Ya mi primo sabía quién era realmente su madre y no lo podía creer. Mi primo
vivía en un apartamento del viejo en un edificio en un sector muy bonito de la
ciudad que gentilmente se lo había cedido dadas las peticiones de su esposa.
Cada tanto, Marta iba a visitar a su hijo y pasaba parte del día en compañía de
éste sin que su esposo viera problema en ello.
Durante un par de sus visitas, no pudo evitar ver al encargado de hacer las
reparaciones y el mantenimiento del edificio, el cual la atraía bastante. Cierto
día, Marta fue a llevar dinero a mi primo, costumbre en ella desde que empezó a
trabajar, y aunque tenía llaves del apartamento, prefirió ir antes a la
recepción, y dijo
Buenos días señor
Muy buenos días señora, que gusto verla por acá –dijo el vigilante-
¿Mi hijo todavía estará en el apartamento?
No señora, él no llegó anoche
Muchas gracias, entonces…
Pero Jairo está en el apartamento –intervino el vigilante antes que
Marta terminara de hablar-
¿Quién?
Jairo señora, el muchacho del mantenimiento. Es que en su apartamento
hay un daño en la tubería del lavaplatos y su hijo le pidió que lo
arreglara
Ok. Voy a ver qué pasó, muchas gracias
Marta se dirigió al ascensor y ya dentro de él, le empezaron a pasar un
sinnúmero de ideas referentes a aquel joven. Ella pensaba solo supervisar que el
daño no fuera mayor y salir a trabajar, pues era un día laboral y apenas las
7:30 de la mañana. Ella vestía una blusa blanca de botones que era ajustada con
un cinturón negro ancho, una falda gris con pequeñas líneas más claras que le
daba apenas un poco arriba de las rodillas, un gabán negro y zapatos de tacón
del mismo color de atar en el tobillo. Abrió la puerta sin tocar y se dirigió
hacia la cocina. Allí encontró a Jairo acostado en el suelo bajo el lavaplatos y
notó que no llevaba su camiseta puesta, observando ese torso musculoso. Jairo
era un joven negro con rastas de unos 24 años, caleño, de 1,78 metros de
estatura y como ya dije muy musculoso. . Él, al observar a Marta dijo
Buenos días señora
Buenos días
Señora que vergüenza estar así, yo pensé que nadie iba a venir y no
quería ensuciar mi camiseta, pero ya mismo me visto
No Jairo tranquilo, así está bien.
Perdón señora, ¿cómo sabe que me llamo Jairo?
El vigilante me lo dijo. Me llamo Marta.
Gusto en conocerla doña Marta
No, me llamo solo Marta
Jaja, está bien MARTA
¿Es muy grande el daño?
No señora, es solo un tubo que se rompió pero no es gran problema, en
15 minutos está listo.
Entonces espero que acabe y luego me voy
Como quiera señora
Marta se colocó de pie junto a la entrada de la cocina y observó al joven
mientras éste trabajaba. Ella observó cómo el desgastado jean del joven le
quedaba ajustado marcando no solo sus piernas sino su paquete. El torso desnudo
y el paquete marcado del joven la empezaban a calentar y retiró su gabán. Al
verla, Jairo le dijo
Además de su linda cara usted tiene un muy bonito cuerpo
Muchas gracias. Usted también tiene un lindo cuerpo
Seguramente usted debe matarse en el gimnasio para tener ese cuerpo
–decía el joven quien apenas miraba a Marta y seguía en su trabajo-
No como cree, voy al gimnasio pero no me mato jaja
Por lo que veo está usted casada
Si, este apartamento es de mi esposo –dijo ella mientras miraba su
anillo-
Yo estaría feliz de tener una esposa como usted
Y eso por qué
¿Quiere que se lo diga?
