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Fecha: 22-Oct-09 « Anterior | Siguiente » en Amor filial

La casa de labranza (2)

Luis Alonso
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Valoración media:
Tiempo estimado de lectura: [ 13 min. ]
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Un traslado en mi trabajo originó que tuviese que cambiar de domicilio, mi madre se vino a vivir conmigo y un día me dio la maravillosa noticia de que está embarazada) Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
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Para los que quieran leer el relato desde su inicio, les recomiendo leer la primera parte del mismo, publicada bajo el título de: "Los cuernos de mi padre (01.- LA CASA DE LABRANZA)"

 

Un día me llamaron de la Gerencia del banco para el que trabajo y me ofrecieron ir de interventor a una sucursal de Asturias; el trabajo es casi el mismo y la mayor responsabildiad se compensa con un aumento considerable de sueldo, así que acepté.

El día que me dieron la noticia, se la comenté a mis padres cuando estábamos cenando, estuvimos sopesando los pros y los contras de esta oferta de trabajo, y hablamos de que llevaría consigo un traslado, buscar vivienda y, por primera vez en mi vida, abandonar el nido familiar y empezar a volar solo.

Mi madre no decía nada, sólo me miraba con los ojos tristes; mi padre, en cambio, me dijo que debería aprovechar este ascenso que me ofrecían, y que no me preocupase por vivir solo ya que tarde o temprano tendría que empezar a hacerlo, además, hasta que me fuera acostumbrando, mi madre podría venir un tiempo a vivir conmigo, ya que él se las arreglaría bien en casa.

En ese momento, miré para mi madre y vi en sus ojos un brillo y una alegría que me emocionaron, y le pregunté:

-¿Tú vendrías conmigo, mamá?

-Al fin del mundo, hijo, contigo iría al fin del mundo si me lo pidieras. –dijo mirándome a los ojos con con una dulzura en su mirada y en su voz que la delataron.

Después de hablar con mis padres, las pocas dudas que tenía para aceptar el traslado desaparecieron, así que pagué la entrada de un piso, hipotequé el resto con dinero que me prestó el banco y nos vinimos a él mi madre y yo. Ella pensaba que su estancia conmigo sería temporal, pero yo tenía otros planes, aunque me los callé.

Ahora cada día, cuando salgo del trabajo, suelo ir con los compañeros a tomar un par de cervezas y después voy para mi piso donde encuentro la casa limpia, la ropa a punto, la comida hecha y a mi maravillosa madre esperándome.

Desde que vivimos solos, nuestro hogar es un remanso de armonía y de felicidad, nos comportamos como lo que somos, dos personas enamoradas que conviven juntas sin el vínculo del matrimonio y con una única misión: Hacer feliz al otro.

Así cada día, cuando llego a casa, mi madre viene hacia mí, rodea mi cuello con sus brazos divinos mientras yo le acaricio el culito y nos besamos con ternura, yo me excito con facilidad a su lado y ella está viviendo a mi lado una segunda juventud que, según sus palabras es muchícimo más bonita, y más activa sexualmente que la 1ª.

Un mediodía, cuando entré en casa, mi madre vino a recibirme con la misma sonrisa y el mismo amor con los que me recibe cada día, pero con un brillo especial en los ojos que no supe achacar a nada especial, puesto que la noche anterior había sido normal entre nosotros, compartiendo la misma cama, amándonos hasta quedar rendidos y despertando a la mañana siguiente juntos, felices y enamorados.

Aquél día, cuando terminamos de comer y mamá retiró los platos, al girarse con ellos hacia el lavavajillas, me miró sonriendo y dijo:

-Por cierto, mi vida… creo que estoy preñada…

Pegué un salto de alegría que por poco me caigo al suelo, me abracé a mi madre y la besé con desesperación, quería transmitirle lo feliz que soy a su lado, la alegría que tenía en ese momento y tantísimo como la quiero, pero no sabía cómo hacerlo, no me salía ni una sóla palabra. Mi madre debió comprenderlo porque separó sus labios de mi boca, me miró a los ojos con dulzura y me susurró:

-Yo también, amor mío… yo también te quiero muchísimo…

Empecé a comer a besos la boquita de mi madre, le dije que la quería con locura y que estaba muy feliz de que estuviera embarazada, entonces me dijo:

-Yo también estoy contentísima, mi amor, pero no me digas que estoy embarazada, mejor dime que estoy "preñada" porque es una palabra más ardiente y que resume mejor nuestra relación ¿verdad?.

