Se trata de algo curioso. Miles de mensajes cibernéticos han
cruzado de cabo a rabo la red durante los últimos días, invitando a personajes
de la más dudosa catadura moral a participar en un juego relacionado con la
muerte. Con la muerte cerebral…y con la dignidad, por qué no decirlo.
A primera vista, las invitaciones parecen inocuas y
divertidas, con un punto inquietante que muy pocos morbosos se atreven a
soslayar…
Por eso, lector, déjeme advertirle: si por desgracia recibe
un mail en el que a usted se le invita—por cortesía de un desconocido
anfitrión—a una fiesta donde las drogas correrán a toda pastilla y el alcohol se
derramará a chorro por su garganta sin pagar un puto duro, ¡no la acepte!
¡Rechácela de inmediato!
Si, por añadidura, la invitación se acompaña de un
naipe cualquiera de la baraja francesa…entonces corra a las islas Caimán,
desaparezca cuanto antes de la faz de la tierra porque esa carta es la que le
convierte a usted en una víctima potencial de un cerebro desalmado y enormemente
maligno; si no me cree, lea por favor lo que a continuación expongo. Luego no me
lloriquee nadie ni me digan que no avisé.
Voy a contar aquí lo que ocurrió el año pasado para que la
sangre nueva de TR no vuelva a caer en el mismo error en que caímos los demás…
El año pasado, casi por estas mismas fechas, cuando ya había
aparecido el calor, recibí en mi bandeja de entrada de correo electrónico la
siguiente parrafada:
Estimado/a DarkSilver:
Debido a su permanencia y fidelidad a aquesta página llamada
Todorelatos donde usted publica asiduamente sus basuras mentales (bla, bla, bla)
queda invitado/a a un baile de máscaras con barra libre y buena pitanza,
completamente gratuito, en el palacio del conde de Golifiander sito en donde
Cristo perdió la mochila tal, tal, tal, el día veinticuatro de Junio. Rogamos
confirme su asistencia al evento como han hecho el resto de usuarios y autores
de dicha página.
Junto a un botón para decir "sí" o "no" a la propuesta se
adjuntaba una lista interminable de autores y usuarios que habían aceptado la
invitación.
Al seguir descendiendo con la barra lateral derecha en la
pantalla, pude ver, no sin asombro, una enorme carta descubierta que ponía punto
final al mensaje recibido: un tres de picas. Nunca me han gustado las picas,
siempre he preferido corazones. Pero desvié mi atención del naipe a los pocos
segundos; me dije que sería un aditamento chorra del mensajito, esas cosas que
la gente coloca para adornar. Craso error.
Al principio pensé que se trataba de una broma pesada de un
tal Hombre FX, sempiterno comentarista y crítico de absolutamente todos los
relatos de la web. Pero en seguida supe que él no había sido el artífice de
aquello, pues vi su nombre en la lista de invitados.
Interesante…el nombre de FX se adjuntaba junto a
personalidades de la magnitud del Sr. Masulokunoxo, Moonlight, Gataenpatines y
hasta el ilustre Perritillo…Por no hablar de la maravillosa Lydia, el señor
Sobi, Gatita Karabo, Lukasses y muchas más excelsas plumas que yo admiro sin
pudor "¡¡Que mis muertos se levanten!!" Pensé con alegría insana, "Tengo que
asistir a esta fiesta, no podría perdérmela nunca"…
Y sí, amigos, a mi pesar tengo que reconocer que asistí…
El palacio de Verano del tal conde Golifiander no estaba
perdido en la estepa rusa, como pensé al principio, pero casi. Tuve que
preguntar a unos cuantos contactos si sabían cómo acceder. Al final terminé
subida en un autobús del pleistoceno que era como una tartana que olía a choto;
acabé con el culo horriblemente sudado pegado a un asiento de mala muerte que
amenazaba con salir volando con cada bache…me arrepentí horrores de haber
aceptado, pero ya era tarde.
Cuando llegué a la suntuosa mansión Golifiander, el
señor Sobi salió a mi encuentro con una librea de mayordomo.
--Joder, Sobi, no hacía falta aparecer así…
Le reconocí perfectamente a pesar de no haberle visto nunca;
esos ojos oscuros que no paran un minuto a pesar de su gesto engañosamente
tranquilo resultaban inconfundibles.
--Es mi disfraz, joder…--respondió Sobi con cierta
incomodidad.
