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Fecha: 22-Nov-08 « Anterior | Siguiente » en Sexo con maduras

Mi suegra. En la calle una señora en casa. Mi puta

Raul1001
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Tiempo estimado de lectura: [ 26 min. ]
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Describo la relación iíntima que tengo con mi suegra a espaldas de mi mujer. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

En primer lugar. Quiero agradecer los comentarios de algunos lectores a mi primer relato. Me ha sorprendido, que a muchos os hubiese gustado que a mi mujer la enculara el bueno de Roberto. Bueno, eso es algo que no depende de mí. Será ella, la que en su momento y en otra ocasión, si llega. Lo decidirá. Que me gustaría verla empalada por el culo. Seguramente que sí, pero repito. No depende de mí.

Este segundo relato no es ficción. Es verdadero. Quiero decir, que no es fruto de mi imaginación. Los hechos que a lo largo de las siguientes páginas relato, son producto de una curiosa relación que tengo con mi suegra.

¿Como es mi suegra? Pues lo mismo que hice con mi mujer. Os pongo un par de fotitos para que la veáis. Una imagen vale más que mil palabras.

 

Tiene 60 años y como veréis para esa edad no está nada mal. Es más. Está buenísima. Siempre digo, que espero que mi mujer a su edad esté tan buena como ella.

Se llama Laura. Como mi mujer. En casa a nivel familiar a mi mujer la llamamos Laurita para entendernos.

Más adelante, a lo largo del relato, os contaré las circunstancias que me llevaron a sacarle estas fotitos. Veréis, que detrás de ella hay un traje de noche largo, negro de lentejuelas colgado de la puerta y un espejo Ese traje y el espejo son los responsables de estas fotitos.

Antes de nada os pondré en antecedentes. Mi suegra está viuda desde hace cuatro años y por cuestiones de la vida, se vino a vivir a nuestra casa para no estar sola y tener la compañía de su hija y la mía. Por supuesto.

 

La relación con mi suegra los primeros tres años de convivencia fueron de lo más normal ente nosotros. Quiero decir entre ella y yo. Pero fue en junio del 87 cuando se produjeron ciertos cambios en nuestra relación.

Para que entendáis mejor esos cambios de relación. Antes debo hacer otra aclaración. Mi mujer. Laura. Es médico del servicio de salud pública en España. Aquí se llama la Seguridad Social. Y como Médico, durante la semana hace una o dos guardias en las que entra a las ocho de la mañana y sale a la misma hora del día siguiente. Yo soy Abogado y tengo mi despacho de trabajo en casa, por lo que cuando mi mujer está de guardia mi suegra y yo pasamos mucho tiempo solos.

Todo empezó. Como dije antes, en Junio del 87. Cuando como todas las mañanas a eso de las 7,30 bajo a desayunar. Mi suegra es la que al no estar mi mujer, me pone el desayuno y charlamos un ratito mientras me tomo mi café y las reglamentarias tostaditas.

Una de esas mañanas, mi suegra estaba poniendo el mantel en la mesa del comedor y al pasar junto a ella. No sé porque razón le di una palmada en su trasero dándole los buenos días. Ella dio un gritito y giró su cara sonriendo y me dijo.

Que susto me has dado. Siéntate cariño. Ahora mismo te traigo el desayuno.

Quiero deciros. Que como todas las mañanas mi suegra llevaba puesto un albornoz que usa como bata de casa y por debajo, su camisón de noche. Me puso el desayuno. Charlamos un momentito y se fue a su habitación a cambiarse como siempre hace.

Mientras desayunaba. Empecé a pensar en la palmada que le había propinado en su trasero y me di cuenta de que no le había parecido mal ese saludo mañanero. Todo lo contrario. Me pareció que le había gustado y que el gritito fue como una especie de coquetería femenina, acompañado por esa sonrisa como de complicidad.

Pasaron dos o tres días y las cosas como siempre, hasta que mi mujer volvió a tener su guardia. Esa mañana mi suegra estaba en la cocina, limpiando algo en el fregadero y al pasar por detrás de ella. Ni me lo pensé. Le di dos cachetes en el culo. Dos buenos cachetes. Uno en cada nalga. Lo mismo que la última vez. Pero ración doble. Dio dos grititos. Uno por cada palmada., volvió a girar su cara con la misma sonrisa y como si nada hubiese pasado dijo.

Buenos días cariño. Siéntate en el comedor. Ahora mismo estoy contigo.

Me puso el desayuno. Charlamos un momentito y a su habitación.

Estaba comprobado que no le importaba nada que le diese cachetes en el culo. Estaba comprobado que le gustaban esas confianzas mañaneras que teníamos durante las ausencias de mi mujer. En ese momento pensé para mí. Mírala a ella. Tan señora pero le gustan los cachetes en el trasero como si fuese una cría.

Dos o tres días después mi mujer volvió a estar de guardia y al bajar a desayunar la sorpresa que me llevé al ver a mi suegra fue monumental. Estaba en el fregadero. De espaldas. Lavando los platos de la cena pero en lugar de llevar puesta el albornoz habitual, tenía puesta una de mis camisetas de deporte que le llegaba hasta algo más arriba de medio muslo, dejando el resto de sus piernas al descubierto. Me la quedé mirando unos segundos; Estoy seguro que ella se dio cuenta de eso y mientras la miraba me dije. Joder. Se entera su hija de que su señora madre esta con solo esa camiseta conmigo en casa. La pone a andar. Viéndola así como estaba, por detrás. Os aseguro que empecé a tener una erección al verla de esa guisa.

