Sonó el despertador. Un nuevo día surgía y ella despertaba.
Tan bella como siempre, retiró las sábanas que yacían sobre su tenue y cálido
cuerpo y miró en derredor. "Todo está en orden", afirmó para sí, "incluso mi
hermana aún no se ha levantado".
Como venía siendo costumbre estos últimos días, pensó en esa
voz profunda que tanto le agradaba. Su sonido severo, exento de emociones y
delicadez, le hacía sentirse frágil y boba, lo cual le calentaba muchísimo.
"Buenos días perrita", comenzó a decir la voz a lo que ella
se encontró susurrando "buenos días amo…". "Hoy hace un bonito día… ¿notas el
calor del ambiente? Quizás no demasiado. Desnúdate completamente y lo harás".
Sin siquiera meditarlo un segundo se separó de la cama, apoyándose en sus codos,
y comenzó a despojarse de las pocas prendas que cubrían su cuerpo. Observó su
cuerpo y de pronto lo vio distinto, feo a la par que bello. Ella sabía que era
un bombón (su culito era la envidia de sus compañeras y el deseo de muchos
hombres), pero le faltaba algo…algo que la hiciese más sexy y provocativa. "Ya
lo pensaré más tarde" se prometió "ahora tocan mis ejercicios de perrita" y
volvió a sumirse en la voz de su cabeza.
"Estás preciosa, pero aún más a cuatro patas en el suelo,
como una perrita auténtica". Bajó de la cama, empujando con un pie su ropa hacia
un rincón de la habitación y se arrodilló en el suelo. Hacía calor, en efecto, y
esa agradable sensación no tardo en apoderarse de sus piernas, continuando por
los muslos hasta llegar a su entrepierna". Dirigió una mano hacia su intimidad y
se dispuso a saborear el mejor momento del día.
Cuando ya contaba en su haber un par de orgasmos (lo cual
hasta entonces nunca había pasado), la voz habló de nuevo. "Increíble, que
zorrita estás hecha ¿eh? Y además pensando en tu amiga". "Es verdad" admitió con
sorpresa Candy, "no había caído en que últimamente no me saco de la cabeza a mi
amiga. Quizás sea hora de acercarse al objetivo". Pero repasando sus orgasmos,
mientras uno de sus dedos jugaba en la entrada de su ano, se dio cuenta que no
sólo había imaginado sexo con su amiga. Había imaginado que alguien les miraba,
un amigo suyo que… "no puede ser" razonó mientras comparaba las voces de su amo
mental y su amigo "¡Es él! Él era quien me insinuaba todas esas cosas en los
sueños". Acercó de nuevo la mano a su entrepierna y notó como un afluente de
jugos vaginales recorría su mano y sus muslos. Se masturbó furiosamente hasta
que oyó el ruido del despertador, que indicaba que su hermana se había
levantado. Se incorporó del suelo, aún con la mano goteando y la miró. Sin saber
porqué la dirigió a su boca y la lamió completamente hasta no dejar rastro
alguno. A continuación dirigió de nuevo la mano a sus muslos y recogió más
fluidos hasta que no quedó más que una sensación pegajosa. "Está rico" pensó con
una sonrisa pícara "a partir de hoy no creo que le haga más ascos a nada de mi
cuerpo, visto lo rico que puede resultar…".
-¡Enana, ya es la hora!-vociferó su hermana golpeando
ligeramente la puerta
"Has mejorado mucho" le felicitó la voz interior de su amigo
"ahora haz vida normal". Se vistió de nuevo, acomodando sus prendas de dormir lo
mejor que pudo y salió en dirección al baño para ducharse y sentirse un poco más
limpia (aunque le daba morbo bajar así a desayunar sin que su hermana sospechase
nada).
Una vez finalizado su aseo personal (durante el cual
aprovechó a sobar un poco sus menudos pechos), bajó a la cocina. Al entrar en la
cocina, sus padres se volvieron y su hermana se incorporó ligeramente sobre la
mesa para saludarla. Sus padres volvieron a sus quehaceres; por el contrario, su
hermana le dirigió una mirada prolongada. "Qué raro" pensó Candy "juraría que
sus ojos me… da igual". Se sentó en una de las sillas y comenzó a prepararse un
gran bol de cereales. Cuando cogió la leche para verterla, su hermana preguntó
acerca de unas hortalizas y un plátano en la basura, por lo que casi se le cayó
el líquido encima. Recurrió a una mentira (poco propio en ella) para decirle que
ayer había intentado preparar la cena viendo un programa de la tele y que no
salió bien, por lo que tiró los ingredientes ya usados.
