En 1984 yo tenía 10 años, y mi padre era entonces un
importante oficial de la hoy desaparecida Policía de Investigaciones del Perú.
Un verano, mi familia y yo fuimos a visitarlo a la ciudad de Ica, donde estaba
destacado.
Fueron unas vacaciones felices,… pero lo que nunca podré
quitarme de la mente es una experiencia tan extraña a la cual deseo firmemente
encontrarle una explicación y, que ahora deseo compartir con todos ustedes. Eran
los años de la lucha interna en mi país, y no era raro que mi padre pasase
largas noches trabajando, cada vez que ocurría un atentado terrorista en su
jurisdicción. Una noche de esas, mi padre nos hizo saber que no llegaría sino
hasta muy tarde. Mi madre y mis hermanos mayores acudieron a un compromiso
ineludible, teniendo que quedarme yo solo en la inmensa -para mí-,
casa-residencia que ocupábamos en le centro de la ciudad. Era una noche tensa:
en la oscuridad de la noche se dejaban oír lejanas explosiones de los ataques
que Sendero Luminoso perpetraba en las afueras de la ciudad. Los policías
encargados de la custodia de la casa donde me hallaba, prudentemente salieron a
los exteriores de la misma, anticipándose a cualquier eventualidad, y dejándome
completamente solo adentro.
Casi de inmediato, las luces se fueron: era un apagón
provocado por el atentado. A pesar de la zozobra de la población, yo era apenas
un niño: me preocupaba más el qué hacer para no aburrirme, así que fui al
estudio de mi padre a ver que podía encontrar para leer.
Siempre me gustó la lectura, así que comencé a hurgar en
medio de toda la ruma de papeles que se hallaban esparcidos sobre su escritorio.
Los pesados files llenos de hojas mecanografiadas no me llamaban la atención,
así que me decidí por buscar alguna revista. Hallé finalmente una: era la
revista oficial de la Policía de Investigaciones. Sin pensarlo dos veces la tomé
y comencé a hojearla, atraído por que tenía algunas ilustraciones.
Al ser una publicación institucional, era bastante escueta y
estaba escrita en un lenguaje muy sobrio: artículos sobre el trabajo policial,
aniversarios y actividades; todo eso muy aburrido para mí. Casi no tenía fotos.
Al ser una publicación institucional, era bastante escueta y escrita en un
lenguaje muy "policial": artículos acerca de esa labor, aniversarios y
actividades; todo esto muy aburrido para mí (definitivamente, en aquel entonces,
no les interesaba tener como lectores a civiles), casi no tenía fotos del
personal policial, por cuestiones de seguridad en aquellos tiempos. Estaba a
punto de dejarla de lado cuando un artículo llamó mi atención. Lo que leí en
esas dos únicas páginas me ha tenido intranquilo desde entonces, y aún deseo,
que algún día llegue a saber toda la verdad acerca de ese suceso ahí relatado.
El artículo, escrito por un detective de la institución, relataba un caso no
resuelto ocurrido unos dos años antes. Sucedió en 1982: una camioneta y sus
ocupantes desaparecieron sin dejar rastro. El contador de una pequeña mina de
oro de la localidad, su guardaespaldas y el chofer, que habían salido del
asiento minero, ubicado en la sierra de Ica, a medio camino del Departamento de
Ayacucho, llevando el mineral extraído al Banco de Ica; lo cambiaron por
efectivo para pagar a los mineros, y al regresar de vuelta a la mina simplemente
se habían esfumado.
El oficial que escribía el artículo explicaba que él había
sido el responsable de la investigación en aquella época, y comentaba a
continuación las sospechas iniciales: podría tratarse de un robo efectuado por
delincuentes comunes, o un asalto por parte de terroristas ó que simplemente los
desaparecidos se habían puesto de acuerdo para hacerse humo con el caudal.
Lo que relataba el oficial a continuación prefiero redactarlo
tal como lo recuerdo: "....tras siete días de infructuosas investigaciones, no
se pudo descubrir ni a los responsables, ni al móvil del ilícito. A pesar de que
el caso tuvo amplia repercusión en los medios de prensa de la localidad, el
personal policial no pudo lograr pista alguna. Ampliada la búsqueda a nivel
nacional, los resultados también fueron infructuosos."
"Cuando la investigación estaba a punto de ser abandonada, la
orden dada por la Superioridad exigía resolver el caso, en la sospecha de que el
robo podría haber sido cometido por elementos subversivos para utilizar el
dinero robado en su accionar delictivo: esto hizo que me viera en la obligación
de retomar el caso, comenzando por seguir la última ruta conocida de la
camioneta, en busca de pruebas,…".
"Junto con un destacamento, partimos de Ica con dirección a
Nazca; al enfilar a la carretera de penetración a la sierra, decidí disminuir la
velocidad para buscar algún rastro en la misma o sus alrededores, y que se pudo
haber pasado por alto en las investigaciones preliminares. A la hora y media de
iniciado ese tramo, dimos con la camioneta".
"Unas claras huellas de ruedas nos enfiló hacia el desierto.
A unos 600 metros fuera de la carretera, encontramos el vehículo y sus
ocupantes, tras una duna. La camioneta estaba detenida y con el capó abierto,
suponiéndose que sufrió algún desperfecto eléctrico, dado que los cables de la
batería estaban sueltos. El chofer estaba muerto y tendido –decúbito ventral-,
frente a ella y portaba aún una llave de tuercas en la mano, dando más indicios
de que trató de reparar una avería. Casi 100 metros más adentro, en dirección al
desierto, se hallaron los cuerpos del contador y su guardaespaldas – en posición
decúbito dorsal-; ambos portaban aún en sus manos sus armas, y se comprobó que
ambas fueron percutadas en varias ocasiones, contra algún agresor."
