Hola de nuevo a todos y todas. Voy a continuar de
nuevo con algunos de los relatos de mis infidelidades. Ahora ya daré un salto en
mi vida puesto que no es mi intención contar todos ya que hasta de escribir se
cansa una. He elegido para esta ocasión uno que tuve en un lugar en el que Nuria
y yo nos salimos de lo habitual, que es el lugar de gente madura donde vamos a
bailar para que no todos sean los mismos y no resulte cansado. Ya no haré
descripción física de mi ni de mi situación, de cómo soy y cómo me gusta el
sexo. Tampoco de las circunstancias que me han llevado a convertirme en una
infiel a mi esposo. Todo eso está en mis anteriores relatos, los dos con el
mismo título que este. Quienes ya me leyeron ya los saben o los conocen y
supongo los recuerdan. Si no es así, que vuelvan a leerlos. Y quienes no me han
leído, pues que lo hagan, sobre todo el primero para que puedan situarse de por
qué las circunstancias me llevaron a ser así.
Este fue una tarde en que Nuria y yo salimos, con
intención de ir como tantas otras veces al lugar de baile y nuestro territorio
habitual de "cacerías". Como era demasiado pronto, nos detuvimos en una
cafetería a tomar algo y sentándonos estuvimos un buen rato de charla.
Observamos como siempre como había algunos hombres que nos comían a miradas,
pero no hubo ninguno que se atreviera a dar el paso decisivo, como también
sucedía en la mayoría de las veces.
Al salir, como todavía íbamos muy bien de tiempo y
tampoco estábamos tan lejos, decidimos irnos un poco caminando. Al llegar a una
calle estrecha que cruzamos para acortar el camino vimos de repente un cine
porno, en el que estaban entrando hombres, alguno de los cuales nos echó una
mirada que a mí me puso húmeda sólo de verlos. A Nuria le debió de pasar lo
mismo porque agarrándome del brazo me detuvo y me dijo:
- ¿Por qué no cambiamos hoy de sitio?
No hacía falta que me explicara a qué se refería.
Enseguida capté que se estaba refiriendo al cine porno que habíamos dejado tras
nosotras. Sonreí y le dije con toda naturalidad:
- La verdad es que, aunque he visto varias veces películas porno en el
vídeo de mi casa, nunca he entrado a un cine de estos.
- ¿No has entrado a ninguno?, me preguntó ella como si no acabara de
creérselo.
- Nuria, hasta conocerte a ti, yo era una mujer normal. Primero una
jovencita normal, luego una esposa normal, después una esposa insatisfecha
pero normal y…. bueno, para qué tantos rodeos. No, nunca he entrado a uno de
estos.
- ¿Y te gustaría?, me preguntó con esa sonrisa medio pícara, medio viciosa
que sabe poner como nadie.
- Pues no sé qué decirte. Por un lado me atrae la idea de conocerlos pero
por otro lado, me los imagino así como sucios, como un sitio de mal
ambiente.
- Pero vamos a ver –me dijo ella- ¿No venimos buscando viciosos que nos
alegren el cuerpo? ¿Y dónde vamos a encontrar a más viciosos que en un sitio
así?
- Pues sí, Nuria pero…
- Vamos, vamos… Además, te diré algo. No suele haber mujeres, si hay una
aparte de nosotras ya sería mucho. Estaremos rodeadas de viciosos que no
quieren más que ver guarrerías, salidos como burros y que sólo vernos entrar
en un sitio así ya pensarán que vamos buscando guerra. Ni miraditas
necesitaremos.
- Pues no, Nuria. Pero a oscuras, tampoco creo que pudiéramos echar muchas
miraditas. En fin, vamos.
Realmente me picaba la curiosidad por ver cómo era
un cine porno. Y también me había picado Nuria con lo de viciosos salidos como
burros y con lo de que pensarían que vamos buscando guerra. El solo hecho de
pensar en hombres que me mirarían como si fuera la más zorra de las zorras sólo
por el hecho de estar en un sitio como ese, ya de por sí me excitaba.
Entramos, no sin antes ver perfectamente la mirada
de vicioso guarrón que nos echaba el tipo que vendía las entradas. Al entrar en
la sala todavía no había empezado la película y todavía había luz. Había tres
filas de asiento con dos pasillos en medio separando unas de otras y Nuria y yo
nos sentamos en la del medio.
Como ella dijo, no vi mujeres. Sólo hombres, no es
que demasiados, pues no vi que hubiera más de veinte. Pero en algo sí tenía
razón, eran veinte salidos que sólo vernos entrar nos comieron con los ojos, lo
cual, me hizo sentir muy puta y muy bien al mismo tiempo.
