FIESTA PARA TODOS
Mi esposo es ejecutivo de una multinacional y
cada dos o tres años lo trasladan a otra ciudad.
Llevamos 10 años de casados y nuestra vida era
normal hasta ese momento. El tiene 35 años y yo 28, y todavía no tenemos hijos,
lo que facilita estos traslados que se dan periodicamente.
El se iba a trabajar por la mañana y no
regresaba hasta la noche, mientras que yo realizaba las tareas de la casa y
realizaba cursos de filosofía, mi especialidad.
Pero en este traslado comenzaron a ocurrir
cosas diferentes.
Una vez por mes, se reunían todos los
ejecutivos de la empresa para cenar juntos y estrechar los lazos de compañerismo
y confraternidad. De cada una de estas reuniones mi esposo llegaba con algunas
copas de más y por unos cuantos días nuestra vida sexual se intensificaba o
desaparecía, lo que hizo que comenzara a sospechar del tipo de reunión que
tenían.
Yo no conocía a ninguno de sus compañeros de
trabajo y por lo tanto no podía enterarme de nada, pero cuando volvía del
trabajo, algunas noches me quedaba levantada cuando el se acostaba con la excusa
de tener que leer algo para mis cursos, y revisaba la notebook que llevaba al
trabajo.
De estas periodicas revisiones fui dándome una
idea de estas reuniones.
Aparentemente, cada mes uno de los del grupo
era el encargado de organizarla. Como eran seis, dos veces al año, cada uno de
ellos era el anfitrión. Pero es todo lo que pude avanzar, hasta que un día...
Mi esposo llegó del trabajo y se puso a
trabajar con su notebook. En ese momento lo llamó el administrador del consorcio
y se fue hasta su departamento, dejando su equipo encendido y su casilla de
correo abierta, y esa fue mi oportunidad.
Cual sería mi sorpresa al revisar los correos
antigüos. Allí se describía con pelos y señales las cosas que pasaban en esas
reuniones. Parte de la fiesta era una acompañante que el organizador debía
conseguir, y la que les ofrecía un strip tease, los acariciaba, llegando a
masturbarlos por turno, o hacer algún trabajo bucal, si la paga era buena, y
sorteaban a dos de ellos para tener sexo con la chica.
Lo interesante es que mi esposo era el próximo
anfitrión y se había conectado con una mujer para que sirviera de
entretenimiento. La reunión se haría el lunes siguiente en una suite de un hotel
céntrico, y ofrecían pagarle U$S 1.000 dólares por dos horas de diversión.
Sentí como la furia me invadía. Mi esposo
estaba saisfaciéndose con otras mujeres a las que les pagaba, en lugar de
atenderme a mí que lo quería y lo necesitaba.
Estaba pensando esto cuando entró un mail en
su casilla. Irina, la mujer todo servicio le avisaba que para el lunes no iba a
estar disponible. Y entonces una idea cruzó mi mente.
Rápidamente le respondí que no había
problema,que otra vez sería, y a continuación borré el mail entrante y el
saliente. El grupo de amigos quería una stripper, pues la tendría.
Me alejé de su notebook y seguí con mis cosas.
El volvió y siguió trabajando como si nada.
Durante esos días planifiqué mi estrategia
hasta el mínimo detalle. Era una suerte que sus compañeros de trabajo no me
conocieran. Pero debía evitar que mi esposo concurriera.
Los días de reunión, salía un rato antes del
trabajo, pasaba por casa a bañarse y cambiarse, se tomaba un whisky y luego de
un rato se iba. Fue bastante simple solucionar el problema.
Conseguí un somnífero que pudiera mezclar con
el whisky que tomaba, y ese día lo espere que volviera, le preparé el baño y la
ropa que iba a ponerse, le preparé el whisky especial y encendí el televisor en
un programa de autos que a él le gustan.
Luego de bañarse, envuelto en su bata, se
sentó a mirar televisión y tomar su copa. Yo lo observaba desde la cocina. Al
poco rato comenzó a cabecear y quedó profundamente dormido.
Lo acomodé en el sofá, lo tapé, retiré la copa
y la lavé, para volver a llenarla con alcohol, esta vez sin nada, y rápidamente
fui a cambiarme.
