Mi hermana (IV)
Veronika salió del agua contoneando las caderas, aquel culo
me estaba volviendo loco, mientras se colocaba bien la parte de arriba del
bikini. Yo la seguí sin apartar la vista de su cuerpo, no me importó la erección
que marcaba mi bañador, debía ir tras ella.
Llegamos a las toallas, ella sin decir nada se quitó la
prenda superior dejando las tetas al aire. Me observó divertida, se notaba que
estaba disfrutando de la situación.
-Tato, me das crema, no quiero quemarme –dijo con voz
inocente
Asentí con una sonrisa, por fin iba a poder tocar su cuerpo
de diosa.
Se tumbó boca abajo moviendo el trasero con alegría, como si
yo necesitase ser animado, mi polla estaba dura como una piedra y amenazaba con
seguir así mucho tiempo. Me puse de rodillas, llené las manos de crema
protectora y con delicadeza se la esparcí por la espalda.
-Está fría – se quejó con voz gatuna
Seguí dándole crema, el contacto de su piel me hacía
estremecer, noté como mi polla comenzaba a soltar líquido pre seminal. Estaba
excitadísimo.
-Tato, también tengo piernas- comentó con una risita.
Sus piernas estaban suaves, esparcí más crema, las acaricié,
dentro de mis posibilidades le di un pequeño masaje que consiguió sacarle un
pequeño ronroneo
Llegué a sus pies, no me considero un fetichista, pero
aquellos pies me volvieron loco, eran perfectos, pequeñitos y preciosos, los
toque con cuidado como si se fueran a romper. Los rocé con delicadeza, metí mis
dedos entre los suyos quitándole los granos de arena incrustados, masajeé la
planta con firmeza y mimo a la vez. Sentí un estremecimiento en mi hermana.
-Me gusta lo que haces, no pares –anunció con voz ligeramente
entrecortada.
Envalentonado por sus palabras, me llevé el dedo gordo de su
pie a la boca. En un principio le di un pequeño beso, al ver que no decía nada
me atreví a meterlo dentro. Le chupe el dedo como si me fuera la vida en ello.
-¡Pedro! – Exclamó sorprendida – ¿Qué haces?-
No contesté, tenía la mente puesta en aquel dedo, no se
describir cual era su sabor, solo sé que me estaba resultando muy excitante
chuparlo.
-Pedro, déjalo por favor –dijo ligeramente excitada.
No hice caso, saqué el dedo un instante de la boca para pasar
mi lengua por todo el pie.
-Tato, ¿Dónde has aprendido a hacer eso?- comentó mientras se
llevaba una mano a su entrepierna.
No creía lo que estaba viendo, mi hermana se estaba
masturbando delante de mí, y lo que era más importante por mis caricias.
Veronika abrió las piernas y pude contemplar como introducía su mano debajo de
la braguita.
-Vero, quiero hacer el amor contigo- me atreví a decir
Mi hermana se dio la vuelta y me miró con los ojos llenos de
lujuria.
-Eso todavía no, por ahora contente con ver cómo me masturbo-
se aparto el bikini y pude ver su precioso cochito. Jugó un momento con los
pelitos sin dejar de mirarme a los ojos.
-¿Te gusta lo que ves hermanito?- dijo con una sonrisa
preciosa.
Asentí sin poder articular palabra, solo tenía ojos para su
coño.
Se introdujo un dedo en la boca y lo chupo durante un ratito,
lo saco y se acarició el clítoris. Su cara cambió, su perenne sonrisa dejo paso
a la mayor de las excitaciones. Se metió un dedo en el interior del coño sin
parar de acariciarse el clítoris.
-Tato, ven rápido- dijo con premura en la voz
Me acerque expectante hasta ella, la miré a la cara. Dios
mío, era la mujer más bella del mundo.
-Bésame mientras me corro – ordenó
Nuestras bocas se juntaron, nuestras lenguas se unieron en un
apasionado beso. Noté como Veronika se iba a cercando al orgasmo, se tensó y
lanzó un fuerte grito de placer. Sacó el dedo de su interior y me lo metió en la
boca. Ni el mejor de los manjares sabía cómo su coñito. Un placer absoluto se
apodero de mí. Mire a mi bañador, me había corrido sin tocarme.
Continuara….