Terminó de desayunar, ahora con prisa puesto que necesitaba
descubrir algo antes de ir a clase, y subió a su habitación dando grandes
zancadas
-¡No corras enana!-le gritó su hermana desde el piso
inferior.
Candy entró en la habitación y cerró con llave. "No puede
ser…el plátano…las hortalizas….". Se acercó al armario y miró al suelo "un
candado….también aparecía en mi sueño…no puede ser…" abrió el armario y rebuscó
en su ropa interior. No halló ninguna prenda de las que ella consideraba
"discretas". "Esto no ha sido un sueño" dedujo "ese cabrito me ha usado". Pero
su cuerpo no expresaba frustración, sino una excitación creciente por momentos.
Se desnudó de nuevo y con cierta resignación eligió algunas de las prendas
interiores provocativas restantes.
Se vistió rápidamente y abrió su bolso (ignorando el
contenido de éste). Recogió el set de maquillaje y se acercó el espejo para
arreglarse un poco. Guardó de nuevo las cosas en el bolso y lo cogió, junto con
la mochila. "Hay que ver lo que pesa el bolso y está casi vacío" se dijo.
Bajó hasta la puerta del piso, donde su hermana con las
llaves del coche y una cara de pocos amigos la esperaba, y salieron del
apartamento.
Entró en clase, al tiempo que la campana indicaba el inicio
de ésta, y se sentó al lado de su amiga. La observó discretamente, fijándose en
cómo la ropa se ceñía en algunas zonas de su cuerpo. Su amiga era morena, algo
más baja que ella, pero lo compensaba con una buena delantera. Vestía ropa
ajustada, cosa que hoy le pareció a Candy extremadamente sexy, y unas playeras
de marca para la clase de gimnasia.
Su amiga percibió su presencia y la saludó enérgicamente con
un par de besos, estrechándola contra sí. Candy notó como sus pezones se
endurecían levemente por el roce. La profesora entró y se sentó. La primera hora
del día era Lengua y Literatura, cosa que nunca le había hecho gracia, por lo
que se puso a pensar en lo sucedido.
Primero intentó cuadrar porqué lo que ella creía sus sueños,
resultaban ser la realidad (cosa que le encantaba), pero sus pensamientos pronto
se desviaron hacia el cuerpo de su amiga. No sabía cómo (o quizás ahora ya sí)
pero su amiga le excitaba hasta límites insospechados, por lo que, aunque fuese
para satisfacer su hambre sexual, tenía que conseguir que fuese suya. Mientras
barruntaba sobre el tema, fue sorprendida por la profesora, la cual, al ver que
Candy estaba distraída le reprendió:
-Señorita, ¿podría decirnos a mí y al resto de la clase como
consiguió la celestina juntar a los amantes, si no es mucha molestia?- al ver
que efectivamente Candy estaba absorta en sus cosas (y más roja que un tomate),
añadió- Bien señorita, puesto que la clase no le interesa, váyase fuera del aula
y espere ahí hasta que acabe. Luego hablaremos.
-Sí señorita-Candy salió del aula con la cabeza gacha,
sabiendo que a la profesora Martha no le faltaba razón.
Mientras esperaba en el pasillo terminó de pensar en cómo
acercarse a su amiga. La llevaría a un lugar apartado y entonces…"entonces nada"
pensó "no tengo tanto valor como para abalanzarme sobre ella". Con ánimo se
acordó de que si ella no podía, quizás su "amo" le ayudase. Con más optimismo
por solucionar el problema consultó el reloj. Quedaba un cuarto de hora de clase
y en el pasillo no circulaba nadie. "Y si…" su mano se deslizó por la goma del
pantalón y se introdujo en su braguita. Acarició levemente su pubis y una mueca
de contrariedad cruzó su cara. Quería disfrutar, pero no arriesgarse a que la
pillasen in fraganti, por lo que con la mirada buscó un rincón en el cual un
pilar le sirviese para ocultase en cierto modo. Encontró uno cerca de donde se
encontraba, justo al lado del aula de música, donde no habría nadie hasta el
mediodía.
Se sentó apoyada contra la pared, cerró los ojos y comenzó a
tocarse, cada vez más rápido. Cuando estaba alcanzando el clímax y su voz tan
sólo emitía gemidos y sonidos guturales…sonó el timbre. "Mierda" dijo enfadada
"con lo bien que estaba yo…" y lo vio. Unos pasos se alejaron a la carrera por
el ala opuesta del edificio a la vez que las personas, un chico y una chica, se
reían alocadamente.
