ABRIENDO CAMINOS
Después del fin de semana en el Parador y de mi "agitado"
regreso con mi marido y posteriormente con "A", tuve unos días de ¿descanso? ,
lo pongo en interrogación porque mi pareja no me dejaba mucho en paz, mi
transformación le había gustado y aunque nunca me pude quejar en lo referente al
sexo, ahora me acosaba continuamente. Mi sexualidad estaba en ebullición y
disfrutaba de la hiperactividad de aquél, pero - siempre hay un pero – echaba de
menos el morbo de mis encuentros con "Q" y "A". En mis sesiones de sexo conyugal
siempre había una o dos personas más, ya os imagináis quienes, involucradas, lo
que añadía un poco de sal a la indudable habilidad de mi pareja. El mero hecho
de pensar en una sesión con mis tres hombres o incluso solo dos de ellos, me
ponía a mil, tres lenguas, tres pollas y seis manos para mi sola debía ser el
paraíso. Después de la morbosa conversación que mantuve con mi marido a mi
vuelta, no me había atrevido a hablar de ello de nuevo, en cada uno de los
polvos que echábamos estaba a punto de hacerlo pero un extraño sentido del pudor
me lo impedía, sin embargo, ese mismo pudor desaparecía cuando me corría
intensamente pensando que él que me estaba inundando de semen el coño no era él,
sino uno de mis amantes.
Una noche que salimos a cenar solos, le vena exhibicionista
que "Q" había sacado de mí salió a flote, me puse una falda de vuelo tres o
cuatro centímetros por encima de las rodillas, un top bastante ceñido, medias
con liga y "olvidé" el sujetador, completaba mi vestimenta una mínima braguita
casi transparentes, estaba dispuesta a llamar la atención donde quiera que
fuésemos. Mi marido me quiso follar en cuanto me vio, pero solo le dejé
manosearme un poco. Pedimos un taxi, no era mi taxista, y nos dirigimos a un
restaurante de moda en nuestra ciudad, el portero acudió a abrirnos la puerta y
le enseñé bastante más de lo que aconseja el manual de buenas costumbres, el
hombre se congestionó un poco. Mi marido, que se dio cuenta de la maniobra, me
preguntó…
¿Quieres que le de un infarto?
No se a que te refieres – le contesté con coquetería.
El maître nos acompañó a la mesa, miré a mí alrededor y vi
una mesa con cuatro jóvenes, al menos más jóvenes que nosotros, y otra con un
matrimonio de nuestra edad. Me senté sin mucho cuidado, dejando que la falda se
quedara un poco más arriba de lo normal, uno de los jóvenes y el hombre de la
pareja tenían una perfecta visión de mis piernas, observé como las miraban y mis
hormonas comenzaron a alterarse. Pedimos un aperitivo y miramos la carta,
pedimos unas entradas para compartir y un plato para cada uno, después
comenzamos una conversación banal, de pronto mi marido me dijo:
Sabes que te están mirando las piernas, ¿verdad?
Lo miré fijamente y, no se por qué, le contesté:
Si, ¿te molesta?
No, en absoluto, me gusta que te miren, me siento
orgulloso de ti – sin pausa me preguntó - ¿Es verdad que te gustaría que
otro te follara?
Contigo sí – le mentí – me gustaría probar con dos
hombres y uno de ellos serías tú. Y ¿es cierto que tú tienes fantasías
en las que me follan?
Si, es algo raro, cuando sueño con eso siento celos,
pero al mismo tiempo me excita imaginar que otras personas te hacen
disfrutar.
Callamos mientras el camarero se acercaba y nos servía los
entremeses. Mientras no había dejado de observar a los "mirones" de mis mesas
vecinas, el joven ni me quitaba ojo y yo le había sonreído y abierto un poco las
piernas para tenerle en tensión.
¿Te gustaría que probásemos? – me atreví a decirle
cuando el camarero se alejó.
¿Te atreverías tú?- me contestó con otra pregunta.
Si no lo intentamos nunca podré contestarte –
respondí.
El joven seguía mirándome y un par de veces se relamió los
labios, volví a sonreírle y abrí un poco más las piernas, el hombre de la pareja
se aflojó el cuello de la camisa, seguro que veían mis muslos desnudos por
encima de las ligas, y pronto verían mis bragas. Mi marido interrumpió mis
pensamientos…
¿Los estás seduciendo? – preguntó.
