 |
| 7,154 Usuarios Conectados (Contactos) |
1,314,255
Miembros | 13,455 Autores | 58,277
Relatos |
| Fecha: 18-Jun-09 |
« Anterior |
Siguiente » en
Hetero: Infidelidad (3645 de 3892) |
 |
| Todo se halla en un momento intenso y de gran morbo en mi casa del campo; los tres, con ganas de disfrutar, por primera vez, de la transgresión del gran tabú de las mujeres: verse en manos de otro hombre ante la mirada lasciva del propio. |
  |
La mirada del pastor (y 2)
Con el sabor de su boca anudé con firmeza el pañuelo
alrededor de sus ojos, para que viese que no iba a tener miramientos con ella,
sobre todo a partir de que no pudiera ver nada. Para entorpecer aún más sus
percepciones, con el otro pañuelo, junté sus palmas por delante del cuerpo y até
sus muñecas, todavía más enérgicamente que al cerrar sus ojos, para que no
pudiera toquetear con las palmas lo que se acercase a ella. Protestó porque se
sentía inmovilizada y un tanto violentada por dos hombres. Uno, al que creía
reconocer incluso en esa situación y, otro, al que estaba cada vez más deseosa
de conocer, justamente, en esa misma situación.
Para evitar que me oyese, susurré al oído de Fran lo que
quería que él le dijese y cómo tenía que decírselo. Éste, obediente a mis
órdenes, le dijo a Carol, con un tono de voz potente y grave, sorprendente: "Y
ahora, zorra, Nicolás y yo te vamos a quitar la ropa, entre ambos, para que te
quedes desnuda e indefensa, delante de nosotros, como una buena puta… que es lo
que estás hecha." Fran se acercó a ella y empezó a desabrocharle los botones
de la camisa, pero con tanto nerviosismo por la intensidad del momento que no
acertaba con los ojales.
Eres tú, Fran… inconfundible cuando estás
nervioso y excitado a la vez ¿A qué sí? ¿A qué eres tú? –preguntó
Carol mientras con un pequeño grito de satisfacción por haber
acertado tan fácilmente, y añadió, Nicolás, acércate también tú y
ayuda a este bello inútil.
Remoloneé mi acercamiento a ella para seguir disfrutando de
esa escena en la que las manos del novio, temblorosas, no acertaban a desnudar
al objeto de nuestros deseos. Preferí acercarme cuando la camisa ya estaba
abierta y poder relamerme con la visión de un sujetador de encaje poco apropiado
para viajes en moto. Frente a ella, introduje mi dedo índice en su boca, para
que lo humedeciera. Su lengua me mojaba y, a la vez, hacía un reconocimiento
para descubrir la identidad del dueño y agresor. Después, metí la yema mojada
por debajo del sujetador, rozando, sutilmente, primero la areola y después su
duro pezón.
Uhmmm… ese toque… ese toque… eso me lo suele
hacer Fran, pero… no sé… ha habido algo… ya está, sí, has sido tú,
Nicolás… Fran no hubiera evitado recrearse con mi pezón, no se
hubiera resistido, pero tú, Nicolás, eres un cabrón que sabe hacer
sufrir a una buena chica como yo.
¿Buena chica? ¿Dónde está la buena chica? Además
de lista e intuitiva, lo que eres es una buena zorra que tienes
junto a ti un claro candidato a cornudo. Cada vez estás más
caliente… –y noté como su pecho subía con ahínco por mis palabras.
Sí, tienes razón… hoy me siento la más puta de
todas las mujeres del mundo. Pero tú tienes la culpa, bueno, también
mi novio pero… éste hoy cuenta menos. Hoy obedece lo que tú quieras
porque yo soy la puta. Sí, Fran, escúchalo… hoy soy la puta de
Nicolás y encima, sólo con pensarlo, mi coño se me está empapando,
¿quieres meter tu lengua en él? ¿Eh, cabrón? ¡Compruébalo, vamos!
Eso llegará en su momento y no olvides, Carol,
que somos nosotros… mejor dicho, soy yo el que dice lo que se te va
a hacer –dije con autoridad, aunque nunca hay que rechazar la
iniciativa morbosa y excitante de una mujer caliente.
Bueno, sí, pero que conste que las dos veces que
me habéis hecho algo he acertado con el autor. Vamos, seguimos, que
no quiero relajarme.
Le hice señas a Fran para que rodeásemos a Carol y quitarle,
desde atrás, el sujetador. Esta vez no iban a ser las torpes y nerviosas manos
del novio las que hiciesen la faena, por lo que, a la vista de un cierre fácil,
giré una de las partes, sin tocar su piel, y la saqué de la otra, soltando a la
vez ambas partes. Un trabajo limpio.
Ehhhh… si no me tocáis no vale. Así no puedo
acertar quién ha sido. A ver, quién me va a quitar los tirantes por
delante si llevo las manos atadas, ¿Eh, listillos?
"Yo" dijo Fran en voz alta, por lo que me
adelanté y cogí un tirante, lo deslicé suavemente por el brazo y
después hice lo mismo con el otro. Sus preciosas tetas quedaron al
aire para que dos hombres, deseosos de besar ese par de regalos,
recreasen su vista.
Chicos, ¿me vais a dejar el suje en las muñecas?
¡Que pinta debo tener!