Candy volvió hacia el aula, pensando en que si la hubiesen
visto estaría en serios problemas. "Quizá sólo se estaban liando en los baños o
haciendo pellas" se dijo a sí misma intentando calmarse. No todo iba a estar en
contra suya… ¿no?
Entró en el aula y la profesora le indicó que se sentase:
-Verás cielo-dijo con un tono severo y cariñoso- Últimamente
te noto muy… distraída en clase. Y no sólo en Lengua, otros profesores me han
comunicado (por ser tu tutora) de que has decaído estas dos semanas en falta de
interés por la materia. ¿Ocurre algo en casa?, puedes contármelo si te ayuda.
-No señora…-notó como su entrepierna se calentaba al decir
esto- no hay ningún problema en casa.
-¿Alguno en clase?-insistió la maestra- Soy tu tutora, puedo
ayudarte.
-De veras, profesora- no aguantaba más sin tocarse, notaba
las pezones hinchados bajo su sostén- no pasa nada, es solo que….no me
entretiene el colegio-añadió a la desesperada.
La profesora arqueó las cejas con cierta sorpresa y alivio.
-¡Ah! Si es eso…verás, este mes que viene no estaré porque
tengo un pariente enfermo y he de velarlo en el hospital. Vendrá un profesor
nuevo, que hará también las veces de tutor para vosotros. Como castigo por todo
lo dicho, serás su ayudante y harás lo que él te diga ¿Entendido?
-Si am…maestra-cambió en el último instante. Se levantó y
salió por la puerta.
"¿Por qué casi le llamo ama a la profesora? ¿Y por qué me
siento tan cachonda?" ató cabos y concluyó "será porque me gusta ser una
sumisa…creo". Se encaminó hacia la siguiente clase: gimnasia.
Se dirigió al vestuario y abrió su mochila. Sacó la ropa y
miró el montón. En él había un tanguita muy provocativo y un sujetador de
encaje. "¿Cómo voy a hacer gimnasia con estas pintas? El tanga me va a violar"
comentó para sí cogiendo el diminuto tanga negro en sus manos. Con un gesto
desechó la idea de ponérselo y optó por no llevar ropa interior durante la
clase, tan sólo los calcetines con dibujitos.
Se vistió y se reunió con sus compañeros a la espera del
profesor. "Bien", nadie la miraba. Podría salir hasta bien". El profesor llegó y
comentó los ejercicios que iban a realizar durante la clase. Todos asintieron y
comenzaron a correr por el patio para calentar antes de ejercitarse. Cuando
Candy terminó de correr, el profesor la miraba. Y no era el único, algunas de
sus compañeras también miraban en dirección a su camiseta. Bajó la cabeza y
comprendió. El esfuerzo había hecho mella en su estrategia de modo que ahora dos
minúsculos bultos asomaban en la camiseta sudada: sus pezones erectos. Roja como
un tomate (y viendo como algunas de sus compañeras susurraban entre ellas y
reían ligeramente) se agachó apoyando sus manos en las rodillas, para que la
holgada camiseta no se pegase al cuerpo. "Al menos los chicos no se han dado
cuenta" era el único consuelo que podía ofrecerse. Todavía quedaba clase para
rato.
Uno de los ejercicios que tocaban hoy era el test de
abdominales. Para que una chica aprobase el examen debía hacer 30 repeticiones,
por lo que Candy supuso que sudaría mucho y por tanto, se le pegaría la camisa.
Para evitarlo, se sacó la camisa por fuera, dejándola suelta para refrigerarse
durante el test.
Comenzó el test y las chicas fueron turnándose para ser
examinadas. Al cabo de 10 minutos fue su turno. Para su buena fortuna, su amiga
era la encargada de sujetarle los tobillos y contarle. "Tres, dos uno….dale
caña" se dijo y comenzó a realizar abdominales, sin darse cuenta que cada vez
que realizaba una, su camisa se izaba un poco. Cinco….siete…..doce….y empezó a
verlo. La cara de su amiga cambiaba y el roce de su camisa se hizo incómodo por
lo que supuso que volvía a pasarle factura el esfuerzo, esta vez mostrando poco
a poco su desnudez.
"Maldita sea….tengo que acabar cuanto antes….pero tengo que
aprobar o la tutora…". Con este objetivo, comenzó a realizar las abdominales de
manera más precipitada aumentando la izada de camisa. Dieciocho…veintiuno… ya
queda poco. Miró su camisa y vio que ya estaba casi por la altura del esternón.