Nos fuimos a nuestra habitación con una calentura que hacía tiempo que no teníamos, nos desnudamos sin dejar de besarnos y al caer en la cama, me dijo:

-Ven dentro de mamá, mi amor, que quiero ser tuya.

Me tumbé sobre mi madre con la polla apretada contra su pubis, frotándome contra su ardiente coñito y encendiendo en mi madre el deseo y la pasión con los que vivimose cada uno de nuestros encuentros; nos besamos en la boca hasta que mi madre se separtó de mi beso para decirme:

-Te deseo ahora, amor mío, no me hagas esperar porque no puedo más…

La miré a los ojos acariciándole su barriguita en la que se está gestando nuestra hija, ella me sonrió amorosamente y puso su mano sobre la mía para acompañarla en la caricia sobre su vientre; seguimos besándonos y cuando bajé la mano para acariciar su coñito, mi madre abrió sus muslos mojaditos por los calditos que manaban de su coño, estábamos ardiendo en deseo, así que le metí la polla con la facilidad que me dio lo dispuesta que estaba mi madre para recibirme.

-Te quiero, mamá. –le dije mientras entraba en ella.

-Yo también te quiero muchísimo, mi vida… estoy coladita por ti… en cuanto me tocas me derrito, por eso me tienes loquita, mi amor, bueno… no sólo loquita, ahora también me tienes preñada…

Las palabras de mi madre me calentaron todavía más, tanto que mi polla estaba a punto de soltar todo su arsenal dentro de ella que notó lo cargado que estaba y me sonrió diciéndome:

-Ya estás a puntito, ¿eh, mi vida?, yo casi también… pero espera un poquito, mi amor… no te corras todavía… estate un poquito más dentro de mí, que me estoy derritiendo de gusto, mi amor...

Dejé de embestir contra el coño de mi madre, me paré un poco dejándole la polla dentro, empujándole hacia el fondo pero sin meterla ni sacarla, hasta que me dijo:

-Esto es delicioso, mi amor… la siento crecer de grosor dentro de mí y me vuelve loca ¿podrás aguantar un poquito más?

-Claro mamá –le respondí- no te preocupes, que te espero.

Seguimos un rato más, pegados uno al otro, besándonos con mi polla dentro de ella, mi madre agitaba su coñito y hacía ventosa con él como si quisiera absorberla, luego me abrazó con fuerza, empezó a levantar su pubis contra mí y me dijo:

-Ahora, hijo… me voy a chorros… dame fuerte ahora y vente tú también conmigo, cariño... córrete tú también con mamá... así... así... los dos juntitos... así...

Empecé a follarla más rápido hasta que me vino uno de los mejores orgasmos de toda mi vida pensando en que, además de haber dejado preñada a mi madre, ahora la tenía debajo de mi cuerpo, corriéndose conmigo, soltando jugos que me empapaban la entrepierna, dándome besitos en el cuello y susurrándome:

-Así, mi amor... córrete con mamá... ahora... ahora...

Mi semen empezó a inundar el interior de mi madre, mientras ella gozaba de un orgasmo interminable, sus muslos temblaban pegados a mis piernas y sus uñas se clavaban en mi piel; hasta que, poco a poco, empezó a relajar su cuerpo, respiraba entrecortadamente y abrió la boca para tomar aire en una serie de maravillosos e interminables suspiros, luego separó un poquito las piernas y como yo continuaba dentro de su preciosa cueva, hice ademán de sacarla, pero mi madre me susurró:

-No te vayas de mamá, mi amor, sigue dentro de mí…

Seguíamos abrazados, yo dentro de su gruta y ella acariciándome la espalda, bajé una de las manos para acariciarle su precioso muslo y mi madre me la llevó hasta su barriguita, diciéndome:

-Una parte de ti empieza a crecer conmigo y eso me excita… pero creo que a ti también ¿verdad, mi amor? porque creo que nunca habías estado tan cargadito como hoy… ¿tan caliente te pone tener a mamá preñada…?

-Me calienta muchísimo y me gusta que estés preñada de mí, mamá y te quiero como nunca pensé que se podría llegar a querer a nadie –le dije besándola.

