Teníamos cinco años de casados, cuando se nos vino encima la
crisis. Como a millones de compatriotas, la ineptitud de nuestros gobernantes me
llevó al borde de la quiebra. Regentaba una negociación de cierto prestigio en
nuestra ciudad, con mucho tiempo de establecida, así que nunca tomé las medidas
adecuadas para un caso de apuro. De la noche a la mañana me encontré sin capital
para continuar abasteciendo mi establecimiento. La mayoría de mis proveedores
estaban más o menos en las mismas circunstancias que yo, así que no solamente no
me podían surtir a crédito, sino que además estaban exigiendo que les liquidara
mis adeudos anteriores a la brevedad posible. Destacaba entre todos Lalo, él era
el distribuidor de la marca de mayor prestigio internacional y por este mismo
motivo estaba más que preparado para soportar la crisis holgadamente, además
siendo un soltero sin compromisos. Considerando lo anterior me entrevisté con él
pensando que, que lo peor que pudiera pasar era que me dijera que no y de todas
maneras no tenía mas que perder. ¡Que lejos estaba yo de saber!
Esa noche regresé a mi casa desolado, mi esposa apenas me
vio, supo que era algo grave. Ella me conoce muy bien, no deja de sorprenderme,
siempre le reflejo lo que estoy sintiendo y esa ocasión no fue diferente, en
cuanto crucé la puerta me dijo: "Parece que me hubieras perdido, con esa cara
que traes"
¿Por qué dijo eso? ¿Por qué no dijo: "Parece que se te quemó
la tienda"? o "Parece que te asaltaron" o alguna otra cosa. No Señor, ella me
adivinó en la cara lo que sentía en ese momento.
Mi esposa es una pelirroja grácil, maestra de Primaria en una
escuela privada, en la que exigen una reputación honorable en todo su personal.
No hay problema, eso es lo que somos nosotros, personas con calidad moral
intachable. Bueno, hasta ese momento todavía lo éramos.
A mi esposa nunca le agradó Lalo, lo trató socialmente en
algún festejo en el negocio y le causó mala impresión. "Tiene mirada libidinosa"
me dijo, yo bromeé que cualquier hombre la vería con deseo, "¡No!" Me confirmó
"Muchos hombres me ven con admiración, éste lo hace con ‘malos ojos’, créeme".
No le di mas importancia al asunto, en aquel entonces no necesitaba de nadie y
si mi mujer me hubiera insistido, quizá hubiera prescindido de su materia.
El caso es que no es difícil suponer lo que él me propuso, al
igual que la inmensa mayoría de los comerciantes, yo no tenía en ese momento
crédito suficiente. Pero él estaba dispuesto a arriesgarse si mi mujer consentía
en pasar un fin de semana con él. Mi esposa se puso furiosa cuando se lo dije y
yo di por hecho la bancarrota. Después de una noche de perros en que no dormimos
ni mi esposa ni yo, en la mañana mi esposa habló a su escuela que estaba
indispuesta, llevó a nuestro hijo de tres años a la guardería y yo le hablé a mi
asistente, para justificar mi ausencia. Cansados pero calmados, nos pusimos a
platicar. Ella quería saber como había yo reaccionado ante la propuesta, le
respondí que si hubiera llevado una pistola en estos momentos serían otras
nuestras preocupaciones. Esto le agradó y a mí me agradó que le agradara, además
de ser verdad, si no me lié a golpes con él fue por un razonable sentido de
conservación, el tipo es bastante mas fuerte que yo. Analizamos entonces
nuestras posibilidades de supervivencia y acotamos que eran casi nulas. En
realidad la única puerta de escape era la que nos ofrecía el infeliz de Lalo.
"Está bien" dijo mi mujer "Lo haré"
"No estoy seguro" le dije "Temo perderte"
"Puedes estar tranquilo" replicó "El tipo me repugna"
"En este momento quizá" continué "Pero es buen mozo y
atlético y pudieras pasarla tan bien con él que ya no te interese regresar
conmigo"
Ella se rió y dijo "¿Y perder mi puesto en la escuela?"
"Él te puede comprar la escuela"
"Mmmm ¡Que interesante!" Se burló mi mujer "¿Qué me pedirá
por comprarme la escuela?"