Tardaron unos diez minutos en apagar las luces. Aún
entraron cinco o seis hombres más, pero seguíamos siendo las únicas mujeres
allí. Y seguían las miradas de los tipos hacia nosotras. Los que estaban a una
distancia o posición con mejor visibilidad no dejaban de mirarnos, supongo que
devorando con sus ojos nuestras curvas y comiéndose con la mente nuestros muslos
expuestos a la vista con nuestras minifaldas y nuestras piernas cruzadas.
Las luces se apagaron y empezó la película. Sentí
que a pesar de todo, las miradas de muchos de los hombres hacia nosotras
seguían. La película no tenía nada de particular. Era una de esas clásicas
películas porno sin tema ni guión que a los cinco minutos de película con
cualquier disculpa ya están follando.
No tardaron mucho. No es como en el sitio de baile
que los hombres tardan más en decidirse a venir. Supongo que en un cine porno,
dos mujeres solas y juntas, los hombres deben pensar que van buscando que les
den buena caña, así que, no tardó mucho en venirse el primero para donde
nosotras y sentarse a la derecha de Nuria. En la oscuridad, no pude ver muy bien
como era. Tendría que haber echado mi cabeza hacia delante y haber mirado
descaradamente pero no lo hice porque no era algo que me preocupara. Estaba al
lado de Nuria y por tanto, era Nuria la que tenía que examinar el material.
Unos cinco minutos después, quizá alguno más, vi
que el tipo había puesto su brazo rodeando el cuello de Nuria con su mano
descansando sobre su hombro. Nuria no perdió el tiempo y vi como se giraba hacia
él y le decía algo al oído. No sé lo que le diría pero debió de ser algo eficaz
porque menos de medio minuto después, el tipo estaba besándola y dándole lengua
con ganas.
Continué viendo la película. Bueno, mejor dicho,
las tres películas. Porque era la primera vez en mi vida que tenía una peli
porno en una pantalla, mientras a mi lado un hombre y una mujer se andaban
besando y dándose sus primeras caricias y, por otro lado, veía la película de
los hombres de la sala, muchos de los cuales, atendían más hacia donde estaban
Nuria y el otro que a la película. Hubo un momento que me pregunté si estarían
mirando a Nuria y el otro o mirándome a mí para estudiarme.
Cuando el acompañante de Nuria la tenía con la
blusa desabrochada y andaba tocando y chupando sus tetas, me sentí incómoda. No
porque lo estuvieran haciendo, que eso no me incomoda en absoluto, pero sí en
estar tan cerca de ellos. Pensé que quizás en situaciones así, viene bien algo
de distancia, de intimidad, no sé. La cuestión es que me desplacé dos asientos
más hacia mi izquierda donde continúe viendo la pésima película sin ningún
argumento cuyo atractivo para mí era ver los enormes penes que tenían los
protagonistas.
No llevaba ni cinco minutos desde que me había
distanciado dos asientos cuando alguien apareció a mi izquierda y se sentó a mí
lado. ¡Al fin!, pensé. Parece que alguno se ha decidido a tomar la iniciativa.
Le miré un poco de reojo. Se le veía un tipo de más
o menos cincuenta años. Permaneció en silencio a mi lado. Yo no dije nada
tampoco. Sencillamente pensé que en ese sitio, el procedimiento era distinto,
obviamente y que si el tipo se había sentado allí es porque habría pensado (sin
equivocarse) que era una calentona que venía buscando. Así que, me imaginé que
no iba a haber diálogo, que cuando el tipo se decidiera, se lanzaría a empezar a
acariciarme.
Pasados dos o tres minutos, decidí ayudarle a
animarse. Yo llevaba una blusa blanca y una falda de tela un poco por encima de
las rodillas pero de las que están abiertas por uno de los lados. No me refiero
a abiertas en la pierna, sino a las que están abiertas pero a la altura del
muslo pero por delante. No sé si me entienden a lo que me refiero. La cuestión
es que al cruzar yo mis piernas, si lo hacía de la derecha hacia la izquierda,
se me veía un poquito el muslo justo por encima de la rodilla. Pero si lo hacía
de izquierda hacia la derecha, entonces, mi muslo quedaba perfectamente expuesto
a él.
Se tomó su tiempo, no crean. Rozó con su brazo el
mío que estaba apoyado en el posadero del asiento. Comprobó que yo no hacía nada
ni huía ni lo retiraba. Volvió a esperar un ratito y movió su pierna poquito a
poquito, con mucho disimulo hasta tocar un poco, muy levemente la mía, que no
retrocedió ni lo más mínimo.
