Mi familia dispone, desde hace años o, mas bien desde que
nació mi hermana, de una bonita caravana, con la que hemos pasado los mejores
ratos de nuestra vida, y luego sabrán por qué. Era una alternativa a las
vacaciones convencionales en hotel, excesivamente caras para nuestra economía, o
en el pueblo, de las que mis padres estaban hartos. Tenemos unos amigos que nos
animaron en la compra, por ser ellos veteranos campistas, de tal modo que desde
que mi hermana vino al mundo, lo cual fue una bendición para todos, pasamos
nuestras vacaciones cada año en un sitio distinto, viviendo mil aventuras,
algunas de ellas merecedoras de ser contadas, lo que me dispongo a hacer en esta
historia.
Trataré de describir sucintamente a mi familia a fin de que
nos vayamos situando. Mi padre trabaja en una empresa de venta de automóviles,
se llama Damián y tiene 39 años. Mi madre es maestra y tiene 35; se llama Lucía.
Yo tengo 15 años y mi nombre es Damián, como mi padre y, por el momento,
estudio; por último, mi hermana tiene 13 años y se llama Pilar.
Como decía, nuestros veraneos se ceñían a localizar un lugar
atractivo, dirigirnos a él con nuestra caravana, instalar nuestro avance y
disfrutar las 2 o 3 semanas que cogíamos todos los años.
Durante nuestros primeros años, los viajes resultaron
fantásticos, pero los que vinieron cuando crecimos mi hermana y yo, fueron aún
mejores.
Nuestra caravana, de 4,90 m. Resultaba espaciosa para los
cuatro, componiéndose los 3 distintos cuerpos interiores en: salón/dormitorio de
mis padres, cocina/baño/armario ropero y saloncito/cama doble en la trasera de
la caravana. Ni qué decir tiene que los tres compartimentos eran independientes
y se podían aislar del resto con puertas correderas que permitían una mayor y
relativa intimidad.
Habitualmente las camas estaban hechas, pues en el interior
de la caravana no hacíamos mas que dormir, siendo en el avance en donde hacíamos
las pocas comidas que realizábamos en la caravana y la poca vida familiar que
teníamos, por lo que ir a acostarse era una sencilla labor de entrar en la
caravana y tenderse sobre nuestras camas siempre hechas.
La vida en la caravana propicia una intimidad especial, por
sus reducidas dimensiones, por el contacto permanente las 24 horas del día,
etc., de tal modo que hay ciertas actividades que conviene organizarse para
llevarlas a cabo con la conveniente intimidad, tales como cambiarse de ropa,
hacer nuestras necesidades en el pequeño water de la caravana, etc. A pesar de
todo, es inevitable el incurrir en algún desliz que nos pone en evidencia ante
nuestra familia, lo cual es relativamente irrelevante dado nuestro cercano
parentesco. Así, suele ocurrir que cuando mi madre o mi padre o mi hermana, se
están cambiando de bañador o vistiéndose para salir, etc., nosotros, mi hermana
y yo casi siempre, solemos pasar sin mayores miramientos y sin llamar a la
puerta, con lo que sorprendemos a nuestros padres desnudos en mas de una
ocasión. A nosotros nos ocurre lo mismo, pero mis padres suelen ser mas
prudentes y tienen la precaución de llamar antes de entrar. Todas estas cosas,
son normales en la convivencia de la caravana, por lo que tampoco le dábamos
mayor importancia, apuntando el hecho para hacer evidente el grado de intimidad
que compartíamos, para aquellos que no lo han vivido nunca.