Desata a tu chica, saca el sujetador y vuelve a
atar fuerte sus muñecas, pero date prisa, no quiero que se enfríe su
tensión.
Descuida…, no he visto nunca a Carol tan
excitada…, seguro que tiene una buena mancha de humedad entre sus
piernas.
Una vez liberada del sujetador y con sus manos atrapadas por
el pañuelo, lancé una de mis manos sobre el pecho que más cerca me quedaba.
Apreté su pezón sin muchas contemplaciones, estaba duro. Mientras, Carol soltaba
un fuerte suspiro y añadía: "Aghhh… Eso lo has hecho tú, Nicolás, porque mi
Fran nunca se hubiera atrevido… en más de una ocasión se ha llevado un buen
guantazo por no tratarme con delicadeza, pero ahora… uhmmm… cabrón, me ha
gustado como me tratas… uhmmm…". Contaba con su predisposición. Por ello,
cualquier cosa que mi perversa mente elucubrase haría sus delicias, y las de su
chico. Fran no paraba de acariciarse la polla por encima de los vaqueros.
Animado por esta visión decidí que ya era hora de pasar a palabras mayores. Le
di claras indicaciones para que se abriese la bragueta y sacara su aprisionado
miembro, tal y como yo lo iba haciendo. Le indiqué que se dejase el primer botón
cerrado, para que las pollas, simulando estar apareciendo a través de un
glory hole, pudieran ser homenajeadas por Carol. Pegué mi boca a su oído:
Preciosa putita… ahora vamos a ver qué tal
estás de percepción bucal.
Uhmm… ¿eso significa que voy a disfrutar de
vuestras pollas? Fran sabe que pierdo el sentido cuando tengo un
rabo en la boca.
Ya veremos, pero no olvides que tienes que
seguir adivinando quién es quién…
Encantada de intentarlo… joderrrr… me estáis
poniendo a mil, cómo me gustaría que alguno de los dos me
comiese bien entre las piernas, uhmmm… lo necesito… me vais a
matar con vuestro juego y quiero correrme pronto… sois un par de
cabrones, sobre todo tú, Fran, que permites todo esto, cabrón…
-decía Carol entre ligeros gemidos.
Agarré a Fran del brazo para hacer que fuese el primero y, en
un susurro, le dije que no se la metería dentro. La boca de ella se abría
deseosa de atrapar al primero de los ejemplares. Al verla así, no lo dudó y
guiando su polla con la mano, empezó a dar toques en los labios con su capullo
hinchado. Ella giraba la cabeza, intentando atraparla; sacaba la lengua, dando
con la punta en el glande, sólo un instante, para intentar averiguar el nombre
del dueño; incluso cerraba su mandíbula pretendiendo, en vano, morder el jugoso
manjar "Joderrrr… su pudiera meterla en mi boca…" Para aumentar su
desconcierto, acerqué la mía a su boca y, mientras la de su novio seguía
jugueteando con sus labios, yo le pasaba la mía por su mejilla: "Eh… esto no
vale… estáis los dos… así no… aghhh…" y ahí se quedó ahogada su frase porque
le rellené la boca con mi erecto miembro, para sacarlo inmediatamente antes de
que a ella se le ocurriese cómo atraparlo. Fran, al ver que se había abierto la
veda para la boca de su novia, hizo lo mismo, y la metió un segundo.
El juego estaba siendo electrizante. Se estaba bien dentro de
la boca de esa mujer y con la mirada atenta del novio. Es más, incluso demasiado
atenta, ya que en varias de las ocasiones en las que nos fuimos turnando para
introducirle nuestros miembros, noté que Fran no le ponía ningún reparo a que
nuestras pollas se rozasen mientras se cedían un lugar tan privilegiado como la
boca de nuestra zorra. Estaba claro que Carol no quería decir quién era el que
estaba en su boca, dado que nuestros turnos eran demasiado rápidos como para que
ella pudiera tener una posibilidad de acierto, prefería continuar así, con las
dos. Cuando me volvió a tocar decidí romper el ritmo, me coloqué frente a ella,
que estaba sentada en el borde del sofá, y asiendo su cabeza, le introduje la
polla hasta el fondo de su garganta, ayudándome con una presión considerable en
su nuca… ¿De quién es esta polla que te atraganta? La mantuve unos
segundos y cuando sentí sus arcadas la saqué… ella empezó a toser y a
recuperarse tomando aire y después respondió, "Tuya… Nicolás… ahhh… cabrón…
tuya…"
Lo siento, nena, pero has tardado mucho en
responder, jejeje… lo tienes que decir antes.
Sí, antes… con la boca llena… pero qué
cabronazo estás hecho… Uhmm… todavía tengo el gusto de tu polla
en el fondo de mi garganta. Sabes, está rica, ¿por qué no la
dejas más rato dentro de mí?
Menuda guarra eres, Carol… si vieras con qué
ojos me ha mirado tu chico al verla enterrada en tu boca… sabes…
se estaba pajeando, le tenías que haber visto.
Será cornudo… Fran, ven aquí… déjame tocar tu
polla, quiero comprobar lo caliente que estás por todo esto –Y
percibió, con sus manos atadas, que esa polla estaba muy dura.
