Aunque no llegamos a casarnos, mi vida con Eduardo era prácticamente
matrimonial. Nos fuimos a vivir juntos después de tres años de novios a una casa
que tenían sus padres por el centro. Yo estaba encantada con la idea de salir de
mi casa y sobre todo de vivir con él pues estábamos realmente bien.
Con el tiempo y la convivencia nuestra vida se fue haciendo más monótona y
rutinaria pero no por ello menos feliz. Es más, creo que con el tiempo cada vez
estaba más a gusto con Eduardo.
Mi nombre es María Clara y con veinticuatro años ya llevaba tres fuera de mi
casa con el que llamaba mi marido. No quiero entrar en describirme demasiado, no
creo que sea lo más importante. Sólo indicar que no soy para nada fea ni estoy
gorda, soy una chica media con su punto atractivo y mis atributos muy bien
puestos, que la naturaleza ha puesto su parte y yo la mía.
Lo que quebraría mi felicidad sería el descubrimiento de unos CDs que tenía
Eduardo ocultos en un armario. Fue con una de esas limpiezas que se me ocurre
hacer de vez en cuando, el caso es que me puse a ordenar y me extraño
encontrarme los discos ahí. Supuse que algo tenía que ocultar así que decidí
consultar lo que tenían.
Los videos eran películas pornográficas. Mi primera reacción fue de enfado.
Los quité tras comprobar que eran tres películas y las tres pornográficas. Me
enfadé mucho porque mi vida con él en lo que a las experiencias sexuales se
refiere era muy satisfactoria, de vez en cuando teníamos días en que lo hacíamos
casi de seguido y raro era que pasara mucho sin que nos acostáramos.
Me preparé para echarle la bronca por tener algo así pero luego me di cuenta
de que no serviría para mucho y que cambiaría esas películas por otras. ¿Qué
esperaba ver en ellas para preferirlas al sexo de verdad?
A pesar de tener muchas ganas, me contuve y lo dejé estar, hice como si nada
y dejé las películas donde las había encontrado. Sin embargo al día siguiente,
en un rato que paso en casa por las mañanas yo sola, pues salgo a trabajar más
tarde que él, decidí echarles un vistazo.
La primera película era como todas las pornográficas, sexo sin ningún
argumento. Aquello me parecía aburrido y sin nada que interesara, bueno, supongo
que para los hombres sería diferente. La segunda película parecía igual pero me
sorprendió que las escenas eran mucho más violentas, los hombres eran muy
agresivos con las mujeres y sobre todas las cosas hacían algo que nunca había
imaginado ver, que era ver cómo las penetraban por el culito.
Me pareció algo aterrador, animal, brutal. Las mujeres no jadeaban,
directamente gritaban y a los hombres lejos de molestarles, parecía gustarle aún
más. La escena me turbó tanto que tuve que interrumpir el video, fue un choque
por completo para mi.
A pesar de que teníamos relaciones muy imaginativas y activas, nunca se había
planteado hacer algo así. Y después de verlo, entiendo que eso quede totalmente
fuera de mis planes. Tampoco Eduardo había siquiera sugerido la idea, si acaso
alguna vez pero en plan broma, sin insistir lo más mínimo. ¿Cómo podía querer
ver algo así?
De nuevo no lo hablé con él y por un tiempo me olvidé el asunto, pero pasados
unos días tuve curiosidad por continuar viendo la película. En cierto modo me
sentía más preparada.
Esperé a un día en que Eduardo tuviera mucho trabajo y me coloqué los
auriculares para oir porque la vez anterior los gritos me parecieron tan
estentóreos que tuve miedo de que los vecinos oyeran algo. Estaba a mis anchas
en casa y me dispuse a ver la película.
Me sorprendió a mi misma el que ya no lo viera como algo tan crudo. La mujer
gritaba pero era como una especie de jadeo propio de la dureza de recibir algo
tan grande por el lugar menos preparado. Algo que realmente me impactó, una vez
fui capaz de ver algo más, es cómo los hombres no sólo eran capaces de
introducir toda su polla en ese agujero tan estrecho, estando tan bien dotados
como estaban, sino que una vez estaban así le pedían más y más a las mujeres.
Recuerdo de uno que le agarraba a la chica del cabello y lo tiraba como hacia
atrás, en una respuesta intuitiva esta tenía que echar la cabeza hacia atrás y
supongo que recibir ese trozo de carne mucho más adentro de su cuerpo. Este tipo
de escenas eran muy habituales. En otras además de tener a la mujer literalmente
ensartada, el hombre le daba de azotes en las nalgas, que bastante sufridas
estaban ya.
Me cuesta entender todo lo que sucedió después. Por un lado veía que Eduardo
tenía un lado oscuro, había cosas que le gustaban y que no hacía conmigo. Ni
siquiera lo intentaba. Di por hecho que seguramente eran fantasías que había
llevado a cabo con otras mujeres, tal vez prostitutas. Me sentí decepcionada
como mujer, y frustrada de que no pudiera conseguir conmigo todo lo que deseara.