Aquel verano de mis 15 años, yo ya llevaba 3 o 4 años atrás
percibiendo lo que era notorio para mi edad y con la relativa intimidad que
puede proporcionar la caravana, y es que mis padres, casi todas las noches, se
dedicaban a echar un polvo… o dos, hacia las 2 o las 3 de la mañana, cuando
tenían la certeza de que nosotros ya dormíamos. Yo me solía despertar, sobre
todo por que el movimiento de la caravana al vaivén de los de mis padres, que se
hacía ligeramente sensible. Yo estaba descansado normalmente y mi sueño era
ligero, con lo que cualquier pequeño ruido o movimiento, eran suficientes para
despertarme. De hecho, había llegado a escuchar con claridad, en estas dos o
tres primeras noches de la caravana, los suspiros y gemidos de placer que
emitían, especialmente mi madre. A mí me violentaba la situación, por lo que
trataba de no darle mas importancia y me solía colocar mis cascos para oír
música mientras duraba la "tormenta".
La noche que hizo la tercera en el camping y a la hora
habitual, comenzó la fiesta de mis padres y yo, como venía haciendo, me puse mis
casos para oír música, pero algo sucedió distinto, y es que mi hermana también
se despertó y dirigiéndose a mí para preguntarme, me dijo: "Oye Adrián, que
hacen papá y mamá?" Yo eludí la respuesta y traté de que volviese a dormir, pero
ella insistió: "Pues si tú no lo sabes, yo sí lo sé lo que hacen". Yo,
sorprendido, volví a evitar responder directamente y le dije que no me importaba
lo que hiciesen. Nuevamente mi hermana volvió a la carga, esta vez para decirme
que desde el armario se podía ver el habitáculo de nuestros padres por una
grieta que tenía el panel de madera que lo separaba de su habitación y que ella
iba a mirar, pues ya lo había hecho en otras ocasiones el año pasado. Yo le
recriminé su actitud y le dije que si hacía eso se lo diría a mis padres, pero
no sirvió de nada. Con sumo cuidado y en silencio, salió de nuestra habitación y
se dirigió hacia el armario y, abriéndolo, se introdujo dentro. Yo vi esta
maniobra desde nuestra habitación, cuya puerta había quedado abierta.
Al cabo de unos minutos en los que yo estaba mas que
intranquilo, volvió mi hermana, y con una sonrisa maliciosa me dijo: "De verdad
que no quieres verlo? Lo están pasando en grande; venga, ven conmigo. Si no se
van a enterar tal y como están!" Y reía. Yo, que no sabía que hacer, al final
cedí al requerimiento de mi hermana que tiraba de mi brazo. Ambos nos
introdujimos en el armario, con cierta dificultad por sus reducidas dimensiones
y nos aprestamos a mirar por una gran grieta que efectivamente había en la junta
del panel de madera con la pared de la caravana. Yo, por arriba y mi hermana
miraba desde algo mas abajo.
Mis padres, a pesar de la oscuridad, eran perfectamente
visibles, pues la luz del camping se filtraba a través de los visillos de sus 2
grandes ventanas y pude comprobar que efectivamente estaban haciendo el amor, mi
madre colocada a cuatro patas sobre la cama y mi padre, de rodillas tras ella,
la penetraba desde atrás. Me sorprendió el vaivén de las tetas moviéndose al
compás que marcaba mi padre. Me avergoncé de verles en esa posición y en esa
situación, pero mantuve mi observación unos minutos, atraído y asombrado del
espectáculo. Mi hermana, por el contrario, no solo no se le veía violenta, sino
que parecía disfrutar del mismo, y en la oscuridad del armario, notaba por una
gota de luz que nos entraba, que sonreía con los ojos muy abiertos.
En un momento determinado yo noté que entraba en erección,
haciéndole notar a mi hermana el hecho con la presión de mi creciente pene en su
baja espalda, por lo que, llegado un momento de máxima extensión, de repente se
volvió hacia mí y me preguntó en voz baja: "Oye Adrián, te das cuenta como te
estás poniendo al ver esto? Pues yo estoy igual que tú, aunque a mí se me nota
menos, sabes? Es que no es para menos, verdad?" Mi turbación subió de nivel
hasta el extremo de que me retiré de ella y salí del armario hacia mi
habitación. Ella me siguió casi inmediatamente y tras cerrar nuestra puerta, me
preguntó ya mas tranquilos que qué me pasaba.