--Ah pero… ¿había que traer disfraz?
--Claro…--asintió—Era un baile de máscaras, ¿recuerdas?
Menudo jarro de agua fría. Sin pensármelo dos veces agarré la
primera cortina que pillé según cruce la puerta, y mientras avanzaba con por el
corredor guiada por Sobi me fui haciendo un traje de romano.
--¿y por qué has ido de mayordomo, Sobi?—de todos los
disfraces del mundo era el que menos me cuadraba para él…
--Soy el mayordomo asesino que mató a toda la familia
de Harry Potter—contestó el porno autor con una tierna sonrisa.
Pensé que habría tomado pastillas o tripis así que no hice
comentario alguno, pero las piezas encajaron en mi mente. El mayordomo asesino
le sentaba como anillo al dedo, sí…
El angosto y oscuro corredor desembocaba en un inmenso salón
de fiestas. No pude evitar quedarme estupefacta ante la gran cantidad de gente
que bailaba sobre el suelo de mármol veteado, bajo la luz pulsante de multitud
de candelabros anclados en la pared. El lugar era enorme y siniestro; las
paredes revestidas de madera oscura estaban plagadas de cuadros de señores
macilentos. Los espejos estaban cubiertos de crespones negros, como en una
parodia funeraria de otra época. La música que salía de los gigantescos
altavoces era probablemente el death metal más atronador con el que mis oídos se
hayan deleitado nunca.
Alcancé a ver sonrisas entre la amalgama de rostros
desconocidos, la mayoría de ellos cubiertos con máscaras o antifaces, y me
acerqué al centro de la pista.
--Dark…—me saludó amablemente una hermosa mujer morena que
iba vestida de vampira, con una túnica negra hasta los pies y los morros llenos
de… ¿sangre?—eres Dark, ¿verdad?
--Sí…--asentí mirándola con cierto temor. Su indumentaria era
bastante aterradora…y le sentaba de miedo.
--¡Soy AroaMille!—exclamó ella con una sonrisa—qué fiesta tan
extraña, verdad…oye, ¿y de qué vas vestida?
--De romana—contesté—es que los disfraces no son lo mío…
--Ah…pensé que ibas de cortina…
--Pues sí que resulta inquietante esta fiesta…--dije tratando
de desviar el tema.
Alcancé a ver cómo corría el alcohol y se repartían los
psicotrópicos a diestro y siniestro. Apoyado contra una de las paredes, un
extraño hombre de pelo oscuro succionaba un chupa-chups junto a un cartel que
rezaba: "Tripis a quinientas pesetas"
--¿Pero no era barato todo lo que había aquí?—pregunté al
hombre, elevando la voz para hacerme oír entre la algarabía—menudo timo de
fiesta…
--Barato es—respondió él, mirándome por debajo de unas gafas
negras con montura rosa de leopardo—lo que no va a ser todo es gratis; hay que
hacer negocio, bonita…
--Joder—repliqué molesta por tamaño lucro--¿y tú quién
eres?
--Me llaman FX, nena, pero no se lo digas a nadie…
--¡Hostia!!—No pude reprimir una exclamación de alegría--¿FX
eres tú? Joder tío, eres la leche, estaba deseando conocerte…
--¿Ah sí?
--¡¡Claro!!—Exclamé—eres todo un mito para mí…ahora solo
falta que me presenten a Perritillo…
--Puedo presentártelo si quieres, yo lo sé todo en este
lugar…--acompañando estas palabras eligió un tripi de su improvisado puesto y lo
paladeó con los ojos en blanco—es bueno, me ha gustado…--añadió—igual que tu
último relato, el del sacamuelas bochinche…
--¿¿??
--Pero como te decía antes, muñeca, yo sé todo lo que ocurre
aquí…
Como un ente todopoderoso levantó la mano derecha
abarcando a todos los simples mortales que se movían descontrolados en la pista
de baile.
--Jo, gracias, tío…qué chupi…
Una mano asió mi hombro cuando más cojonuda e interesante
estaba la conversación entre FX y yo.
--DarkSilver…
Joder, qué pavorosa sonó la voz de aquella desconocida…
--S-sí…
--Me han dicho que ibas vestida de romana venida a menos…
La que había hablado era una despampanante mujer disfrazada
de pirata que fumaba una pipa de plástico duro. Su pelo oscuro recogido en un
moño cuidadosamente desordenado dejaba al descubierto la morena piel de su
cuello, perdiéndose los desbaratados mechones en un escote de vértigo…
--Tú debes de ser…
--Sí—me cortó la aludida sin dejarme terminar la frase—soy
Moonlight…y…hay algo en todo esto que huele mal, ¿no crees?
