| Esta es una historia de deseos, emociones, placeres, dudas, decisiones y pensamientos, es la historia del camino que nos llevó a Carmen, mi mujer, y a mí a lanzarnos a vivir las fantasías inconfesables que sin saberlo compartíamos en silencio cada vez que hacíamos el amor; Esta no es una historia de penetraciones y orgasmos, aunque también lo es; Así que si tu, lector que has llegado hasta aquí, buscas un desahogo rápido de tus pulsiones te recomiendo que abandones este texto y busques algo mas inmediato. |
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El despertador interrumpió mi breve descanso y la pereza
inicial, que me hubiera tentado en otro momento a apagarlo y ganar una hora más
de sueño, se disolvió instantáneamente cuando recordé que aquel era el día en el
que se iba a negociar la entrega de mi esposa.
Me levanté de un salto y arrastré a Carmen a la ducha, ambos
estábamos agotados por la falta de sueño y el agua fría nos ayudó a despejarnos.
Cuando nos despedimos, antes de montarnos cada uno en nuestro
coche, me retuvo un momento de la mano.
-
"¿Estamos haciendo lo mejor?" – me dijo preocupada.
-
"¿Para nosotros? Sin duda, para Carlos por supuesto,
nunca en su vida va a estar con una mujer como tú" – sonrió y me dio otro
beso.
-
"¿Estás seguro de lo que vas a hacer?" – insistió una vez
más
-
"Dime que no quieres follar con Carlos y cancelo el
almuerzo"
-
"¡Qué cabrón eres!" - dijo riendo.
-
"¡Dilo, venga!" – vi esa expresión traviesa en sus ojos,
preludio de alguna maldad; Se acercó a mi oído.
-
"Quiero saber si con la lengua es tan bueno como con los
dedos" – la abracé, me volvía loco escuchar esas palabras de su boca, dejaba
a un lado los miedos y se lanzaba a disfrutar excitándome.
-
"¡Pero qué puta te has vuelto!" – me miró con la lujuria
brillando en sus ojos.
-
"Y a ti te encanta"
Aquella mañana nuestras habitualmente breves conversaciones
por Messenger fueron más tórridas y mas continuas, cada vez que algo nos
interrumpía nos prometíamos volver tan pronto como fuera posible; Pasamos la
jornada envueltos en sexo y deseo.
A media mañana la tensión era insoportable y apenas me dejaba
concentrarme en mi trabajo, las imágenes se agolpaban en mi cabeza y me llevaban
al escenario donde se había comenzado a fraguar la claudicación de Carmen ante
sus propios deseos y ante mis continuas presiones.
La imaginaba desnudándose ante Carlos, reviví ese gesto suyo
tan personal al liberarse del sujetador; los brazos echados hacia atrás soltando
el broche y luego, tomando con una sola mano uno de los tirantes, arrastra la
prenda que se desprende de sus pechos y los muestra altivos, firmes, erguidos,
duros.
Recordé que tenía unas fotos de Carmen en top less en nuestra
terraza tomadas el pasado verano cuando probábamos la cámara digital que nos
habíamos regalado mutuamente, un capricho cuando apenas comenzaba la técnica
digital a apuntar una calidad mediana.
Localicé el CD en mi mesa, guardado bajo llave y lo introduje
en el equipo, cuando abrí las fotos me encontré a una Carmen sonriente,
provocadora, consciente del riesgo que estaba asumiendo pero confiada en mi buen
juicio sobre el cuidado de aquellas comprometidas imágenes.
Apareció en la pantalla una mujer orgullosa de su cuerpo,
halagada ante la cámara, excitada por dejarse retratar semidesnuda.
Me fijé en sus pezones; observé que en las primeras fotos
aparecían aun recogidos y blandos pero a medida que avanzaba la sesión iban
endureciéndose y apuntando agresivamente a la cámara que los retrataba. No
recordaba haberme dado cuenta antes de ese detalle; Sus poses en aquella sesión
no eran provocativas pero si ganaron en sensualidad con cada toma.
Me encontré acariciando el bulto que se había formado en mi
bragueta y, como un crio, bajé la cremallera del pantalón y busqué la forma de
extraer la hinchada polla, comencé a masturbarme mirando a Carmen en top less e
imaginándola al lado de Carlos; una extraña emoción asociada al riesgo se
mezclaba con el morbo de observar aquellas fotos y producían un efecto letal en
mi cordura.
