Le doy por el culo a mi vecina para sacarla de un aprieto
Mi vecina se presenta en mi casa con un problema entre las
piernas y no puedo evitar ayudarla sodomizándola de forma salvaje
Hola a todos, soy Pedro, protagonista afortunado de esta
historia, tengo 30 años, soltero aunque mujeres no faltan en mi vida, trabajo de
informático en una empresa de Granada y llevo una vida bastante cojonuda ya que
dispongo de dinero y no tengo ninguna atadura.
Hace poco me cambie de piso, estaba harto de mi antiguo
ático, por lo que me mude a un bloque de apartamentos de nueva construcción.
Allí la mayoría de mis vecinos son matrimonios, uno de ellos vive en la misma
planta que yo, es un matrimonio joven con un hijo de 5 años.
El marido es ejecutivo de una empresa por lo que se tira todo
el día fuera y ella que trabaja en una empresa de seguros es una mujer
espectacular. Se llama Susana, tiene 35 años y un cuerpo magnifico, mide sobre
1,70 y tiene unas curvas de infarto. La primera vez que la vi llevaba un vestido
fino, ya que era primavera, con marcado escote que insinuaba unas tetas de
campeonato, el vestido llegaba un poco mas arriba de sus rodillas dejando a la
vista unos muslos y unas piernas muy apetecibles, pero lo mejor era su culo de
concurso que hacía que toda la sangre de tu cuerpo se fuera directamente a la
polla.
A los pocos meses ya nos conocíamos más o menos bien, ya que
coincidíamos en el ascensor, en el portal y por las tiendas de alrededor. Ella
es muy simpática siempre con una sonrisa dibujada en la cara tan preciosa que
tiene, cuando te mira con esos ojazos negros te deja hipnotizado.
Yo soñaba cada día con poder follármela, pero sabía que eso
solo podía ser un sueño, ya que Susana era una mujer fiel y muy formal. Pero un
día ocurrió lo siguiente:
Era un jueves por la mañana, me encontraba en el piso esa
mañana porque había estado realizando unas gestiones por la ciudad y cuando
termine regrese al piso. Me había pedido el día en mi empresa y quería
aprovecharlo para descansar, pero de pronto tocaron al timbre.
Fui a abrir y cuando miré por la mirilla vi a Susana con un
camisón puesto y roja como un tomate.
Yo - Hola Susana dije al abrir la puerta.
Susana - Hola Pedro, puedo pasar por favor.
Yo - Claro, ¿pero que te ocurre?, ¿porque vas vestida así?
Al entrar observe que Susana andaba con las piernas separadas
y de una forma torpe, a la misma vez que sujetaba algo debajo del camisón.
Susana – Tienes que ayudarme, no sabía a quien acudir, me da
mucha vergüenza, pero contigo tengo más confianza que con nadie en el bloque.
Yo – Esta bien, pero cuéntame que te pasa.
Susana - ¡Que vergüenza¡.No se lo que vas a pensar de mí.
Yo – Por favor Susana suéltalo ya, que no será para tanto.
Susana – Esta bien, pero como te rías me muero de la
vergüenza. Esta mañana cuando he regresado a casa después de cerrar un seguro
con un cliente importante me ha apetecido tomarme una cerveza. La he abierto y
me la he bebido en pocos tragos, al terminar he notado un calor por todo el
cuerpo. Me he dado cuenta que estaba excitada y como estaba sola, me he ido al
salón con la botella en la mano y me he tumbado en el sofá. Al poco rato estaba
con la falda subida, las bragas echadas a un lado y con la botella de cerveza
entrando y saliendo de mi vagina.
Yo – Estas de broma, interrumpí a Susana, como se te ha
ocurrido meterte una botella de cerveza ahí!!!.
Susana más colorada todavía y con los ojos ya llorosos no
sabía donde meterse, pero haciendo un esfuerzo siguió con su detallada
exposición.
Susana – Es que no se lo que me ha pasado, estaba muy
excitada y era lo que tenía a la mano. En ese momento no podía parar, cada vez
me la metía más adentro hasta que en una de esas veces he notado algo raro, es
como si la botella hubiera hecho vacío y ahora no puedo sacarla. He pensado en
ir a un hospital, pero me da mucha vergüenza y peor todavía sería decírselo a mi
marido.
En ese momento mi cara era todo un poema, no me podía creer
lo que estaba oyendo.
Yo – Me dejas sin palabras, pero bueno me alegro que hayas
acudido a mí, vamos a tratar de darle una solución. Romper la botella puede
resultar muy peligroso, por lo que solo se me ocurre que tienes que relajarte
para que tus paredes vaginales dejen salir la botella.
Susana – ¿A que te refieres con relajarme?
Yo – Tienes que relajar las paredes vaginales y para eso nada
hay mejor que llegar a un orgasmo.
Susana - Pero que me estas pidiendo, que tenga un orgasmo
aquí, además se te olvida que tengo una botella de cerveza en mi coño.
Yo – Ya lo sé, pero hay muchas otras maneras de alcanzar un
orgasmo, y si quieres yo puedo ayudarte.
Susana – Te estas pasando de la raya, no voy a dejarte que me
pongas un dedo encima.
Yo – También lo puedes hacer tu solita, pero como me has
pedido ayuda. Ya se que parece algo indecente por mi parte, pero es la mejor
manera para sacar la botella de ahí dentro.
Susana – No sé, a lo mejor llevas razón, pero tú solo te
limitarás a mirar, nada de tocar.
Era sorprendente que ella accediera a que yo mirase como
intentaba llegar al orgasmo, pero supongo que estaba asustada por la situación y
no quería estar sola.