Al mismo tiempo entreví que había un mundo de sensaciones que desconocía. Al
final de forma salteada acabé viendo esas películas varias veces y no sé todavía
como, empecé a sentir deseo, placer y una forma de envidia de las actrices
cuando las observaba.
El que fueran capaces de darle todo a esos rudos caballeros y estos no solo
no lo agradecieran con un poco de caricias, sino que fueran más bruscos, más
salvajes, comenzaba a parecerme de lo más sexual.
Me hubiera gustado que Eduardo fuera así conmigo, pero resultaba imposible.
No sé cómo fue pero las películas obraron un cambio en mi forma de ser. Ahora
deseaba un sexo más activo, en que los hombres fueran más hombres y quisieran
más de mi. Aunque nuestra relación era hasta entonces feliz, empecé a sentirla
como anodina.
Pensaba que si conseguía que Eduardo explorara ese lado oculto, podría salvar
nuestro matrimonio. Pero era algo que tendría que surgir de forma espontánea en
él. A veces me quedaba más tiempo de espaldas a él y le sugería con mis
movimientos que me podría penetrar por detrás. Quizás por mi educación nunca me
atreví a sugerírselo abiertamente. De él no salía ninguna propuesta. Era algo
imposible.
Veía mi especie de matrimonio con él como algo roto. Cualquier pelea podría
terminar con nosotros. Empecé a pensar en otros hombres, aunque me parecía algo
enfermizo, no sería jamás capaz de engañar a Eduardo y menos buscando algo así.
Pero me gustaba la idea de provocar a ese tipo de hombres, tan machos. Era
una fantasía morbosa que se apoderaba de mi. No tenía a quién contársela y era
algo que me recomía por dentro. Se me ocurrió un día, cuando vendría el casero a
cobrar la renta, que podría hacer algo. El casero era un hombre gordo, mal
encarado. Se comportaba como si le hiciéramos un favor alquilando el
apartamento.
Pero me recordaba a uno de los actores de esa película tan brusca que había
visto. Era una idea loca, pasaban los meses y todo se quedaba en mi cabeza.
Hasta que en una ocasión lo recibí totalmente preparada. Me vestí con una blusa
muy justita y una minifalda. Los tacones no podían faltar y me pinté como para
salir por la noche. Debajo de la minifalda, que era tan corta que nunca había
salido a la calle con ella puesta, llevaba un tanga de hilo dental.
Fue algo loco, lo deseé más que lo pensé. Al final ocurrió. Le abrí así a mi
casero y os puedo asegurar que se fijó en mí. Lo atendí como en anteriores
ocasiones, sólo que aquí en vez de tenerle el dinero preparado como siempre le
abrí y le dije que iba a mi habitación a por el dinero. Quería que viera el
contoneo de mi trasero realzado con los taconazos. Que intuyera el tanga bajo la
minifalda.
Pero sobre todo quería que sacara a ese monstruo que había observado en las
películas. Al final no pasó nada, salvo el descaro con el que me miró todo el
tiempo. Pero pasé días recordando la escena, fantaseando con lo que podía haber
sucedido y masturbándome deliciosamente con la fantasía.
Eran imágenes tan sucias que hasta creo que esta página las podría censurar.
En todas ellas yo acababa tirada de espaldas y ese bruto penetrándome con un
aparato tremendo, haciéndome gritar y berrear de dolor pero también de placer y
sumisión.
Una fantasía por ejemplo me traía de vuelta con el dinero del alquiler y ese
asqueroso tripón me decía:
- Qué falda tan seductora tienes Clara, nunca antes te la había visto.
- ¿Sí, le gusta?
- Claro que me gusta, te hace un culo de lo más interesante.
- No diga esas cosas.
- ¿Qué no tienes un buen trasero, o qué? - Decía él.
- Bueno, si usted lo dice.
- Y ha de ser bien durito al tacto.
- Por amor de Dios, que está diciendo!
Pero el casero entraba en la casa y cerraba la puerta tras de sí y me pedía
que le dejara tocárselo. Yo me resistía pero al final cedía a sus presiones. En
cuanto notaba que no llevaba más que un simple tanga me decía.
- Eres bien puta, me recibes con esa falda y un tanga que ni te tapa el culo,
no me negarás que lo hiciste para calentarme.
- No, ni mucho menos, y ahora márchese de mi casa o tendré que llamar a mi
marido.
Pero no, me volteaba en la cama y entre sobresaltada y excitada me dejaba
llevar, el bruto se echaba con todo su peso sobre mi y empezaba a besarme
pegajosamente por el cuello bajando por todo mi cuerpo. Casi me arranca la blusa
de la forma tan ruda que empleó para desnudarme. Me dejó sólo con la falda,
quitándome la tanguita.