El ruido de la puerta me sobresaltó y apenas me quedó tiempo
para subir la mano y adoptar una postura que no obstante resulto forzada.
-
"¿Te interrumpo?" – Alfredo, uno de los terapeutas mas
antiguos y con quien mantengo una buena amistad había detectado sin duda la
violencia de mi comportamiento.
-
"En absoluto, pasa, estaba dándole vueltas a un tema que
me preocupa" – dije cerrando las imágenes en mi equipo, sentía mi polla
perder dureza rápidamente y vencerse sobre mi pantalón abierto.
-
"Si puedo ayudarte.." – le detuve con un precipitado
gesto con la mano que delató mi nerviosismo.
Alfredo me consultó un tratamiento e intenté responderle con
la máxima atención pero mi situación no me permitía comportarme con naturalidad,
supongo que mi evidente nerviosismo le hizo pensar que molestaba y abrevió la
consulta. Me sentía vulnerable con mi polla ya fláccida sobre mi pantalón, me
sentía indefenso, como si toda mi autoridad ante Alfredo estuviera a punto de
desmoronarse. Recordé que uno de los métodos de debilitar al prisionero siempre
pasa por desnudarle ante el adversario despojándole, además de la ropa, de su
orgullo y de todo lo que reviste de dignidad a una persona; Así me encontraba
yo, desnudo ante un compañero que me respeta y que me considera su superior, si
acaso se diese cuenta, si un gesto inapropiado me dejase en evidencia ante él…
Cuando se marchó del despacho me coloqué la ropa mientras mi
sensatez se adueñaba de la situación y me reprendía duramente por mi absurda
conducta. No entendía qué me estaba pasando, había caído en un comportamiento
irresponsable, me estaba dejando llevar de la excitación como nunca antes me
había pasado.
Pero mi respiración agitada y la tensión muscular convertida
en un ligero temblor me recordaban el intenso placer que había experimentado
minutos antes masturbándome en mi despacho, expuesto al riesgo que,
inevitablemente, me había llevado a rozar el escándalo.
Como es habitual en mí, llegué diez minutos antes de la cita
al restaurante y me sorprendió encontrar a Carlos allí, estaba en la barra
sentado en un taburete y hablaba por el móvil cuando me vio.
-
"Un beso cielo, hasta luego" – se volvió hacia mí y
estrechamos las manos con fuerza, había cordialidad en aquel gesto – "Era
Carmen, ¿qué tal estás?"
Hubiera querido decirle que estaba excitado ante la cercanía
del momento en el que se iba a acostar con mi mujer, en su lugar traté de
pronunciar una frase de saludo pero las emociones que se habían desencadenado al
descubrirle hablando con ella me dejaron mudo.
Entramos al comedor y tras pedir el menú hablamos de Sevilla,
le pregunte por Elena… buscaba el momento para atacar el tema.
-
"Bueno, ¿qué tal anoche?" – Carlos sonrió y se limpió los
labios con la servilleta ganado tiempo para pensar qué contarme.
-
"Es una mujer increíble, tu ya lo sabes, claro, pero
temía que con el tiempo yo la hubiera idealizado; pero no, es magnífica..."
– me miró con complicidad – "y la tienes loquita, cabrón" – se puso serio –
"¿Eres consciente de que está completamente enamorada de ti?" – una emoción
indescriptible me invadió, si la conclusión que sacaba Carlos de su cita era
esa, ¿qué podía temer? ¿hasta tal punto Carmen me ama que incluso estando
con su amante no pudo ocultarlo?
Aquella declaración borró cualquier reticencia, cualquier
temor que aun pudiera albergar y arropado por esa seguridad decidí lograr una
cita a tres para ver follar a Carmen con su primer amante.
-
"Lo sé, es maravillosa, yo también la quiero, creo que
hasta Elena se pudo dar cuenta allí, en Sevilla" – había lanzado una
estrategia para justificar mi comportamiento de entonces y alejar la
hipótesis de Elena.
-
"Desde luego, yo diría que incluso sintió celos de ella"
-
"Lo siento, tengo que volver a llamarla"
-
"Yo también quiero mucho a Elena, no le hagas daño" – iba
a iniciar una protesta pero no me dejó – "lo sé, no eres un cabrón, no es
eso lo que quiero decir, pero si la llamas y no lo vuelves a hacer en
semanas, como ahora, le estás haciendo daño"
-
"Lo siento, he estado demasiado ocupado…"
-
"Eso es lo que se suele decir cuando alguien no te
interesa"
-
"Lo último que quiero es hacerle daño, gracias por
advertírmelo, no he sido capaz de darme cuenta, gracias".
