Entré al salón siguiendo a Carolina, su madre estaba sentada
en una poltrona, frente a ella se había dispuesto una pequeña mesa de unos
cuarenta centímetros de alto.
-Pasa niña, que ahora te toca la segunda función. Me dijo la
señora Cristina, a su lado el señor Guillermo exhibía una sonrisa de triunfo.
-Ven, apoya tus manos sobre la mesa, no te preocupes yo
estaré contigo. Dijo Carolina, mientras se colocaba a un extremo de la mesa
justo enfrente.
Mi cuerpo se arqueaba por la limitada altura de la mesa, para
colocar mis manos sobre la tabla debía doblarme de tal forma que mis glúteos se
encontraban en el tope de mi anatomía.
Carolina, ya con el brillo de la provocación en sus ojos,
clavó su mirada en la mía.
-Se buena, y no dejes de mirarme por ninguna razón.
Sentí unas manos acariciar mis nalgas por encima de mi falda,
esta vez no era una sensación desconocida para mi, sabia se trataba del señor
Guillermo.
-Te das cuenta maricón que de nada valía oponer resistencia,
tienes unas nalgas bellas, redonditas, formaditas, no iba a irme sin el placer
de tomarlas. ¡Vamos súbete tu mismo la falda!
Con mis manos subí lentamente la faldita que cargaba, como
ofreciéndole a un comensal el platillo que iba a degustar, mi culito quedo a la
vista de todos, vestido sólo por las bragas de encaje que formaban un pequeño
triangulo en la parte superior luego que el delgado hilo de la tanga emergía de
mi raja.
Sin dejar de ver a Carolina, pensé que mi hermana estaba
contemplando toda la humillante escena, me encontraba indefenso y sin otro
camino que el de dejar que dispusieran de mi cuerpo.
-Toma Guillermo, échale un poco de lubricante, después de
todo es una "niña" virgen y no queremos que sufra en exceso. Dijo la señora
Cristina alcanzándole un tarro de vaselina.
Sentí como las manos del señor bajaron mis bragas hasta las
rodillas, luego el deslizar de dos de sus dedos untados con la grasa dentro de
mi recto, de forma súbita, fuerte, viril, nada parecido a las suaves caricias
internas que me había dispensado anteriormente Carolina. Entendí por sus maneras
que yo no estaba allí para sentir placer, sino para producírselo.
-Con lo que me gusta un culito virgen ¿De verdad pensabas que
me iba a ir sin cogerte?
Al instante sentí la punta de su ya erecto pene en la puerta
de mi orificio anal. El ariete estaba presto a reventar todas mis posibles
resistencias.
-arrrrrggg
Al entrar la sensación inicial más que dolor resulto ardor,
sentía como un cometa incandescente penetraba por mi culo, quemaba mis entrañas
como un tizón al rojo vivo-
-Quieta, relájate, y te prometo lo disfrutarás. Susurró
Carolina en mi oído. Mientras el señor Guillermo comenzaba el lento taladrar de
mis entrañas.
Miraba a Carolina, ella extasiada contemplaba como era
sometido y penetrado, el brillo de sus ojos era intenso, la sonrisa en su rostro
denotaba su propio disfrute.
Poco a poco, a medida que mi culo, empalado por el erecto
falo, se desgarraba mas, la ígnea sensación fue cediendo paso, aminorándose.
Conforme se sentía una mayor holgura de cavidad se incrementaba el ritmo del
bombeo, una y otra vez la verga se hundía hasta las profundidades de mis
intestinos y salía victoriosa para volver a horadar mi ano.
-Así, así, mariquita, ya lo estas disfrutando exclamó
jadeando el señor Guillermo.
Dos lagrimas se evadieron de mis ojos para rodar por mi
rostro y caer sobre la mesa, las manos de Carolina tomaron posesión de mi pecho,
sus uñas se enterraban en mis tetillas, y sus dedos las jalaban y estiraban.
-Lo vez putica, relájate y disfruta, me dijo Carolina,
mientras una de sus manos comenzó a masturbar mi erecto pene.
A mi espalda el señor Guillermo abría, mas y mas, mis nalgas
con sus manos, como queriendo ganar espacio para que su verga tocase lo mas
profundo de mi cavidad.