Metió sus dedos en mi chochito y lo notó tremendamente húmedo, en realidad
estaba tan cachonda que casi me corría en el momento en que me daba la vuelta y
me tiraba sobre la cama.
- Estás tan mojada, andas necesitada de un buen rabo, vaya que sí.
A partir de ahí le dejaba a su voluntad, sin siquiera protestar. Se desnudó
mostrando una polla grande, larga y gruesa y descuidada toda llena de pelos,
algo atractivo a la vez que repugnante. Sin muchas florituras me la metía
dentro, yo estaba tan mojada que no sentí ningún dolor, todo lo más pegué un
gritito por el susto.
Conforme me la metía bien adentro y decía todo tipo de obscenidades, me daba
miedo y le pedía que por favor la sacara, que no lo hiciera sin protección. Él
se negaba y eso ya no me gustó nada. Entonces le propuse que le dejaría terminar
a gusto si lo hacía por mi culito que era virgen.
El viejo fue oír eso y sacarla de golpe, encantado con la idea. Me
tranquilizó mucho saber que aceptó mi propuesta, al fin y al cabo era mi
fantasía.
Me volteó completamente. Me escupió en el culo y empezó a meterme los dedos,
que mojaba en mi chochito totalmente chorreante por la excitación. Se notaba que
sabía lo que hacía porque aunque lentamente, poco a poco empezó a dilatarse.
Estaba nerviosa pero a la vez ansiosa. Note como el capullo se reposaba en el
agujero entre abierto de mi culo, como me cogía por la cintura, y como poco a
poco empujaba para dentro. Muy lentamente iba penetrándome y sentía como me
abría toda por dentro. Era un dolor intenso y muy molesto pero también una
sensación de enorme lujuria y morbo que me causaba mayor excitación. Él me
separaba las nalgas con su mano para ayudarse y que entrase toda. Estaba
completamente penetrada, y aun quería más. Empezó a sacarla y a meterla, poco a
poco, haciéndome disfrutar y notando sus movimientos dentro de mí. Poco a poco
subía de ritmo, cada vez era más rápido y más rápido.
Yo no podía gritar porque tenía las sábanas dentro de la boca, para evitarlo.
Pero si lo hubiera hecho, además de alertar a todos los vecinos, una mezcla de
jadeo y la loca llamada para que me diera más hubiera salido entre el dolor.
Cada vez que soltaba un chillido, atenuado por la mordaza improvisada, el
viejo empujaba más adentro y me decía alguna obscenidad. Aquello duraba horas y
nunca tenía suficiente.
Al final, antes de terminar, la sacó de mi culo. Aquello me extrañó. Me
despejé la boca y le pregunté qué le pasaba.
- Nada, que quiero que me pidas tú misma que te de por el culo como a una
vulgar ramera.
Tuve que hacer todo tipo de propuestas a cual más humillante hasta
que accedió a metérmela de nuevo. Esta vez me dijo que nada de taparse la boca,
que como cerda que era quería oírme berrear.
Fue algo totalmente animal, abusó de mi por completo y cuando terminó sus
embestidas eran tan fuertes que pensaba que acabaría con mi vida. Anunció su
corrida con dos sonoras palmadas que me dio en las nalgas, a modo de
preparación.
Al acabar se marchó de mi casa y me tiró un billete de los que le había dado
para el pago del alquiler, para dejarme sucia como a una vulgar puta.
El caso es que esto no llegó a ocurrir, se quedó en fantasía. Pero me
imaginaba mil diabluras. Poco a poco mi relación con Eduardo acabó debilitándose
hasta que cada uno por un lado, acabamos lo que tan felices habíamos iniciado.
Nunca me atreví a decirle la causa que, por mi parte, lo había iniciado todo.
Luego pasé algún tiempo sola. Pensé que podría encontrar a un hombre que me
desvirgara por detrás, que me hiciera sentir todo lo que ansiaba, pero no
resulto tan sencillo. Cuando quedaba con alguno y acabábamos teniendo sexo,
nunca surgía la posibilidad. Yo nunca me atrevería a proponer algo así, eso
tiene que decirlo el hombre y más que pedirlo como un favor, tiene que hacerlo
con algo de autoridad y seguridad.
Pensé que sería algo que había en mi, tal vez mi cuerpo no les resultaba
atractivo para hacerlo por detrás. Estuve consultando en foros y al final llegué
a la conclusión de que tenía que fortalecer mis nalgas, hice muchos ejercicios
de gimnasio hasta tener un culito realmente duro y apetecible, mis nalgas además
se volvieron mucho más redondeadas y prominentes.
Pero no sé por qué, sin ningún éxito. Sigo con mi culito virgen, deseosa de
encontrar a ese hombre que sepa domarme y darme lo que tanto ansío. Ese hombre
que me anuncie "hoy te voy a desvirgar el culito".