Claro que sí – dijo Marta quien cada vez se calentaba más observando
la confianza y el cuerpo del chico-
Bueno, pues es que a una mujer como usted yo le haría el amor todos
los días
Cómo dice eso
Usted me pidió que le dijera
Si, pero…
O acaso a usted no le gustaría que le hicieran el amor todos los días
¿Quiere algo de tomar?, porque estoy sintiendo calor aquí
Está bien. Pero contésteme
Marta se dirigió a la nevera y sacó un par de hielos y unas frutas. Tomó la
licuadora, y se acercó al mesón que estaba a escasos centímetros del joven
puesto que la cocina era pequeña. Estaba conectando la licuadora cuando el joven
volvió a decir
¿Qué me dice, sí le gustaría?
Pues…..
Tranquila, esta conversación no va a salir de nosotros dos.
Está bien. La verdad es que sí, a mí me gustaría que me dieran todos
los días
Como lo supuse. ¿Y su esposo si lo hace?
No quiero hablar más del tema
Tranquila, solo quiero hacerle conversación para que no se aburra –el
miembro del joven se notaba cada vez más bajo su jean y Marta lo
advertía-
No, la verdad es que mi esposo es un viejo y…
Y qué más
Pues es que con él casi no tenemos sexo –Marta no sabía lo que le
pasaba pero le estaba confesando muchas cosas a un desconocido y se
sentía cómoda-
Pero hay algo más –dijo el joven mientras se ponía de pie en la
entrada de la cocina tras haber terminado su trabajo-
Pues es que con él no siento nada
¿No lo quiere?
No es eso
¿Entonces?, dígame tranquila
Es que el pene de él es muy pequeño
Y usted prefiere uno más grande
Si
Como este –dijo Jairo señalando su paquete ya bastante grande y duro-
Si, como ese
¿Lo quiere tocar? –dijo mientras se bajaba el pantalón y el slip
dejando frente a Marta el voluminoso aparato-
¿Puedo?- dijo Marta sin quitar la vista del pene del joven, el cual
no estaba totalmente erecto-
Por supuesto, es todo suyo
Marta se acercó al joven y aún de pie lo empezó a masturbar haciendo que el
pene ahora sí estuviera totalmente duro. Ella dirigió su boca a la del joven y
se fundieron en un beso mientras Marta no separaba su mano del miembro del joven
quien le dijo
¿Lo quieres probar?
Me encantaría
Lo tiene a su entera disposición, cómaselo si quiere
Marta atendió el ofrecimiento del joven, se arrodilló frente a él y colocó el
pene de Jairo sobre su cara intentando adivinar las dimensiones del aparato. El
pene medía unos 19 cms de largo con un ancho de casi 4 cms. Sin vacilar, Marta
bajó el pantalón y el bóxer del joven y posó la cabeza de la verga dentro de su
boca mientras con su lengua intentaba masajearla. Luego, lamió toda le extensión
del pene mientras el joven agarraba con delicadeza el cabello de Marta.
Ella ahora colocó nuevamente el pene dentro de su boca y sus manos sobre el
torso musculoso del joven mientras él movía su cadera adelante y atrás mientras
Marta chupaba cada trozo de carne que ingresaba en su boca. Ahora, Jairo se
ayudaba con sus manos y empujaba la cabeza de Marta hasta dejarle su pene
totalmente enterrado en la boca. Duraron así poco más de 4 minutos hasta que el
joven la puso de pie mientras le decía
Lo hace muy bien
Qué rico pene tiene –decía Marta mientras se limpiaba la boca-
Vamos a la sala
La sala estaba apenas a unos pasos de allí. Jairo caminó delante de Marta y
se sentó en el sofá con el pene totalmente erecto y le pidió a Marta que se
ubicara frente a él y ella obedeció. Soltó el cinturón que ella llevaba y empezó
a desabotonarle la blusa. Con delicadeza, Jairo empezó a acariciar el torso de
Marta desde el cuello hasta el abdomen generando un par de suspiros en ella,
quien ya se había quitado totalmente la blusa. Luego, él pasó sus brazos tras la
madurita y soltó el sostén que cayó al suelo y dejó a la vista los senos de
Marta adornados por sus duros pezones que parecía que iban a estallar. Sin
demora, el joven empezó a lamer y a pellizcar aquellos pezones y le robó más de
un suspiro a la madre de mi primo.