No me lo pensé ni un segundo. Fui hacia el fregadero y Plaf. Plaf. Dos buenos cachetes en cada nalga. Digo buenos porque fueron dos sonoras palmadas por encima de la camiseta. Como las veces anteriores dos grititos y la sonrisita de rigor. Pero algo había cambiado. Al ir a propinarle los cachetes, como si los estuviese esperando, al ponerme detrás, ella movió el culo hacia mí. Quiero decir que era como si levantando las caderas colocase su culo para recibir las palmadas. Alucinante pensé. No solo le gusta. Le encanta que le dé cachetes en su culazo.

Me encanta como te queda la camiseta. Le dije.

Ella. Dándose la vuelta y como si fuese lo más normal del mundo comentó.

La cogí de la cesta de la plancha. Como hoy hace calor pensé que así estaría más cómoda. No te importa. ¿verdad?

No. Por Dios. No me importa. Respondí. Además de quedarte muy bien, estas muy sexy. Me encantas así. Es más, con el calor que hace estarás más cómoda.

No digas tonterías. Una vieja como yo, sexy. Lo que pasa es que tú me miras con buenos ojos. Me contestó.

Durante los días siguientes que mi mujer desayunaba con nosotros, pues tenía su jornada laboral normal. Es decir que no tenía guardia, Laura bajaba a desayunar con su albornoz y toda recatada ella. Por mi parte no me daban pasados los días hasta que Laurita volviese a tener guardia y volver a ver a mi suegra con una de mis camisetas. Os digo la verdad. Durante esos días no podía sacarme de la cabeza la fotografía mental que tenía de mi suegra con mi camiseta de espaldas en el fregadero con prácticamente todas sus piernas al aire.

Por fin llegó el día en el que mi mujer estaba de guardia y mientras bajaba a desayunar reconozco que estaba nervioso como si fuese un niño esperando la sorpresa de un regalo. Entré en la cocina y allí estaba mi suegra, de espaldas y en el fregadero, no con su albornoz sino con una de mis camisetas. Se me puso dura casi al instante. Me acerqué y en lugar de darle las palmadas en el culo por encima de la camiseta, con la mano izquierda se la levanté por detrás hasta dejar el culo al aire y Plaf. Plaf. Dos soberanos cachetes. Uno en cada nalga.

En ese momento pensé. Raúl. Te has pasado. Una cosa es darle palmadas en el culo a tu suegra y otra es levantarle la camiseta para dárselas.

Os diré que mi suegra llevaba puestas unas braguitas de esas que están entre tanga y la braga normal. Quiero decir que no cubrían totalmente las nalgas. Eran de esas que son subidas de cintura y que cubren solo la parte central del trasero por lo que las palmadas se las propiné en todas sus carnes. Como después de darle los buenos azotes solté la camiseta no me fijé, pero seguro que rojo el culito se lo dejé.

Lo de siempre. Los dos grititos de rigor y la sonrisita con una diferencia. Al volver la cara para sonreír me dijo.

Caray. Me has hecho daño.

Lo siento. Le dije. Quizás te he dado demasiado fuerte. No quería hacerte daño.

Se dio la vuelta. Mirándome a los ojos y con una sonrisa. Me dijo.

No me importa que me hagas daño cariño. Es un daño muy agradable.

Me dio un beso en la mejilla y dándose la vuelta se puso otra vez de cara al fregadero. Durante unos segundos se quedó quieta. Sin hacer nada. Con las manos apoyadas en el mesado y con la cabeza gacha como si estuviese esperando a que yo hiciese algo.

En ese momento no supe que hacer. No supe reaccionar. En una décima de segundo me vinieron cien ideas a la cabeza. Pero no hice nada. Hay que ser gilipoyas . Sabía que en ese momento podía hacer con mi suegra lo que quisiese. Sabía que podía follármela allí mismo y no hice nada.

Pasados esos segundos que para mi fueron como un siglo. Giró la cara y me dijo.

Anda cariño. Vete al comedor que te pongo el desayuno.

Mientras me dirigía al comedor no hacía más que decirme. Eres un gilipoyas.

Me senté y al cabo de un momento me puso el desayuno. Como siempre charlamos un momento y se fue a su habitación para que cuando llegase mi mujer no la encontrase así vestida o así desvestida. Según como se mire.

Mientras desayunaba decidí que esta situación no podía seguir así. Solo había dos caminos. Me dije. O paro inmediatamente de darle palmadas en el culo con lo que se acabó el asunto o cada vez doy un paso adelante y avanzo un poco más. Decidí lo segundo.

Pasaron varios días sin que mi mujer tuviese guardia y como siempre. Mi suegra con su albornoz. Todo de lo más normal. Pero no para mí. En mi cabeza trataba de establecer un plan de acción o mejor dicho. Tenía que establecer una estrategia para alcanzar el objetivo. El único objetivo. Follarme a mi suegra. Sabía que lo tenía fácil, pues estaba casi seguro que ella lo que quería era follarme a mí, pero mi intención era alcanzar ese objetivo despacio. Disfrutando del morbo de ir avanzando día a día. Avanzar y parar. Avanzar y parar. Quería, dicho de alguna manera llevar yo el control de la situación. Quería que mi suegra, de alguna forma se diese cuenta, que el que mandaba era yo y que me la follaría cuando yo quisiese, aun más, quería que se diese cuenta que era yo, el que marcaba los tiempos, no ella. Quería que poco a poco se fuese dando cuenta que haría con ella lo que quisiese y cuando quisiese. Resumiendo, quería que se fuese dando cuenta que al final acabaría siendo mi puta. En la calle. En nuestra vida social sería lo que es. Una señora. Pero en la intimidad. En la relación personal conmigo quería que supiese que era mi puta.

