CAPITULO DOS
Aparté a Pizca que se resistió a abandonar su
golosina, ahora quería a Esther, deseaba hacerle el amor.
-
"Ven aquí" – le dije; se tumbó a mi lado y nos abrazamos, tras unos
besos interminables, cuando el deseo ya era urgente, me incorporé.
-
"Voy a lavarme" – Para mi sorpresa, me sujetó la mano, estaba cachonda
perdida.
-
"¿Ya me has hecho el amor alguna vez después de dejarte chupar, no? No
me dejes ahora"
La tentación era grande, pero no estaba nada seguro de
que realmente fuera sano para ella recibir en su interior la saliva de Pizca
¿cómo insistir en lavarme sin levantar la duda sobre mis palabras? Y, lo que aun
era peor, ¿quería realmente romper ese arranque de espontaneidad de Esther?
Desoí los prudentes consejos de mi conciencia y me
lancé sobre ella como una fiera hambrienta, hundí mi polla sin mucha
consideración arrancando un largo gemido de su garganta, follamos como si se
fuera a acabar el mundo ese mismo día, supongo que Esther pensaba en lo mismo
que yo mientras lanzaba su pelvis furiosamente contra la mía. Dejarme lamer por
Pizca delante de ella había sido tan liberador para Esther como para mí; Ella,
sobreponiéndose a sus prejuicios, había disfrutado llanamente del espectáculo,
yo, liberándome del miedo a su juicio, me concentré en exhibir mi placer.
Un par de días más tarde…
Esther me saludó de esta manera cuando regresé del
súper, no tuve que pensar mucho para intuir a qué se refería. Me acojoné pero
evité demostrarlo.
Mis palabras envueltas en una estudiada
despreocupación le dieron visos de realidad y consiguió tranquilizarla,
afortunadamente el picor remitió por sí solo en un par de días y eso me hizo
pensar si no andaría muy descaminado en mi teoría.
El verano transcurría con tranquilidad, apenas
salíamos de casa ya que en realidad allí tenemos todo lo que necesitamos para
olvidarnos de las prisas del resto del año. Una tarde que como de costumbre
leíamos tumbados al sol, Thor apareció caminando perezosamente por el porche,
durante un rato estuvo oteando en busca de algún pájaro al que perseguir pero la
canícula mantenía a las aves lejos; al fin comenzó a descender los peldaños y se
acercó a nosotros buscando una caricia, le di unas palmadas en el lomo y me
lanzo un lengüetazo de agradecimiento en el muslo, luego bordeó la tumbona y se
acercó a la de Esther que, absorta en la lectura, no se había dado cuenta de su
presencia; Tenía el respaldo levantado para leer más cómodamente, mantenía sus
pies cruzados y estaba espléndidamente desnuda, como yo.
Thor la miró durante unos segundos esperando una
caricia, cuando se cansó, dio un par de pasos hacia ella y apoyó su enorme
cabezota en sus muslos; El corazón me dio un vuelco y mi polla dio un brinco,
Thor la miraba con esa expresión de desvalido que sabe poner cuando quiere algo.
Esther sin abandonar la lectura comenzó a acariciarle distraídamente la cabeza;
Yo no dejaba de mirar disimuladamente la escena, esperando que sucediera…
Thor, agradeció que le rascase la cabeza, como no,
lanzando su lengua un par de veces a los muslos que se mantenían unidos, Esther
le reprendió pero, ¡Oh Dios!, no hizo intención de quitarle sino que continuó
acariciándole entre las orejas. Thor aguantó unos minutos antes de volver a
lanzar su lengua, esta vez mucho, mucho más cerca de su pubis; Una débil y
distraída protesta de Esther solo sirvió para que Thor se acomodase más cerca de
su pubis, era evidente que el aroma de su coño le atraía. Me empezaban a doler
los ojos por mantener la mirada tan forzada hacia mi izquierda sin volver el
cuello pero no quería que Esther me sorprendiera vigilándola.
Thor lanzó un profundo suspiro, luego levantó la
cabeza de su regazo y bostezó mostrando sus fauces abiertas, tras esa
demostración de aburrimiento volvió a descansar su cabeza en los muslos de
Esther que de nuevo dijo algo así como "no seas pesado".
¿Qué entendería Thor? Desde luego no debió tomar
aquellas palabras como una orden porque inmediatamente arrimó su húmedo hocico
al coño de Esther y lanzó su lengua intentado colarla por la inexistente rendija
entre sus muslos.
Menos mal, si por un momento hubiera abandonado la
lectura habría visto emerger mi polla de entre mis piernas como si fuera un
submarino nuclear saliendo de las profundidades. Incapaz de dominar aquella roca
puntiaguda ni me molesté en ocultarla.