Veinticinco….sus pechos comenzaban a asomarse por el borde. Se removió para
intentar ganar tiempo. Veintiocho…notaba en aire en el canalillo, aunque sabía
que la camiseta estaba un poco más baja. Veintinueve….treinta!!Paró
incorporándose y viendo que el pezón izquierdo (levemente más bajo que el
derecho por la postura de la colchoneta) asomaba por el borde de la camisa.
Antes que nadie se diese cuenta, bajó la camiseta. Pero el daño ya estaba hecho,
su amiga se encontraba frente a ella, mirando su estómago con la cara roja
extasiada.
-Yo…yo….no…-comenzó a decir su amiga
-Tranquila- le calmó Candy- no pasa nada. Ya te lo explicaré
más tarde
Se levantaron y continuaron la clase. Sonó el timbre de
nuevo, indicando que la clase llegaba a su fin, dejando paso al recreo. Ambas
salieron del vestuario y la perrita le explicó (mintiendo, algo que se estaba
convirtiendo en habitual) a su amiga que se había estropeado la lavadora y sólo
le quedaba un sujetador normal, que era el que ella estaba usando para las
clases corrientes.
Se despidió de su amiga, cuando ésta le dijo:
-Por…por cierto…tienes unos pechos muy bonitos
Candy se lo agradeció y con un gesto le indicó que más tarde
se verían. Se dirigió al baño del ala sur, el cual era el menos transitado y se
introdujo en la penúltima cabina. Se despojó de sus pantalones vaqueros,
deslizándolos hasta sus tobillos y admiró su rajita rojito y húmedo. Desde el
comienzo de la clase de gimnasia no se había puesto la ropa interior, por lo que
su coñito había sido estimulado durante casi 2 horas de forma continua.
Introdujo un par de dedos sin preámbulos en su conchita y sintió la humedad que
recorría sus terminaciones. "Qué sabroso" pensó mientras se quitaba
completamente los pantalones y la camisa, quedándose completamente desnuda
(exceptuando sus playeras). Comenzó a tocarse y masturbarse furiosamente,
pellizcando sus pezones, deslizando sus manos cálidas y mojadas de saliva y
flujos por su estómago, caderas y entrepierna…era delicioso. Cerró los ojos y
siguió así un rato más, recordando su humillación anterior, el episodio con su
amiga…y se corrió.
Ríos de flujos corrieron por sus piernas en dirección a su
calzado, atraídos por la novedad. "Quítate los zapatos putita… ¿no querrás que
se te manchen?" dijo la voz en su cabeza, la cual casi se asemejaba a la suya
propia. Se descalzó rápidamente, sabiendo que el tiempo corría en su contra y se
quitó los calcetines de lunares, los cuales se mancharon un poco de sus fluidos.
Éstos llegaron a sus pies, empapando sus empeines y haciendo que brillasen. Sin
aguantarse, Candy comenzó a tocarse de nuevo, esta vez acariciando y penetrando
su ano con un dedo, mientras apoyaba sus pies en la madera de la puerta. Nuevos
flujos surgieron de su entrepierna, siguiendo el rumbo de los anteriores, hasta
llegar a la corva y comenzando a gotear en el suelo. Pensó que era una perra
sucia y siguió masturbándose cada vez con más frenesí, hasta que otro orgasmo
tuvo lugar.
Su cuerpo se arqueó y golpeó con la cabeza en la pared, lo
cual fue un buen aviso de que el tiempo se acababa. Llevaba ahí dentro demasiado
tiempo, tenía que vestirse y volver a clase. Inconscientemente guió su manchada
mano hacia el expendedor de papel y para su desgracia descubrió que no había. No
podía vestirse o lo mancharía todo y tampoco podía salir desnuda hasta la cabina
siguiente. Buscó a tientas con la mano en la mochila y descubrió sus braguitas
arrugadas en una esquina. Las cogió y limpió su coño y parte del suelo manchado
con ellas y las guardó de nuevo en una bolsa de plástico del bocadillo. Luego
miró sus piernas, relucientes de líquidos vaginales y como una gatita (pensó con
ironía), comenzó a recogerlos en su mano y a lamerla o directamente lamiendo
aquellas zonas donde llegaba con facilidad. Levantó uno por uno sus pies y
acercándolos a su boca (ahora rebosante de sus propios fluidos) los lamió con
fruición y dedicación, pasando la lengua por su empeine, entre los dedos, por
los tobillos…hasta dejarlos completamente limpios. Con el dorso de la mano
limpió la comisura de sus labios y comenzó a vestirse. Para su sorpresa cayó en
la cuenta de que había usado sus braguitas como fregona, por lo que no tuvo más
remedio que ponerse el tanga.
Y así, vestida y con su mente cambiada, salió del baño.
"Había renacido" se dijo.