Joderrrr… como una piedra, cabrón…, ¿cuánto
hace que no estaba así entre mis manos? Sabes lo que creo, que
te excita también ver a Nicolás…
Sí, claro que me excita verle cómo te folla
la boca y lo que tú disfrutas… cómo no iba a gustarme.
No, no es sólo eso, creo que no te importaría
estar en mi lugar…
¿Qué? ¿De dónde has sacado esa puta idea?
Lo intuyo porque… bueno… déjalo… Ah, Nicolás,
sé que eres tú el que llevas este tema, muy bien por cierto,
pero ¿admites una sugerencia?
Depende de lo que sea, preciosa, después, si
me gusta tu idea, ya veré si la llevo a cabo…
Pues… quiero que antes de meter tu polla en
mi boca, porque sé que lo vas a hacer y vas a estar todo el
tiempo que te de la gana, quiero… la verdad es que me da un poco
de corte…
Vamos, ahora no te andes con timideces,
Carol, dile a Nicolás lo que pasa por tu loca cabecita.
¿En serio? La verdad es que tú eres el
protagonista de mi idea, jejeje… Pues mira Nicolás, quiero que
sea mi novio el que te la mame antes de que la metas en mi boca,
y quiero verlo, si a ti no te importa. En alguna ocasión me ha
confesado que le gustaría presenciar como lo hago con otra
mujer, pues ahora es mi ocasión de hacer realidad mi fantasía…
Bueno, yo no soy bi, pero tampoco tengo
reparos con cualquiera de vosotros, estando los dos, claro está…
Estoy segura que te gustará que te ponga la
polla dura la boca del tío que te ofrece a su novia; es un morbo
al que no puedes resistirte, ¿verdad?
Pero… qué pasa, y mi opinión no…
Tú te callas, aquí manda Nicolás, ya lo sabes
y si él quiere… tú a abrir la boca, cornudo. Recuerda, me tienes
que dejarlo ver, eso no quiero perdérmelo… me va a excitar
tanto…, siempre he deseado ver a Fran en esa situación.
Hice que él se sentase en el sofá junto a ella, desaté los
dos pañuelos de Carol, manos y ojos quedaron libres para que pudiera tocarse sin
perderse ni un detalle. Además, le ordené quitarse la ropa, de cintura para
abajo, menos las botas. Uno de los pañuelos lo usé para tapar los ojos de Fran,
ya que no me apetecía que un hombre mi mirase mientras me comía la polla, y el
otro, para que su novia le atase las manos, por detrás de la espalda. Estaba
comenzando su fantasía, me dijo que le ponía muy cachonda verle así, indefenso
frente a mí poder. Vi como el cabrón abría la boca, esperando mi miembro con
deseo, cosa que nunca pensé que me excitase pero que se tradujo en un respingo
de mi polla. También vi a Carol como se empapaba de la escena, con los ojos muy
abiertos, como platillos volantes. Se acercó a su novio, le susurró algo al
oído, y agarró su barbilla para orientarle hacia dónde le esperaba mi regalo.
Impresionante. Empecé a respirar con verdadera agitación por la seguridad con la
que ella manejaba una situación tan morbosa y comprometida, y nueva para mí.
Vamos, cabrón, abre bien la boca que ese rabo
es todo tuyo… uhmm… joderrrr… estoy mojadísima con esto, me
siento más guarraaaaa… que nunca.
Sí, venga… quiero tu polla, Nicolás –me dijo
Fran con voz temblorosa.
Que sepas cariño, que estoy metiendo mis
dedos en el coño de puta que los dos me habéis puesto… ¡Toma,
come! -y sacando con los dedos la crema que surgía entre sus
piernas, untó la piel tensa de mi rabo para que su novio nos
degustara a ambos -Uhmmm… y ahora cabronazo, a ver si tú
aciertas a qué te sabe esta polla… -dijo con toda la lascivia de
una reina del porno duro, mientras Fran pasaba la lengua por la
punta de mi capullo sin atreverse a engullir más allá.
Así no le vas a sacar el sabor –agregué
totalmente metido en el juego de ella, lo que hizo que Carol,
empujando la cabeza de su novio, consiguiera que una buena parte
de mi polla entrase en su boca.
Era una sensación rara. Ver a un hombre en el lugar dónde
siempre ha estado una mujer. Eso sí, o el chaval lo había hecho más veces o
había practicado con un juguetito porque se le daba bastante bien y, lo mejor de
todo, le ponía mucha pasión. Al tío se le veía muy excitado. Joderrr… su pericia
se veía intensificada por el plano que me ofrecían las tetas de Carol moviéndose
al compás de sus manos: una empujando la cabeza de su novio y la otra fregando
su coño con excitación, con rabia. También pude ver como la polla de Fran estaba
totalmente tiesa, prueba del placer que le daba toda la situación y del pajeo
que, de vez en cuando, le obsequiaba la zorra de su novia. Eran dos máquinas
enchufadas en paralelo, uniendo sus sensaciones para subir hasta la antesala del
orgasmo en una carrera disparatada. Parecía que estaban luchando entre ellos por
llevarse el mayor disfrute de la noche.
Ufff… como sigas… aghhh… tocándome la polla
mientras me como la de Nicolás, me voy a correr aquí mismo… en
serio…
Sí, cabrón, comerte su polla te pone, ¿no?