Blusa, corpiño transparente, una tanga
haciendo juego, minifalda, medias, ligas y tacos altos. Todo debajo de un
tapado. En mi bolsillo un antifáz que me cubría casi todo el rostro. No quería
que me reconocieran. Con un shampoo color oscurecí mi cabello para cambiar mi
fisonomía, y a las 10 de la noche, salí para el hotel. Según lo convenido debía
llegar 10,30 hs.
22,45, estaba golpeando a la puerta de la
suite, con mi antifaz colocado de prisa en el ascensor. Desde adentro se
escuchaban voces y carcajadas, y una música suave de fondo.
Un hombre alto, de unos 45 años abrió la
puerta. Su sonrisa era muy seductora.
- Irina, verdad?
- Así es, contesté sonriendo.
- Y el antifáz?, preguntó intrigado
- Es mas emocionante de esta forma, dije
sensualmente.
- Está bien, tu mandas, pero dejame decirte que tus
ojos son hermosos, a pesar de la máscara., dijo, y haciéndose a un lado me
invitó con un ademán a entrar.
- Sres., nuestra invitada dijo dirigiéndose al
resto de los presentes.
Cinco hombres me miraban de pies a cabeza. Uno
de ellos tenía unos cincuenta años, dos seguramente tenían la edad de quien me
recibió y los dos restantes no podían tener mas de 30.
- Quieres tomar algo?, preguntó el
mayor, aunque primero debiéramos arreglar cuentas. El problema es que el
encargado no ha venido, así que yo seré el contador, y uniendo el dicho al hecho
metió su mano en el bolsillo para sacar seguramente mi paga.
- Prefiero que me paguéis despues, si
quedáis conformes, dije, lo que los sorprendió a todos.
- Nunca nos dijeron esto, pero está
bien, agradecemos tu confianza.
- Es que conozco a quien me contrató y
le tengo mucha confianza, dije sin poder evitar sonreirme por mi cinismo, ¿ Qué
tenían pensado? Pregunté.
- Pues, pasar un rato divertido, dijo
uno de los más jovenes que me comía con la mirada, confiamos en tu
profesionalismo, dijo con picardía.
- Bien, una copa de champaña, mientras
me pongo cómoda, y me dirigí hacía un perchero que estaba cruzando la estancia,
conciente de los doce ojos que me seguían. De espaldas a mis nuevos amigos me
quité lentamente mi tapado, apagué las luces dejando solo una lámpara que
estaba en el rincón y de muy baja luminosidad y dando la vuelta me dirigí en la
penumbra al sofá sentándome en medio de dos de ellos.
El mayor me trajo una copa, que bebí
lentamente pero hasta el final. El silencio podía oírse.
-¿ No tienen calor? Pregunté, mientras desabrochaba un
par de botones de mi blusa, dejando el valle entre mis pechos a la vista de
todos.
- Si realmente el ambiente esta caldeado, dijo el que
estaba sentado a mi derecha.. Me di vuelta hacia su lado y despacio, comencé a
aflojar su corbata, me levanté y lo obligué a levantarse.
- Vamos a ponernos cómodos, le dije al oído, y procedí a
sacarle la corbata, el saco, la camisa, y entre prenda y prenda lo besaba. La
respuesta de mi compañero era cada vez más posesiva. Le desabroché el cintó y le
aflojé el pantalón. Hice que se sentara, me arrodillé y le saqué los zapatos y
las medias, acariciándole y masajeándole los pies, y luego mirándole a los ojos
procedí a quitarle el pantalón, dejándolo con su boxer que mostraba una erección
espectacular.
A continuación fui recorriendo el salón e hice los mismo
con los 5 restantes. En 15 minutos tenía 6 hombres casi desnudos sentados a mi
alrededor, todos con unos bultos que daban miedo, especialmente el que abrió la
puerta. Todos estaban bien equipados, pero el bulto que cargaba este macho era
para asustar a cualquiera menos decidida que yo.
