Hijo querido, VIII
--"Bendito cielo, por fin se fue ese Tony, ¡cabrón chamaco!
Ojala Tony ya no ande sonsacando al Andrés, me tenían a su merced los malditos,
coger a toda hora, no les aguantaba el paso a los calientes chamacos, pero ya,
por fin se largó, y el Andy debe andar ensartando a la novia, mejor, así me deja
en paz, siquiera unos días", pensaba la madura aquella noche al regresar a casa,
sin embargo a veces el destino trae imprevistos.
Y mientras toma café en la cocina como sin querer Ana
rememora algo de lo vivido recientemente: "¡qué maña de querer cogerme los dos
al mismo tiempo!, me dejaban el culo todo destrozado, ¡malditos!, aunque… si,
claro, es riquísimo coger de esa manera tan… salvaje, pero estos… ¡se pasan!", y
la madura suspira, piensa irse a dormir temprano y… tranquila, sin sobresaltos,
sin que el par de adolescentes se fueran a meter a su cama. En eso el teléfono
que llama la sobresalta y:
--"¿Sí, diga?".
--"¿Eres tú Chiquis?, soy Edna, tu hermanita querida".
--"¡Ahhhh, hola, qué milagro que llamas, ¿cómo estás?".
--"Yo… bien, o bueno más o menos, lo que pasa es que… ¡ay
Chiquis!, quiero que me hagas un favor, mira voy a ir a México unos días, una
cosa de la escuela donde trabajo, papeleo y esas cosas, pero… no quiero llegar a
casa de tu mamá, ya sabes cómo es… nomás se la pasa vigilando, ¿me entiendes?".
--"Hummm, pues así ha sido siempre tu madre, y a ti que no te
gusta que te pongan trabas, ¿verdad?".
--"Pues si manita, ni que fuera todavía una chiquilla y ella
mandara, qué a que horas llegas, que a dónde vas, con quién, ya sabes, así que…
¿puedo llegar contigo unos días?, tres o cuatro, claro voy a ir a visitar a
mamá, pero no a quedarme, capaz que, ya sabes… además voy a visitar a unas
amigas y pues… a lo mejor salgo con ellas a dar la vuelta, ¿no tienes problema?,
¿verdad?".
--"Hummm, no, Andrés vive conmigo, ya sabías ¿no?, el tiene
su propio cuarto, te quedarías conmigo en mi cama, es grande cabemos las dos sin
problema, ¿cómo ves?".
--"Gracias Anita, te lo agradezco, entonces llego mañana por
la tarde ¿eh?, y de nuevo gracias".
Luego de colgar el aparato la madura pensó de inmediato en su
querido hijo: "tengo que avisarle a Andrés, que estos días que esté aquí Edna no
se le ocurra andar con sus impertinencias, que guarde las apariencias al menos
unos días, al cabo que su novia se encarga de ponerlo quieto, bueno, eso
espero". Y cuando el hijo llegó:
--"Hola mami, ¿cómo estás?, ¿bien?", le dice el adolescente
en tono un tanto lujurioso.
--"Pues más o menos, gracias al cielo ya se fue tu amiguito,
ya voy a descansar un poco, ¿no?".
--"Hummm, ¿y a mi no me vas a dar cositas?".
--"¡Ay Andy, vienes de ver a la novia y ya quieres hacerme
cosas feas!, ¿no te puedes contener?, además tengo que decirte algo importante,
¡oye bien!, mañana llega tu tía Edna, viene a la ciudad y no quiere llegar a
casa de tu abuela, ya sabes… tu abuela de estricta y tu tía que se destrampa,
así que estos días que esté ella aquí no andes con sus cosas ¿eh?, y sobre todo
no se te ocurra andarte metiendo a mi cama, que ella va a dormir conmigo, ¿quedó
claro?".
--"¿Entonces… nada de nada mami?".
--"Pues no, nada de nada, y procura portarte bien y no andar
de lujurioso, además tu novia te da tu descanso, ¿o no?".
--"Sí má, pero también quiero contigo ¿y si…?".
--"¡No Andrés!, no me propongas nada, es más déjame descansar
unos días, traigo la cola que no puedo ni sentarme, ¡abusaste de mi!, los dos,
¡tú y el cabrón de tu amigo!, me hicieron como quisieron, tengo que buscar un
ungüento para ponerme en el culo, ¡y todo por tu maldita calentura, ¿eh
Andresito?, así que ahora que venga tu tía pórtate bien y no andes con tus
sucias cosas, ¿quedó claro?".
