De vacaciones con mi sobrina Malena.
Durante mucho tiempo no estuve de acuerdo con algunas
categorías y prácticas sexuales como el sadomasoquismo, el voyerismo y el amor
filial, por ejemplo, pero después de haber vivido en carne propia experiencias
sexuales tan placenteras, he comprendido lo equivocado que estaba al juzgarlas
con tanta severidad.
Les platico algunos antecedentes de mi vida personal e
íntima.
A la edad de trece años desperté de lleno a la sexualidad y
me daba cuenta que las niñas de mi edad apenas se empezaban a desarrollar, por
lo que me atraían las jóvenes de mayor edad, como mi hermana. Ella era una mujer
de las llamadas guapas.
Era de cara muy bella, de pelo largo que le llegaba casi a la
cintura y un cuerpo muy bien formado. Aunque con busto de tamaño mediano, su
belleza destacaba por lo que portaba de la cintura hacia abajo, pues era dueña
de unas caderas excitantes sin llegar a ser frondosas, así como unas gruesas
piernas torneadas.
Me quedaba boquiabierto cuando casualmente la veía por breves
instantes desnuda o en ropa interior. Ella jamás permitía y además se molestaba
mucho, que la viera en esas condiciones lo cual era circunstancial y no porque
yo lo buscara.
Yo siempre respeté la intimidad de mi hermana y si la veía
sin ropa, simplemente ocurría, porque éramos tres hermanos los que compartíamos
la misma habitación de la casa de mis padres, pero la anatomía de mi hermana me
excitaba tanto que había ocasiones en que me masturbaba hasta cinco veces al
día. Mis padres ocupaban la otra recámara de la pequeña casa.
Con el paso del tiempo y cumplidos mis 20 años yo estudiaba
arquitectura en la Universidad Estatal, mi hermano estudiaba medicina en una
Universidad de la Capital de la República, en donde se casó antes de concluir
sus estudios y allá se quedó a vivir con la familia que formó, de manera que su
retorno al seno familiar ha sido muy esporádico.
Después de tres años de noviazgo, mi hermana contrajo
matrimonio y también formó su hogar yéndose a vivir en una casa cercana,
quedando yo como único soltero en nuestra casa paterna, siempre azuzado por la
manera conservadora de mis padres con relación al sexo.
Un año después mi hermana tuvo a su primer retoño y se trató
de una niña que se convirtió en la gran novedad de la familia, pues se trataba
de la primera de mis sobrinas y la primera nieta de mis padres. Era una linda
niña, cuyos rasgos habían sido heredados de mi hermana, a excepción del color
moreno claro de su piel.
El caso es que todos queríamos traer en brazos a mi sobrina y
demostrarle nuestro cariño. Muchas veces la cargué en mis brazos. Le pusieron
por nombre María Elena pero por comodidad, todos la llamamos Malena y con el
paso del tiempo yo le digo "Mija", que es un término muy común en México para
dirigirse a las hijas, sobrinas y mujeres en general por las que se siente
aprecio.
Una vez concluidos mis estudios y aproximadamente ocho años
después de nacida mi primera sobrina, me llegó el turno de abandonar la casa
donde nací al contraer matrimonio con una bella muchacha, proveniente de una
familia ultraconservadora. Formé mi hogar que en una casa amplia de tres
habitaciones, en una colonia de reciente creación en las afueras de la ciudad y
como producto de esa unión nacieron mis dos hijas.
Como suele suceder, la historia se repite y ahora a mi
sobrina Malena le tocaba cargar en brazos a mis hijas , cuando todos nos
reuníamos los fines de semana en casa de mis padres, pero en especial durante
las fiestas navideñas que son toda una tradición en mi país.
La vida transcurría de manera normal y sin embargo…
Sin pensarlo ni planearlo, a veces las cosas cambian muy
bruscamente y no hay opciones para contrarrestar esas inesperadas sorpresas que
el destino nos tiene reservadas. Así sucedió cuando a mi cuñado le ofrecieron un
buen empleo en una tienda de mucho prestigio en Estados Unidos, por lo que mi
hermana que para entonces tenía tres hijos, vendió su casa y tuvo que irse a
vivir a Los Ángeles, California, en Estados Unidos.
En el mes de diciembre del siguiente año, empezaría una nueva
era en las tradiciones familiares, que consistía en que mi hermana y familia
volviera a la casa de mis padres a pasar sus vacaciones los últimos 15 días del
año. Pero su familia no cabía en la pequeña casa paterna, por lo que se hizo
costumbre que Malena se hospedara en mi casa durante esos días, lo que me
llenaba de felicidad pues mi cariño hacia ella era entrañable.
Año con año yo advertía de manera normal el desarrollo físico
de mi sobrina hasta convertirse en una jovencita de 17 años muy bien formada,
pero les aseguro que yo no la veía con morbo a pesar que reconocía que se había
convertido en una auténtica belleza. Aún más bella que mi hermana porque Malena
tenía un busto muy desarrollado y menos cintura. Algunas personas le decían que
cuando cumpliera la mayoría de edad, podría competir en el concurso de Miss
México.
En diciembre del año siguiente Malena no fue mi huésped
porque no vino a vacacionar. Mi hermana me dijo que había empezado a trabajar en
una oficina del condado de Los Ángeles en calidad de traductora de documentos,
dada sus habilidades bilingües, pero además porque se había puesto de novia y
tenía que cumplir con sus compromisos que su nueva vida le imponía. Lo que más
me sorprendió, fue saber que se había ido a vivir con su novio, con el que
cohabitó durante tres años.
Comprendí que Malena estaba viviendo en un país con diferente
cultura y costumbres, en donde las libertades sexuales son infinitamente
superiores a las que se viven en las provincias mexicanas y ella se había
adaptado a la perfección en ese país, en donde la sexualidad se ve y se vive con
naturalidad y no es un tabú como en muchos países latinoamericanos.
Muchas cosas que nosotros las calificamos como anormales,
desenfrenadas o pervertidas, en Estados Unidos y muchos países europeos se ven
como parte natural de las preferencias o prácticas sexuales, como la
bisexualidad, el sadomasoquismo y el voyerismo por ejemplo. Por cierto que éste
último me fascina practicarlo a través de la cámara web cuando chateo.
Pasaron cinco años.
Malena se había convertido en madre y su hijo iba a cumplir
dos años de edad. Me platicó por teléfono que era feliz. Que había tenido muchos
novios y que se había separado del más reciente para vivir sola, con total
independencia y libertad. Ella tenía 22 años y yo 42 cuando decidió regresar
para disfrutar las fiestas familiares de fin de año.
Llegó por la tarde del mismo día en que yo salí de vacaciones
y todos fuimos al aeropuerto a recibirla. También recibimos a mi hermana e hijos
menores. Mi hermana como siempre, se alojó en casa de mis padres y Malena y su
niño fueron recibidos en mi casa con el mayor de los gustos. Yo estaba feliz de
volver a ver a mi sobrina por la que sentía un gran amor casi paternal.
Llegando a casa, Malena abrió sus maletas para sacar
únicamente enseres personales y algo de ropa para cambiarse e irnos todos a
cenar en casa de mis padres, a celebrar la visita de mi hermana e hijos. Al
terminar la cena regresamos a mi casa y Malena se instaló en su habitación junto
con su pequeño hijo.
De manera especial, días antes yo le compré un gran televisor
y un reproductor DVD para hacer más grata su estancia, de manera que podría ver
cómodamente las películas de su preferencia. Yo sabía que le gustaban las
películas porno gráficas, según me lo había confesado en una de las muchas
ocasiones que hablamos por teléfono, que por cierto, fue de las pocas cosas
"especiales" o íntimas que me había contado, a pesar de la gran confianza que
había entre nosotros.
Eso no me sorprendía, pues es algo normal en las personas
adultas de ambos sexos. En aquellos años a mi no me gustaba chatear y por eso
nuestra comunicación era por teléfono. Para mí era muy agradable pero además
algo extraño que me llamara desde Los Ángeles a mi oficina o celular y pocas
veces a mi casa.
Sus llamadas se hicieron más frecuentes después de tres años
de vivir en Estados Unidos. Me llamaba para platicarme cualquier cosa y siempre
me decía que me quería y me extrañaba mucho y que le gustaría verme, saludarme y
abrazarme, interpretando ese cariño sólo como amor filial.
Pero les decía…
Fue hasta el día siguiente cuando Malena desempacó sus
maletas y de una de ellas sacó algunos regalos que nos traía, entre los que se
encontraban algunas extensiones, de esas que tienen cientos de pequeñas luces
que se encienden y apagan y se usan en los arbolitos de navidad, pero que
también se instalan en las fachadas de las casas y edificios públicos y
privados.
-Mira tío, me dijo, estas luces las vamos a poner en
las cornisas de la casa.
-De acuerdo, le dije, pero tú me vas a ayudar.
-Claro que sí, me respondió. Empezamos hoy mismo en
la tarde.
-Nada más hay que ir a comprar algunos cables para
sostenerlas, pero podemos empezar con algunos que tengo guardados.
Tenemos que hacerlo temprano porque hay amenaza de lluvia.
Durante las primeras horas que convivimos en mi casa, veía la
gran belleza del rostro de Malena, pero no me había dado cuenta del cuerpo que
ahora lucía, porque vestía ropa muy holgada y se había cubierto con un abrigo
por el frío de la mañana. Además…yo no tenía razones para indagar bajo sus ropas
porque no me interesaba como mujer. Era sólo mi sobrina consentida.
Después de la comida, Malena subió a su cuarto a cambiarse y
yo hice lo mismo. Debíamos ponernos ropa acorde al trabajo que íbamos a
realizar, en donde mi esposa no participaría por dedicarse a otras cosas del
hogar y mis hijas estaban muy pequeñas. Me puse unos jeans, zapatos cómodos y
gorra.
Mientras leía una revista la esperé en un sofá de la sala y
volteé hacia la escalera para verla bajar. No podía creer lo que estaba viendo,
porque Malena se había transformado y era inevitable que por mi condición de
hombre, quedara impactado ante la belleza de la mujer que bajaba lenta y
cadenciosamente. No pude apartar la mirada.
Vestía una falda amplia y corta casi minifalda, de manera que
todas sus curvas se notaban a la perfección y aunque no hubiera querido ver,
tuve que observar que sus piernas torneadas eran de extrema belleza. ¿Pero qué
rayos me pasaba?. ¿Por qué de pronto el morbo se apoderó de mi?. Malena era mi
sobrina.
Que Malena fuera mi sobrina era lo primero que debía tener en
mente, antes de pensar que se trataba de una hermosa mujer, mucho más hermosa
que cuando tenía 17 años. Su belleza provenía de la genética combinada de mi
hermana y esposo, porque en honor a la verdad, tengo que reconocer la belleza
física masculina de mi cuñado.
Creo que es justo dar crédito a la belleza de las personas de
ambos sexos, independientemente del sexo biológico o preferencias sexuales que
uno tenga.