Como había sucedido hasta ahora. Y ya lo sabéis. Mi suegra los días que mi mujer desayunaba en casa antes de ir al hospital desayunaba con nosotros en albornoz y no era hasta la mañana del día siguiente. Es decir la mañana en la que mi mujer regresaba para disfrutar del día libre después de la guardia cuando bajaba con mis camisetas. Pero al estar desayunando los tres juntos decidí cambiar el programa. Ese día. Esa mañana mi mujer tenía guardia y no volvería hasta el día siguiente y no lo creeréis pero no podía esperar hasta la mañana siguiente para ver a mi suegra con una de mis camisetas.

Cuando mi mujer se marchó yo me quedé sentado en el comedor mientras mi suegra iba recogiendo las tazas para llevarlas a la cocina. Las dejo. Volvió para recoger el mantel y le dije sin mirarla.

Deja de recoger el mantel. Ya lo harás luego. Sube a mi cuarto. Coge una de mis camisetas, te la pones y bajas.

Se quedó unos segundos parada. Mirándome. Y dijo.

¿Te importa si me ducho antes? Esta mañana no me dio tiempo.

No. Dúchate. Ponte la camiseta que quieras y vuelves aquí.

Dejó lo que estaba haciendo y se marcho. Yo estaba como un flan decidiendo que hacer cuando bajase. Sabía lo que quería hacer pero no quería hacerlo ya. Quería disfrutar del morbo de esa situación. Antes de follarme a mi suegra había un camino que recorrer.

Tardó como quince minutos en bajar y como le había dicho venía con una de mis camisetas blancas. Me llamó algo la atención y es que estaba descalza y con el pelo mojado. Se quedó de pie a mi lado. Sin decir nada se puso a recoger el mantel. La tenía a medio metro de mí. Al inclinare para sacudir unas migas la camiseta se le subió un poco con lo que pude ver el inicio de sus nalgas. Me puso a cien en un segundo. Sin pensarlo metí mi mano por debajo de la camiseta y le acaricie el culo. Joder. Sorpresa mayúscula. No tenía nada por debajo. No se había puesto braguita. Si mi poya ya estaba dura, al notar que no llevaba ropa interior casi me corro de calentura. Empecé a acariciarle el culo. Primero una nalga y luego la otra. Se la acariciaba y la apretaba para luego hacer lo mismo en la otra. Esta operación la hice un par de veces. Luego subiendo mi mano le acaricié la espalda de arriba abajo. Varias veces. Despacio. Disfrutando del momento.

Y mi suegra. Os contaré. Al darse cuenta de que había metido mi mano por debajo de la camiseta dejó de recoger el mantel. Apoyó las manos sobre la mesa y se dejó magrear el culo y la espalda sin decir nada. Tenía los ojos cerrados y nada más tocarle el culo abrió un poco la boca y empezó a respirar como entrecortada y más profundamente. Con un susurro me dijo.

Como has tardado tanto cariño. Desde el día que me diste el primer azote no he dejado de pensar y esperar este momento.

Os lo juro. En ese mismo momento me la follaría sobre la mesa. Pero no era mi plan. Tenía otro mucho más perverso. Así que sin dejar de acariciarla le dije.

Sabes. Cuando tu hija va con faldas. Me gusta que vaya sin bragas. Como tu ahora. Tanto en casa como por la calle. Entendido. Así quiero que lo vayas tú también. Cuando vayas con faldas quiero que vayas desnuda por debajo. Estemos los tres solos o estemos con alguien quiero que no lleves nada por debajo. Tu hija lo hace y quiero que tú lo hagas también.

Sacando mí mano de debajo de la camiseta dejé de acariciarla. Ella ni se movió. Solo me miró y como empezando a llorar me dijo.

Iré como tú quieras. Me vestiré como tú quieras. Haré lo que tú quieras. Pero por favor. Trátame con cariño. Lo necesito. Puedes hacer conmigo lo que quieras, cuando quieras y como quieras. Pero por favor. Trátame con cariño. Solo te pido eso. No me hagas sentirme sucia por dentro.

Empezó a llorar y se marchó a su habitación.

Me quedé como paralizado. Mi cerebro no era capaz de asimilar lo que había oído. En ese momento pensé en Laurita. La mujer a la que acababa de magrearle el culo. La mujer a la que acababa de decirle que quería que fuese sin bragas. La mujer que me decía que podía hacer de ella lo que quisiese. Era su madre. Joder. Que fuerte.

Pasaron los días como si nada hubiese sucedido hasta que mi mujer tuvo otra vez guardia en el hospital. Me levanté por la mañana pensando y decidiendo que hacer con mi suegra. Estaba claro. Seguir adelante. Dar un paso más. Con esa intención bajé a desayunar.

Cuando terminamos de desayunar mi mujer se marchó y yo bajé a mi despacho. Quería cambiar la rutina, no quería que la relación con mi suegra fuese siempre la misma.

