¿Cómo he llegado a esto?, es lo que me pregunto cada
vez que me toco los granitos que me han salido en el culo a causa de la
depilación, también conocido como forunculitis... y es que a ratos, pero sólo a
ratos, dudo si es mejor tener tantos pelos como me salen para evitar los
dichosos granitos y que parece ser que tienen que sufrir todas o la mayoría de
las mujeres que se depilan, sobre todo con cera caliente, y los hombres claro.
A mí no se me podía haber ocurrido otra cosa que
meterme en esta aventura, que excepto por detalles algo incómodos, el resultado
es notablemente satisfactorio y agradable.
Hace muchos años que me es terriblemente incómodo
tener tantos pelos desde la barriga para abajo, y también me dan calor en
verano. Los he aguantado durante muchos años y desde hace unos pocos nada más
que incómodamente intento mantenerme depilado con cortapelos y máquinas
eléctricas de afeitar, pero los resultados no son tan deseables ya que eso
conlleva a ciertas limitaciones.
Recuerdo que hace unos 10 años que mi mujer intentó
que fuera con ella a la esteticista que le depilaba para depilarme el culo y las
piernas, pero a mí me resultaba una idea impensable en aquella época. Ella me
decía que había hablado con su esteticista de mi abundancia de pelo y que
aquella sin ningún problema me lo podía hacer y que no tuviera reparos que no me
tendría que quitar los calzoncillos para depilarme el culo porque lo haría
moviéndome la tela de un lado a otro y no se me vería mucho... pero claro que
precisamente los pelos que más me molestan son los de la raja y eso sería
imposible depilarlo sin vérmelo todo. Y yo pensaba... ¿cómo voy a estar yo con
el culo al aire mientras una chica me lo depila? El solo hecho de que a mi mujer
se le hubiera pasado por la cabeza me parecía ridículo.
Así que durante gran parte de mi vida he preferido
aguantar las molestias de tanto pelo por no vivir la desagradable y vergonzosa
experiencia de pasar por las manos de una esteticista. Pero los años han ido
transcurriendo, han ocurrido situaciones y he pasado por momentos que han hecho
cambiar mi vida, entre ellos una operación de hernia inguinal y otra de fimosis,
con lo que más vergüenza que he aguantado poco más me tocaría pasar.
Con los años mi mentalidad fue cambiando y a mis 34 mi
mujer seguía con la idea de mandarme a su esteticista, aunque esta ya no era la
misma que antaño, y lo mismo me daba, la situación no tendría que ser diferente.
La verdad es que al proponérmelo en estas últimas ocasiones notaba yo en mi
persona que incluso lo necesitaba y hasta lo deseaba extrañamente. Y me lo pensé
y pensé y accedí a acompañar a mi mujer a depilarme.
Le dieron cita para la semana siguiente y quizá eso
fue lo peor que podía haber hecho, pues no paré de darle vueltas a la cabeza,
día tras día y hora tras hora, era consciente que esa cita forzosamente iba a
ser trascendental en mi vida. Mi mujer intentaba tranquilizarme diciéndome que
cada día se depilaban más hombres y que las esteticistas estaban ya
acostumbradas, que era algo normal y que me quedaría todo muy bien, pero mi
mente seguía absurdamente trabajando. La verdad es que ni siquiera pensaba en el
daño que me harían, no se si acertadamente o no, pues a posteriori tengo claro
que es más el daño que la vergüenza que se pasa. Curiosamente en lo que más
pensaba era en si me tenía que desnudar yo directamente, o me esperaba a que me
lo dijera ella, y si se sentiría incómoda por quitarme la ropa sin conocernos...
pues ciertamente me parecía algo muy extraño eso de ir a un lugar y sin más
desnudarme delante de una chica que acabo de conocer, y con mi mujer delante. Ni
siquiera pensaba en mí, sólo en si la chica se sentiría incómoda.