Me sobresalté, no creí que se notara tanto, pero reaccioné…
Yo diría que sí – contesté - ¿Quieres que siga?
¿Con los dos?
Yo prefiero al joven, pero me dejo aconsejar – repuse
desvergonzadamente.
Ahora nos mirábamos a los ojos, creo que los dos sabíamos que
estábamos decidiendo un cambio profundo en nuestra relación personal, para mí
era introducirle en el sexo que a mi me habían marcado a fuego en las últimas
semanas, para él era compartirme con otros. Continuamos mirándonos, sin
parpadear, un par de minutos, él rompió el silencio:
Adelante, no se lo que pasará, pero tu tomas el
mando, solo quiero que no me mientas.
Le sonreí, y le envié un beso, la primera imagen que acudió a
mi mente fue verme en una cama empalada encima de mi marido mientras "Q" me
follaba por el culo. Cerré los ojos y me estremecí mientras notaba como se me
humedecía el coño.
Te quiero y espero que no tengamos que arrepentirnos
– le dije.
A continuación miré fijamente al joven de la mesa
humedeciéndome los labios con la punta de la lengua y, mientras le sonreía, abrí
las piernas todo lo que pude. Vi como se ponía rojo. Oí como alguien tosía y
desvié la mirada hacía el hombre de la pareja, se había atragantado y tenía una
servilleta manchada de vino en la boca mientras la mujer se levantaba e iba a
golpearle la espalda, cerré púdicamente las piernas.
Nos sirvieron los platos que habíamos pedido y continué
provocando al joven, ya no prestaba atención al hombre de la pareja que se había
convertido en un espectador de excepción de mi juego de seducción. Mi marido
comía y hablaba distraídamente conmigo, era consciente totalmente de mi
actuación y la había aceptado, en un determinado momento me preguntó…
¿Estás disfrutando? –
No solo estoy disfrutando, me estoy excitando –
contesté.
¿Hasta donde estás dispuesta a llegar? – inquirió con
voz ronca –
Ni yo misma lo sé, estoy muy caliente, me gustaría
terminar en la cama con él y contigo… pero ni se como hacerlo, ni si tú
quieres lo mismo – respondí sintiendo la boca seca.
Voy a seguirte hasta donde quieras – dijo en voz
baja.
El joven y yo no desviábamos la mirada el uno del otro, yo
creía que todo el restaurante se daba cuenta de lo que estaba ocurriendo, tenía
el vientre en tensión y pequeños temblores me agitaban el sexo, hubiera pagado
para que ese tipo me levantara de la mesa y me follara delante de todos, pero
algo me impedía dar rienda suelta a mis instintos.
¿Qué pasó en el Parador? – volvió a preguntar mi
marido – eres otra desde entonces.
No me preguntes nada, algún día te lo contaré –
repuse.
El joven se levantó mirándome y se dirigió a una puerta,
supuse que iba a los servicios, le seguí con la mirada hasta que la puerta se
cerró tras él, en ese momento me levanté decididamente y fui tras él, mi marido
me tomó de la muñeca…
¿Qué vas a hacer? …
Me gustaría poder contestarte… lo ignoro - respondí
soltándome de su mano.
Caminé decididamente y abrí la puerta, había un pasillo con
tres puertas, anduve hacia ellas y me detuve sin saber que hacer, ¿estaría
esperándome en el servicio de caballeros o habría entrado en el de señoras? ,
súbitamente se abrió la tercera puerta en la que ponía "Privado", una mano me
tomó del brazo y tiró de mí, di un pequeño grito y me vi dentro de una
habitación iluminada por una bombilla y con cajas de artículos de limpieza, el
joven me atrajo hacia él y me besó en la boca intentando introducirme la lengua,
no me retiré pero mantuve la boca cerrada, me levantó el top y noté como se
sorprendió al ver que no llevaba sujetador, siguió besándome y mordiéndome
suavemente los labios mientras me apretaba fuertemente las tetas, comencé a
jadear mientras me echaba hacia atrás, bajó la cabeza y comenzó a besarme y
morderme pechos y pezones. Sentí como sus manos bajaban hasta mi culo y
levantaba la falda, me apretó el trasero y bajó las bragas hasta las rodillas,
abrí las piernas y ahuequé mi vientre para darle fácil acceso al coño que ya
estaba mojado y caliente, no desaprovechó la ocasión y lo alcanzó con una de sus
manos, me metió dos dedos e hizo que más flujo corriera por mis muslos, solo se
oían mis jadeos y el ruido de sus besos en mi pecho, no habíamos hablado una
sola palabra. Bajé una mano y toqué su entrepierna, sentí su polla dura y
grande, la acaricié por encima del pantalón y comencé a oír sus gemidos, el
seguía acariciándome el coño que no cesaba de emitir fluidos y notaba mis
pezones duros e hinchados, de pronto noté como su otra mano masajeaba mis nalgas
y un dedo me penetraba el ano, me flaquearon las piernas y me corrí mientras un
grito escapaba de mi garganta. Intentó quitarme las bragas y lo detuve…
¿Qué haces? – por primera vez oí su voz.
