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Fecha: 04-Ene-10 « Anterior | Siguiente » en Gays

Mi vecino Juan y yo (2)

DIVOR2008
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Segunda parte de un bonito encuentro sexual con mi vecino de enfrente, esta vez mucho más placentero que el anterior. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

Habían transcurrido dos días desde la última vez que Juan estuvo en casa, y yo estaba ansioso por repetir aquella experiencia. Y no sólo eso, sino llegar todavía más lejos; esa era mi verdadera intención y mi auténtico interés. Juan "me ponía" mucho desde hacía varios años. Cada vez que nos habíamos encontrado, yo no dejaba de mirar los gruesos dedos de sus manos de hombre de despacho. Imaginaba que sus atributos masculinos serían proporcionales al tamaño y grosor de aquellos dedos tan gordos y carnosos. Algo me sugería que ambos seguirían una misma proporción y realmente no me había equivocado.

Cada vez que él había entrado en casa, (siempre ligerito de ropa), su pecho varonil, discretamente poblado de un vello canoso, provocaba en mí una reacción que nunca antes había experimentado hacia ningún otro hombre de esa edad. Siempre sentí atracción por tíos más jóvenes, (entre los 30 y los 45 años), pero con Juan era diferente; sentía una atracción muy particular. Y es que, este hombre me parecía extraordinariamente simpático, cercano, afable… Siempre le he encontrado un morbo y un sex-appeal que no había visto en otras personas de su misma edad. Juan era alguien con quien me encontraba a gusto y cada vez que nos juntábamos a tomar una cerveza o a comentar algo sobre cosas cotidianas o intrascendentes, él conseguía excitarme. Por otra parte, en lo más íntimo de mi corazón siempre sospeché que Juan "entendía", aunque no tenía ningún motivo para pensar eso. Además, Juan es muy varonil y lo más alejado de cualquier signo gay. Pero "algo", aparentemente imperceptible, me decía no sólo que tenía cierta "debilidad" hacia el propio sexo, sino -incluso-, que yo no le era del todo indiferente.

Y la experiencia que habíamos vivido hacía menos de 48 horas me confirmó que yo no andaba errado. Aquella "corrida" fue apoteósica; digna de figurar entre las mejores "faenas" sexuales de la historia. Una "corrida" en la que no hubo "orejas", pero si dos estupendos "rabos", (el de Juan y el mío), que hicieron nuestras delicias

Como Juan no daba señales de vida, decidí ser yo quien llamase a su puerta. Me puse algo muy ligerito; un viejo bañador tipo Meyba que ya no usaba, nada en la parte superior y descalzo. Llamé a su puerta sabiendo que él estaba solo y Juan salió a abrirme al instante casi desnudo; sólo llevaba puesto un fino calzoncillo de tela y, como siempre, descalzo.

-"Hola, ¿Qué tal?. Iba a pasar yo a tu casa en este momento", (me dijo)

Mmm..., que delicia de tío, pensé. Ahí estaba él; semidesnudo, descalzo y sensual. Con un torso sin excesivo vello, -lo justito-; con unas piernas muy bien torneadas; con su canosa barba y con esa simpatía tan particular que le hace tan atractivo.

Sonriendo me dijo:

-"Quieres pasar, o pasamos a tu casa"

Yo prefería estar en mi terreno, por lo que le pedí que pasase a mi casa. Y así lo hicimos ambos. Cruzamos en rellano y entramos. El tomó asiento en uno de los dos sofás de mi salón y yo hice lo propio y me senté en el otro sofá formando un ángulo recto, que es como están situados ambos muebles.

-"¿Qué quieres tomar", (le dije).

-"Una cerveza, por favor",

Juan suele tomar cerveza, pues aunque siempre está luchando con la báscula, es un gran aficionado a esta bebida, sobre todo en verano, cuando más aprieta el calor. Preparé un par de cervezas y regresé al salón sentándome en el otro sofá, donde estaba anteriormente. Disimuladamente miraba su calzoncillo de fina tela, en el que se marcaba claramente el grosor de su pene. Casi se adivinaba, cómo la punta de su capullo intentaba abrirse paso por la pata izquierda de su calzón.

Comenzamos a hablar de temas intranscendentes; del calor, de las últimas noticias, de la subida de impuestos… Era como un reto entre nosotros, para ver quien rompía el hielo y comenzaba lo que ambos estábamos deseando. Descuidadamente, Juan hizo un inocente movimiento con su pierna y, esta vez si; la punta de su polla podía verse claramente asomar por el extremo del calzoncillo. Esto hizo que mi pene reaccionara y se me puso duro como una piedra. Pero yo no hice el menor intento por disimularlo. Es más, abrí mis piernas para que resultase evidente que me había puesto cachondo. Y eso que todavía no había empezado "el espectáculo".

Entonces Juan, abiertamente abordó el tan esperado tema:

-"¡Joder… Cómo nos lo pasamos el otro día!".

-"Has dicho bien, Juan: -nos lo pasamos-; Porque yo también me lo pasé estupendamente. Sólo que, si me lo permites, a mi me faltó algo más".