En fin, a esta primera pregunta ya nos confiamos mutuamente
nuestras inquietudes y mi hermana, esa niña inocente que yo consideraba, me
comenzó a contar que ella ya estaba informada desde hace tiempo lo que es hacer
el amor; mas aún, su amiga Marta, del instituto y que solía venir por casa con
frecuencia, le había dicho a mi hermana que salía con un chico hace 3 o 4 meses
y que ya habían hecho el amor varias veces y que, además, le gustaba mucho. Yo
no salía de mi asombro escuchando a mi hermana, pues aunque yo estoy debidamente
informado hace años, no contaba con que mi hermana estuviese tan al día.
Ella, lejos de cortarse, me confirmó que no solo los chicos
hablamos de sexo y que muchas de sus amigas ya lo habían practicado, casi todas
con éxito. La pregunta era obligada, así es que le pregunté directamente si ella
también había probado confirmándome que aún era virgen…
Ella me preguntó lo mismo y yo le dije que tampoco había
tenía ninguna experiencia aún.
A partir de ese momento ya mostró mas interés por mi pene,
pues me dijo que lo había notado y que le había dado un escalofrío, pues nunca
había sentido algo así, tan cerca, a pesar de que lo ha visto en una película
porno que le enseñaron en una ocasión sus amigas. Ella me confesó que viendo a
nuestros padres, también había sentido una excitación especial, por lo cual,
quizá, le impresionó mas el contacto con mi pene.
A pesar de que nos teníamos bastante vistos, no completamente
desnudos, pero en ropa interior en casa, con frecuencia, cuando mi hermana me
pidió que le enseñase el pene, la verdad es que sentí una vergüenza desconocida.
A lo mejor, en casa, saliendo de la ducha o en otra circunstancia similar, no me
hubiese importando que me viese desnudo o yo a ella, pero así, en estas
circunstancias y en plena erección, la verdad es que avergonzaba y se lo dije.
Ella trató de tranquilizarme y me dijo que si le dejaba, al menos tocarla, ella
me dejaría tocarle "sus cositas" tambien a mí. Yo no sabía que hacer y aún, sin
responder, ella dirigió su mano a mi entrepierna dándome un sobresalto su
iniciativa, de tal modo que ya me estaba tocando mi pene a través del pijama, de
pantalón corto y la única prenda que llevaba encima. Hizo una exclamación de
sorpresa y admiración al comprobar la dureza y dimensiones de mi pene, a punto
de reventar y con la misma libertad e iniciativa, metió su mano por la parte
superior del pantalón y comenzó a tocar, ya directamente, mi pene, que con
habilidad, dejó al descubierto al desplazar el pantalón hacia abajo. Mi corazón
latía a 200 pulsaciones, por lo menos, mientras ella manoseaba mi pene y
testículos con curiosidad, incluso mirando con descaro. Aunque yo traté de
zafarme de su maniobra, ella me lo impedía con maestría, frotando y acariciando
mi miembro en sus zonas mas sensibles, hasta el punto de que, al cabo de 2 o 3
minutos y sin poder remediarlo, me corrí totalmente, en un orgasmo tan
placentero como violento y expulsando mi semen sobre mi cuerpo desnudo boca a
arriba. Mi hermana dejó de frotar y, con sorpresa y curiosidad, me limpió con
unos klinex dejando que mi vergüenza se pasase con unas caricias amistosas.