Jairo ahora giró a Marta suavemente y le subió la falda hasta la cintura,
para luego bajarle le tanguita y dejarla caída en el suelo. El joven chupó dos
de sus dedos y se los empezó a enterrar a Marta quien de pie se sobaba los
senos. Tras apenas un par de segundos, el joven dijo
Ya está mojadita, ya se la puedo meter
Mmmmm no aguanto más
Cabálgueme amorcito, con cuidado para que no se haga daño
Él la tomó por la cintura y lentamente la guió hacia su miembro que había
perdido dureza, pero que aún tenía un tamaño imponente. La verga de Jairo entró
lentamente en la concha de Marta quien con sus ojos cerrados, posó su cabeza
sobre el pecho del joven y dejaba caer su cadera lentamente sobre el oscuro
pene. Sin mayor problema aquel miembro entró completamente en la húmeda conchita
de la madre de mi primo quien ahora sí abría los ojos y empezaba a lamer el
cuello del joven mientras él tomándola por la cintura dirigía la penetración que
aún era bastante lenta. De pronto, Marta le dijo a Jairo "Le voy a mostrar cómo
me tiene que follar". Dicho esto, Marta apoyó sus brazos sobre los hombros del
joven y con gran velocidad empezó a mover su cadera hacia arriba y abajo
clavándose una y otra vez el duro pedazo de carne que estaba nuevamente duro.
Nuevamente ella habló
¿Sí le gusta papi?
Claro que sí amorcito
Entonces déme duro, quiero que me haga sentir lo que es un hombre
–decía Marta con su respiración agitada-
A usted le gusta es que la traten como a las putas
Sí, soy su putica y quiero su verga
Aja, entonces como una puta la voy a tratar.
Jairo tomó a Marta fuerte por la cintura y con fuerza empezó a clavarla sobre
su polla generando en ella más de un gemido de placer y tras apenas un momento
llegó al clímax dejando caer sus jugos sobre la verga de Jairo quien a pesar de
escuchar los gemidos y gritos de Marta al venirse, la embestía con la misma
vehemencia con la que la venía follando. Ella estaba exhausta y Jairo parecía no
querer detenerse, así que Marta rápidamente se levantó de allí y se colocó de
rodillas frente a él para empezar a chuparle la verga, por lo que él le dijo
¿Así sí le gusta perra?
Sí papi, espere descanso un poquito y me la vuelve a clavar
Así me gusta, que hable como una puta. Déjeme bien brillante la verga
Con gusto.
Marta chupó un rato aquella verga hasta que Jairo se puso de pie y tomándola
por la cara la hizo levantar también, le dio un profundo beso y la tiró al sofá
de un empujón. Él se inclinó frente a ella y le clavó toda su verga de un solo
empujón ante un doloso grito de Marta que solo atinó a mirarlo a los ojos. Jairo
ahora retomaba sus feroces embestidas metiendo una y otra vez a gran velocidad
su duro miembro en la húmeda conchita de Marta quien gemía tras cada
penetración. Pasaron unos dos o tres minutos en aquella posición cuando Jairo
dijo
Le voy a dar una buena leche
Que rico
Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh, ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh –gemía el joven
mientras se venía dentro de Marta-
Corazoncito que macho para tirar leche, me llenó todita
Ahhh
Tras el último gemido Jairo sacó su pene semiflácido de la concha de Marta y
se derrumbó en el sofá mirando al techo mientras respiraba profundamente. Ella
fue hacia él y lo besó en la boca mientras con su mano le sobaba el pene por lo
que Jairo le dijo
¿Quedó con ganas perra?