La conversación se alejaba del punto al que yo quería
llevarla
-
"Bueno, cuéntame, ¿cómo te fue?"
-
"Eso es secreto del sumario" – decía mucho a su favor esa
discreción pero no era así como debía conducirse aquel almuerzo, entonces
lancé un anzuelo que picó.
-
"Carmen y yo tenemos confianza absoluta, me lo cuenta
todo y yo a ella, no temas ser indiscreto" – noté que no le había gustado el
comentario, pero ya estaba dicho.
-
"¿Os contáis vuestras… aventuras?"
-
"A veces, tampoco con pelos y señales pero… si, nos lo
contamos todo" – temía haber estropeado algo, no acababa de entender el
malestar de Carlos.
Le vi dudar, algo le preocupaba y se debatía entre
compartirlo conmigo o callar, por fin comenzó a hablar.
-
"En confianza, Mario, ayer hubo un momento en el que
estuvimos a punto de acabar en la cama" – me acodé en la mesa incitándole a
hablar, el morbo me dominaba, tenía que aparentar serenidad.
-
"Nada más llegar me di cuenta de que Carmen estaba mucho
más receptiva que en Sevilla, esperaba encontrarme otra vez con sus dudas,
sus vacilaciones, esos extraños temores que nunca comprendí en una mujer
tan… abierta como es. ¿Sabes una cosa? Cuando os fuisteis de Sevilla tan
precipitadamente me cogí un cabreo descomunal, me sentí herido en mi
orgullo; si, como lo oyes, ¿por qué se acostaba con vuestros amigos y ante
mi parecía una pudorosa y decente ama de casa?" – le interrumpí.
-
"Es una mujer decente y tiene su pudor, no te equivoques"
– Carlos estaba tenso.
-
"Decente… tu me entiendes a lo que me refiero, no es una
mujer decente en el sentido clásico de la palabra, joder, está casada y se
acuesta contigo cada vez que le apetece, te la llevas de viaje y se folla a
no sé cuantos tíos con los que seguro que no fue la primera vez, joder Mario
eso no es precisamente la definición de decencia"
-
"No es esa clase de decencia la que más me importa, es
leal, fiel, si: fiel, es la mejor amiga que puedas encontrar, es buena
persona, sobre todas las cosas"
-
"Menos con… ¿es Jaime?"
-
"¿Quién?"
-
"¿Se llama Jaime, no? su marido" – sentí la inseguridad
de no saber qué habían hablado, no recordaba haberle puesto nombre a su
marido ficticio cuando urdimos el plan camino de Sevilla y opté por evitar
una respuesta.
-
"Su marido no es ajeno del todo a la vida de Carmen, a su
manera se quieren, el respeta sus salidas y esa otra vida en la que no está
presente"
-
"No lo entiendo, no puedo comprender como teniendo a esa
mujer… ¿le conoces?" – me sentía incómodo en ese terreno, pero no podía
dejar que se me notara.
-
"Si, le conozco, nos hemos visto varias veces"
-
"¿y sabe lo vuestro?"
-
"Lo intuye"
Los papeles se habían invertido sin que me hubiera dado
cuenta, ahora era él quien me interrogaba.
-
"¿Hace mucho que conoces a Carmen?" – improvisé el medio
de volver las cosas a su sitio.
-
"Te lo cuento si luego me cuentas como os fue anoche" –
lanzó su mano que se fundió con la mía. Intente improvisar una historia
cercana a la realidad pero que encajase con lo que le habíamos hecho creer.
-
"Carmen fue alumna mía en un curso de verano hace ya
bastante tiempo, me impresionó, tan joven, tan espontánea… no la volví ver
hasta… hará unos cuatro años, coincidimos en un seminario, charlamos…
compartíamos temas comunes de investigación… el caso es que mantuvimos el
contacto; un año más tarde la amistad había dado paso a algo más, es una
mujer muy atractiva, ya sabes, y muy sensual, tiene un erotismo natural nada
artificioso, eso es lo que la hace más deseable, pero además es muy
inteligente y puedes pasarte horas hablando con ella. Comenzamos a
acostarnos en esa época y luego… bueno, ya sabes, nos hemos hecho uña y
carne"
-
"Tanto; Soy una especie de confidente, a veces hago de
hermano mayor aunque es una mujer suficientemente madura como para no
necesitar que la guíen, sin embargo le gusta consultarme cualquier cosa, es
muy independiente no creas, no es una mujer fácil de convencer, necesita
tener las cosas claras antes de aceptar una idea.
