Una vez finalizada la compra, el inglés, (Henry) abonó lo
pactado y tomando a Julieta por la cadena que pendía de su collar salió del
salón rumbo a su auto, estacionado en el "parking" del lugar. Abrió la tapa del
maletero y le ordenó que se introdujera en el mismo. Luego bajó la tapa y puso
el motor en marcha.
Julieta estaba con los grilletes con los que había sido
exhibida, desnuda y rumbo a un lugar desconocido. Aprovechó la soledad para
calmar la excitación que le producía este proceso y se metió el pulgar en la
vagina pera hacerse una pajita. Poco después sus músculos se contraían producto
del orgasmo alcanzado.
No pudo precisar el tiempo que anduvieron en el auto. Sí pudo
apreciar que luego de andar un rato, el auto se adentró por caminos de tierra
bastante irregulares. Imaginó que sería alojada en algún lugar alejada de todo
lo que había conocido hasta el momento. Pensó en su primo Julio, había cumplido
con lo pactado. Podía imaginar que sería un amo severo.
El hombre que la había comprado, previamente a la oferta,
había tocado todas sus partes íntimas con un descaro absoluto. Imaginaba que
ahora, que era su dueño, abusaría de ella y la humillaría de todas las formas
posibles.
Cuando se detuvo el automóvil, el corazón de Julieta comenzó
a latir con fuerza. Se abrió la tapa de la cajuela y Henry le indicó que
saliera, cosa que hizo con cierta dificultad. Tomando la cadena de su collar la
condujo dentro de la casa y la llevó a una habitación que oficiaba las veces
sala de castigos, como Julieta comprobaría más tarde.
Una vez en la sala Henry la acercó a un caballete y la hizo
doblar sobre el travesaño, apoyando el vientre en la madera.
-Antes de probar tu vagina quiero darte unos azotes en el
culo. No quiero que te muevas ni que gimas cuando recibes la vara. Quedarás allí
inmóvil. ¿Has entendido bien?-
-Sí señor. No me moveré mientras azota mi culo.-
-Soy Lord Henry, no señor, por lo cual de ahora en más te
dirigirás a mí como Lord Henry o Mi Lord.-
-Así será Lord Henry.-
Sin mediar palabra. Henry tomó una vara y la descargó con
fuerza en los glúteos de Julieta, que debió morderse los labios para no gritar.
Había sido un azote fuerte, que nunca antes había recibido. Casi al instante una
raya rojo cereza cruzaba la blanca piel de su culo.
Le siguieron otros azotes similares que le parecieron más
soportables. Así llegó hasta las diez marcas que adornaban su trasero.
-Te has portado bien. Ahora separa las piernas que quiero
probar tu vagina.-
Julieta separó las piernas dejando la entrada libre y
accesible. Lo que ella no había notado era lo lubricado que estaba el conducto.
Los azotes le habían calentado no solamente el culo pero también su concha.
Henry no demoró en penetrarla. Se sorprendió agradablemente
de lo estrecha que estaba esa parte de Julieta, a pesar de haber recibido pijas
de todo tipo y tamaño por su actividad como puta, estaba claro que había cuidado
su cuerpo. Gozó la cogida como hacía tiempo que no lo lograba. Por su parte
Julieta se esmeró en dar placer a su amo, contrayendo los músculos para rodear
el miembro que entraba y salía de su concha.
Cuando Henry vació sus huevos dentro de ella, sintió cómo su
vagina era ocupada con semen. Nuevamente, a pesar de su experiencia en ser
cogida por distintos hombres, pocas veces había recibido tanto líquido de una
sola vez. Julieta se quedó inmóvil esperando nuevas órdenes de su amo.
-Te lavarás la concha y luego que comas algo te encerraré en
una jaula. Así pasarás la noche.-
-Como usted indique Lord Henry.- Respuesta que satisfizo a
Henry por su sumisión.
