, que las chicas teníamos que
vestir de esta manera, tal vez mi esposo en el futuro preferiría incluso que en
público llevase un vestido más cerrado, que sólo deja ver los ojos, llamado
niqab, lo que no me hizo ninguna gracia, me sentía ridícula, como si me hubiesen
disfrazado para Carnaval, y me ahogaba, pero ahora era imposible llevarles la
contraria, desobedecer y volver atrás.
Ya había anochecido cuando llegamos a la finca. Me
instalaron en una gran estancia en un pabellón muy lujoso que llamaban el
Serrallo… Como he adelantado antes, tiempo después supe que en realidad no me
había convertido en una esposa auténtica, sino en una de sus concubinas, porque
él tiene el número máximo de esposas oficiales que le autoriza su religión,
cuatro, y las demás chicas del harén somos una especie de esposas de categoría
inferior llamadas concubinas, de hecho una mezcla de amantes y esclavas, que
puede tomar o repudiar a su capricho. Llegué a conocer a otras tres, todas muy
jóvenes como yo, una guapa y extrovertida chica venezolana con la que me
entendía perfectamente y me ayudó mucho, una joven sueca muy blanca y rubia y
una muchachita japonesa, con las que casi no me relacionaba y me entendía por
señas. Tarik había gestionado durante aquella semana todos los permisos
necesarios para mi viaje a su país por ser yo todavía una menor, y mi tía, como
tutora legal, había dado su consentimiento a todos los documentos que se
necesitaban aquel día que firmamos papeles delante de un Imán..
Y, por fin, apareció el que yo creía que era mi
marido y en realidad sólo mi señor. Ibn Tarik, impresionante, vestido como los
musulmanes de la película Lawrence de Arabia, siempre le había visto antes
vestido a nuestro estilo occidental, me observaba fijamente, sonreía al verme
vestida con el chador como una chica musulmana más, yo notaba de nuevo aquella
sensación de que él me desnudaba con la mirada, sabía, lo adivinaba con toda
seguridad, que se imaginaba a si mismo en la cama conmigo, sabía que pensaba en
que ya había llegado la noche de bodas, yo cerraba los ojos y lo veía ya
metiéndome su miembro en el vientre…
No era para mi una sensación extraña, aunque era un
hombre muy mayor, yo también pensaba por las noches en aquello, y ya no tenía la
sensación de asco de las primeras veces que me había pasado aquella idea por la
cabeza, no, ahora era algo inquietante, eso sí, pero me excitaba pensando en Ibn
Tarik estirado desnudo encima de mi introduciendo su pene en mi cuerpo, me
imaginaba su boca, oliendo a tabaco y a comida árabe, aplastando mis labios, y
me tocaba…
Y cuando él, con disimulo, allí en la sala verde
del Serrallo, me agarró por la cintura y puso su mano en mi hombro para sentarme
a su lado en la mesa de banquetes, me estremecí… Fue una cena bastante extraña,
parece que todos los alimentos y manjares tenían un significado que a mi se me
escapa, aunque algo he llegado a saber, parece que todos tenían algo que ver con
la fertilidad y el vigor y excitación sexual, tanto de hombres como de chicas.
Eran alimentos y bebidas destinados a que Tarik tuviese una respuesta sexual
exacerbada y yo me entregase complacida a él sin resistencia. Recuerdo que entre
otras cosas que he olvidado, había unas albóndigas de carne con unos tomates
gratinados muy cargados de pimienta, un delicioso cordero asado con cuscús,
ajos, cebollas, cilantro, apio, zanahorias, dátiles, frambuesas y salsa de
yogur, unas bandejas llenas de ostras frescas al natural, unos higos confitados
con canela, una extraña bebida con gusto dulzón y fuerte que me hicieron tomar y
que al parecer tenía miel con leche de camella, esencia de azahar y algo más
llamado chiba o absenta que no sé que es, unos quesos de cabra de sabor muy
fuerte y picón, y, especialmente para mi, alguien les había dicho que me gustan
mucho, un gran plato de fresas con nata azucarada. También me hicieron probar
varias infusiones, creo que una de té verde con menta y otra de una cosa que
llamaban té de ginseng. Y justo después de la cena ceremonial con miembros de su
kábila según la tradición musulmana, el hombre que yo pensaba que era mi marido
– en realidad, ya lo sabéis, era sólo mi señor-, me dio un gran pellizco en el
culo delante de todos que hizo que me ruborizase, al tiempo que hacía un
chasquido extraño con la boca, casi un eructo…
Los últimos asistentes a la cena, todos miembros
varones de su familia o clan, se habían ido despidiendo de Tarik y marchando.