Esther empujó a Thor con una mano pero no estaba
dispuesto a alejarse de aquel manjar que olía tan bien, cuando notó que la
presión que lo alejaba cedía volvió a apoyarse sobre su pubis suspirando
ruidosamente.
Vi el vello púbico moverse agitado por el resoplido de
Thor y otra vez mi polla saltó de alegría. No tardó ni un minuto en caer de
nuevo en la tentación de probar la golosina que mi mujer tiene entre sus
piernas, empujó con su morro intentando hacerse un hueco.
-
"¡Vale ya!" – se estaba hartando, si, pero no hacía nada serio por
apartarle, ¿tan interesante era ese libro?
Thor volvió a la carga, de nuevo empujo justo en su
pubis, entre sus muslos y lanzó su lengua, Esther cerró el libro de un golpe.
Se inclinó para dejar el libro en el suelo. Mis ojos
funcionaron como una cámara ultrarrápida, Esther basculó hacia el lado izquierdo
donde estaba Thor, lanzó su brazo hacia el suelo cargando con el libro, su
pierna izquierda se dobló ligeramente para mantener el equilibrio en la tumbona
y Thor aprovechó la brecha que se le ofrecía para acertar con su poderosa lengua
entre los labios del coño de mi esposa.
Se sentó furiosa en la tumbona y puso los pies en el
suelo, uno a cada lado, para levantarse. No pudo imaginar la rapidez de Thor
que, al verla con las piernas completamente abiertas, se lanzó a lamer
golosamente su coño. Esther, aun bajo la sorpresa, reaccionaba más lentamente
que Thor; intentó apartarle la cabeza si conseguir moverle, luego levantó la
pierna y apoyó el pie en la tumbona para intentar esquivarle pero Thor, ansioso
por seguir saboreándola, puso sus patas delanteras en la tumbona para sortear el
obstáculo que podía ser su pierna, Esther se apoyó en las maderas de los lados
de la tumbona para recular pero ésta cedió, el respaldo se soltó y cayó
estrepitosamente hacia atrás llevando con ella a Esther que quedó tumbada, Thor
seguía con su patas delanteras sobre la tumbona y, ya sin ningún obstáculo,
lamió en profundidad su coño.
Todo había durado apenas tres segundos, tres eternos
segundos antes de que yo consiguiera reaccionar y me levantase a socorrer a mi
mujer.
Era tan excitante verla tumbada, desnuda, con sus
piernas dobladas alrededor de la gran cabeza de Thor…
Lo cogí por el collar y tiré de él, pero antes todavía
pude ver como la potente lengua recorría la raja desde su culo hasta su vientre.
Esther se levantó furiosa.
-
"¿Qué coño hacías?¿Es que no me estabas oyendo?"
-
"Lo siento, no me ha dado tiempo a reaccionar antes" –mis ojos estaban
clavados en su pubis, el vello aparecía mojado, completamente empapado por
la saliva de Thor, mi polla no dejaba de cimbrear frente a ella, cuando se
fijó me miró con odio.
-
"¡Ya veo lo bien que te lo has pasado, gilipollas!"
Salió casi corriendo hacia la casa, pronunciando
ininteligibles blasfemias contra Thor y contra mí.
Un cuarto de hora más tarde apareció en el porche;
para mi sorpresa no se había vestido, me miró mientras bajaba la escalera, yo me
esperaba la continuación de la reprimenda y supongo que mi cara debió adoptar
una expresión compungida.
Su gesto de serio enfado contrastaba con su boca que
se frunció intentando abortar una sonrisa que me contagió, ambos nos miramos y
prorrumpimos en un incontrolable ataque de risa, Esther se sentó a mi lado sin
poder hablar, cuando comenzábamos a controlarnos Thor se acercó a nosotros y
ambos a coro le echamos de allí lo cual provocó un nuevo ataque de hilaridad.
Me parecía increíble la reacción de Esther, ¡cómo
había cambiado!
-
"¿Que quieres que haga? Ha sido una de las escenas de sexo mas
acojonantes que he visto jamás"
-
"¿Si?"
-
"La bella y la bestia" – dije sin saber muy bien como mantener aquella
incipiente conversación que podía dar tanto juego.
-
"No había forma de que se quitara de encima" – no estaba seguro pero
parecía estar cachonda perdida.
-
"Le gustas, está claro y ahora que te ha probado a conciencia, ya verás"
-
"¿ya veré, qué?" – seguro, estaba cachonda, sin ninguna duda.
-
"Pues que va a querer repetir" – la vi dudar antes de hablar.
-
"¿Qué es eso de que me ha probado a conciencia?" – mas que cachonda,
salida, quería seguir hablando de lo que había sucedido y no sabía cómo
hacerme hablar.