Continuábamos abrazados en la cama, y mi madre, que es mucho más sensata que yo en casi todos los aspectos, me dijo:

-Tengo que decirte una cosa, mi amor, y no quiero que te enfades, pero voy a tener que ir a ver a papá y estar con él, para que parezca…

-¿Y si no vas? –le pregunté- sería bonito decirle a todo el mundo que vivimos juntos, que nos queremos y que fui yo y no él quien te dejó preñada.

-Mira mi amor, al convertirme en tu mujer he perdido la honra, no me pidas también que pierda la poca dignidad que me queda, por favor…

-Tú no has perdido la honra mamá –le dije enfadado- la honra la pierden las putas y tú no eres ninguna puta ¿vale?

Mi madre me vio con cara de enfadado, me miró con carita suplicante y dándome un montón de besitos en los labios, me pidió:

-No te enfades conmigo, cariño, porque eso sí que no podría soportarlo. Si no quieres que vaya con papá pues no voy, porque para mí, después de esto, tampoco será agradable acostarme con él; yo te quiero muchísimo, hijo, te quiero muchísimo como mujer y como madre, e ir ahora a dormir aunque sólo sea una vez con papá será ponerte los cuernos, cariño, pero una de dos: o voy ahora, o ya nunca más podré volver al pueblo, ¿lo comprendes, hijo? y como estar enamorada de ti no es ninguna deshonra, sino todo lo contrario, tengo que ir ahora porque quiero volver más veces, quiero volver orgullosa de ti y orgullosa de mí por poder procrear todavía y darte una hijita, una hijita a la que quiero que paseemos juntos por el pueblo y por todas partes, ¿comprendes, mi amor… dime que sí, por favor…

-Sí, mamá, lo comprendo… perdóname porque de verdad que te entiendo –y dándole un besito le pregunté- ¿Y cómo sabes que va a ser una hijita… no puede ser un niño?

-No, cariño, las mamás sabemos… será una niña… tu hijita, ya lo verás.

-La querré con locura, mamá, tanto como te quiero a ti, ¿y cuándo te vas?

-Cuanto antes, cariño… esto tengo que hacerlo cuanto antes.

-Vale, mamá –le dije- vete dos o tres días con papá, pero prométeme dos cosas; la primera, que en cuanto vuelvas, nos vamos tú y yo un fin de semana a París, que es la ciudad del amor, y la segunda: que nunca más volverás a acostarte con él, pase lo que pase, nunca más, quiero que seas sólo mía.

-Cariño, me hará muchísima ilusión que me lleves a París y aunque fuera a otro sitio, tampoco me importaría, ya te dije que yo contigo voy al fin del mundo si tú me lo pides, y en cuanto a lo otro… te juro que luego voy a ser siempre tuya –me contestó besándome- pero ahora sí tengo que ir al pueblo, mi vida, porque una cosa es entregarme a ti en cuerpo y alma como lo hago, y otra que lo sepa la gente, porque yo me moriría si se enteraran…

-Ya lo sé, mamá, perdóname, sé que lo que vas a hacer será un nuevo sacrificio por nosotros dos, pero me muero de celos, porque te quiero tanto…

-Yo también te quiero muchísimo, hijo, y no quiero que pienses de mí lo que no soy, yo sólo he estado con dos hombre en mi vida, con papá y contigo…

-Ya lo sé, mamá, pero ¿a qué viene eso ahora?

-A que no creas que voy con papá por placer, cariño, porque desde aquella tarde en la ducha, ya sólo disfruto contigo, cariño y mis piernas ya sólo se abren para ti, mi vida, para darte gusto a ti, nunca más volví a hacerlo con él, pero ahora tengo que hacerlo.

-Te quiero muchísimo, mamá, -le dije, besándola y con mi verga de nuevo dura y apretada contra uno de sus muslos.

-Mi amor, -dijo mi madre- te deseo otra vez…

-Yo también, mamá, pero ahora quiero que me des tu culito…

-Te doy mi culito y te doy mi vida, cariño, porque mamá es tuya…

Mi madre se puso de lado y de espaldas a mí, dobló una de sus piernas, yo le separé sus deliciosas nalgas y con movimientos muy suaves, fui colocando poco a poco mi polla en la entrada de su culito y mientras le llenaba de besos la espalda y el cuello, fui empujando muy despacio, con la mayor suavidad y ternura de las que fui capaz.