Se dirigió al baño a higienizarse. Comió un sándwich que le
alcanzó una de las ayudantas de Henry y se dispuso a esperar para ser encerrada.
Cuando Henry finalmente se acercó a Julieta, eran las 10 de la noche, procedió a
quitarle el collar de su cuello pero esposó los tobillos entre sí y cada tobillo
con cada una de las muñecas. De esta manera Julieta quedaba en posición incómoda
pero de forma acorde para ser introducida en la jaula en la cual pasaría la
noche. Su amo la ayudó a ubicarse dentro de la misma y cerró la puerta con un
candado. Se apagaron las luces y Julieta pasaría su primera noche como esclava.
Lord Henry quería tener a Julieta fundamentalmente para gozar
de su cuerpo, no era su intención someterla a duros castigos, aunque sí quería
reafirmar en ella el sentimiento de sumisión y obediencia.
En la mañana siguiente Julieta se despertó algo entumecida de
la posición en la cual había pasado la noche. Estaba cansada ya que demoró mucho
en conciliar el sueño y cuando vio la figura de Lord Henry recordó su condición
de esclava.
Su amo la sacó de la jaula y la hizo acostar de espaldas
sobre el piso y le retiró las esposas que la mantenían encogida.
-Separa las piernas para que tu concha quede expuesta.-
Julieta obedeció de inmediato separando y flexionando
ligeramente sus piernas, quedando su concha algo abierta.
-¿Con qué frecuencia has sido sodomizada esclava?-
-Mi Lord, he sido sodomizada muy pocas veces. Cuando
trabajaba en la casa de putas, generalmente debía mamarla o recibirla en la
concha, muy pocas veces por el culo.-
-Mi asistenta te ayudará a limpiar tus intestinos para
penetrarte por el culo. Quiero ver cómo te comportas cuando te penetro por el
estrecho agujero.-
Poco después la asistenta trajo los elementos para una enema.
Hacía mucho que Julieta no se aplicaba una enema y ésta era de un volumen
realmente inusitado. Finalmente vació sus intestinos. La asistenta le aplicó una
crema lubricante para facilitar la penetración. Poco después llegó Henry a la
sala.
-Mi Lord, la esclava está preparada para ser sodomizada.
Queda a su disposición.- indicó la asistenta.
-Y tú, ¿estás preparada para ser penetrada por el culo?-
-Mi Lord, será un honor ser sodomizada por su viril miembro.
Mi culo está a su disposición.-
Henry estaba mucho más feliz de lo que había supuesto con su
nueva adquisición. No cabía duda que Julieta era una puta nata y que llevaba la
lubricidad dentro de ella misma.
Primero manoseó sus tetas. ¡Qué firmes eran! Además cuando
rozaba sus pezones se hinchaban y ponían duros. Se entretuvo jugando con ellos.
Su juvenil cuerpo invitaba a manosearla sin detenerse, magreando las tetas, el
culo, todo su cuerpo. Luego le indicó que se inclinara hacia adelante y separara
sus glúteos. El ano se veía cerrado pero relajado. Acercó su glande a la entrada
y comenzó a empujar.
No era fácil penetrar ese agujero que no se había dilatado ni
estaba acostumbrado a ser penetrado. Sin embargo la habilidad de Henry y su
insistencia en penetrarla pudo que poco después había traspasado el esfínter.
Mientras tanto Julieta permanecía inmóvil, separando sus cachetes y alguna
lágrima se deslizaba por su rostro. Le dolía un poco la entrada por su agujero
menor.
Henry no era aficionado a la sodomización. Simplemente la
practicaba periódicamente para demostrarle a sus esclavas quién era el que
mandaba. Su preferencia era correrse en la vagina y eventualmente en la boca.
Si bien gozaba con las mamadas, siempre antes de expulsar su
leche, la sacaba de la boca y la metía en la concha de la mujer de turno.
