Mamá follándose
Me encontré a mamá follándose y vestida para la ocasión. Me
quedé fascinado y no pude reaccionar hasta que la vi correrse inmersa en las
convulsiones del orgasmo.
Este relato sucedió en Madrid, exactamente el día 22 de mayo
de 2.009 sobre las once de la noche. Quienes vivan en ésta ciudad recordarán que
ese día presagiaba tormenta y que al anochecer llegaron los relámpagos, después
los truenos y finalmente el viento huracanado y la lluvia torrencial.
Esa noche tenía intención de salir de copas, pero al salir
con el coche a la calle, un trueno ensordecedor me hizo retroceder y regresar a
casa de donde había salido tan sólo hacía unos minutos. Al regresar a casa me
encontré una escena que realmente me fascinó y me dejó atrapado: Mi madre
tumbada en el sillón del salón, vestida sólo con ropa intima, jaleándose a si
misma, gimiendo de placer y follándose con tanta intensidad como nunca antes
había visto a nadie hacerlo.
Hola, soy Paco, tengo 22 años, estudiante en la Universidad
Complutense de Madrid, vivo en casa de mis padres, donde viven mis padres y mi
hermana, dos años menor que yo. Mi padre es celador en un gran hospital de
Madrid y mi madre trabaja en un supermercado. Ambos tienen 45 años y ese día mi
padre estaba de guardia en el hospital, mi hermana pasando el fin de semana con
el novio en un pueblo cercano a Madrid y mi madre y yo solos en casa, pero no
por mucho tiempo, pues mi madre llegó a casa como a eso de la 10 de la noche y
yo tenía pensado salir de copas esa misma noche como a eso de las 11.
Luisa, mi madre, venía rendida del trabajo y nada más llegar
a casa se quitó la ropa, se quedó en bata y se sentó en un sillón del salón para
ver la televisión. Nada anormal, aunque si quieren que les diga, me extrañó
verla con unas medias negras puestas. La verdad es que me dieron ganas de
preguntarla, pero no hice más caso y casi una hora después me despedí de Luisa y
bajaba las escaleras que llevan al garaje de la casa, con la intención de coger
el coche y salir a pasar la noche de copas con los amigos.
Al salir a la calle un relámpago y un trueno ensordecedor me
hicieron parar el coche y mirar hacia el cielo. Los relámpagos se sucedían y los
truenos cada vez se sentían más cercanos, recapacité durante unos segundos y me
di media vuelta para regresar a casa. La noche no estaba para hacer tonterías y
al día siguiente había quedado con un amigo para echarnos un partido de tenis.
Me quedaría con mamá viendo la televisión.
La casa de mis padres esta situada en una colonia de
chalecitos cerca de la M-30. Tiene 3 plantas: un semisótano donde se encuentra
el garaje, una entreplanta donde hay un comedor, un baño y la cocina y una
segunda planta donde hay cuatro dormitorios y dos baños. Utilizamos sólo tres
dormitorios y el otro lo tenemos acondicionado como salita de estar y ahí es
donde me encontré a mamá follándose.
No lo hice a propósito, pero no hice ruido al entrar a casa
desde el sótano, bueno, quizás si que lo hice a propósito, pero era para no
despertar a mamá por si se hubiera quedado dormida, pero el caso es que hice
intención de entrar en la salita aunque me quedé paralizado en la puerta al ver
la escena: mamá estaba en bragas y sujetador, sentada en un sofá, mirando la
televisión donde tenía puesta una película pornográfica y se esta haciendo una
paja de manera frenética.
Al verla tan concentrada quedé automáticamente atrapado. Ni
entré ni salí de la salita, pero lo que sí hice fue recrearme en la escena que
ahí dentro se estaba produciendo: Mamá llevaba puesto un conjunto de braga y
sujetador negros ambos, unas medias negras de fantasía, las mismas que le vi
cuando salió con la bata después de desnudarse, un liguero negro con ribetes
rojos que le sujetaban las medias y unos zapatos rojos de finísimo tacón.
Las braguitas de mamá estaban un poquito bajadas y su
chochito lucia una bellísima mata de pelo negro, liso y suave al menos en
apariencia. Sus piernas estaban arqueadas y sus pies apoyados sobre el suelo con
los tacones clavados como agujas en la moqueta gris perla de la salita de estar.
Tenía puesto el sujetador, pero no sujetaba nada, sus tetas brincaban sueltas
sobre su pecho al ritmo que infringían sus dedos índice y corazón sobre la
comisura de los labios superiores de su chochito.
Su cuerpo estaba en tensión, sus ojos medio abiertos, medio
cerrados, clavados en las escenas que proyectaba la película sobre la pantalla
de la televisión, sus manos una en su entrepierna y otra sobre sus tetas, ambas
acariciando con vigor sus tetitas y su chochito, y su cara, rígida, tirante,
tensionada al máximo, transmitía la intensidad del momento, aunque si quieren
que les diga, lo que mejor transmitía la grandiosidad de lo que allí estaba
aconteciendo era el monologo que Luisa, mi madre, se traía consigo misma.
