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TODORELATOS.COM |
Fecha: 02 de Diciembre, 2008.
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| Fecha: 11-Sep-08 |
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| La situación esta en latencia, suspendida en el tiempo y el espacio, nunca debió suceder, pero… la carne es débil, la belleza y ternura de mi nuera me gano. |
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Tendemos a pensar que somos un caso aislado, que nos sucede
solo a nosotros. No es tan así, no somos una isla. Este testimonio expone mi
historia y los hechos ocurridos, tal vez otros pueden estar viviendo algo
similar, y por qué no en este mismo momento.
Trataré de ser tan objetivo y fiel a los sucesos, tanto como me permita la
emoción de la rememoración. Los hechos se desarrollaron en el seno de una
familia normal, clase media, mi esposa y yo rondamos los cuarenta y ocho,
llevamos veinticinco de casados, nuestro único hijo tiene esta edad, casado el
año pasado con Analía, de veintitrés.
Nos consideramos de mente abierta y actualizados a los tiempos que corren,
tenemos una conducta moral sin dogmas ni estrechez mental, el mismo concepto
hemos procurado impartirle a nuestro retoño. Luis es arquitecto reciente, Analía
estudia arte y teatro.
El matrimonio de Luis y Analía está en una "impasse", una de esas crisis
pasajeras que suelen transitar las parejas jóvenes, un caso más de difícil
convivencia. Ella está sabiendo de las andanzas de Luis, mujeriego como su
progenitor, está visto que los genes de la infidelidad se transmiten. Analía se
enteró que el marido infiel se está viendo con un antiguo amor, de la
secundaria, según he sabido el chisme fue llevado por mi esposa para ponerla
sobre aviso y que pudiera actuar en defensa de la pareja.
Un domingo, solos en casa y compartiendo el café, la conversación derivó en
temas de índole demasiado intimistas, Analía me comentó esta novedad de cómo
llegó a saber de la infidelidad de su marido, el trato que le depara, el desamor
que mostraba, exhibía una faceta nada superficial, claros conceptos y muchas
ganas de tener un pecho fraterno, asilo a sus carencias afectivas, buscando
contención.
Un placer visual, hermosas formas; rostro tierno y hecho para la caricia, ojos
que miran con toda la ternura del alma; boca ávida, labios donde florece el
trémulo clavel del beso; los pechos tentadores como fruta madura que induce al
arrebato; vientre plano, talle estrecho, comienzo del viaje al paisaje de
glúteos, invitación al pellizco atrevido; piernas largas, perfecto sostén de
esta Venus, todo músculo y fibra, carne joven plena y vital: Sensualidad en
movimiento.
Tan hermosa como vulnerable, indefensa y frágil en su fortaleza, motivó a
levantarme, tomarla de los hombros, desde atrás, se dejó, recostada contra mí,
como pollito mojado buscando el ala protectora.
Estuvimos así un buen tiempo, intercambio de protección y ternura, giró, rostros
próximos, mi boca apuntando a la suya..., en el último instante ella desvió la
suya, beso inevitable sobre la comisura de sus labios. Quedamos mirándonos,
indecisión y temor, sin palabras, silencio cargado de intención no asumida,
temiendo avanzar en el proceloso sendero del deseo. Nos gustamos, nos deseamos,
nos asustamos.
Evitarnos era el objetivo, temía encontrarla a solas y no poder comportarme a la
altura de la relación familiar, resistía admitir el sentimiento subyacente desde
siempre, cerrar los ojos no borra la realidad, negué aceptar el creciente
sentimiento de afecto nuevo.
No puede evitarla todo el tiempo, encuentro a solas, ambiente cargado de
tensión, nos miramos buscando respuestas, los abrazos suplen a las palabras,
respiración agitada y latir de corazones al diálogo, labios que se tocan, al
beso seco le siguió uno más largo húmedo e intenso, cargado de sentimiento. Nos
soltamos, separamos sin volver el rostro, silencio cómplice. Aún siento en mi
mano el calor ausente de la suya.
Corrió mucha agua bajo el puente, nos topamos otra vez, cruzamos en la estrechez
de la cocina, cuerpo contra cuerpo, a su espalda. Tomé de los hombros, tembló al
sentirse apretada contra mi pecho, acurrucada buscando afecto, inquietud. Posé
los labios sobre el cuello de Analía, estremecida, se deja abrazar, tomar por la
cintura, apretar sus glúteos contra mi agresiva masculinidad.
Beso en el cuello, sus gemidos ponen música al abrazo y a las audaces manos que
buscan sus carnes bajo la falda, más allá del límite de la tanga, suave vello,
labios vaginales abultados y jugosos al tacto, los dedos inician la conquista
del sexo. Ahogado gemido, muslos abiertos facilitan el acceso a caricias más
profundas, cuerpo vibrante en cada roce, el clítoris captó las mejores
sensaciones, empuja las nalgas contra el miembro duro, justo en la zanja. Giró
la cabeza, ofreció la boca para recibirme en urgido lenguaje de la pasión, una
mano hacía delicias en la vagina, la otra se llena de teta y pezón.