Cuando estuve completamente dentro del culito de mamá, le acaricié la cadera y su barriguita mientras ella dejó escapar un ¡ay!, maravilloso.

-¿Te hago daño, mamá?

-No, cariño, me gusta… me gusta muchísimo, mi amor…

Pegué mi pubis contra las deliciosas nalgas de mi madre y ella arqueó su espalda y se apretó más contra mí, luego se quedó quieta, jadeando con fuerza mientras recibía mi polla por su agujerito pequeño, sintiendo a su hijo dentro de ella, me acarició una pierna y me dijo:

-Qué delicia, mi vida, voy a morir de tanto placer…

-No, mamá, no vas a morir, vas a disfrutar y a hacerme disfrutar a mí…

-Eso es lo que mamá quiere, cariño, que disfrutes de mí…

Pasé un brazo por encima de ella y empecé a acariciarle las tetas, seguí besándole la espalda mientras le susurraba al oído palabras de amor; como a ella le gusta:

-Mamá, estás buenísima… y te quiero, no sabes cómo me pones… estaría toda mi vida así, abrazándote, adorando tu embarazo y con mi polla dentro de ti…

-Me alegro que te guste mamá, golfo - susurró mi madre con voz entrecortada por la calentura - no sabes lo calentita que me pones cuando me hablas así…

Mientras hablábamos estábamos quietos, sólo ella agitaba sus nalgas muy despacio para colocar mi polla de forma que se sintiera cómoda con ella dentro, luego me dijo:

-Dame ahora, mi vida… dame despacito…

Empujé despacio, tal y como mi madre me pedía y mi verga se deslizó suavemente en su culito, señal de que ya se había dilatado, entonces se la le saqué de su estrecho canalito y le pedí que se pusiera boca abajo, con la barriguita sobre la almohada para elevarme sus preciosas nalgas, luego me coloqué entre sus piernas, acerqué mi polla a su culito y empujé muy despacio...

Mi polla entró suavemente dentro de aquella maravilla cueva de placer que mi madre me ofrecía, hasta que mi pelvis tocó contra sus nalgas; entonces me incliné sobre ella, apoyé mi pecho en su espalda, pasé los brazos bajo los de ella para acariciar sus tetas y se susurré al oído:

-No te puedes ni imaginar cuánto te quiero, mamá…

Metía y sacaba mi polla de su culito mientras mi pubis rozaba sus nalgas, era una enculada lenta y deliciosa; quería que mi madre la recordara al día siguiente cuando estuviera follando con mi padre, aunque me cuidé muy mucho de decírselo a ella, su embarazo había despertando en nosotros una voluptuosidad mayor de la que ya teníamos y yo, sólo de pensar que había dejado preñada a mi madre y que pariría una hija mía, me volvía loco de gozo.

-Mi vida… ¿te gusta el culito de mamá?

-Muchísimo, mamá, me gusta mucho… mucho…

Mi madre empezó a respirar agitadamente, mientras sus dedos se clavaban en mis piernas y su culito se contraía cada vez más rápido.

-Dame, hijo, dame fuerte… -mientras exclamaba esto, tensó su cuerpo mientras su ano aprisionó mi polla con fuerza.

-Mamá, prepárate, voy a llenarte el culito y tú ya sabes de qué… -y mientras le decía esto, empujé toda mi polla dentro de su culito y me dejé ir...

-Te quiero, hijo, te quiero muchísimo mi amor, no sé cómo conseguiste enamorarme, pero te adoro cariño…

Al día siguiente, acompañé a mi madre a la estación del ferrocarril, un poco antes de llegar a ella, aparqué mi coche y nos estuvimos besando con pasión durante un buen rato, luego ella (siempre tan sensata), se separó y me dijo:

-Tengo que irme ya, cariño, porque si no el tren se irá sin mi…

-Estaré pensando en ti, mamá…

-Volveré pronto, mi amor, y no te fijes en ninguna ¿eh? recuerda lo que decían en la película Casablanca: "…siempre nos quedará París…"

 

 

 

Fdo.- Luis Alonso. luisalonsoguerra15@gmail.com


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