Pero les platicaba de mi sobrina Malena.
Traía una blusa suelta que le llegaba apenas al ombligo, pero
el movimiento sugerente de arriba hacia abajo de sus bien formados senos al
pisar cada peldaño de la escalera, fue electrizante. No usaba sostén. Se había
puesto zapatos deportivos y una gorra que hacía juego con su blusa y al darse
cuenta de la cara de menso que puse, al llegar junto a mí, me dijo:
-¡Epa, tío!, ¿Qué te pasa?. Parece que viste a un
fantasma. Mira la cara de sorpresa que tienes.
-¿Eh?...no…lo que pasa es que…no se…es que no
esperaba verte tan…
-¿Tan cachonda?, preguntó colocando sus manos en la
cintura y haciendo movimientos coquetos con sus caderas. Lo que pasa es
que estás conociendo a una nueva Malena muy diferente a la que conociste
hasta hace cinco años.
-Pues si que te veo diferente…pero…
-Pero nada y vamos a trabajar. Anda, me dijo
En ese momento no alcancé a interpretar el significado de sus
palabras cuando me dijo que yo estaba conociendo a una Malena muy diferente.
-Me puse el dedo índice sobre mis labios y lancé un
¡SSHHHHH!, indicándole que bajara el tono de la voz para que no la
escuchara mi esposa que se encontraba en la cocina. ¿Y tu niño?, le
pregunté por preguntar.
-Está bien dormido en mi recámara. Por cierto que
remodelaste el baño que comunica tu habitación con la mía, ¿no?. Ahora
tiene un lindo jacuzzi.
-Sí, le respondí, porque estaba muy deteriorado y en
el jacuzzi se la pasa uno muy bien.
-Por supuesto que se la pasa uno muy bien en el
jacuzzi, sobre todo si estás acompañado, jajaja.
Me incorporé del sofá y la abracé por los hombros y ella me
abrazó por la cintura, como siempre lo hicimos en el pasado, pero en esta
ocasión una vibra muy diferente a la de antaño emanó del cuerpo de Malena a
través de su mano que se posaba en mí. Mi cuerpo tembló inexplicablemente al
sentirme tan cerca de ella. Salimos al pórtico donde ya tenía las herramientas
que íbamos a necesitar, entre ellas una escalera de aluminio, de esas que se
colocan como caballete.
-Te recomiendo que no uses ropa que te haga ver
cachonda, porque eso no le gusta a mi mujer.
-¿Tan anticuada y celosa sigue siendo mi tía?, me
preguntó.
-¡Mh!, no tienes idea, le respondí. Cada día está
peor.
-Está bien, tendré que dejar de vestirme como me
gusta, con tal de que no haya problemas. Compraré ropa nueva porque la
mayoría que traigo es muy sexy.
-De acuerdo. Pero a ver, Malena. Tú que tienes 20
años menos que yo, te subirás a la escalera, para que pongas los
sujetadores.
-JAJAJA. No me digas que te sientes viejo por la
diferencia de edades.
-De ninguna manera, le respondí, pero sucede que te
veo convertida en una hermosa mujer, que por cierto no me lo esperaba y
sacando cuentas, pues yo tengo 20 años más que tu.
-¡Ay, tío!, me dijo, recuerda lo que dice la canción:
"Que veinte años no es nada", jajaja. Tú estás en pleno apogeo como
hombre y te veo más atractivo que nunca.
-Ya…ya…no me alabes tanto y sube la escalera para
ponernos a trabajar.
-Yo sólo te regreso el cumplido, pero está bien, yo
me subo nada más agárrala fuerte, no vaya a ser que me caiga.
Mientras yo sostenía la escalera con ambas manos, Malena se
agachó para pasar por debajo de uno de mis brazos y su parte trasera quedó junto
a mí. Subió con lentitud uno a uno los peldaños. Todo su cuerpo iba
desplazándose hacia arriba untado al mío y cuando su trasero estuvo a la altura
de mi cara, no sé por qué se detuvo por unos instantes… ¡Mmmhhhh!...respiré un
suave y rico aroma a sexo que salía debajo de su falda. Fue inevitable y natural
que mi pene reaccionara, aunque el perfume natural de mujer bonita proviniera de
mi sobrina.
Cuando llegó al último peldaño le pasé algunas herramientas y
volví a sujetar con fuerza la escalera. Con sus piernas muy juntas, estiró sus
brazos para empezar a colocar unos clavos en la cornisa. Sus gruesas
pantorrillas quedaron junto a mi cara y fue irremediable que al voltear la
mirada hacia arriba, mis ojos se clavaran en su anatomía bajo la corta falda que
se levantaba por el viento que precede a una lluvia. Mi erección se hizo más
firme.
Bajo la falda estaba viendo un par de firmes y maravillosas
nalgas que Malena había respingado al momento de accionar el martillo que tenía
en la mano. Sentí pena al pensar que ella se podría dar cuenta que mis ojos le
estaban escudriñando el trasero y bajé la vista.
Me volví a preguntar: ¿Qué carajos me pasa?. ¿Por qué me está
inquietando tanto esta mujer como si no hubiera un parentesco tan cercano entre
nosotros?. De veras que había "algo" en ella que la hacía muy diferente. Mi
mente trabajaba a mil por hora toda confundida y pensaba que "no era para
tanto", pues sólo se trataba de otro cuerpo de mujer como muchos que había
tenido entre mis brazos. La diferencia consistía en que ella era familiar mía en
primer grado y eso me sacaba de onda y hacía que el morbo se apoderara de mí.
Mi ritmo cardiaco se empezó a acelerar. En el interior de la
casa se escuchaban las voces de mi esposa e hijas y rogaba porque no salieran a
vernos trabajar, porque el espectáculo que estaba dando Malena no sería del
agrado de mi señora, dada su mente cerrada. No le hubiera gustado ver que la
mejor e inevitable vista que yo tenía eran las nalgas de Malena.
Para ordenar mis pensamientos, solté la escalera y me retiré
unos metros para ver el trabajo de Malena y me dijo:
-No, tío, no sueltes la escalera porque me voy a
caer.
-Está bien, le respondí y me acerqué de nuevo para
sujetarla.
¿Acaso no se daba cuenta que su falda se subía con el viento
y eso permitía que por instantes sus nalgas quedaran desnudas frente a mis
ojos?. ¿O se percataba de ello y me estaba provocando?. Pero…¿por qué tendría
que provocarme?. La verdad es que no sabía que pensar y al sujetar de nuevo la
escalera, tuve que levantar nuevamente la mirada que se clavó en el centro de su
trasero. Mi erección estaba incontrolable y me sentía un miserable.
Por supuesto que Malena sabía que su falda se subía con el
viento y dejaba a la vista la totalidad de sus preciosas piernas y su bien
formado trasero, porque esbozando una sonrisa más pícara que coqueta, volteó
hacia abajo para ver mis ojos que se salían de sus órbitas y casi suelta la
carcajada.
-¿Qué pasa, tío?, me preguntó. ¿Te gusta el
espectáculo que estás viendo?.
-Pues…lo tengo que ver aunque no quiera.
-Mejor agárrame de las piernas para estar más segura,
porque siento que mis pies se resbalan.
-Está bien, pero si quieres te agarro de las nalgas
que las traes desnudas, jajaja, de esa manera, además de verlo, también
tiento el "espectáculo", le respondí entre broma y en serio.
Sentí una descarga eléctrica cuando mis manos se apoderaron
de esas piernas gruesas, firmes, bellas y torneadas. El contacto de mis manos
con su piel suave y libre de vellos me hizo temblar de nuevo. No recuerdo si
cuando más joven era lampiña o si por ser velluda se depilaba, pero eso era lo
menos importante. Lo importante era la suavidad de su piel.
-jajaja, no traigo las nalgas desnudas, me respondió.
Lo que pasa es que traigo un hilo dental muy delgado que se mete hasta
las profundidades y no se ve. Para que veas que no miento…observa.
Malena dejó la herramienta en la charola de la parte
superior, respingó aún más su trasero, se subió la falda hasta la cintura y con
ambas manos se abrió las nalgas para que yo viera el hilo dental de color negro,
que efectivamente se le metía hasta el fondo, pegándosele en su agujerito. El
hilo era tan delgado que me permitió ver perfectamente los pliegues de su ano un
poco más oscuro que su piel.
-¡Épa!, le dije, ¿Qué haces?. ¿Te has vuelto loca, o
qué?
Volteó de nuevo hacia abajo sin perder su sonrisa y sus manos
continuaban abriendo aquellos glúteos que parecían un manjar de esos que sólo
los dioses del Olimpo pueden comer.
-Vamos, tío, no exageres. Sólo te estoy demostrando
que uso interiores, al menos en la parte de abajo. Se trata únicamente
de mi cuerpo, ¿no?. ¿No te gusta mi hilo dental?. Porque si no te
gusta…ahorita mismo me lo quito, jajaja.
-¡Cállate Malena!, te va a escuchar mi mujer, le
dije. Y por favor, tú sabes que el hilo dental es lo que menos me
interesa. Anda, vamos a seguir con lo nuestro. Cierra esas nalgas y ya
no me provoques que no soy de palo, porque antes de ser tu tío, soy
hombre.
-Eso ya lo sé y lo tengo muy en mente desde hace
muchos años, me respondió.
¡Vaya que estaba conociendo a una nueva Malena!. Le estaba
conociendo su faceta de mujer liberal, de mujer muy cachonda, de mujer fatal y
me convencí que ya no era mi sobrina de antaño, pero no encontraba las razones
que la impulsaran a hacer lo que estaba haciendo, pero ella sí tenía sus
razones.
Cerró sus nalgas, se bajó la falda aunque seguía dándome
aquel sublime espectáculo y siguió accionando el martillo, pero para entonces
había separado sus piernas y mis manos la sostenían de la parte posterior de los
muslos donde se unen con las nalgas y ella lo permitía al parecer impasible.
Como no queriendo, mis manos y en especial mis pulgares
hacían esfuerzos para separarle los muslos y que sus glúteos se abrieran para
seguir observándole los pliegues de su precioso ano que hizo que mi sangre se
agolpara en mis sienes. Mi erección me incomodaba pues mi pene buscaba la
libertad que no podía darle.
Es imposible que a un hombre con temperamento tan caliente
como el mío, no se le pare la verga al ver unas piernas hermosas y par de
músculos traseros en cuyo interior se encuentra un apetitoso agujero.
Pero les relataba que...
Ligeras y frías gotas de lluvia empezaron a caer sobre
nosotros. Molestaban pero yo no quería dejar de sentir aquella inusual sensación
que me causaba tener entre mis manos los firmes y deseables muslos de Malena. Es
cierto que ser de mente abierta y liberal en el sexo, arrastra a cualquiera a
tomar esas actitudes. De cualquier manera para mi modo de ver las cosas, no era
"normal" que me mostrara sus partes íntimas, pero para ella sí lo era.