Pues mira… -y le quitó el pañuelo de los ojos para que viese el
espectáculo…
Te lo digo en serio, me voy a correr casi ya…
joderrr… no voy a poder evitarlo, esto es más fuerte de lo que
yo había imaginado… ufff…
Tú, puta, cuando sientas que tu novio se va a
correr, te la metes en tu boca, no quiero ni una gota de leche
de este carnudo por el sofá, ¿entendido?
Sí…, aghhh… le vamos a convertir… sí… en el
Comedor comido, pero yo también… ostias… yo también estoy
a tope… verle así.
Lo que habría dado por ver todo desde fuera, menudo cuadro.
La pareja estaba a punto de irse, lo intuía por sus jadeos. Querían correrse a
la vez, ¡Románticos! ¿Y yo? ¿Cómo andaba? Todavía me quedaba recorrido. Quería
que fuese ella la primera que me exprimiese y no él. No tenía nada en su contra,
eran sólo cosas de la orientación sexual, nada más.
Fran estaba a las puertas de correrse, intentaba abrir la
boca para respirar, le faltaba el aire y Carol le empujaba sobre mi miembro con
fuerza:
Vamos, pon tu boca en la polla de tu novio,
que se va a correr el cabrón este… y no dejes de tocarte el coño
que me gusta verte así. Una buena puta que se mete los dedos
hasta el fondo mientras le inundan de leche la garganta… y tú,
pídeselo, vamos -le dije a ambos con una voz autoritaria, ronca
y excitada.
Sí, por favor… cómemela que me voy a correr
ya… ahhhh… vamos… uhmm… esto es como nunca… joderrr… que bueno…
lo mássss…-me miraba ahora a los ojos, con un gesto de inmenso
placer. Me gustó que me mirase así y que cerrase los ojos
mientras descargaba su semen en la boca de su novia.
Ahhhhh… ugggg… uffff… -no fue capaz de
articular palabra cuando le llegó el orgasmo a su novia, al que
colaboré apretando sus pezones mientras ella reventaba su
clítoris entre sus hábiles dedos.
Retiré mi polla de la boca de Fran para dejarles disfrutar
más cómodamente de los últimos espasmos de sus mutuos orgasmos. Allí estaban,
sobre el sofá, rendidos uno sobre el otro, desangelados, exhaustos pero divinos;
sus respiraciones inundando el salón… por todo ello, me apetecía premiarles.
Guardé mi polla con dificultad, hasta mejor momento, y fui a rellenar las copas
con otro poco de Cardhu. Desde el aparador les regalé mis elogios: "Estáis
hechos unas buenas piezas… sí, en serio, tan inocentes, tan abiertos, tan
jóvenes, tan espontáneos… tan calientes, tan bellos a la vez, tan dispuestos a
sacarle el jugo al morbo y al sexo…"
Anda poeta, deja de decir tonterías y ven
para acá, que ahora te toca a ti, ¿no era tu puta al entrar en
esta casa? Pues te lo voy a demostrar, pero… ¿Qué has hecho?
¿Has guardado tu preciosidad con lo que le queda todavía por
disfrutar? -dijo Carol relamiendo todavía las pequeñas gotas de
semen que se habían quedado prendidas en las comisuras de su
boca. Toda una puta, sí señor y, a su lado, un verdadero
cabronazo. La pareja perfecta.
Tomad, calentaros un poquito la garganta con
esto.
Sabes que es otra cosa la que quiero que me
caliente la garganta –dijo Carol con la voz todavía entrecortada
por la excitación.
Carol se estaba destapando a cada minuto que pasaba. En su
mirada ya se podía ver a la gran dama que se ha adueñado de la escena y, que
tiene todos los créditos para comportarse como una gran puta. Todo le es
permitido y además, aplaudido por su novio, que no salía de su asombro al
conocer a otra mujer muy distinta a la que normalmente tenía al lado. Fran
confesó, en algún momento de la noche, que a veces, ella salía a la calle con
minifaldas y tangas o incluso, sin ninguna tela que tapase su apetitoso y joven
coño. Para él, acompañarla suponía una continua y morbosa tentación. "Cada
vez me pone más que salga así, pero quiero que un día lo haga sin mí y que luego
me lo cuente, con las palabras más obscenas que se le pasen por su cabeza, lo
que haya hecho", llegó a decir ante el asombro de Carol, que nunca le había
oído solicitar esa fantasía. Noche de confesiones ante la mirada del pastor.
Lo que estaba sucediendo ese día era mucho más de lo que él
nunca hubiese imaginado. Y lo mejor de todo es que Fran no abandonaba ese estado
de fuerte excitación que le tenía enganchado. No hacía nada que se había corrido
en la boca de su chica y ya estaba con la polla dispuesta para seguir la fiesta.
Con seguridad, por la mente de Fran pasaban también las imágenes de su reciente
experiencia: mi polla en su boca. Supongo que le había sabido a poco, es posible
que él hubiera querido que me vaciase dentro de su boca, para que la experiencia
fuese completa, pero ya comenté que no era esa boca en la que yo quería
correrme. Iba a ser un regalo para ella. En el triángulo que formábamos, él
tenía muy pocas posibilidades de ser el centro de atención, como mucho, y en el
mejor de los casos, alguna de sus ideas las llevaríamos a cabo.