A mi pesar tuve que admitir que Moon tenía razón. Hipnotizada
por su canalillo yo no era capaz de pensar demasiado…pero lo que estaba claro
era que nadie invita a una panda de porno escritores a un palacio de lujo sin
esperar nada a cambio…
--¿Quién crees que ha mandado las invitaciones?—murmuró la
corsaria con los ojos entornados—apostaría que se trata de uno de nosotros…
--¿Uno de nosotros?
La voz se me congeló a flor de labios cuando procesé que
aquella hipótesis podría ser cierta…al fin y al cabo, todos los que estábamos
allí éramos bastante degenerados y nuestra imaginación era desorbitada, capaz de
cualquier cosa…
--Pero, ¿por qué?—alcancé a decir—quiero decir, ¿con
qué fin nos invitaría uno de nosotros a una fiesta gratis?
--Eso es lo que me escama—susurró ella con gesto
enigmático—para algo bueno no creo, me temo…
De pronto, como si hubieran sido víctimas de mal fario de
Moon, todos los candelabros de la sala se apagaron salvo uno en el centro de la
estancia, cuya débil luz iluminó un improvisado escenario que parecía emerger
del suelo como por arte de magia. La música atronadora cesó de pronto, quedando
los murmullos asombrados de todos los presentes como único sonido ambiental.
Sobre la plataforma que se erguía lentamente desde el suelo reposaba un
televisor cutre de carcasa que imitaba a madera; un trasto digno de anticuario
de esos con los botones enormes y pantalla gris, suave y convexa.
--¿Pero qué es esta mierda?...—escuché murmurar detrás
de mí a alguien con acento asturiano y bastante mala hostia.
Me giré y alcancé a ver a un hombrecito disfrazado de
Monstruo de las Galletas con un enorme trabuco entre las piernas (que era del
monstruo, no suyo, lo sé porque era azul…) y, contenta a pesar de la inquietud
que los últimos hechos me producían, le dije en voz baja:
--¡Ey, Masu! Qué disfraz tan currado, tío…
--Sí, esto…ejem, ¿cómo sabías que era yo?
--Tratabas de pasar desapercibido eh…
--Bueno, bueno…no lo digas muy alto que te ensarto…--añadió,
mostrándome con un movimiento de caderas su monstruoso miembro viril.
--Joder, qué bestia eres…
Poco más pude añadir pues la televisión, contra todo
pronóstico, lejos de caerse a trozos se encendió y comenzó a ofrecernos un
capítulo de Los Pitufos con la música de fondo de Marilyn Mason. Evidentemente,
el que preparó el vídeo estaba mal de la cabeza, pensé…
La imagen de los pequeños enanitos azules fue sustituida de
pronto por la de un hombre enmascarado vestido de negro que llevaba un látigo
repujado en la mano.
--Queridos hijos de puta—comenzó a decir el hombre ante
nuestro asombro, con un tono de voz como de risa contenida—siento interrumpir
esta maravillosa fiesta para darles una triste noticia…
En ese momento, comenzaron a oírse estruendos por doquier, y
me giré a tiempo para ver como las grandes puertas de doble hoja que daban a la
sala se cerraban con un sonoro portazo.
--Sí, cabrones—asintió el perverso hombre enmascarado desde
el televisor—desde ahora se cierran todas las puertas, y nadie podrá salir de
aquí…al menos hasta que os den a todos por el culo…
Miré espantada hacia donde estaba Moonlight, pero ésta había
desaparecido misteriosamente de mi lado.
--Hay una bomba de relojería instalada en los cimientos del
palacio…--continuó explicando el hombre. Aunque la máscara negra tapaba su cara,
por su tono de voz se sabía que no había dejado de sonreír—cuyo mecanismo
desactivaré yo mismo a las seis de la mañana, siempre y cuando "El
Calavera" me deje plenamente satisfecho…si no lo hace, tened por seguro
que saldremos todos por los aires, incluido yo, que aparte de ser un cabronazo
retorcido estoy como un puto cencerro…
¡Dios mío! ¡¡una bomba!! El pánico comenzó a cebarse entre
los asistentes más crédulos, que miraban a su alrededor con ojos de borreguitas
amedrentadas.