Estábamos ya solos, Ibn Tarik, yo, y sus servidoras atentas a cualquier deseo
suyo.
Salimos de la sala. Tarik me agarró suavemente por
la cintura, y me indicó el pasadizo que llevaba hacia las habitaciones. Y entré
en el que parecía ser la lujosa estancia del hombre, era la primera vez que iba
a dormir con él, me sentía muy excitada, alguna cosa que tomé en la cena me
había hecho mucho efecto, no sé qué podía ser, yo me encontraba extraña,
inquieta, como si desease que Tarik apretase mi cuerpo con sus manos… Entonces
las servidoras, todas vestidas con el niqab, se acercaron a mi y me desnudaron,
dejándome sólo con una braguita casi transparente de una seda finísima. Me
perfumaron con una fragancia muy intensa, me dijeron que serviría para avivar el
deseo de mi señor y hacerle gozar más intensamente cuando me tomase por primera
vez.
Me sentía cada vez más inquieta, fui al lujoso baño
a mojarme la cara, pero allí estaba también Tarik orinando y mojándose la cara,
no me hacía aún a la idea de que era mi marido, no imaginaba yo que lo
entendería muy rápidamente, cuando poco después él roncase estrepitosamente
durmiendo desnudo a mi lado, después de haberme desvirgado y poseído por primera
vez… Sí, él estaba refrescándose, me acerqué e inconscientemente me agarre a él
para no caerme, lo que fuese que había tomado en el banquete me había afectado
mucho y estaba mareada, después reaccioné, y le pedí perdón y me fui a la
habitación, después él llegó a mi lado, me dijo que yo le gustaba, que estaba
muy buena, le oí hablar como si todo fuese un sueño, me quedé mirándole como una
tonta, entonces me tomó por los hombros y me besó, fue un beso violento, yo
apartaba la boca, pero él apretó, me abrió la boca, metió su lengua hasta
acariciar la mía, noté gusto a tabaco, después me desnudó, sin que yo pudiera
hacer nada por evitarlo, me sacó lentamente el chador y el velo, me quedé sólo
con las braguitas, y él se quito la túnica árabe, me recostó en la cama y besó
mis pechos, apretando los pezoncitos con sus dedos pellizcándolos hasta hacerme
daño, al mismo tiempo que su mano me acariciaba entre las piernas, en la parte
interna de los muslos.
Después me preguntó si quería ser ya su esposa, yo
cerré los ojos y le dije que sí, ya imaginaba qué quería decir él, entonces lo
primero que vi fue que él ahora ya estaba completamente desnudo, se acababa de
bajar los calzoncillos, se arrodilló encima de mi… Le vi el pene, era algo muy
grande, hizo que lo cogiera con mis manos y que se lo moviese, primero me dio
mucho asco pero luego me parecía estar jugando, sentía una sensación de
expectación, él olía, ya sabéis, a colonia intensa, a tabaco, pero aquel olor me
gustaba, su pene se endureció aún más, usaba las dos manos para movérselo; él me
besaba y me tocaba… Entonces hizo una cosa que me horrorizó, se sentó en la
cama, agarró mi cabeza por la nuca y los cabellos, me hizo abrir la boca y tuve
que dejar que introdujese su pene en ella… Me hizo lamerlo con la lengua y luego
chuparlo como un caramelo… Su pene tenía un gusto y un olor muy desagradable… Al
final creo que se dio cuenta de que yo estaba a punto de vomitar de asco, porque
sonrió, dejó mi cabeza y se dedicó a pellizcarme y morderme en todo el cuerpo,
creo que eso le provocaba una excitación especial, pero a la mañana siguiente
recuerdo que yo tenía todo el cuerpo lleno de pequeños hematomas provocados por
sus pellizcos, mordiscos y chupetones.