- Ahora me toca a mí, que también tengo calor, dije, y
parada en medio de ellos, comencé lentamente a desabrochar mi blusa y me la
saqué. Algo curioso ocurrió. Si hasta allí mi interés era vengarme, estar en
medio de tanto macho me había excitado de verdad. Mis pezones estaban duros y
parecía que iban a perforar mi corpiño, y sentía como mi tanga se humedecía.
Despacio desabroché mi pollera y la dejé caer. Un suspiro de placer invadió la
habitación.
- Pero que cosa más hermosa que eres, dijo el mayor. Lo
miré y me dirijí hacia el.
- Por tu piropo vas a ser el primero, le dije y me senté
sobre él colocando una pierna a cada lado de su cuerpo. De inmediato el rodeó mi
espalda con sus brazos. Comencé a besar sus hombros, su cuello, su pecho,
mientras sentía como sus manos acariciaban mi espalda de arriba a abajo. Su
verga latía dentro de su ropa interior a medida que mis labios se aproximaban a
su boca. Cuando llegué allí, su lengua me penetró con desesperación. Sentía a
sus amigos decir: “Vaya perra que nos consiguió Ale, nuca tuvimos una así” “Es
de puta madre””Apurate con ese viejo que aquí hay carne joven”y demás frases que
iban subiendo de tono a medida que pasaban los minutos.
Me levanté e hice lo mismo con el siguiente. Este estaba
más preparado y sus manos no se conformaron con mi espalda sino que empezaron a
acariciar mis pechos, jugándo con mis pezones.
- Oigan, que la perra tiene los pezones duros como
piedras, está mas caliente que yo, le dijo a los demás, y despacio se deslizó
hacia abajo en el sillón, y su verga se apoyo en mi sexo, comenzando a subir y
bajar como si estuvieramos tirando. Lo dejé un ratito y me levanté hacia el
siguiente.
Este, ya mas avisado se deslizó hacia abajo antes que
llegara y cuando me senté ya sentí su verga contra mi sexo. Solo nos separaba la
fina tela de nuestra ropa interior. Lo besé y sentí como sus manos desabrochaban
mi soutien y me lo quitaban dejando mis pechos libres, comenzando a chupármelos,
primero despacio y luego con verdadera excitación. Allí me levante y seguí la
ronda.
Para el último dejé a mi preferido, y mientras
me chupaba las tetas, comencé a juguetear con su pedazo, hasta sacarlo afuera.
Era una verga impresionante. 20 cms y no menos de 6 de diámetro. La tomé y
comencé lentamente a masturbarlo.
. Oye, que a nosotros no nos hiciste eso, rezongó uno.
- En la próxima vuelta contesté, entre beso y
beso. Sin ganas solté ese pedazo, y volví hasta el primero de la rueda. En esta
vuelta procedí a sacar todas las vergas afuera. Una era más corta, no más de 12
cms., y las restantes tenían entre 15 y 18, salvo mi preferida.
Todos quedaron masturbándose, mientras yo
decidía como iba a seguir mi trabajo.
Me acerqué al viejo, quien me suplicaba con la
mirada. Despacio me senté de espaldas sobre él. Su verga quedó aprisionada entre
mis piernas a lo largo de mi vagina.Sus manos tomaron mis pechos, mientras
besaba mi cuello.
Con la mirada llamé a uno de los jovencitos,
quien entendió rapidamente.
Se acercó con su verga en la mano. La tomé y
comencé a masturbarlo. Luego de unos minutos, se acercó más colocándola frente a
mi cara, y sin pensarlo, la absorbí con mi boca. El dueño de la verga tomó mi
cabeza para asegurarse que no la dejaría, lo que no pensaba hacer de ninguna
manera. Los demás desde sus asientos, sosteniendo sus vergas se masturbaban
lentamente mientras miraban el espectáculo. Chupar una verga mientras otras
cuatro te rodean, es una experiencia alucinante. Las manos que aferraban mi
cabeza me forzaban a comerla toda, levantándome de las piernas del viejo, para
volver a soltarme, simulando una cogida pero en mi boca, y mientras tanto el
viejo no aguantó mas. Aprovechando la oscuridad casi total, metió su mano entre
mis piernas, y sentí como sus dedos jugaba con los labios de mi sexo, a través
de mi tanga, para luego meter uno en mi sexo . El muy hijo de puta esperó el
momento propicio, mi cuerpo se elevó, corrió mi tanga y cuando bajé me empaló
con su verga hasta el fondo. Quien poseía mi boca me volvió a levantar y al
bajar otra vez sentí como el viejo me enterraba la verga, y así varias veces
hasta que pasando una de mis manos entre mis piernas aferré sus huevos. Comenzó
a gritar mientras se vaciaba dentro mío. Sus amigos que no sabían lo ocurrido
comenzaron a burlarse.
