Mi preocupación por el placer femenino y su falta de uso, han
motivado que me decida a escribir esta guía de la masturbación. ¿Nunca os habéis
preguntado por qué en los consultorios sexológicos suelen hacer cursillos
destinados a que las mujeres conozcan mejor su cuerpo y se adentren sin miedo en
el autoplacer? ¿Os imagináis el mismo ejemplo en masculino, que un hombre entre
en la consulta del urólogo y le diga: "doctor, no sé hacerme una paja,
ilústreme"? Resultaría tan increíble y absurdo que sólo daría opción a pensar en
una proposición indecente.
Sin embargo, volviendo al asunto femenino, estos cursillos
gozan de gran aceptación, a pesar de su elevado precio. ¿A qué se debe este
gran desconocimiento de la mujer hacia su cuerpo y sus posibilidades eróticas?
Primero aclarar que no he estudiado sexología ni he leído libros sobre el
tema. Mis argumentos se fundamentan en las conversaciones con amigas, mi propia
experiencia y el sentido común.
Ideologías enfermizas. Nuestra mayor bendición, la
inteligencia, es también nuestro mayor defecto. Siglos y siglos de cultura, de
estudio y fe para alejarnos de nuestra naturaleza más básica: la sexual. Parece
que todo lo bueno ha de ser espiritual y mental, mientras que lo físico es
tachado irremediablemente de perjudicial. Nunca he entendido por qué hemos de
vivir como fantasmas incorpóreos si resulta que estamos hechos también de carne.
No tiene sentido, estamos negando lo que somos. La mujer, debido a que su
fisiología soporta mejor la continencia sexual, se ha adaptado excesivamente
bien a la ablación cultural y luce con orgullo su virtuosismo. Palabras y
adjetivos como "guarra", "puta", son todavía utilizados por las mismas mujeres
para referirse a sus congéneres sexualmente activas.
Herencia genética. Hace tan poco que las mujeres éramos
esclavas en una sociedad patriarcal que sospecho que, a pesar de que nuestro
mundo predique la igualdad de género, las nuevas generaciones de féminas todavía
arrastran cierta sumisión. Nos falta amor propio, respeto por nuestro cuerpo,
sentirnos dueñas de nuestras vidas, y eso provoca que creamos que nuestra
sexualidad pertenece a nuestra pareja, que es nuestra obligación dársela en
bandeja y renunciar al placer en solitario.
Omisión en la adolescencia. La naturaleza dicta, y
cualquier tratado sobre sexualidad por muy antiguo que sea lo corrobora, que el
adolescente siente un gran impulso a explorarse. No es raro que en la infancia
se experimente placer con el roce de ropas y objetos pero es en la adolescencia
cuando hay una intención clara de provocar ese placer
y llevarlo al clímax. Los chicos no parecen tener problemas
con esa etapa de su vida, salvo el habitual de no manchar las sábanas o ponerlas
a lavar antes de que su madre las vea. Las chicas, en cambio, pueden mostrarse
contrarías a toquetearse, bien por pudor, culpabilidad o exaltación de la
virginidad. Si una jovencita sobrevalora la virginidad, es posible que quiera
llegar a la primera vez inmaculada e inocente como una niña.
¿Qué pasa cuando esa primera vez para la que se estaba
reservando llega en la vida adulta? La mujer se ha saltado una etapa
indispensable y no puede volver atrás, al menos no de forma espontánea. Su
cuerpo le resulta extraño y se hace indispensable una presentación formal.
.........
Nadie nace sabiendo, el conocimiento es algo que se adquiere
en diferentes pasos. Una mujer que desconozca su cuerpo, posiblemente le cueste
dar el primer paso por pensar que debe empezar por el final: alcanzar el
orgasmo. Noooo. Craso error. De esa manera sólo conseguirá sentirse más
frustrada ante su torpeza y desistirá a los pocos intentos.
Lo primero son las presentaciones: "Hola, me llamo
Fulanita" – "Yo soy Clítoris" – "Encantada de conocerle, hace tiempo que había
oído hablar de usted" – "Igualmente. ¿Quiere pasar a tomar una taza de te?". Y
cuando haya más confianza ya podremos tutearnos.