Tenemos que irnos – le contesté.
Estás loca, no me vas a dejar así – repuso
No – le contesté - nos veremos luego. ¿Tienes coche?
Si, pero…
Espera en el aparcamiento, deshazte de tus amigos.
¿Como se que vendrás?
Toma – me quité las bragas y se las entregué – me las
devolverás después de follarme.
Se quedó con la boca abierta y las bragas en la mano, salí de
la habitación y entré rápidamente en el servicio, por fortuna no había nadie,
tenía la pintura de labios corrida alrededor de la boca, me limpié la cara y me
recompuse la ropa, me miré los pechos y vi una marca morada en uno de ellos, por
último, me retoqué el pelo y volví al comedor. Cuando entré vi que él, ya estaba
sentado y hablaba animadamente con sus amigos, mi marido esperaba pacientemente,
solo el hombre de la pareja me miró como diciéndome que sabía lo que había
hecho.
Me senté, el joven ya no me miraba, parecía querer disimular
su cita conmigo, el que seguía sin apartar su vista de mí era el de la pareja,
me miraba con deseo y quise darle una sorpresa, nuevamente abrí las piernas y le
mostré mi sexo desnudo, le sonreí y dejé de mirarle. Oí la voz de mi marido:
¿Tienes algo que contarme? – preguntó.
Si, algo, pero al final de la noche será mucho más –
le contesté.
¿Qué ha pasado? – insistió.
Hemos jugado un poco – respondí.
¿Habéis…? –
No, pero lo haremos- noté como tragaba saliva – Hemos
quedado con él después de cenar, en el aparcamiento.
¿Hemos? –
Si, supongo que querrás venir ¿o no? -
… Si… ¿Estás segura de querer hacerlo? –
¿Tú que crees? - le dije mientras tomaba una de sus
manos y la metía debajo de mi falda, la arrastré hasta que me tocó el
desnudo coño –
Puso cara de sorpresa cuando notó que no llevaba bragas, pero
no dijo nada, le solté y dirigí mi mano a su entrepierna, tenía una erección
considerable. Enrojeció, yo mantuve la mano sobre su polla y comencé a
hablarle...
Parece que la idea no te parece mal, por fin vas a
ver como se follan a tu mujercita – noté como su polla crecía bajo mi
mano y continué – tus fantasías se van a hacer realidad, ¿crees que
aguantarás viendo como me montan? – su erección era ya enorme, nunca la
había notado tan grande - ¿soportarás ver como un desconocido hace que
me corra?
El no hablaba, retiré la mano y tomé una de las suyas por
encima de la mesa, me sentía mal por haberle hablado de ese modo, le besé la
mano y le dije que le quería, el sonrió tristemente. Vi como la reunión de los
jóvenes se levantaba y mi "elegido" me miraba, noté como ese calor que sentía
cuando estaba excitada, me subía desde el sexo hasta el pecho, no sabía su
nombre y en un rato me estaría follando, este pensamiento me calentó aún más. Mi
marido también le miraba, hice, aunque sin ganas, un último intento de parar lo
imparable…
¿Quieres que lo dejemos? – le pregunté.
¿Quieres que él te folle? – volvió a contestarme con
otra pregunta.
Si – le respondí sin dudar.
Levantó la mano llamando al camarero, este se acercó y le
pidió la cuenta, mientras esperábamos vi que no habíamos probado el postre. El
maître llegó con la cuenta, pagó y dijo con decisión:
¡Vamos! – me tomó de la mano y salimos.