- Miren, el viejo se fue en seco, dijo
uno riéndose.
- ¡ En seco, tu abuela. Estoy adentro
hasta las reverendas cachas! Gritó mientras terminaba de llenarme.
Un murmullo se escuchó. Quien poseía mi boca,
la sacó, me miró con una excitación incontrolable, me levantó por las axilas, y
me obligó a arrodillarme en el sillón al lado del viejo que boqueaba tratando de
recuperar el aire. Corrió nuevamente mi tanga y me ensartó por completo. Tomo
posesión de mis hombros y comenzó a bombearme con furia. Me sacudía como una
muñeca.
- Yegüa, mil veces yegüa, me decía mientras
arremetía. Yo apenas si podía mantenerme erguida con las manos apoyadas en el
respaldo. Estaba tan excitada que me paralicé en medio de esas sensaciones.
- ¡Puta, reputa, tomate mi leche! Gritó mientras
me inyectaba su semen hirviente. Cada chorro era acompañada por un gemido.
Cuando salió de dentro mío aproveché para sacarme la tanga y fui hasta donde
estaba sentado el de la pija más corta, lo cabalgué y se la engullí con mi sexo.
- Pero que perra caliente, decía entre chupada
de teta y chupada de teta, y sollozándo acabó.
Así, uno a uno fui terminando con mis
compañeros, dejando para último a mi preferido.
- Es tu turno, le dije, acercándome.
- Si, pero no así, y tomandome de la mano me
llevó hasta el baño. Abrió la ducha, se desnudó y me hizo colocar bajo la
regadera. Me lavó , me frotó y me acarició todo el cuerpo. Lavó mis piernas
chorreadas de la leche de sus amigos, y cuando terminó, me alzó en sus brazos y
me llevó por otra puerta a la habitación. Una cama enorme ocupaba la mitad del
ambiente. Me depositó suavemente sobre ella, y el colchón de agua reflejó mis
movimientos, y comenzó a besarme, a pasar su lengua por todo mi cuerpo. En el
espejo del techo veía todos sus movimientos y alucinaba con el momento
inevitable en que me enterrara su verga. Jugó con mi clítoris cuando llego a mi
cueva, hizo que abriera las piernas y colocándose sobre mí, mientras me miraba a
los ojos, la punta de su verga me penetró. Envolví su cintura con mis piernas.
- Dámela toda, le ordené, y haciéndome caso, su
monstruosa serpiente comenzó a desenrrolarse dentro de mi cuerpo. Cuando había
conseguido absorber la mitad, me vine. Tuve un orgasmo bestial, casi pierdo el
conocimiento. Cuando me recupere, sus huevos pegaban contra mi cuerpo. Me la
había dado toda. Lentamente comenzó a moverse, pero por suave que fuera , su
verga me llenaba por completo, rozaba todas mis paredes, y en pocos minutos
estaba nuevamente alcanzando otro orgasmo. Mientras acababa el se detuvo y me
miró para luego besarme metiendo su lengua en mi boca, bien profundo. Salió de
mi cuerpo y me sentí vacía.
Tomó mis piernas y las levantó hasta sus
hombros, y así bien abierta y sometida me la metió de un solo golpe. Si antes
había entrado hasta el fondo, ahora tuve que gritar, pensé que me la sacaría por
la boca. Que larga y dura estaba. Me bombeó un rato. Sentí que me faltaba el
aire. Por fin, se retiró y sin hablar me hizo poner en cuatro patas.