Sí papi, quiero que me dé más lechita –dijo Marta mientras metía dos
de sus dedos en su conchita, los sacaba llenos del semen caliente de su
amante y se los llevó a la boca-
A usted le gusta la leche por lo que veo –dijo el joven sorprendido
ante lo que acababa de ver-
Sí amorcito, y quiero que usted me dé su leche para poder probarla
Está bien puta. Chúpeme la verga hasta que me la deje dura que yo le
doy su ración de esperma
Con gusto
Ella con rapidez se arrodilló entre las piernas de Jairo quien respiraba
profundo y dejaba que la madurita hiciera todo el trabajo. Pasado un momento, la
verga del joven recuperó su rigidez y él su energía, así que pidió a Marta que
se pusiera a 4 patas en el sofá y ella obedeció inmediatamente abriendo sus
piernas. El joven nuevamente y sin contemplaciones, hundió todos u miembro en el
chocho de Marta de una sola estocada y ella gemía de placer. El joven la tomó
por los senos y la empujaba con fuerza hacia su verga hasta que ella lo tuviera
todo adentro y ella no tardó mucho en correrse nuevamente entre gritos y gemidos
de placer. Al concluir su orgasmo ella le dijo
Que gustazo es ese pene
Espere que ahora viene lo mejor
¿Lo mejor?
Si –dijo el negro mientras introducía un dedo en el ano de Marta-
Mmmmm –gemía Marta mientras el joven le introducía el segundo dedo-
¿Le gusta?
Mucho papi
Entonces ahí voy –dijo él mientras sacaba el pene de la concha y lo
ponía en le entrada del ano de Marta-
No voy a poder
Mire cómo si –dijo él mientras de una sola le enterraba casi media
verga-
Aaaaaaaaaaaaaaaaaaa-gritó Marta con dolor- Sáquelo no sea bestia
Usted quería que la tratara como una puta, entonces así la voy a
tratar –al terminar le terminó de clavar la verga-
No puedo más, me duele
Tranquila, ya se acostumbra –se la dejo allí, totalmente hundida unos
segundos y luego empezó un leve movimiento dentro de Marta- ¿Ya está
mejor?
Si, pero no lo haga muy rápido
Está bien perra
Jairo movía su cadera lentamente y Marta apenas podía ocultar el dolor que le
generaba semejante miembro. Tras uno o dos minutos de lento movimiento, el joven
detuvo sus penetraciones y ahora era Marta quien movía su cuerpo adelante y
atrás por lo que el morocho le dijo
¿Ve como le iba a gustar?
Si papito, me encanta
Entonces ahora si le voy a romper ese culo
Dicho eso, Jairo la tomó con firmeza por la cintura y empezó a clavarla con
furia ante los ahora gemidos de placer de la madura. El joven no paraba de
penetrarla cada vez con mayor velocidad y al sentir su corrida, intentó
contenerla pero apenas sacó su pene del ano de la madre de mi primo, soltó dos
chorros que cubrieron la espalda de una Marta que solo atinó a decir
Mmmm, que leche tan calientita. La otra me la tiene que dar en la
boca
Uffffff. Tranquila, le rompo el culo otro ratito y la dejo que usted
mismita saque la leche.
