Memorias del Martí, 4
--"¡No niño!, espera, eso no va a suceder, eso que quieres…
no lo vamos a hacer, ¿eh?, que te quede claro, si acepté venir aquí contigo fue
para hablar, ¿recuerdas, sí?, en eso quedamos, ¿sí?, tenemos que aclarar algunas
cosas, ¿entiendes?", dijo Ana dejando paralizado al adolescente que ya se estaba
quitando la ropa.
El chico de apenas 18 años, casi entrando a los 19, se quedó
quieto, los ojos abiertos con sorpresa; la mujer aparentando seguridad,
recargada en la puerta del cuarto 217 del hotel Martí, mirándolo a los ojos en
un silencio que se hizo eterno, mientras afuera los autos pitaban desaforados en
División del Norte. La madura adivinó la confusión o el nerviosismo en los ojos
sorprendidos del chiquillo que parece temblar de… ¿la emoción?, ¿del nerviosismo
por estar a solas con una mujer que podría… ser su madre?
Ana desvía la mirada y recorre la pequeña habitación del
hotel, las mismas cortinas, la misma colcha ya vieja sobre la cama, la tv donde
pasan pelis porno asegurada con soleras de hierro –para evitar robos-- la
ventana que deja entrar la visión conocida del edificio de enfrente, "desde
dónde tal vez algunos oficinistas espían", piensa la señora y sonríe brevemente
al rememorar pasadas experiencias en ese hotel, pero la leve sonrisa desaparece,
la doña recuerda su papel de mujer dura, quiere saber cómo fue posible que ese
chiquillo se atreviera a tanto.
La madura camina despacio por la diminuta habitación y se
recarga sobre el pequeño y destartalado tocador ubicado frente a la cama y: "a
ver… niño veme diciendo… ¿por qué me abordaste?, ¿quién te dio mi número
telefónico?, ¿por qué insististe cuando me negué?, ¿qué clase de mujer crees que
soy?, ¿cómo pudiste imaginar que yo, una señora de edad… contigo… acostarme
contigo?, ¡qué locura por dios!", dice la mujer manoteando, como para dar
énfasis a sus palabras.
El joven evade la dura mirada y ella insiste: "anda contesta,
cómo surgió en ti… ese pensamiento tan… horrible, ¿qué pensaste?, ¿qué motivo te
dí para que imaginaras cosas sobre mí?, ¡anda, quiero que me digas!", Ana sube
el tono de su voz y luego calla mientras a la habitación llegan murmullos,
jadeos, gemidos, quizás de otra pareja que en esos momentos practica el sexo en
el cuarto de al lado.
La madura intenta seguir con el interrogatorio al chiquillo
cuando éste musita: "fue el día de la fiesta".
--"¿Qué?, ¿fiesta?, ¿qué fiesta?".
--"La que organizaron en casa de su mamá, doña Cecilia, creo
que por el cumpleaños de don Hugo, su hermano, fue esa tarde…".
La madura trata de recordar y de pronto siente vergüenza, se
siente apenada de recordar aquella experiencia, y el chico sigue: "esa tarde,
luego de la carne asada pusieron música y empezaron algunas parejas a bailar…",
Ana quiere callar al chiquillo, pero éste sigue: "usted… tú, bailabas con un
joven, creo que empleado de una de las tiendas", dice el jovencito mirándola a
los ojos, pero la mujer intenta evadir la mirada escrutadora.
--"Ah, sí, la fiesta y… este… si bailé con ese muchacho, tú
estabas ahí, mi hijo te llevó, me presentó contigo, creo que son amigos del
trabajo, algo así, ¿verdad?, y qué… estuve bailando, no hice nada malo…", dice
la madura como tratando de justificarse, pues recuerda bien lo ocurrido aquella
tarde.
Y el joven vuelve a inquietarla: "es que… los ví".
--"¿Qué viste?", dice nerviosa y sofocada.
