Mi novio siempre había fantaseado con hacer un trío. Era bastante habitual
que mientras hacemos el amor él me sugiera imaginarme que una tercera persona
está con nosotros. Muchas veces mientras le como su sexo me dice que cierre los
ojos y que sienta cómo alguien me coge las caderas y me folla hasta el fondo. A
veces me pone a cuatro patas y mientras me penetra me da un dedo a chupar, y me
dice que es la polla de un amigo suyo, o el coño de una amiga mía. Yo
normalmente le consiento la fantasía, e incluso a veces le hago caso y me
imagino un segundo miembro sobre la cama dentro de mí, pero no se lo digo.
Hace un par de días, cuando llegamos a casa después de estar de fiesta, ni me
dejó llegar al dormitorio. Me abordó por detrás en el baño, levantándome la
falda. Yo me hice la remolona un poco, pero realmente iba algo borracha y sabía
que simplemente me iba a dejar hacer. Me besaba el cuello mientras me acariciaba
el culo. Yo le dije en voz baja que parase, que estaba cansada, pero él no me
hizo caso. Casi sin darme cuenta ya tenía los pantalones bajados y su polla se
abría paso entre mis piernas. Me la metió con brusquedad y solté un grito. Él
comenzó su vaivén mientras me susurraba al oído.
- Llevo toda la noche esperando esto. Me vuelves loco.
Me fue desnudando sin parar de hacérmelo. Cada vez me gustaba más recibir sus
violentas embestidas por detrás. En el espejo veía su cara desencajada, y sus
grandes manos agarrándome las tetas. Y me veía a mí, gimiendo entregada.
- Imagina que no te estás apoyando contra la pared, preciosa. Piensa que es otra
chica la que tienes delante, rubia y guapa como tú, también con unas buenas
tetas… Imagina que la besas mientras…
Esa vez tengo que admitir que me dejé llevar como nunca. Cerré los ojos y me
imaginé abrazando alguna belleza rubia de grandes tetas. Casi notaba sus
pezones contra los míos mientras me lo hacía desde detrás. Me imaginaba
besándola mientras me acariciaba el coño…
- ¿Te lo estás imaginando, verdad? Pues esta noche me lo han ofrecido…
- Fóllame.
- Una pareja me ha hablado de hacer un intercambio, de follar con nosotros.
Ellos lo hacen en locales, y me han invitado a ir a su casa y montárnoslo.
- Fóllame, joder.
Me imaginé poniéndome a cuatro patas para comer otra polla. Creo que él no me
vio, pero incluso abrí la boca para recibir ese segundo pedazo de carne.
- ¿Qué me dices, les llamo?
- Fóllame y calla.
Bastaron un par de empujones más para que nos corriésemos. No sé porqué, pero
aquél día me lo imaginé como nunca. Y me gustó.
Pero no pensé más en ello.
Al día siguiente me despertaron sus manos acariciando mi pecho. Me abrazaba
por detrás y me besaba. Notaba su miembro caliente y duro en mi espalda. Le
recibí con un ronroneo. Separé mis piernas invitándole a entrar en mí. Me
penetró con dulzura, casi como compensando la violencia de la noche anterior. Me
besaba el cuello y me decía que me quería mientras me abrazaba y me hacía el
amor lentamente. A lo lejos, en una tele, sonaba algo de música. Era casi un
sueño, y le hablé.
- ¿Cariño?
- ¿Sí?
- Llámales.
No necesitamos decir más. Me lo siguió haciendo despacio, disfrutando el
momento. Sabía que nos queríamos y nada iba a cambiar eso. Ni aunque me fuese a
ver follando con otro, ahora que le había dado luz verde a su fantasía.
Os cuento esto porque acabo de llegar a casa y me he encontrado con una nota
sospechosa, que dice que me desnude, que me quede sólo con unas medias, y que
antes de entrar al salón me ponga un antifaz. Me quito la ropa en la entrada y
me pongo las medias de rejilla que encuentro junto a la nota. Antes de ponerme
el antifaz me miro al espejo. Me veo bien, con mis rizos rubios cayendo sobre
mis generosos pechos, y las medias negras destacando mis piernas. ¿Qué va a
ocurrir en el salón?
Al abrir la puerta oigo unos gemidos, pero parece provenir de la televisión. Al
entrar noto unos brazos que me rodean. Es mi novio, que me habla.
- Ya les llamé. Han dicho que mañana mismo podemos ir a su casa. Pero me han
pedido que antes les grabemos un video. Ellos ya se han grabado, es lo que está
puesto en la televisión.
Me doy la vuelta y le beso. Él también está desnudo ya, le noto excitado, muy
excitado. Nos besamos apasionadamente durante unos minutos, acariciándonos por
todo el cuerpo. Imagino que la cámara está grabándonos a mi lado. Me empuja por
los hombros hacia abajo, y no me hago de rogar. Me arrodillo frente a él,
adoptando la pose más erótica posible, y comienzo a recorrerle con mi lengua. No
tardo en meterme su polla en la boca, casi hasta el fondo. Le masturbo mientras
le como las bolas. Me estoy empleando a fondo, realmente lo estoy disfrutando.