Me preguntó si me había dado gusto y yo le dije que claro que
sí. Me preguntó si yo me hacía eso de vez en cuando y que ella lo llamaba
hacerse una paja. Yo le dije que no, pues no sabía que responder, confesándome
ella que en su caso si lo había hecho alguna vez. Yo me sorprendí de su
atrevimiento y grandes conocimientos para su edad y comprendí que ella llevaba
la iniciativa en todo, pues era mucho mas atrevida y sabía mas que yo
seguramente. Me dijo que si quería yo ahora tocarle su chochete, hasta que se
corriese ella también, y con un pudor incontenible, dirigí mi mano hacia sus
genitales con mucha precaución y cuidado. Ella recogió la mano y tirando de ella
se la situó directamente en su vagina, pues el pantalón se lo había bajado ella
con la otra mano. Me sorprendió el escaso vello que aún tenía y lo grande y
caliente que era su vagina para su edad. Le pasaba la mano por toda la zona e
introducía mis dedos en su interior, tratando de localizar el clítoris que me
había dicho y que yo no sabía exactamente donde estaba. MI primer impulso fue
retirar la mano enseguida, pero ella la retenía y me pedía que le frotase el
clítoris y le metiese el dedo un poquito también. Si yo quería, me ofreció que
le tocase sus tetillas, pues aunque poco desarrolladas, ya tenían cuerpo y eran
realmente atractivas. Yo, con la otra mano, comencé a metérsela por debajo de su
camisa del pijama y comencé a manosear sus pechos. Me llamó la atención el pezón
tan duro y erecto que tenía.
Con estos tocamientos, mi hermana comenzó a suspirar
profundamente y gemir ligeramente, recordándole yo que nos podrían oír, por lo
que ella bajó su tono y se colocó de modo mas cómodo para disfrutar de la
masturbación a tope. Se puso boca arriba y se abrió de piernas y se quitó el
pantalón y la camisa, de tal modo que estaba totalmente desnuda en la cama y yo
tocándole todo, igualmente que ella, pero con mi pantalón por la rodilla. Me
pidió que le chupase un poquito los pechos, pues le había dicho su amiga que
daba mucho gustito y yo así lo hice. Realmente pareció gustarle, pues me
sujetaba la cabeza para que no pudiese retirarme y yo también disfrutaba con la
labor.
En mi caso duré escasos minutos en correrme, pero lo de mi
hermana era mas lento, pues llevábamos como 10 0 15 minutos y a pesar de su
grado de excitación extrema y de moverse y retorcerse con ardor, no decía nada
sobre si ya había alcanzado el climax, por lo que yo continué con mi labor, lo
que ocurría era que yo, ahora, tambien estaba comenzando a excitarme y me daban
mil tentaciones de hacer con mi hermana un arreglo total, algo que veía del todo
inevitable.
Poco a poco fui acercando a ella mi pene para conocer su
reacción y de pronto noté que ella lo había cogido y se le acercaba a su sexo.
Me dio mucho miedo y paré lo que estaba haciendo, diciéndole que no debíamos
hacer eso, pues era un gran pecado con, posiblemente, consecuencias de embarazos
y demás. Ella me dijo que estaba de acuerdo y cuando se corrió, entre grandes
convulsiones y tras descansar un poco a que decreciesen los latidos internos de
su chochete, me pidió que la siguiese tocando suavemente.
Yo me vi inmerso en una profunda depresión y preocupación por
lo que acababa de suceder y, aquella noche, en sueños, tuve horribles pesadillas
que hicieron que despertase a mis padres, de madrugada, que vinieron a ver qué
sucedía. A partir de ese momento, ya descansé algo mejor, pero cuando me
desperté, solo en la caravana, mi sensación de culpa permanecía.
Me levanté y me fui a los aseos a darme una relajante ducha y
me encontré con mi hermana, que venía de lo mismo, y que, con picardía, me
sonrió cuando nos cruzamos. Yo bajé la mirada y ella lo notó, pero no dijo nada.
Después de pasar mas de media hora bajo una ducha fresca,
regresé a la caravana y ya mis padres habían vuelto de su paseo matutino y nos
tenían preparado el desayuno a mi hermana y a mí, que comí con apetito.