--"Cuando se fueron hacia el lavadero… yo iba por una
cerveza, ahí estaban las botellas, dentro de una tina con hielo y… ahí estaban
los dos… se besaban y se… acariciaban y luego…".
--"¡Calla, calla inmediatamente!, no tenías derecho de
espiar, porque… estuviste espiando, ¿verdad?, además… es mi vida… puedo hacer
con ella lo que quiera y tú… no tienes derecho a tratar de… recriminarme,
¿entendiste?".
El adolescente calla y baja la vista hacia la cama, Ana
recuerda bien lo ocurrido: le gustaba aquel chico, era el nuevo empleado de su
hermano, "¡lindo, el condenado!", y lo ocurrido ahí, junto al lavadero… tuvieron
sexo… primero ella le succionó el pene, luego se dejó penetrar apoyada en el
mueble de lavado, dándole la espalda, alzando su vestido y bajando parcialmente
sus medias de seda y su pantaleta roja, la cogida fue rápida pero deliciosa, se
estremece al recordar aquello y piensa: "entonces… este condenado chamaco nos
descubrió, y ahora quiere que yo… lo deje hacer lo mismo, ¡maldito!, si pretende
chantajearme está loco!, pero veremos".
Ana tratando de ocultar su nerviosismo camina hacia la
ventana abierta, mira hacia fuera distraída, y enfrente, en el otro edificio, un
piso arriba, cree descubrir a dos o tres personas, que miran hacia ella, la
madura sonríe pensando "¡tontos!, si creen que les haré un show erótico, están…
loquitos", y su pensamiento regresa al chico que la espera acostado en la cama,
pensativo, cabizbajo, quizás temblando de ansiedad, la madura no sabe qué
actitud tomar ahora que sabe que el chiquillo ha descubierto su… lujuria, sus
deseos sexuales, en particular el sexo… con chiquillos, el pensamiento la
sonroja.
Voltea hacia el adolescente y: "pues sí ocurrió aquello, pero
que tú… intentes algo similar conmigo es… algo tan… anormal, Andrés, mi hijo, es
tu amigo, ¿te imaginas que supiera que tú y yo… estuvimos juntos, que yo, su
madre me acosté con un chiquillo, que a mi edad aún ando de… loca?".
--"Él lo sabe", dice el chico como en un murmullo.
--"¿Qué dices?, ¿qué sabe?, ¿te dijo algo o qué?", reaccionó
la madura sorprendida.
--"No me comentó nada, sólo que aquella vez de la fiesta… él
también se dio cuenta de que tú y el joven aquel se fueron hacia atrás de la
casa, y estuvieron mucho rato ahí…".
--"¡Vaya!, ahora resulta que todo mundo se dio cuenta de mi…
aventura, ¿tú le dijiste algo acerca de… eso?".
--"No, no hizo falta, él se dio cuenta, estaba como apenado,
pero luego ya no, más tarde con algunas cervezas me comentó que tú eras una
mujer muy ardiente, sólo eso".
Ana esconde la mirada, se siente descubierta, piensa que no
tiene caso que siga con su actitud de… mujer recatada y decente, mira de reojo
al chiquillo y sí… "está guapo el niñito, seguro que ni siquiera ha estrenado
la… polla, y pretende que yo… le haga cositas… sucias, pero… ¿qué hago?, ¿le doy
a probar?, ¡ay dios, qué hago!, bueno… ya estamos en el hotel y quizás el pobre
estaba entusiasmado con… cogerse a una señora, ¡vaya con estos chicos de hoy!",
piensa la madura indecisa sin saber que hacer.