Yo le dejaba hacer, ahora , a pesar del dolor que
me causaban sus uñas y dientes, ya no me desagradaba sentir que él estaba
jugando con mi cuerpo, tocándome por todas las partes, incluso arañándome como
un tigre,… Y entonces, de pronto, me di cuenta de que Tarik, poco a poco,
lentamente, me estaba bajando la braguita hasta sacármela del todo, yo, asustada
lo miré a los ojos y me dijo:
-Estás muy buena, Lolita, eres una chica muy
especial, te voy a hacer mi esposa ahora mismo…
Al escuchar eso me quedé paralizada unos segundos
al tiempo que sentía una sensación de terror… Iba a ser mi primera vez, el
árabe, mi marido, me iba a desvirgar, noté que me faltaba respiración, que tenía
que marcharme de allí, intenté moverme, pero me sujetó fuertemente contra las
sábanas, él sonreía, yo me movía y a le encantaba, parecía excitarse mucho
sujetándome mientras yo me agitaba para escapar de su abrazo, aplastó sus labios
en los míos y estuvo un largo rato besándome paseando su lengua por mi boca
mientras me apretaba las tetas hasta hacerme gemir…
Ibn Tarik me mordía el cuello, me pellizcaba el
culo, me sorbía los pezones, me tocaba el sexo, hasta que al final dejé de
resistirme a lo que me estaba pasando, y, no sé cómo, me di cuenta de que le
había abrazado, que dejaba que me besase y me mordiese, y que el peso de todo su
cuerpo descansaba en el mío sin poder respirar… Y sentí, sorprendida, que Tarik
había bajado su cabeza a mis muslos, que con los dedos había acariciado mi sexo,
que apretaba, aquel pequeño trocito de carne que hay por arriba, el clítoris, y
me hacía gritar cuando me mordía y pellizcaba, que pasaba ahora la lengua por mi
sexo, por fuera y por dentro, y notaba su saliva húmeda y cálida en mi vagina…
Él sudaba y hacía todo lo que quería conmigo, y me
dijo:
-Ahora, niña, ahora sí, ahora verás como te gusta
cuando te entre…
Noté con horror y miedo que ahora él me estaba ya
metiendo el pene en mi vientre, sí, con la mano había llevado la punta de su
miembro a la entrada de mi sexo y había empezado ya a entrar en mi vagina, poco
a poco pero sin dudarlo y sentí que su pene había topado con algo que me dolió
al sentir la presión, su rostro cambió de una manera extraña mas lujurioso y
mucho más excitado y dijo, en un español defectuoso:
-Ah!! Lolita, tú ya quieta, yo ahora la meto toda
en tu barriga, tu señor te coge ya!!!!
A lo que le contesté como pude, con un gemido,
intentando resistir al darme cuenta de lo que realmente ya me estaba pasando,
que aquel hombre, que ahora era mi marido, me estaba introduciendo su pene, que
no era un juego, que aquella presión era que algo, mi himen, se iba a romper,
que me estaba a punto de desflorar… Y ocurrió… Sentí de pronto un gran dolor en
mi vientre, mientras noté que el pene de Tarik se metía completamente en mi
vagina, que aquella cosa enorme se introducía profundamente en mi cuerpo. Me
había desvirgado con un impulso y una penetración enérgica y violenta, ahora
comenzó a moverse salvajemente, sin importarle mi sufrimiento y mis gritos, era
un dolor muy fuerte, comencé a llorar y gemir, y mi cuerpo se tensó, el se
detuvo un momento, jadeando y babeando, y me dijo:
-Tranquila, esto es normal, solo aflójate,
relájate, porque si no te puedo hacer mucho más daño, niña, parece que eres algo
estrecha…-
Yo, aterrorizada de pánico, obedecí y me quedé
quieta, sin resistirme, dejándole hacer lo que quisiese con mi cuerpo, él se
movía como una bestia salvaje encima de mi, jadeaba, gritaba, aullaba, hasta
que, aunque la penetración era muy dolorosa, yo, sorprendentemente, me di cuenta
de que empezaba a sentir una excitación indescriptible… Y aquello duró un tiempo
que me pareció eterno, yo sentía al mismo tiempo dolor y placer, mientras Tarik
se gritaba de una forma pavorosa moviendo mi cuerpo como si fuese una muñeca
inerte, un pelele de paja… Y me ahogaba, su peso era enorme, y cada vez que su
pene llegaba al fondo de mi sexo me parecía que me estaba reventando, me dolía
como si mil navajas se clavasen en mis entrañas… Y entonces Tarik gritó aún más
fuerte, dejó ir un alarido espeluznante, y apretó mi cuello como si fuese a
estrangularme mientras su culo se impulsaba mil veces arriba y abajo casi
saliendo su pene de mi vientre y volviéndose a clavar cada vez con más fuerza…
Entonces, mientras me faltaba aire y me ahogaba, sentí como inundaba mi vagina
un líquido muy caliente, a borbotones, un líquido viscoso y ardiente, al tiempo
que experimentaba un desconocido y terrible gran placer, muy superior a cuando
me tocaba el sexo yo sola, y grité también yo de desesperación y placer, y Tarik
también lanzó unos alaridos de satisfacción, con lo que anunciaba la culminación
de su terrible orgasmo.