A eso de la once de la mañana llamé a mi suegra por un interfono que tengo en el despacho para no estar dando gritos por la escalera y le pedí si era tan amable de traerme un café. Me contesto que al momento me lo bajaba.

La verdad es que tardó más que un momento. Estuve por volverla a llamar y preguntarle si había ido a buscarlo a Colombia pero seguí esperando. Por fin llegó el café.

Os contaré. Mi suegra no venía con una de mis camisetas. Venía con una blusa y una falda plisada roja, cruzada, que le quedaba justo un poco por encima de las rodillas. Me dijo.

Perdona cariño. Ya sé que tardé un poco pero aquí está el café.

Estaba delante de mi escritorio entre los dos confidentes que tengo para los clientes y girando el sillón noventa grados hacia la derecha le dije.

Ven aquí.

Ella rodeando la mesa se puso frente a mí. Le metí la mano entre las piernas y le dije.

Así me gusta. Obediente. Con faldas. Siempre sin bragas.

Tal como estaba delante de mí y juntando mis rodillas le dije.

Acércate. Indicándole con la manos donde quería que se colocase.

Abrió las piernas y avanzando hacia adelante colocó sus piernas por fuera de las mías. Empecé a acariciárselas por fuera. Desde los tobillos hasta las caderas. Subía y bajaba mis manos acariciándola suavemente. Cuando llegaba a las caderas aprovechaba para apretarle las nalgas para a continuación volver a bajarlas hasta los tobillos.

Al cabo de un par de minutos de estarla acariciando mi suegra estaba más que caliente. Tenía la mirada como perdida. Movía la cabeza de abajo arriba. Cuando lo hacía hacia arriba, cerraba los ojos y cuando la bajaba, los abría mirando como mis manos estaban dentro de su falda como queriendo ver lo que le estaba haciendo. Su respiración cada vez era más rápida y entrecortada. Me recreaba mirando sus piernas y os diré algo. En ese momento me parecían unas piernas preciosas. Le desabroché el imperdible que tenía en el cruce de la falda y empecé nuevamente a acariciárselas. Ella cerrando los ojos me dijo.

Sigue acariciándome. Por favor. Es la primera vez que alguien, fuera de mí marido me toca y acaricia las piernas de ese modo. Me gusta. Me gusta mucho.

Continué acariciándole las piernas por la parte exterior desde los tobillos hasta sus caderas. Sentía como se le ponía la piel de gallina y que su respiración empezaba a ser más rápida. Al cabo de un ratito, empecé a acariciarla por el interior de sus muslos, desde la rodilla hasta tocar ligeramente su almejita. Cada vez que la tocaba me daba cuenta que estaba ya mojadísima. Mis manos solo con rozar su almejita se iban mojando con su flujo vaginal. Me las llevé a la cara y pude oler y sentir ese aroma de mujer caliente y abandonada sin voluntad para negarse a nada que quieras hacerle.

Así era como estaba mi suegra. Caliente y abandonada. Totalmente sometida a todo lo que me apeteciese hacerle. Es ese momento colocó sus manos en mis hombros y abriendo los ojos me dijo.

Por favor trátame con cariño. Haz lo que quieras conmigo pero hazlo con dulzura. Quiero recordarlo de esa manera como algo bonito y no como algo sucio de lo que tenga que avergonzarme cada vez que te vea.

La miré y estaba empezando a llorar. Al verla así le dije.

Yo también quiero recordarlo como algo precioso que nos está pasando a ti y a mí. No tendrás que avergonzarte, al revés será algo que recordaremos como tú dices, bonito y dulce.

Seguí acariciándole las piernas y sobre todo el interior de sus muslos rozando cada vez con más frecuencia los labios de su coñito. Era tal la cantidad de flujo que salía de su interior que le corría por sus muslos mojando las palmas de mis manos. Era espeso y de un fuerte olor. Ella cada vez respiraba más fuerte y rápido y empezaba a mover muy despacio sus caderas.

Viendo que su grado de calentura era ya importante le dije.

Desabróchate la falda y déjala caer. Quiero ver lo que tienes entre las piernas.

Así lo hizo. Se desabrochó la hebilla de su falda y esta cayó entre mis piernas dejando al aire un coño espectacular. Propio de una mujer de su edad.

Al tener los muslos separados por fuera de mis piernas había una separación entre ellos de unos cuatro centímetros por lo que el coño quedaba como colgando. Como digo era espectacular. Los labios mayores los tenía abultados y abiertos y a través de ellos salían colgando los pliegues de sus labios menores. Esos pliegues eran carnosos y rosados y debido a lo empapados que los tenía, brillaban. En la parte superior de su coñito donde se juntan sus labios menores con los mayores, aparecía claro y abultado el clítoris. Con mis dedos pulgar e índice le corrí la piel que lo cubría y salió libre. Era blanco casi como transparente y se le veía brillante y abultado. Empecé a acariciárselo lentamente. Primero con un dedo luego con dos. Con mis dedos hacía círculos sobre él. A veces se lo pellizcaba otras veces lo presionaba. Trabajándole el clítoris estuve unos buenos cinco minutos. Bajando los dedos se los fui introduciendo a través del canal que dejaban los labios menores. Iba de arriba abajo. Desde el agujerito del ano hasta el clítoris una y otra vez, a veces rápido, otras despacio.