Como si Carol le hubiese leído el pensamiento, sus palabras
le hicieron despertar contundentemente de su fantasía:
Fran, vamos, cabrón…, quiero que vuelvas a abrir
la boca para que pongas la polla de Nicolás a punto… para mí… Vamos
Nicolás, no tengas ningún reparo con él, que tal como te la ha
chupado antes me parece que le gusta hacerlo casi tanto como a mí…
¿no es verdad, cariño?– en nuestra fiesta, Carol había retomado el
papel de gran puta dominadora de su cabrón y éste, como abducido por
la orden, no tardó ni un segundo en agacharse y ponerse de rodillas
frente a mí, mientras yo sostenía todavía mi whisky en la mano. ¡Que
escenita!
¿Puedo? –me preguntó acercando las manos a mi
bragueta para desabrochármela.
Sí, claro… no hagamos esperar a Carol, que está
desatada…
Con sus temblorosos dedos, consiguió abrir mis botones hasta
ver cómo mi polla, firme y tersa, se marcaba bajo el slip. Las palabras de esa
putita me incendiaban y los manejos de su novio, estando allí ella, eran un
complemento muy grato, un sensual preludio de lo que se avecinaba.
Toma, ponle esto –dijo Carol mientras le acercaba
un preservativo que había buscado en su bolso. Sabes, Fran, este
cabronazo va a tener el placer, si él lo desea, de follarme el culo…
Pero Carol… si yo nunca… cómo puedes…
Que te calles, cabrón. Sí, ya sé que a ti te
obsesiona mi culo y que te lo he negado siempre, pero estoy tan
caliente y me está excitando tanto humillarte delante de él… vamos,
es eso lo que quiero hacer, además, así te enteras que me encanta
que me follen por ahí.
Puta… puta… puta –dijo secamente Fran a cada una
de las anteriores palabras.
Nada tenía que aportar a tan peculiar discusión de pareja. El
cabrón se relamía mientras deslizaba su lengua por la punta de mi capullo y
agarraba con una mano la base de mi polla. Me tenía duro y excitado, caliente y
deseoso de enterrar mi ariete en su novia. Y con su ayuda iba a ser la forma más
morbosa de hacerlo. Acatando la autoridad de la zorra, desenrolló el condón,
sujetó con las yemas la parte superior y con suavidad, mientras ensalivaba todo
lo que podía mi polla, lo fue deslizando hacia abajo hasta conseguir una
presentación más que digna.
Ahora ven aquí –le ordenó Carol mientras se ponía
a cuatro patas sobre el sofá y nos ofrecía su precioso culo. Quiero
que hagas todo lo necesario para que la polla de Nicolás esté
atendida, ¿Comprendes, Fran? Quiero que la muevas dentro de mí, que
me abras los labios de mi coño o mis nalgas para que entre dónde le
apetezca, que le acaricies los huevos, que le chupes el culo
mientras me taladra… todo, todo lo que ambos te digamos… quiero que
la corrida que le espera no la olvide en mucho tiempo… ¿Vas a saber
hacer todo esto, cabrón?
Claro… claro que sí… Carol –y con las manos
empezó a abrir con fuerza las nalgas de su novia por si me apetecía
meter mi polla en su precioso culo.
Espera bestia, todavía no estoy preparada para
eso…
Ah, perdona…
¿No tendrás por ahí…? -comprendiendo su
necesidad, me acerqué al aparador para darle a Fran el socorrido
tubo de lubricante que nunca falta en casa.
Ábreme Fran, ábreme los labios… quiero sentir
dentro su polla… uhmm… –y metiendo un par de dedos a cada lado de
los labios del coño de su novia, me lo ofreció abierto, como el más
suculento de los aperitivos marinos, vivos… un sushi divino, un
manjar sonrosado, brillante y húmedo. Vamos, cabrón, entra… uhmmm…
vamos, quiero que me golpees en el fondo… quiero sentir como me
empujas… sí, con esa polla que… Ahggg… joderrr… Fran, me están
follando como a una puta… delante de ti… ¿No es esto… agghhh… no es
lo que querías, cabrón…? ufff… deberías probarlo… ufff… dame, dame…
más… no pares Nico.
Estaba disparada. A sus palabras cada vez les era más difícil
enhebrar frases coherentes y se quedaban en letras y gemidos. Empezó a bufar con
mi barrena dentro; entrando y saliendo hasta el final, con relativa lentitud,
recreándose en el movimiento mientras los dedos de Fran seguían ahí, donde se
les había ordenado estar.
Fran… Fran… ahora, ufff… joderrr… que polla tiene
este tío… que sepas que me folla como a una puta… sí, lo merezco, me
lo he ganado, dale fuerte cabrón… Fran… cariño, quiero que empieces
a poner vaselina en mi… ahggg… como aprieta este cabrón… que la
pongas en mi culo, sabes… estoy deseando sentirla ahí, que me queme.
Sí, sí, cariño… en tu culo… joderrrr… creo que me
voy a correr con lo que estoy viendo…
Haz lo que quieras cabrón pero úntame bien que no
quiero que este me rompa el culo… Quiero que me queme las entrañas
con sus empujones… ufff… y embadurna también su polla… agghhh… no
pares, vamos… Nicolás, tú sigue, sigue…
Fran abandonó los labios del coño de su novia y depositó una
buena cantidad de lubricante en su culo, metiendo primero un dedo y luego dos,
girándolos sin demasiado esfuerzo. Esa zorra le tenía vetado el culo a su novio,
pero no parecía que lo prohibiera a otros juguetes artificiales o, seguro que
también, naturales.