Intentaba tejer una historia que diera base a su conducta
"libertina", mi cabeza creaba alternativas que iba rechazando, otras las
moldeaba rápidamente para ver si eran solidas.
-
"…cuando Carmen se acostó conmigo, era la primera vez que
hacia algo así, hasta entonces había sido fiel a su marido, sin fisuras, sin
dudas, habíamos pasado de la amistad a tener un cierto roce, pero nos fuimos
dando cuenta de que ambos deseábamos mas, nuestras conversaciones incluían
siempre algún componente erótico, podía ser una broma, una alusión…
cualquier cosa que enseguida ella, o yo, recogíamos y desarrollábamos.
Cuando nos planteamos acostarnos hablamos mucho y durante mucho tiempo,
Carmen odia las mentiras y para ella la infidelidad era una gran mentira,
ama a su marido, le sigue amando, a pesar de todo; Fuimos desarrollando lo
que ambos queríamos y no queríamos, yo no buscaba arruinar un matrimonio en
el que la veía cómoda, ella no pensaba dejar a alguien a quien quería.
Pudimos encontrar un punto común en el que ser amigos íntimos no entrase en
conflicto con su matrimonio"
Me sentía inspirado, estaba creando una historia que encajaba
perfectamente con mi forma de ser y en parte con la de Carmen.
-
"… cada aniversario, cada cumpleaños, en Navidad, Carmen
y yo elegimos juntos los regalos para su marido y ella me ayuda con los de
mi familia. ¿Te gustó la cartera, por cierto? La elegimos juntos en
Navidades" – Carlos pareció sorprendido – "Al convertirnos en… " – dudé un
instante, iba a haber dicho ‘pareja’ pero me parecía demasiado cercano a
nuestra realidad – "…amantes, descubrí en ella una sexualidad latente
tremendamente poderosa, apenas conocía su cuerpo, había zonas que jamás
había tocado, nunca había tenido una polla en la boca, no conocía el sabor
de su flujo, rechazaba su olor, … ya sabes a que me refiero; Jugábamos y
aceptada cualquier propuesta que yo le hacía, enseguida comenzamos a
fantasear con tríos, orgías… historias para excitarnos en la cama" – bebí un
trago ganando tiempo para desarrollar la historia – "… hasta que comencé a
desear hacerlas realidad. Poco a poco Carmen fue traspasando la línea que
separa la fantasía de la posibilidad, fue cuestión de tiempo, mucho tacto y
muchas conversaciones, no solo en los momentos de mayor intensidad erótica
sino en la calma de una sobremesa, o descansando tras hacer el amor, no
buscaba un desliz ni un momento de debilidad en ella del que luego se
arrepintiera, quería que acabara deseando acostarse con otros hombres, ¿por
qué no si ya lo había hecho conmigo?" – hice una pausa y Carlos se mantuvo
en silencio – "Las primeras veces fue complicado, aun lo sigue siendo, jamás
se acuesta con alguien la primera vez a solas, no he conseguido que rompa
esa barrera y es el día de hoy que, cuando desea a alguien, me tiene a su
lado de compañero, de ayuda, de instigador, es como si fuese su salvavidas"
El anzuelo estaba echado, ahora solo quedaba esperar que el
pez lo mordiera.
-
"¿Me ayudarías a mi?" – le miré sin ninguna expresión en
mi rostro - "Mario, necesito tenerla, se ha convertido en una obsesión,
estos meses he intentado olvidarla y cuando ya creía haberlo conseguido
apareces tu y me la haces recordar, joder, tienes que echarme una mano"
Parecía desesperado, ¿Tan enganchado estaba? No me gustaba la
idea de un amante enamorado, quería algo menos comprometido.
Pero era tal el deseo que tenía de verla follando con otros
hombres que minimicé el riesgo que suponía iniciar una relación en la que había
un claro componente sentimental.