Me quedé frío, el comentario no me hizo gracia. Volví a
pensar que prefería vivir en la miseria con ella que solitario en la opulencia,
pero jamás la arrastraría conmigo. Ella nuevamente leyó mis pensamientos.
"Cariño, nada me separará de ti, hasta ahora tú has sido mi único hombre, pero
te aseguro que aunque fuera el mejor amante del mundo, no lo quiero para mí, es
a ti a quién quiero y por quién haría cualquier cosa y es lo que voy a
demostrar" Y luego agregó: "¡Además, está viejo para mí, a de tener como 30
años!"
"32" corregí "Pero para los 23 que tú tienes, no es mucha
diferencia"
"De todas maneras es cinco años mayor que tú" me dijo "En un
hombre se nota bastante"
No muy tranquilo me puse en contacto con Lalo para darle la
buena nueva (Para él) y acordar las condiciones. Desde luego que necesitábamos
garantía de absoluta discreción, para ello sugerimos ir a un hotel en otra
ciudad y alquilar habitaciones contiguas comunicadas, yo me quedaría en una y mi
mujer pasaría a la de él sin que nadie lo supiera. Pero Lalo tenía una opción
mejor, me dijo que poseía una cabaña en las montañas a menos de una hora de
viaje, nosotros llegaríamos en nuestro carro sin que nadie nos viera y él
llegaría en el suyo, no habría sirvientes ni nadie que pudiera maliciar. Esto
tuvo para mí una ventaja extra que descubrí mas tarde.
El acuerdo fue el siguiente: Pasarían juntos el fin de
semana, desde la noche del viernes hasta el domingo en la mañana. Mi esposa
tendría la última palabra en lo referente al sexo, se haría lo que ella aceptara
o rechazara, no podría Lalo forzarla ni yo impedir ninguna acción. Yo sería
meramente figura decorativa, mi función se limitaría a cubrir las apariencias y
transportar a mi esposa. No tendría yo sexo con ella hasta terminada la ocasión.
En otras palabras, durante el fin de semana, ellos serían pareja y yo un amigo
muy íntimo. A cambio de eso Lalo me daría una única pero generosa dotación, a
crédito, para surtir totalmente mi negocio.
Como a las siete de la tarde llegamos a la "cabaña", que
resultó ser una mansión de cinco alcobas y tres baños, con Jacuzzi y alberca,
pero eso si, construida con troncos. Previamente habíamos dejado a nuestro hijo
con sus abuelos. Ya Lalo nos esperaba con una opípara cena. Mi esposa iba de
mala uva, con ganas de hacerle el rato menos agradable a Lalo, pero éste no le
puso mucha atención, mas bien platicó conmigo sobre lo que a mí me interesaba,
que era la forma de continuar surtiéndome su producto, el tiempo suficiente para
que me mantuviera a flote mientras pasaba la crisis. Ya esto le hizo recapacitar
a mi esposa que debía estar en mejor plan y así lo hizo, para el final de la
cena ya reía con nuestras ocurrencias. Hubo un momento en que estábamos tan a
gusto, que olvidé a que habíamos ido.
"¡Bueno es hora de acostarse!" Dijo Lalo y mi mujer y yo nos
volteamos a ver, a ella se le ensombreció el rostro y sin decir palabra tomó su
bolso y se dirigió a la habitación que Lalo le señaló. Yo tomé mi maletín y me
dirigí a otra recámara, dejé las cosas ahí y me salí a fumar un cigarro. Se me
ocurrió dar una vuelta alrededor de la casa, para distraerme, pues no quería
pensar lo que ocurría adentro. Pero, el hombre propone y el diablo dispone,
apenas di la vuelta vi una luz encendida. En ese momento supe que era de la
recámara donde estaban mi esposa y Lalo y sabía que si me asomaba podría
presenciar lo que querría yo ignorar, pero pudo mas la curiosidad que la razón.