¿Sería cierto lo que decía el enmascarado? ¿Una bomba en el
palacio? ¡Santo dios! Y a todo esto… ¿quién coño era "el Calavera"?
--El Calavera…--prosiguió el misterioso hombre de la tele,
como si hubiera oído mis pensamientos—es la persona a la que en el reparto de
las cartas de las invitaciones le tocó un naipe especial, distinto a los demás:
el emblema de los piratas, la calavera blanca bajo la cual se cruzan dos tibias.
El Calavera está entre ustedes, y de él depende que salgamos vivos o no de esta…
No pude evitar una carcajada nerviosa. Siempre me da la risa
en momentos de tensión, me pasa hasta en los entierros, es una desgracia
horrible. Y a todo esto ¿Qué historia no estaba contando el tío ese? Me entraron
unas ganas terribles de salir pitando, y el pensar que las puertas estaban
cerradas me hizo marearme de pura angustia. Hubiera corrido hacia ellas para
comprobar que todo aquello era una broma absurda pero sabía que, de encontrarlas
cerradas, el pánico crecería en mí a la velocidad de la luz.
--El Calavera ha sido designado de manera aleatoria. En
realidad cualquiera de ustedes hubiera resultado capacitado para la misión que
le compete, por eso tuve que dejarle la elección a la diosa Fortuna. La misión
de El Calavera no es otra que encular a todos los invitados que pueda, desde
este momento hasta las seis de la mañana. Debe sodomizar a todo aquello que se
le ponga por delante y tratar de no ser descubierto…por lo que le aconsejo que
piense en una manera de silenciar a sus víctimas conforme vaya actuando. Hay
cámaras instaladas por todo el palacio así que podré divertirme en secreto con
cada porculización…de la misma manera que, si el Calavera no actúa, lo sabré y
no detendré el mecanismo de la bomba.
El horrible personaje hizo una pausa antes de continuar.
--Yo creo que está todo bastante claro—dijo al fin. La
audiencia no podía despegar los ojos de la pantalla del televisor—así que sin
más explicación… ¡qué continúe la fiesta!...espero que os divirtáis…
Y tras una estentórea carcajada, el televisor se apagó.
--Joder tronco, la puta, qué fuerte—le dije a Masu
dándole un codazo, sin poder evitar mi lenguaje barriobajero—o sea que esta
noche nos van a dar por culo sí o sí…
Masu había palidecido ostensiblemente debajo de su disfraz de
Triki. Resultaba hasta tierno verlo a punto de vomitar dentro de la sonrisa
entrañable del monstruo…
--Sí…pero bien, además—masculló. Y sin querer decirme más,
dejándome con la palabra en la boca el muy cabrito, se fue corriendo hacia el
rincón más oscuro de la sala como si el Calavera fuera yo misma y estuviera a
punto de colocarme un arnés…
Y no hace falta que haga el inciso pertinente para decir que
el Calavera, evidentemente, no era yo…me había tocado el tres de picas, el puto
tres de picas, ¿recuerdan?...yo era una jodida víctima…y tan jodida. Mierda.
Maldije para mis adentros y me lancé al centro de la
pista para compartir mi pánico con el de los demás.
"Las huestes de don Rodrigo desmallaban y huían" comienza una
conocida canción popular del grupo Parchís, si mi memoria no me falla…pues justo
en eso se había convertido el salón: en un campo de batalla donde la gente
corría sin dirección más pedo que Alfredo y los cuerpos caían al suelo siendo
pisoteados por estampidas que a su vez volvían a tropezar…estampidas enteras, lo
juro.
Sí, amigos, aquella sala era el mismísimo infierno. Hay gente
que le gusta que le den por el culo—esos estaban tranquilos, formando una
pequeña minoría sonriente—pero el resto huían despavoridos y lanzaban miradas de
auténtico terror a derecha e izquierda. Parecía la escenificación de aquel
slogan de "no se fíe de nadie…puede que sean…¡¡la cosa!!"
Conservando mi copa aún intacta en la mano—no estaba ni está
la vida como para andar desperdiciando—y aparentando frialdad busqué con la
mirada a mi amiga Maicoy, pero no la encontré. Tampoco aparecía TaqPol. Y de
Masu y Sobi ni rastro…
Como no sabía a quién acudir, me lancé desesperada a por un
desconocido que parecía extrañamente tranquilo entre la masa humana, o al menos
no tan alterado como los demás. Recuerdo que llevaba una máscara; una tan grande
que podría sacarse un moco con una caña de pescar sin que nadie se diera cuenta,
llamativa, muy fiestera, con cucuruchos y plumas por todas partes. Por supuesto
no se le veía la cara.