-
"No te aseguro nada, Carmen es muchas veces imprevisible"
– tome la copa y bebí pausadamente, aumentando su tensión y cerrando la
estrategia – "me ha hablado mucho de ti, se que le gustas y, más allá de
eso, se que se siente cómoda contigo, que jamás la has presionado y que se
ha sentido muy apoyada por ti estos meses en los que como sabes no lo ha
pasado demasiado bien" – fingí encontrar una idea – "Podemos hacer una cosa:
podríamos pasar un par de días en mi casa de la Sierra, primero tengo que
ver si Carmen puede plantear una excusa en casa, pero estoy seguro que el
plan le gustará, una vez allí tienes que tener paciencia…" – Carlos asentía
a todo lo que yo decía, estaba en mis manos – "puede que terminemos la noche
con unos besos, unas caricias y poco mas, ¿podrás sobrellevarlo?"
-
"Por supuesto, ya sucedió anoche, al menos lo habremos
intentado y será la base para otras ocasiones"
-
"Eso es, las prisas con Carmen no funcionan, te lo
aseguro. Estamos a martes, ¿Cuántos días tenias pensado estar en Madrid?"
-
"Los que hagan falta" – dijo con vehemencia, sonreí.
-
"Vamos, tampoco es para tanto"
-
"Lo es Mario, estos meses la he ido conociendo a través
del teléfono, y te juro que estoy colado por ella y anoche… joder, anoche si
hubiera querido me la habría llevado al hotel" – me intrigó.
-
"¿No es eso lo que querías?" – negó con la cabeza
-
"No, así no, no estaba del todo convencida, quizás sea
por eso que me has contado, quizás se sintió insegura, pero aun así, estaba
dispuesta, ¡joder si estaba dispuesta! Pero puso en mis manos la decisión,
si quieres un polvo vamos a tu hotel, pero luego nos vamos a arrepentir, me
dijo y así no podía hacerlo"
Le había ofrecido un polvo y si él hubiera aceptado a estas
horas Carmen ya habría follado con él, sentí miedo. Evité hacer ningún
comentario, estaba demasiado alterado por lo que acababa de escuchar.
-
"No creo que ella pueda antes del viernes, a mí tampoco
me vendría bien…por otro lado estoy en plena preparación del congreso de
Coruña, va a ser complicado"
-
"¿Y no podemos intentar algo menos complicado, quizás una
comida, una sobremesa en tu casa…"
-
"Será poco tiempo para que Carmen se sienta relajada, no
sé, quizás sea la única alternativa salvo aplazarlo"
-
"Vale, también, pero utilicemos esta otra opción para
allanar el camino y, quien sabe; La tenias que haber visto ayer Mario, si
hubieses estado allí la habrías visto completamente entregada, solo faltó…"
– me miró a los ojos sonriendo – "..que tu estuvieras echándome una mano" –
reconocía abiertamente mi autoridad.
Estaba embriagado por la excitación que me provocaba hablar
de mi mujer con un hombre que deseaba follársela, un hombre que había hundido
sus dedos en su coño, que había obtenido de ella tanto como había querido sin
encontrar oposición.
-
"Veamos…" – dije echando mano de mi agenda – "Voy a
hablar con ella a ver si podemos escaparnos el jueves a mediodía para estar
de regreso antes de cenar"
-
"Gracias Mario, no sabes cuánto te lo agradezco"
-
"Suavízame la tensión con Elena y estaremos en paz" –
improvisé pero esa idea reflejaba mi preocupación por haber abandonado a una
mujer tan encantadora.
-
"Eso está hecho"
-
"Ahora te toca a ti" – dije recordándole su promesa de
contarme la cita del día anterior.
Carlos se revolvió en el asiento antes de comenzar a hablar,
se le notaba incómodo, al principio sus palabras parecían resistirse a salir de
su boca, luego fue tomando confianza y se dejó llevar de la excitación que le
provocaba el recuerdo.
Escuchaba a Carlos relatar su cita de anoche y veía una mujer
aun mas entregada de lo que me había dado a entender Carmen, me seguía
sorprendiendo que hubiera sido capaz de tomar la iniciativa y acariciar su
polla, aquello indicaba una disposición absoluta.
Cada palabra, cada frase me recordaba las palabras de Carmen,
pero ahora obtenía otra visión de las mismas escenas, la visión del hombre que
iba a follar con ella; sus frases me provocaban placer pero también una desazón
desconocida contra la que lanzaba mis mejores argumentos ¿no era eso lo que
quería?¿no buscaba encontrarme en esa situación hablando con un hombre que había
probado los labios de mi esposa, que había acariciado sus pechos?¿no había
soñado mil veces por escuchar las confidencias del hombre que hubiera mojado sus
dedos en el coño de Carmen? ¿Por qué, entonces, sentía ese desagradable frío
recorriendo mi espalda?