La ventana de esa recámara estaba parcialmente cubierta por un matorral y como
no había vecinos no estaban cerradas las cortinas. Aprovechando la oscuridad de
afuera y la luz de adentro, pude presenciar en primera fila la deshonra de mi
mujer y mía. Ambos estaban aún vestidos y platicando, mi mujer se veía con gesto
adusto y Lalo muy contento, no alcanzaba a oír lo que decían, pero no tardaron
mucho en que él se acercara a mi mujer que estaba sentada en la orilla de la
cama. Linda sin voltearle a ver la cara, le desabrochó el pantalón y se lo bajó
y luego hizo lo mismo con los calzoncillos quedando frente a ella una gruesa
vara de carne. Ahora bien, sé que a muchas mujeres no les gusta mamar verga, la
mía no es una de ellas, todo lo contrario, ella puede alcanzar el orgasmo
succionándome el glande. Si hubiera un campeonato mundial de mamadoras, no sé si
lo ganaría, pero seguro que ocuparía un buen lugar. Cambió radicalmente la cara
de mi esposa, se quedó viendo con admiración la orgullosa estaca, la tomó con la
mano derecha y empezó a meneársela, algo le dijo él y ella extendió la mano
izquierda y le acarició los huevos, estuvo un rato en ello hasta que al fin se
decidió y abriendo la boquita se introdujo el palpitante miembro. Lo que me
sorprendió fue que al ver a Linda mamándole la verga a otro hombre, me excité
sobremanera y me saqué la mía para masturbarme mientras los veía. Yo sabía que
una vez que le tomara sabor a la verga de Lalo, ya la tenía éste de su lado, no
habría forma de pararla. Lamió toda la longitud y toda la circunferencia varias
veces, se introdujo todo lo que pudo hasta producirle arcadas una y otra vez
(Otras personas evitarían esto, pero a mi esposa parece excitarla), le chupó las
bolas, metiéndoselas en la boca totalmente, hasta los vellos de los huevos se le
pegosteaban de lo ensalivados que se los dejó. Todo este tiempo permanecieron,
Linda totalmente vestida y Lalo con los pantalones en los tobillos, ni siquiera
el suéter se quitó. Ningún hombre podría soportar largo tiempo este tratamiento
y desde luego que Lalo no fue la excepción, vi que gesticulaba como que le decía
algo a Linda y ella, sin dejar de chuparle, negó con la cabeza. Lalo, con una
enorme sonrisa, cerró los ojos y convulsionándose empezó a descargar sus
talegas, vi que se le aflojaban las piernas y se sostuvo de los hombros de mi
mujer. No tengo idea de cuanto arrojó, pues mi esposa se lo tragó todo
ávidamente, pero me pareció, de acuerdo a las sacudidas que dio, que por lo
menos lanzó tres grandes descargas, incluso después que se la sacó de la boca,
Linda le dio otro apretón, como queriéndola exprimir y lamió una pequeña gota
que se formó en la punta, ella que menos de 24 horas antes me decía que el tipo
le repugnaba, ahora se bebía su esperma. Lalo tomó a mi esposa por la barbilla y
se la levantó para besarla y noté que mi mujer con gusto le devolvió el beso,
provocándome una sensación desagradable en el estómago y reduciendo la erección
que me había producido el espectáculo anterior.
A continuación, Lalo tomó a mi mujer de las manos y ella se
incorporó quedando ambos de pie frente a frente. Entonces se ayudaron mutuamente
a deshacerse de los suéteres, arrojándolos a un sillón adyacente a la cama y
empezaron a desvestirse uno a otro. Como Lalo ya tenía los pantalones quitados,
simplemente levantó las piernas quitándose simultáneamente de pantalón,
calzoncillos y zapatos, quedando ridículo en camisa y calcetines, mientras que
mi esposa fue despojada de blusa y falda, quedando con zapatillas de tacón y un
juego de tanga y sostén, este último, de lencería fina en beige, que, aunque no
hace contraste con su blanca piel, no deja de verse arrebatadoramente sensual.