Estaba desconcertado pero a la vez excitado por estar
viviendo momentos inéditos e impensables, de la misma manera que era impensable
que me atreviera a escribir este relato que revela el más grande secreto de mi
vida y que lo tenía muy oculto porque me daba vergüenza confesarlo. Pero lo he
escrito porque llegué a la conclusión que se trata de un episodio más de mi vida
sexual.
Cuando la tentación me dominó y mis manos iban a subir para
aprisionarle las nalgas bajo el riesgo de que se molestara, pero con la
esperanza que lo permitiera, la lluvia se vino repentinamente con gran
intensidad, obligándonos a suspender todas la "tareas" que apenas habíamos
iniciado. Malena me pasó rápidamente las herramientas y las guardé en su caja.
-Vamos a meternos a la casa antes que nos mojemos
más, le dije, aunque ya estábamos empapados.
-Si…ayúdame a bajar tío, me dijo Malena, porque los
escalones están muy resbalosos.
Bajo esa petición de auxilio, entonces tuve el pretexto para
que mis manos se posaran en sus nalgas y sostener su peso para que empezara a
bajar cuidadosamente cada escalón. Sentí que unas gotas de semen me mojaban mi
ropa interior y me contuve para no tener una eyaculación. Hubiera sido
desastroso, pero lo sorprendente era que me iba a venir por tan poquito, si lo
comparo con otros momentos sexuales más excitantes que he vivido, que si son
motivo para eyacular.
Conforme Malena iba descendiendo lentamente, su trasero iba
rosando mi cuerpo y me dio la impresión que lo hacía deliberadamente. Primero me
lo untó en la cara, después en el pecho y al dar el último paso, su pié resbaló
y tuve que sujetarla para que no cayera al suelo.
Sus nalgas golpearon contra mi pene erecto y mis manos la
sujetaron fuertemente de sus pechos. ¡mmhhhh!...qué pechos tan firmes. Apenas
cabían en mis manos que palparon sus pezones erguidos bajo su blusa mojada, lo
que comprobó que mi contacto no le era indiferente como ella aparentaba.
La mantuve abrazada por atrás accidentalmente durante breves
instantes para que no perdiera el equilibrio y en el momento de separarnos, mi
esposa abrió la ventana de la sala que daba al pórtico, para decirnos que
entráramos a la casa antes que fuéramos a resfriarnos debido al agua fría de la
lluvia.
¡UF!, pensé. Justo a tiempo terminó el abrazo, porque de lo
contrario mi mujer hubiera mal interpretado las cosas. Por supuesto que hubiera
pensado que no era normal que un tío y su sobrina estuvieran abrazos de esa
manera, aunque hubiera sido "accidentalmente". Malena y yo corrimos al interior
de la casa.
Jajaja. Mi mujer y mis hijas rieron divertidas al vernos
entrar completamente mojados. Malena y yo volteamos a vernos y también soltamos
la carcajada. Por supuesto que mi sobrina se resguardó los pechos con sus brazos
simulando tener frío, pero en realidad lo que hizo fue cubrirse para que mi
esposa no viera que sus pezones estaban erguidos y que sus senos se
trasparentaban a través de la blusa de delgada tela. Lo que tampoco notó mi
esposa fue la erección que yo llevaba, porque me cubrí la entrepierna con la
caja de herramientas.
-Mira cómo quedaron de empapados, dijo mi esposa.
Vayan a darse un baño, se ponen ropa seca y se viene al comedor porque
ya está lista la cena. Les voy a preparar un té calientito.
-Claro que sí, mujer, le respondí a mi esposa y
Malena y yo subimos riéndonos rumbo al baño que comunicaba ambas
habitaciones.
-Mientras yo me desvisto en mi recámara tú te bañas
primero, le dije a mi sobrina.
-Sí, tío.
Entré a mi recámara y me desvestí por completo. Me senté a la
orilla de la cama a ver la tele. Escuché el ruido del agua del baño y mi
erección que casi me abandonaba volvió a crecer nada más de imaginar el cuerpazo
de mujer que el agua de la regadera estaba acariciando. Me agarré el pene y me
empecé a masturbar lentamente, pero interrumpí la faena.
No…esto no puede ser, me decía. Adonis, tú no puedes tener
esos pensamientos con esa mujer que se está bañando. No tienes necesidad de
alborotarte con ella, porque tienes la manera de que la lujuria salga de tu
cuerpo. Para eso tienes a tu esposa y varias "amigas" que te hacen los favores
sexuales que te apetezcan, sobre todo el sexo anal que tanto te gusta darles. No
pienses más en esos pliegues que viste hace unos momentos, porque pertenecen a
un ano prohibido.
Sin embargo…
Dejé de escuchar el agua y cerca de la puerta del baño que
daba a mi recámara escuché su voz que me decía que ya había terminado de bañarse
y que ya podía entrar.
Entré al baño cuando ella iba caminando para salir por la
puerta que daba a su recámara, tuve que verla desnuda en todo su esplendor por
la parte trasera de su cuerpo, pues la toalla que usaba la llevaba al frente.
¡UF!, era la viva imagen de la diosa de la belleza femenina que bajaba del cielo
y visitaba la Tierra.
Malena se detuvo momentáneamente en el umbral de la puerta
permitiendo que la viera a plenitud. Giró su cabeza y volteó a verme con una
sonrisa coqueta dibujada en sus labios y cerró lenta, muy lentamente la puerta
que daba a su cuarto, mientras me atravesaba los ojos con su mirada.
Me metí a la regadera y me bañé con agua fría para que se me
bajara la calentura que traía. Con los ojos cerrados permanecí algunos minutos
para ordenar mis atribulados pensamientos, pero no lo logré. Tenía que acabar
con esa incómoda erección que traía y me tuve que masturbar. Al principio lo
hice con suavidad, como no queriendo.
Antes de eyacular, suspendí en tres ocasiones el movimiento
de la mano que apretaba mi verga, para gozar el acto sexual solitario, hasta que
no aguanté más y abundantes chorros de semen acumulado encontraron su libertad y
se escondieron en la coladera, arrastrados por el agua fría que me limpiaba el
cuerpo, pero no la mente.
Salí del baño y me sequé el cuerpo. Con la toalla cubriendo
mi rostro pasé a mi habitación y me puse frente al espejo del tocador, en cuya
cajonera guardaba mi ropa interior que en aquellos años usaba normalmente,
aunque tengo mucho tiempo sin vestir ninguna prenda o si lo hago, se trata de
pequeñas tangas de preferencia color rojo.
Al quitarme la toalla de mi cara…¡OH, SORPRESA!. En el espejo
vi reflejada la imagen de mi sobrina que se encontraba acostada boca abajo en mi
cama, mirando fijamente mi culo desnudo. Con los ojos desorbitados por la
sorpresa, giré rápidamente cubriendo mi cuerpo para quedar de frente a ella,
quien esbozaba una sonrisa maliciosa.
-Vaya con el trasero tan bueno que tiene mi tío, dijo
Malena. Lo tienes como me lo imaginaba.
-Pero…¡MUCHACHA!. ¿QUÉ HACES AQUÍ?. ¿No sabes lo que
puede pasar si mi mujer nos encuentra en estas condiciones?
-¡Ay, tío, como eres exagerado!, me respondió. Tú
estás desnudo pero estás en tu casa y yo traigo puesta esta bata, así
que…¿cuál es el problema?.
-Es que no conoces a mi mujer. Ella lo ve todo como
pecaminoso y no es que sea mojigata, lo que pasa es que tiene una
formación "a la antigüita." Si nos viera, nos calificaría como unos
"inmorales pervertidos".
-Si…veo que se han quedado muy atrás y no superan los
tabúes. Todo lo ven mal o con morbo, cuando en realidad todo es natural.
Tú cuerpo y el mío y el de mi tía (mi esposa) nos los ha dado la
naturaleza y no entiendo por qué ven las cosas como si fueran crímenes.
Mira…a mí me gusta andar completamente desnuda en mi casa y lo mismo
hago con mi hijo para que se acostumbre.
-Estoy de acuerdo contigo. Yo sí soy de mente
muuuuuuuuuuy abierta y no me asusto de nada, pero es tu tía la que se
quedó muy atrás y jamás abrirá su mente. A mí también me gusta andar
completamente desnudo en mi casa, pero lo hago sólo en las ocasiones que
no está la familia en casa. Pero mi mujer tiene una mente muy cerrada y
está criado a mis hijas con sus mismas arcaicas costumbres y todo lo ve
como prohibido, pecaminoso o como depravado, le respondí.
-¡Uy, tío!...pues que amolado estás, porque siendo
como eres de cachondo, y no me digas que no le eres porque el fuego lo
he visto en tus ojos, debes vivir traumado.
-Bueno…bueno…luego platicamos a solas de estas cosas
íntimas, cuando haya oportunidad.
-De acuerdo, me dijo. Pero que no se te olvide que
queda pendiente esta plática. Me voy a voltear para no verte mientras te
vistes.
Manteniéndose acostada boca abajo, giró su cuerpo y ahora
eran sus piernas y trasero que me quedaban a la vista. Y vaya que me quedaban a
la vista porque la corta bata de franela que vestía se le subió (¿o se la
subió?) hasta la cintura, dejando al descubierto sus bellas piernas torneadas y
ese par de nalgas que me tenían impresionado y que ahora lucían sin hilo dental.
-Mira, me dijo hojeando una revista de publicidad de
una tienda y sin voltear a verme, aquí venden algunas cosas que me
gustaría comprarle al niño (su hijo).
Mis ojos no podían apartarse de esa anatomía que entre más
veía más me turbaba. Yo estaba desnudo con mi pene que se había puesto tieso
otra vez y no sé cómo contuve mi deseo de lanzarme sobre su trasero. Me acerqué
a ella y la palma de mi mano derecha recorrió la piel de una de sus piernas
desde el tobillo hasta los muslos, llegando hasta sus glúteos.
Malena dejó de hojear la revista y cerró los ojos. Cuatro de
mis dedos se introdujeron en el canal que forman sus nalgas que ella
deliberadamente aflojó para que se abrieran, uno de ellos alcanzó a metérsele un
poco en el ano. Mi mano continuó su camino. Llegó hasta la cintura para tomar la
bata y jalarla hacia abajo para que su trasero quedara cubierto.
-¡MMMMHHHH, tío!, me dijo suspirando. ¡Qué manos tan
suaves tienes!. Pero…¿Por qué me bajas la bata?.
-Porque es muy grande la tentación que estás
despertando en mí enseñándome todo lo que tienes y no es conveniente.
¿Ya se te olvidó que eres mi sobrina?. Ve a tu cuarto y cámbiate de ropa
porque ya tenemos que bajar a cenar. Anda, no vaya a venir tu tía.