Si, claro que si, esa era la escena que tantas veces había
imaginado, cara a cara con el amante de mi esposa, escuchando de su boca las
delicias de mi mujer. Solo faltaba un ingrediente para que mi placer fuera
absoluto: Que el hombre que estaba frente a mi supiera que hablaba con el marido
de la mujer que acababa de tener en sus brazos, que me mirase sabiendo quien era
yo, que me lanzase sus palabras consciente de que hablaba con el esposo
tolerante de Carmen, que mi cesión y mi renuncia fueran públicas.
Eran las cuatro y media cuando abandonamos el restaurante,
nos despedimos en la misma puerta y me dirigí caminando hacia el parking donde
había dejado el coche, justo antes de entrar cogí el móvil y llamé al gabinete
avisando de que no iría por la tarde., luego marqué de nuevo.
-
"Te llamo en dos minutos, ¿qué tal ha ido?" – debía estar
ocupada, aun así no pudo dominar la curiosidad"
-
"Muy bien cielo, luego te cuento"
Imaginé que se desocuparía pronto y evité una conversación al
volante, me senté en una cafetería prácticamente vacía, elegí una mesa retirada
de la barra, al lado de un ventanal y esperé con mi tercer café humeando frente
a mí.
No habían pasado ni cinco minutos cuando sonó el móvil.
-
"¿Ya te has librado de todo el mundo?"
-
"Solo era Julia, ya sabes, los cursos. Cuéntame" – estaba
impaciente.
-
"Es mejor persona de lo que pensaba, me cae bien"
-
"¿A que si? pero ¿qué ha pasado?"
-
"Bueno, me he tenido que inventar la historia de cómo nos
conocimos, como acabamos siendo amantes… luego te la cuento para que no
cometamos errores, el caso es que le tienes coladito, está que se muere por
ti"
-
"Es muy dulce, si, la verdad es que transmite confianza"
-
"No entendía por qué te acostabas con nuestros amigos de
Sevilla.." pronuncié esas palabras enfatizando su carácter ficticio – "…y
sin embargo con él te muestras tan… decente"
-
"¿Eso ha dicho?"
-
"Si"
-
"¿Ha dicho decente o estrecha" – aquel matiz era
importante para ella, Carmen tiene una gran sensibilidad por su
independencia, su autonomía, odia la imagen de chica débil, dependiente,
sumisa… le parece un rol anacrónico y le molesta que aun hoy en día algunas
mujeres lo usen como arma de seducción.
-
"Decente, pero no lo ha dicho en tono peyorativo; le he
contestado que no se equivoque, que sigues siendo una mujer decente, que eso
no tiene nada que ver con el hecho de que te acuestes con otros hombres
-
"Vaya, pues no sé cómo has logrado explicar una cosa así"
-
"Simplemente, exponiéndole como te veo Carmen, porque
cuando te acuestes con él no vas a dejar de ser para mí la misma mujer digna
de admiración, ayer te ha acariciado el coño, os habéis besado, casi te ha
desnudado, para mí no has perdido ni un ápice de decencia." – Carmen tardó
en responder
-
"¿Y que mas habéis hablado?"
-
"Le he dicho que no es fácil que te decidas a acostarte
con alguien y que siempre, la primera vez, sucede conmigo cerca, me he
definido como una especie de confidente, de hermano mayor, algo así"
-
"¡Qué bonito! ¿un hermano mayor? No, ¡si encima me va a
ver como una golfa incestuosa!" – los nervios la llevaban a bromear.
-
"Entonces me ha dicho, me ha suplicado casi ‘¿me
ayudarías a mi?’ le he propuesto un almuerzo y una tarde juntos los tres, he
pensado en que nos vayamos a la casa de la sierra, entre semana no va nadie
y tampoco vamos a salir por el pueblo"
-
"Es arriesgado Mario, cualquiera que nos vea puede
pararnos y preguntarnos por tus padres o… no sé, se puede descubrir todo, no
lo veo seguro"
-
"Entre semana es difícil que ocurra algo de eso, solo
tendríamos que limpiar un poco la casa de fotos y cosas así"
-
"No Mario, no me quedaría tranquila" – busqué rápidamente
una alternativa antes de que los posibles peligros ahuyentaran la decisión
que Carmen ya tenía tomada.
-
"También tenemos la opción de su hotel"
-
"Eso es demasiado directo, es como decirle ¡vamos a
follar!" – me resigné a demorarlo.