-Vamos a llenar tu culo de leche, como si fueses una puta.
Sentí como su polla se enterró totalmente en mi cuerpo, como
dotada de vida propia la sentí expulsar dentro de mi su semen, a medida que
escupía dentro de mi culo su carga se templaba mas que antes. Arquee mi espalda
aun mas, sentía que yo también reventaba de las ganas. Aflojé completamente los
músculos de mi esfínter. Cuando sentí los dedos llenos de semen de Carolina
penetrar una vez más mi boca, comprendí que todo estaba consumado.
Al sentir mi ano libre del falo que lo subyugaba, caí de
rodillas frente a la mesa, mi rostro escondido entre mis manos. Lloraba, lloraba
de impotencia, lloraba de humillación pero sobre todo lloraba porque lo había
disfrutado intensamente.
-Tranquila mi amor, ya todo acabó. Me dijo Carolina, mientras
acariciaba tiernamente mi pelo.
-Vamos al cuarto, te bañaré y veras como te sentirás bien.
Abrazadas subimos escaleras arriba.
-¿Te duele mucho tu culito?, me preguntó cuando nos quedamos
a solas. –pobrecita "mi niña", ven que te ayudó a limpiarte.
Con un paño humedecido en agua tibia, cuidadosamente fue
limpiando mis nalgas, en el paño iban quedando, junto a los residuos de semen
que destilaba mi ano, pequeñas manchas ocasionadas por coágulos de sangre que
daban cuenta del desgarre de mi obertura. Al terminar la limpieza, Carolina tomó
una caja de tampones sanitarios, de los que utilizan las mujeres para contener
los flujos menstruales.
-Tranquilito, que esto no te dolerá nada e impedirá que
manchas las sabanas de sangre. Con mucha delicadeza insertó el tampón en el
orificio de mi ano.
-Ya esta, puedes cerrar tus nalguitas, ¡huy! ¡Cómo has
llorado hoy! Pero era algo por lo que debías pasar, Me dijo mientras acariciaba
mi cabeza.
*****
Desperté, el sol iluminaba ya la habitación, a mi lado
Carolina dormitaba aun, yo no tenia demasiada conciencia del momento exacto en
el cual me había quedado dormido. Carolina entreabrió sus ojos y mirándome
sonriendo -¡Ya te despertaste preciosura! Con sus brazos me atrajo hacia ella y
besándome me dijo:
-Hoy nos espera un buen día, después de ayer me convencí que
harás lo que sea por estar junto a mi ¡Eso me encanta!, verás lo mucho que nos
divertiremos.
Desayunamos, enfundadas en las batas de seda estilo oriental
que antes le había visto vestir a ella y a mi hermana.
-Menos mal que mi madre me dejó el carro, tenemos mucho que
hacer hoy.
De nuevo me vestí con su ropa, short de blue jeans, blusa
blanca manga corta de chica y las zapatillas.
-¿Cómo amaneciste hoy? ¿Aun te duele el culito? Me preguntó
mientras me pasaba otro tampón, entendí que este debía reponer al que se alojó
toda la noche en mi interior.
Salimos en el coche, Carolina manejaba y yo iba a su lado, la
veía alegre, emocionada, llena de vida, me fascinaba verla así, estaba
totalmente enamorado de ella. Luego de un recorrido de unos diez minutos
llegamos a un centro de estética.
-Hola Luisa, este es el chico del que te platique.
-La verdad es que es muy bello, luego del tratamiento quedará
espectacular, pasen por aquí. Dijo conduciéndonos a un cubículo con una camilla
en el centro.
-Por favor desnúdate.
Ya a estas alturas había entendido perfectamente cual era mi
posición en todo esto, ofrecer resistencia era absolutamente inútil, así
implicase quedarme en bragas frente a una chica desconocida.
-Están bellas tus pantaleticas, me dijo mientras calentaba la
cera con la que me depilaría todo el cuerpo.
-Afortunadamente no tienes mucho vello corporal, tal vez lo
que te pueda doler un poco será cuando te haga la línea del bikini.
Yo yacía desnudo e la camilla siguiendo las instrucciones de
la dependiente mientras Carolina nos observaba.
¡Chaz!, ¡Chaz!