- Si el tipo no se da cuenta de que trago, es que es tonto, pensé.
Aunque fue un pensamiento tonto. Estaba claro que
si se había sentado a mi lado y andaba con pequeños roces era porque estaba
probándome para atacar y esa era su idea. Si tuve ese pensamiento, evidentemente
fue porque yo ya estaba muerta de ganas. Miré un momento hacia Nuria que estaba
en esos momentos haciéndole una buena mamada a su acompañante, mientras la mitad
del cine estaba más disfrutando del espectáculo de ellos que el de la película.
Al fin mi acompañante se decidió. Su mano con todos
sus dedos, se posó sobre mi muslo. Miré un poco de reojo y él seguía mirando la
película. Sonreí pensando en cómo son los hombres a veces, con su mano en mis
muslos y mirando la película como queriendo disimular. Pero en fin, así actúan.
Subió un poquito su mano. Todo lo hacía a poquito.
Pero yo quería que me diera un buen masaje en mis tetas antes de pasar a lugares
más prohibidos. Así que, cuando me acariciaba suavemente el muslo subiendo poco
a poco su mano, yo le hice ver que estaba caliente y quería que me tocara las
tetas.
Supongo que se estarán preguntando cómo. Pues muy
fácil. Mientras él me tocaba el muslo, yo emití un profundo suspiro y
desabotonándome el tercer botón de mi blusa (llevaba dos desabrochados) empecé a
acariciarme yo misma las tetas para que él lo viera.
Claro que lo vio. Eso ya terminó de decidirle del
todo. Dejó mi muslo y rodeó mi cabeza con su brazo derecho. Me miro durante unos
segundos. Debió de notar aún en la oscuridad la cara de deseosa que debía tener
yo en ese momento porque enseguida me besó. Su mano izquierda, mientras, se
deslizó por dentro de mi blusa empezando a acariciar mi sujetador. Yo retiré la
mía y le correspondí al beso dándole lengua con ganas, por si todavía le quedaba
alguna duda de que quería marcha.
Al terminar el beso y el masaje en mi sujetador, me
miró y me dijo que estaba muy buena. Yo no le respondí. Sólo alargué mis labios
para buscar su boca nuevamente. En este segundo beso, ya levantó mi lado derecho
del sujetador, agarrando con ganas mi teta derecha.
Cuando terminó se puso a besarme el cuello mientras
seguía apretando mi teta, dando de cuando en cuando algún roce con sus dedos a
mi pezón y soltando a ratitos un pellizco en mi pezón, que supongo le debió
encantar por lo duro que estaba.
Su boca se deslizó hacia la teta que me había
masajeado y empezó a chupármela, recreándose con su boca y su lengua en mi
pezón. Mientras, su mano izquierda empezó a desplazarse hacia abajo, colocándose
de nuevo sobre mi muslo, acariciándomelo.
- Mmmmmm… síiii… chúpame las tetas…. me gusta que me coman las tetas, le
dije yo mientras mis manos empezaban a acariciar su pelo.
Al decirle eso, su mano empezó a introducirse más
adentro, buscando mi almejita. Yo descrucé las piernas haciéndole saber que
tenía el camino libre. Cuando su mano llegó a mi almejita y tocó mis braguitas
pudo comprobar lo húmeda que yo estaba. Mientras, su boca seguía chupándome y
comiéndome mi pezón derecho.
Yo, mientras acariciaba su pelo, pude ver
perfectamente como Nuria y su acompañante se levantaban y se iban. Supuse que se
iban a echarse un buen polvo en algún lado. No había problema. Nuria y yo
tenemos claro que cuando una agarra algo interesante, se va y no necesita
despedirse.
El tipo con el que yo estaba, dejó mi pezón para
volver a besarme. En ese momento, su mano empezó a introducirse dentro de mi
braguita, lo cual hizo que yo volviera a darle lengua con ganas para que supiera
que sí, que quería que siguiera.
Empezó a darme dedo en mi almejita como un loco.
Después del beso, volvió a la chupada de mi pezón mientras su dedo, me estaba
masturbando a fondo. Yo emitía pequeños gemidos, que si no eran aullidos era
porque estábamos en un cine y porque ya bastante tenía sintiéndome (como Nuria
antes) observada por la mitad del cine.
- Asíiii… ahhhh… mmmmmm… sigue… me gusta… síiii…. Le decía yo suavemente
intentando pegar mis labios a su oído.