-Me estoy follando- balbuceaba nerviosa y agitada.
-Nadie me folla como me follo yo misma- se decía entre jadeos
mientras su respiración se agitaba más y más y las caricias de sus dedos se
hacían más intensas y precisas a lo largo de los labios superiores de su
mojadísimo chochito.
Luisa abría los ojos de vez en cuando y se quedaba mirando
las escenas cargadas de erotismo que se sucedían en la televisión. Tres hombres
jóvenes se estaban follando a una mujer madura. Mama los incitaba, los animaba a
que se la follasen, aunque más bien parecía que lo que quería es que saliesen de
la pantalla y se la follasen a ella.
-Mirar, mirar lo buena que estoy, ¿no me queréis follar?- les
decía y les preguntaba a la vez que intensificaba las caricias de sus dedos
dentro del chumino.
-¿Quién me quiere joder? Les preguntaba a los protagonistas
pero de inmediato se contestaba a si misma: yo me quiero joder, yo me estoy
jodiendo, nadie me jode como yo me jodo... tomaba aliento, respiraba con
profundidad y terminaba esclarecedora y contundente: me estoy jodiendo.
Los relámpagos se sucedían e iluminaban la estancia, los
truenos apenas acallaban los aullidos de placer de Luisa, la lluvia golpeaba con
fuerza sobre los ventanales de la salita y el aire, casi huracanado, hacia
doblarse hasta limites insospechados el magnolio del jardín de la casa, aunque
las fuerzas de la naturaleza quedaban muy menguadas comparadas con el forcejeo
sexual que mamá se estaba prodigando a si misma.
La respiración de Luisa cada vez se hacía más intensa y sus
comentarios más explícitos:
-Jódete jefe, jódete que aún no me has jodido, me joderas
cuando yo quiera que me jodas, no cuando tu quieras joderme, me joderas cuando
la guarra de tu mujer se arrastre a mis pies y me pida perdón por decir que
parezco una puta. No, no parezco una puta, soy la puta que tu marido se quiere
joder y soy la puta que se joderá a tu marido cuando quiera y donde quiera.
Joderos, joderos los dos, a mi nadie me jode, me jodo yo misma, que soy la que
mejor se jode.
-Jódete maridito, jódete que siempre estas babeando y mirando
a mi hermana con ojos de sátiro, jódete que su marido ya me ha jodido y tu aún
estas babeando tras sus bragas, jódete que su marido ya me ha comido mis bragas
y me ha jodido cuanto ha querido, jódete que mientras tu babeas mirando a otras
yo me jodo a sus maridos, jódete, que tú no sabes joderme como yo me jodo-
Ahora en la televisión los chicos le estaban dando por culo a
la señora madura, ella les recibía entre sus nalgas cariacontecida, una mezcla
de placer y suave dolor. Las escenas eran harto elocuentes: la señora a cuatro
patas y los chicos, uno enculándola, otro ofreciéndole su polla para chuparla y
el otro subido encima de ella a horcajadas. Mamá, boquiabierta, se sumergía en
la escena y casi de inmediato la hacia propia:
-Me voy a dar por culo, quiero darme por culo, me gustó
cuando me dio por culo el hijo puta del vigilante del supermercado. Ese hijo
puta me dio por culo y ahora yo también me voy a dar por culo- y vi que su mano
izquierda, que hasta el momento estaba acariciando sus tetas, bajó decidida
hasta sus nalgas, buscó ansiosa su culito y se dispuso a darse por culo.
Ahora los relámpagos se espaciaban, los truenos se escuchaban
más lejanos y la lluvia decrecía, no así el furor de mamá y la osadía de sus
comentarios:
-Me estoy jodiendo y me estoy dando por culo, sólo me falta
una polla para mamarla, quiero una polla, joder, quiero una polla- gritaba entre
suplicante e imperativa.
A mi me dio un vuelco el corazón porque al mirarme me vi que
desde hacía un buen rato me estaba haciendo una paja. Por un momento se me pasó
entrar a la salita y ofrecer mi polla a mamá para que la mamara mientras ella se
follaba, pero sus siguientes comentarios me dejaron aún más confuso.
-Quieren follarme, quieren follarme pero no se atreven, cómo
me van a follar si nadie me jode mejor que yo. Soy la que mejor se jode, soy la
que mejor se da por culo- ignoro si esos comentarios iban por mí, aunque creo
que ella no me había visto, pero eso ya era irrelevante porque me estaba
corriendo viendo a mamá cómo comenzaba a dar sus primeros estertores de agonía
que hacían presagiar lo inminente de su monumental corrida.
Primero fue la cara desencajada, luego el bello de su cuerpo
electrizado, posteriormente su respirar agonizante y sus profundos jadeos,
aunque de repente aparecieron de nuevo sus comentarios más atrevidos y rotundos:
-Me estoy corriendo porque me he follado- en voz baja, para
que sólo ella se escuchara, para que sólo ella supiese lo que allí había
sucedido.