"Los cuerpos de los tres occisos mostraban UN AGUJERO EN
MEDIO DEL PECHO QUE LOS ATRAVESABA DE LADO A LADO; los bordes de las heridas
estaban cauterizados, como si hubiesen sido hechas con algún tipo de calor
intenso ó una descarga eléctrica. Dentro del vehículo se halló INTEGRO el dinero
del pago de los mineros. A ninguno de los occisos les faltaba tampoco nada de
sus pertenencias personales."
"Un minucioso examen del lugar del crimen no permitió
encontrar el más mínimo rastro o huella del o los responsables; sólo se
encontraron las huellas de los occisos y su vehículo. Los relojes de los tres
estaban detenidos a las 11.25 de la mañana del día que desaparecieron."
"Una vez recogidos los cuerpos y las pruebas, fueron
derivados a la División de Investigación Criminal. El médico legista informó que
la causa de las muertes fue producto de una fuerte descarga eléctrica, SIMILAR A
UN RAYO."
El artículo del oficial terminaba explicando que, una vez
iniciada esa parte de la investigación, el caso le fue retirado de sus manos:
imagino que lo fue por que ésta creaba más enigmas que respuestas. Igualmente,
el policía trataba de dar una explicación a las conjeturas que el caso le
planteaba desde su óptica policial: ¿por qué no se llevaron el dinero?, ¿si no
era un robo, cuál fue el motivo?, ¿a qué le dispararon los fallecidos?, ¿qué los
hizo salirse tanto del camino y entrar en el desierto?, ¿un rayo que mata a tres
personas separados a tal distancia, en un desierto en el que no llueve hace 500
años y en pleno verano?,... termina sugiriendo que los responsables del crimen
sólo pudieron llegar volando,… ya que no había huellas en la arena. Concluye
finalmente que el caso quedó archivado como "NO RESUELTO".
Aquella noche casi no pude dormir, pensando en la posibilidad
de que "algo" allá afuera fuese el responsable,... y que siga aún por ahí. Hoy
me lamento el que no tomé nota del artículo,… al menos el dato más importante:
el oficial daba en su artículo, el número del expediente del caso. Lo mejor
hubiese sido guardar la revista, pero era un niño apenas y no le presté la
debida importancia. Cuando terminaba de leer, mi padre llegó y corrí rápidamente
a mi cuarto, dejando la revista en su escritorio. Papá no era nada estricto,
pero sí muy celoso con las cosas de su trabajo, y es que en ese tiempo, pasaban
cosas muy terribles.
Pasado un tiempo, y ya con 17 años, me animé a comentarle a
mi padre lo que había leído. Él no recordaba haber visto esa edición de la
revista, pero sí me aseguró algo: que en aquella época jamás un policía se
hubiese atrevido a escribir un artículo fantástico en esa revista, y que jamás
hubiesen permitido sus superiores tal cosa. "Si lo leíste ahí, es que tenía
información veraz"-, me explicó con simpleza. Mi padre jamás desconfió de su
institución y sus superiores. Hoy ya mi padre no recuerda nada: sus 75 años, una
embolia y el Parkinson que ahora sufre, han borrado para siempre casi cualquier
recuerdo de aquellos años.
Ha pasado el tiempo pero aún no me quito de la cabeza este
extraño caso. Alguna vez quise buscar ese expediente: cuento aún con familiares
en la policía y por eso pensé que sería fácil,... pero lo único que pude
averiguar es que lo más probable es que esté "enterrado" bajo otros miles de
expedientes policiales de la época de la guerra interna, y por lo tanto, no
"verá la luz" en mucho tiempo: hubo demasiados excesos de ambas partes durante
aquellos tiempos.
Investigando por mi cuenta, pude hablar con muchas personas
que viajan constantemente por esa ruta de la carretera: todos alegan que
prefieren cruzarla a toda velocidad "por que ahí pasan cosas muy raras". En otra
ocasión, hice amistad con una chica, que pertenecía a un grupo de estudiosos de
lo místico, y que frecuentan la zona en ciertas ocasiones: "es un lugar
especial", fue lo único que le pude sacar a ella y a sus compañeros. Un amigo
del colegio, hoy oficial de la Fuerza Aérea, me contó en una ocasión que, al
hacer vuelos de instrucción en la zona, se topaban con "naves" que volaban más
alto y más rápido que ellos.
Mi interés en este tema se vio reforzado hace poco menos de
un año: esta historia, la subí a Internet en otra página, e hizo que me llegase
un correo electrónico muy interesante; el anónimo escritor del mismo me dijo lo
siguiente:
"....Una historia similar ocurrió en el Departamento de
Lambayeque (al norte de Lima), en 1985: en el lugar, según un reporte de la
policía, se encontraron uno o dos cadáveres (no recuerdo exactamente cuantos
fueron) en unas chacras en las afueras de la ciudad, ya en el lugar los miembros
de la policía se dieron con la sorpresa que los cuerpos presentaban orificios
del tamaño de un plato de té a la altura del pecho y que este orificio había
dejado una cicatriz con los bordes limpios, como si los hubieran cauterizado o
hechos con alguna clase de rayo, no se supo cual había sido la causa de la
ejecución, no hubo robo ni otra causa, y el caso quedo como no resuelto y pasó
al olvido,..." Asimismo, agregaré como dato final que la zona en que ocurrió
aquella extraña historia, está muy cerca de las famosas Líneas de Nazca.
Sé que será difícil descubrir la verdad de este extraño caso,
pero mi interés en descubrirla aún se mantiene, no ha disminuido con los años.
Si lo consigo, seréis de los primeros en saberlo.