-Está bien…ya me voy, me dijo acercando su rostro a
tan sólo unos centímetros de mi cara. Pero recuerda que esa pregunta que
me hiciste: "¿ya se te olvidó que eres mi sobrina?", es pura cursilería,
tío, no seas anticuado. Los tiempos han cambiado y ya te dije que no soy
la misma Malena de hace 5 o 6 años. Debes recordar que antes de ser
familiares consanguíneos, tú y yo somos hombre y mujer. Que te quede muy
claro.
-Estás equivocada, le respondí. Nos podemos meter en
un lío si continuamos con esta situación, así que mejor aquí le paramos.
A pesar de lo caliente que soy, todavía quedaba algo en mí de
aquella formación conservadora que mamé en mi hogar, en donde me inculcaron la
idea de que no se deben sostener relaciones sexuales entre parientes, y menos si
se trata de familiares tan cercanos, aunque mi sobrina Malena estaba demostrando
que ella no compartía conmigo tales ideas, porque "los tiempos han cambiado" y
su formación correspondía a la de otro país.
No terminaba de hacerle la recomendación y ella de lanzarme
sus palabras llenas de dulce veneno, cuando escuchamos que mi mujer tocaba a la
puerta de la habitación de Malena.
-Malena, dijo. ¿Ya te bañaste?. Baja que ya está
lista las cena. Malena…¿estás ahí?
-Anda, ¡rápido!…corre a tu cuarto por aquí por el
baño y le pones seguro a la puerta, le dije.
Apresuradamente se pasó a su habitación. En cuanto cerró la
puerta del baño yo le puse seguro por dentro y me regresé a ponerme a toda prisa
una trusa ajustada para evitar que se me notara la erección que volvía a tener y
me vestí con un pijama. Tomé un peine y en eso entró mi mujer que me vio que
estaba tranquilamente (aparentemente) frente al espejo del tocador, dándole los
"últimos toques" a mi persona.
-Anda, Adonis, me dijo, vamos a cenar. ¿Y Malena?.
-No sé, le respondí, debe estar en su cuarto, ¿no?.
-Es que toqué a su puerta y no me abrió.
-Pues no sé por qué, le respondí. Debe estar
vistiendo al niño.
Estábamos en esa plática cuando Malena entró a mi recámara
con su niño es brazos. Me di cuenta que hizo caso a mis recomendaciones porque
traía puesto un pijama con blusa amplia y pantalón holgado. Noté que también se
puso un sostén. Tendría que haber investigado más a fondo para averiguar si se
había puesto una tanga o su espectacular hilo dental, porque momentos antes no
traía nada.
-Hola, tía, saludó al mismo tiempo que le tomaba una
manita a su bebé para movérsela, simulando que el niño era el que
hablaba y saludaba.
-Mira qué lindo bebé, dijo mi esposa, quitándoselo de
los brazos a Malena. Anden…muévanse para ir al comedor. Yo no sé por qué
tardan tanto para darse un regaderaso.
Lancé una mirada a Malena como diciéndole: ¿Ya ves?. ¿Ahora
te das cuenta cómo es mi mujer?.
Todos estuvimos muy contentos disfrutando la cena en un
ambiente familiar cálido, aunque el clima en el exterior era realmente frío.
Malena y yo platicamos como antaño lo hacíamos, como tío y sobrina o como
grandes amigos.
Yo tuve la precaución de sentarme en el extremo contrario de
donde ella estaba, para evitar la tentación de su cercanía y no cruzamos miradas
que pudieran malinterpretarse por la sagacidad de mi señora.
Acordamos que al día siguiente continuaríamos con la tarea
que suspendimos debido a la lluvia, pero no imaginaba que se iban a presentar
cosas más importantes.
Yo fui el primero que subió a su cuarto y dejé a la familia
platicando en el comedor. No importaba que se desvelaran, pues al día siguiente
no había obligación de levantarse temprano. Eran nuestras vacaciones de
diciembre y había que gozarlas, ahora con la presencia de mi sobrina Malena, a
quien tanto había extrañado.
Entré al baño y le puse seguro a la puerta pues no quería la
presencia de nadie, ni tan siquiera de mi esposa, pero no aseguré la puerta que
daba a la recámara de Malena. No me pregunten por qué no le puse seguro.
Abrí las llaves del jacuzzi y me metí con la idea de darme un
hidromasaje para terminar de relajarme. Me recosté y sentí plácidamente el
burbujeante golpeteo del agua sobre mi cuerpo y cerré los ojos.
La familia no siguió platicando en el comedor como yo lo
había supuesto, porque escuché los clásicos ruidos en ambas habitaciones, cuando
las personas se disponen a acostarse a dormir. Mi esposa quiso entrar al baño
pero la puerta no abrió.
-Adonis, me dijo tocando la puerta, quiero entrar.
-Estoy en el jacuzzi. Ve al baño de las niñas (mis
hijas).
Como les decía…yo quería estar solo con mis pensamientos que
por cierto eran perturbadores. Era imposible borrar las imágenes de mi sobrina
que se habían grabado en mi cerebro, que al recordarlas hacían que mi verga se
volviera a parar y de nueva cuenta me la agarré para empezar a masturbarme.
No miré cuando la puerta del lado de Malena se abrió para
entrar al baño sigilosamente. Yo me estaba masturbando muy rico y al abrir los
ojos la miré sentada al borde del jacuzzi, con sus piernas afuera, pero con su
trasero metido en el agua, sonriendo divertida por la escena que estaba
presenciando.
Dí un gran salto por la sorpresa que me provocó su presencia
tratando de incorporarme, pero me puso una mano en el pecho para que me volviera
a recostar y ahora fue ella la que se puso su índice en los labios para
indicarme que guardara silencio.
Por primera vez veía muy cerca de mis ojos los pechos de
Malena pues estaba completamente desnuda. Redondos, firmes y bien desarrollados.
Antojables al tacto y a la boca. Coronados por aureolas ligeramente más oscuras
que su piel y al centro sus pezones gruesos, carnosos y puntiagudos. ¡UF!, con
lo que a mí me gusta acariciar, mamar y morder unas tetas de esas
características y también que me las metan entre mis nalgas hasta que un duro y
puntiagudo pezón de esa magnitud, friccione los pliegues de mi ano y de ser
posible me lo introduzcan.
Mi mano izquierda se apoderó de uno de sus pechos y se lo
acaricié primero son suavidad y luego se lo apreté como queriendo exprimírselo.
Mi mano derecha acariciaba con suavidad sus nalgas dentro del agua del jacuzzi y
uno de mis dedos ya se había metido en su culito.
Se me acercó al oído y en voz muy baja, me preguntó:
-¿Quieres que te ayude?
- ¿A ma…masturbarme?, le pregunté también en voz muy
baja y titubeante. Estás loca Malena. Ya te dije que te dejaras de
cosas. Vete a tu cuarto porque puede entrar tu tía y entonces si
estaríamos en un verdadero problema.
-No. Tú sabes que no va a entrar y si no aseguraste
mi puerta es porque deseabas que yo entrara y aquí estoy. Seguía
hablando en secreto.
Estiró su mano y me agarró la verga. Me la apretó fuertemente
y luego disminuyó la presión que ejercía, para empezar el sube y baja con
desesperante lentitud.
-¿Quieres que te la jale hasta acabar, o prefieres
metérmela?.
-Malena, por favor, esto es una locura, le respondí
también en secreto. Vete a tu cuarto, le dije soltándole el busto y las
nalgas que le estaba acariciando.
-No es una locura, tío, y tu no deseas que me vaya.
Tu lo que deseas es mi cuerpo porque yo te he provocado a propósito y yo
te deseo a ti desde que tengo quince años.
-¿Cómo dices?...
-Sí, tío, son cosas inexplicables que le suceden a
cualquiera y desde entonces tengo la fantasía de acostarme contigo. Te
veo como un hombre sin importarme lo demás, a pesar de que ha habido
muchos, pero muchos hombres en mi vida. De ti depende que mi fantasía se
haga realidad. Por favor, no me rechaces.
-Pero…además del parentesco, yo soy mayor que tú
veinte años…
-Eso ya lo sé y es algo que nunca me ha importado, me
dijo Malena.
-Pero…
-Pero nada. Estoy consciente que esto es algo que tú
no buscaste y estoy segura que no lo hubieras hecho si yo no tomo la
iniciativa, y lo quise hacer lo más pronto posible porque ya no puedo
dejar pasar más tiempo. En el último año mi deseo ha crecido demasiado y
ya no lo puedo controlar.
- Tienes razón. Nunca me hubiera atrevido.
-Ahora soy más liberal en el sexo de lo que te puedas
imaginar y no la inocente jovencita de antes. Tío…convéncete de que ya
no hay para donde hacernos y tenemos que seguir adelante. Sólo se trata
de tener sexo. Eso es todo.
-Pero Mija…¿cómo es que te has involucrado tanto en
el mundo del sexo, si trabajas como traductora en el condado de Los
Ángeles?. Es fácil entenderlo por eso que me dices que ha habido
muchísimos hombre en tu vida y que no puedo ni imaginar lo liberal que
eres.
-Esa es una larga historia, tío, que después te la
contaré.
-Está bien…pe…pero, tenemos que pensar en…
-¡SSSHHHH!...no hay mucho que pensar ni buscar
razones de lo que nos está pasando. Libera tu mente y deja que fluyan
tus instintos. De una vez por todas, convéncete de tu deseo sexual por
mí.
-Tienes mucha razón y desde este momento ya no eres
más mi sobrina. ¿De acuerdo?
-¡CLARO QUE NO ESTOY DE ACUERDO!. Tío, no nos hagamos
tontos que ya somos adultos. Nos deseamos como hombre y mujer, pero nos
está impulsando un morbo muy grande porque somos familiares muy
cercanos. Si le quitas ese ingrediente morboso, se perdería el interés
sexual. ¿Crees que me desearías de la misma manera intensa y morbosa si
no fuera tu sobrina?
-Pues…no. Ahora que veo las cosas desde ese punto de
vista, pues…creo que tienes razón, porque aunque eres una mujer muy
hermosa, o como luego decimos…estás muy buenota, te hubiera deseado pero
te seguiría viendo y tratando sólo como mi sobrina.
-¿Ves que tengo razón?. Entonces no hay nada más que
decir. Nuestro cariño seguirá inalterable y después que tengamos sexo,
ojalá que no nos enamoremos. Ese es el único temor que tengo.
-Pero…¿De veras me deseas desde tus quince años?.
Nunca lo hubiera imaginado.
-Claro que no lo imaginabas y no me insinuaba porque
en aquel tiempo hubiera sido juzgada como una loca pervertida y era
menor de edad.
-Pues sí. Y te hubiera enviado con un siquiatra. Pero
ahora que eres mayor de edad y vives en un país en donde nadie te juzga
tan severamente, debes vivir feliz, ¿no?.
-Sí, vivo muy feliz haciendo lo que me gusta hacer.