En esta oportunidad Henry la penetró hasta el fondo y comenzó
a moverse. Julieta sentía algo de dolor en cada movimiento pero se iba haciendo
más soportable. Sabía que ser cogida por el culo era una de sus obligaciones y
estaba dispuesta a cumplirla.
Poco después sintió como el líquido caliente y saliendo en
espasmos, invadía su recto. Esta era la primera vez que se la cogían por el culo
sin preservativo ni protección alguna.
Permaneció en la posición en que estaba hasta que Lord Henry
decidió sacarla. No pudo evitar mirar esa pija, que ahora estaba flácida,
pensando en que la hubiera hecho gozar más si la entrada hubiera sido por la
concha, pero ella no era más que una esclava. A nadie le importaba si gozaba o
no. Estaba allí para complacer a Lord Henry, que para eso la había comprado.
-Levántate que saldremos a pasear por el parque.-
-Ponte algún calzado. Estarás con los brazos atados en la
espalda.-
Julieta se calzó con lo primero que encontró y se ubicó de
espaldas a Henry cruzando sus brazos en la espalda para ser atados. Con una
cuerda de algodón se los amarró en la espalda, pasando alguna vuelta de cuerda
por debajo de las tetas para levantarlas aun más. Salieron al parque.
El sol compensaba el fresco de la mañana. Julieta caminaba
delante mientras Lord Henry la seguía dándole con una fusta algunos azotes en
los muslos. Caminaron casi media hora, tiempo en cual la joven pudo apreciar la
extensión del campo de su dueño. Se acercaron a un árbol que estaba solitario en
el medio del campo.
-Te ataré a ese árbol. Acércate.-
Julieta, obedientemente, se acercó al árbol y luego que le
desató los brazos de la espalda, se apoyó contra el tronco. Pasó sus brazos por
detrás para ser atados. Henry ató ambas muñecas de manera muy firme. Luego pasó
una cuerda con dos vueltas alrededor de su cintura y también anudó las cuerdas
por detrás. Repitió la operación alrededor del cuello de Julieta y con los
tobillos.
El cuerpo desnudo de la joven estaba a merced de su amo y de
los mosquitos que pululaban por el lugar. Henry se acercó y tomó los pezones
entre sus dedos apretándolos hasta que una mueca de dolor se visualizó en el
rostro de Julieta. Entonces tomó la fusta que lo había acompañado durante el
paseo y descargó tres azotes en cada teta. A pesar del dolor y la humillación a
que era sometida, permaneció callada.
Con desazón vio como Lord Henry se retiraba. Estaba claro que
la dejaría inmovilizada y a merced de las alimañas quién sabe hasta cuando.
Estuvo a punto de gritar para que la desatara, pero se contuvo. Ella ponía su
cuerpo a disposición de Lord Henry y debía soportar todo aquello que él quisiera
hacerle. Ella había consentido ese párrafo del contrato (recordaba el texto
completo) que decía:
Mi Amo y Señor también podrá castigarme o imponerme
penitencias por el solo placer que ello le cause, como único motivo del mismo.
Estaba claro que era dentro de lo pactado.
El andar desnuda por el parque, más las ataduras que ahora la
inmovilizaban la habían excitado un poco con la consiguiente humedad de su
concha. Esa humedad y posiblemente los olores propios del flujo hacía que los
mosquitos se posaran en los carnosos labios vaginales con frecuencia. Sentía las
picaduras, en las partes más sensibles de su cuerpo pero nada podía hacer para
evitarlo.
Lord Henry la estaba torturando sin violencia, simplemente
dejaba que los mosquitos hicieran la tarea por él. Otra de las preocupaciones de
Julieta era si tantas picaduras no imposibilitarían que por la noche Henry no
pudiera cogerla y fuera tan doloroso o molesto para ella que no llegara a gozar
del polvo.