Había que ver a mi suegra. Moviendo la cabeza hacia delante, hacia atrás, hacia los lados con la boca abierta, unas veces gimiendo, otras gritando, otras simplemente dando bocanadas de aire al ritmo que yo marcaba con mis manos en su coño. Movía las caderas con fuerza como para aumentar su placer.

Sabía que si seguía tocándola de esa manera se correría. Pero yo no quería que se corriera. Quería tenerla disfrutando de esa calentura más tiempo. Así que cuando notaba que le llegaba el orgasmo paraba de acariciarla solo la tocaba con delicadeza hasta que notaba que podía volver a acariciarla. Al cabo de un rato con lagrimas en los ojos y casi como no pudiendo ni hablar me miró y me dijo.

Raúl. Cariño. Por favor deja que me corra. Por favor no pares de tocarme y de acariciarme cuando ves que me viene el orgasmo. Te lo suplico. Lo necesito. Necesito sentir ese orgasmo dentro de mí. Déjalo venir. No me lo cortes más o me moriré.

Y así hice. Cuando me di cuenta que le venía seguí acariciándole y apretándole el clítoris entre mis dedos y tuvo ese orgasmo que quería, profundo, largo, intenso. Le temblaban las piernas, todo su cuerpo empezó a convulsionarse, los gemidos se convirtieron en gritos. Los gritos en llanto y el llanto en placer.

Era maravilloso ver a mi suegra corriéndose entre mis manos. Apretando con sus manos mis hombros para no caerse y siempre mirándome. No paraba de mirarme. Pero lo que más me marcó, lo que más me impresionó, era que a cada oleada de placer que tenía me miraba aun más fijamente a los ojos y me decía gritando.

Por lo que más quieras en el mundo. No lo sueltes. Sigue así. Apriétamelo. No lo sueltes. Por favor. No lo sueltes. Apriétalo. Apriétalo.

A todas estas mi suegra solo estaba desnuda de la cintura para abajo. Aun llevaba puesta la blusa. Cuando terminó de correrse. Cuando dejaron de temblarle las piernas, le fui desabrochando los botones. Despacio. Disfrutando cada botón, cada mirada, cada segundo, hasta que solo tuvo puesto el sujetador. Entonces fui yo el que mirándola a los ojos le pedí.

Quítalo. Quiero ver tus pechos.

Ella con una sonrisa en los labios me contesto.

Y yo quiero enseñártelos. Quiero que me los acaricies. Quiero que me los beses. Quiero que me los chupes. Quiero lo que tú quieras. Cariño mío.

Mi suegra. Como podéis ver en una de las fotos tiene unos pechos no muy grandes son de ese tamaño que casi los cubres con las manos. Casi eran perfectos. Un poco caídos. No como los de mi mujer que son respingones, con los pezones apuntando hacia arriba y unas aureolas grandes. ― En otro relato cuando ella sea la protagonista. Si llega a serlo, os los mostraré―. Empecé a acariciárselos despacio. Los apretaba y luego los soltaba. Le agarraba los pezones y tiraba de ellos con los dedos. Se los apretaba. Acercando mi boca se los chupaba, lamía, mordía. Era una delicia. Mientras yo le hacía todo eso ella me miraba. De vez en cuando cerraba los ojos y me decía.

Dios, que feliz tiene que ser tu mujer si le haces sentir sola la mitad de lo que me estás haciendo sentir a mí. Nunca en mis años de matrimonio mi marido me hizo sentir lo que me estás dando tú.

Yo ya no aguantaba más. Mi poya estaba a punto de reventar

Mientras le chupaba los pechos empecé a desnudarme hasta quedar desnudo igual que ella. Entonces apartó mi cara de sus pechos y se quedó mirándome la poya. No os lo creeréis. Pero empezó a llorar otra vez y decía.

Lo sabía. Sabía que sería así. Siempre que te veía pensaba como la tendrías. Deseaba que fuese así. Grande, gorda. Pensarás que soy una puta o una calentorra por pensar como sería tu poya. Pero no puedo evitarlo. Son cosas que no se pueden evitar cuando se desea a alguien y yo te deseo. Te he deseado desde el día que entré en esta casa. Llevo años masturbándome pensando en ti y ahora estás conmigo. Aquí estoy. Desnuda para ti. Por lo que más quieras. No puedo más. Métemela ya. Penétrame ya. Hazme tuya ya. No puedo esperar más. Quiero sentirte dentro de mí. Necesito disfrutar de tu hombría.

Nada más decir esto se acercó más a mí. De pie como estaba se coloco de manera que mi poya quedase debajo de su coñito. Me la agarró con una mano y guiándola se colocó la punta en la entrada de su cuevita. Empezó a bajarse lentamente sobre mi poya. Mientras se la metía, la cara le iba cambiando. Cada centímetro que entraba era un gemido y una bocanada de aire que entraba por su boca abierta. Cuando tenía dentro de ella más o menos la mitad de mi poya se inclinó hacia delante. Me abrazó y se la metió de golpe. El grito que dio me estalló en el oído y pensé. Dios que estoy haciendo, en que lío me estoy metiendo. Pero no me importaba. Quería hacerlo. Quería follarme a mi suegra. Lo estaba deseando.