- Ahora perra, te voy a montar como a una
verdadera perra, te voy a hacer acabar como nunca, y luego te vas a tomar mi
leche con esa boquita hermosa que tenés, hasta la última gota, me dijo mientras
dirigía su verga a mi raja y me ensartaba. Comenzó despacio un profundo pistoneo
que fue acelerando, y yo perdí la noción de tiempo y lugar. Un orgasmo más
violento que los anteriores me arrastró y caí al final desmadejada sobre la
cama. Estaba terminada. El me aplastaba, pues había caído sobre mí, se retiro,
me dio vuelta y avanzando hasta colocar su rodillas a ambos lados de mi cara me
dio su enorme verga. Agotada, primero le lustré con mi lengua y despues,
despacio comencé a tragarla.
- Así, me decía, despacio, vamos, dale que ya me
vengo. Me aferré a sus piernas. Mis manos subieron hasta sus nalgas, y cuando
sentí que su verga crecía, llegué hasta su ano y lo penetré con mi dedo mayor.
- ¡Ahh, que puta que eres! Gritó y comenzó a
vaciar sus huevos. Seis chorros conté, a cual mas espeso y caliente, y con esa
tremenda verga en mi boca, solo pude tragarlos. Cuando terminó la dejó adentro
hasta que mi lengua la limpió por completo.
- Se bajó de la cama y sin decir palabra se fue
al estar. Fui al baño. Mi ropa estaba allí, así que me duché, me vestí y salí.
- Ha sido extraordinario, realmente Ale se portó
con la compañía, dijo el viejo ya vestido, nos quedaríamos mas tiempo pero
tenemos que volver a nuestras casas, se disculpo. No te ofendas pero el precio
ha sido bajo, aquí tienes, y me entregó un fajo de billetes. Querían mi teléfono
para volver a llamarme, pero yo obtuve el de ellos y quedé en llamarlos cuando
tuviera ganas. A 1.000 dólares la atención, por supuesto.
Los besé a todos me puse el abrigo y me fui.
Dos horas apenas habían pasado en todo lo ocurrido.
Llegué a mi casa. Mi cornudo marido todavía
dormía. Fui a la habitación, me desvestí, tiré mi ropa en la saca de la ropa
sucia. Estaba manchada con semen de punta a punta. Me puse mi camisón y me
acosté. Tomé el dinero que me habían dado y observé con sorpresa que en lugar de
1.000 había 3.000 dólares. Vaya, esto de ser puta además de las satisfacciones
es un buen negocio, pensé.
Un rato después mi esposo entró al dormitorio
y se acostó. Lo sentí dar vueltas en la cama hasta que me dormí agotada por la
tarea realizada.
A la mañana, oigo que mi esposo está en la
cocina desayunando y suena el teléfono . Levanté despacio el auricular del
dormitorio.
- Que estaba muy cansado y me quedé dormido,
espero que la hayan pasado bien, decía
- Ni te imaginas. Realmente te esmeraste con la
nena que conseguiste. No te imaginas las cosas que nos ha hecho.
- Sí, es muy buena con el strip y todo eso,
dijo.
- ¿ Qué strip, animal, si hemos echado unos
polvos de película. Nos atendió a todos, y especialmente al jefe. Lo dejó
alucinado. Creo que te va a aumentar el suelo, dijo en medio de carcajadas su
interlocutor.
- No te creo. Irina no es de ese tipo. Hace
mucho que la conozco y nunca le pude echar uno. Es una rubia profesional pero no
pasa de calentar a los hombres. Como es tan alta impone respeto.
- Espera Ale, esta era de cabello castaño y mas
bien menudita, pero se la comió de todas las formas, y gozó como una loca.
Un silencio quedó en la línea.
- Bueno, después hablamos, pero tengo que ver a
Irina para sacarme la duda.
Me imagino que habló con Irina y ella le habrá
dicho que no había podido ir. ¿ Sospechará lo que pasó? No lo creo. Pero ahora
cada vez que se reúnen, uno del grupo falta. Aquél al que llamo por teléfono
para encontrarnos en algún hotel alejado, y al que me cojo mientras mi marido
juega a ser un playboy. Consigo 1.000 dólares y les tengo prohibido comentar
entre ellos, así que tienen que inventar una excusa para no ir a la reunión. Al
que nunca llamé fue a su jefe pero se enteró mas adelante quien era la esposa de
su empleado, aunque esa es otra historia.