Luego, de forma casi natural se sienta en la cama, se acerca
un poco al adolescente que la mira con ojos sorprendidos: "mira… este… no se…
quizás te entusiasmaste por lo que miraste… aquella tarde… pero yo… no
acostumbro… tener este tipo de experiencias, digo, con jovencitos", dice Ana
tratando de ser convincente y de ocultar la mentira que, cree, se le nota en la
cara y prosigue: "además está la cuestión de mi hijo, no quisiera que él se
enterara que tú y yo… ¿entiendes?, debes entender que aunque madura aún tengo
deseos, no tengo pareja fija actualmente, pero a veces, no siempre… tengo
relaciones con alguien, es lo normal, ¿no?, pero no sé que viste en mí, o por
qué desaté tus deseos sexuales, me avergüenza esta situación… la verdad… no se
qué hacer", dice la mujer fingiendo cierto desconcierto, pero acercándose más al
adolescente.
--"Además… tú debes tener, no se, tu novia o una amiga, eres
un chico guapo, atractivo, seguro tienes admiradoras y tener sexo, digo, porque…
¿lo haz hecho verdad?".
El chico asiente un tanto avergonzado.
--"¿Con quién?, a ver dime con quien haces esas cosas feas,
niñito", dice como en broma.
--"Con Angy, la ex novia de Andrés, bueno a veces se ven los
dos, pero ella también lo hace conmigo, bueno, con algunos, digo, al menos con
varios del hospital, es, digamos, muy…", dice el chico.
--"¡Caliente!, es eso lo que es esa chamaca, ¡condenada!, y
según quería mucho a Andrés, pero desde que la conocí me dí cuenta de la clase
de… piruja que es, qué bueno que mi hijo terminó con ella", dice Ana,
sorprendida, luego calla y como sin querer acaricia una mano del chico y añade
en forma amigable:
--"¿Y oye… la tal Angy… qué?, ¿qué le hacías?, ¿qué le
gusta?".
--"No se… creo que todo… lo normal, creo, pero… más hacerlo
oral y… anal, creo", contesta el chiquillo de forma indecisa.
Y esquivando la mirada, la madura voltea hacia la ventana
abierta y… ahí siguen aquellas tres siluetas pegados a los cristales del
edificio mirando hacia el hotel, se atreve a preguntar: "¿y tú, digo, lo haz
hecho así con esa… chamaca?, ¿te lo hizo oral?, ¿la penetraste por atrás?",
sintiendo que su aliento se torna cálido y en la entrepierna una ligera
palpitación.
--"Si, la primera vez fue en el almacén, ella llegó y… nos
besamos, luego se agachó, me abrió el pantalón y… me hizo una mamada, eyaculé en
su boca y…", dice el jovencito, pero es acallado por la madura:
--"¡Calla, calla por favor!, no tenías por qué ser tan
explícito", y lo mira a los ojos guardando silencio, una de sus manos ya
acaricia la pierna del joven, por encima del pantalón y en voz baja agrega:
--"No se… tal vez te deje hacer algo de… lo que quieres,
pero… no todo, ¿me entiendes?, quizás te acaricie o alguna cosa así, tienes que
entender que casi no te conozco y pues… no acostumbro a… entregarme por completo
la primera vez, me avergüenza eso, ¿sí?, ¿entiendes?".
El chiquillo la mira con ojos incrédulos. Percibe quizás la
duda o vergüenza en los ojos de la madura, los hermosos ojos de Ana esquivan los
del adolescente en tanto la mano derecha de la madura se desliza suave sobre la
pierna del muchacho, de arriba abajo, dos tres veces, hasta que temblorosa, Ana
coloca su manita acariciadora sobre la entre pierna del adolescente que ya tiene
erecta la verga y le abulta el pantalón.