-
"Entonces tendríamos que dejarlo para otra ocasión en que
vuelva, ya lo hemos hablado también, irnos un par de días fuera de Madrid.
-
"Es que va a ser difícil eliminar mi rastro de la casa
¿no crees?" – sentí un disparo de alegría al ver que la idea de demorarlo no
encajaba con sus planes, ahora veía lo decidida que estaba a dar el paso.
-
"Lo principal son las fotos, por otra parte es normal que
haya ropa tuya por allí si vamos con frecuencia, o que te conozcas la casa
al dedillo, lo de los vecinos es sencillo, no habrá nadie cerca a esas horas
y menos en en estas fechas, tampoco tenemos que parar en el pueblo a nada,
llegaremos como pronto a las cuatro, en poco tiempo se hará de noche… en fin
no creo que hubiera problema, pero si no te vas a quedar tranquila lo
dejamos para finales de Enero"
-
"Tendremos que ir un día antes a dejarlo todo preparado"
– estuve a punto de gritar de alegría al escucharla.
-
"Tendrá que ser mañana, le he propuesto el jueves"
-
"Me recoges en el gabinete a las… cinco y media y nos
vamos para allá"
-
"De acuerdo" – estaba loco de alegría y de excitación.
-
"¿Qué te ha contado de mi?"
-
"Eso te lo cuento esta noche cielo"
-
"Oye…" – su voz sonó seria.
-
"Dime, amor"
-
"¿Estás bien? lo que te haya contado… no…"
-
"Estoy genial, estoy orgulloso de ti y estoy deseando
tenerte a mi lado para… contarte todo"
-
"Eres un cielo"
-
"Te quiero, solo es eso"
-
"¿Sólo? Eres lo mejor que me ha pasado en mi vida"
Cuando colgué el móvil me di cuenta de que en la mesa cercana
se había sentado un matrimonio de jubilados que no me quitaban ojo, su presencia
me había pasado inadvertida hasta entonces y supuse que el tono de mi voz les
había llegado con cierta claridad. Me irritaba su invasión de mi intimidad y
bastó mantenerles la mirada un segundo para que no volvieran a mirarme; pagué el
café y salí de allí
Al día siguiente la esperaba en el coche en la puerta del
gabinete, no se demoró más de cinco minutos desde que la llamé avisándola.
Hicimos el camino a la Sierra hablando de mil cosas excepto
del motivo que nos llevaba allí, parecía como si intentásemos evitar afrontar en
frío lo que la noche anterior ambos teníamos decidido, era una especie de miedo
supersticioso a que, si hablábamos de ello, uno de los dos recapacitaría y el
otro se vería obligado a renunciar también.
Al atravesar el pueblo no vimos a nadie por la calle, las
escasas luces que se veían en alguna ventana refrendaban mi idea de que en esos
días el pueblo estaría semivacío. Detuve el auto frente a la verja y me bajé
para abrirla, se había hecho de noche y no se veía a nadie por los alrededores.
La casa estaba helada, aun había signos de la celebración del
largo fin de semana anterior en el que nos reunimos toda la familia para la
entrega de los regalos de Reyes; algunos vasos olvidados en las mesas del salón,
un cenicero lleno de colillas que apestaban a metros de distancia me recordaba
que mi hermano y mi cuñada no eran muy cuidadosos con esos detalles, había que
abrir las ventanas a pesar del frío, mas tarde encendería la calefacción de
gasóleo.
Carmen estaba apoyada en la entrada del dormitorio que
solíamos utilizar nosotros cuando íbamos solos y que, esta vez, había usado mi
hermano para instalar en él la cuna portátil del benjamín. La cama continuaba
desplazada hacia la pared bajo la ventana para hacer hueco a la cuna y otra vez
sentí esa familiar irritación que me provocaban desde mi niñez los descuidos de
mi hermano, descuidos que siempre tenía que resolver yo.
Pero Carmen no pensaba en esas cosas, su mirada estaba fija
en algún punto de la cama de matrimonio y su pensamiento se hallaba lejos; salió
de su ensimismamiento al sentirme a su lado.
-
"Habrá que cambiar las sábanas" – aquellas palabras
dispararon mi excitación, Carmen las había pronunciado con una naturalidad
pasmosa, preveía que acabaríamos en aquella cama y no soportaba la idea de
que Carlos no encontrase unas sábanas sin estrenar.