Los razonamientos de Malena fueron contundentes y finalmente
mi debilidad por la carne dominó sobre la poca conciencia que me quedaba. De
nuevo cerré los ojos para sentir la suave puñeta que me estaba haciendo,
sellando nuestro pacto con el primer beso que nos dábamos en la boca.
Ella ya se había metido al jacuzzi y su intención era
montarse sobre mí, cuando de pronto escuchamos que mi esposa tocaba a la puerta
porque quería entrar al baño.
Malena me soltó la verga y con un movimiento felino salió del
jacuzzi para pasar a su habitación, cerrando tras de sí la puerta del baño. Salí
del agua para quitar el seguro de la puerta y entró mi esposa como siempre
luciendo un pijama que le cubría desde los tobillos hasta el cuello y yo me metí
de nuevo al tibio líquido burbujeante.
-¿Por qué cerraste con seguro, Adonis?, me preguntó.
-Porque entré al jacuzzi y a ti no te gusta verme
desnudo.
-Sí, me dijo apagando la luz que iluminaba mi cuerpo,
pero aquí tengo todas mis cosas como el cepillo para dientes.
-Está bien…haz lo que tengas que hacer porque ya voy
a salir, le dije.
-¿Estaba Malena aquí en el baño?, me preguntó.
-Claro que no. ¿A qué viene esa pregunta?.
-Es que me pareció escuchar su voz, me respondió.
-Debes haber escuchado su televisión.
Cuando mi esposa salió, me jalé la verga con todo el ímpetu
de que era capaz y nuevos chorros de semen brotaron para caer en las tibias
aguas que me acariciaban. Accioné la coladera para que esas aguas
desaparecieran, llevándose consigo el producto de mi masturbación.
Salí del baño con mi pijama puesto y me acosté al lado de mi
señora que ya casi estaba dormida. Apagué el televisor, le di la espalda y fingí
que me dormía rápidamente, pero la verdad es que era imposible conciliar el
sueño.
Las escenas vividas durante el día y sobre todo las grandes
emociones que había sentido y que tanto me habían inquietado, no me permitían
tener tranquilidad. Muy en el fondo no deseaba dormir, para seguir gozando
mentalmente de la imagen de Malena.
Deseaba mantener fresca en mi memoria la belleza de ese
cuerpo de tentación que se me ofrecía en bandeja de plata. Los pliegues de su
ano perfecto, sus nalgas, sus piernas, sus tetas, su cachondería, su suave y
excitante perfume natural de mujer bonita.
Todo era cuestión de tiempo y de planear las cosas para
cogerme a mi sobrina Malena. Ya estaba decidido. Ella me lo pidió y yo lo
deseaba.
Mi pene volvió a crecer al recordar tantas cosas tan hermosas
y empecé a masturbarme con cuidado para que mis movimientos no se reflejaran en
la cama. No era conveniente que mi mujer me descubriera que me estaba haciendo
una puñeta de espaldas a ella.
Opté por levantarme cuidadosamente y entrar al baño. Me
desnudé para sentarme cómodamente en la tasa del WC y empezar con mi solitario
acto sexual, imaginado mil cosas y maneras de cómo cogerme a mi sobrina Malena,
que se encontraba a escasos metros de mí, quizás también masturbándose.
Terminada mi faena, regresé a mi cama pensando en que yo no
masturba en tres ocasiones en tan corto tiempo desde mi época de adolescente y
no sé a qué hora me dormí, el caso es que al día siguiente desperté muy tarde
cando todos se encontraban en la planta baja de la casa.
Me bañé y llegué al comedor donde todos desayunaban, pero
esta vez quise sentarme junto a Malena quien inteligentemente no daba a notar el
vínculo carnal que había nacido entre nosotros.
Por supuesto que antes de sentarme a la mesa saludé de beso a
mi familia y también a mi huésped de honor y su niño. Malena tenía entre sus
manos la revista que el día anterior hojeaba sobre mi cama. Mi esposa estaba
sentada frente a ella.
-Mira tío, me dijo, le estaba mostrando a mi tía las
cosas que quiero comprar en esta tienda y le pedí que me llevara, pero
desafortunadamente no puede llevarme.
-No puedo, respondió mi esposa, porque tengo que
llevar a las niñas a su clase de pintura, pero le decía que tú la
llevarás.
-¡Claro que sí!, respondí. De cualquier manera tengo
que ir a comprar unas herramientas para terminar de colocar las luces en
las cornisas.
-Mira tío, me dijo, ¿Qué te parece esta ropita para
el niño?
Como no queriendo, mi mano izquierda se posó sobre el muslo
de Malena cubierto por un "camisón" de franela de esos que usan las mujeres y le
dí un suave apretón como indicándole mi deseo. En mi mano sentí un ligero
temblor de la pierna de Malena pero su rostro se mantuvo impasible.
Acerqué mi cara hacia la revista que estaba sobre la mesa
para ver sin fijarme, las fotos de los productos que anunciaba. Disimuladamente
mi mano ya se encontraba entre las piernas de Malena.
-Pues la verdad es que yo no conozco mucho de eso, le
respondí, pero estoy viendo que ahí venden las cosas que yo necesito.
-¿Ya quieres desayunar?, me preguntó mi esposa.
-Primero te acepto una taza de café colado, le
respondí.
-Bueno, voy a la cocina y te lo preparo, aunque tarda
más que el instantáneo.
Cuando mi esposa se levantó de la mesa, volteé hacia Malena y
en voz baja le ordené:
-Súbete el camisón hasta la cintura. Tu tía no lo
notará porque te tapa el mantel.
Malena se levantó un poco de su silla y rápidamente se subió
la ropa, posando de nuevo su desnudo trasero en su asiento. Mi mano recorrió de
arriba a abajo toda la amplia y firme piel de sus muslos mientras yo seguí con
la farsa de ver la revista y a ella no se le notaba en su rostro la pasión que
sentía, y a mí tampoco se me veía la erección porque el mantel de la mesa me la
cubría.
Abrió las piernas para permitir que mi mano llegara hasta su
vulva, sin mediar ningún estorbo como un hilo dental o tanga, porque en esta
ocasión Malena no llevaba nada debajo. Sentí al tacto unos muy cortos vellos
púbicos pero una piel depilada en el área del bikini y en sus labios exteriores,
que por cierto los sentí gruesos y húmedos. Palpé la gordura de su vulva que en
verdad estaba muy abultada y concluí que mi sobrina estaba muy bien dotada.
Mis dedos le sobaban el clítoris con movimientos circulares y
luego siguieron su recorrido hasta su vagina, pero apenas le pude meter la punta
de los dedos sintiendo aún más grande su humedad que más bien era fluido
vaginal.
Se acercó a mi oído y en voz muy baja pero con palabras
entrecortadas por la pasión, me dijo:
-Cómo me gustaría que en lugar de tus dedos, fuera tu
lengua.
-Ya llegará el momento, le respondí.
Mi señora me sirvió la tasa de café y regresó a la cocina a
prepararme el desayuno. Saqué la mano de la vulva de Malena y me la limpié un
poco en mi pijama. Con la misma mano tomé la tasa pero no para saborear el aroma
del café, sino para paladear el rico perfume que había extraído del pozo de los
deseos de Malena.
-¡MMHHH!, qué rico aroma tiene este café, dije en voz
alta que mi esposa me escuchara en la cocina.
Malena me tomó mi mano y se la llevó a la boca para chuparme
los dedos y me los dejó llenos de saliva.
-Ahora métemelos por el chiquito, me dijo.
Recargó su cuerpo hacia donde estaba el niño, fingiendo que
le daba algo de beber, de manera que su trasero quedó levantado dejando al
descubierto su agujerito, listo para ser penetrado por mis dedos.
Extendí de nuevo mi mano y se la metí entre las nalgas y dos
de mis dedos se abrieron paso entre los pliegues de su lindo agujero rumbo al
recto, pero se los saqué inmediatamente, diciéndole:
-Mejor lo dejamos para después. Ya bájate el camisón
porque nos estamos arriesgando demasiado. No vaya a ser la de malas y te
vea mi mujer y todo termine sin haber empezado.
Malena sonrío y se bajó la ropa justo a tiempo, porque mi
señora me servía el plato a mi costado derecho, desde donde podría haber visto
el culo desnudo de mi sobrina Malena.
Me llevé de nuevo la tasa de café a mis labios y ahora la
fragancia impregnada en mis dedos era una mezcla exquisita de perfumes naturales
arrancados de la vagina y del culo de Malena. ¡¡¡¡MMMMHHHHHH!!!!!, qué aroma tan
incomparable y excitante. Ninguna otra esencia enloquece tanto los sentidos del
hombre.
Mientras todos terminaban de cambiarse de ropa yo terminé mi
desayuno y también fui a ponerme ropa acorde para salir de casa. Mi esposa y mis
hijas salieron en un automóvil, mientras Malena acomodaba a su niño en el
asiento trasero de mi carro.
Lucía un ajustado jeans que la hacía lucir esplendidas sus
caderas, pero tuvo el cuidado de que no se le notaran, al ponerse un sweater
largo. Era astuta y no quería que mi mujer viera la clase de cuerpazo que tenía,
aunque lo más seguro era que ya la hubiera visto con la corta falda cuando nos
empapó la lluvia.
Conduje mi carro rumbo a la tienda departamental que se
encontraba lejos de casa, por lo que mi sobrina Malena y yo tendríamos mucho
tiempo para reanudar la conversación que había quedado pendiente, acerca de
nuestras cosas íntimas.
-¡Qué lindo se te ve el culo con esos pantalones! (ya
no había razón para preámbulos)
-Pero más lindo se me ve sin ropa.
-De eso no tengo ninguna duda, le dije, aunque apenas
te lo vi en el baño.
-Pues si no me lo viste más tiempo es porque no
quisiste. Pero para que me lo veas y me lo toques, me quito los jeans
ahora mismo.
-Espera, le dije. Te puede ver la gente. Mejor me lo
enseñas cuando estemos en la cama, que por cierto ando que me muero por
cogerte.
Mira cómo se me paró la verga. ¿No te molesta que le
diga a las cosas por su nombre?.
-Al contrario, me respondió, porque así me gusta
llamarle a mí, porque creo que es el nombre más sexual que puede tener.
Eso de "pene" es pura cursilería, como llamarle "vulva" a la panocha y
"busto" a las tetas. Claro que así se habla cuando se está en confianza
o en la intimidad.
-No cabe duda que eres de las mías y en verdad que
estoy conociendo a mi nueva sobrina. Es más, parece que eres otra. Ahora
que estamos a solas, sería el momento para continuar con nuestra plática
sobre nuestras intimidades, ¿no crees?.
-En eso venía pensando, pero te propongo que
platiquemos más íntimamente en el cuarto de uno de los moteles que
acabamos de pasar. ¿Qué te parece?.
-Estoy de acuerdo, le dije, ya había pensado en eso,
pero todavía no sé cómo hacerle para no despertar sospechas en mi casa.