-
"¡Vamos! ¿me lo vas a negar? Yo mismo he visto como te metía la lengua
en el coño
Se ruborizó como una colegiala ¡Bingo! Había visto
bien, no fue una ilusión óptica.
-
"¡Qué bestia eres!" – mi polla había recuperado su potencia con la
conversación y ahora apuntaba al cielo, Esther se fijó y la rodeó con sus
dedos – "¿Y esto?"
-
"Me tienes como una moto" – la besé en el cuello, sus dedos funcionan
increíblemente bien en mi polla, pronto la descapulló y comenzó a resbalar
con la babilla que brotaba en abundancia.
Nos besamos intensamente, sentados en la tumbona,
cuando Thor se acercó a nosotros aun recordaba cómo le acabábamos de echar y
prudentemente se mantuvo a poca distancia de Esther que no le había oído llegar.
Seguí besándola mientras ella manejaba mi polla hábilmente y pude ver como Thor
recorría los dos últimos pasos antes de lamer el costado de Esther.
Se puso en tensión pero la retuve pegada a mi boca.
-"Déjale, ya no te va a tirar" – noté como apretaba
las piernas y comenzaba a menear mi polla con más intensidad, ‘cómo siga así
mucho más me voy a correr antes de tiempo’, pensé.
Thor seguía lamiendo su costado, a la altura de la
cintura, y como no encontró oposición comenzó a ampliar la zona, primero bajó
hacia su cadera, casi en su nalga, luego intentó avanzar hacia su pubis pero un
manotazo le hizo replegarse nuevamente al costado y luego hacia sus riñones,
luego descendió al nacimiento de las nalgas, su lengua se colaba en la raja del
culo.
Thor volvió al costado, el sabor salado de la piel
sudada le debía saber a gloria porque comenzó a subir por sus costillas, Esther
se dejaba hacer y trasladaba su excitación a la mano que se aferraba a mi polla
como si fuera un salvavidas. En su ascenso Thor tropezó con el brazo de Carmen y
siguió la línea que formaba contra su cuerpo hasta llegar a su axila.
-
"Súbelo" – le dije antes de tomar su mano y conducirla hasta su nuca,
Thor descubrió nuevas zonas inexploradas y saladas y comenzó a lamer con
ansia su sobaco.
-
"¡No lo resisto!" dijo casi en un jadeo.
-
"Aguanta cielo, ya verás"
Thor avanzó por la sensible piel del interior de su
brazo pero debió encontrar menos sabor, entonces atravesó su axila y avanzó
hacia su pecho.
Cuando la lengua de Thor comenzó a zarandear su teta
creí que me iba a correr, el tenue gemido que brotaba de la garganta de Esther
me sonaba a música celestial.
-
"Túmbate" – la empujé sin encontrar casi resistencia.
-
"No, no quiero que me vuelva a chupar ahí"
-
"No le dejaré, mantén las piernas juntas, yo le vigilo"
Esther se abandonó al intenso placer que le daba
aquella lengua áspera y potente, apretó con fuerza los muslos y se tumbó hacia
atrás dejando que yo vigilase la zona prohibida, subió sus brazos hasta
situarlos bajo su cuello y cerró los ojos.
Thor dominaba desde arriba el torso de mi esposa y
comenzó a lamer sus tetas, cada vez que la lengua se deslizaba en toda su
longitud por sus pezones yo veía como contraía el vientre y se mordía el labio.
Me volvía loco ver sus pechos moverse impulsados por las poderosas lengüetadas.
Thor se estaba excitando cada vez más, de pronto subió las patas delanteras a la
tumbona y por un momento temí que la llegara a arañar con sus uñas.
Se le veía tan poderoso y a ella tan frágil. Cuando
volvió a su axila Esther volvió la cara hacia el lado contrario pero no se libró
de recibir un lametón en la mejilla, luego bajó de nuevo a sus tetas y siguió
descendiendo por su vientre que se aplastaba con cada recorrido de su lengua.
El olor que le llegaba de su coño debía ser tan
intenso que pareció volverse loco y comenzó a lamer como un desesperado su pubis
intentando meter el morro entre sus piernas.
Thor buscaba una rendija por donde colarse, bajó por
sus muslos que se mantenían férreamente apretados y los lamió incansablemente,
una y otra vez volvía a su pubis, dejaba de lamer y golpeaba con su morro
intentando abrir un hueco por donde alcanzar la fuente de la que manaba ese olor
que lo tenía excitado, cada vez que golpeaba su pubis todo su cuerpo se movía
impulsado por la fuerza de aquel semental que estaba…
Salido, totalmente salido, su polla emergía en toda su
envergadura intensamente roja y brillante. Una loca idea se materializó en mi
cabeza y la imaginé tomándola en su mano, llevándola hacia su grupa abierta.