-
"Claro, voy a por un juego"
-
"No deja, voy yo"
La emoción me superaba, Carmen deseaba elegir personalmente
el juego de sábanas, se quería asegurar de poner uno de los más nuevos y, otra
vez, su esmero a la hora de preparar el lecho para su primera vez con otro
hombre encendió mi deseo con una fuerza inusitada.
Retiramos la ropa usada entre los dos como solemos hacer en
casa, luego comenzamos a vestir la cama con las sábanas limpias, sin hablar, tan
solo cuando le cambiamos la funda a la almohada nuestros ojos se cruzaron, una
sonrisa escapó de mis labios, ella bajó la mirada como turbada por lo que
estábamos haciendo y siguió colocando la funda ayudada por mi.
Yo observaba cada gesto y me repetía: "está preparando la
cama para acostarse con Carlos".
Comenzamos después una revisión de cada habitación intentando
retirar cualquier signo que nos delatara; varias fotos nuestras y alguna suya
con mis padres fueron a parar al cajón del escritorio que luego cerré con llave.
Mantenemos un armario para cada familia y revisamos el nuestro para que no
hubiera demasiada ropa suya, precaución absurda por cuanto Carlos no iba a abrir
ningún armario; aun así todo cuidado nos parecía poco.
Salí al exterior y caminé hasta el cuarto anexo al garaje,
comprobé el nivel de gasóleo y encendí la caldera. Al volver la vi por la
ventana del baño revisando todo, comprobando que cada cosa estaba en su sitio,
pensé que teníamos que bajar la persiana del baño no fuera a ser que nos viera
alguien.
Entonces mi imaginación se disparó y me vi ahí, frente a la
ventana viendo como Carmen entraba en la ducha acompañada de Carlos. Si eso
sucediera, desde mi posición podría verlos con claridad hasta la cintura y si me
retiraba unos metros la pendiente del terreno me permitiría verlos casi por
completo. Las escenas brotaban incontrolables en mi cabeza, la veía dejarse
enjabonar por él, con las manos apoyadas en la pared y el chorro de agua cayendo
por su espalda…
La luz del baño se apagó y con ella mi fantasía.
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"¿Dónde estabas?" – me dijo al verme aparecer
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"Encendiendo la caldera"
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"¿La vas a dejar puesta?" – no solíamos hacerlo, aun
estábamos discutiendo si instalar un sistema de encendido automático del que
éramos los únicos defensores y por tanto los probables financiadores.
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"No hay otra opción ¿tú crees que estarías cómoda
desnudándote en esta casa tan fría?"
Era la primera referencia directa en toda la tarde a lo que
planeábamos; Carmen me miró con cierto sobresalto y desvió los ojos
inmediatamente.
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"Está todo en orden, no?" – dije para romper la tensión.
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"Vamos a dar otro repaso" – respondió saliendo hacia la
cocina.
Media hora más tarde cerraba la puerta de la casa y
caminábamos hacia el coche, llevaba a Carmen cogida por los hombros y ella
rodeaba mi cintura.
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"Bueno, ya está todo preparado" – Carmen se detuvo y me
volví hacia ella, apenas veía su rostro en la oscuridad.
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"¿Crees que…?" – besé su boca, con suavidad, ella
respondió al instante y me rodeó con sus brazos, un beso largo, intenso que
intentaba transmitirle confianza.
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"La próxima vez que salgas por esta puerta, llevarás el
semen de Carlos en tu coño" – Se apretó a mí, no dijo nada, solo se abrazó
muy fuerte.
Sabía que aquello no tenía vuelta atrás, si alguna vez la
tuvo fue antes de que yo le diese su teléfono a Carlos, con aquel gesto había
quemado las naves que nos hubieran podido devolver a nuestra cómoda y tranquila
existencia, sin sobresaltos pero también sin las intensas emociones que habíamos
experimentado desde entonces. Tras el verano, Carmen había olvidado a Carlos,
quizás quedaba en su interior algún rescoldo de las emociones vividas en Sevilla
pero la relación que se había establecido entre ellos durante los últimos meses
hacía inviable detener lo que todos deseábamos. Intentar abortar lo que estaba a
punto de suceder hubiera provocado, con toda seguridad, una insatisfacción tal
que probablemente habría mitificado la imagen de Carlos ante ella y, tarde o
temprano, hubiera acabado sucediendo de una manera mucho menos leal entre
nosotros.
Esa era mi conclusión mientras besaba a Carmen en la
oscuridad de la noche, alumbrados tan solo por la estrellas en una noche rasa
que anunciaba una helada que ya se dejaba sentir en nuestra piel.
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