Al cabo de diez minutos de chuparme y hacerme la
masturbación que me estaba haciendo, sentí que me venía, que el orgasmo era
inminente. Mis suspiros y gemidos seguían siendo lo más débiles que podía, pero
tenía unas ganas locas de gritar. Mi boca se puso sobre su hombro mientras él me
chupaba para así poder chillar y tener la boca tapada cuando me vino el orgasmo
y me corrí como una loca.
El quiso seguir chupándome y tocándome, pero yo le
retiré y, sonriéndole le dije que ya, que me había corrido y me había gustado
mucho.
Le eché hacia su asiento y sonriéndole, le dije que
ahora me tocaba a mí devolverle el favor. Eché su espalda hacia atrás y empecé a
besarle mientras mis manos buscaban el modo de desabrochar su pantalón y sacar
su pene fuera.
Cuando lo tuve en mis manos empecé a masajeárselo.
Primero le besé. Luego, abrí su camisa y empecé a chuparle el pezón izquierdo,
como el había hecho con el derecho mío, mientras mis manos seguían masajeando su
polla o verga que estaba ya bien dura.
No tardé mucho en bajar y empezar a mamársela con
ganas. Mi táctica de hacer detenciones de la mamada para mirar como una perra
viciosa al hombre para excitarlo más, no valían en la oscuridad del cine. A
pesar de la iluminación que daba la película en la pantalla, lo cierto es que no
se veía mucho. Así que, me dediqué sólo a mamársela con ganas.
Él seguía sin pronunciar palabra. Con su mano
derecha sobre mi pelo, suspiraba, gemía y jadeaba con la mamada que le estaba
dando. Hay cosas que no hace falta hablar para saber que él estaba disfrutando
con ganas de mi boca.
Noté perfectamente el momento en que le iba a venir
porque su presión sobre mi cabeza se hizo mayor, con fuerza. No me dejaba
levantarla. Pero no es la primera vez que me tragaba el semen de un hombre, así
que no me importó y recibí sus descargas en mi boca.
Volví a incorporarme a mi asiento. Acomodé un poco
mi blusa y entonces, él agarrando mi brazo, me besó suavemente en los labios y
me dijo: ¡Gracias!, dejándome sola y marchándose.
¡Vaya!, pensé yo. Creí que después del buen rato
que nos habíamos dado los dos, nos iríamos a darnos una buena follada o cogida y
el tipo se va. En fin.
De todos modos, como había tenido mi orgasmo, mi
corrida y mi momento de placer, decidí que era el momento de marcharse. Pensé en
que si venía otro, haría lo mismo y yo, ya no soy quinceañera que se conforme
con pegarse tocamientos todo el día sin nada más.
Me levanté de mi asiento, pero antes de salir,
decidí ir al baño para mirarme en el espejo y comprobar que no había algún resto
de semen por algún lado, que no me había despeinado demasiado. En fin, para
comprobar que al salir a la calle no pareciera una cualquiera con solo verme.
Estaba en el baño de mujeres arreglándome un poco
cuando al girar la vista hacia la puerta vi mirándome a un muchacho joven, de
unos 22 o 23 años. Parecía cualquiera de mis alumnos, o de algunos de mis
alumnos porque también los tengo más maduros.
- Este es el baño de mujeres, le dije.
- Lo sé, me contestó él.
Sonrió con una sonrisa de vicioso que está seguro
de que va a conseguir la pieza y se acercó a mí colocándose detrás de mí
viéndome a través del espejo del mismo modo que yo lo veía a él.
Sus manos se posaron en mi cintura, pegándose a mí
con fuerza. Sentí su polla o verga pegada a mí.
- Estás en el baño de mujeres, volví a decirle, lo cual era una estupidez
que aún hoy no entiendo por qué lo dije. Parecía como si lo estuviera
echando cuando realmente la cara de la mujer que se veía en el espejo y los
pequeños movimientos de mis caderas, decían todo lo contrario.
- Mejor, me contestó él. Como no hay mujeres en el cine nadie vendrá a
molestarnos, me dijo mientras sus manos ya tocaban mis nalgas, mis muslos y
mis tetas descaradamente.
Me dejé tocar. Mis nalgas y caderas se movían, mi
brazo echado hacia atrás intentaba rodear su cabeza mientras él empezaba a
desabotonar todos los botones de mi blusa.
Me agarró y me metió dentro de uno de los baños
donde están los W.C cerrando la puerta al meternos.
Empezó a besarme con ansia y con la misma ansia le
respondía yo mientras sus dos manos levantaban completamente mi sujetador y
agarraban mis tetas (esta vez eran las dos) a fondo.
Comenzó a chupármelas mientras sus dedos se
internaban por dentro de mi falda y mi almejita, que volvía a estar super mojada
volvió a ser acariciada a fondo.