Salimos y nos dirigimos al aparcamiento, lo vi apoyado en un
coche y nos acercamos, el no se movió, cuando estuvimos junto a él se dirigió a
mí…
Esto no es lo que me dijiste –
Tampoco te dije que iría sola, es mi pareja y viene,
a ti no te tocará –
Pareció pensarlo, se dio la vuelta y dijo:
Subid –
Ni nos lo planteamos, mi marido se subió atrás y yo junto a
él, me miró la entrepierna, bajé la mirada y vi que tenía la falda subida, no
ocultaba casi nada y no hice intento de bajarla.
¿Dónde vamos, a vuestra casa?- preguntó.
No – le contesté – imposible. ¿tienes tú sitio o
vamos a un hotel?
Me sorprendí, hablaba con una naturalidad total parecía que
estábamos quedando para cenar, pensé en que pasaría por la mente de mi marido.
Podemos ir a casa, vivo solo y no tenéis pinta de
atracadores, ¿cómo os llamáis?
Le dimos nuestros nombres y nos dijo el suyo, Toni. Enseguida
extendió su mano derecha y la acercó a mi sexo, volví la cara y miré a mi
marido, me deslicé en el asiento y abrí las piernas, estaba expuesta para el.
Comenzó a pasar su dedo por mi hendidura, notaba como mis labios externos se
iban hinchando y abriendo, pronto empecé a notar como la humedad iba en aumento,
el dedo resbalaba perfectamente mientras incipientes gemidos comenzaban a salir
de mi boca. Pronto los dedos empezaron a acariciar y penetrarme el coño, que ya
latía con fuerza. Los gemidos iban aumentando de volumen, tuve un último
pensamiento para mi marido y me abandoné al placer. Dos dedos me machacaban
ahora el clítoris, me levanté el "top" y comencé a acariciarme los pechos, ya
era un gemido continuo el que salía de mis labios, mientras mis jugos resbalaban
por mis muslos y mojaban el asiento. A mi calentura se unía el morbo de la
presencia de mi marido que seguramente no vería lo que Toni me hacía, pero
seguro que lo imaginaba. Después de unos veinte minutos, llegamos a una
urbanización a las afueras de nuestra ciudad.
Salimos del coche y me colgué de Toni, me había hecho
disfrutar del viaje, él me tomó de la cintura y casi me arrastró a la casa, mi
marido venía detrás de nosotros. Entramos y sin pausa me llevó al que, supongo,
era su dormitorio, mi cuerpo ardía, necesitaba ser follada ya, me arrojó a la
cama y comenzó a desnudarse mientras yo lo miraba tendida y abierta de piernas,
mi marido estaba de pié junto a la puerta del dormitorio, observé un gran bulto
en su entrepierna, sonreí levemente y volví mi mirada hacia Toni que ya estaba
desnudo, tenía un cuerpo cuidado y una bonita polla, no estaba circuncidado, le
tendí los brazos y vino hacia mí, me quitó el "top" y comenzó a morderme las
tetas estaba excitadísimo y temí que me dañara, le susurré…
No me hagas daño, guarda tu agresividad para cuando
me penetres… –
Toni me hizo caso, los mordiscos se convirtieron en lamidas
que erizaron aun más mis pezones y me elevaron al cielo, le animaba con frases
como –sigue así - , - no pares - , - dame más – y el continuaba comiéndome
maravillosamente las tetas. Mis caderas se retorcían buscando atención, le pedí
mimosamente…
Bájate…
Volvió a obedecerme y resbaló hacia mi pubis, desabrochó el
cierre de mi falda y tiró de ella, levanté el culo para ayudarle y sacó la
falda, estaba desnuda debajo de él, solo conservaba las medias. Me acercó la
boca al coño, lo levanté para recibirla, su lengua se abrió paso a través de mi
raja y un acceso de flujos le dio la bienvenida, estaba entregada, quería sentir
su polla dentro pero no se lo pedí, deseaba que me tomara a su manera. Me lamió
hasta la extenuación, mi cuerpo vibraba de pasión, mis jugos manaban
incontrolables, estaba disfrutando de una nueva sesión de sexo y mis orgasmos se
confundían, me apretaba los pechos mientras gemía como una loca, de pronto se
incorporó, mojó sus manos con el abundante liquido que manaba de mí y me
embadurnó cara, pecho, vientre y muslos, después los lamió lentamente, su lengua
me recorrió de arriba abajo e hizo que, nuevamente, me viniera. Se separó de
nuevo y me miró, le devolví la mirada con fiebre, me tomó de las piernas y las
elevó para ponerlas en sus hombros, me relamí, me iba a penetrar profundamente