Para abordarle utilicé mi arma salvadora más mortífera: la
verborrea. Es acojonante, como un ataque pokemon…¡¡DarkSilver, ataque diarrea
mental!! Oh no, ¡mierda!,¡¡¡ ha usado "Verborrea"!!!
--Jo tú, qué fuerte—le dije al desconocido, ansiando que me
contagiara un poco de su serenidad—la comida de aquí es una mierda.
Reconozco que le dije una gilipollez pero era un poco por
entrar en materia. Ya saben…¡¡ataque verborrea!!
--Psé—contestó el enmascarado mientras la marabunta
corría—mientras no pongan caramales…
--¿caramales?—joder, había dado con el más colgao, no cabía
duda.
--caramales, caramales, caramales…--repitió el
desconocido--¡yo odio los caramales!
--Pero joder tío, que nos van a dar por culo…
--Ya…--el enmascarado asumía la circunstancia con total
resignación, aparentemente—hombre, podría ser peor…
--Sí, eso es verdad…por cierto, ¿quién eres tú?
--Me llamo Argonauta, pero puedes llamarme Argo.
--Argo como…¿"dame argo"?…--pregunté por hacerme una idea
--Exacto—escuché como sonreía debajo de su máscara.
Inmediatamente me di cuenta de que era aficionado a hacer el gilipollas con las
palabras, igual que yo, pero en cualquier caso en aquel momento no había tiempo
para hacer un campeonato de chorradas.
--Oye Argo…tú no serás el Calavera y por eso estás tan
tranquilo, ¿verdad?
El aludido se tronchó de risa.
--No, por favor, ya me gustaría…
--serás desgraciao…
Braceando entre la multitud, distinguí entonces el
arrebolado rostro de mi bella amiga Maicoy, boqueando para cruzar aquel océano
de carne revuelta. Justo detrás de ella venía TaqPol, disfrazado de chiquito de
la calzada con una insignia en el pecho en la que se leía "El conde mor, no
puedor".
--Ay, madre mía—sollozaba Maicoy echándose las manos a la
cabeza—jamás debimos haber venido aquí…
TaqPol sonreía frotándose las manos maliciosamente.
--Bueno…yo no soy el Calavera pero…creo yo que llegados a
este punto deberíamos practicar…
Maicoy le arreó una hostia que Taq esquivó hábilmente.
--Tía, Dark—me apremió mi amiga—tengo un problema enorme…
--Todos lo tenemos, Mai, querida…
--No tía…si es que me estoy meando—urgió la pobre—y me
da miedo ahora ir al cuarto de baño sola…
Qué desastre.
--Bueno tía, tranqui—le dije—yo te acompaño…
Maicoy me miró a los ojos con un temor palpable como la
niebla más densa.
--Dark, por favor, júrame por tus vivos y tus muertos que no
eres el puto Calavera…
--Te lo juro Maicoy –le aseguré--que si lo fuera ya te
habrías enterado…
--Total tienes dos opciones—sentenció el analítico
Argonauta—o te vas al baño con Dark, o te meas en la maceta…tú verás…
--La maceta, la maceta…--dijo al instante Maicoy, buscando
con los ojos cualquier cosa en forma de cubo.
--No, no…a ver—traté de encauzar la situación—vamos a
tranquilizarnos. Maikoy, yo no soy el Calavera y tú tampoco…--le dije—así que te
acompañaré a mear, joder. Y por si acaso nos quieren perforar la retaguardia,
este par viene con nosotras…de guardaespaldas…
Me refería, evidentemente, a Argo y a Taq Pol…
--Pero…--dijo mi amiga—y si ellos son…y si uno de ellos es…
--Pues le damos un rodillazo en los huevos y listo.
Nos acercamos como pudimos hasta el baño, nos costó la de
dios. Cuando por fin alcanzamos la ansiada penumbra de los retretes,
oímos, dentro del cuarto de baño de las mujeres, un lamento agónico.
--¡Dios! El calavera ha actuado…
--¡¡Corramos en ayuda del pobre desgraciado!!