Uhmmmmm… esto es increíble… sí, moveros los dos
dentro de mí… ufff… me vais a hacer correr… pero que par de
cabrones…
Mientras que Fran seguía lubricando a su novia, yo la había
cogido por las caderas y le daba empujones que dificultaban la labor lubricante
y emitían esos ya clásicos y húmedos plasff, plasff, plasff. Me estaba poniendo
a tope y tenía que parar si no quería perder el disfrute de enterrar mi miembro
en ese culo que ya estaba rojo del trabajo de su chico, abierto por sus dedos y
brillante por mi vaselina. Con el esfinter dilatado era la mayor tentación que
podía imaginar y no quería renunciar a ella.
Ya está, aparta –le dije a Fran para que quitase
los dedos de mi objetivo, pero él, recordando las instrucciones de
su chica, se puso a un lado para no estorbar y separó todo lo que
pudo esas nalgas que se movían con cada embestida mía, para
facilitarme más aún la entrada a su templo prohibido.
Muy bien, cariño; veo que estás dispuesto a
cumplir con todo lo que yo te diga… sí… venga… la quiero dentro y no
te preocupes por mí, Nicolás… vamos, cabrón… fóllame el culo delante
de mi novio que seguro cuando lo vea se corre vivo… Ufff… ya siento
la punta… Ufff… aprieta, vamos… ahora no te pares… agghhhh… sí,
joder, joderrrr… jodeeerrrrrrr… sí, sí… ya casi… Ufff… Ufff… Fran,
Fran… mira tu novia… ahgggg… que puta está hecha… y cómo le da…
aghhh… todo su culo… a… a este macho cabrón.
Y siguió con esa letanía que disparaba cada vez más a los
machos. Vi como Fran intentaba llevar su polla, desde un lado del sofá, hacia la
boca de su novia, pero también advertí como era rechazado.
Ufff… vamos, Fran… chúpale los huevos a este
semental, quiero que nos tenga a los dos… aghhh… me quema, me está
rompiendo por dentro pero me gusta… como se desliza el hijoputa
dentro de mí… que bueno, de verdad… venga, Fran, quiero ver tu boca
en sus huevos… ¡Ya!
Sí, Carol… como tú quieras –y sumiso se agachó
entre mis piernas, intentando, con su lengua, acompasarse al ritmo
que yo imprimía a mi duro miembro mientras lo enterraba entre las
nalgas de su novia. Ver desde mi atalaya a esa joven pareja, a mi
servicio, era una explosión de morbo que me estaba llevando al borde
del precipicio.
Mueve tú el culo, Carol, que si lo hago yo tu
novio no puede seguirnos desde ahí abajo…-y ella obedecía metiéndose
toda mi polla hasta el fondo y sacándola hasta que sentía cómo su
dilatado anillo se cerraba nada más salir mi glande de ella, punto
en el que comenzaba de nuevo a empujar hacia mí. Así, la muy puta,
sentía cada vez cómo le empujaba al volver a entrar.
¿Así? ¿Te gusta así, cabrón… ahggg…?
Sí, sí… mueve el culo, zorra… aghh… tu novio
también se defiende con la lengua… joderrr… vais a hacer que me
corra… Quiero hacerlo dentro de ti… ufff…
Pues venga… jódeme, reviéntame y llena mi culo
con tu leche, egoísta… ufff… vacíate… vamos… que salga todo lo que
tienes para mí, hijoputa, dame un poco de caña… vamos, ¿no sabes
llegar hasta el fondo de mi culo o qué? Pero… aghhh… que bueno,
estaría así toda la vida… pero, quiero que cuando te corras no la
gastes toda en mí, que le des un poco también a Fran.
Vi a Fran asentir y, como si de un estallido se tratase,
sentí dentro de mí el click que te dice que no hay vuelta atrás, que han abierto
la presa. Tensé las piernas para que mi polla estuviese lo más dura posible y
así contener hasta el final la primera andanada de semen, la que iría hacia sus
tripas, en plan animal. Cuando se la lancé, aullando de placer le clavé mis
yemas en sus caderas y ella apretó contra mí su cuerpo, de tal forma, que todo
mi rabo se vio tragado por ese culo tan fantástico y los huevos apretados contra
los abultados labios de su coño de putón. Después de los dos o tres primeros
chorros, ella retiró su culo para que esa cavidad fuera reemplazada por la boca
de su novio. Así, él recibió el siguiente disparo, en su cara, disfrutando del
resto con su ávida boca. Una vez que no tuve nada más que echarle dentro, Carol
le dijo que me lamiese bien y que limpiase esa polla que acabada de manchar a
ambos con sus jugos. Ya dije que era la primera vez que mi miembro estaba dentro
de la boca de un hombre y, debo confesar que, la experiencia era placentera,
contando con el morbo de que su chica estaba allí, y se acercaba mucho a las
relaciones hetero a las que estaba acostumbrado. Mientras, Carol jugaba y
hurgaba en su culo para buscar el regalo que acababa de darle; lo que encontró,
empezó a extenderlo sobre sus labios y cuando ya estaba bien rebozada de mi
semen, fue directa a besar a Fran, para buscarle en la boca el resto de mi
corrida, lo que no se había ganado con el culo. Relamiéndose dijo:
¿No lo hace mal mi novio, no?