Esta era toda una declaración de intenciones, Era como destapar abiertamente todas mis cartas. Pero, después de lo sucedido dos días atrás, ¿a que seguir con más rodeos?

-¿Qué te faltó?, repuso él.

-"Hombre, me hubiese gustado llegar más lejos. ¿A ti no?

-"¿Qué si a mi no?. No te imaginas estos dos días que he pasado, pensando que tal vez yo fui demasiado lejos… Estaba deseando volver a verte, pero no sabía a ciencia cierta si a ti te apetecería. Ten en cuenta que todo esto es nuevo para mi…", me dijo

En aquel momento me levanté y me senté a su lado. Yo seguía como en una nebulosa. Me parecía que aquello estaba resultando demasiado fácil, demasiado sencillo, después de haberlo deseado durante tanto tiempo… O tal vez yo lo imaginado como mucho más difícil y no estaba dando crédito al desarrollo de los acontecimientos.

Una vez a su lado, comencé a pasar mi mano por su pierna, pero él permanecía inmóvil. Se notaba que –realmente- aquello era novedoso para él. Y si alguna vez había tenido alguna experiencia de este tipo, debía haber ocurrido hacía mucho tiempo atrás, o quizás no fue lo suficientemente satisfactoria para él, porque Juan parecía completamente asombrado. Por una parte me transmitía una sensación de estar deseando acostarse conmigo, pero por otro lado, se le veía como ausente y muy cortado. Esto producía en mi un sentimiento de inquietud, pues no quería forzar la situación, pero tampoco quería que se marchase otra vez sin haber podido darme siquiera un revolcón con él en mi cama. Y lo deseaba tanto…

Yo le pregunté si no estaba a gusto; si quería que lo dejásemos, pero el me dijo:

-"¡No, no… Estoy encantado; sigue, por favor"!

Una de mis manos se fue a posar sobre su pecho, acariciando sus pezones que se habían puesto erguidos y turgentes. La otra mano, buscó directamente su pene, que asomaba descaradamente bajo la pata de su finísimo calzoncillo. Tenía la polla dura como un palo y, al tocarla, pude advertir que por la punta de su turgente capullo, comenzaba a asomar aquel magma pre-seminal que tanto me excita…

Yo acariciaba suavemente su polla, sacándola totalmente de su escondrijo, y él se mostraba encantado, gimiendo de placer y suspirando sin parar. Pero él no hacía nada; se mostraba completamente pasivo y esto me cortaba demasiado, pensando que quizás no le resultase del todo grato lo que yo le estaba haciendo.

Pero, al momento, él se abalanzó sobre el bulto más que evidente de mi Meyba, sacó mi pene erecto y comenzó a chuparlo con una avidez que nunca hubiese imaginado en él. ¡Dios mío…! ¿De dónde había salido aquel ímpetu desmesurado?. Juan chupaba mi polla, como si le fuera la vida en ello. Estaba devorando literalmente mi verga, como el que devora un plato de comida, después de muchos días de ayuno. Mmm, ¡que delicia! Parecía como si quisiera desquitarse de tantos años de ayuno. Y mientras lo hacía, me lanzaba miradas furtivas como pidiendo mi aprobación. Seguramente pensaría para sus adentros: "¿Lo estaré haciendo bien?". Pero creo que la expresión de mi rostro era tan significativa, tan placentera por el gusto que él me estaba proporcionando, que siguió con tanto ahínco que casi me hizo venirme en su boca.

Yo estaba tan encantado que no quería romper la magia de aquel momento. Estuve tentado varias veces para decirle si pasábamos a mi cama, pero no me atrevía por miedo a que el rechazase la propuesta y dijese de marcharse. De modo que continuamos así durante un buen rato todavía. Allí, sentados como estábamos, seguíamos disfrutando de nuestros mutuos atributos, proporcionándonos un placer muy intenso y duradero. Nuestras vergas estaban exultantes y por el agujerito de nuestros capullos se podía advertir el magma lechoso que precede a la eyaculación. Pero ninguno de los dos quería acabar con aquel instante de placer. Deseábamos prolongar mucho más aquellos instantes y yo estaba esperando la ocasión para proponer a Juan el pasar a la cama, no si el temor de creer que esto no lo aceptaría.

Finalmente me armé de valor y le dije:

-"Juan, ¿no estaríamos más cómodos en la cama?

Entonces él me dijo:

-"Si, por favor; vamos a tu cama".

Entramos en mi habitación y nos quitamos la poca ropa que llevábamos, nos tumbamos en la cama el uno junto al otro y comenzamos a abrazarnos, haciendo que nuestros penes respectivos permaneciesen apretados contra nuestros cuerpos respectivos.

En un principio ninguno buscó la boca del contrario. Parecía como que el llegar hasta ese punto nos estuviese vedado, así que nuestros besos se dirigieron hacia otras partes de nuestra anatomía, pero no hubo besos en la boca. No, en aquel momento, aunque -debo ser sincero-, yo lo estaba deseando.