Es difícil presentarse a alguien sin verle la cara.
Recomiendo, para evitar el problema de lumbares, utilizar un espejito. Enfocar
bien el asunto, a ser posible con luz, lo del sexo a oscuras es para niveles
superiores. Es frecuente que un clítoris que nunca haya sido estimulado, viva
escondido bajo su caparazón y no sepamos localizarlo. Que no cunda el pánico.
Todas las mujeres lo tenemos situado exactamente en el mismo lugar: coronando
los labios menores.
Si se muestra tímido y no quiere salir, no hay que abordarle
con brusquedad, mejor humedecer un dedo con saliva y llamar a la puerta. "Toc,
toc". Pequeños toquecitos, acabará por responder. Si todavía no se atreve,
podemos estirar un poco la piel que lo cubre y veréis que asoma la cabecita. Es
una monada ^^ Cuidado con frotarle con excesiva fuerza cuando está así
desprotegido, es muy sensible y puede resultar doloroso, mejor seguimos con los
toquecitos húmedos. Si nos sentimos cómodas, podemos pasar a otros movimientos
un poco más intensos: circulares, de arriba abajo, presionándolo entre dos
dedos, etc. Pero siempre bien humedecido para que la fricción no resulte
desagradable.
Podría ser que estando en estas presentaciones, surja de
pronto el orgasmo y os llevéis un susto, un alegre susto. Tranquilas. Tomaos
vuestro tiempo para analizar la experiencia, dejad que el pequeñín se recupere y
podréis seguir buscando nuevas sensaciones. Lo normal es que el orgasmo no
aparezca si no colaboráis con una fantasía, pero eso se aprende en lecciones
posteriores, lo importante en estos primeros pasos es que os vayáis
familiarizando con el jardín que tenéis entre las piernas. Ya habrá tiempo para
orgasmos.
.......
Superada la primera presentación, cuando ya seamos capaces de
vendarnos los ojos y tocar con la punta del dedo el clítoris sin equivocarnos,
podemos pasar a la siguiente fase: entablar una profunda amistad.
Una velada con música suave, cena para dos (el Clítoris y
tu), velas y detallitos románticos, puede estar bien de vez en cuando, pero las
verdaderas amistades se hacen con el día a día, tan solo necesitáis un poco de
intimidad. Cualquier momento es bueno para entablar conversación: en la cama
mientras leéis un libro, en la cocina mientras se acaba de hacer el arroz, tal
vez sentada en la tumbona de la terraza con una manta encima mientras
contempláis el ancho cielo, en el lavabo mientras dejáis fluir el agüita
amarilla... No me pongáis esa cara de susto, seguro que lo habéis pensado...
Pues dejad de pensad y actuad.
Por supuesto, a medida que avancéis en vuestras prácticas, os
daréis cuenta que el chirri es algo más que un clítoris. O, como se comienza a
leer en los tratados de sexología, que el clítoris es un órgano (merece el
tratamiento de órgano) del que sólo vemos la puntita y que sus terminaciones
nerviosas se extienden por todo lo ancho de nuestro amado sexo. Tanto rollo en
el capítulo anterior para encontrar al susodicho para que ahora os aconseje la
expansión. Pues nada, a expandirse. Acariciaos la vulva con la palma de la mano,
jugad con los labios (por ejemplo, cerrando los mayores como si fuera una ostra
con los menores en su interior), con la yema del índice repasar el contorno del
ano suavemente, deslizaos por el perineo (la zona entre el ano y la vagina)...
Si la excitación comienza a ser apremiante, pasad a las caricias húmedas del
interior de los labios menores, el territorio de la vagina. No os preocupéis por
mojarla con saliva ni ningún otro lubricante, si estáis debidamente excitadas,
se humedece por si sola con un flujo claro y transparente muy agradable al tacto
y al paladar. Podéis acariciaros toda la zona, incluido el pequeñísimo agujero
de la uretra, es muy placentero, pero no seáis brutas si no queréis sufrir las
consecuencias de un roce excesivamente violento.
De pronto os entra la tentación... Y si... Pues claro que sí.