Aquel día no fue el mejor de mi vida, pero la alegría de las
vacaciones, el ambiente de alrededor y mi actividad constante, me hicieron
olvidar el acontecimiento tratando, por mi parte, de no darle mayor importancia.
Pensaba que era hasta normal que dos hermanos, en la edad de descubrir su propia
sexualidad, tengan algún tipo de experiencia inocente dentro de la intimidad
familiar. En fin, traté de olvidar y me preocupaba la noche que se acercaba.
Mis padres, después de la cena, solían ir a la cafetería del
camping a tomar café, en donde conversaban un rato en la terraza tomando el
fresco, pero aquella noche, según supimos, se celebraba en el camping un
espectáculo destinado a personas mayores, pues comenzaba a las 2400h cuando
terminaban las actividades infantiles y juveniles, mostrando mis padres mucho
interés en acudir.
Mi padre nos planteó la posibilidad de pasar la tarde en la
piscina del camping y, al anochecer, acudiríamos a cenar al restaurante del
camping a cenar y luego nos dejarían ir a la discoteca hasta las doce, hora en
que nosotros nos marcharíamos a dormir a la caravana y ellos se quedarían a ver
el espectáculo que duraba 2 horas.
Ni qué decir tiene que mi hermana mostró de inmediato un
entusiasmo especial, tanto que no se me pudo escapar su trasfondo y yo,
simplemente, di mi consentimiento asintiendo con la cabeza.
Pues nada, tras una divertida tarde nadando y una agradable
cena seguida de baile en la discoteca, en la que mi hermana y yo nos lo pasamos
en grande, incluso haciendo amigos, mis padres nos mandaron a la caravana y a mi
hermana le faltó tiempo para cogerse de mi mano y casi tirar de mí.
Bueno, no es difícil imaginar que habría de ocurrir, pues el
precedente de la noche anterior no dejaba lugar a dudas; mi única duda era si,
al final, echaríamos un polvo o nos haríamos un par de pajas como anoche. Pronto
lo descubriría.
Mi hermana me dijo que a la cama de inmediato y yo, obedecí,
pues la verdad es que tambien estaba deseoso de repetir la experiencia, así es
que en un momento ya estábamos en la cama, con nuestra puerta cerrada y ambos
desnudos. Yo, con mi verga al cien por cien. Ella, con su almejita palpitando
por una sesión especial. Pronto comenzamos a tocarnos y acariciarnos y nuestra
temperatura empezó a subir. Ella se puso de nuevo boca arriba y se abrió de
piernas para favorecer mis tocamientos y yo, claro, me volqué en esta labor, a
la par de le comía literalmente las tetillas. En esta actividad no se puede
durar mucho tiempo sin sentir el deseo intenso de la penetración, por lo que
casi imperceptiblemente, le fui poniendo mi pierna izquierda sobre su cuerpo y
mi pene se aproximaba a su vagina peligrosamente, aunque ya ninguno éramos
conscientes de nuestro control.
En un momento determinado mi hermana me pidió una pausa e
incorporándose, me indicó que me tumbase boca arriba, pues le tocaba a ella
trabajarme un poquito. Yo me dejé llevar y ella se agachó sobre mi pene que
comenzó a chupar con un arte desconocido y, por supuesto, con unas consecuencias
igualmente desconocidas pero completamente previstas. Comenzó a acariciarme,
chuparme el pene y los testículos, pasarme su lengua por todas partes y, claro,
al momento, un enorme chorro de esperma salió de mi pene manchando a mi hermana
y a mí mismo. Ella reía y me limpiaba, diciéndome si me atrevía yo ahora a hacer
lo mismo. Casi sin tiempo para reponerme, ya me vi sobre mi hermana, con la
cabeza entre sus piernas y mi lengua, bueno, pues eso, donde ella quería. Se
retorcía de gusto; yo no me podía creer la intensidad de su orgasmo, que sentía
directamente en mi lengua, pues sus palpitaciones y espasmos eran visibles a
simple vista y un flujo intenso le fluía de su interior y caía sobre sus muslos.