-
"Está deseando volver a chuparte el coño" – le dije temblando casi tanto
como ella.
-
"¡No!"
-
"¿No te gustó? ¿qué sentiste?"
-
"No, no quiero"
-
"Pero ¿te gustó, verdad?"
Thor ahora castigaba con obstinación sus tetas,
cansado de no conseguir colarse entre sus piernas, de nuevo subió a su axila y
ella retiró instintivamente su rostro.
No contestaba, lo cual ya era una respuesta. Thor
recorría frenéticamente su cuerpo, tan pronto estaba en su costado como en sus
tetas o en su axila, periódicamente volvía a intentar llegar a su coño pero
Esther apretaba con fuerza las piernas.
-
"¿Por qué no le dejas? Solo un poquito, verás que delicia"
-
"¡No!"
-
"Solo un poquito, como antes, deja una rendija y cuando quieras parar yo
te lo quito de encima"
Esther aflojó la presión de las piernas, lo vi con mis
propios ojos, Thor zarandeaba en ese momento sus tetas y el brote de olor que
debió salir libremente de su coño le hizo volver la cabeza y se lanzó como una
flecha.
Apenas había una mínima rendija, suficiente para que
la musculosa lengua se precipitara por ella y alcanzase de lleno su coño, Esther
gimió tan alto que miré a mi alrededor preocupado por los vecinos. Thor empujaba
con su morro intentando ampliar la brecha y yo quise ayudarle a cumplir su, mi,
nuestro deseo. Puse mis dedos entre sus muslos, al sentirme me dejó entrar y
eso, sin que ella lo pretendiese, amplió la abertura que le ofrecía aThor que no
dejó pasar la ocasión, su lengua se hundía profundamente entre sus muslos,
Esther jadeaba claramente y yo, a punto de estallar, presioné con mi mano hacia
fuera.
El muslo obedeció y se separó de su hermano gemelo,
Esther dobló las rodillas y sus piernas quedaron separadas ampliamente. Pude ver
su coño un segundo antes de que Thor lo tapara completamente, la ancha lengua se
doblaba por el medio insertándose entre su labios, el espectáculo que podía ver
cuando se retiraba apenas duraba un segundo: su coño abierto por la fuerza de la
musculosa lengua intentaba cerrarse cuando de nuevo era recorrido con rapidez.
Esther dobló la nuca hacia atrás y comenzó a temblar
como si una corriente eléctrica la atravesara a intervalos cada vez más
frecuentes. Dobló la pierna más alejada e intentó hacer lo mismo con la otra
pero se lo impedía la cabeza de Thor que no se apartaba de su coño. En un rápido
movimiento tome a Thor del collar y jalé con fuerza hasta lograr apartarle de
ella, lo llevé hacia abajo y lo solté entre sus piernas. Thor estaba como loco y
de nuevo subió sus patas delanteras a la tumbona. Esther seguía con las piernas
semiflexionadas y al sentir de nuevo la lengua entre sus labios las dobló
completamente abriéndose al máximo.
No sé cuánto tiempo llevaba meneándomela, no me di
cuenta hasta que sentí el semen corriendo por mi mano. La tenía tal y como había
deseado tantas veces: desnuda, tumbada, con aquel potente macho entre sus
piernas, ahora sí que Thor alcanzaba hasta el último rincón. Me aproximé para
verlo bien, su larga lengua azotaba sus nalgas alcanzando su ano produciendo una
especie de chapoteo y subía como una flecha abriendo a su paso los labios de su
coño, una y otra vez, implacablemente, sin descanso, sin perder ni una pizca de
potencia.
Esther se convulsionaba sobre la tumbona, todo su
cuerpo se retorcía, unas veces elevaba los pies, otras los dejaba caer a los
lados. Cuando la vi cruzarlos sobre el lomo de Thor volví a agarrarme la polla
que volvía a despertar.
Estalló en un inmenso orgasmo, jamás la había
escuchado esa voz ronca, infrahumana, que salía de su garganta
interminablemente.
Esther sucumbió a dos, tres orgasmos, quizás más,
quizás solo fue uno prolongado en el tiempo. Thor no tenía intención de bajarse,
su polla aparecía enorme entre sus ancas. De un salto se subió a la tumbona e
intentó avanzar hacia Esther que gritó de dolor al sentir el pisotón de la pata
en su costado, con rapidez se volvió en la tumbona y Thor comenzó a culear
contra su muslo. Fue entonces cuando reaccioné y le obligué a bajarse, Esther se
levantó buscando el origen del intenso escozor en su costado, un largo arañazo
sangraba escandalosamente, intentó caminar pero le fallaron las piernas y tuve
que sujetarla.