Eso espero
Venga mami, mónteme que estoy cansado –dijo el joven mientras se
sentaba con su pene flácido-
Como quiera amorcito
Marta pasó una de sus manos alrededor del cuello del joven y con la otra guió
el miembro de éste hacia su ano hasta tenerlo adentro. Allí, empezó a hacer
leves movimientos con su cadera mientras besaba al joven y sentía cómo el oscuro
pene recuperaba tamaño y dureza dentro de ella causándole más de un gemido de
placer. Ella saltaba con gran placer sobre aquel pene y tras apenas un par de
minutos de estarlo cabalgando, llegó al orgasmo. Tras dejarse caer sobre el
cuerpo de Jairo debido al orgasmo, respiró un par de segundos mientras su vagina
aún palpitaba y su ano estaba lleno de carne para luego con un evidente
cansancio dijo
Ahora sí me va a dar mi lechita
Como quiera ricura, solo la tiene que sacar –dijo él mientras le daba
una nalgada-
Tranquilo papi, yo soy buena sacando leche
Marta se puso de pie, tomó el pene del negro e hizo que él también se pusiera
de pie. Tras esto, ella se arrodilló frente a él y sin demora metió parte del
pene del joven en su boca para comenzar a succionarlo con vehemencia. Ella
acompañaba sus chupadas con pajeadas que estaban generando un gran placer en el
joven que sin tardar empezó a acelerar su respiración y dijo a Marta
Ya estoy por venirme perra
Tíremelo en la cara y en la boca
Ahhhhh
Jairo tomó su verga en sus manos, apuntó a la boca de Marta, corrió su
escroto hacia atrás y soltó tres potentes chorros de leche que como ella había
pedido, fueron a dar no solo a su cara y boca sino también a su cabello. Marta
con su boca abierta esperó gustosa cada uno de los disparos del joven y con sus
ojos cerrados, llegó a recibir parte del cálido esperma dentro de su boca,
saboreándolo y tragándolo. Un disparo del negro, recorrió el costado derecho de
la cara de Marta desde el pómulo hasta llegar al cabello, pasando por su ojo, al
cual le deshizo el maquillaje, otro chorro fue tanto a su mentón como a su boca
y el último se enredó directamente en el pelo de la madura.
Marta pasó su mano por su ojo y quitó el semen que en éste había, lamió su
mano y luego abrió lentamente sus ojos viendo a Jairo aún jalándose la pija como
intentando sacar más leche. Ella lamió delicadamente el miembro semirrecto del
joven que cayó sentado en el sofá, con su cuerpo sudoroso y cansado, por su
parte, ella se abrazó a una pierna del joven, se sentó en el suelo y no dejaba
de besar y lamer el pene y los huevos de su compañero. Estaban los dos en aquel
momento de clímax cuando oyeron cómo la puerta del apartamento que estaba a
escasos 7 u 8 metros de ellos se abría para luego ver a mi primo que entraba y
al ver la escena decía
¿Qué estás haciendo mamá?
Agradeciéndole a Jairo –dijo Marta sin inmutarse-
Perdón señor –dijo el mulato levantándose y tomando su ropa que
estaba en la cocina.-
Cállese negro hijo de puta, a usted lo voy a hacer expulsar del
edificio –dijo mi primo-
Nada de eso, primero te vas tú –dijo Marta con una voz más seria-
Pero no ves lo que acaba de hacer este hijo de puta
Porque lo que hizo lo hizo muy bien Jairo se queda.
Hasta luego y que pena –dijo Jairo que se había vestido mientras
Marta y mi primo discutían-
Tranquilo amorcito, de este edificio no van a sacar a nadie –lo
tranquilizo ella mientras el joven salía del apartamento afanosamente-
No puedo creer lo que haces mamá
Ya te dije que a mí me gustan grandes
Estás hablando como una puta
Cállate y préstame tu baño que mira este animal como me llenó de
leche, eso si es un hombre
Tú sabes donde está
Me llevas la ropa al baño
Marta tomó un baño para limpiarse tanto el sudor como el semen de Jairo, se
vistió y se alistó, pero al salir le dijo a mi primo
No quiero que hagas expulsar a Jairo del edificio ¿oíste?
Pero mamá
Pero nada, él simplemente me folló porque yo quise.
Como digas mamá
Y ya deja de hacerte el imbécil, ya sabes como soy yo y donde le
digas a mi esposo, a ti también se te acaban estos lujitos así que
piensa bien lo que haces
No lo puedo creer mamá
Y no quiero que me vuelvas a armar espectáculos como este ¿entendido?
Pero……..
¿Entendido? –dijo Marta bastante seria-
Si mamá
Entonces nos vemos luego
Hasta luego mamá –dijo mi primo lleno de ira pero resignado-
Dicho esto, Marta salió por la puerta como si nada, volvió a su coche y
partió hacia su trabajo donde se encontraría con el cachón de su marido.