-¡Auch! Exclamé, reprimiendo un grito de dolor, mire hacia
mis genitales y observé que el único vestigio de mis vellos era un pequeño y
delicado triangulo en la parte superior de mi pelvis.
-Date la vuelta y abre un poquito las piernas, que ahora
vamos con el culito. ¿Qué es esto? Me preguntó al ver el cordel del tampón
colgar del orificio de mi esfínter.
-Es que anoche … Comencé a decir.
-¡Ah! Pero si ya eres todo una "hembra", y cuando salgas de
aquí lo serás aun mas.
Al rato mi cuerpo estaba totalmente carente de vellos, la
crema hidratante que me colocaban se deslizaba por mi piel como una sedosa capa
que se fundía con mi epidermis.
-Acuéstate la cabeza atrás.
Con una pinza comenzó a darle forma a mis cejas, ahora mi
rostro exhibía unos arqueados y delicados arcos de inequívoca apariencia
femenina.
-¿Trajiste los aretes? Preguntó a Carolina. Esta le entregó
tres pequeñas cajas.
-Primero los aretes, me dijo abriendo la primera de las
cajas, y mostrándome unos delicados aros de plata con pequeñas incrustaciones de
pedrería brillante, un momento después ya tenia ambas orejas perforadas con mis
pendientes colocados.
Tomó la segunda de las cajas, de donde saco una especie de
pendiente de plata con las mismas piedrecillas de los aretes, acércate me dijo,
tomo una gran aguja, la empapo en anestésico y procedió a perforar mi ombligo,
en el cual coloco el pendiente.
-Se te ve divino, algún día te haré danzar delante de mi como
toda una odalisca, dijo riendo Carolina.
La tercera de las cajas contenía dos argollas de plata con
una piedra circular brillante incrustada en su circunferencia. Estas fueron las
más dolorosas, terminaron en mi pecho colgando de mis tetillas.
Pensaba que el trabajo sobre mi cuerpo estaba finalizado
cuando ví que la dependiente sacó una jeringa y frascos con algunas soluciones.
-¡Que es eso? ¿Qué más me van a hacer?, en ese momento el
pánico se apoderó de mi
-je, je, je. Rió Carolina, no seas tan miedosa "mi niña", es
sólo un poquito de colágeno que pondremos en tus labios, nada del otro mundo,
sólo será un toquecito para que tu boca quede mas voluptuosa, por cierto esa
boquita tiene aun que aprender muchas cosas, tienes que dejar el miedo, las
mujeres nos sometemos a todas estas cosas con tal de vernos bellas.
Sentí algunos pinchazos en mis labios, la sustancia penetraba
en ellos engrosando su volumen, la boca parecía como adormilada.
-Listo dijo la dependiente, abriendo la puerta del cubículo,
afuera le arreglarán el cabello y las uñas.
Hola y media mas tarde al ver por primera vez en todo el día
el reflejo de mi imagen en un espejo, tomé conciencia de lo radical de la
transformación, Mi rostro absolutamente feminizado con la nueva apariencia de
mis cejas y labios estaba enmarcado por un cabello cortado a la "GARÇON" con
abundantes reflejos de color miel., dejando ver a ambos lados de mi cara los
pendientes. Era sin duda un rostro del que emanaba una sensualidad desconocida
para mi, nunca pensé podía yo portar ese magnetismo que ahora irradiaba.
-¿Sorprendida?, y eso que aun no tienes ni una gota de
maquillaje, maquillada nadie podrá dudar que se trata del rostro de una mujer,
la mujer que yo hice aparecer en ti. Me dijo Carolina. Estaba orgullosa de
aquello que consideraba "su obra".
-¡Dios mio! Pensé, tomando repentina conciencia de lo mucho
que había cambiado mi aspecto y de lo lejos que había sido capaz de llegar ¿Cómo
explicaría esto a mis padres? Dentro de sólo dos días ellos retornaría a casa.
Era demasiado brusco el cambio para aquellos que no habían tenido la oportunidad
de ver la muerte de la oruga.
-Carolina, hazme un favor, llévame a mi casa, debo arreglar
un par de asuntos.
Cuando me bajé del coche enfrente de la puerta de mi casa
Carolina me dijo:
-¿No se te olvida algo?, no me has dado las gracias.
- Gracias Carolina, le dije mientras me dirigí a la puerta.