Como en un acto reflejo, yo me volteé para ponerme en posición de iniciar un rico "69", algo que me encantaba y que él también estaba deseando hacer. Mi mano y mi boca buscaron con ansiedad el rabo de mi compañero y él hizo lo propio. Comenzamos a chupar nuestras pollas con verdadero afán y mi vecino parecía que disfrutaba extraordinariamente con ello. Obviamente -era la sensación que yo tenía-, yo lo hacía con más soltura, pues -supuestamente- esta modalidad de sexo entre hombres, le había estado prohibida a mi compañero que era extremadamente tímido. Pero, fuera como fuere, se notaba que Juan ponía el máximo interés y lo que estaba haciendo tampoco requería una titulación especial. Era algo que se aprende rápidamente, como el que aprende a comer o a beber…No es necesario hacer ningún "master" para tener sexo, como pretenden "vendernos" algunos politiquillos de "tres al cuarto", gastando un buen dinero del erario público en instruir al personal.

La excitación era enorme. Yo comenzaba a babear; sentía en la punta de mi capullo la salida inminente de mi leche. Era tal el placer que Juan me proporcionaba, que parecía que en cualquier momento, toda la presión sexual contenida en mis huevos iba a estallar en una explosión de placer sin precedentes. Eran tantos los deseos contenidos pensando en este momento, que mi organismo no podía retrasar por más tiempo el éxtasis final.

Pero aún continuamos así durante un rato. Juan es un fumador empedernido y me dijo si podíamos hacer un receso para fumarse un cigarrillo. Yo accedí y mientras él daba unas caladitas al cigarro que acababa de encender, yo me entretenía en escudriñar cada milímetro de aquella verga tan rica y tan gruesa. Ahora podía comprobarlo con mayor lujo de detalles; era una polla de aproximadamente un palmo (de mi mano) de larga, pero era extraordinariamente gorda. Perfectamente recta, con unos nervios que delataban claramente las venas que la circundaban y un capullo realmente precioso, sonrosado, cuidado y limpio. Era una delicia chupar aquello y él, obviamente se mostraba encantado. También se empezaba a apreciar un pequeño brote pre-seminal, que comenzaba a asomar por el hoyito de su glande. Yo no dejaba de chuparle los huevos y su polla estaba cada vez mas lubricada con su propio semen.

Antes de haber consumido aquel cigarro, lo apagó, me agarró por los brazos invitándome a acostarme a su lado, para dejar descansar -aunque fuera por un momento-, nuestros juegos fálicos. Entonces él me abrazó y comenzó a besarme ardientemente por todo mi cuerpo. Pero lo que yo deseaba era besarlo en la boca y, como si hubiera adivinado mis intenciones, acerco sus carnosos labios a los míos, introduciéndome su lengua hasta lo más profundo de mi boca. La misma lengua que unos momentos antes se había estado recreando en saborear mi propia verga y mis huevos.

Aquello iba "in crescendo" y el sentir su boca pegada a la mía y nuestras lenguas enredadas en esos juegos amorosos, hizo que mi pene alcanzase el máximo de excitación. Ya no podía mas…; estaba loco por soltar toda la leche contenida y ésto comenzaba a producir en mí una ligera sensación de dolor en los testículos.

Juan estaba igualmente excitado, pero parecía tener más control de si mismo, Un autodominio que yo no había conseguido controlar a pesar de los años. Sin poderme contener ni un solo instante más, solté toda la carga vital que se había ido acumulando, y la derramé con fuerza sobre el pecho y la barba de mi compañero. Él, al ver este estallido seminal, unido a mis propios gemidos de placer, tampoco pudo retrasar aquello ni un momento y expulsó también toda su leche que, no sólo me llenó a mi, sino que inundó parte de la cama. Y ocurrió algo muy curioso, sorprendente y totalmente desconocido para mi; Mi amigo Juan se corrió dos veces seguidas. Tal como lo cuento; él tuvo dos eyaculaciones seguidas y casi simultáneas; ¡Tanta era su energía!. Una energía contenida y unos deseos ardientes en este nuevo tipo de placer sexual supuestamente desconocido para él. Cuando acabó con la primera eyaculación, Juan siguió masturbándose enérgicamente y nuevamente, en sólo unos segundos, comenzó a botar su leche de nuevo. Yo estaba asombrado, pero él me aseguró después que algunas veces, cuando el grado de excitación lo superaba, podía conseguir esa doble eyaculación. Y, supuestamente aquel día, era yo el "causante" de aquel placer tan extremo.

Luego, Juan se limpió con una toalla que yo le presté y me dijo que debía marcharse. Mmm…, que derroche de energía por ambas partes. Yo no sabía que hacer en aquel momento. Deseaba abrazarlo y llenarme de su leche junto con la mía y permanecer abrazados durante un buen rato. Pero él, cuando terminó de eyacular se marchó rápidamente.

A los pocos días regresaron su mujer y sus hijos y, después de ésto, no hemos vuelto a tener ocasión para un nuevo encuentro. Pero no descarto que, en el próximo verano, cuando Juan se quede nuevamente "solo en casa", volveré a disfrutar de su cuerpo y de su sexo, y esta vez, -estoy seguro-, serán unas relaciones plenas-plenas.

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