Por fin llegó el día y la hora, estaba tan nervioso
que hasta me sentó mal la comida. Aparecimos allí y me encontré con la
esteticista que me tendría que depilar, Sara, una chica jovencita de tan solo 23
años, afortunadamente bastante agradable. Por un momento tuve la intención de
darme media vuelta, sobre todo cuando nos dijo que no recordaba que tuviéramos
cita, pero resultó que la cita estaba a mi nombre y la chica se pensaba que
quien se iba a depilar era mi mujer, con lo que el nombre le sonaba más al de
otro cliente, así que no me libré y me tocó entrar en la sala de torturas...
digo sala de depilación... Tras la charla de rigor sobre nuestra niña y demás
tontadas de mujeres vino la pregunta de que era lo que me iba a depilar, pero le
preguntaba a mi mujer, la verdad es que me doy cuenta que poco o nada habló
directamente conmigo... y mi mujer le dijo directamente que todo lo que viera,
cosa que yo me adelanté a especificar que dependía del daño que me hiciera,
grabe error por mi parte porque e ahí cuando empezaron las risitas de ambas.
Entonces también había que pasar a la siguiente fase, el desnudarme, cosa que no
me había dado cuenta que me estaban esperando y tuvo que ser mi mujer la que me
dijera que empezase a quitarme ropa, que como llevaba un pantalón corto la
chica, casi alarmada, se apresuró a preguntar si llevaba calzoncillos debajo,
que al responderle afirmativamente parece que se quedó más tranquila y confirmó
que me quitase los pantalones y me subiera a la camilla.
Empezaremos por las piernas entonces, es lo que dijo
antes de que yo mismamente me concienciara de lo que tendría que suceder, y
cogiendo un aparato de cera templada me puso 3 tiras en la parte baja de una de
las piernas. Tras preguntarme si estaba preparado comenzó la batalla...
Ras, ras, ras... sentí como si me despellejasen vivo,
y sin pausa continuó, otras 3 tiras y otra vez, ras, ras, ras... y así sin parar
y sin respirar, o por lo menos yo. No me daba tiempo a coger aire, ni a pensar,
ni a hablar... Y Sara seguía con lo suyo a gran velocidad mientras hablaba con
mi mujer de cosas que no me interesaban... ras, ras, ras... Cuando me quise dar
cuenta ya me había depilado la parte delantera de ambas piernas, y se me ocurre
decir que bien, que iba a ser una vez al año, cosa que transcendió a más risitas
de las dos.
Ellas seguían hablando de sus cosas, que ni siquiera
podía prestar atención, y Sara me doblaba cada una de las piernas para depilarme
las rodillas... bueno, por lo menos esa zona no duele tanto dije... verás cuando
lleguemos a la parte de arriba, eso sí duele de verdad, precisamente la parte de
abajo es lo que menos duele, me dijeron las dos... y se me empezó a caer la
moral.
Efectivamente los muslos dolía como la parte de abajo
pero multiplicado por 3 ó 4. La chica entonces, entre tirón y tirón comentó que
no decía nada... pero si no me da tiempo contesté... y ciertamente era así, casi
no podía ni pensar como para verbalizar palabra.
Terminó ya por fin con la parte delantera de las
piernas, que ni siquiera me había dado cuenta que me había depilado bastante
cerca de las ingles, sólo me faltaba que me hubiera fijado de la cercanía y
sufriera una incontrolable erección, aunque con tanto dolor dudo que eso fuera
posible. La verdad es que ya se notaban los resultados, se me quedaban las
piernas estupendamente suaves, aunque doloridas en ese momento. Y ahí es donde
llegó otra de las preguntas temidas, que qué más me depilaba por delante antes
de darme la vuelta... Yo iba con intención de depilármelo todo de cintura para
abajo, incluyendo los genitales, pero entre el dolor que me estaba haciendo
pasar, entre la vergüenza y los nervios, en lo único que pensaba era en salir
corriendo. La chica también se daría cuenta de mi situación, porque en algún
momento le comentó a mi mujer que le daba pena hacerme daño. Bueno si quieres te
termino las piernas y lo dejamos así para otro día, me dijo la chica... si
hubiera dependido sólo de mí ya me habría largado con los primeros tres tirones,
pero ya que estaba allí tenía que aguantar y le dije que me hiciera la barriga
que la tenía muy fea con esos pelos que me salían... y no se le ocurre otra cosa
a Sara que decirme que si en las piernas me había dolido que allí me dolería
bastante más, y ciertamente tenía razón, sentía como si me estuvieran arrancando
los intestinos. Se entretuvo algo más de lo normal con el ombligo diciéndome
que lo tenía rebelde, la forma en que me lo dijo me pareció de lo más sensual y
me tranquilizó un poco, hasta que dijo que cuando depilaba a su novio él no se
quejaba hasta el final, que aguantaba como podía y al terminar ya respiraba...