Cuando me disponía a limpiarla, ella mi pidió que esperase un momento, pues a
las chicas les duraba mucho mas que a nosotros el orgasmo, de modo que continué
lamiendo suavemente su almejita sonrosada y palpitante hasta que ella dio un
gran suspiro anunciando el final de esta mamada.
Los dos boca arriba y desnudos descansábamos de la labor,
cuando mi hermana cayó en la cuenta de que eran tan solo las doce y cuarenta y
cinco minutos, y me hizo la observación de que aún disponíamos de una hora y
cuarto para seguir disfrutando. Por no mencionar el tiempo que luego mis padres
se dedicasen a follar, que no se percatarían de nada si nosotros lo hacíamos al
tiempo.
Yo asentí y, aunque estaba cansado, mi verga aún pedía
guerra, algo que no pasó desapercibido para mi hermana, que comenzó de manosear
y frotar mis partes. Yo me dejé llevar unos minutos, pero mi hermana seguía
insistiendo y claro, encendió de nuevo una pasión que tendría mal final. Me giré
hacia ella para yo también participar del juego, pero ella mi lo impidió.
Subiéndose sobre mí, cogió m¡ pene y comenzó a frotarse su chochete, algo que me
causó una gran sorpresa y miedo, a la par que un gusto terrible al notar el
calor intenso de su cuevecita en la punta de mi pene. Le dije que eso no
podíamos hacerlo, pues podríamos tener muchos problemas de embarazos, etc.; ella
me dijo que no me preocupase, pues aún no había tenido la primera regla y que
además, dado que me había corrido hacía un poco, ya no debería tener semen para
dejarla embarazada. No me pareció extraña su explicación, pues, como digo, era
evidente que sabía mas que yo, así es que me dejé llevar. Ella paró un poco la
maniobra y cogiendo mi pene con una mano y con la otra abriéndose bien su
vagina, comenzó a frotar de arriba abajo favoreciendo un flujo intenso que
lubricaba todo su interior y poco a poco, conseguí una penetración total entre
agudos suspiros de mi hermana y un intenso placer de mi parte que culminó, de
inmediato, con otro orgasmo mío seguido, casi de inmediato, por otro orgasmo
intensísimo de mi hermana. No duró mucho esta primera experiencia plena, pero
tampoco nuestra inactividad. A los pocos minutos de relax de nuestro
sincronizado orgasmo, mi hermana me pidió que cambiásemos de postura, pues ahora
le gustaría a ella llevar la iniciativa. Yo me pregunté si la había perdido en
alguna ocasión, pero acepté.
En unos minutos mas, ya estaba colocado sobre mi hermana que
me apretaba contra ella, invitándome a penetrarla y elevando su pelvis para
favorecer esta penetración… en fin, en breve ya tenía mi pene tratando de
atravesar a mi hermana y entrando y saliendo con facilidad, a pesar de su
aparente pequeño tamaño. En esta ocasión nuestro polvo duró algo mas, cerca de
10 o 15 minutos, en los que ambos tratamos de sincronizar de nuevo el orgasmo,
lo que conseguimos gracias a ella, pues cuando notó que yo no podía aguantar
mas, ella aceleró su frotación sobre su clítoris, que era donde le gustaba que
le rozase, y volvimos a coincidir en otro orgasmo largo e intenso, en el que
nuestros gritos de placer se unieron. Así, unidos y muy abrazados, permanecimos
varios minutos.