-Por eso no te preocupes. Ya tengo un plan que no
puede fallar, pero tienes que prometerme que lo cumplirás al pié de la
letra. Tendrás que seguirme la onda en todo lo que haga y en todo lo que
diga. ¿De acuerdo?.
-De acuerdo, le dije. Yo me dejo guiar por ti, con
tal de meterte la verga por ese culo tan hermoso que tienes.
-Tu verga va entrar a mi culo, a mi boca y a mi
panocha, aunque te confieso que lo que más me gusta es que me la metan
por el culo, como se la meten a las mujeres en las películas porno.
-Si te digo que eres de las mías. Y no me hables de
las pornostars porque avivas mi fantasía de cogerme a una de ellas. Te
confieso que es mi máxima fantasía, pero sé que es un sueño y nada más,
le confié.
-Cuando menos pienses tu fantasía se puede hacer
realidad. Ya ves que después de tantos años mi fantasía está a punto de
consumarse. Pero hablando de tu fantasía…recuerda que yo vivo en Los
Ángeles en donde está Hollywood, La Meca del cine.
-¿Y eso qué tiene qué ver con mi fantasía?, le
pregunté.
-Pues que ahí están todos los estudios de cine y
dentro de ellos, hay muchos dedicados al cine pornográfico. Ya te he
invitado muchas veces a que me visites pero no has ido. El día que
vayas, haremos un "tour" por esos estudios y posiblemente te cojas a la
pornostar de tus sueños.
-¿De veras, Mija?. ¡Uf!, eso sería fabuloso. Más que
un sueño. ¿Tú conoces esos estudios?, le pregunté interesado, volviendo
a tocar el tema del cine porno.
-Claro que los conozco. Es un ambiente sensacional.
La gente ve las películas pero no imagina lo que hay detrás de ellas.
Obviamente se trata de puro sexo, pero una cosa es que te lo platique y
otra muy diferente que estés ahí y lo veas en vivo.
-¿Pues qué tantas cosas suceden detrás de cámaras?,
le pregunté intrigado.
-Muchas cosas, pero una de las más interesantes es
que en algunos estudios permiten la entrada de 20 y hasta 30
espectadores, hombres y mujeres de todas las preferencias sexuales.
Todos se sientan en unas butacas que están tras unos vidrios polarizados
de manera que ellos ven las escenas que se graban, pero los actores no
ven a ese público tan especial. Les cobran 500 dólares y a veces más, si
la actriz principal es muy famosa y cotizada. Todos participan en un
sorteo muy interesante.
-¿Y en qué consiste ese sorteo?, le pregunté lleno de
morbosa curiosidad.
-En que la persona ganadora tiene derecho a coger o
que se lo cojan, según su deseo, ya sea con la actriz o actor principal.
-¡UF!, eso es maravilloso. Va a ser fantástico cuando
conozca esos estudios, le dije emocionado.
-Y siguiendo con el tema de sueños y fantasías
sexuales…¿ nunca has tenido la fantasía de que te metan la verga, tío?.
¿O ya te la metieron?, me preguntó sorpresivamente.
En ese instante recordé que hacía escasas semanas yo había
tenido mi primera experiencia de esa naturaleza, pero eso ya está escrito y
publicado en mi relato "Mi culo se entrenó para convertirme en bisexual".
-¡Ah, caray!, esa pregunta es difícil de responder.
¿Qué te diré?.
-Ya no me digas nada, porque ya me respondiste. No
veo nada de malo que de vez en cuando busques quien te meta la verga o
cuando menos un consolador. Los hombres tienen derecho a gozar de su ano
y no tiene nada de malo que sean bisexuales de vez en cuando.
-¿Pero por qué me preguntas si me gusta que me metan
la verga?. Tu no tienes macana, a menos que estés pensando en hacer un
trío o meterme…
-Te pregunté nada más para comprobar que
efectivamente eres liberal y de mente abierta. Y claro que yo no tengo
macana natural, pero lo que tengo es…bueno, después le seguimos con
nuestra plática cuando estemos en el motel, pero vamos, tío, cuéntame
sin recelo de tus intimidades.
-Está bien, pero…Si estás de acuerdo con la
bisexualidad, ¿quiere decir que también te has acostado con mujeres?.
-¡Claro que sí!, me reveló. Aún te falta mucho por
saber de mí, pero no soy otra mujer. Me vas a conocer sin máscaras ni
hipocresías y así quiero conocerte a ti.
-Pues hay una cosa que quiero saber de ti, porque te
veo que estás tan buena que quiero saber tus medidas. Es curiosidad nada
más.
-Jajaja. Mis medidas son 92-XX-XX y mi estatura es de
un metro sesenta y ocho centímetros, por si te interesa. Hubo quien me
pidió que me agrandara más las tetas, pero yo no quise. Ya te platicaré,
pero…¿qué importan mis medidas si mi carne es la que deseas?
-¡Mamacita!, eres todo un superculo de mujer, le
respondí. Tienes razón en cuanto a tus medidas.Pero me decías que tienes
más cosas que contarme.
-Muchas cosas, pero nomás no me resultes con
mojigaterías y termines escandalizándote, me advirtió.
-De ninguna manera. A mí no me asusta nada
relacionado con el sexo. Pero si tienes tan amplia experiencia sexual y
viendo lo hermosa que eres, es obvio que te puedes dar el lujo de
escoger con quien acostarte, sobre todo, con personas más jóvenes que
yo. Por eso me he estado preguntando…¿por qué quieres culiar conmigo?,
la cuestioné.
-Tío…ya te dije que tengo esa fantasía desde hace
muchos años. Quiero que deje de ser un sueño y se convierta en realidad.
¿No te parece razón suficiente?. ¿A poco tú no has luchado para que tus
fantasías sexuales se hagan realidad?.
-Sí, claro que sí y por lo pronto, la única que tengo
en mente es la que ya te comenté, que se trata de cogerme a una actriz
pornográfica. Lo que pasa es que todavía no salgo del asombro que me ha
causado la fantasía de mi sobrina Malena, o sea…TÚ. Pero hablando de ti
y a pesar de que vives feliz en Los Ángeles…¿no has pensado regresar a
vivir a México?, le pregunté.
-Jamás regresaré, tío, me respondió. Aquí sería
juzgada como puta, zorra o pervertida sexual. En cambio allá la gente me
respeta y hay muchos que me admiran. Y hablando de pornostars, allá son
queridas y respetadas. Es más, tú sabes que en Los Ángeles hay eventos
para premiar a los actores del cine porno, lo que equivale al "OSCAR" de
la Academia.
-Es cierto. Como a mí también me gustan mucho esas
películas, me ha tocado ver en la tele esos programas en donde hacen la
premiación.
-Mira, me dijo, ya llegamos
al centro comercial y hay que hacer las compras rápido para volver a la
casa. Es parte del plan que tengo.
-De acuerdo.
La verdad es que estaba intrigado por conocer el plan de
Malena para tener sexo por primera vez, pero entendí que quería darle emoción a
las cosas y me guardé mi curiosidad. Por supuesto que lo que mayor curiosidad
despertaba en mí, era terminar de conocerla en su nueva faceta sexual. Nueva
faceta sexual, al menos para mí.
-Mira… yo sé que no tienes problema de erección, me
dijo mi sobrina, pero compra una pastilla que se llama XXX y te la tomas
en este momento. Mientras yo voy a las tiendas y nos vemos en media hora
más. ¡Ah!...no compres condones porque no los vamos a usar. Y comenzó a
caminar apresurada con su niño en brazos.
Entré rápidamente a la tienda donde venden las herramientas
que yo necesitaba, pero no podía recordar con exactitud lo que iba a comprar,
porque en mi mente daban vueltas las palabras del diálogo sostenido con Malena.
Estaba más que sorprendido de su mente tan abierta al sexo,
además que demostraba y afirmaba que tenía una extraordinaria experiencia a
pesar de su juventud, a tal grado que me sentí un novato a su lado. También
compré la pastilla XXX y me la tomé con un refresco. Era obvio que ella deseaba
que mi verga se mantuviera tiesa.
De regreso casi no cruzamos palabras porque los dos íbamos
metidos en nuestros pensamientos, y estoy cierto que ambos pensábamos en los
momentos de sexo que en unas horas más disfrutaríamos, al menos yo así lo
pensaba. De cualquier manera, mi mano derecha acariciaba los muslos de Malena
sobre la tela se su pantalón, deseando que se hubiera puesto una falda, porque
además sabía que no llevaba ropa interior.
Cuando llegamos a casa mi familia también estaba de regreso.
Metí mi carro en la cochera y antes de bajarnos me dijo en voz baja.
-Por favor ayúdame a subir al niño a mi recámara.
Mira cómo viene dormido, me dijo. Te regresas pronto. Aquí te espero en
el carro.
Yo la obedecí como en el futuro la obedecería en todo lo que
me ordenara. Confiaba en que el plan que tenía daría resultado.
-Ya lo acosté en su cama, le dije cuando regresé,
también hablando en voz baja casi en secreto.
-Ahora vamos a bajar sólo una parte de las cosas que
compramos y el resto lo dejamos en la cajuela pero ciérrala pronto para
que no vean las bolsas que se quedan guardadas, pues es la ropa que le
compré al bebé. Tú sígueme la onda con mi tía y primas.
-O.K., le respondí dejando unas bolsas en el carro y
cerrando rápidamente la cajuela de mi carro.
-Hola, ¿cómo les fue?, preguntó mi esposa que salió a
la cochera a recibirnos, mientras yo cargaba con una parte de mis
herramientas y Malena con una parte de lo que había comprado.
-¡Ay, tía!...que te cuento, le respondió Malena
alzando el tono de su voz, mientras caminaban juntas al interior de la
casa. Yo iba principalmente a la tienda a comprarle ropa al niño, pero
resulta que ese departamento lo van a abrir más tarde, porque hay venta
nocturna, aunque inicia a las seis de la tarde.
Malena había comenzado a aplicar su astuto plan.
-¿Viste tío la gran cantidad de gente que hay
esperando a que abran la tienda?.
-Sí, le respondí, y es que de verdad que se trata de
una gran barata.
-Y entonces…¿qué es lo que traen en esas bolsas?,
preguntó mi esposa.
-Son unas cosas que te compré a ti y a mis primas.
Mira lo que les traje.
-Mira qué bonito abrigo, muchas gracias pero no te
hubieras molestado, le respondió mi mujer.
-Y estos pantalones y cinturones para mis primas.
Espero que sean de su talla.
-Gracias, prima, le dijeron mis hijas.
Comprendí que los regalos eran parte de la estrategia de mi
sobrina.
-Bueno tío, me dijo Malena, ya vámonos de regreso a
la tienda para empezar a hacer la fila. Es increíble, tía, lo bonita que
está la ropa y que esté más barata que en Los Ángeles.
-Esperen, esperen, dijo mi esposa, yo los acompaño
porque quiero comprar unos regalos.