Una vez que la tuvo toda dentro empezó lentamente a subir y bajar sus caderas haciendo que mi poya entrase y saliese de ella. Primero despacio. Pero a cada golpe se la metía y se la sacaba más rápido. No habían transcurrido ni un par de minutos con mi poya dentro cuando volvió a mirarme a los ojos y llorando o gimiendo y sin dejar de cabalgar sobre mi poya me dijo.

Me viene otra vez vida mía. Dios mío, Me viene otra vez. Me viene contigo dentro.

Y le vino otro orgasmo aun más largo y violento que el que tuvo en mis manos. Temblaba, gritaba, lloraba, gemía, todo su cuerpo se estremecía, se agarraba con sus manos los pechos y mirándome decía.

Así. Así es como siempre pensé e imaginé que sería follar contigo. Te deseo. Te deseo.

Cuando acabó de correrse y con mi poya a punto de reventar aun dentro de ella. Agarró mi cara con sus manos y me dio un beso no precisamente un beso entre suegra y yerno y mirándome fijamente me dijo.

A parte de mi marido eres el único hombre que me ha penetrado. Dime qué quieres que te haga. Pídeme lo que quieras. Soy tuya. Desde hoy soy tuya.

Tal como estaba con mi poya a reventar todavía dentro de ella le dije.

Que te gustaría hacerme. Le pregunté.

 

Quiero chupártela. He visto como te la chupaba mi hija en la ducha y quiero hacer lo mismo que ella. quiero hacerte las mismas cosas que ella te hace y quiero que hagas conmigo las mismas cosas que le hacer a ella.

No podía creérmelo. Mi suegra queriéndome chupar la poya.

Chúpamela. Le dije. Quiero que me hagas la mejor mamada de tu vida. Quiero que me la chupes como no se la chupabas ni a tu marido.

Se fue desclavando lentamente mi poya de dentro de ella. Se puso de pie y en ese momento la vi por primera vez totalmente desnuda delante de mí. En ese momento pensé. Joder esta buenísima. Sin darme tiempo a seguir disfrutando de la vista que tenía delante. Me separó las piernas. Se arrodilló entre ellas y mientras que con una mano me agarraba los huevos con la otra empezó un sube y baja en mi poya. Creí volverme loco. Ver a mi suegra así arrodillada era demasiado. Al momento sin dejar de mirarme abrió la boca y se tragó mi poya. Lentamente se la metió entera. Hasta los huevos. Subía y bajaba la cabeza haciendo que mi poya entera, entrase y saliese de dentro de ella. Cuando la tenia fuera movía su lengua alrededor de la punta y a medida que se la iba metiendo notaba su lengua moviéndose sobre ella. Había que reconocer que mi suegra sabía como se chupa una poya. Yo estaba en la gloria. Quería que durase.

Ver a mi suegra chupándome la poya, haciéndome la mejor mamada de mi vida y sin dejar de mirarme a la cara era algo que no puedo explicar. Cuando yo ya no podía más se sacó mi poya de la boca y me dijo.

Dámelo cariño. Dámelo ya. Quiero sentirlo dentro de mi boca. Quiero tragarme toda tu leche. Necesito saborear tu semen. Lléname la boca. Quiero hacerte feliz como tú me has hecho a mí.

Y diciendo esto se la volvió a meter en la boca y ya no aguanté más. Me corrí dentro de su boca. Mientras me corría ella seguía chupando y chupando sin dejar de mirarme. Esa mirada me ponía cada vez más cachondo. Por la comisura de sus labios salía un hilo de semen que ella dejaba que corriese por su mentón. Cuando terminé de correrme ella abrió la boca y pude ver todo lo que le había dado. La cerró y empezó a tragársela hasta que no le quedó nada dentro.

A todas esta mi poya todavía seguía tiesa a pesar de la corrida que había tenido. Se la volvió a meter en la boca y hasta que se me bajo no dejó de chupármela.

Fue la re hostia. Sin duda fue la mejor mamada de mi vida. La primera de otras muchas tan maravillosas como esa. Pero la primera es siempre la primera. Esa que recuerdas toda tu vida. Siempre creí que mejorar las mamadas de mi mujer era misión imposible pues la chupa como una profesional pero la mamada que acababa de hacerme mi suegra era sin duda alguna incomparable.

Se levantó, me dio un beso y cogiendo la falda y la blusa. Desnuda, salió del despacho. Cuando llegó al marco de la puerta dándose la vuelta me dijo.

Ha sido con mucho el mejor polvo de toda mi vida. Nunca en mi vida tuve dos orgasmos seguidos. Con una sonrisa en los labios continuó diciendo. Te aseguro cariño que entre mi hija y yo te vamos a dejar seco como una pasa. Por mi parte pienso follar contigo hasta que se te caiga a cachos.

Y desnuda como estaba cerro la puerta y se marchó. En ese mismo momento pensé. Chaval acabas de perder el control de la situación. Te acabas de encoñar de tu suegra.

Durante los días siguientes no pasó nada. Mi mujer durante casi dos semanas no tuvo ninguna guardia y además estábamos a mediados de Septiembre y siempre nos tomamos dos semanas de vacaciones. Nos fuimos a Jamaica y mi suegra no vino con nosotros. Lo que sucedió en Jamaica teniendo como protagonista a mi mujer podéis leerlo en mi primer relato. Desde aquí os invito a hacerlo y además el que lo lea tendrá la oportunidad de conocer a mi mujer pues igual que en este relato hay dos fotitos de ella.