Le oigo gemir con cada chupada, pero quiero más. Como leyéndome la mente, me
ofrece nuestro consolador, que acepto gustosa. Me lo meto por el coño y lo
monto. Me abrazo a sus piernas para mantener el equilibrio, y me follo esa polla
de plástico que vibra mientras le como la polla. Pienso que en unas horas esa
polla no será de plástico, sino caliente, de verdad, y me excito todavía más.
Subo y bajo sobre él, sintiéndome llena y cachonda.
- ¿Te estás imaginando que no es de plástico, verdad?
En la televisión les sigo escuchando follar. No les reconozco, pero nunca he
oído a mis amigos montándoselo, así que no sé si les conozco. No sé si ellos me
reconocerían con la grabación que estamos haciendo, mientras gimo sordamente con
la polla de mi novio en la boca.
- Te amo. – Me susurra.
Imagino que está a punto de correrse, pero no es eso. Me pone en pie. El
consolador hace un ruido como de descorche cuando sale de mí. Dios, espero que
me vaya a rellenar el hueco que ha dejado, me muero por acabar.
Me pone en el sofá, apoyada en el respaldo, ofreciendo mi culo. Sus manos me
agarran las caderas mientras juega con la punta de su polla en la entrada de mi
coño.
- Fóllame, joder.
Me penetra. Tras mi ruego, mi súplica, me la mete hasta el fondo. No.
Algo va mal.
Normalmente cuando me la mete así casi parece que se me va a salir por la
garganta. Sin embargo, ahora no. Esta es más corta.
No es su polla.
Un miembro más corto que el de mi novio, pero mucho más gordo, que casi parece
que me va a abrir en dos, me está follando.
- Dios… - exclamo.
No puedo hablar mucho más. Mi novio se acomoda delante de mí y pone su polla en
mi boca, y no tardo en recibirle. Me quita el antifaz para ver cómo mis ojos
casi se salen de las órbitas con cada empujón del desconocido.
- Te amo – me repite. Me lo repite mientras una polla gorda, muy gorda, me
folla, mientras unas manos que nos son las suyas me agarran por las caderas,
clavándome las uñas.
Me abro más. No me atrevo a mirarle todavía, no sé si quiero saber quién es,
pero sí sé que sólo quiero que me folle sin parar. Esto no es amor, es sexo,
sólo sexo, y vaya si me gusta. Ni siquiera es amor lo que le hago con la boca a
mi novio, o lo que él me hace en ella, como quiera mirarse. No puede ser amor
compartirme con alguien, pero no tiene nada de malo, nos gusta. Es más, me hace
feliz. Jodidamente feliz. Esa es la palabra. No feliz, sino jodidamente. Esa
polla gorda en mi coño y esta polla larga en mi boca me hacen jodidamente feliz.
Están yendo a un ritmo perfecto, acompasado, como si estuviesen acostumbrados a
compartir cosas. Un ritmo que me va a llevar al mayor de los orgasmos, lenta
pero inexorablemente. Le miro a los ojos mientras me acaricia el pelo. Se la
como entera, y pienso si me habrá preparado también a una chica. Me imagino
compartiéndole a él también, chupándole mientras otra rubia está arrodillada
junto a mí, y también me gusta.
Nuestro invitado me saca de mis pensamientos. Se inclina sobre mí para agarrarme
mis duros pezones. Le oigo gemir junto a mi oreja. Se va a correr pronto.
Y mi novio.
Y yo.
Noto el primer chorro llenándome por completo, y tengo que parar de chupar. Me
echo hacia atrás, llevando las manos al cuerpo de nuestro invitado, hasta
hacerle sangre con mis uñas. Se lo ha ganado, porque con su segundo espasmo me
corro. Me corro como una jodida puta, gritando y diciendo barbaridades que en
otra situación me harían enrojecer, pero que es lo que sale de mi cuerpo en
estos momentos. Parece que a mi novio también le gusta, porque sin dejar que yo
me acabe de correr, él lo hace sobre mis tetas. Noto su leche caliente
resbalando sobre mi cuerpo. Lo noto, no lo veo, porque en algún momento del
orgasmo he cerrado los ojos para disfrutar aún más de la polla que todavía me
taladra, y no los he abierto. Todavía no ha salido de mí mientras disfruto los
últimos cosquilleos por mi vientre. Todavía la noto encogiéndose cuando mi novio
se va del sofá y alguien le sustituye. Alguien se pone en su lugar y me limpia
las tetas con su lengua. Alguien con el pelo largo y suave, y con un pecho
generoso como el mío. Alguien que me besa y me abraza, desnuda, mientras
su novio sale de mi cuerpo.
- Hola, María.