empecé entonces a pensar que quizá estaba siendo algo quejica y tenía que ser
más hombre... aunque también hizo el comentario poco apropiado de que allí
acudían muchos hombres que querían depilárselo todo pero que a medias salían
cagando, palabras textuales de esa dulce Sara hasta el momento.
Pero es que me dolía de verdad. Pero doler, lo que se
dice doler no lo conocí hasta que llegó a los muslos por detrás, que hasta se me
quedó dolorido durante casi 2 semanas.
Terminado las piernas completas y la barriga, y
estando todavía boca abajo, siguió con la pregunta de si lo dejábamos ahí o
seguíamos por otra zona, y me daba cuenta que lo siguiente ya tenía que ser
desnudarme algo más... mi mujer entonces empujó algo la situación diciendo que
me quería depilar el culo, pero preguntándome igualmente a mí si quería y podía
seguir con la depilación, pero claro que tuve que acceder, no iba a ser tan
cobarde... y Sara tomó algo de iniciativa y me bajó ligeramente el calzoncillo
poniéndome una tira de cera por encima de la rabanilla, a lo que mi mujer
especificó que mejor me bajase del todo los calzoncillos, así que me encontré en
la postura que años atrás quería evitar, yo con el culo al aire y una chica
jovencita depilándomelo. Me sentía raro notando como una chica desconocida me
tocaba el culo, que está claro que no lo hacía con ninguna intención que nada
más que la estrictamente profesional, pero para mí era una novedad, incluso para
hacerme lo profundo de la raja me cogía totalmente los cachetes para
separármelos con lo que el contacto de sus manos con mis glúteos era completo.
Afortunadamente el culo fue lo que menos me dolió, casi ni me enteré.
Y tras la tempestad vino la calma, y también llegó el
fruto de mi sufrimiento, pues entonces Sara se puso a untarme algún tipo de
loción en glúteos y piernas que, además de aliviarme, me hacía sentir agustito
manoseándome el culo sin miramientos.
Me volví a dar la vuelta y volvió a preguntar que si
seguía depilando alguna otra zona, pero es que tan solo me quedaban los
genitales, las axilas y el pecho que tenía sumamente claro que esto último no me
lo iba a depilar... y lo único que me interesaba en ese momento era depilarme
las partes bajas, pero con el dolor que había pasado no tuve huevos a decirle
que me depilase los huevos... a lo que viéndome tan indeciso mi mujer expuso que
por ese día ya era suficiente y que ya volveríamos en otro momento para depilar
lo que quedaba.
Así lo hicimos dos semanas más tarde, que también me
sentó mal la comida por los nervios, donde entonces tan solo me quedé con los
calzoncillos puestos y Sara me depiló las axilas y las ingles un poco por encima
del calzoncillo, moviéndome un poco de tela por un lado, otro poco por otro
lado... pero sin quitármelos, me faltó poco para pedirle que siguiera depilando
y quitarme la única prenda que tenía puesta, pero a ella la noté también algo
indecisa y no me animé a comentárselo, así que me quedé con tan solo el pecho
peludo y gran parte de mis partes íntimas, eso sí, el resto del cuerpo lo tenía
muy suavecito y limpito. En esta ocasión sólo me puso un poco de espuma por el
pubis casi sin tocarme y que además me la cobró aparte después.