Durante los meses de Octubre y Noviembre. Os aseguro. Fue la leche. Cuando mi mujer estaba de guardia hubo días. Los menos gracias a Dios. Que a mi suegra me la follaba hasta tres veces. Por la mañana después del desayuno. Otro polvo durante la siesta y otro por la noche. Luego, además tenía que cumplir con mi mujer. Os imagináis el cuadro. ¿Verdad? Hubo algún día que hice como las tías. De repente tenía un terrible dolor de cabeza y a la cama. La verdad es que respecto a mi suegra. Lo normal era un polvo por la noche en su dormitorio aprovechando la noche de guardia de mi mujer. Siempre era en su dormitorio pues decía que si lo hacíamos en mi cama mi mujer lo sabría y alguna que otra tarde aprovechando la siesta.

El caso es que entre polvos a la madre y polvos a la hija llegaron las Navidades. El día de fin de año a mi mujer le tocó esa noche de guardia y entre los tres decidimos que quedarnos en casa mi suegra y yo era un coñazo sobre todo en una noche tan señalada por lo que en un consenso se decidió que en lugar de pasar solos esa noche fuésemos a una fiesta que se celebraba en casa de unos íntimos amigos nuestros.

Mi mujer por la mañana del treinta y uno de Diciembre se marcho al hospital y como siempre nos quedamos en casa mi querida suegra y yo. Polvito de rigor durante la siesta y por la tarde mi suegra se la pasó entera arreglando el traje de lentejuelas que hay en las fotos que adjunto.

Os contaré lo de las fotitos. Esa tarde subía a mi cuatro para arreglarme con mi máquina de fotitos y me encuentro en el baño de mi dormitorio a mi suegra como la veis en la foto. En bolas, con esas medias negras tan sexys y con el traje de fiesta colgado del marco de la puerta. Estaba depilándose los sabacos y viéndose en un espejo circular que uso para afeitarme. Espejo que también sale en las fotos. Que al tener aumento le permitía hacerlo mejor.

Al verla en bolas y el traje colgado le dije.

Cuando te vistas no te pongas ropa interior ninguna. Quiero que vayas desnuda por debajo. Cuando esté contigo en la fiesta me pondrá calentorro ver si algún invitado se da cuenta. Además quiero recordarlo. Colócate en el rellano de la escalera que ye voy a sacar una foto con esas medias tan sexys que llevas.

Dicho y hecho. Después de hacerme jurar encima de tres Biblias. Una no llegaba, que las fotos las guardaría en mi PC personal bajo siete llaves y no en el de casa, se colocó como la veis en el rellano y fotito bonita. La segunda es cuando volvía al baño y fotito del culito. A mí me gustan. Supongo que a vosotros también.

Bueno. La fiesta de lo más normal. Lo de siempre. Unas copitas, unos bailitos, las uvas, más bailitos, una charla agradable y para casa. Nada remarcable.

Cuando regresábamos a casa le pregunté a mi suegra.

Bueno. Que tal lo has pasado.

Pues muy bien cariño. Pero mejor lo voy a pasar cuando lleguemos a casa.

A sí. Le contesté y que piensas hacer.

Hacer. Me contestó. Yo nada. Tu. Eres tú, cariño el que vas a hacer. Vas a echarme un buen polvo de despedida del año.

La miré con cara de coña y le dije.

Hay suegra. Estoy un poco cansado. No sé si llegaré a tanto.

Ella con una cara de lo más picarona me contestó.

Cansado. Mira, hoy me vas a echar un polvo aunque tenga que darte una caja de Viagra.

Bueno. Le contesté. Si tanto insistes. Prepárate para el polvo especial de fin de año.

Llegamos a casa y me dijo.

Hoy me gustaría hacerlo en tu cama. Quiero que me folles en la misma cama en la que te follas a mi hija. Hoy me gustaría hacerlo como si fuese tu mujer.

Durante el resto del trayecto no dije nada más. Iba meditando sobre que hacerle de especial esa noche. Al final lo decidí. Le iba a dar por el culo. Estaba decidido me follaría a mi suegra por el culo. Polvo especial de fin de año.

Llegamos a casa y casi no habíamos llegado a mi dormitorio y ya se iba sacando el traje de noche. Se echó sobre la cama y me dijo.

Desnúdate y ven aquí campeón.

Me desnudé. Me acosté a su lado y le dije.

Ponte de rodillas a cuatro patas y levanta tu culito. Campeona.

Se dio la vuelta. Se puso a cuatro patas apoyando en la cama los antebrazos con lo que el culazo le quedada en pompa y empecé a acariciarle el coñito. Sin ningún preámbulo. Directamente al grano. Al cabo de unos pocos minutos su coñito estaba ya más que mojado de la calentura que estaba teniendo. Le metí un dedo en su coñito y empecé a sacarlo y meterlo. Cuando lo tenía bien mojadito le metí dos dedos y lo mismo. Mete saca, mete saca. Al cabo de unos minutos con mi suegra ya en el cielo y sin dejar de trabajarle el coñito le metí un dedo en su segundo agujerito. Ella al sentirle me dijo.

Que haces.

No querías que hoy fuese un polvo especial de fin de año .Le contesté. Pues hoy te voy a follar por tu culito.

Nunca lo he hecho. A mi marido nunca le dejé que me lo hiciera porque me dolería. Me respondió.