El hecho de que ella estuviera usando esas prendas, no ayudó a que desapareciera
el malestar que estaba yo padeciendo. Lalo no se quedó mucho tiempo
contemplándola, se apresuró a despojarla del sostén e inmediatamente le besó
golosamente los senos, mientras que ella le quitó la camisa y camiseta y se le
quedó viendo admirada del atlético cuerpo desnudo frente a ella, entonces se
agachó para quitarle los calcetines y cambiar la imagen de ridícula a una
esplendorosa, de un hombre en plenitud. Ahora él estaba totalmente desnudo y
ella aún conservaba su minúscula tanga y sus zapatillas que la hacían quedar
casi de la misma estatura que su amante. Se contemplaron mutuamente unos
momentos tomados de las manos, como golosos saboreándose ambos de lo que se iban
a comer, finalmente unieron sus bocas en un beso apasionado, juntando sus torsos
desnudos, se soltaron las manos, ella ahora le sorbía la lengua colgándose
abrazada de su cuello y él sujetándola de las nalgas, la oprimía contra su
masculinidad. Yo continuaba masturbándome y llorando al mismo tiempo. Mucho
tiempo estuvieron así, pronto las cuatro manos empezaron a recorrer ansiosas los
cuerpos ajenos, palpando y acariciándose, explorando el territorio hasta ahora
desconocido y definitivamente vedado. Al cabo de un rato se separaron, ya en la
mirada de mi esposa no había el desprecio manifestado en un principio, no, se
había transformado en mirada de pasión insana, de lujuria, de deseo por el fruto
prohibido. Ellos se hablaban, pero no los escuchaba, solo una reverberación
ininteligible, Lalo se agachó y retiró a mi esposa su diminuta tanga y descalzó
sus hermosos pies, aprovechando de besar sus deditos con delicadeza casi
femenina, mi esposa se acostó en medio de la cama y separó las piernas mostrando
impúdicamente a su amante la sonrosada rajada, Lalo se colocó entre los suaves
muslos y sepultó su cara en la celestial entrepierna. Yo le he comido el
conejito a mi mujer, pero solo como preámbulo para que esté húmeda a la hora de
la verdad, este tipo no. Él se dedicó en cuerpo y alma a proporcionar placer a
Linda, ya le acariciaba las piernas y los muslos, ya le pellizcaba los pezones,
le hacía leves cosquillas en los costados o le amasaba las nalgas y le metía los
dedos junto con su lengua. Desde el ángulo en que yo estaba, no podía distinguir
estas últimas caricias, pero suponía que le estaba metiendo el dedo lo mismo en
el culito que en la conchita. Si podía yo ver claramente la cara de mi esposa,
descompuesta por el placer que recibía, sus piernas estaban como las puertas del
templo estiradas hacia atrás y abiertas, para permitir a su sacerdote el acceso
completo para oficiar en sus altares. Por fin el esfuerzo rindió fruto, Linda
alcanzó un orgasmo tan intenso que su gemido hizo vibrar los cristales de la
ventana, Lalo se escapó de ensordecer, gracias a que en el mismo momento que
empezó el clímax de Linda, ella apretó las piernas atenazando la cabeza de su
amante y cubriendo con sus suaves muslos los oídos de éste. Quedó desmadejada
sobre la cama, con una cara de satisfacción pocas veces alcanzada. Lalo se
irguió triunfante sobre de ella, con la lanza lista para clavarla, larga y
gruesa y seguramente dura. Ve a Linda y se detiene, ella está prácticamente
inconsciente. Así no la quiere, entonces se acuesta a su lado, la abraza y la
empieza a acariciar con afecto. Linda parece que despertara de un sueño y
empieza a corresponder a los mimos, ella estira la cabeza para besar a su amante
y baja la mano para acariciarle el miembro. La escucho que habla y aunque no
distingo las palabras sé muy bien lo que le está pidiendo. Él se incorpora
nuevamente y se coloca entre las piernas de ella, que de nuevo se abren
desvergonzadamente, entregándose sin condición. Él coloca el glande en la
entrada y empieza a empujar lentamente, disfrutando centímetro a centímetro del
estuche que le prestan a su vaina. Aunque ella ya ha tenido un hijo, su vagina
no está acostumbrada al grosor del nuevo visitante, pero como la penetración es
pausada, puede ir adaptándose al tamaño, muy pronto está la estaca totalmente
sepultada en el tibio refugio. Los amantes se miran a los ojos y empiezan el
vaivén de la danza del amor, a cada empuje de él, corresponde ella levantando la
pelvis, para hacer mas completa la penetración. Mi esposa está totalmente
entregada, abraza y acaricia a este hombre con todo el cuerpo. Él le besa
alternativamente el pecho y los labios, ella le acaricia el pelo o lo sujeta,
tanto con los brazos como con las piernas. Yo no puedo mas, a pesar de mi
tristeza estoy también excitado por la erótica visión y como no he dejado de
masturbarme alcanzo el clímax arrojando mi semilla sobre la tierra. Mi esposa
alcanza un segundo orgasmo y vuelve a quedar semi inconsciente, Lalo detiene su
empuje y la besa y acaricia mientras espera a que se recupere. Yo continúo
excitado y vuelvo a masturbarme. Ella se recupera y empieza a empujar su pelvis
contra la estaca de Lalo y él vuelve a la danza con renovado ímpetu. Pronto es
evidente que él no tardara en venirse y ella no parece estar cerca, Lalo parece
hacer esfuerzo por no terminar, pero la Naturaleza lo vence y se convulsiona
sobre el dispuesto cuerpo de mi mujer. Él se deja caer sobre de ella
aplastándola con su peso y ella lo abraza como queriendo apretarlo aun mas.