No sé si por qué no estábamos en la sala, porque no
veía a nadie mirándome (quien sabe si estaban todos escuchando del otro lado de
la puerta pero yo no los veía) o cuál fue la razón, el caso es que mis gemidos y
palabras empezaron a salir con más tono que antes.
- Ahhhhh, síiiii… mmmmmmm….
Se agachó, subiéndome la falda para arriba,
mientras mis manos la agarraban para que no cayera facilitándole lo que yo sabía
perfectamente que me iba a hacer. Me quitó mis braguitas y empezó a comerme la
almeja a fondo. Su lengua se movía a mucha velocidad, quizás por la fuerza de la
juventud, no lo sé. Me daba en todos los lados, la metía, la sacaba, me daba en
el clítoris, más adentro, en los labios. Yo estaba como loca. Cuando me la comen
bien me pongo desenfrenada.
-Ahhhhh… ahhhh… Sigue.. sigue.. más…más… mmmmmmm…
ahhh….
Mi segundo orgasmo de la tarde fue espectacular.
Sentí que no paraba de correrme durante medio minuto o más. Y ya no sé si me
estaría oyendo todo el cine pero aullaba como una auténtica loba.
El me miró y entonces bajó la tapa del W.C.
sentándose encima. Vi perfectamente como bajaba la cremallera y desabrochaba su
pantalón sacando a mi vista una buena polla o verga. Como siempre, no me fijé
para nada en el tamaño, simplemente capté que estaba bien levantada y bien dura.
- Ven, quiero follarte, me dijo mirándome fijamente.
Recogí mi bolso del suelo. Saqué un preservativo de
los que llevo y le miré mientras intentaba deshacerme del envoltorio. Sonrió.
Fue una sonrisa de aprobación pero al mismo tiempo, del que tiene claro que
estaba con toda una putita que ya iba preparada para lo que surgiera.
Coloqué el preservativo en su pene mientras le
miraba con mis caras de viciosa pervertida. Pude notar que no me había
equivocado. Estaba bien dura. Al terminar, me puse encima de él introduciendo su
miembro en mi almejita. Empecé a moverme sobre él y a gemir mientras sus manos
agarraban con ganas mis tetas a ratos y otros mis nalgas, sobre todo cuando era
su boca la que se comía mis tetas.
-ahhhhh…. Ahhhhh… tienes una buena polla, cabrón…
me gusta… ahhhh.
-Y tu tienes unas tetas estupendas, me decía él. He
venido varias veces a este cine y nunca me había encontrado con una golfa tan
buena como tu.
-Sí… síiii… soy muy golfa… muy viciosa… más de lo
que te imaginas… le decía yo mientras seguía cabalgando sobre su miembro. Quería
también que así supiera que me excitaba que me dijera golfa y todas esas cosas.
Pero no hubo mucho tiempo de que me dijera nada.
Empezó a gemir con más fuerza y a agarrarme las nalgas haciéndome subir y bajar
con fuerza. Me di cuenta que el muchacho iba a venirse y aunque me sentí algo
frustrada de que la cosa terminara pronto, en una mujer puede más la excitación
que sentimos cuando vemos que estamos a punto de hacer que el macho se corra.
Así que empecé a gemir con fuerza también, a cabalgarle al ritmo que sus manos
en mis nalgas me marcaban y a disfrutar con todo el vicio de aquel miembro que
estaba a punto de correrse.
Tuvo un orgasmo grande. Su boca se echó sobre mis
tetas y estuvo dando jadeos cada diez segundos más o menos. Calculo que debió de
soltar tres o cuatro descargas pero como digo, separadas por unos diez segundos
más o menos.
Se quedó echado hacia atrás con la respiración
fuerte del que intenta recuperarse del esfuerzo. Yo me levanté, agarré mi bolso
y me puse mis braguitas y volví a ir al espejo a arreglarme.
Cuando terminé, él ya estaba de pie detrás de mí.
Como tantos y tantos otros, me pidió el teléfono. Me volví y le sonreí.
-Soy casada, le dije. No puedo darte mi teléfono ni
nada. Lo siento.
-ok…ok… me dijo él. Lo entiendo.
Le di un suave beso en los labios y me salí del
cine, no sin antes sentirme mirada por todos los hombres cuando recorría el
pasillo hacia la salida.
Una vez en la calle busqué un taxi y volví a casa.
Ese día era de los que regresaba satisfecha porque un hombre, mejor dicho dos…
me habían dado mi buena ración de sexo que necesitaba.
Espero que les guste. Seguiré contando según el
tiempo me lo vaya permitiendo.