Eran ya las 0145 y nuestros padres deberían estar a punto de
regresar, por lo que me apresuré a vestirme y le dije a mi hermana que hiciese
lo propio, pero ella me dijo que esperase un poco a ver regresar a nuestros
padres a través de la ventana de la caravana, pues quería darles la bienvenida
por la ventana mientras yo, tumbado, la penetraba, pues le daba un morbo
terrible nada mas de pensarlo. Me asusté y pensé que estaba loca, pero
nuevamente me dejé llevar y consentí, de tal modo que comenzamos una nueva
sesión de manoseos y caricias hasta que nuevamente estábamos a punto para echar
otro polvo, de tal modo que mi hermana abrió la ventana y la cortina de nuestro
habitáculo de la caravana y sentándose sobre mi pene totalmente erecto de nuevo,
comenzó a subir y bajar suavemente, mientras miraba por la ventana. Al cabo de
unos minutos yo estaba ya a punto de correrme, cuando mi hermana paró de repente
y me dijo: "Creo que ya vienen por allí. Aguanta un poco, vale?" Yo, entre el
gusto que me subía y el miedo que sentía por si nos pillaban, no tenía control
alguno de la situación, por lo que mi hermana suspendió unos momentos su
frotación y pronto la oí dirigirse a mis padres dándoles, en voz baja, las
buenas noches. Ellos, acercándose a la ventana hasta el punto de oír
perfectamente a mi madre preguntarle si yo estaba dormido, le preguntaron que
por qué estaba despierta y ella, con toda naturalidad y con mi pene penetrándola
hasta el fondo de sus entrañas, les dijo que se había desvelado un poco y estaba
haciendo un poco de gimnasia, tales como flexiones de piernas y brazos con mucho
cuidado para no despertarme, pues nuestra cama era muy ancha. En ese momento
comenzó a flexionarse de nuevo sobre mí y yo, sin poder controlarme, me corrí
intensamente, emitiendo unos pequeños suspiros de placer que llegaron a oídos de
mis padres, aunque no le dieron mayor importancia al pensar que estaba soñando.
Mi hermana parecía disfrutar de la situación de tener a mis
padres delante de ella y a la vez follando conmigo, a pesar de mi terror. Mi
hermana les dijo que se iba a dormir enseguida pues ya tenía sueño y mis padres
se fueron a su habitación.
Luego, reímos con la ocurrencia y comentamos lo bien que lo
habíamos pasado ambos y el gusto tan enorme que nos había dado, y decidimos
seguir follando, pues mi hermana me informó que en esta última ocasión no se
había corrido, así es que yo llevaba un polvo de ventaja y, aprovechando que
nuestros padres aún tenían fuerza para echar un polvete, procuramos coincidir en
la faena y nuestros movimientos y suspiros, quedarían solapados con los suyos.
Parecía que éste verano éramos cuatro los que íbamos a disfrutar de lo lindo.
Mi sensación de culpa no remitía, a pesar del placer que
sentía, pero no quería estropear esta primera vez que lo hacía con mi hermana
que estaba encantada. Realmente le apetecía comprobar por ella misma aquello que
varias amigas ya le habían contado. Yo, por mi parte, no podía imaginar que el
placer que obtendría sería de esa intensidad, comprendiendo ahora el vicio que
tenían mis padres, que prácticamente todas las noches hacían el amor.
Yo, tras chuparle y tocarle las tetillas y su chochete, ahora
mas abierto, enrojecido y ardiente que antes, o eso me pareció, me pidió que le
penetrase de nuevo, por favor, algo que no dudé en hacer, pues yo, aunque
confieso que totalmente exhausto, pero con la suficiente erección como para
hacerle gozar un buen rato, tras el cual y después de correrse mi hermana de
nuevo, aún mis testículos echaron la última gota de semen que debía quedarme
dentro.
En el silencio sudoroso de nuestra habitación, ahora llegaban
los suaves quejidos de mis padres que debían estar terminando su función
nocturna… por fin podríamos descansar… eran ya las 0250h.
Creo que es de necesidad decir que nuestras cuitas nocturnas
continuaron durante dos o tres años mas, inolvidables, con los mejores orgasmos
de mi vida, pero un buen día nuestros padres descubrieron estas actividades y …
sucedió lo inesperado!.
Ya os lo contaré.