Después de unos instantes, Tarik se fue quedando
quieto, poco a poco, respiraba resoplando, sudaba, olía a diferentes cosas,
mientras yo gemía de dolor y placer… Se quedó encima de mi, aplastándome con su
peso, inundándome con su sudor y sus olores, mientras yo noté que iba sacando su
pene del interior de mi vagina, y se fue separando hasta quedarse a mi lado,
respirando con dificultad, igual que yo, mientras Tarik me agarraba por la
cintura y me acercaba a él. Estuvimos así un rato bastante largo, y él
acariciaba mi cuerpo, ninguno de los dos hablaba. Me toqué el sexo, y me hacía
daño. Un líquido mojó mi mano al meter los dedos en mi vagina, me los miré y
adiviné el semen viscoso del hombre mezclado con la sangre de mi himen
desgarrado…
Tiempo después, tal vez después de una hora, me di
cuenta, sorprendida, que su pene estaba otra vez duro, tieso, enorme. Entonces,
de pronto, me giró y me agarró por la espalda, me sujeto con una mano un pechito
y con la otra mi vagina, entonces sentí con tremenda sorpresa como su gran pene
se iba introduciendo por mi culo, yo sentía como se metía con dificultad, le
costaba, pero entonces puso algo que parecía jabón o crema de afeitar en mi
culo, y de pronto, ¡que horror! otra violenta penetración, sentí que me
desmayaba, pero él me sostenía, ahora venia lo peor, me levantó por los pechos
dejándome caer hacia atrás empalada en su inmenso pene, me tiraba hacia detrás y
hacia delante, me levantaba y me dejaba caer, era terrible!
De pronto, al cabo de un rato de tremenda agonía y
placer, sentí que de nuevo algo caliente me invadía por dentro, se estaba
corriendo en mi culo, después, cuando se recuperó, vi asombrada, que Tarik,
sonriendo divertido con expresión muy fatigada, acercó su cara a la mía y me
besó apasionadamente en los labios. Creo que me di cuenta entonces realmente de
que Tarik me había desvirgado dos veces, que yo estaba preparada para lo de
adelante, sabía lo que pasaría aunque me dolió, pero no me imaginaba lo de
detrás, no sabía que al que ahora es mi marido también le gusta meter el pene en
el culo de las chicas…
Así fue como Tarik me transformó en una de sus
concubinas, cuando yo pensaba que era su esposa.. Un recuerdo agridulce del
momento más duro y extraño de mi vida..
Pronto supe que en esa zona del palacio llamada
Serrallo, hay el harén de Ibn Tarik, en el que he visto y vivido cosas tan
sorprendentes, algunas maravillosas y otras horribles, que nunca podríais
imaginar, hasta que un buen día Tarik me substituyó como concubina favorita en
su harén por dos adolescentes rusas bellísimas, me permitió marchar del Serrallo
y volver a mi país, con una cantidad apreciable de dinero en un fondo de
reserva, un apartamento de lujo para vivir y un trabajo cómodo y muy bien pagado
en uno de sus hoteles. En varias ocasiones Ibn Tarik nos ha visitado, y ha
pasado toda la noche en la cama conmigo de nuevo, dice que me añora porque estoy
muy buena y soy simpática, parece que sigue considerando que le pertenezco
aunque ya no sea su concubina. No tuve descendencia en el tiempo que pasé en el
harén, Tarik no permite que sus concubinas jóvenes se queden embarazadas, sólo
desea hijos con sus esposas legales, las servidoras del Serrallo se encargaban
de controlar ese tema.
Pero todo eso son historias que es mejor olvidar y
que no creo que nunca llegue a explicar del todo a nadie. Salgo con Nando, un
chico que trabaja de mecánico en el taller de reparación de automóviles
propiedad de su papá que está al lado del hotel en el que trabajo, somos casi
novios, ya nos hemos acostado juntos, espero que Nando nunca se llegue a enterar
de mi increíble historia con Ibn Tarik ni nos descubra si alguna noche si el
árabe viene a pasarla conmigo… Me gusta Nando, no es muy guapo, más bien lo
contrario, pero es cariñoso, fuerte y amable, aunque a veces me sorprendo a mi
misma añorando el placer que me provocaba el sexo violento al que Tarik me
sometía cuando me elegía para pasar la noche en su harén y que vuelvo a probar
cuando ahora me visita en casa. Secretos inconfesables de mi vida…

Tarde de verano en el harén