pero le pedí que esperase. Llamé a mi marido y le pedí que se desnudara y se
viniera a la cama, así lo hizo, estaba completamente erecto, le pedí que se
pusiera junto a mí y se sentó junto a mi cabeza. Vi como observaba nuestra
postura, Toni, tenia cogidas mis piernas alrededor de su cintura y su polla
apuntaba directamente a mi abierto coño que palpitaba ansioso, le dije…
Continúa…
Terminó el movimiento inicial, subió mis piernas hasta la
altura de su cabeza y las apoyó sobre sus hombros, me noté completamente
abierta, a su disposición, colocó su miembro a las puertas de mi cueva, pasaron
unos segundos que se me hicieron interminables…
Follame… - gemí –
Me la hundió de una sola embestida, noté como nuestros vellos
púbicos se unían, la postura hacía que sintiera su polla muy dentro de mí y
entonces comenzó su cabalgada, anteriormente le pedí agresividad y vaya si me la
dio, me hacía saltar en la cama, gritaba de placer mientras mi cabeza se movía
de uno a otro lado. Con una mano busqué la polla de mi marido y comencé a
pajearle salvajemente, la cama crujía mientras se escuchaba nuestro coro de
gritos y gemidos, mi vientre estaba en ebullición, le pedí a mi marido que me la
metiera en la boca y así lo hizo, mis gritos se convirtieron en gruñidos, Toni
continuaba martilleándome. Noté las contracciones de su polla y apreté mis
músculos vaginales, tenía los ojos cerrados, saqué de mi boca el miembro de mi
marido y grité:
- ¡¡¡Dadmelo yaaa!!! ¡¡¡Lo quiero todo!!!
El ardiente semen de Toni comenzó a inundarme y levanté mi
pubis buscando más penetración, mi vientre se licuó, una gran descarga de flujo
se unió al líquido que mi follador me inseminaba y me corrí gritando como una
posesa. De repente sentí como un líquido caliente se estrellaba en mi cara, mi
marido se estaba corriendo, tomé de nuevo su polla en la mano y me la introduje
en la boca, dos o tres nuevas descargas cayeron dentro de ella, él se derrumbó
con los ojos cerrados. Toni se mantenía dentro de mí y yo estaba molida, cerré
también los ojos mientras mantenía el semen en la boca. Pasados unos minutos, mi
coño fue abandonado por la polla que lo llenaba, abrí los ojos y vi como mi
marido me miraba, abrí la boca y le enseñe el semen…
Es tuyo – le dije antes de tragármelo.
Toni quiso preparar unas bebidas y continuar la fiesta pero
yo le dije que no, debíamos volver a casa, mi marido me miró extrañado pero no
dijo nada, aquél insistió pero no di mi brazo a torcer, le dije que teníamos que
marcharnos y que ya habría más días. Nos invitó a ducharnos pero le contesté que
lo haríamos en casa y le pedí que llamara a un taxi para volver pero él decidió
llevarnos. Nos vestimos y salimos hacia el coche, Toni sacó mis bragas del
bolsillo y me las entregó, nos reímos los dos ante la sorpresa de mi marido,
entramos en el coche y no me puse las bragas.
El camino de vuelta fue un poco diferente, ahora fui yo quién
acaricié y chupé la polla de Toni todo el trayecto, cuando llegamos tenía una
erección descomunal, intenté que se corriera pero al parar el coche aun no lo
había conseguido, su miembro estaba terso y brillante de mi saliva, me miró con
deseo y decidí probar su semen, le bajé los pantalones y tomé sus cargados
testículos con una de mis manos, mi boca seguía subiendo y bajando por su
tronco, me subí el "top" y restregué su polla con mis pechos, Toni gemía cada
vez mas fuerte y observé como brotaban las primeras gotas de líquido preseminal,
aumenté la velocidad de mis caricias mientras él elevaba sus caderas buscando el
clímax, su respiración se hacía más pesada por momentos y noté que estaba a
punto, lamí levemente su glande y explotó, su semen entró a borbotones en mi
boca, no podía tragar todo y parte de el resbaló por mis labios y cayó en mi
pecho, le masturbé violentamente hasta que le extraje la última gota, después le
limpié cuidadosamente su miembro. Permaneció sentado y con los ojos cerrados, yo
me sequé la cara y el pecho con mis bragas y le besé los labios, abrió los ojos…
Gracias – musitó - ¿cuándo volveremos a vernos?