El sol estaba dando de lleno sobre su cuerpo. Era la primera
vez que se exponía totalmente desnuda. El calor hacía que se humedeciera aun más
el pubis. Así depilado como estaba, también tomaría el color rosado propio de la
exposición al sol.
Ya caía la tarde cuando divisó la figura de Henry que
seguramente vendría a buscarla. Estaba con hambre y sed.
-¿Cómo has pasado tus horas de penitencia esclava?-
-Mi Lord, si usted ha disfrutado de mi castigo, yo estaré
feliz de haber contribuido.-
-Veo que los mosquitos te han picado cerca de la concha.
¿Sientes la molestia?-
-Sí Mi Lord. Las picaduras se hacen sentir.-
-Bien, es lo que yo quería. Ahora volveremos a la casa, pero
antes quisiera azotarte en el vientre con una vara de mimbre.-
-Será un honor ser azotada con una vara de mimbre manejada
por Mi Lord.-
Sin demorar más Henry tomo una vara flexible y le aplicó
cuatro azotes debajo del ombligo. Si bien casi de inmediato aparecieron las
cuatro rayas rojas, Julieta lo soportó sin dificultad. Luego comenzó a desatarla
y se encaminaron de regreso a la casa.
-Cuando lleguemos, te bañas, comes para saciar tu apetito y
te preparas para pasar la noche en mi cama. Por supuesto estarás encadenada pero
me prestarás servicio varias veces en la noche.-
-Como usted ordene, Mi Lord.-
Cuando Julieta entró en la recámara de Lord Henry quedó
impresionada. No solamente por el tamaño de la cama sino también por algunos
adminículos que había: cadenas, grilletes, cuerdas y varios elementos similares.
Su amo le ordenó que se acostara en la cama y le colocó una
cadena alrededor de su cintura que fijó a uno de los barrotes del respaldo.
-Primero quiero una buena mamada, hasta que esté casi a punto
de correrme. Vamos, abre la boca.-
Julieta obedeció de inmediato. Su lengua acariciaba la glande
mientras sus manos tomaban la pija. No demoró mucho hasta que estuviera dura.
Poco después Henry la retiró de la boca y la introdujo en la concha. Ambos
estaban muy calientes y no pasó mucho tiempo hasta que Julieta se corrió en una
de sus mejores orgasmos y poco después Henry hizo lo propio.
-Ahora descansaremos un poco. Acércate que quiero tener tus
tetas entre mis manos.-
Julieta se acercó poniendo su cuerpo a disposición de su amo,
quién tomó los pezones y comenzó a jugar con ellos.
-Ya es el momento que comiences la mamada nuevamente. Te va a
costar un poco más ponerla dura, pero quiero que la chupes hasta que mi leche
llene tu boca.-
De inmediato la joven se puso la flácida pija de Henry en su
boca, mientras éste buscaba el agujero del culo para introducirle un dedo.
Julieta sentía una sensación nueva para ella. Mientras tenía
su boca ocupada con el viril miembro, el dedo índice de la mano derecha de Henry
hurgaba en el culo y con la mano izquierda le masajeaba la concha. Era una
experiencia nueva para ella.
Así estuvieron hasta que el pene de Lord Henry estuvo próximo
a descargarse de nuevo. Julieta continuó con su tarea dispuesta a recibir en
semen en su boca, cosa que ocurrió poco después. La cantidad fue relativamente
reducida por lo cual no fue una cantidad grande que debió tragar.
Finalizada la segunda corrida, le quitó la cadena de la
cintura y ambos fueros al baño a lavarse, preparándose para, usar uno y ser
usada la otra.
Varias veces en la noche Henry se despertó y magreó el cuerpo
de Julieta que a una orden de él, volvía a introducirse la pija en la boca. Dos
veces más durante la noche se la metió en la concha, pero dejando solamente
pequeñas cantidades de semen cada vez. Así finalizaba la segunda noche como
esclava y primera a servicio de su amo.
Nuevas experiencias le aguardaban en el futuro.
Continuará.