¡En la madre!, Ya "se nos cayó el teatrito" pensé cuando
escuché a mi mujer decir que quería acompañarnos. Yo estaba sentado en el sofá
de la sala y permanecí inalterable al voltear a ver a Malena. ¿Y ahora qué
hacemos?, le preguntaba con la mirada, pero Malena ni siquiera volteó a verme e
hizo gala de su gran astucia.
-¡Ay, tía!, le dijo, entonces tendré que
desaprovechar esas grandes ofertas. Es una lástima.
-Pero…¿por qué?, la cuestionó mi mujer.
-Es que fíjate que mi bebé se portó muy mal en el
centro comercial y afortunadamente ahorita está dormido. Yo quería
encargártelo para que me lo cuidaras mientras mi tío y yo regresábamos,
porque...¿te imaginas los problemas que me daría?. Pero…ni modo. Vayan
ustedes y yo me quedo con mi bebé.
-No, no. Si es así… yo me quedo con tu niño y
regresen ustedes a la tienda. Pero son las dos de la tarde y no han
comido nada.
-Muchas gracias. Por la comida no te preocupes. Allá
comemos cualquier cosa, a menos que mi tío quiera comer antes aquí en la
casa.
-No, de ninguna manera. Allá compramos unas
hamburguesas o lo que sea mientras hacemos fila. Así que ya vámonos
antes de que se haga más tarde.
-Pero si es venta nocturna, entonces… ¿hasta qué
horas van a regresar?, preguntó mi mujer. Eso es muy cansado.
-Pues si que va a ser cansada la jornada, tía, pero
estoy segura que valdrá la pena. Esta es una gran oportunidad como si la
hubiera esperado desde hace siete años, jajaja, y no quiero perderla.
¿Iras a aguantar tú, tío?, me preguntó Malena a quien le entendí el
doble sentido de sus palabras.
-¡Claro que si Mija!. Yo aguanto todo el tiempo que
tú aguantes, total…apenas soy 20 años mayor que tú, ¿no?, jajaja. Pero
vámonos porque ya deberíamos estar "allá", terminé diciéndole.
-Bueno…que les vaya bien y que consigas buenas cosas,
dijo mi mujer.
-De eso me encargo yo, tía, no tengas dudas. Ya
verás.
Ya íbamos rumbo al motel y en el trayecto le dije a Malena.
-¡Uf!, que astuta eres. Yo pensé que todo si iba a
echar a perder. ¿Te imaginas si descubre que ya compraste las cosas y
que no hay venta nocturna?.
-Te equivocas, tío, me dijo. Lo de la ropa comprada
es lo de menos aunque la haya comparada cara, porque la verdad es que si
hay venta nocturna. Así vi el anuncio en la tienda, de manera que si mi
tía investiga, se convence que le dije la verdad. Tenemos todas las
horas de la tarde y noche para nosotros. Espero que de veras aguantes la
jornada como yo la aguantaré, jajaja.
-¡Qué bárbara eres!, le dije, me has dado una nueva
lección. Pero agáchate para que las cámaras de vigilancia del motel no
te graben porque ya vamos a entrar. Y te aseguro que si aguantaré todo
lo que quieras hacerme, que para eso me pediste tomar esa pastilla XXX.
Jajajajajaja.
Entramos a la cochera del cuarto y salí del automóvil para
accionar el botón el portón eléctrico para que bajara y quedar fuera de posibles
miradas indiscretas que nunca faltan. ¿Se imaginan el escándalo que se hubiera
armado si alguien conocido me ve entrar al motel en compañía de mi sobrina?. No
quiero ni imaginarlo.
Fui a la portezuela del lado de Malena y la abrí para que
bajara, tomándola de la mano para ponerle un ligero toque de caballerosidad y
romanticismo que ella agradeció.
Apenas la tuve junto a mí y la abracé desesperado y mis
labios buscaron ansiosos su boca carnosa. Ella también me abrazó y respondió
apasionadamente al beso. Nuestras bocas se retorcían una contra otra. La tenía
recargada sobre el costado del automóvil y mis manos bajaron para apretarle las
nalgas cubiertas por el áspero jeans que llevaba.
Sin separar nuestras bocas de donde salían dos lenguas que se
tramaban como deseando convertirse en una sola, Malena me desabrochó la camisa y
me la quitó arrojándola al suelo. Yo le desabroché su pantalón y se lo bajé
hasta las rodillas. Nuestras bocas no se separaban y bebíamos nuestras salivas
que se habían mezclado.
Por fin mis manos acariciaban sus exquisitas nalgas desnudas.
Eran firmes, abultadas y tersas como a mí me gustan. Todos los dedos de mis
manos a excepción de los pulgares entraron en ese canal maravilloso para
estrujárselas y encajarle ligeramente las uñas muy cerca del chiquito. Nuestra
respiración se volvió agitada y sus resoplidos se confundían con los míos.
Nos separamos brevemente, pero solo para que Malena me
ayudara a bajarme los pantalones junto con la trusa que llevaba puesta. Mi verga
saltó para quedar entre sus piernas, pero me tuve que separar de nuevo para
quitarme los zapatos y quedar completamente desnudo. Ella aprovechó esos
instantes para terminar de quitarse la ropa y zapatos. Los dos quedamos
desnudos.
La abracé de nuevo y en mi glande sentí un cosquilleo que me
producían sus cortos vellos púbicos y nuestras bocas se abrieron para libar de
nuevo. Ahora era ella la que me aprisionaba las nalgas y dos de sus dedos se
empezaron a clavar en mi culo que lo aflojé para que me lo perforara, pero no
entraron por falta de lubricante.
-Por fin, después de tantos años de desearlo, te
tengo entre mis brazos, tío, me dijo con voz entrecortada. Por fin mi
fantasía se hace realidad.
-Soy tuyo, Mija, le respondí. Puedes hacer conmigo lo
que quieras. Tú ordenas y yo obedezco.
-Ya está bien de cachondeo aquí afuera, vamos a
entrar al cuarto. Saca del carro mi bolsa de mano.
Saqué su grande bolso de mano mientras ella entraba al
cuarto. Cuando la alcancé estaba de pie junto a la amplia cama, viendo la
película porno que pasaba en el televisor que nunca falta en esos moteles.
Coloqué su bolso sobre la cama y la abracé por atrás. Ella se
agachó un poco para permitir que mi verga entrara entre sus nalgas y mis manos
se apoderaron de sus hermosas tetas. Le besaba la nuca y el cuello y le metía la
lengua en sus oídos.
-Espera, me interrumpió. Antes ve a bañarte y aquí te
espero.
-¿Porqué no me acompañas a la regadera?, le pregunté.
-Porque quiero sacar algunas cosas que traigo en el
bolso.
-Está bien.
Me bañé y salí para abrazarla y besarla de nuevo. La pastilla
hacía su efecto porque sentía mi verga más dura que el acero.
-Ahora voy a bañarme yo, me dijo.
-¿Para qué te bañas?. Mejor dame de probar de tus
aromas naturales tal y como son.
-jajaja. No tío. A mí me gusta estar limpiecita.
Acuéstate y espérame que no tardo nada.
-Bueno…si así lo quieres…
Al acostarme me di cuenta de la gran cantidad de objetos que
había sacado de su bolso. Eran lubricantes, un consolador de buen tamaño, un
reproductor portátil de DVD que en aquellos tiempos no se conocían en México y
algunos estuches de películas pornográficas que en sus portadas se leía "MEET
MALENA", "MALENA´S ASS" y "THE BEST OF MALENA" o algo muy similar porque la
verdad es que no recuerdo con exactitud esos títulos que leí hace tantos años.
Lo que recuerdo es que asocié el nombre de la actriz porno con el de mi sobrina.
Yo había accionando el vibrador del consolador y me lo estaba
pasando por el ano y los huevos, cuando salió del baño sin secarse y se acostó a
mi lado.
-Tío…deja ese juguete para después, ahora quítame el
agua de mi piel con la lengua, me ordenó.
Acostada boca arriba abrió lo más que pudo sus piernas, lo
que finalmente me permitió verle su abultada panocha aunque entre penumbras, por
la escasa y sensual iluminación de la habitación.
La orden me pareció sensacional y me lancé sobre aquel
magnífico cuerpo de mujer. Arrodillado sobre la cama, empecé a lamer alucinado
desde los dedos se sus pies. Saqué la lengua cuan larga es y empecé a saborear
las gotas de agua que la cubría. En pocos instantes mi boca ya se encontraba en
la parte interior sus torneados muslos y los lamía, besaba, chupaba y
mordisqueaba.
Malena empezaba a entrar en calor pues había cerrado los
ojos. Sus manos se sobaban con fuerza sus tetas y se daba ligeros pellizcos en
los pezones que muy pronto estarían dentro de mi boca, pero antes mis labios y
mi lengua estaban por llegar a ese pronunciado bulto entre sus piernas que veía
extasiado.
Bebí el agua sobre la piel de las caderas, muy cerca del pozo
de los deseos. Mi boca se pasó a la zona de vellos púbicos y en mi lengua sentí
un rasposo y rico cosquilleo que me producían sus cortos pelos. Me bajé sólo un
poco para que mis labios le aprisionaran el clítoris duro e hinchado y se lo
empecé a lamer despacio en volviéndolo en mi lengua que la había enroscado a su
rededor.
Mis manos subieron para apoderarse de sus fabulosas tetas,
sintiendo en las palmas de mis manos la dureza de sus gruesos y afilados
pezones. Se las masajeaba mientras mi rostro completo se hundía entre los muslos
de Malena, quien me acariciaba el pelo con ambas manos.
Bajé un poquito más para lamerle los labios vaginales y tomar
el agua que le había quedado de la ducha. Mi lengua entraba y salía rápidamente
en su vajina de donde empezó a salir ese néctar divino que produce la mujer en
un orgasmo, pero apenas era la lubricación inicial. Era una substancia con
suavidad de miel de abeja, pero con sabor ligeramente ácido. Mi lengua se
encargó se sacárselo.
Deje de mamarle la panocha y mi boca subió pasando por su
ombligo que estaba lleno de agua que también bebí. Desde ese punto mi lengua
continuó pegada a su piel hasta llegar a sus tetas en donde mi boca abierta como
un pez que muerde el anzuelo, se prendió de una de ellas para mamársela
desesperada y lujuriosamente.
Mi boca era una ventosa que chupaba y chupaba con el pezón
adentro, como queriendo sacarle su leche materna. Mi pecho estaba apretujado
contra su vientre y mi verga más dura que el acero se había quedado prisionera
entre sus piernas, pues Malena las había cerrado. La pasión me ahogaba.
Subí hasta llegar a sus labios y allí no bebí agua como me lo
pidió, sino su saliva que se mezclaba de nuevo con la mía. Malena abrió las
piernas para permitir la penetración y le metí la verga de un solo golpe. Ella
reaccionó jalándome fuertemente de los cabellos para que nuestras bocas se
apretaran aún más. Me dio un mordisco en mis labios y luego nuestras lenguas se
volvieron a tramar tratando de formar una trenza.