Caigo en cuenta hasta ese entonces, que no usaron protección alguna, mi esposa
no usaba píldora o diafragma y él no se colocó preservativo alguno. Ya la
esperma de él está depositada en la vagina de mi esposa, ya sus espermatozoides
nadan presurosos hacia su útero. El adulterio está consumado.
Me quedo un rato largo contemplando la escena, ellos no se
mueven, mi mujer está de espaldas con las piernas flexionadas y abiertas a los
costados de él que está aún acostado sobre y abrazado por ella, recuperándose.
De pronto él se da cuenta de lo que está haciendo y trata de levantarse pero
ella no lo deja riéndose, él ríe también, pero se apoya en sus codos para no
continuar aplastándola, supongo que ella le está protestando y él se vuelve a
dejar caer, pero suavemente, se besan y se ven a los ojos con cariño. Algo le
dice él y ella asiente, lo suelta y él se para junto a la cama y le extiende la
mano, ella la toma y se para junto a él, su miembro está erecto a medias, ella
se pone de puntillas acercando su cara a la de él, se besan nuevamente y así
desnudos y de la mano se dirigen ambos al baño.
Veo que se enciende una luz en una ventana, y me acerco,
desde luego que es la del baño. Pero está muy alta y no hay modo de que pueda
subirme y asomarme. Pero la ventana está levemente abierta y así ocurre aquí lo
contrario, escucho lo que dicen, con mas o menos claridad, pero no puedo ver lo
que están haciendo. Ambos ríen y están en plan festivo, ella le pregunta como
prefiere el agua y él responde que puede soportarla bastante fría. Ella ríe
alborozada, pues nosotros, aunque hemos querido bañarnos juntos, no lo logramos,
pues a mi me agrada muy caliente y a ella muy fría y hemos visto que hay una
temperatura en que yo siento que me estoy helando y ella dice que le quema la
piel, de ahí su alborozo, pues ahora si podría bañarse con su amante. Oí abrir
la ducha y como ésta debe de estar pegada a la ventana escuché con más claridad
lo que decían, pese al ruido del agua. Él la requebraba mucho: "¡Que bonita
eres!", "¡Que verdes son tus ojos!", "¡Que hermoso cuerpo!", "¡Que piernas tan
bellas!", "¡Siempre me han fascinado las pelirrojas y tú eres el mejor ejemplo!"
y así por el estilo, incluso "¡Que ricas nalgas!", ella por supuesto reía
encantada. No era difícil imaginar que en estos momentos se estarían enjabonando
mutuamente. De vez en cuando mi mujer emitía un chillido regocijado y luego los
escuchaba reír nuevamente. A ratos callaban, supongo que se besaban pero el
chasquido de los besos era disipado por el ruido del agua. De repente mi mujer
dijo: "¡Hay que rico, ya se te paró de nuevo!" soltó una carcajada y agregó:
"¡Ha de ser de tanto enjabonarme!"
Y a continuación se desarrolló una conversación de la
siguiente manera:
Lalo: "Es que tienes muy ricas nalgas, de veras se
antojan"
Linda: "Gracias, supongo que quieres que te las de"
Lalo: "Seguro, si te animas te enjabono mas el culito"
Una pausa y enseguida
Linda: "De acuerdo, pero déjame seguirte enjabonando bien
el pito"
Lalo: "No lo hagas con tanto afán, no vayamos a
desperdiciarlo"
Linda: "De ninguna manera, ¿Lo intentamos de una vez?"
Lalo: "Por supuesto, pero quiero que estés segura"
Linda: "Estoy dispuesta"
Lalo: "Sujétate de la orilla de la tina"
Se escucha solamente el ruido del agua unos minutos con
algunos jadeos.
Linda: "¡Espérate tantito!"