Y cuando salía la madura rumbo a su recámara: "oye ma, me
dejas ponerte la cremita en la colita".
--"¡Ay Andrés, tú no entiendes!".
Y obediente, con su pijama puesta la madura se acostó boca
abajo en la cama dejando que su caliente hijo le quitara los calzones para
aplicarle una pomada, Ana se abrió los mofletes del culo suspirando, el hijo con
ojo atento mirando el floreado culo renegrido y flojo, "ya Andy termina, ponme
la pomada y vete pa tu cuarto, hoy no vamos a hacer nada ¿eh?".
Ana dejó que el chico explorara su secreta intimidad
aplicando con dos dedos la pomada en el dolorido culo, "sí, Andy, si, siento
rico, aplica bien la cremita, pero… no, no metas los dedos que me lastimas, me
duele mucho hijo querido, no me lastimes el culito". Y el hijo obediente ahí,
aplicando el ungüento, de forma delicada sobre el prieto culo, presionando
ligeramente, quizás media falange de un dedo dentro del hoyo de su madre, "no,
Andy, no insistas que me duele, ya deja, quítate ya, por favor".
--"Oye mami… ya se me paró el pito, si quieres nomás una
mamadita y ya, ¿sí?".
--"¡Ay Andy, tú no entiendes!, bueno te hago la mamada pero
quiero que me digas una cosa".
--"¿Qué cosa?".
--"¿Cómo se te ocurrió utilizarme para hacer un trío con
Tony?".
--"¡Ay ma… ya sabes… cosas… de antes, cuando vivíamos en
Vallarta, ¿recuerdas?, nos hacíamos pajas con tus calzones, luego nos
descubriste, luego… paso aquello con Tony, tú y él, ¿recuerdas?, yo siempre lo
supe, te deseábamos mucho, nomás te veíamos y se nos paraba la pinga, luego te
espiamos teniendo sexo como mi papá o… con algún otro, ¿recuerdas?...".
--"Si, para, ya no digas nada, pero, ¿cómo se pusieron de
acuerdo?".
--"Es que yo… le platiqué a Tony de lo nuestro, que hacíamos
el amor y que nos gustaba mucho hacerlo a los dos… y luego surgió lo de su viaje
a México y… ya, quedamos que el vendría a la casa y… ya conoces el resto".
--"¡Andrés, no tienes vergüenza!, no te haz puesto a pensar
que… ¿y si al Tony se le ocurre andar contando que me cogieron los dos?, y
muchas veces, por todos lados, ¡eres un inconciente Andrés!".
--"No mamá, Tony nunca dirá nada a nadie, no te preocupes,
ahora quiero proponerte algo… ¿sí?".
--"¿Y ahora que locura se te ocurrió Andrés?".
--"No, es que, mira, si viene la tía y… ya sabes como son las
tías, más Edna, digo, si surge algo… ¿no te vas a enojar, verdad?".
La madura fija su mirada enojada en el hijo y "la verdad eres
un inmoral Andrés, pero, no se…, cuando menos que yo no me entere, ¿sí?", y se
apura a mamarle la verga al hijo, queriendo dejar zanjada la cuestión.
Y mientras la madre succiona con delicadeza la dura poronga
del hijo, suspira, lame con lentitud los contornos de la verga, disfrutando del
rico sabor de los jugos, y mamando, tratando de comerse todo el enorme tronco y
recuerda sin querer aquellas viejas experiencias, una en particular la perturba:
haber tenido sexo con los amigos de su marido, ¡claro!, se justifica, "él estaba
al tanto y llevó a los amigos a la casa a cenar, pero más bien para que todos
ellos me cogieran por todos lados", recuerda la madura y suspira, quizás
añorando la experiencia o tal vez arrepentida de aquello, pues eso marcó el
inicio de la ruptura matrimonial.
--"Pues si, pasó aquello, pero él tuvo la culpa, él los llevó
y sabía lo que podía pasar, lo que no calculó el tonto… es que a la mañana
siguiente todo Vallarta sabía de mis cogederas… él tuvo la culpa, sólo él… y yo…
por puta", piensa la madre mientras le sigue mamando la verga al hijo que
suspira, que la agarra del cabello para clavarla en la tranca erecta, para luego
eyacular chorros de semen que la excitada madre traga apurada, que más que
caliente repasa la verga por el rostro embarrándose los mocos.