Yo le tenía metido el pene hasta el fondo, pero no realizaba
la acción del mete y saca, sino que estaba haciendo girar mis caderas sobre las
de ella que las movía hacia arriba y hacia abajo. Nuestros labios se separaron
para vernos a los ojos y ambos sonreímos. Mis manos le tomaron suavemente el
rostro para acariciarlo con ternura en tanto nuestros cuerpos se estaban
fundiendo por el enorme calor sexual.
Mis caricias en su rostro y mi cuerpo desnudo junto al de
ella, hacía que surgiera en mi interior una rara mezcla de sentimientos jamás
experimentados, porque al mismo tiempo que la lujuria me consumía al poseer su
cuerpo de tentación, estaba acariciando sus mejillas con el cariño que siente un
tío por su sobrina. Difícil de explicar y difícil de entender.
Esa combinación de blancos afectos de amor y negras
sensaciones sexuales me confundieron por unos instantes y retiré mis manos de su
rostro para tomarla por el pelo. Ahora sí se la metía y sacaba con la mayor
velocidad que podía porque quería hacerla acabar y así sucedió, pero Malena no
es de las mujeres que lanzan grandes gritos en su momento de éxtasis, al menos
en esa ocasión.
Sólo unos ahogados quejidos salían de su garganta y parecía
que se asfixiaba pues su respiración era muy agitada y sus resoplidos se
confundían con los míos. Yo me contuve para no eyacular porque deseaba metérsela
por el culo.
Sentí en mi pene su espeso flujo vaginal y el ruido del
chapoteo fue más intenso cuando mis caderas golpeaban contra las de ella y me
detuve dejándosela hasta dentro. El fluido de su orgasmo que me mojaba hasta mis
vellos púbicos que al juntarse con los de ella, los sentía algo pegajosos.
Sus contracciones eran sensacionales pues en mi verga sentía
unos apretones vaginales como si en su interior tuviera "un perrito" que me la
mordiera. ¿Quién dijo que la posición "del misionero" era rutinaria y aburrida?.
Malena es de las que se encargan de derrumbar ese mito, sobre todo si se trata
de mujeres llamadas "multiorgásmicas" como ella.
-Voltéate, Mija, le dije, quiero mamarte el chiquito
y perforártelo.
-No, tío, todavía no. Quiero hacer un 69, porque yo
también quiero mamarte la verga.
-Tus deseos son órdenes.
Me bajé de su cuerpo y quedé acostado boca arriba. Hice a un
lado los artefactos que Malena había sacado de su bolso mientras ella me
colocaba una almohada bajo mis nalgas, lo que permitió que mi verga erecta
quedara en la mejor posición para que me la mamara, pero también mi culo quedó
un poco en el aire. Malena sabría por qué me colocó la almohada de esa manera y
yo también lo sabría en breves instantes.
Con gran agilidad se montó sobre mí pero a la inversa para
quedar en la posición de "69". Sus hermosas tetas rebotaron contra mi pecho y
estómago. Pegadas a mis hombros quedaron sus rodillas y sus piernas flexionadas,
pero lo más excitante y espectacular fue ver a plenitud junto a mis ojos su
exquisito culo desnudo.
Es obvio que por la posición en que se encuentra uno al hacer
un "69", no se pueda ver otra parte de la anotomía de la pareja, pero lo más
importante es sentir lo que a uno le hace y además no es necesario ver más
cosas.
Mis manos se apoderaron de sus nalgas que tantas puñetas me
habían provocado el día anterior. Por la posición en que estaba se sentían más
amplias, firmes y suaves. Malena depositó suavemente su panocha en mi cara y en
especial en mi boca que la esperaba ansiosa.
Sentí cuando su mano me tomó la verga y luego cómo me la
empezó a mamar. Me la chupaba y se la metía hasta la garganta pues sentía que
sus labios llegaban hasta mis vellos púbicos.
Mi lengua salía para lamer desesperada los residuos de sus
fluidos vaginales que instante antes los había expulsado con su orgasmo. Se la
metía en la vagina deseando que fuera tan larga como mi verga para entrar a
mayores profundidades. Mi boca abierta se pegaba a sus labios interiores para
succionar todo el líquido viscoso que saliera de ese pozo de los deseos.
Malena movía sus caderas hacia atrás y hacia delante para que
mi lengua hiciera el lujurioso recorrido desde sus vellos púbicos hasta su
palpitante ano. Al pasar por el clítoris lo chupaba y mordisqueba, pero mis
dientes se encajaban en sus labios interiores provocando que lanzara un pequeño
grito de dolor. Su ágil movimiento permitía que mi lengua llegara hasta su ano
al que yo lamía y chupaba loco de pasión.
Malena volvió a tener un orgasmo. Un líquido ardiente y
viscoso salía haciendo ruidos extraños desde sus entrañas y me bañaba el rostro.
Lo lamía y lo tragaba como si fuera el alimento más preciado, pero no alcanzaba
a beberlo por completo, por lo que una buena cantidad escurría por mis mejillas
hasta llegarme a la nuca. Yo seguí mamando y ella también.
De pronto sentí que mi culito lleno de saliva era perforado
pero por algo muy diferente a un dedo. Malena me estaba metiendo el consolador.
Lo accionó y sentí en mi ano las estimulantes vibraciones. Poco a poco el
juguete sexual se abría paso en mi culo y recto hasta llegar a mis intestinos en
donde sentí sus placenteras vibraciones. ¡Mhhhhh!, ¡Qué delicia!. Ya con mi ano
dilatado, me lo sacaba todo y me lo dejaba ir hasta el fondo una y otra vez.
Al principio sentí el dolor de la penetración, que poco a
poco fue desapareciendo para hacerme gozar de tan inmenso placer, porque al
mismo tiempo Malena me mamaba la verga como desesperada.
No soporté más y de mi verga empezó a brotar el semen que
pedía ser liberado. Sentí cómo Malena se lo tragaba con mi verga metida hasta la
garganta. Me sentí algo incómodo cuando los espasmos de mi pene los daba dentro
de su cavidad bucal y fue entonces cuando le di la más fuerte de las mordidas en
la panocha. Malena apretó las nalgas por el dolor pero no dejó de mamarme para
que mi pene continuara erecto. Sin separarnos continuamos haciendo el 69 pero
giramos para que ella quedara boca arriba y yo encima de ella.
Se sacó mi verga de la boca y me sacó el consolador. Siguió
lamiéndome los huevos y yo realicé el mismo movimiento de caderas que había
hecho Malena, para que mi culito le quedara en su boca, pero me ordenó que fuera
a la regadera a lavármelo, cosa que hice rápidamente para regresar y colocarme
en la misma posición que estaba. Me lo lamió, me lo chupó, me dio ligeros
mordiscos y me metió la lengua.
-Ya, tío, por favor, me suplicó, ya métemela por el
culo. No aguanto más.
Terminamos de hacer el 69 y de sus cosas que había dejado
sobre la cama, tomó un tubo de color azul que contenía lubricante anal y me lo
puso en la mano.
-Métemelo por el chiquito, me dijo. Cuando lo tenga
adentro lo aprietas como si lo exprimieras para que el lubricante me
quede adentro.
-Con mucho gusto, le dije. Acuéstate boca abajo a la
orilla de la cama en posición fetal, porque es la manera que más me
gusta para meterles la verga.
-Si, me dijo, pero nada más para que me lubriques,
porque a mí la posición que más me gusta en "en cuatro patas" o "de
perrito".
-Está bien. Como tú quieras yo quiero.
Se recostó en posición fetal en la orilla de la cama y con
ambas manos se separó las nalgas para que su ano quedara descubierto.
¿Quién puede rechazar una orden de esa naturaleza cuando
tiene enfrente un culo tan maravilloso?.
Me arrodillé en el piso para que el ano de mi sobrina me
quedara a la altura de la cara. Cumpliría sus ordenes al pie de la letra, pero
ante la belleza de un culo abierto como el de ella, mi boca se prendió
nuevamente de su ano para meterle la lengua, chuparlo y mordisquearlo de nuevo.
Arrodillado como estaba, le puse el tubo azul en su lindo
orificio y lo apreté un poco. Salió un líquido transparente algo espeso que le
baño los pliegues y luego se lo dejé ir hasta el fondo para terminar de dejarle
adentro el lubricante.
Le saqué el tubo y quedó lista para que la penetrara por
atrás y de esa manera consumar el acto sexual de la preferencia de ambos. Mi
verga tiesa estaba desesperada por entrar en esa cueva. Malena subió de rodillas
al borde de la cama para ponerse en la posición que deseaba. La sangre me hervía
y se me agolpaba en la cabeza.
Me puse de pie y la tomé de sus caderas mientras la punta de
la verga la colocaba en su ano lubricado (en su chiquito como ella dijo). Empujé
solo un poco para meterle la cabeza y que se le empezara a dilatar. Ella
permanecía con sus manos abriendo sus nalgas.
-Métemela despacio, tío, me pidió. Quiero gozar esta
culiada con la que tanto he soñado.
-Claro que sí, Mija, le respondí. Te recuerdo que dar
sexo anal es mi especialidad. Yo sé cómo debo metértela para que la
goces.
Por breves instantes, que me parecieron eternos por la
desesperación que sentía, le mantuve metida solo la cabeza. Malena accionaba su
esfínter para apretarme el glande. Lo aflojó un poco como dándome permiso para
que mi verga siguiera su destino que se encontraba en las profundidades de sus
intestinos. Esa era la meta que ella misma había trazado, desde el instante en
que me enseño su culito cuando estaba en la escalera instalando las luces
navideñas en la cornisa de mi casa.
Se la saqué y se la volví a meter esta vez un poco más. La
cabeza de mi pene ya se abría paso con mayor facilidad por la dilatación de su
ano.
-¡MMMHH, está sabroso!, escuché decir a Malena.
Empujé un poquito.
-¿Te gusta, Mija?, le pregunté con voz apagada que
casi no salía de mi garganta porque sentía que me ahogaba por la pasión.
-¡Ay, si tío!. Está lindo.
Soy sincero al decirles que no me explico cómo es que aguanté
las ganas de metérsela de un solo golpe. Hubiera sido fácil, dado lo resbaloso
del lubricante que le había aplicado. Ya la había soltado de las caderas y ahora
mis manos acariciaban sus nalgas. Uno de mis dedos anulares se juntó a mi pene
para metérselos juntos.
Se la saqué de nuevo y se la enterré un poco más y me contuve
para gozar a plenitud la estocada que le estaba dando. Nuevamente sentí que su
ano se apretaba alrededor de la circunferencia de mi pene. El momento era
excitante y lujurioso por lo temía que pudiera eyacular, lo que hubiera
terminado con la magia sexual del momento.
-Ya métemela toda, me ordenó.
Mis piernas temblaban por la pasión. Mis manos aprisionaron