Lalo: "Si te duele mejor no seguimos"
Linda: "Espérate, si duele pero no mucho, solo es cosa de
acostumbrarse"
Lalo: "¿Me das un beso?"
Linda: "Ahora no quiero voltear, espera un poco"
Lalo: "Lo que tú quieras"
Pasado un rato no muy largo.
Linda: "¡Ya! Empuja otro poquito"
Lalo: "Ahí voy, poco a poco y despacito"
Linda: "Así, así, ¡Ay que rico!"
Lalo: "Ya está todo, ¡Que apretadito!"
Linda: "Ahora si, dame tu lengua"
Lalo: "Lo dicho, ¡Que ricas nalgas!"
Solo se escucha el agua al caer y parece percibirse uno que
otro gemido pero no se distingue quién lo emite. Así continuaron un rato largo.
Después:
Lalo: "Ya termino"
Los dos: "¡Aaaaaaaaaaaaaaaaggggghh!"
Unos minutos de silencio, solo el chorro del agua es
escuchado y entonces oigo que cierran el grifo.
Me apresuré a regresar a la ventana de la recámara y me
aposté nuevamente detrás del arbusto que me servía de puesto de observación.
Justo a tiempo, los veo salir abrazados del baño, por supuesto desnudos, ella a
la derecha, lleva su brazo izquierdo alrededor de la cintura de él que a su vez
le pasa el brazo derecho por los hombros mientras con la mano le acaricia
distraídamente el pezón, su pene cuelga totalmente flácido. Ella se sube primero
a la cama y al inclinarse él le da una cariñosa nalgada, ella sonríe, se
acuestan y ella se acurruca junto a él colocando la cabeza en su hombro, se
cubren con cobijas y Lalo trata de apagar la lámpara pero es incómodo por su
posición, entonces Linda se recuesta sobre de él y estira el brazo apagando la
lamparita.
Procurando no hacer ruido regreso a mi habitación y me
acuesto. Estoy sumamente cansado y triste, pero también muy excitado con la
cruda visión de los acontecimientos recientes, la imagen que mas me incita y
llena mis sentidos es una que no pude ver ni oír, cuando los recién bañados y
desnudos cuerpos de mi esposa y su amante se frotaron bajo las sábanas cuando
Linda se estiró para apagar la luz de la lamparita de noche y así rendido me
sumerjo en un sueño reparador muy necesario.
Como a las cinco de la mañana me despiertan las ganas de
orinar y cuando me levanto al baño escucho la actividad sexual del cuarto
vecino, mas que otra cosa estoy incrédulo y muy cansado, solo deseo que se
callen para volverme a dormir, no sé cuanto tiempo transcurre, pero me parece
eterno. Cuando por fin hay silencio pienso volver a dormirme cuando de pronto mi
puerta se abre y entra mi esposa. Viene descalza y trae encima únicamente su
suéter, se acerca a mi cama, se quita el suéter y se desliza desnuda junto a mí.
Me informa que Lalo se ha quedado profundamente dormido y que aprovechó esto
para estar conmigo.
Soy tan pusilánime, que casi le digo que no debe estar aquí,
que se acuerde del trato, pero estoy tan perturbado que no acierto a decirle
nada. Ella me besa dulcemente, lleva su mano hasta mi durísimo miembro, sonríe
satisfecha y me monta, introduciendo mi estaca en su húmeda cueva. Nunca tan
bien dicha esta frase, su vulva está chorreando, no únicamente por los
lubricantes de ella, sino porque por lo que acabo de escuchar, sin duda alguna
su amante ha depositado otra carga en su interior. La emoción es mucha, la
excitación es mayor, así que demasiado pronto agrego más crema a la vulva de mi
mujer. Ella se para rápidamente y me susurra: "¡Te amo!. Solo quería asegurarte
que sigues siendo mi hombre y estoy segura que ya estabas preocupado. Me voy,
pues no quiero que él se de cuenta de que estuve contigo" se fue tan pronto como
llegó, pero me quedé un poco mas tranquilo y también asombrado de ver lo bien
que me conoce mi mujer. Empiezo a reírme al darme cuenta de la absurda vivencia
que acabamos tener, mi esposa engaña a su amante conmigo y no queremos que él se
entere, me duermo satisfecho y así continúo hasta pasadas las diez de la mañana.