No lo sé, de momento disfrutemos recordando esta
noche – contesté.
Volví a rozar sus labios y le entregué mis bragas.
Consérvalas – le dije, y me bajé del coche.
Mi marido me siguió in mediatamente, no había tenido
consciencia de su presencia durante mi mamada a Toni y me avergoncé, me tomó del
brazo y entramos en el portal sin mirar atrás.
Ya en el ascensor, besé a mi marido profundamente, le hice
que tragara los restos del semen de Toni y suyo. El bajó su mano y me tomó por
el coño, sus dedos se pasearon por él suavemente y noté como respondía, un
placentero cosquilleo recorrió mi vientre y volví a besarlo. Abrí la cremallera
de su pantalón y saqué la polla, estaba erecta y recordé el "espectáculo" que le
había dado en el coche, la acaricié y, agachándome, se la besé. Entramos en casa
y me dirigí a mi dormitorio, no estaba muy presentable si la canguro estaba
despierta, oí como mi marido hablaba con ella y al poco rato sonó la puerta de
la calle cerrándose, supongo que habían pedido un taxi y se marchaba. Me levanté
y fui a ver a la niña estaba dormidita, la arropé y me volví al dormitorio, mi
pareja ya estaba allí y se desnudaba, yo me quité la falda y el "top" y me dejé
las medias, rotas y sucias, me miré al espejo y vi las manchas de semen seco que
cubrían mi pecho, vientre y muslos. Me tendí en la cama esperando a mi marido
que enseguida se tendió a mi lado, permanecimos en silencio y fue él quien lo
rompió…
¿Por qué no quisiste quedarte?- preguntó.
Te dije que quería terminar en la cama con los dos y
así lo hicimos –respondí.
Si, pero no de la forma que yo esperaba, creí que
follarias con los dos – dijo.
¿Es lo que querías? – inquirí – ¿querías mis dos
orificios llenos?
Pensé que era lo que tu deseabas – repuso un poco
avergonzado.
Le bajé el slip y recogí la polla que, rápidamente, reaccionó
a mi contacto, comencé a masturbarlo lentamente.
¿Has disfrutado viendo como me follaban? – noté como
su polla se estremecía.
Si… me encantó verte ensartada por otro, fue una
sensación extraña pero excitante, estabas entregada a alguien a quién no
conocías – contestó, su miembro se endurecía por momentos.
Estaba entregada al placer, ese hombre no me poseyó
totalmente – le corregí.
Puso cara de extrañeza pero no dijo nada. Me puse encima de
él y le pregunté…
¿Te gustaría que te follara? –
Si – musitó.
Me hundí lentamente en él, ambos, casi simultáneamente,
emitimos un quejido, pensé en como su polla se embadurnaba con la simiente de
otro y un escalofrío de placer me sacudió. Aumenté el ritmo y él se dejo hacer,
gemíamos y nos mirábamos mientras entraba y salía de mí.
¿Te acostumbrarás a esto? – pregunté mientras giraba
las caderas alrededor de su miembro totalmente hundido en mi sexo.
Creo que sí… -repuso –
¿De verdad deseabas un a doble penetración esta
noche? – volví a preguntar mientras ya, prácticamente, botaba sobre él.
Siiii – me respondió jadeante.
La tendrás… te lo prometo – le aseguré mientras me
encajaba más en él.
¿Cuándo? – volvió a preguntar.
Yo estaba casi a punto y las contracciones de su polla me
decían que le faltaba muy poco,
- Muy prontoooo… - contesté sintiendo mi vientre temblar.
¿Quién será el tercero, Toni? – inquirió
congestionado.
Me levanté y dejé solo la punta dentro, lo miré con lujuria y
me dejé caer mientras gritaba…
¡¡¡¡QQQQQQQQQQQQQ!!!
Un incendio calcinó mi cuerpo, su semen y mis flujos se
unieron explosionando en mi vientre, me derrumbé sobre él mientras temblaba
violentamente, su semilla me quemaba y noté perfectamente las contracciones de
su polla mientras se vaciaba en mí.
(CONTINUARÁ)