--"A ver… veremos que tienes aquí guardado… veremos que cosa
le andas metiendo a la puta esa de la Angy", dice la madura en voz baja, en
tanto sus dedos ansiosos tratan de bajar el cierre del pantalón de mezclilla
deslavada, lo intenta, pero quizás su nerviosismo o la dureza de la tela o el
abultado miembro impiden que cumpla su tarea, el chiquillo la ayuda y raudo
desabrocha el pantalón, lo baja por sus piernas junto con su trusa blanca de
algodón ante los ojos sorprendidos de Ana: "¡vágame el cielo!, ¡si estás bien
servido!, ¡mira nada más qué… tranca!, ¿todo eso le andas metiendo a la Angy?,
¿sí?", dice la madura sintiendo que se sofoca, rauda se levanta y va a la
ventana y corre las cortinas pensando, "si esos mirones querían función… pues
les falló", y regresa junto a su joven admirador.
--"¡Ay niño!, ¿qué cosa tan enorme te cargas", y sin más se
apodera de la tremenda cachiporra, la aferra con la mano y la rodea con
suavidad, le empieza a hacer una rica paja diciendo "nomás te la acaricio hasta
que termines, ¿eh?, nada más eso haremos, ¿sí?", y la mujer busca ansiosa la
boca del jovenzuelo, se besan, primero tiernamente, luego con cierta pasión, la
mujer acariciando la dura tranca, sintiendo que el calor invade su cuerpo.
El adolescente se separa un poco para pedir "yo también te
quiero acariciar, ¿sí?", resignada la mujer abre las piernas y deja que las
manos ansiosas del admirador le recorran la entrepierna e intenten bajarle las
pantimedias y el calzón, ella se deja hacer disfrutando del faje, pues "total,
nomás un faje y ya, que se vaya contento en niño", piensa la madura, pero las
caricias suben de tono, ella sigue acariciando la dura tranca y el chiquillo le
refriega los dedos dentro de la viscosa panocha, ella gime sintiendo que
terminará dándole las nalgas al chiquillo, "no, eso no, que se venga así y ya,
terminamos, ¿pero coger?, no, eso no", piensa la madura.
Pero la lujuria se posesiona de ella, ya no se contenta con
caricias, su ávida boca busca el erecto tronco y se pone a mamar en forma ante
los sorprendidos ojos del chico que busca también el sexo de la madura e inician
un sabroso 69, Ana chupando el miembro erecto, el adolescente sumergido en la
entrepierna femenina, los dos lamiendo, chupando, lengüeteando, con ansia, con
lujuria.
La madura siente que el orgasmo la invade, desde la punta de
los pies siente la ola de placer y en la cima del placer se desboca sintiendo
que el orgasmo le sacude el cuerpo y en ese instante la boca se le llena de
semen, y la madura traga los chorros de mocos, el chico gime y ella grita o
trata de gritar pues sigue con la verga clavada hasta la garganta, ambos
disfrutando del delicioso acto, el placer amaina poco a poco y los dos se quedan
quietos, en sentido inverso, de lado, la boca en el sexo del otro, la verga
todavía palpitando dentro de Ana, más bien dentro de su boca golosa, el chico
todavía dándole lengua a la madura, hasta que suspirando Ana pide una tregua:
"ya bebé, espera, ya no, déjame recuperar", y se separa un poco del amante, se
recuesta boca abajo, soñolienta y fatigada, y así se queda por minutos.
La madura casi se ha quedado dormida, cuando descubre que el
chiquillo está sobre ella, la verga en ristre trata de meterse entre sus
carnosas nalgas, el chico le aclara: "te voy a coger, mamacita, tengo que
meterte la verga".
Ella recula un poco y accede: "haz lo que quieras bebito,
hazme lo que quieras, soy toda tuya, pero sólo hoy ¿eh?", al momento el
adolescente le penetra la concha e inicia el delicioso trajín, la madura gime y
suspira disfrutando de las fieras arremetidas, los orgasmos se encadenan uno
tras otro, ella dejándose hacer, cogiendo con el jovenzuelo ardoroso que ya se
ha venido de nueva cuenta, luego siente que el ariete intenta otra incursión, el
duro palo le busca el ano, el adolescente le aclara: "ahora quiero tu culo
mamacita ¿eh?".