A la noche siguiente Ana y su hermana cenaban en la cocina,
en eso pasó Andrés cerca y Edna en voz baja comentó "¡ay Anita, que bueno se
puso el Andy, ¿verdad?".
--"No digas tonterías Edna, él es tú sobrino, que no se te
olvide".
--"No si yo nomás digo que se puso bien bueno el condenado,
¿y dices que tiene novia, verdad?, pues seguro se la anda empinando el
condenado, y con eso de que… "calza grande", ¿verdad?".
--"¿Y tú cómo lo sabes?, ¿eh pinche Edna?".
--"Ay hermana, si lo vi en Vallarta, el traje de baño le
quedaba chico o tenía… grande el miembro, ¿a poco no?, se le notaba tremendo
animalón bajo el calzoncillo".
--"¡Ya no digas tonterías!, vámonos a dormir, y ponte en paz,
¿eh?".
--"¡Ay es que… he andado en ayunas!, desde hace cuatro meses
que nada de nada, ya el dedo no me llena, necesito un hombre y ¡urgentemente!,
¡tengo unas ganas de coger, qué no veas!", y la mujer suelta la ruidosa
carcajada y añade: "a propósito… y tú… nada, ¿eh?, a ver cuenta".
--"No, mejor cuenta tú primero, según yo tu tenías noviecito,
¿o no?".
--"Hummm, ya sabes, son de esos de "pisa y corre", una cogida
rica, dos, tres, luego si te ví, ni me acuerdo, era un compañerito, muy lindo,
chamaco todavía, bueno no tanto, salimos una vez luego de una comida de trabajo,
fuimos a echarnos unas copas y luego al hotel, le puse una cogida que se quedó
maravillado, y así salimos varias veces, luego… ya sabes, no contestaba el
teléfono, me sacaba la vuelta, en fin, yo ni lo presioné ni nada, sólo quería
acostarme con él, la tenía bien rica, cogíamos como locos, pero, hummm, bueno,
la historia de siempre, ahora cuenta tú de tus aventuras, ¿eh?".
--"Pues aunque no lo creas, nada de nada, a veces… ya sabes…
un dedito ayuda, pero no hago el amor con nadie…", dice la madura tratando de
ser convincente.
--"¿Y tu novio, el director de tu escuela?, ¿ya no?".
--"¿Quién te contó?, ¿qué sabes?, ¿quién te dijo?", pregunta
Ana intrigada.
--"No pues… ya sabes, tu madre nunca se queda callada, nomás
sabe alguna cosita y saca sus conclusiones, y la verdad… nos conoce y ya sabes…
¿entonces… él y tú?".
--"¡Ay Edna!, pues no… o bueno casi no… si salimos dos o tres
veces, pero… con eso de que el cabrón se anda acostando con las demás misses de
la escuela, pues no…, a veces nos hacíamos cositas en su oficina, pero no gran
cosa… una mamadita y eso y ya… alguna vez me invitó a comer, fuimos y luego me
llevó al hotel y lo hicimos, muy rico pero la tiene chiquita, luego me fui
alejando, es muy infiel, y mis compañeras que son… ya sabes… muy putas, pues no,
así mejor no, ¿cómo voy a andar compartiendo al hombre que me mete la pinga,
mejor así… de lejesitos y ya, eso es todo, ¿eh?".
--"Pues se me hace raro, conociéndote… como eres de…
apasionada, ¿verdad?", la hermanita le buscó la esquiva mirada.
La madura trata de cambiar el tema: "¿y tus hijas?, ¿cómo
están?, ¿qué hacen?".
--"La chica, Maribel, bien en la escuela, muy aplicada, ya
entró a la secundaria… la que me preocupa es… Ednita, la mayor, ya sabes, anda
en plena punzada, ya cumplió los 15 y… ya te imaginarás… anda como plancha…
¡ardiendo la condenada!, hablé con ella, le di consejos, que se cuidara y no
llegara embarazada a la casa, pero ya sabes, una cosa son los consejos y otra
muy diferente, la calentura".
--"¿Y tiene novio?", pregunta Ana.
--"Pues si, ya sabes, mi hija es bonita, muy linda que se
puso, le sobran pretendientes, pero… no se hasta donde ha llegado… hable con
ella acerca de los novios y eso de… los fajes y calentadas, nomás caricias y ya,
nada de… lo otro, pero quien sabe".