Es vuestro agujero y es vuestro dedo, todo queda en familia, jejeje. Acariciaros
por dentro. No se trata de meter el dedo y chaca-chaca, no, no sois actrices
porno que tengáis que demostrar ante las cámaras cuan dúctil es vuestra vagina,
simplemente notad la presión que ejerce ese dedo canalla, sentid el calor de la
carne, reconoced el placer y aumentarlo allí donde se presente con más
intensidad. Si luego queréis meter más dedos o jugar con algún objeto, tipo el
mango de un cepillo, sois libres, tan sólo escuchad lo que os dice el cuerpo, si
dice basta, es basta.
......
Y ya que hemos empezado a hablar de mangos de cepillos, es de
suponer que habéis alcanzado un grado de confianza importante en vuestra
relación (amorosa) con el amigo Clítoris y la fauna y flora de vuestra región
intercontinental. Ha llegado la hora de improvisar.
No voy a escribir un listado interminable con los muchos
juegos que podéis inventar, precisamente porque entonces ya no serían
"inventados", sino dictados. Pero me atreveré a ofreceros algunas sugerencias
para despertar vuestra imaginación dormida. Wake up,
Bellas Durmientes.
Fruta. ¿Sabéis por qué en las largas veladas romanas
había tantos fruteros al alcance de los comensales? Dudo que entonces se tuviera
plena conciencia de las vitaminas A, B y C. Una cereza sacada de la nevera, de
piel lisa y suave, que entra.. flop... y sale... ¿Lo pilláis? ¿Qué tal
acariciarse con una fresa mordida por la mitad? Lo del plátano es un clásico
pero cuidado porque sin piel se rompe con facilidad y con piel es demasiado duro
y lleno de aristas. Frutas ácidas mejor no, irritan. Las uvas son muy sensuales
pero que no estén demasiado maduras para que no se espachurren por dentro. De
ser así, no pasa nada, empujad hacia afuera, que yo os aseguro que todo lo que
entra sale.
Jaleas y cremas. Mermelada, miel, leche condensada, crema
de cacao, nata, yogur, natillas, flan... ¿Qué os apetece desayunar hoy? ^^
Después del juego, no olvidéis la higiene.
Objetos cotidianos. Bolígrafos, mangos de cepillo,
cepillos de dientes eléctricos, envases, el mouse... Tan sólo vigilad que estén
limpios, que no haya riesgo de rotura y que no tengan bordes que puedan provocar
heridas. No los utilicéis enchufados a la corriente. Jugad con sentido común,
por favor.
Agua. Incolora y sin sabor pero no insípida. No hay
elemento más gratificante que el agua caliente lanzada a presión. ¿Nunca lo
habéis probado? Pues ya estáis tardando. Esta noche, ducharos a conciencia,
jejeje.
Y jabón. Un jabón íntimo, que no irrite, es ideal para un
masaje a conciencia, con exploración interna incluida. No hay mejor lubricante.
Tejidos y plumas. Podéis experimentar acariciándoos con
diferentes texturas: seda, raso, tejido grueso... El secreto está en que el roce
sea superficial, tampoco se trata de hacer la colada con flujo vaginal. En el
sexo, no todo ha de ser agresivo, intensos frotamientos y mete-saca y saca-mete.
Las caricias sutiles son a veces la mejor experiencia o un buen preámbulo para
una larga noche de acción.
Guantes de látex. No en la manera en que se utilizan en
la consulta del ginecólogo, sino para acariciaros todo el cuerpo. Vuestra propia
mano enfundada de suave látex, da la sensación de pertenecer a otra persona.
Probad con un ligero masaje en los senos, el vientre y el interior de los
muslos. A qué mola, jejeje.
Tangas. Esto lo aprendí de mi breve incursión en el BDSM.
Girad el tanga de manera que la parte fina quede delante, la presión de la tira
sobre el clítoris hará el resto.
....
Cómo podéis comprobar, el placer no se esconde en las
vitrinas de un sexshop ni cuesta dinero. Vive en nuestra mente, algo atontado en
algunas ocasiones, pero ahí está. No obstante, para aquellas que hayan alcanzado
un nivel avanzado de autoexploración y quieran disfrutar también de la amplia
gama de productos que ofrece la industria erótica, he creado un pequeño listado
con los juguetes más básicos y sus características.