--"Es tuyo papi, hazme de todo", dice resignada la madura
aflojando el culo que al momento se abre para dejar pasar la tranca que parece
atravesarla.
--"¡Despacio niño!, con cuidado que me rompes, no tan duro,
espera, deja que se abra mi cola, espera, así, así, no te muevas, deja que mi
cola se abra, es tuya pero trátala con cariño, ¿sí?".
Y el chico obediente se la empieza a coger poco a poco,
apenas moviendo la verga dentro del apretado nicho que poco a poco va dando de
sí, luego las arremetidas se tornan más ágiles, más fuertes, la madura
disfrutando la enculada "¡por dios qué rico coges niñito!, así papi lindo cógeme
rico, así más fuerte que me vengo", y sigue la sinfonía de gemidos y sensaciones
deliciosas, hasta que Ana grita su orgasmo "ssssssí, si, me vengo, sigue, sigue,
no pares, quiero más, ¡por lo que más quieras no te detengas!, sigue, sigue, más
fuerte, dame leche papito lindo, quiero tus mocos, los quiero todos en mi culo,
sigue, sigue que me estoy viniendo", y el orgasmo la hace gritar de placer,
hasta que momentos después el adolescente le llena el intestino de semen y así
se quedan, ambos pegados, uno dentro de la otra, la verga bien clavada dentro
del amoroso culo de la señora que parece perder el sentido.
La madura se adormece, el chiquillo enciende la tv, las
escenas eróticas aparecen, la peli que pasan Ana se la sabe de memoria: una
mulata de enormes tetas le mama el negro miembro, enorme, a un negro musculoso,
Ana entreabre los ojos para ver con fascinación la escena, le gusta ver
películas pornográficas, uno de sus amantes la enseñó a disfrutar de eso, de
pornografía y de hecho ella se prestó para decenas de clips de video y cientos
de fotos pornográficas, hasta que aquel amante se buscó otra mujer. Ana suspira
al recordar aquello.
En eso el adolescente mira como Ana sigue la acción de la
peli y pregunta: "¿te gusta eso?, te gusta ver esas películas".
--"Son excitantes, ¿no?, y sí, me gusta ver pelis porno, pero
ahora casi no, no tengo quien me traiga a ver una peli porno a un hotel, ni
tampoco las veo en casa, pero si… me gusta mirar esas porquerías, ¡mira nomás
cómo la negra se deja coger por el culo con esa verga de burro!", dice Ana
sorprendida.
Y la madura sigue las escenas dejando que el joven amante la
vuelva a penetrar, por instantes se siente la estrella de la peli porno, siente
las arremetidas de la verga juvenil y suspira pidiendo "sigue, sigue papi,
termina, yo ya no puedo venirme más, tu sigue, llénate de panochita, que hoy es
tu día", y deja que el chiquillo se la siga cogiendo, ella atenta mirando las
escenas eróticas.
Un rato después la pareja se ha bañado para alejar los
humores a sexo, el joven pregunta:
--"¿Cuándo nos vemos?".
--"No nene, hoy fue tú día, sólo hoy, no nos volveremos a
ver, ¿entiendes?".
--"¿Por qué?, ¿no te gustó hacerlo conmigo?".
--"¡Claro que si tontito!, pero nomás hoy, ya te dí lo que
querías, ya sabes como coge una señora madura, y espero que sepas guardar el
secreto y no andes por ahí contando que me cogiste ¿eh?".
--"Pero… quisiera seguir contigo, volver a estar así como
ahorita, ¿sí?, ¿podemos?".
--"No bebé, ya te dí a probar, e hice lo que tu querías, me
hiciste de todo y varias veces ¿eh?, así que… no, tal vez, no se, algún día te
busque, pero ni se te ocurra importunarme con llamadas o que me busques, eso no,
¿quedó claro?", y amorosa besa al adolescente antes de terminar de vestirse, el
chiquillo desconcertado hace lo mismo.
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