Vaya dos… me habéis dejado una temblequera de
piernas que… me voy a sentar un poquito en el sofá.
Ahora que recuerdo… Fran, ve a por mi macuto,
anda, que esta noche la vas a recordar durante mucho tiempo.
Era una buena zorra y continuamente estaba sorprendiendo a su
novio. Ahora, mientras Fran iba a por el bolso, ella metía sus dedos en el coño
para no perder la tensión de hace un momento.
Uhmm… Fran, ¿ves una bolsa oscura que hay en el
fondo de mi macuto?
Sí, ¿qué es? –respondió excitado por la
curiosidad.
Es un juguete, bueno… uhmmm… un juguete para mí,
bueno, la verdad es que es para los dos. ¡Sácalo!
Pero… ¿Y esto?… ¿Cuándo lo has…? Carol, no te
conozco, hoy no eres tú… me gusta la nueva Carol…
Bueno, no es momento de que os hagáis un repaso a
la historia reciente de ambos, está claro, no… es un arnés. Un arnés
que se lo va a poner ella y por lo que he visto esta noche…-dije con
toda la intención del mundo.
A ver, a ver… agghhhh… quién va a ser mi elegido…
–preguntó a ambos. Mientras, los dedos de su mano izquierda
desaparecían entre sus piernas y con la otra sujetaba el artefacto
que estaba chupando para calentarnos más todavía. Acababa de
correrme, pero esa visión, junto a su invitación, estaba produciendo
el cosquilleo en los huevos con el que empieza todo de nuevo.
Conmigo no cuentes, putita… ya he probado lo bien
que se está dentro de ti y no quiero estar en otro lado.
Pues te ha tocado, Fran de mi alma…
Además, no creo que tu novio le ponga reparos al
asunto, es más, incluso si en vez del arnés fuese mi polla estaría
más que encantado, ¿no?
Hombre, Nicolás… así… en frío…
¿En frío? Pero si estás más caliente que un horno
de pan, joderrrr…tío.
¿Sí? ¿Te dejarías encular por Nicolás? Tú también
me estás sorprendiendo a mí… además de cornudo, hoy te estás
destapando como todo un bi.
Ambos estábamos pendientes de Carol y muy excitados por el
numerito que allí se iba a preparar. Fui a avivar el fuego de la chimenea,
aunque no hiciese mucho frío, y al verla allí, de pie y desnuda, pensé en la
suerte que tenía por todo aquello. Ella se empezó a ajustar las correas del
arnés alrededor de su cintura. Tenía un aspecto un tanto hermafrodita pero
tremendamente incitador, tanto que incluso pensé que había hecho mal en decirle
que no era yo quién quería recibir ese tratamiento posterior. ¡Era una
tentación!
Fran, consciente de su papel, apoyó las manos sobre el sofá,
abrió las piernas y se dispuso a recibir el ataque de su hasta ahora dulce y
poco promiscua novia; con un temblor en las piernas y una respiración tan
agitada que pensé que estaba casi a punto de correrse allí mismo, sobre mi útil
sofá. Él mismo se abría su ano con las manos, para facilitarle la labor. La
visión, de ese chico dispuesto a recibir lo que su novia le diese obró en mi
interior un nuevo impulso hacia lo que se me ofrecía y me entró una insana
curiosidad porque fuera mi polla, en vez del aparato, lo que debía enterrarse
allí. Y ya puesto, recibir a Carol en mis entrañas. Las posibles dudas se
esfumaron de golpe cuando nuestra zorra me pidió de nuevo la vaselina y untó
generosamente el latex y la entrada del culo de su novio. Empujó a Fran hacia
abajo, para que no le quedase tan alto y, de puntillas, puso el glande en su
esfínter. A la vista estaba que disfrutaba con ello y, guiñándome un ojo, empujó
con decisión sobre Fran hasta traspasar su anillo, lo que arrancó un profundo
gemido en la garganta de su novio.
Casi no me había dado cuenta, pero me estaba acariciando mi
polla, la que se recuperaba a una velocidad inusitada, tras mi reciente y gran
corrida. Al verme así, Carol me llamó y me susurró que quería ser el puente
entre ambos machos.
¿Qué? –No era momento de adivinanzas y al dudar
sobre su deseo... -¡Que me metas esa polla que te tocas en lo más
profundo de mi coño, joderrrr… que a veces hay que decirlo todo!
Cada vez me sorprendía más, y supongo que a Fran, infinitamente más.
Tus deseos son… divinos, Carol. Eres una reputa
deliciosa.
Vamos, que esto no lo he probado nunca… uhmmm…
¿Has visto cómo disfruta este cabrón? Fran, dime que te folle,
dímelo, dime que te la meta hasta el fondo…
Mientras Fran obedecía el guión que ella le imponía, me
coloqué detrás de ella. La sensación de agacharme para buscar la entrada de ese
baboso coño y de intentar meter mi polla aprovechando el vaivén de sus caderas
era algo indescriptible. Ver cómo la polla de Carol hacía retorcerse de placer a
su novio y cómo, dando réplica, la mía buscaba abrirse paso entre sus labios, me
premiaba con un continuo cosquilleo que me tenía al borde del precipicio.