A tu marido no. Le respondí. Pero yo voy hacer que disfrutes y te aseguro que no te dolerá. Nunca lo he hecho pero he visto como hacerlo para que no solo no te duela sino que te guste y lo disfrutes.

A mi hija. ¿Se lo has hecho alguna vez a mi hija? Me dijo girando la cara.

No. Le respondí. Ya te he dicho que no lo he hecho nunca. Ni siquiera a tu hija. Vas a ser la primera.

Mi suegra con lo caliente que estaba, pues a pesar de estar hablando, yo seguía con el mete saca por el coño y su culito. Dijo.

La primera. Quiero ser la primera. Hazme tuya por el culo. Haz conmigo lo que quieras. Sabes que soy tuya. Solo tuya. Pero que no me duela. Por favor. Hazlo pero que no me duela.

No te dolerá. Te lo prometo. Te va a encantar. Vas a tener tu primer orgasmo follándote el culo. Cofia en mí.

Al momento, los dos dedos que tenía dentro de su coñito bien mojados como estaban, se los metí por el culo. No os lo vais a creer, pero entraron suavemente, despacio y empecé a moverlos. Estuve de esa forma, dilatando el ano de mi suegra durante unos minutos. Cuando vi, o supuse que los dedos le entraban y salían con facilidad, los saque. Me puse de rodillas, la agarré con ambas manos por las caderas y coloque la punta de la poya en la entrada de su virgen culito. Bueno, a esas alturas ya no tan virgen y suavemente, empujando su culo hacia mí, empecé a metérsela. Joder. Entraba de maravilla. Solo tuve que empujar un poco y la tuvo toda dentro. Empecé un mete saca, primero despacio para ir aumentando el ritmo de bombeo y empezó lo bueno.

Mi suegra empezó a mover sus caderas hacia delante y atrás acompañando mis acometidas. Hasta ese momento solo gemía y respiraba entrecortadamente. Le pregunté.

Te duele. No me gustaría hacerte daño.

No. Cariño. No me duele. Sigue no pares. Sigue así.

En ese momento noté como si ella quisiese aumentar las revoluciones o el ritmo del mete saca y soltándole las manos de las caderas le dije.

Muévete tú. Métetela y sácatela tú. Como veas que más te gusta.

Ella sola, pues yo me había quedado quieto empezó a moverse de adelante atrás, cada vez más rápido y más fuerte, con lo que cada vez mi poya le llegaba más dentro de su culo. Al momento fue la locura. Extendiendo los brazos y apoyando su cara en la almohada, empezó como siempre hace cuando le viene un orgasmo, a llorar y entre lloros, gritos, gemidos y sin dejar de mover su culo con mi poya dentro decía.

Dios mío. Me gusta. Como me gusta. No me podría imaginar nunca que sería así. Por favor. Muévete tú. Métemela y sácamela tú.

La volví a agarrar por las caderas y ya sin ningún miramiento empecé a bombearla de forma salvaje. Se la clavaba entera. Tan entera, que los huevos pegaban contra su coñito así una y otra vez.

Los gritos de placer. El llanto de alegría y los gemidos y la respiración cada vez eran de más intensidad. En medio de todo esto, con su mano derecha empezó a acariciarse el clítoris y todo su coñito. Pasados unos minutos, sacando su mano del coñito y apoyando nuevamente los antebrazos en la cama empezó a tener como espasmos. Note que su ano se apretaba sobre mi poya y gritando decía.

Cariño. Me viene. Me está viniendo. Por lo que más quieras en el mundo no pares. No pares. Sigue. Sigue. Cariño mío. Ya. Ya. Ya. Me corro. Me corro. Tu cariño. Tu. Córrete tú también. Dámelo ya. Juntos. Juntos. Quiero que nos corramos juntos. Lléname el culo. Lléname el culo. Ya. Yaaaaa.

La verdad es que como podéis comprender la escenita era como para correrse de inmediato y así fue. Era la primera vez en mi vida que me corría en el culo de una mujer y que mejor culo que el culazo de mi suegra. Después de corrernos juntos como ella quería, yo seguía con la poya dentro y no se la sacaba. Fue ella la que echándose hacia delante y acostándose se la fue quitando de su culito. Acostada ya me dijo.

Tenías razón cariño. Nunca podría imaginarme que me iba a gustar tanto y disfrutar tanto tener tu poya en mi culo. Prométeme que me lo harás más veces. Pero así. Como lo has hecho hoy.

Te lo haré cuando tú me lo pidas. Prometido.

Se dio la vuelta. Se levantó de la cama y yéndose a su habitación, cuando estaba en el marco de la puerta se dio la vuelta y me dijo.

Aunque solo sea tu suegra y que todo lo que hacemos tiene que ser por detrás de Laurita recuerda y no olvides nunca que me haces muy feliz. Soy feliz así. No te pido más. Soy tuya, ya lo sabes. Solo tuya y lo seré siempre. Quizás te parezca muy fuerte lo que te voy a decir pero me siento feliz. La mujer más feliz del mundo siendo tu puta.

Así terminó el 2007. Espero que si llego a Diciembre del 2008 pues con aquello de que entre las dos me iban a dejar seco. Echo que está siendo realidad y que mi suegra me iba a follar hasta que se me cayese a cachos. Echo que también es verdad. Veremos si puedo.

Como siempre espero vuestros comentarios. Me encanta leerlos.

Raúl.


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