Nueve Velas, una laguna y una noche de pasión
De nuevo teníamos una cita para el amor y la pasión…
Nuestro encuentro esta vez sería alejado de la ciudad, del
trabajo y de la realidad, el lugar elegido un discreto hotel en una colina
cercano a una hermosa e inmensa laguna.
Antes de emprender el viaje cuidadosamente prepare mi cuerpo
y mi alma para entregarlo todo, quería que cada centímetro de mi piel estuviera
muy suave y deseable para recibir tus besos y tus caricias, quería que con cada
roce sintieras que era tuya y que tus caricias eran las mas deseadas.
Desde el amanecer el día llego con un presagio de felicidad y
amor, el cielo azul de nuestra ciudad estaba resplandeciente, el sol apareció
para hacerse cómplice de nuestra cita.
En la hora acordada acudiste a mi encuentro, como siempre
estabas tan deseable y también como siempre tu galantería y caballerosidad
brillaron con luz propia.
Nos fuimos alejando de la ciudad hacia nuestro destino para
el amor, cada detalle de la atmósfera era un presagio de amor, lujuria y
romance, la tarde fue esplendorosa, la brisa fresca y suave, la laguna apacible
pero misteriosa, el campo brillaba con su mejores colores, como si el universo
en conjunto se regocijara por saber que de nuevo entregaríamos pasión amor y
deseo.
El Hotel elegido, estaba ubicado a lo alto de la colina y
desde allí se vislumbraba la laguna inmensa y apacible…, muy pocos huéspedes
podían disfrutar del lugar lo que le daba un toque de intimidad único.
La noche nos fué cobijando y así mismo era el cronometro para
dar rienda suelta a nuestra lujuria y deseo, de nuevo como si lo hubiéramos
programado, la luna llena, sin pudor, brillaba en el firmamento para no perderse
nada de nuestro encuentro; cada estrella brillaba con fuerza para opacar a las
demás, nuestro Venus apareció triunfal para iluminarnos con rayos de amor que
solo él puede dar.
Mi corazón y mi sexo estaban dispuestos para ser tuyos…
Con la entrada de la noche el frío obligaba a buscar el
abrigo de la chimenea o la intimidad de la habitación… antes disfrutamos de una
cena perfecta preludio de una noche de amor a borbotones.
Por fin a solas en la habitación, cortinas cerradas, la
puerta asegurada, ya no podíamos esperar mas, nuestros cuerpos a gritos
reclamaban la presencia del otro, tu piel y mi piel ansiaban de nuevo ser una
sola.
Tenías un regalo especial para mi ese día, ya me lo habías
anunciado, era un bello y sexy baby doll, pero lo que lo hacia mas excitante,
era saber que tu lo habías elegido pensando en mí y como se vería en mi cuerpo
para luego arrancarlo preso de pasión y deseo; esta evocación ya me hacía
emocionar y hacia humedecer mi sexo en un anhelo por estar pronto lleno de tí y
de tu sexo.
La prenda estaba muy bella, elegante y sensual, sí que me
asuste pensando que mi humanidad estaría muy descubierta con tal traje, sentí
pudor de adolescente virginal al imaginarme como tu mirada con morbo recorrería
mi silueta cubierta por una prenda tan insinuante, me tome algunos minutos ante
el espejo del cuarto de baño admirando la prenda y el juego que su color negro
hacia con mi piel blanca, veía como mis senos estaban atrapados por un poco de
tul que poco dejaba a la imaginación…
Regrese al cuarto donde me esperabas impaciente, todavía me
sentía apenada de pensar que tu mirada podría ver lo que ya yo había contemplado
ante el espejo así que preferí ponerme mi levantadora para favorecer mi pudor y
para generar un poco de expectativa.
Para esa noche yo había elegido unas hermosas velas que
coloqué alrededor del lecho. Creo que la luz del fuego es la mejor para el amor
y la pasión, su reflejo en la piel es como el que destella el sol cuando va
muriendo el día…
En total nueve velas iluminaron nuestro encuentro, la
habitación se tornó mas cálida y acogedora, tu estabas en la cama observando las
velas y animándome para mostrarte como lucía el baby doll, con un poco de miedo
me quite la levantadora y me puse ante tus ojos, era evidente que el espectáculo
era muy agradable a tu vista, estabas recostado sobre la cama, así que te rodeé
con mis piernas y sostenida sobre mis rodillas me acerque hacia ti para que
pudieras tocar a la mujer que en ese momento deseaba más que nada, ser tuya por
momentos eternos.