Durante los 2 siguientes meses no paré de pensar en el
tema, de cómo podía hacer para conseguir que me depilase la zona prohibida, de
cómo pedírselo a Sara y de cómo atreverme a hacerlo, era una mezcla entre miedo
al dolor, vergüenza de pedírselo y hacerlo, morbo de desnudarme delante de la
chica y miedo de que ella no se lo tomase a bien, o se ruborizase, o se sintiera
incómoda... y por fin me decidí a volver cuando ya tenía demasiada abundancia de
pelo nuevamente por todas partes, y otra vez me volvió a sentar mal la comida
por los nervios a pesar de que ya era la tercera vez que lo hacía.
Llegamos al sitio y en el momento adecuado le hace la
típica pregunta a mi mujer... ‘¿qué le depilo?’... a lo que ni siquiera se
molestó a contestar, simplemente me delegó a mí la contestación, y yo tan solo
le dije que quería ingles y glúteos, que las piernas las necesitaba con pelo
para el invierno que ya está cerca, y la barriga mejor no que me dolía mucho. A
lo que ella tan solo contestó que muy bien y mi mujer continuó con que a que
esperaba en quitarme los pantalones, cosa que me seguía pareciendo extraño eso
de quitarme ropa delante de una chica casi desconocida con mi mujer delante.
Pero poco tiempo duró con nosotros ya que en este momento decidió salirse de la
sala porque allí no podía sentarse, y nada menos que me dejó a solas con Sara, y
yo sin pantalones.
Esta vez comenzó a depilarme bajándome ligeramente los
calzoncillos para tener libre la zona del pubis, lo cual duele terriblemente por
su cercanía a la barriga, y luego, no se si por la situación de que no estaba mi
mujer esta vez o porque le parecía que no había sufrido todavía lo suficiente,
se atrevió a preguntar si seguía bajando, a lo que yo iba con total ánimo de
decírselo pero que al encontrarme con ella ya no lo tenía tan claro, ni siquiera
en ese momento en que me lo estaba preguntando.
En esta nueva ocasión igualmente como en las
anteriores no tuve valor de contestarle afirmativamente a que siguiera bajando,
tan solo me salió algo así como: pues... no sé... como tú veas... ciertamente no
me salían las palabras, pero ella tomó la iniciativa y siguió bajando y
depilando, hasta que llegó un momento en que me di cuenta que estaba con los
calzoncillos a medio muslo y con los genitales depilados.
Decir que me tocó bastante poco y me dolió menos de lo
que me pensaba y menos de lo que ella me había comentado, cosa que le extrañó,
aunque por su comportamiento no me pareció que lo hubiera hecho anteriormente a
ningún otro hombre.
Eso sí, esta vez ni siquiera me puso ningún tipo de
ungüento para relajarme la zona depilada, ni siquiera cuando me depiló el culo
que además me lo dejó algo a medias. Y también noté que habló más bien poco
estando a solas los dos, me hablaba poco y me contestaba muy breve a lo que le
pudiera preguntar, hasta que nuevamente nos encontramos con mi mujer que
entonces ya sí se pusieron a charlar como de costumbre. No sé si porque se puso
nerviosa de tener que depilarme la zona en cuestión, porque se sintió incómoda
por tener que verme y tocarme levemente las intimidades, o por estar a solas
conmigo, o simplemente porque ella es así con los hombres, el caso es que
conmigo apenas ha hablado en las 3 sesiones que he ido. Pero bien, yo por fin he
conseguido tener los genitales sin pelo y todo lo depilado bien suavecito, yo me
siento a gusto y a mi mujer le gusta también, así que los dos estamos
satisfechos. Ahora tan solo me falta encontrar información para evitar esos
molestos granitos pequeños del culo producidos por la depilación.
Lo malo es que para la próxima vez tendré que empezar
de nuevo con otra esteticista porque Sara se queda sin contrato y pondrán una
nueva... que pena me da, con la confianza que estábamos cogiendo...