Sus estertores sacudían todo su cuerpo, sus piernas se
contraían sobre el sofá, sus tacones se deslizaban sobre la moqueta, sus dedos
índice y corazón bailaban suave sobre su clítoris, su lengua se paseaba
descarada sobre sus jugosos labios relamiéndose de gusto, y sus nalgas apretadas
mantenían retenido los dedos de la mano izquierda sobre su culito. Mamá se
estaba corriendo y tal se diría que no tenía ninguna prisa en terminar sus
orgasmos.
La tormenta ya sonaba lejana, ahora un fresco olor a tierra
mojada lo inundaba todo, bueno, no sólo a tierra mojada olía la salita, también
un denso perfume a chumino flotaba en el ambiente. Yo retrocedí en ese momento y
tan sigiloso como pude abandoné el piso, bajé hacia el garaje y volví a salir a
la calle. Creo que mi madre no me había visto espiarla mientras se follaba, lo
mejor seria dejar pasar unas horas y regresar cuando ya estuviese dormida en su
habitación. Mañana seria otro día y tiempo habría de recapacitar acerca de lo
vivido esa noche de tormenta sobre la ciudad de Madrid al comienzo del verano.
Regresé como a eso de las tres de la madrugada, una hora
temprana para lo que solía hacer. Llegué algo bebido, pero no demasiado, lo
suficiente bebido para tener ese puntito de audacia que te proporciona el
alcohol, pero insuficiente para perder el control o no ser consciente de tus
actos. Mama debía estar acostada como era natural en su habitación, la cual
estaba cerrada, aunque suponía que el cerrojo no estaría echado. Me quedé
mirando la manilla del picaporte y sopesando la oportunidad de echarle la mano y
abrir su habitación.
Suponía que me la encontraría adormilada y relajada,
satisfecha después de la corrida que se había metido. Suponía que aún
conservaría puesta las braguitas negras, el sujetador negro, las medias negras
de fantasía y el liguero con ribetes rojos. Suponía que aún estaría relamiéndose
y que su chochito aún se conservaría húmedo y receptivo, pero pronto la voz de
mamá me volvió a la realidad.
-¿Eres tú Paquito? Me preguntaba desde el interior de la
habitación.
Eché mano al picaporte, abrí la habitación y le dije: si mamá
soy yo, acabo de regresar. Ella me miró sonriente y con su mejor tono de voz me
dijo:
-Has llegado muy temprano, qué pasa no había chicas-
-No mama, hoy no había chicas, hoy sólo había mujeres y la
mejor mujer esta aquí, en esta habitación-
Ella me volvió a sonreír y yo me acerqué a su cama para
besarla, aunque no la besé en la mejilla como de costumbre, la besé en sus
labios que aún estaban calientes y húmedos. Después me dejé caer en su cama y la
abracé como nunca la había abrazado, con pasión y con deseo. Mas tarde retiré la
poca ropa que cubría su cuerpo y no la encontré tal como había imaginado, con
sus braguitas negras, con su sujetador negro, con sus medias negras y con su
liguero negro con ribetes rojos, sencillamente la encontré desnuda,
absolutamente desnuda, nada cubría su cuerpo, ninguna prenda ensalzaba la
belleza de aquel cuerpecito atractivo y sensual, ni maldita falta que hacía.
Su chochito lucia fresco y ligeramente mojado, sus tetas
firmes, sus pezones tiesos, su culito encrespado. Me subí encima de ella y como
pude me desnudé preso por la emoción del momento y por la enorme calentura que
arrastraba desde media noche. Mamá me miraba alucinada por lo que estaba
sucediendo, pero no decía nada, se dejaba hacer. Nada más metérsela y comenzar a
follarla fui yo quien comenzó un monologo harto revelador:
-He visto cómo te follabas, he visto cómo te corrías y he
oído todo lo que te decías-
Ella no decía nada pero arqueaba su culito para facilitar la
penetración, me atrapaba la polla con sus músculos vaginales y me abrazaba con
intensidad para mantenerme pegado a ella. Al cabo del rato me estaba corriendo
como lo que era, un principiante en manos de una experta mujer madura. Fue en
ese momento cuando escuché de nuevo a mamá.
-Te vi cuando salías de nuevo de casa, suponía que lo habías
estado viendo todo y te estaba esperando desnuda por si querías apagar tu
calentura-
No dijimos nada más, nos abrazamos y al día siguiente tuve
que dar un brinco de la cama de mamá porque papá estaba entrando en casa, volvía
de su trabajo. Aún no he podido hablar con ella a solas y decirla lo bien que lo
había pasado viéndola y jodiéndola, pero habría tiempo y ocasiones, no lo duden,
habrá muchas más ocasiones y las aprovecharé todas y cada una de las que se me
presenten.
Pancho Alabardero alabardero3@hotmail.com