--Igual es alguien que está estreñido…
No sé cómo, pero acabamos metidos en aquel cuarto de baño
enano los cuatro (Maicoy, Argo, TaqPol y servidora) junto con cuatro pecientas
mil personas más que ni puta idea de cómo habían llegado hasta allí. Sólo puedo
decir que en dos minutos se lió la de san quintín y que reinaba la histeria más
absoluta entre la grey de bestias en la que nos habíamos convertido…
En medio de aquella sangrienta anarquía, Vieri –vestido de
futbolista de yo qué sé qué equipo—le atizó con saña a la única lámpara que
había en el techo…
--¡Joder! Ahora no se ve una puta mierda…
Caímos todos unos encima de otros en medio de la oscuridad y
de un mar de cristales rotos y grifos abiertos…
--Vieri, cabrón, creo que me has pisado un huevo…
--Ah joder…yo creía que era el rabo de Perritillo…
--Jajajajaja…
--¡¡cagüenmismuelas!! Y encima se ríe…
La confusión empezó a provocar que la gente se volviera loca.
El fantasma de la paranoia era dueño de todos nosotros…
--¿Pero quién hay detrás de mí?
--Soy yo, la gatita…
--¿pero qué gatita?, ¡que hay cientos, joder! ¿La colorada,
la del patinete o la Karabo?
--Una gatita ni de coña, porque esto que estoy tocando
aquí es un rabo del quince…
Parecía la parodia gore de una orgía en un cuarto oscuro.
Nadie sabía lo que tocaba, aprisionaba, pisoteaba u hostiaba. Joder, menudo
picatoste.
--¡¡¡Hijos de puta, quién me está dando por el
culo!!!—la inconfundible voz de Masu desgarró la oscuridad, a la par que se
desgarraba su ojete.
¡La leche puta! Comprendí que el Calavera estaba actuando con
plena impunidad…y que Masu no iba a ser el único en sufrir las consecuencias…
La cuestión era apretar el culo y salir de allí como
fuera…pero claro, yo, que me pierdo en mi propia casa, como para ponerme a
buscar la jodida puerta de salida…
En fin. La apoteosis de todo esto fue espectacular, digna de
la versión extendida del señor de los anillos con banda sonora de Barón Rojo.
Nos taladraron a todos, a todos sin excepción…
Jejejej…salvo al Calavera, claro. Y a estas alturas os
preguntaréis con aprensión quien era el cabrón que se puso las botas a costa de
porculizar a la gente…
Pues bien, no lo vais a creer.
Pocos días después, tomando unas cervezas con algunos
compatriotas y visitantes a la capital, miembros todos de TR, todavía flotaba la
incertidumbre entre nosotros…y entonces, y solo entonces se descubrió el burdo
embuste de toda esta orgía forzosa.
--A ver, no me jodas tía—decía Sobi dirigiéndose a una
atónita Moonlight—tú ibas vestida de pirata, a quién quieres engañar…
--¿¿Estás insinuando que el Calavera era yo, con una polla de
plástico??
--Hombre uno de nosotros tuvo que ser…
Y entonces, la voz de un conocido amigo emergió tímidamente
de entre las sombras del bar.
--Bueno…al menos os salvé de una bomba, cabrones…
Nos volvimos todos para ver quién había osado hablar…y no
dimos crédito cuando descubrimos que aquellas palabras habían procedido de la
boca de Masulillo, el genio diabólico de TR.
--¡Oh, mierda!—gritó Aicha sin poderse contener—está
trastornado…si fue a él al primero que dieron por el culo, yo le ví…
--No, idiotas—sonrió Masu, mostrando un as en la manga con
dos tibias cruzadas bajo una calavera—nadie me vio, sólo me oísteis…el grito de
socorro falso me sirvió para llegar a vuestros culos sin levantar la más mínima
sospecha…
Jode la que le dimos al Masu. Todavía se está recuperando en
la unidad de cuidados intensivos de un hospital de Noruega.
Y ahora por favor, queridos lectores…
Esto no es una leyenda urbana cualquiera, de esas que son un
fraude. Esto es una historia verídica. Por favor…si reciben ustedes una
invitación sospechosa a una fiesta de autores y usuarios de TR, con bebida y
pitanza gratis…¡¡No la acepten!!...¡¡rechácenla aunque sea lo último que hagan!!
Su integridad está en juego…la vida jamás volverá a ser como antes después de
una experiencia semejante.
Dedicado a Masu para lo que él ya sabe y al resto de
amigos/amigas de TR,
Dark.