Mi sexo ya estaba húmedo de deseo, mis senos casi rompían la
tela, mi piel ya rozaba la tuya y ansiaba fundirse de nuevo con la tuya.
Con pasión pero con mucha gentileza acariciaste mis senos, mi
cadera y mis nalgas, poco a poco depositaste mil besos apasionados sobre mi
cuerpo y poco a poco tu miembro se hizo mas y mas grande reclamando ser
protagonista de nuestro apasionado encuentro.
En ésta ocasión tu exigencia estaba centrada en que yo
estuviera siempre sobre ti, para poder deleitarte con la vista de tu mujer
vestida con el sensual traje que tú le habías elegido.
Fue así como introduje tu miembro en mi vagina cabalgando
sobre tu regazo, sintiendo como la humedad que me generaba la excitación brotaba
e iba a parar sobre tu piel, tus manos acariciaban mis senos y nuestros labios
estaban entrelazados en besos de pasión.
Con tu cadera embestías a tu pene para que se hiciera dueño y
señor de mi vagina que tanto lo deseaba, primero lento, luego muy fuerte y
rápido con el vigor que la pasión que mi gruta te genera, apretando con tus
manos mis caderas para moverlas al ritmo de cada jadeo y para lograr tener un
roce intimo supremo entre tu pene y mi vagina.
Yo siento como la pasión me iba invadiendo y con cada
embestida los corrientazos de calor, recorren mi cuerpo, me hacen humedecer más
y más y hacen que mi vagina se contraiga para acoger a tu miembro como su dueño
y señor, mis pezones se erectan y ansían tu tacto y tu lengua para apaciguar el
fuego que los recorre, poco a poco el placer me ciega abro mis ojos y ya no veo
el mundo real, solo veo una estela un poco luminosa y tras ella tu rostro
pintado con el rojo de la pasión.
Poco a poco los poros liberan el sudor del sexo, sensación
que toca mi piel y hace que logre llegar a un clímax inimaginable… me hace
sentir que formamos un solo ser, que viene al mundo cada vez que compartimos el
profundo placer de hacer el amor...
Para este momento ya he sentido un orgasmo y tu continuas con
tus embestidas de placer, me pides que te abrace fuerte mientras tu vas haciendo
el camino para lograr un punto máximo de placer, veo como poco a poco te
desprendes de este mundo para entregarme tu orgasmo, penetras mi vagina
profusamente y me abrazas con la fuerza que la pasión y el deseo dan a los
amantes en el momento del sexo, ya siento como la energía de tu orgasmo posee
nuestro acto, tus gemidos de placer hacen que mi vagina se contraiga y desee
albergar tu semen que pronto brotará para hacerte estallar en emoción y deseo y
llevarme a mí hasta el cielo…
En este hermoso momento en el que eyaculas sin pudor en mi
vagina, gimiendo con un placer infinito, yo siento cómo las olas de la pasión,
se toman mi cuerpo, mi piel, mis sentidos, mis sensaciones y hasta mi alma,
siento como entregas hasta lo imposible para que nuestro placer sea
inimaginable, siento que levito por fuera de mi propio ser y siento una emoción
que me lleva hasta las lagrimas, por sentir tanto placer y deseo en un momento
tan especial.
Luego de tu estallido reposamos un poco, porque yo no puedo
moverme pues en ese momento no soy dueña de mi ser, solo puedo ser consiente del
placer y del deseo…
Nos toma algunos minutos retomar el control de nuestros
cuerpos, ambos suspiramos profundamente, como puedo me recuesto a tu lado para
tomar un aire y continuar con nuestra noche de pasión desenfrenada.
Nuestros encuentros son muy prolongados así aparentemente el
tiempo no haya transcurrido, la madrugada nos sorprende presos de deseo y
desenfreno, es así como decidimos darnos una corta tregua para disfrutar del
sueño reparador.
El amanecer aclara la habitación, ya es hora de desayunar… y
luego como si no hubiera sido suficiente hacemos el amor como si fuera la
primera vez, luego una siesta para recuperarnos, acto seguido tomar una ducha de
agua muy caliente.
Ya nuestros cuerpos están saciados de placer y sexo, sin
embargo ya empiezan a extrañarse.
A media tarde emprendemos camino de retorno a nuestras vidas
normales, a nuestra ciudad y nuestra rutina, dejamos atrás la laguna, el cielo y
el paisaje únicos testigos de nuestra apasionada faena.
Cada momento compartido empieza a ser parte de mis memorias
privadas y un motivo para agradecer a la vida haberte conocido.