Mi primera vez zoo no la recuerdo del todo
Un breve resumen de mi vida, desde hace relativamente poco soy mayor de edad,
esto que voy a contar me ocurrió hace unos meses, después de mucho pensarlo
durante años, tras ver desde pequeña con una amiga de mi edad cómo un perro de
los vecinos con el que jugábamos, nos enseñaba con frecuencia su pene, nosotras
sabíamos la razón, y es que había cogido con perras, suponemos que sólo con
perras, con mucha asiduidad, la experiencia que tenía era sustancial.
Nosotras al conocer el motivo, alguna que otra vez lo provocábamos y nos
poníamos como los perritos, a lo que el enseguida saltaba sobre nosotras y nos
intentaba coger, nosotras como estábamos vestidas no teníamos ningún miedo,
simplemente curiosidad.
Alguna que otra vez... cuando subía a casa después de jugar con mi amiga y
"nuestro amigo", me daba un baño y me acostaba en la cama, recién duchada y me
ponía a imaginar cosas, así que llegaba a acariciarme alrededor de mi vagina
produciéndome bastante placer, aunque nunca me llegué a introducir un dedo del
todo, siempre acababa muy mojada y alguna que otra vez, acariciándome el
clítoris a conciencia con todos los dedos pensando en el larguísimo pene que
asomaba a nuestro amigo perro llegaba a tener increibles orgasmos.
Todo empezó hace muy pocos meses, el descubrimiento de mi sexo, la
masturbación con mis dedos, uhmmm qué recuerdo.
Aquella primera mañana de domingo que estaba sola en casa, me desperté
increiblemente caliente, imaginé que el chico más guapo del barrio me estaba
lamiendo todo el monte de venus, mientras me acariciaba con los ojos cerrados
pensando en la escena, "veía" que me penetraba, así metí mi primer dedo
conociendo el calor de mi vagina, todo fue muy fugaz, comencé a masturbarme muy
lentamente, pero el cuerpo me pedía más, así que mi dedo comenzó a entrar y
salir muy rápidamente, hasta que me empecé a encontrar tan agusto que mi cadera
se comenzó a mover de atrás hacia delante, como si estuviese follando de veras,
así alcancé mi primer gran orgasmo con mis dedos, acabé con dos dedos hasta la
mitad, corriéndome como una loca, con los labios vaginales abriéndose y
cerrándose alrededor de ellos, de manera imparable.
Hasta que llegó el gran día en que también me desperté especialmente
caliente, ese día, mira por donde unos vecinos tenían que acudir a un velatorio
y se llevaron consigo a mis padres, como sabían de mi gusto por los animales y
yo con su perro pastor alemán me llevaba bastante bien, me lo dejaron para que
se lo cuidase, les dije que en mejores manos no podía haber caido (aún no
pensaba en todo lo que ocurriría después).
Estando a solas en casa, especialmente caliente como dije, se me ocurrió
aliviarme un poco de la manera que tanto me gustaba, abriéndome de piernas en la
cama y metiéndome los dedos hasta alcanzar el esperado orgasmo, una vez que
tenía las piernas en posición sin ropa ninguna, me dediqué de pleno a la tarea,
cuando mis dedos chorreaban con los jugos de mi placer, mis gemidos no podían
llegar más lejos, así que loca de lujuria me dejé llevar, mis suspiros, mis
movimientos de caderas, todo era exagerado, hasta que llegó el orgasmo, entonces
me detuve, mientras mi chocho seguía dando palmaditas, agradables palmaditas que
atrajeron al perro.
Lo que pasó a continuación fue colosal, no hay nada como sentir una larga
lengua de perro lamiéndote toda la vagina, desde el agujero del culo por tener
las piernas bien abiertas, hasta la punta del clítoris, la vagina comenzó a
contrarerse de nuevo con cada lamida, la pena era que el perro no sabe como
meter la lengua como las personas, dentro de la vagina, eso si que tiene que ser
alcanzar la gloria.
Tras correrme en múltiples ocasiones con la lengua animal, no se me ocurre
otra cosa que practicar con el miembro del perro, aún sabiendo que era virgen,
me daba igual que la primera vez me destrozara el coño un perro, como dije
antes, estaba especialmente caliente, entonces sucedió lo que tenía que suceder
y fue así:
Tras ponerme en posición perruna, con las piernas bien abiertas para
facilitarle la entrada al cuadrúpedo, el sabía muy bien cual era su cometido,
así que tras subirse a mi espalda y agarrarse bien a mis caderas, comenzó a
tratar de penetrarme, al principio sólo asomaba la puntita de su polla y daba
golpes al aire, salpicando no sé con qué líquido, si seminal o preseminal, pero
no acertaba.
Yo con la cabeza agachada, no quería perderme nada, miraba todo lo que
sucedía, quería ver cómo me penetraba su polla, poco a poco veía como crecía,
así que en cierta ocasión, alcanzó a darme en todo el centro de mi vagina, al
principio sentí algo parecido al dolor, pero sin terminar de serlo, así que
cuando lo sentí, avancé mecánicamente hacia delante, en parte por la sensación
de dolor, o tal vez el miedo, por lo que no consiguió nada.
Cuando ya se le veía la polla en toda su dimensión, me dije, "tú lo has
buscado, pues adelante", así que me quedé quieta, esperando a ver qué pasaba,
fue cuando sucedió lo que tenía y lo que no tenía que suceder, ¿qué tenía que
suceder?, pues me penetró de un solo golpe, yo di un empujón bastante fuerte
hacia delante de nuevo, sólo me dio tiempo a sentir un fuerte dolor y a ver un
reguero de sangre bajarme por los muslos, me había recién dervirgado y me estaba
follando, y ¿qué es lo que no tenía que suceder?, pues que tras avanzar, me
golpeé fuertemente en la cabeza contra la pared, así que de la impresión de ver
la sangre y del fuerte golpe en la cabeza, no sé cual fue la mayor influencia,
pero me desmayé.
Sólo me desperté cuando sentí un tironcito de mi vagina, me había introducido
la bola, yo seguía en la postura de perrita de mi macho desvirgador, y el me
había follado mientras yo estaba desmayada, no podía salir, me daba un poco de
susto, al no saber que tardaría todavía unos minutos, pero después de un tiempo
de espera y tras mirarme las piernas llenas de sangre, observé como el pastor
alemán se retiraba de dentro de mi, tras lo cual salió un chorrito blanco de mi
cuerpo, sería su semen, y estaba bien cargada, porque salió durante un rato.
Después de ducharme y limpiarme bien los bajos, como todavía quedaba un gran
día por delante no quise dejar de aprovechar la oportunidad, así que me
aproveché del pastor alemán, esta vez no me iba a desmayar, ya sabía lo que era
una mamada, así que tras acariciarlo, se dejaba hacer lo que yo quisiera, en
cuanto desenfundé su largo y venoso pene, empecé a mamárselo, tras unos minutos
de mamada, me mostró la gran bola que había tenido dentro, me asombré de tener
cosa tan grande dentro de mi, continué con mi trabajo, y tras mamárselo a base
de bien, me regaló unos chorritos de semen, que me tuve que tragar para no
ahogarme, sabía ácido, pero no me ha quitado las ganas de repetir.
Así sucedió todo.