--"Mejor es que le compres un paquetito de condones y si anda
caliente, pues si coge que le ponga al novio el condón, así cuando menos no se
embaraza, ¿no crees?".
--"¡Ay Ana, cómo voy a comprarle condones para que ande
cogiendo la cabrona!, ya debe saber, en la escuela les explicaron, pero no se…
la calentura es canija, ¿recuerdas?, ¡éramos tremendas!, más tú, ¿te acuerdas?",
dice la hermana con la picardía pintada en el rostro.
--"Mira… mejor cállate, que tú también tienes historia, no
digas cosas, anda termina el café y nos vamos a la cama".
--"Si quieres adelántate, yo te sigo, lavo la loza sucia y
luego me doy un baño, para no andar apestosa, te sigo en un rato, ¿sí?".
Nada convencida Ana se dirigió a su recámara, desconfiaba de
su hermana, pero poco podía hacer, de nada serviría andarla vigilando y más
conociendo a Andrés, así que resignada se acostó en su cama y sin mucho esfuerzo
se quedó dormida un rato, ¿una hora, dos?, no lo supo, pero algo la hizo
despertar y desconcertada buscó a Edna en la cama y… no estaba, "¿será
posible?", pensó la madura cuando se aclaró la mente; todavía se quedó quieta en
la cama, tratando de escuchar algo o bien esperar a la hermana, que posiblemente
fue al baño, pensó, pero no, un lejano murmullo llegaba hasta su cama e hizo que
sigilosa se acercara en silencio a la puerta, se percató de una curiosa plática
entre su hijo querido y la cabrona de su hermana:
--"¡Ya Andrés para!, deja de hacerme preguntas indiscretas,
mira que soy tu tía, ¿qué es eso de me preguntes si soy peluda o me depilo?,
¿eh?, me pones nerviosa con todo eso, además tu madre se puede despertar y
escuchar las cosas que me dices, ¡niñito tonto!".
--"¿Qué tiene de malo?, sólo quiero saber tu tienes peludita
la pucha, sólo eso, además… quisiera que… me enseñaras el… conejito, ¿sí?".
--"¿Qué Andrés, estás bien loquito?, ¿cómo te voy a enseñar
la pepa?, ¿eh, niño?, no se… pero te pasas en estar diciendo cosas, y más que
soy tu tía… ya sabía que eres muy… caliente, pero tú… ¡abusas!, ya deja tus
cosas que me voy a dormir en paz…".
--"¿Ah, sí?, ¿y cómo sabes que soy muy caliente, eh?, a ver
tía querida explícame".
--"Ya no me hagas decir tonterías, además se dice que la
tienes… ¡grande!", y la hermana mira ansiosa la protuberancia en el pantalón del
sobrino.
Y Ana escuchando y mirando con lujuria lo que ocurre a unos
pasos de ella. La madura percibió el ambiente lleno de lujuria que rodeaba a
aquella pareja, su hijo y su hermana, más cuando Andrés se bajó poco el pantalón
para liberar la enorme pinga, los ojos de sorpresa de Edna no le cabían en la
cara y "¡ay Andy, de mi vida!, ¡qué… vergota te cargas!, ¡virgen santa!, y…
¿todo eso le andas metiendo a la novia?, ¡ay, pobre, lo que sufrirá!, mira nomás
que pito tan… enorme".
--"¿Ahora si me enseñarás la panochita?, ¿sí tía Edna?".
--"¡Ay Andy, es que esto es tan… irregular!, podríamos
terminar haciendo cosas horribles, de las que… nos podremos arrepentir, y yo
que… ¡ando tan necesitada de…!, mejor no, y tu… mamá, puede despertar y
encontrarnos haciendo cosas feas, no, mejor Andy, no insistas", dijo la tía pero
ya se estaba quitando el pantalón vaquero.
Ana desde su posición vio a la hermana quitarse el pantalón y
la ligera tanga roja, para luego sentarse en la orilla del sofá y abrirse de
piernas mostrando ostentosa los castaños y abundantes vellos de la pucha sin
dejar de ver a su sobrino que la miraba con ojos de lujuria.
Y cuando el chico se acercaba verga en ristre la mujer
exclamó: "¡No Andy, no intentes eso, soy tu tía, recuerda, no olvides eso, mejor
te acaricio el palote ese tan grande y ya, no hagamos cosas horribles… ya me
habían dicho que tú…".