Analía estaba excitada a la enésima potencia, contenía los gemidos, en el
éxtasis muerde su mano para acallar el grito del orgasmo contenido desde quién
sabe cuánto tiempo, desarticulada como marioneta y boqueando como pez fuera del
agua, se dejó rendida en mis brazos por el goce. La deposité en el sillón, sellé
sus labios con mis besos, gozando en la humedad de Analía.
Excitación a pleno, soldados en un beso, su mano buscó bajo el pantalón la
agresiva dureza, hasta sacarla a la luz. Recostado disfrutaba del diestro masaje
sobre la carne dura y caliente. Agitando la manito, hábil en la masturbación,
tamaña calentura no necesitó demasiada actividad, me acerco al momento
liberador, se lo anuncio, ahora la otra mano haciendo "techito" para evitar que
el chorro seminal saltara al espacio sideral. El fluido espeso y caliente colmó
la palma que cubre el glande, siguió sacudiendo lento hasta vaciarme toda la
calentura. Antes de buscar con que limpiar la crema me besó agradecida de
llenarle las manos con mi esencia.
Pocas palabras, mucho silencio y una copa ocuparon el tiempo hasta la llegada
salvadora de mi esposa, evitó las obligadas justificaciones entre nosotros. Pasó
otro buen lapso hasta que el destino nos dejó otro momento de intimidad,
situación totalmente fortuita, sin buscarlo, deseado tanto que cuando nos
tuvimos nos volcamos en abrazos y besos desesperados en busca del tiempo
perdido. El sillón acogió nuestra pasión, ella recibió mi mano entre las
piernas, frenética búsqueda del sexo urgente, ansioso de alivio al afiebrado
deseo.
Después ella calmaba el mío, llena sus manos con mi esperma, frota entre sus
dedos para nutrir su piel con el mejor y natural producto para belleza.
Por las noches siento sus manos tomándome, y en mis yemas conservo el húmedo
sabor de ella. Ambos tenemos un conflicto ético, entre respeto y deseo, entre la
moral y la inconducta, mientras la vida continúa alrededor sin importarle
nuestro sentimiento. Ella forzó un nuevo acercamiento, estaba mal, buscaba en mi
contención el remanso gratificante del afecto ante la falta de atenciones de su
marido.
Ese fin de semana, en la quinta se dormía la siesta del pesado sueño estival,
tomados de la mano nos escondimos en la casa de huéspedes, el cuarto en penumbra
recibió nuestro encuentro. Las bocas se encontraron para saciarse, las sombras
facilitan la desnudez de cuerpos y de almas, besos y lamidas por doquier, una
relación diferente con una estética diferente.
Recibí en mi boca el gusto de Analía, busqué en los labios vaginales el húmedo
latido de la calentura, el sensitivo clítoris prisionero de mis labios fue el
disparador de sensaciones, encendió la dinamita interior, detonó en mi boca
pletórica de goces, varias explosiones más en cadena, recién cuando se calmó
liberé su gatillo sexual.
Mi carne enhiesta recibe las atenciones de sus manos, no basta, con suave toque
en su cabeza marco el camino hacía mi cabeza, sin escalas, sobre el glande
afiebrado, lamida fugaz y tímida chupada, prologan una mamada enloquecida, coito
bucal con toda la pimienta. Cerca del momento sublime, emerge el deseo
incontrolado de estar dentro de ella por otro acceso. Salí de su boca, froto el
miembro contra la vagina, apremiante se vuelca, de bruces, ofrece el ano como
alternativa.
- Por atrás, por favor, Luis nunca entró en él. – sonó a ruego y a regalo.
Con lubricación vaginal suavizo el camino anal, instantes cargados de tensión,
erotismo y lujuria, entro en ella, gime, cede el esfínter. Este acto de sexo con
una joven a la que doblo en edad reafirma mis valores esenciales de macho, ambos
disfrutamos este instante de sometimiento consentido, se deja llevar por mi
pasión.
Todo en el recto, movidos a ritmo de coito, la mano en su vagina pretende
distraer el dolor de la penetración extrema, me acepta sin gritos ni quejidos,
sufre y goza conmigo hasta el momento culminante del deseo contenido que busca
el refugio tan soñado, acelero hasta terminar en frenética acabada, largada en
gruesos chorros de semen presuroso en la intimidad rectal. Como reflejo de la
eyaculación se produce un nuevo orgasmo de Analía, acompaña mis últimas
vibraciones.
Permanecí en ella, prolongando el placer mi carne en su carne. Salido de ella,
abrazados sin mirarnos, ocultando la realidad, en silencioso contacto, aire
perfumado de despedida en esa tarde estival de entendimiento y paz.
Con los ojos arrasados de lágrimas confesó que solo yo entré ahí, y sería solo
mío por siempre. Este contacto sexual era la única forma de tenerme sin
traicionarlo. No se repitieron los encuentros, quizás solo permitimos que
ocurriera algo que nunca debió ocurrir. No tengo respuestas, tan solo pensar en
no tenerla más siento que el aire se me escapa del cuerpo Relatar esto es
hacerme amigo del dolor, en silencio, inconfesable, impropio, el recuerdo
constante de ella es una herida de amor que sangra cada vez que la veo, doloroso
amor sin futuro.
La situación esta en latencia, suspendida en el tiempo y el espacio, nunca debió
suceder, pero… la carne es débil, la belleza y ternura de mi nuera me gano.
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