Yo – De acuerdo, vente a mi dormitorio y sobre la cama lo
podrás hacer mejor.
Susana con su caminar torpe se dirigió al dormitorio y con
mucho cuidado se echo sobre la cama. Estaba muy nerviosa lo que le generaba
mucha tensión y por eso la botella no había forma de sacarla.
Yo – Ahora Susana muéstrame la botella.
Susana con la mirada perdida en el suelo empezó a subir su
camisón apareciendo una botella de Heineken incrustada en su bien arregladito
coño. Tenía todo el cuello y parte del cuerpo de la botella dentro.
Estaba impresionante, recostada en la cama, desnuda de
cintura para abajo, con las piernas abiertas y su coño totalmente expuesto. Mi
polla de momento se puso dura.
Susana – No se como voy a hacer esto, además te estas
poniendo cachondo conmigo o sino a que se debe ese bulto de tu pantalón.
Yo – Como quieres que no me excite teniendo delante a diosa
como tú abierta completamente de piernas.
Susana – Es verdad, eres un hombre y nadie es de piedra. Pero
yo en esta situación no voy a ser capaz de alcanzar un orgasmo.
Yo – Tienes que dejarme que te ayude, te prometo que no voy a
hacer nada que tu no quieras.
Susana – Esta bien, pero cunado yo te diga que pares tienes
que parar, ¿de acuerdo?.
Ya había vencido su resistencia, tenía que hacerla disfrutar
de lo lindo, pero yo también pensaba llevarme mi parte.
Me acerque a ella y me puse a la altura de su coño, empecé a
acariciar sus muslos y luego su zona púbica dando pequeños besitos. Ella
permanecía todavía bastante tensa por lo que empecé a dar pequeños lenguetazos
en su clítoris pasando al instante a lamerlo ya sin contemplaciones.
La cara de ella estaba ya cambiando, empezaba a sentir
pequeñas sensaciones, ya que se termino de quitar el camisón mostrando unas
tetas mejor que las que yo me había imaginado.
Yo – ¿Como te sientes?. ¿Te esta gustando?.
Susana – Sigue así, estoy empezando a excitarme.
Al escuchar esto, ensalive uno de mis dedos y se lo metí
directamente en el culo, a lo que ella protesto inmediatamente.
Susana – Por ahí no, que soy virgen por atrás y me va doler
mucho.
Yo – Tranquila, tienes que probarlo para saber si realmente
te gusta, hay muchas mujeres que alcanzan orgasmos maravillosos al estimular
esta zona.
Susana – Vale, pero ve con cuidado, por favor.
Al rato ya metía dos dedos en su culito, y yo no aguantaba
más.
Yo – Susana, déjame que saque mi polla o voy a romper el
pantalón.
Susana – Pobrecito, estarás a punto de reventar. Puedes
sacártela.
Al oír esto me baje los pantalones y los boxer saliendo mi
polla como un resorte. Susana quedo un poco impactada con el tamaño, seguro que
su marido la tenía más pequeña.
Ya me quede de pie siguiendo con mis trabajos manuales, que
ya estaban haciendo efecto, y Susana empezaba a gemir levemente pasando sus
manos por sus hinchados pechos.
Yo – Necesito que me la menees, no aguanto más.
Susana – Vale, pero de ahí no paso. No me pidas llegar a más.
Susana empezó a menearme el rabo, ya con cierta cara de
vicio, mientras aceptaba con gusto mis dos dedos en su culito. Estaba ya
disfrutando de lo lindo, ya que en el fondo de la botella se veían restos de sus
jugos vaginales.
Yo – Susana levántate y ponte en la postura del perrito, así
será más fácil que la botella salga.
Susana – Vale, porque de esta manera parece que no quiere
salir.
Se levanto y se puso con el culo en pompa, era la visión más
maravillosa del mundo, sin pensarlo empecé a lamer culo de Susana como un loco a
la misma vez que metía ya 3 dedos en él. La polla la tenía a reventar, por lo
que sin decirle nada la dirigí a la entrada de su culo y se la metí de un golpe.
Si no lo hacia así sabía que no me iba a dejar hacerlo.
Susana – Aahhh¡¡¡. Pero que estas haciendo, para por favor.
Me estas partiendo en dos.
Yo – No puedo parar, tengo que follarte ese pedazo de culo
que tienes.
Susana – Cabrón, me has engañado, y me estas sodomizando.
En aquellos momentos, yo ya no escuchaba a Susana, solo
estaba concentrado en taladrar su culo con furia, no iba a poder sentarse en un
mes. Así estuve al menos 5 minutos largos hasta que al final no aguante más y me
derrame en su interior. Solté una gran cantidad de leche, en su interior era
increíble. Pero lo más alucinante fue que en ese momento Susana también alcanzo
un orgasmo tremendo que hizo que la botella saliera disparada de su coño. Sonó
como cuando se descorcha una botella de vino.
Susana entre excitada y sorprendida miró la botella, se salio
de mi polla, cogió su bata y salió disparada del piso, dejando un reguero de
semen por todo el suelo, ya que no era capaz de retener el semen dentro de su
culo bien abierto.
Yo por mi parte recobraba el aliento después del esfuerzo, y
me fije en que la botella estaba llena de fluidos de Susana.
Por lo que pensé que a lo mejor Susana había disfrutado con
la follada y todo había sido una pose de mosquita muerta, para que no viera lo
guarra que era en realidad.
El tiempo me diría si llevaba razón en mis sospechas.
Un Saludo.