--"¿Qué te dijeron tía querida?, ¿quién?".
--"No… supe que eras… tremendo y que… tenías… el pito…
enorme… como tu… padre".
--"¿También tú, Edna, te cogiste a mi papá?".
--"¡Ay Andrés no digas esas palabras feas…!, pero… ¡sí!,
varias veces, era un cabrón tu padre, a todas sus cuñadas se la anduvo metiendo,
y… a mi… muchas veces, sobre todo… cuando se separó de tu mamá… venía a mi casa
para que lo… consolara… el pobre, pero… tú… no hagas eso… horrible… ¿sí?, si
quieres te hago la chaquetita con la mano y tu… me acaricias la pepita, ¿sí?".
--"Hummm, eso ya lo sabía y… lo presencié algunas veces,
todas ustedes son muy putas, todas las tías… pero… sí, tienes peludita la
panochita y muy… carnosa y te huele rico y… ya estás muy caliente, la tienes muy
mojada, ¿verdad que sí Edna?".
Y Ana miró con ojos sorprendidos como la hermana alzaba las
piernas y se abría las nalgas mostrándose al hijo, sobrino, diciendo: "¡no, por
dios, no lo metas!, nomás pon la vergota sobre la pucha y me la frotas, pero no
la metas, por todos los cielos que tengo… meses de no fornicar, capaz y me
destrozas, además tu mami puede despertar y nos ve haciendo estas cosas
horribles, ¡no, por lo que más quieras no me cojas, no!", mientras Edna hacía
más ostensible el peludo sexo castaño, y Ana mirando con ojos de lujuria.
Las escenas que siguieron quedaron grabadas en la mente de
Ana: Andy frotando la pinga sobre el velludo sexo de Edna, ella suspirando,
gimiendo, buscando con las caderas la caricia del sexo del sobrino sobre su
pucha abierta y jugosa; Edna suplicando: "¡no, por dios, no metas la pinga en
mi!, ¡me puedes embarazar y yo todavía… puedo!, ¡no me hagas un hijo!, por todos
los cielos… no sigas, termina, ya termina!". Y Andrés:
--"No te preocupes Tiíta, donde voy a terminar no nacen
niños".
--"¿Qué pretendes malvado?".
--"¡Te la voy a dar por el culo!".
--"¿Qué?, ¡no!, ¡jamás!, ¡me vas a matar!, ¡no!, hummm, no,
Andy querido, ¡me dolerá mucho!, ve despacito querido mío, hummm, sí, poco a
poco… ya casi entra la cabezota, me gusta, sí, más , hummm, ¡ay, me duele
mucho!, mm,mmmhhuuuuuummm, sí, poco a poco, me gusta, sí, más, ya casi… huyyy,
sí, te siento dentro mío, sí, ¡ay, Andrés, la tienes muy grande, huuuuyyy!, sí,
más, hummmm, más, otro poco, huuuummm, sí, poco a poco, más, huyyy, ¡qué rico!,
sigue, sigue, más!".
Y la madre escuchando con oído atento los gemidos de la
pareja, su hijo y su hermana, cogiendo con furia, en un antinatural e incestuoso
apareamiento, y la hermana suplicando: "¡Andy de mi vida, poco a poco que me
destrozas!, siempre he sido muy estrecha y tu… pinga enorme me abre toda, ¡ay,
sí, poco a poco!, dame más, sí, más, más fuerte, mete toda la verga ya, sí,
¡ya!, la quiero toda, hummm, toda, sigue, sigue por dios, sí, más, hummm, sigue,
sigue, sigue, no pares, más, hummm, sí, más que me vengo, más, ¡qué rico!,
hummm, Andy de mi vida…. ¡aaaaaayyyyyy!, sí, me viene, me viene, sigue, sigue,
sigue, másssssss!", y el estruendoso orgasmo acompañando a la incestuosa pareja.
Ana contagiada de lujuria se acariciaba la panocha junto a la
puerta, suspirando, gimiendo al unísono de sus parientes que furiosos seguían
cogiendo, dejando escapar sin querer algunas lágrimas, tal vez añorando ser la
mujer a quien Andrés arremetía una y otra vez en el culo. Cuando los gemidos
cesaron la madura se fue a su cama, llorando, suspirando, condenándose por ser
tan caliente, y de paso condenando a sus hermanas, a su familia incestuosa.
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