Aproveché el momento en el que ella enterró el juguete en el culo de Fran y se
quedó quieta, para de un brusco empujón, de abajo arriba, entrar bastante en
ella y recibir la maravillosa melodía del aumento de sus jadeos. También me gané
un par de insultos, de los que gusta oír en la boca de una mujer cuando le metes
la polla en su coño por primera vez. Me agarré a sus caderas y levanté bien las
mías, empujando hacia arriba, para enterrarle el rabo hasta el fondo; ella
agradeció la maniobra pero no Fran, que vio como la polla que a él le tocaba
había salido completamente de su prisión. Para corregirlo, ella volvió a empujar
hacia él, y ahora fui yo el que se quejó, al verme fuera de su coño. Llevé las
manos a las caderas de Fran para tirar hacia mí de los dos a la vez y eso
funcionó, y aunque prefería las asideras de la hembra, la operación hizo posible
que, con mis empujones a Carol, la follada de ella a su novio, fuese al ritmo
que yo imponía.
Entre la chimenea y la temperatura de tres cuerpos unidos por
dos miembros, el calor amenazaba con hacernos desmayar, pero no íbamos a cejar
de nuestro polvo tan especial. Seguí bombeando dentro de su coño, que me
abrazaba con una humedad que ya perlaba sus muslos. Fran fue el primero que
empezó a dar signos de que se corría, porque él mismo se estaba masturbando, a
la vez que le follaban el culo. Cuando ya no pudo más y por suerte, me di cuenta
a tiempo para salvar mi sofá, le dije apresuradamente que se sentase en él y que
Carol se tragase su leche.
Joderrrr… de verdad que mantener mi polla dentro de ella,
mientras devoraba la del novio, tragando su semen, era mucho más de lo que yo
podía haber imaginado. Allí estaba, real, esa jovencita que no quería soltar una
polla nueva mientras daba los últimos lametazos a la de siempre. Cuando retiró
la boca, nos dijo que quería correrse con mi polla dentro, que aguantase hasta
que ella se fuese y le ordenó a Fran que le masturbase de esa forma que le
gustaba tanto: con sus palmas girando sobre el clítoris. Sentía sus manos rozar
mi polla mientras presionaba y estrujaba el botón de su novia. Carol empezó a
emitir unos gemidos roncos que anunciaban lo bien que lo estaba pasando entre
nosotros dos. Era la reina del porno. Todo eso era más de lo que yo podía
aguantar y me veía llenando su coño de leche en unos segundos. Parecerá un
tópico, pero ella, intuyendo mi urgencia, consiguió acelerarse su orgasmo: el
que se adueñó de la sala. Mientras, a su novio le era casi imposible mantener el
magreo del clítoris, de lo que ella movía la pelvis. A mí también me costaba
conservar mi polla dentro, pero quería correrme con las paredes de su coño
apretándola y seguía sus pequeñas convulsiones. Estábamos en medio del campo
pero como gritaba la muy puta! CABRONEEEEESSSS, HIJOSDEPUTAAAAA, ME VAIS A
MATAR… y cosas así que, entre gemidos y gritos, no paraban de salir de su boca.
Era tan brutal que yo no pude más. Solté mi primera andanada en su coño y
empujando sin contemplaciones a Carol para que también se sentase en el sofá,
les grité:
Juntad vuestras caras, vamos –y apunté con mi
polla, apretando por la base, para que saliese con más presión, a
sus bocas, que abiertas esperaban recibir la hospitalidad de su
anfitrión.
Amanecimos los tres en mi gran cama. Volteados. Sin orden.
Oliendo a sexo como nunca, tanto nosotros, las sábanas como la habitación. Ellos
dormían, habían quedado exhaustos de la noche anterior, que tuvo continuación en
el dormitorio, tras la escena del sofá, pero que regada con mucho más whisky,
incluso ni recuerdo. Eso sí, me dolía la polla por culpa de esa pareja.
Mis quehaceres me impedían quedarme a disfrutar de ellos ese
domingo, una pena, pero las obligaciones del medio rural son así. Al abandonar
la casa y dejarles allí hasta que se despertaran, sabía que el recuerdo de esa
visita no se iba a borrar fácilmente de mi mente, como habéis podido comprobar
en la rememoración de este extenso relato de aquella noche. Estoy seguro que a
ellos tampoco, aunque nunca más les volví a ver. Desde esa noche, ambos se
empezaron a conocer más íntimamente y yo tuve la suerte de ser el que les
presentó en esas facetas tan intensas.
No me importaba que se quedaran allí lo que les apeteciese,
eran de fiar, a todas luces. Eso sí, antes de irme, me acerqué a la cama, por el
lado de Carol, retiré la sábana, y tras un tierno beso en sus nalgas, la miré y
disfruté con ello, con la mirada del pastor.
Mis más dulces y calientes deseos para Carol y Fran, por ser
así.
Nío, invierno de 2007.
Ant1961vk@yahoo.es
|
|
Valore y Comente los relatos que lee, los autores lo agradecerán y
supondrá una mejora en la calidad general de la web. |
|
|
|
|
| |
|
| |
|
 |